25.3.19

La flor de Calatayud. En memoria de Chesús Bernal, valtorresino

Por ser amiga de diversiones, por ser alegre su juventud…

Allí sigue con sus dolores, una Flor, de Calatayud. Os seguirá atendiendo y cuidando hasta que no pueda boquear, como Clint haciendo cine.

Es la única matriarca que queda del sector servicios de su otrora magnífica calle. En una de cuyas esquinas a dos escaparates y vientos, permanece inalterable esta judieta llena de energía, al pie de su cañón con casi 90. Plantada en su negocio como un narciso oloroso.

Posa con ojos de miel y pelo entrecano pajizo, y pisa todavía con garbo. Lo de que debió de ser muy guapa, no se discute. Porque tiene, retiene y guardó para su vejez. Además, lo esparce.

A las nueve de la noche, aún tiene pitera para que ningún movimiento sobre, recoge la vajilla como las madres de los años 60 y repasa el cromado con rayas de la barra de azulejería Nino Bravo, con la rasmia y precisión precisa para que todavía reluzca. No más, pero tampoco –y esa es la ciencia- menos.

Le indignaría saber que yo no desenhebro la borraja por pereza, ya ve con ternura y tristeza elocuente que me da igual no ir planchau, a esta mujer de sobre bata impecable al final de la jornada y a la que nunca vinieron a peinar. Como su vida ha sido estar sutilmente cara al público, le acompaña un toque de rouge, única expresión de coquetería en la capacidad.

No va pintada como ninguna puerta, eso era de otra denominación de origen. Seguro que se ha pasado su vida disculpándose por no ir a misa al tener que hacer tantos calamares.

Ella trata a todos sus clientes, como a mí a quien conoció por primera vez, con su fuéramos sus hijos de la diáspora. Porque… algo haría yo allí y no en cualquier otro bar que recomiendan las guías… Y como siempre acertó, estuve volando y amando más Calatayud que nunca gracias a ella. Haciendo el esbozo mental del borrador de la presente.

Te cuenta lo difícil que es ir tirando, por cómo los saludos de muchos hijos de sus parroquianos se espacian a cada fin de semana –en que acaricia las cabecitas de los nietos con pasión de abuela e inclinación todavía poderosa-. Se nota que le aflige la falta de trabajo para los jóvenes de su ciudad, de su barrio.

Ésos que tuvieron en su generación una maestría automática en primero de dependiente o reponedor de los magníficos establecimientos decimonónicos de la rúa en minúsculas. La calle llena de carretas y vida.

Te dice asombrada qué nuevas marcas de cerveza le pide la aburrida juventud de la no autarquía, ponderando con nostalgia de ámbar e ibercaja –sociedades anónimas casualmente aragonesas que se han vuelto minúsculas en el no afecto- lo que cuentan de la calidad de la granadina Alhambra.

Le digo que está hecha con la mejor agua de España, menos la de Calatayud para cocer legumbre con congrio… Sonríe sin reblar, por adentro pensando, de dónde habrá salido este capullo jacetano… Yo sé que estamos empatando, pero que por lo menos vamos de poder a poder…

Su calle oficial se llama Rúa de Dato para el visitante, que alberga añu hoy tantos recuerdos de mercería, ultramarinos y ferretería con cueceleches. De abarca, comunión, primera foto y cerveza amarga que escupir para cualquier bilbilitana/o.

Equivale al último tramo de la calle Mayor de Jaca y su pequeño Chinatown, al lánguido Coso Bajo de Huesca, a Conde de Aranda en Zaragoza… En el paredón, son carne de un nombre terrible, los planes especiales… (si eres o estás en lo especial, date por jodido).

Cuando la Flor pone sus ojos al rojo vivo narrando, hace palidecer la magnífica nueva iluminación de su vecina Torre de Santa María. Se posan en ti como garfios, así es como se pide por fuerza de humanidad una segunda ronda, mientras te agradece la visita con sabiduría de generaciones Sefarad.

Te narra que menos mal que el Ayuntamiento organiza algún acto por el casco viejo y que las cofradías han salido hoy a concentrarse. Que casi todos los comercios de su calle han muerto, ella que los vio con 15 o 20 mancebos y medidores de tela en cada casa.

La histórica propietaria del Bar los Juncos no te hablará de vino con sulfitos ni te recomendará el de su denominación. Es una mujer todavía astringente, energética y feliz. No te lo dirá así, pero también ha llegado a la conclusión de que tanta gran y mediana superficie en su ciudad no solo ha destruido a la media y larga empleo. Está destruyendo memoria, baterías de vivencias que están en la última raya y que multinacionales francesas o los especialistas en asepsia Hermanos Roig CB no os podrán reemplazar.

Visitad a la flor de Calatayud y admiraros del comercio que queda en la Rúa, porque lo vintage es una corriente demasiado urbana y postural de necesaria concienciación incluso ecologista que no alcanzará por falta de mercado a salvar tanta Calle Mayor aragonesa de casino, procesión y visillo.

“La Sobresaliente” es otro genial comercio como nombre de la plaza porticada de Calatayud, era menester presentaros a la que para mí lo es incluso con esa mayúscula pero sin comillas.

25.03 Luis Iribarren

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