27.7.26
San Ildefonso o Santiago el Mayor de Zaragoza. Historias
La iglesia que aparece en la imagen de arriba tiene una historia bastante curiosa. Su doble denominación o nombre —San Ildefonso o Santiago el Mayor— significa que el edificio cambió de función y de titularidad parroquial con el paso de su historia. Esa imagen es de los años 40 del siglo XX, cuando delante de la iglesia no había grandes anchuras, ni la plaza que hoy envuelve a la iglesia en la avenida de Cesar Augusto.
El edificio nació como la iglesia del convento dominico de San Ildefonso. La fundación fue dispuesta por el mercader e infanzón zaragozano Alonso de Villalpando en torno a 1603-1604, mediante una importante dotación económica destinada a establecer un nuevo convento de la Orden de Predicadores. Villalpando está enterrado en el presbiterio y todavía se conserva la lápida que lo recuerda.
Hacia 1616 comenzaron los primeros trabajos bajo la dirección de Domingo Zapata y entre 1625 y 1628 se realizaron cimentaciones y trabajos iniciales. En 1651 se contrató el levantamiento de la estructura y en 1657 se trabajó en la fachada. Desde 1661, Felipe de Busiñac y Borbón dirigió la fase decisiva, terminada en gran parte hacia 1665. Entre 1692 y 1695 se modificaron la cabecera y algunos sectores del edificio. Como vemos, casi un siglo para levantar la primitiva iglesia.
También intervinieron religiosos con conocimientos constructivos, como fray Mateo Ortiz y fray Benito Gallego. Por tanto, no debe asignarse toda la iglesia a un único arquitecto ni a una sola campaña de obras. Fueron muchos años y un trabajo lento.
Es la iglesia barroca de mayores proporciones conservada en Zaragoza. Está construida fundamentalmente en ladrillo y presenta planta de cruz latina, una gran nave única, ocho capillas laterales entre los contrafuertes, crucero, presbiterio recto, coro alto y una gran cúpula central.
Su organización interior sigue el modelo difundido por la iglesia del Gesù de Roma: una nave amplia desde la que podía verse y oírse bien el altar y la predicación del que dirigía la ceremonia, con capillas comunicadas lateralmente. Cuando las guías turísticas nos hablan de una «tipología jesuítica» no quieren decir que la iglesia fuese originalmente de los jesuitas; pertenecía a los dominicos, pero utilizaba un modelo arquitectónico popularizado por la Compañía de Jesús.
El exterior es deliberadamente sobrio. La fachada utiliza pilastras, frontones, hornacinas y sencillos dibujos geométricos realizados con ladrillo resaltado. Esa austeridad contrasta con el interior, mucho más rico y solemne.
La parte más característica de esta iglesia es la decoración de las bóvedas y las cúpulas de las capillas. Está compuesta por yeserías que hoy son blancas con estrellas, lazos y entrelazos, rombos, puntas de diamante y composiciones geométricas de tradición mudéjar.
El contrato firmado el 14 de diciembre de 1661 con Felipe de Busiñac y Borbón especificaba que las bóvedas de la nave debían decorarse con yeso blanco, formando los artesones, lazos y relieves elegidos por los dominicos. Los motivos tenían que modelarse con aristas muy marcadas para que, vistos desde abajo, pareciesen recortados. No parece que estuviera coloreado como otras yeserías mudéjares.
Pero el mismo documento añade un detalle decisivo: entre las fajas y los relieves se dejarían unos espacios de «yeso negro», preparado con carbón de sarmientos o con paja de centeno, con la intención expresa de producir un color agradable y hacer que las labores sobresalieran visualmente.
El aspecto original debió de ser aproximadamente con los lazos, molduras y figuras geométricas blancas, determinados fondos y separaciones, oscuros o casi negros y un fuerte efecto de claroscuro que acentuaba la geometría de las bóvedas.
No se sabe cuándo desapareció el contraste oscuro en esa hermosa cúpula del interior de la iglesia. Lo más probable es que sucesivas limpiezas, reparaciones y capas de blanqueo cubrieran el yeso negro o redujeran mucho su visibilidad.
Estas yeserías mezclan la herencia mudéjar aragonesa con el lenguaje barroco italiano. No son propiamente medievales: fueron realizadas en el siglo XVII, pero prolongan conscientemente una tradición decorativa muy arraigada en Aragón. Este encuentro entre barroco y mudéjar constituye una de las principales razones de la importancia artística del templo de San Ildefonso o Santiago el Mayor.
Durante el siglo XVIII el convento se enriqueció considerablemente. El retablo mayor fue realizado por Simón Ubau en 1762 y muestra la influencia del nuevo gusto académico introducido en Zaragoza por Ventura Rodríguez durante la construcción de la Santa Capilla del Pilar. El retablo está dedicado a San Ildefonso de Toledo, titular original del convento.
La sacristía conserva una decoración de transición entre el rococó y el neoclasicismo. En las pechinas aparecen representados los cuatro evangelistas, obras de Francisco Bayeu, uno de los grandes pintores aragoneses del siglo XVIII y maestro fundamental en la formación del joven Francisco de Goya. De los ocho grandes lienzos que decoraban la sala únicamente se conserva uno, dedicado a la Magdalena al pie de la cruz.
Otro elemento destacado es el sepulcro del cardenal dominico Jerónimo Xavierre, figura importante de la Universidad de Zaragoza y de la Orden de Predicadores. El monumento estuvo originalmente en el convento de Santo Domingo y, tras diversos traslados, fue instalado en el crucero de San Ildefonso en el siglo XX.
La iglesia y el convento desempeñaron una función decisiva durante los Sitios de Zaragoza. En diciembre de 1808, ante la saturación de los hospitales y la epidemia de fiebres que afectaba a soldados y civiles, el convento de San Ildefonso fue habilitado como hospital militar de sangre. Los heridos quirúrgicos generalmente por heridas de la guerra fueron trasladados allí para separarlos de los enfermos contagiosos.
Aquella utilización provisional terminó convirtiéndose en permanente. Durante buena parte de los siglos XIX y XX el antiguo convento acogió el Hospital Militar de San Ildefonso, que permaneció en funcionamiento hasta que fue sustituido por el nuevo hospital militar del barrio de Casablanca. El conjunto quedó así asociado durante aproximadamente siglo y medio a la asistencia sanitaria del Ejército.
La comunidad dominica fue suprimida del recinto con la desamortización de Mendizábal entre 1835 y 1836. La iglesia logró sobrevivir, pero las restantes dependencias conventuales fueron ocupadas y transformadas para usos militares.
Finalmente, en 1958 fue derribado casi todo el antiguo convento. La iglesia quedó como único resto significativo del enorme conjunto dominico. La desaparición de claustros, celdas, biblioteca y dependencias auxiliares alteró por completo el entorno original del templo. Todavía se puedes ver en las paredes exteriores algunos restos de estas construcciones.
Esa supervivencia aislada explica su importancia patrimonial: no es solamente una iglesia barroca, sino el último testimonio de uno de los grandes conventos de la Zaragoza anterior a la desamortización. Pero vayamos ahora a los cambios hacia Santiago el Mayor.
La antigua parroquia zaragozana de Santiago el Mayor se encontraba en la calle Don Jaime I. A comienzos del siglo XX estaba en mal estado y fue cerrada al culto; posteriormente sería derribada entre 1915 y 1916. En 1902, la parroquia de Santiago fue trasladada a la antigua iglesia conventual de San Ildefonso. Desde entonces San Ildefonso es el nombre histórico y artístico del edificio y Santiago el Mayor es su denominación parroquial moderna. Por eso ambas formas son correctas, aunque para hablar de su historia anterior a 1902 resulta más preciso llamarla iglesia del convento de San Ildefonso.
La cúpula original fue destruida por un rayo en 1860 y posteriormente reconstruida siguiendo el modelo barroco del templo. Entre 1964 y 1965 fue restaurada y revestida parcialmente con tejas vidriadas, aproximando visualmente su aspecto al de las cúpulas del Pilar. Las dos torres ofrecen una historia todavía más llamativa. Durante siglos quedaron rematadas a una altura mucho menor que la actual. En la década de 1970, Fernando Chueca Goitia añadió los cuerpos superiores, siguiendo una interpretación barroco-clasicista. No son, por tanto, completamente originales del siglo XVII.
Precisamente eso puede observarse en las imágenes que vemos arriba, que corresponden al estado anterior a la intervención de Chueca Goitia. Las torres aparecen bajas y truncadas, sin los remates elevados que actualmente dominan la avenida de César Augusto.
La iglesia de San Ildefonso o Santiago el Mayor es importante por reunir varias dimensiones de la historia zaragozana. Es el mayor templo barroco conservado de la ciudad; que constituye uno de los mejores ejemplos de unión entre arquitectura barroca y ornamentación mudéjar; y que guarda obras vinculadas a Francisco Bayeu y al nuevo gusto artístico del siglo XVIII.
Además, fue hospital durante los Sitios de Zaragoza y continuó como Hospital Militar; y es el único vestigio conservado de un enorme convento dominico, aunque destruido en el siglo XX como muchos edificios importantes de la historia zaragozana. Fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional en 1975, protección que actualmente corresponde a la categoría de Bien de Interés Cultural.
Es pues uno de los edificios que mejor permiten leer cuatro siglos de historia de Zaragoza. La religiosidad y el poder conventual del Barroco, la tragedia de los Sitios, la desamortización, la presencia militar, la destrucción urbanística del siglo XX y la posterior recuperación del patrimonio.
26.7.26
Posadas de diligencias en la Zaragoza vieja
En el siglo XIX o incluso a comienzos del siglo XX, no era habitual que las personas nos moviéramos entre grandes distancias. Solo unos pocos tenían la necesidad de hacerlo, y nadie lo hacía por el placer de irse a otro lugar a pasar unos días. Lo habitual era que si acaso, se migrara a otro lugar de forma casi permanente y se dejara atrás todo lo demás.
Moverse más de 5 leguas (unos 30 kilómetros) era casi una osadía. Que, por cierto, sí hacían los poderosos, los ricos, los jóvenes con posibles. El resto, nada de nada. Y estos se movían en colleras, que eran más lujosas que las galeras. El carro o coche de colleras llevaba cuatro ruedas, grandes dimensiones y era tirado por varias caballerías.
Debemos entender que por entonces marchar era una osadía, pero si te había ido lejos, pensar en volver a tu origen una locura, pues no se sabía nada de la forma en que se podría volver desde la ciudad a la que habías llegado.
En Zaragoza había varias estaciones o posadas en donde llegar las diligencias, una en la entrada de Montemolín (así se llamaba el parador) en el actual cruce de Miguel Servet con San José y Compromiso de Caspe. Aquellos espacios, grandes, tenían fonda para las personas y los animales, aparcamientos y lugar de reuniones de todos los que intervenían en los viajes. Eran lugares que siempre estaban llenos de gente esperando. Y en este caso era más una Fonda Posada antes de entrar en la ciudad, para dejar reposara los animales o para cambiarlos y que entraran a la ciudad animales bellos y no muy cansados.
Las diligencias o las galeras no salían todos los días al mismo destino, sino en días alternos. Un día llegaban, el conductor y los animales dormían en la posada, y al día siguiente salían de nuevo para volver al destino, por ejemplo, Madrid. Eran viajes duros, las carreteras eran lentas, llenas de baches, con muchos golpes, y eran vehículos que además de personas llevaban carga, a veces hasta 300 arrobas de peso añadido. Hablamos de 3.500 kilos encima del vehículo, sin contar a las personas.
En la calle Don Jaime de Zaragoza, en el número 37 había una oficina de billetes para Madrid y el sur de España de la familia Forés, pero había más. Estaba la de Camilo Villoro que iba a La Muela y según dicen tenía más de 80 mulas de carga para 7 galeras, y también estaba la de Andrés y Hermanos. Ojo con la duración del viaje en ese siglo XIX, se habla de entre 3 a 7 días de duración del trayecto desde Zaragoza a Madrid, con constantes paradas para descansar. No ya las personas, sino sobre todo los animales.
También había desde Zaragoza trayectos hacia Barcelona, Fraga, Reus, Igualada, Valls, y además de en Montemolín en las afueras de Zaragoza, había también posadas en la calle Ariño que convertían en aquella zona en un gran trasiego de personas y animales. A su vez había servicios hacia Huesca, hacia "El Norte", Salamanca, Panticosa, Bajo Aragón o Valencia.
La Posada más importante era la llamada Fonda de Europa y Parador de Diligencias de Oriente. Estaba en la plaza de la Constitución, actual plaza de España. No era solamente una fonda y en el plano de Zaragoza de José Yarza de 1861 la identifica expresamente como: Parador de diligencias de Oriente y fonda de Europa. Estaba situada aproximadamente en el sector ocupado actualmente por el Banco de España.
Pero constan otras muchas como las de Fonda de las Cuatro Naciones en el Coso Alto, la de Postas Generales en el Coso Medio, Casa Marraco en la Plaza de la Constitución, Casa Sardaña en la plaza del Carmen, Posada de San Juan que iba a Épila, las que llegaban a la Plaza de Ariño que eran muchas, lo mismo que a la Plaza de Santa Engracia, la Posada de Santa Ana en la calle Mayor, la Posada de Santa Cruz que iba a Teruel, la Posada de los Huevos en la plaza del Pilar, la Posada del Blanco que estaba junto al Mercado e iba a numerosos pueblos cercanos, la Posada de los Reyes en la plaza del Pilar, la Posada de la Salina en el paseo del Ebro con capacidad para 60 animales, la Posada de las Almas o de la Ánimas en la calle San Pablo, la Posada de San Braulio especializada en transportes de soldados, aunque en realidad había bastantes más.
Eran Fondas para descansar las personas, pues muchos de ellos no se quedaban en Zaragoza y seguían viaje, pero a su vez, debían tener grandes espacios para cuadras, pues el trajín de animales era enorme, pues no solo descansaban y se alimentaban, sino que se intercambiaba.
Lo normal a mediados del siglo XIX era un precio de unos 30 duros ir a Barcelona o Madrid, en un viaje que duraba sobre los 3 días y 2 noches. Ese precio era el equivalente a un alquiler modesto de una vivienda durante varios meses. Un precio solo disponible para pocas familias adineradas. Aparte estaba el precio de las comidas y dormidas.
Ojo que no era nada cómodo, pues hablamos de vehículos que podían llevar 20 personas en su interior. Entre estas dos ciudades y Zaragoza, se cambiaba de animales unas 18 veces en diferentes posadas. Una de ellas, las que todavía podemos recordar es la llamada La Venta de los Caballos cerca de Zaragoza. Eso nos da una idea de los kilómetros que podían recorrer cada tira de animales. Hacia Barcelona la primera parada para cambiar de animales se hacía en la Puebla de Alfindén.
Los conductores cobraban muy poco sueldo, sobre unas 4 pesetas al día, iban con un aprendiz o un zagal joven, y vivían más de las propinas y de los apaños con pequeños contrabandos que del sueldo que cobraban.
Los tiempos del viaje eran muy teóricos, dependía del tiempo, las lluvias, los barros, los accidentes, los propios caballos, etc. Y la llegada era algo no previsible, pues los retrasos no eran de horas, sino de días.
La llegada del ferrocarril a Zaragoza en 1861-1863 redujo las grandes diligencias hacia Madrid y Barcelona, pero no eliminó las posadas ni las galeras regionales. Estas continuaron atendiendo las comarcas sin ferrocarril. Las últimas diligencias que vinieron a Zaragoza eran las de los trayectos de Alcañiz, Belchite y Cariñena.
El tren no llegó a Jaca hasta 1893 y a Teruel hasta 1902. Por eso el transporte de mulas, ordinarios y galeras siguió teniendo importancia durante prácticamente todo el siglo XIX.
15.6.26
Viajes Urbanos por Aragón
DEDICADO A LOS QUE NOS QUEDAMOS O ESTAMOS OBLIGADOS A QUEDARNOS CERCA
En la lectura quincenal que hago de la tribuna digital me ha sorprendido la eclosión de una voz cubana y del territorio, una escritora andorrana. Simultáneamente, porque participo indirectamente, me ha llegado una bella página-arranque de proyecto para la reactivación de Jacetania en el horizonte 2050. Atendido que las poblaciones cabecera de valle que no sean Jaca y Villanúa entrarán en un desierto demográfico que las relacionará con las que ahora han perdido su colegio público.
Me llamó poderosamente la atención que entre la reiteración de nuevos diagnósticos a elaborar, vamos ya por n, las llamadas al emprendimiento –que considero solo posible para quienes tengan mucha red familiar o política, que se convierte en crediticia, para los de orden y tradición- y fomento de la repoblación no se sabe dirigido a quiénes (si no, es a los prejubilados y europeos jóvenes o seniles de entornos urbanos) y las medidas a desarrollarse, la participación.
Sin embargo, en ningún momento la presentación digital cita -porque al parecer no están asociados y entonces quién es interlocutor en un modelo homologable para pedir ayudas- al 15% de población residente de origen extracomunitario que es la que intensifica la demanda de vivienda, padece el trabajo temporal y, especialmente, cubre la atención social y muchos más sectores hasta ser regularizados, en régimen de semi esclavitud o nulo control salvo denuncia en municipios al borde del colapso, que es precisamente por donde deben empezar a radicarse si les informan bien.
Así que en vez de repensar que un planteamiento sincero y valiente de ZP, Aznar y sus fundaciones, la acción social catalana, las cooperativas de Mondragón, el rey emérito o hasta Juanito Oyarzábal pasaría porque nos contaran la verdad sin que la única versión del mundo sea “Planeta Calleja” o “Aragoneses triunfitos por el Mundo” sobre todos los sherpas o filipinas del mundo… y cómo su actuación comisionada, porque el éxodo venezolano era inevitable y no dependía de él, evita todavía mayores hambrunas y llena los depósitos de fuel españoles más que los del resto de la UE.
Dedicado a ellos, seguiremos glosando la actualidad política y social de sus países este verano, a la vez que continuaremos la bajada por el Ebro. Es momento de relajar contenidos, Trump 80 ha solucionado de momento los suplementos de carburante una vez que sus financiadores ya han especulado en los mercados lo suficiente a costa de los iraníes demandantes de democracia. La rueda, de lo que tanto sabe Zapatero como más los de Vocento de cualquier partido pero ponen ojos de lo contrario, sigue.
Imagino su predilección adobada por la media sonrisa sardónica de Puyol y Arzallus, el no pronunciamiento de Rubalcaba y Borrell o Belloch, por las piedras preciosas de color zafiro, turquesa, aguamarina, cian, topacio aguado, tanzanita o turmalina como sus ojos vándalos leoneses. Sal y deja de hacerte el comercial que a todos contenta.
1.- Zaragoza: vía verde entre el Barrio Oliver y Miralbueno: barrios con excelente arte urbano y murales, especialmente el dedicado al karateka de Oliver Babacar Seck, un parque notable y excelentes bares para tomar una cerveza en copa fría o una botella de vino en enoteca de prestigio. Mi recomendación: visitar una vez en la vida los bares Route 212 en la culta calle de Séneca y el Escribano de la perfumada calle de las Acacias y coger la bici o el portante andariego y ver los yesos de Juslibol desde el Anillo Verde en su entronque con calle Leiva.
2.- Teruel: un café con hielo, helado o caña a mitad de tarde en el umbroso y poco conocido, fuera de la ciudad, Parque de los Fueros de Teruel, que dispone de un sombreado agujero central ajardinado que antes debió ser una mina de arcilla. Hallaréis una botánica espléndida y muchos y buenos bares en su entorno pero os emplazo a que os paréis a tomar algo con un libro en el del kiosko del parque. En las calles que le dan acceso desde el viaducto coexisten los interesantes palacetes racionalistas del ensanche turolense, el parque de aromáticas dedicado al ingeniero Fernando Hue y varios miradores hacia la puesta de sol y valle del Turia.
3.- Binéfar: paseo una noche de verano de cierzo por la Sierra de San Quílez y el Sendero Natural del Canal de Zaidín, en los que se disfruta de excelentes vistas sobre la Litera y el Cinca Medio y baja unos cuatro grados la temperatura. Las recomendamos desde el mirador dedicado a Benito Coll que, en invierno en días sin niebla, abre todos los sentidos. Binéfar y Monzón son ciudades en las que se come una gran longaniza de cerda a la brasa y en otoño una muy buena cocina de setas. A mí me encanta, porque me recuerda mis tiempos de residencia en la ciudad pero no quedan los lugares donde iba, comer en el Caballo Blanco que aún planta fuerte.
4.- Calamocha: los residentes de la ciudad del Jiloca medio tienen la particular y emocionante suerte de poder recorrer una senda fluvial por el río que la bordea con un bello parque con lago-puente romano de un arco y paseo literario parido por Luis Alegre con referencias, en cada banco, a obras o autores relacionados con el valle. Calamocha es igual en mi imaginario culinario a unos huevos fritos con puntilla, jamón pasado o conserva sobreasada o una fuente de longaniza seca y productos azafranados . En el Fidalgo y otros históricos establecimientos de su antigua travesía.
5.- Ejea de los Caballeros, museo y parque fluvial. La estanca “El Gancho” y el “Centro de Arte y Exposiciones de Ejea” con su variada programación son opciones para un gran fin de semana dirigido hacia los que no dejan las Cinco Villas en verano. Ejea conserva, además, excelentes piscinas municipales y un buen número de establecimientos de hostelería de entre los que la hicieron célebre. Asimismo organiza, seguramente, las mejores fiestas de Aragón de localidad intermedia a principios de septiembre, populares y no populacheras por repletas de guiños culturales de altura que recuerdan a las de San Lorenzo. A mí me gusta comer cuando paso en el restaurante “El Salvador”, cerca de la estación donde paraba en el autobús de La Veloz Sangüesina que pasaba por Sos y moría en la ciudad de mi padre.
6.- Huesca, Ciudad Jardín y Parque Padre Querbes. Con el equipo como el Zaragoza en Primera Federación y, después de San Lorenzo y hasta mitad de septiembre, Huesca quedará absolutamente adormecida, pues se vacía en las playas de la Corona y padece de una languidez de serie inglesa de los años 20. Es el momento para su población que lo ha dado todo atendiendo en San Lorenzo de descansar y pasear, disfrutar de su propia ciudad, y para ello es ideal, riberas del Isuela aparte, disfrutar de los bellos espacios citados. El diseño del parque es muy especial, con colinetas, regatos, una fuente y espacios abancalados que introducen las huertas del entorno oscense al interior de la ciudad. Recomiendo comer entre tantísimos espléndidos restaurantes, en la Factoría o, para viajar, el genial “Villa México”.
7.- Zaragoza, ruta arquitectónica por los barrios. Monumentos catalogados aparte como la Harinera de San José y la Casa Solans del Barrio Jesús, invito a la visita veraniega de los siguientes enclaves puesto que en todos se consigue viajar: antigua capilla del Hospital Psiquiátrico y terraza Experimental del Parque de Delicias, paseo arquitectónico por la Ciudad Universitaria vacía (contiene obras de Basilio Tobías, ampliación de Derecho, revisión de la Facultad de Filosofía y Letras de Regino Borobio de Magén Arquitectos, etc.), ver Zaragoza desde los depósitos de Valdespartera con grafitis dedicados al cine, vagabundear por las calles de las primeras parcelas de los barrios de La Jota, La Paz y Torrero o volver al Cementerio de la Cartuja, especial por arquitectónicamente cimero. Cuestión poco valorada, hay cogollos como el de la plaza Huesca, calle Gárate, Avenida de América o Arrabal viejo en que Montemolín, Delicias o el Arrabal funcionaron como núcleos rurales previos a su absorción por Zaragoza en el siglo XX. Qué decir de La Bozada.
8.- Calatayud, paseos medioambientales y por los barrios altos. Mudéjar, ciudad romana de Bílbilis y museo aparte, es de agradecer el esfuerzo de los ayuntamientos aragoneses y la Confederación Hidrográfica del Ebro para hacer disfrutables sendas fluviales como la que permite descubrir desde el frescor la botánica del Jalón en Calatayud y sus cruciales encuentros con el curso del Jiloca y el Perejiles. Pocos intentan subir al castillo de tapial árabe que da nombre a la ciudad, Castillo Mayor del Emir Ayyub, al santuario de la Virgen de la Peña y hasta la Puerta de Soria, siguiendo la rúa de Dato. Calatayud se halla plagada de barrios-calle en su judería y morería extramuros del soberbio conjunto mudéjar de colegiatas y conventos, tan careado en su conservación en cuanto a los edificios de propiedad privada. Lo que también le da su desgraciado punto como presentación de la impotencia aragonesa para gestionar la memoria, que no las novedades rabiosas.
Atendamos a lo mollar que no es lo óseo que levanta astillas, lo que pensaría ZP previa receta jurídica de lo contrario.
15.06 Luis Iribarren
8.6.26
Diez Lugares menos Populares de la provincia de Teruel
DIEZ LUGARES MENOS POPULARES CON LOS QUE EMOCIONARSE EN TERUEL PROVINCIA, MEDIANTE DESTINOS CRUZADOS
Soy un pirenaico enamorado del Sistema Ibérico y siempre llevo en el coche la “Guía de la Celtiberia” de Prames, una edición que abre los sentidos y aclara qué territorio era rico antes de Roma, y no lo era el desierto calizo del que vengo al que daba más o menos lo mismo controlar y se presentaba selvático y de no posible abrasión por especulación.
Los bosques riojanos atlánticos, los pisos de vegetación del Moncayo, la ballesta del Duero y el románico soriano, las setas de la Demanda y dar un paso por la Dehesa y los campos de lavanda de la Alcarria de Guadalajara, no me hace falta más para viajar. El olor de lass lagunas y pantanos de agua dulce y el frescor nocturno que dispone al sueño.
La Celtiberia aragonesa nos depara la sorpresa geológica de las sierras de Teruel, las huellas jurásicas y los pueblos de arquitectura roja de piedra rodena o de adobe arcilloso que envejece entre rosa chicle y gris oxidado. En verano, el Parrisal de Beceite, los Montes Universales y Gúdar quedan inundados por visitantes valencianos, también de Zaragoza en menor medida, vaciando otras comarcas y territorios que os proponemos, os vienen de paso y abren opciones de pernoctar y restaurarse por otros precios:
1.- Alcorisa, Jardín de Rocas “Geólogo Juan Paricio”, se halla bordeando el paseo fluvial del río Guadalope y presenta “las distintas rocas que afloran en el término municipal, organizándose a partir de su antigüedad y siguiendo un recorrido por el parque fluvial de Alcorisa, en el que se ubican paneles informativos de cada período con sus características litológicos, morfológicas, ambiente en el que se generaron y zonas de afloramiento del término municipal”.
Con importantes servicios de restauración, solazarse en Alcorisa permite que especialmente los niños se introduzcan en la geología turolense tan variada de manera amena. Las rocas abarcan desde los conglomerados, a los yesos y areniscas hasta un número de doce piedras y se promovió para homenajear al científico y ecologista de Villarluengo Paricio.
2.- Villarluengo, el Balcón de los Forasteros. Remedando al puntal de Berdún, en Jacetania, abierto al oeste y al que llamábamos San Sebastián de los pobres, la villa del Maestrazgo de arquitectura solariega y próxima a los órganos de Montoro y nacimiento del río Pitarque goza de este mirador sobre el congosto del río Cañada y su puente de la villa y su peña capitán. Esta población arriscada, protagonista de las guerras carlistas y domeñada por el General Cabrera, asimismo cuenta con un elemento propio de las poblaciones turolenses: una “cruz de término”, hitos guía de caminos o delimitación de términos y con un uso en ocasiones religioso simbólico.
3.- Miravete de la Sierra, cruz de término. En la sierra de Gúdar, este pequeño pero bello caserío presenta la cruz con esta finalidad más interesante y con importancia artística de la provincia, del siglo XV, que conserva del peirón medieval exclusivamente una réplica de su cruz cimera. Fue un crucial hito del camino real entre Villarroya y la villa de Aliaga, mejor destino geológico europeo, y está a la altura en importancia el recientemente puesto en valor tramo del “Camino de los Pilones” de la citada Villarroya. Parte del camino real entre la ciudad de Teruel y Peñíscola por el Maestrazgo, se clavaron en el páramo para orientarse ante fenómenos como venticas y nevadas copiosas parece que por obra de los ilustrados como Jovellanos, primeros ministros de fomento.
4.- Camarena de la Sierra, porta el mismo apellido que Miravete y como otras localidades de la provincia. Es uno de los accesos a la sierra de Javalambre: techo de Teruel, observatorio especial y estación de esquí y goza de un balneario que abre en verano y cuenta con aguas repletas de sulfato y magnesio que brotan de un pliegue del monte rojo.
5.- Segura de Baños, balneario. Las aguas minerales de este lugar del norte de las Cuencas Mineral surgen próximas al río Aguas Vivas que se desbordó recientemente en Letux y Azuara en una inusitada riada. Es una fuente ésta de aguas bicarbonatadas existentes en un entorno geológico en que el plomo fue abundante y por ello la población contó con un extraordinario por desproporcionado castillo.
6.- Azaila, ciudad ibérica. Si del valle del Aguavivas hablamos, debemos detenernos a ponderar la muy interesante población de Azaila. Oficia como puerta del Bajo Aragón turolense desde Zaragoza en la que pocos paran y que, sin embargo, cuenta de una interesante arquitectura popular con sillares de yesos y alabastros y un poblado ibero con basamentos de la misma piedra más que interesante por fronterizo con el mundo celta.
7.- Ojos Negros, yacimientos y poblados mineros. Si yacimientos nombramos y a pasado minero hecho presente, por ser origen de una línea férrea hasta Sagunto hoy vía verde, debemos desplazarnos al centro otrora metalúrgico de la Sierra Menera, sus minas al aire libre que han generado lagunas polícromas y los yacimientos de hierro como el de los Castillejos. Ojos Negros presenta uno de los escasos molinos de viento de Aragón. Del mismo modo, la pasión taurina turolense –símbolo de la capital provincial- hace que hasta en esta localidad haya una plaza de toros aprovechando el relieve de un pequeño pueyo.
8.- Andorra de la Sierra de Arcos, Plaza de Toros. La villa abierta a los vientos, esa sería su etimología, es un paraíso para detenerse, dormir, ir de tapas y bares y probar grandes aceites de suelos mineros y gangas recuperados. Su plaza de toros enlucida y encalada en blanco en su exterior cumple esta añada sesenta palos o velas, llegando a torear en ella y en los días en que en Andorra corría como en Ejea más cash que en Brooklyn incluso el mítico Paco Camino. Enfrente de la misma y con acceso a la localidad por la bien nombrada “Avenida de los Deportes”, el campo del Endesa Andorra dedicado a uno de esos callados héroes locales como es Juan Antonio Endeiza de los que hemos heredado país. Gestor del otrora segundo equipo de Aragón tras el Zaragoza y en que tantos jugadores de su cantera jugaron.
9.- Olba: de moda, barrios y puentes. La obra del modisto de Olba y escultura profética en su pueblo, Manuel Pertegaz, presenta como sucedió con la del burgalés Paco Rabanne una íntima conexión en el uso de placas de metal con la geología minera y reconquista turolense, como también con los trajes de luces y la tauromaquia goyesca, cuya estética finalmente ha devenido canónica. Olba preside un curioso y único conjunto urbanístico de barrios con iglesia propia conectados a un polo de servicios medieval central. El río Mijares serpentea en un recorrido de foces que baja a la plana de Castellón, percibiéndose especialmente en el mirador que Prames ha levantado antes del llegar a su Barrio de los Giles, salvándose en Olba central y cada barrio por preciosos puentes como el del Cantal, el de los Moyas y el neoclásico de Carlos IV, de goyesco sobrenombre.
10.- Libros, puente sobre el Turia. Para cerrar por tarantas, que son cantos mineros, pero también por fandangos, pues es un río alegre y que da la vida en su cauce antiguo ajardinado a nuestra querida ciudad de Valencia, proponemos pasear la ribera del Turia en Libros, cruzar el último puente aragonés del río, comer en su “Merendero de la Huerta” unos gramos de jamón cortado a cuchillo con pan de hogaza y ver desde el otro lado del Turia a la villa desde la ermita del Pilar.
Libros dedica cada año una calle a un escritor, su plaza porta el nombre del célebre autor de novela histórica turolense Javier Sierra y organiza cada año un simpático y necesario, obligado por su toponimia, festival literario que va por la sexta edición y en la que Muñoz Molina espetó el siguiente aserto, dedicado a quienes nos leéis: EL HECHO DE LEER HOY EN DÍA ES UN ACTIVISMO.
Os dejamos recomendando que visitéis la especialísima entrada a la provincia de Teruel por Libros, mediante un mojón tótem de piedra sobre base circular, con azulejo turolense en trencadís (picadillo de cerámica), rematado por una frase digna del maestro azcona sin mayor especificación, no apta para las nuevas generaciones por demasiado del tik-tok:
A LA CAPITAL, 30 KILÓMETROS
08.06 Luis Iribarren
2.6.26
Epifanía en la Seo de Zaragoza. Retablo mayor
Lo que vemos es un detalle del retablo mayor de la Seo de Zaragoza, un detalle de la zona de la Epifanía, cuando los tres Reyes Magos acuden a adorar al Niño Jeús que está junto a San José y la Virgen. Esta obra es del Maestre Ans Piet Dansó, y artista avecindado en Zaragoza entre los años 1467 y 1478, y aunque los datos de este artista zaragozano de vecindad no son muchos, parece seguro que él hizo esta parte del retablo, en la que intervinieron diversos artistas.
Parece ser que casado con María Jiménez, ambos eran propietarios de unas casas en la parroquia de San Juan del Puente, que luego vendió a Gil Morlanes en el año1478, por la cantidad de 1.010 sueldos. Como en esos apuntes consta que la csa la vendió la mujer, tenemos que presuponer que para entonces el artista ya estaba fallecido.
Se ha supuesto un origen germánico posiblemente de la zona Schwäbisch Gmünd, baja Austria, que justificaría el calificativo de alemán que le otorgó el doctor Jerónimo Münzer en su Itinerarium sive peregrinatio per Hispaniam, Franciam et Alemaniam (1494-1495).
La primera noticia del Maestre Ans Piet Dansó, tienen la fecha del 24 abril de1467, es el contrato que firma con el cabildo de La Seo de Zaragoza para las tres representaciones religiosas que se iban a hacer en el altar mayor. La del medio y principal de la Epifanía, y las laterales de la Transfiguración y de la Ascensión.
Serían trabajadas en piedra de alabastro y cada imagen tendría una altura aproximada de nueve palmos. Las composiciones habrían de seguir el modelo dado por el artista; los canónigos le habrían de proporcionar la piedra que se iba a utilizar en la obra. El maestro recibiría en pago trece mil sueldos distribuidos en cuatro etapas sucesivas.
Parace ser que para marzo de 1473 un nuevo documento entre ambas partes puntualizaba la terminación del retablo en piedra de alabastro con algunos añadidos como el sagrario. En esta ocasión el material iría a cargo del escultor, el cual debería utilizar para su labor «una muestra pintada en paper por ell, la qual está conservada en la caxa de la fábrica».
Razones de estilo artístico, también permiten otorgarle la Virgen con el Niño a su autoría, hecha en tamaño natural, y que se encuentra en la capilla llamada «de la Blanca» (por el color del alabastro en el que está realizada la imagen), situada en la cabecera (lado izquierdo) de La Seo de Zaragoza, que, según Jusepe Martínez habría realizado el maestro Hans como prueba de su habilidad y prueba para que le encargaran la obra del retablo mayor, y sería, por tanto, anterior a 1467.
Es esta sin duda alguna la escena más hermosa de las ideadas por maestro Ans, llamada a tener una amplia popularidad entre los intérpretes plásticos de su tiempo. Aunque su modelo no es original y parece proceder de miniaturas de la escuela parisina de hacia 1415-1435, ("Maestro de Bedford" u otro similar) es suyo el tratamiento singular dado a cada una de las imágenes, que constituyen una unidad irrepetible.
Se representa el momento en que los tres Reyes Magos han llegado a Belén desde Judea y se acercan a la humilde morada donde ha nacido Jesús para adorarle y hacerle entrega de sus regalos, oro, incienso y mirra. El portal en donde parecen vivar la familia de Jesús ocupa la mitad derecha del cuadro y es una edificación de estructura ligera, que simula estar hecha en piedra sillar, cubierta con tejadillo inclinado multicolor.
El Niño Jesús recibe la ofrenda de Melchor y muestra a los fieles una moneda real, probablemente un ducado de oro ("juanín") de Juan II de Aragón, transformando una escena evangélica universal en una imagen cargada de referencias a la realidad política y económica de la Corona de Aragón de finales del siglo XV.
La obra sugiere que no es "oro" en general lo que nos muestra el Niño Jesús, sino un objeto concreto que debía ser identificado. Y es una moneda auténtica, fácilmente reconocible por los fieles zaragozanos del siglo XV, y que encajaría perfectamente con esa intención. Eso sugiere que no es "oro" en general, sino un objeto concreto que debía ser identificado.
Melchor entrega oro al Rey de Reyes y el oro aparece materializado en una moneda de Juan II que se vincula simbólicamente con la monarquía aragonesa y con la historia sagrada. El espectador zaragozano de aquel retablo podía reconocer una moneda que circulaba o había circulado recientemente, emitida por Juan II de Aragón, el padre de Fernando II de Aragón.
La moneda no aparece de forma casual ni secundaria. Está siendo exhibido deliberadamente al espectador, como una muestra de respeto del Niño Jesús a la Monarquía aragonesa, mezclando conceptos históricos.
3.5.26
Tímpano románico de el Pilar de Zaragoza
Si entramos en la plaza del Pilar viniendo desde la calle Alfonso, veremos en la fachada del templo el único resto de la antigua iglesia románica construida tras la conquista de Zaragoza en 1118, posiblemente promovida por el Obispo Don Pedro de Librana, que se encontraba en ese mismo lugar y quedó destruida en un incendio producido en el año 1434. Aquella iglesia románica tardó mucho en poderse terminar, pues sus obras no finalizaron hasta el siglo XIII.
Se encuentra esta pieza histórica de la primitiva iglesia del Pilar colocada en la fachada principal, cerca de la puerta de la derecha o puerta más utilizada para entrar al Pilar desde la propia plaza. Su situación en la fachada no es arbitraria, está colocada en este lugar porque era precisamente ahí donde se encontraba la portada de aquella primitiva iglesia románica. El ábside se hallaría donde se encuentra el actual camarín de la Virgen del Pilar.
En él vemos un tímpano románico del siglo XII con un crismón trinitario de seis brazos con el monograma de Cristo formado por las letras griegas Chi y Ro (☧), que es una abreviatura latina de Christus y el alfa y omega. Se encuentra rodeado por 40 puntos o pequeños círculos que representan a Cristo con la cruz y su resurrección. En el interior encontramos flores con 50 pétalos en total, el número de Pentecostés, promesa de eterna salvación. El crismón está inscrito en un círculo con motivos geométricos y rosetas o margaritas.
El tímpano románico de la Basílica del Pilar es un vestigio del templo románico aproximadamente construido en el año 1191y contiene un crismón trinitario rodeado de motivos florales similar a la iglesia de Puilampa cerca de Sádaba y del Maestro Bernardo.
Hay que tener en cuenta que el lugar en donde se encentra la basílica de el Pilar de Zaragoza es un probable espacio sagrado que viene desde la época romana en Caesaraugusta y que tuvo continuidad en época visigoda con una posible iglesia cristiana primitiva. En época islámica como Saraqusta, el culto cristiano no desaparece del todo, aunque el edificio original se transformó o no se sabe con seguridad, tal vez incluso desapareció. Pero cuando llega el románico, no se parte de un espacio sin sentido, sino de un lugar ya cargado de significado religioso.
15.4.26
Escena de un retablo de Zaragoza, muy conocido
A veces intento jugar un poco con mis lectores, sean de Zaragoza o no. Y les presento una imagen de esa Zaragoza que a veces no se conoce del todo. Este caso es muy fácil, pero es que también tengo lecores de fuera de Zaragoza.
Es un detalle de un retablo muy conocido en nuestra ciudad, de inicios del siglo XVI, lo que ya nos indica mucho y nos muestra un trabajo muy hermoso y con muchos años en su interior.
Es un detalle, que no muestra la Asunción de la Virgen, y esa es ya otra pista definitiva, sin dar ni autor ni la iglesia en donde está ubicado. Pero insisto, es muy fácil. Es alabastro que estaba totalmente policromado, pero sufrió un incendio en el año 1434 y eso le afectó.
La imagen es mala, no es sencillo fotografiarlo, no hay mucha luz y no dejan acercarte mucho, de hecho no dejan fotografiarlo.
8.4.26
Noticias de los Hermanamientos, u otros lugares a visitar por los aragoneses fuera de Aragón
La ciudad de Teruel ha venido desarrollando con la ciudad de Cuenca por motivos geográficos, históricos y porque comparten reservas de agua de las que genera el bosque continuo Montes Universales-Serranía de Cuenca una gran relación con intereses comunes. Ambas se unen por la mala carretera que, antes de Ademuz, deja el Turia y parte a la capital conquense por la ciudad de Cañete, de la que proviene el nobel anglo-húngaro de la literatura Elías Canetti, con fondos en la biblioteca de Libros.
La ciudad de Alcañiz se halla hermanada con otras dos del entorno de lo que en Cataluña llaman la quinta provincia y en geografía los puertos de Beceite como son Tortosa y Vinaroz.
Otros tratadistas sostienen, sin embargo, que Nebrija era de familia cristiana vieja. Precisamente se amparan en que ello tuvo que demostrarlo mediante expediente, imaginémonos con qué contenido, para poder estudiar en la afamadísima Universidad de Bolonia y albergarse como requisito en el Colegio de San Clemente de los Españoles, por el que pasaban los becarios tanto del reino de Castilla como aragoneses.
Ello parece que no se debe a que un gran número de aragoneses o catalanes, aunque también, fueran a estudiar Derecho a la ciudad Emiliana sino que el barrio tenía unas termas, como Zaragoza, instituidas por César Augusto (y el femenino de nominación coincide).
La ciudad de Huesca goza de un fecundo y renovado por cada generación hermanamiento con Tarbes o Tarba, capital de la región aquitana de Bigorra que tantas reinas dio a los primeros reyes Aragón como Ermesinda o Gisberga de Foix y Bigorra, que llegó a ser consorte del reino tras la muerte de Ramiro I y se halla enterrada en San Juan de la Peña como madre de Sancho Ramírez, García Ramírez el gran obispo de Jaca y Pamplona y Sancha de Aragón, una fecunda intelectual del medievo europeo enterrada en un sepulcro asombroso en las Benitas de Jaca.
Del mismo modo, Monzón se halla hermanada por motivos históricos con Muret, cerca de Tolosa, donde pereció el nacido oscense Pedro II Aragón frente al ejército francés cruzado de Simón de Montfort en un intento de proteger los derechos civiles y dinásticos de los cátaros, ciudadanos de sus vasallos los Condes de Tolosa.
Jaca, por razones de convivencia y compartir festival folclórico, está hermanada con la próxima Olorón y Sabiñánigo tiene avenida dedicada a Billère: ciudad de la conurbación de Pau-Pirineos Atlánticos, capital de la Navarra histórica francesa y lugar natalicio del que los franceses consideran su mejor rey histórico: Enrique IV de Navarra.
La villa de Calatorao, reconocida por sus canteras de rara piedra caliza negra que presenta tras su pulido una terminación y resultado marmóreos como en el caso del bello obelisco de la Plaza de Europa de Zaragoza, se relaciona con la toscana Seravezza. Villa cercana a Carrara de cuyas canteras se sacaron los bloques marmóreos esenciales para la historia escultórica de la Humanidad, barra Renacimiento italiano.
Ejea de los Caballeros ha suscrito protocolos de hermanamiento con la aquitana Marmande pero también con la ciudad véneta de Portogruaro no lejana a Udine, ciudad sede de un importante club de fútbol y del Scavolini de baloncesto, rival del CAI.
Terminamos Europa con una celebrada curiosidad: el municipio de Celadas turolense, afamado por sus chacinas, no desarrolla por motivos obvios su hermanamiento con el ruso de Vinogradovo en Rusia pero sí cuenta con un asombroso y raro parque ruso de la Amistad, todo de madera tallada que reproduce ermitas y otros elementos de juego donados por esta comuna próxima a Moscú que recuerdan a la arquitectura eclesiástica rusa, de nanas de cebolla.
Por hacer una alusión a América, varias de cuyas poblaciones se llaman Zaragoza de nombre o apellido como la mexicana Puebla, la capital de Aragón presume de una glamurosa relación con la ciudad universitaria portuguesa de Coimbra, se halla hermanada con la bellísima ciudad colonial nicaragüense de León (patrimonio de la Humanidad), con el centro universitario puertorriqueño de Ponce, con la capital y reina del Altiplano boliviano y próxima al lago Titicaca ciudad de La Paz y con la ribereña La Plata argentina.
He alguna he estado como también en el fascinante corazón religioso de Malta interior, Mdina, y el Belén en Palestina. Curioso es el reciente hermanamiento con la capital macedonia del norte, la montañosa Skopje, puerta para ver al menos una vez en la vida el precioso lago de Ohrid.
A todos estos destinos han acudido con placer para ser viajados algunos aragoneses, poniendo una semilla para que otros podamos llegar a una nueva casa.
07.04 Luis Iribarren
21.3.26
Virgen del Pilar en Bilbao que es una transformación
La Virgen del Pilar tiene muchísimas esculturas repartidas por todo el mundo. Y no todas parecen haber sido vírgenes del Pilar desde su construcción. Algunas fueron reinterpretadas según lo que se necesitaba en cada iglesia, o según lo reclamaban los feligreses.
Esta Virgen del Pilar actual, que se encuentra en la Catedral de Santiago de Bilbao, en sus inicios era una Virgen de los Prodigios, y que siendo muy posiblemente anterior al siglo XVIII contiene detalles muy diferentes a todas las imágenes clásicas de la Virgen del Pilar aunque en este caso, sí está sobre un pilar.
Principalmente hay tres detalles que delatan que en su construcción no iba destinada a ser Virgen del Pilar. No sabemos el autor de la obra, pero sí que posiblemente sea del siglo XVI.
Por una parte tenemos al Niño que sostiene en sus manos una esfera coronada con una estrella que representa de forma no clásica a la bola del mundo. No es lo habitual pues suele ser más un pájaro, muy posiblemente un jilguero que simboliza la Pasión.
Avanzando en sus diferencias con una imagen del Pilar clásica, vemos a la Virgen de Bilbao con un libro en la mano. Eso es realmente muy extraño en la iconografía de la Virgen del Pilar.
Y además en todos los casos más conocidos, la iconografía de la Virgen del Pilar nos muestra a la virgen mirando al público, al entorno, y nunca mirando a algo diferente, en este caso un libro.
Queda claro además que en la Catedral de Bilbao se encuentra esta peculiar talla reformada posiblemente en 1725 y modificada por encargo por la Hermandad de la Virgen del Pilar, que une una imagen antigua con la iconografía del pilar sobre el que se posa la Virgen en Zaragoza.
15.3.26
Postal de Zaragoza, recuerdo turístico
De la empresa Zaragoza Pintona es esta postal de Zaragoza, una postal de recuerdo turístico como poco curiosa. En Zaragoza como en otras ciudades han existido diversos intentos de crear postales turísticas con toques artísticos, bien con imágenes fotográficas de la ciudad o bien como en este caso, con diseños atractivos.
Siempre ha sido un consumo minoritario pero que en algunos tiempos funcionó bien, aunque ahora con una cámara fotográfica en los bolsillos de todos los turistas, que se puede comunicar con cualquier distancia, ha restado valor a la clásica posta.
14.3.26
Zaragoza y un retablo de San Antonio de Padua
A veces os planteo un pequeño reto que creo entretenido. Os presento un rincón de la Zaragoza menos conocida y os lo dejo para que adivinéis en donde se encuentra. Hoy os lo hago con este retablo de San Antonio de Padua en Zaragoza ciudad.
Está dentro de un templo barroco y eso ya es una excelente pista para que se adivine el lugar exacto. Una iglesia muy conocida de Zaragoza.
Está situada en el lado sur del templo. Concretamente es la cuarta capilla de ese lado sur, dentro de la nave principal. Es pues una iglesia grande, o relativamente grande.
En la capilla está también Santa Rita y la Virgen de Fátima, pues en muchas iglesias antiguas es habitual la acumulación de santos por devociones diversas y por la entrega de estas imágenes por familias del barrio a lo largo de los siglos. Y también lo es que estos santos menores, se cambien de capilla, pues hablamos de imágenes movibles.
En esta zona sur del templo, hay una curiosidad que maltrata ferozmente la iglesia. Está la zona sur del edificio por debajo del nivel del suelo exterior, el de la calle, y eso supone un fuerte componente de humedad desde hace siglos, lo que siempre ha afectado a la conservación de estas capillas.
El retablo es de madera dorada y policromada, responde al modelo de pequeños retablos devocionales que se colocaban en capillas laterales de iglesias barrocas. Pero es una obra que sin duda ha sufrido transformaciones en la obra primitiva, algo habitual en este tipo de capillas.
En el centro de este retablo lateral vemos a San Antonio de Padua con el niño Jesús, pero sin libro o azucenas, que son elementos que muchas veces acompañan al mismo santo.
La iglesia es muy interesante en su historia. Fue comenzada en el año 1686 por iniciativa de los marqueses de Villaverde, para sustituir a otra iglesia menor que se había quedado pequeña.
Ya van varias pistas importantes, para saber de qué iglesia hablo.
Estos retablos laterales suelen ser posteriores al principal, hechos más para devociones parroquiales y de barrio, y no siempre se hacen junto y en el mismo tiempo que el retablo principal. No tengo fecha ni autor exacto de este retablo, aunque sea de fechas similares a la de la construcción de la iglesia.
Pero estudios de estas décadas actuales y últimas, sitúan la construcción de esta capilla con bastante probabilidad en el siglo XVIII, dentro del proceso de ornamentación barroca de toda la iglesia.
El retablo de San Antonio se suele situar aproximadamente entre los años 1700 y 1730. Es decir, en el mismo periodo en que se completa la decoración interior del templo tras la construcción del edificio barroco. Este periodo coincide con la fase en la que se instala el gran retablo mayor, realizado en 1721.
Y sí, efectivamente, estoy hablando de la Iglesia de San Felipe y Santiago el Menor de Zaragoza, la que se encuentra en la plaza San Felipe.
Techo del camarín de la Virgen del Pilar
Los de fuera de Zaragoza, los que no siempre son turistas, no siempre se fijan en los techos del camarín de la virgen del Pilar en Zaragoza. Os dejo un punto de vista, no tiene suficiente calidad, pero no tengo nada mejor. Sirve para que la próxima visita a Zaragoza recoja vuestra mirada hacia arriba, ya no tanto buscando las obras de Goya, como la de simplemente mirar lo que está por los techos.












