17.5.26

Zaragoza mediados del siglo XIX


Os dejo dos dibujos o grabados de medianos del siglo XIX, de la misma zona de Zaragoza, dos estampas dibujada en un principio desde la zona de San Lázaro, con una torre del Pilar (casi) a medio construir. En teoría se terminó en el año 1715, pero sin ser como hoy la conocemos. Durante casi 200 años fue la única torre del Pilar, pues hasta el año 1907 no se terminó la segunda torre. 

A la primera torre se le llamó Torre de Santiago. A la segunda torre se le llamó Nuestra Señora del Pilar, y luego a las dos finales, torre de San Francisco de Borja en el año 1959 que es la más cercana al Puente de Santiago, y torre de Santa Leonor en el año 196, completando las cuatro grandes y altas torres que vemos en la actualidad.



La Zaragoza agrícola de la antigüedad en el este zaragozano


Desde el principio de Zaragoza íbera o romana hasta el siglo XI, no parecen existir datos que indiquen nada interesante sobre la zona del sudeste de la ciudad, además del dato de ser considerada tierra de aguas y acequias naturales producto de las filtraciones del Ebro y del Huerva. La ciudad era muy pequeña, y esta zona estaba muy alejada de su centro, de su uso urbano e incluso agrícola.

Los siglos de dominación árabe parecen olvidarse de construir edificaciones en la zona de Montemolín y Las Fuentes, dejando previsiblemente la zona para usos agrícolas y en algunos casos como cementerio, y ordenando las aguas que por esta zona de manera natural o no regaban sus campos.

A partir del siglo XI, ya encontramos datos sobre estas zonas de Zaragoza, que informan de que se van plantando viñas en todos los terrenos entonces conocidos como de El Plano, empezando a dar un sentido todavía más agrícola a todo el territorio que ocupa actualmente esta zona del sureste zaragozano, lo que nos hace suponer que con anterioridad se fueron poco a poco ocupando espacios agrícolas y construyendo acequias para dominar sus trazados, que ayudan a ir utilizando los terrenos para esos usos agrícolas, a la vez que se construyen edificios pequeñas para guardar aperos o para cobijarse en casos de tormentas o de gran calor.

La distancia a la ciudad no es tan alta como para que estas tierras ricas y con agua no se utilizaran más, sabiendo además que ya las cruzaba la acequia de Las Adulas.

El Ebro había dejado abandonado un meandro natural que iba desde el inicio actual del barrio de Las Fuentes con el Ebro hasta la actual Facultad de Veterinaria. Por el final de Compromiso de Caspe aún se podría ver perfectamente si pudiéramos penetrar en el subsuelo, el curso abandonado por el Ebro como se ve en el subsuelo de la Plaza Mozart en el Rabal.

Todavía en los años 60 y principios de los 70 del siglo XX, se anegaban grandes extensiones de tierras del final del actual barrio de Las Fuentes hasta la zona del parque Torre Ramona y el Colegio de los Marianistas en Montemolín, que utilizaban los chavales para montar pequeñas almadías (del árabe al-ma’diya, como tantos nombres de nuestro idioma que siguen entre nosotros), con las que flotaban en aquellas aguas estancadas y de filtración que podían durar meses en toda la primavera sobre todo, jugando a navegar con riesgo, por lagos naturales y esporádicos.

Todo el Barrio Montemolín y Las Fuentes se asientan sobre una terraza del Ebro con subsuelo de gravas, y con tierra de labor encima que ha servido para su uso como huertos. Se aprecian en ciertos sitios del subsuelo huecos, posiblemente por extracción antigua de esas gravas para usos de construcción. Posiblemente el nombre antiguo de la zona, El Plano, vendría de ser una zona plana y de escasa elevación sobre el río, en donde era muy fácil que las fuertes riadas inundasen un cauce seco y abandonado, lo que facilitaba el surgimiento de fuentes, acequias naturales o no, y aguas que llenaban grandes zonas por filtración.

En el siglo XVIII, ya estaba toda la zona plantada también de olivares en El Plano y las Adulas de la Huerva; se poseían buenas viñas en la zona de Las Fuentes y en El Plano, más otras plantaciones de cereal en el secano de Miraflores que al ser algo más alto no tenía tanta facilidad para que llegara el agua; había grandes extensiones de frutales, principalmente perales, ciruelos, melocotoneros e higueras (no tiene esto nada que ver con la calle Tomás Higuera) por las zonas de Las Fuentes y de las Adulas; y moreras en la zona de Las Fuentes o hacia San Jose.

A finales de ese mismo siglo XVIII, era la ciudad de Zaragoza zona cerealista, con predominio del trigo y la cebada. Se recogía también algo de centeno, avena y en menor cantidad maíz, pero no pasando este del 10% del total de la cosecha de cereales.

En la zona de huerta regable se recogían frutas y hortaliza, y en el secano más duro y alto se plantaban olivos y vides.

En Montemolín, en las tierras blancas de El Plano, de Las Adulas y de Las Fuentes se recogían por entonces grandes cantidades de trigo, era una zona rica en donde una vez levantado el cereal se plantaban habas, en contraste con la mayoría de las tierras de Aragón, en donde se guardaba año y vez, es decir, allí se plantaba en años alternos, guardando el barbecho para que se regenerara la tierra, mientras que en estas zonas zaragozanas se podían recoger hasta dos cosechas al año.

Los olivos en esta zona eran del tipo Royales de fruto pequeño, o del tipo Empeltre de fruto más grande para servir en mesa. Los buenos vinos en Zaragoza, que tenían incluso fama por España, se daban principalmente en la zona de Miralbueno y en la de El Plano por su zona más cercana al actual San José, mientras que en los terrenos cercanos de Las Adulas y de Las Fuentes, no eran tenidos por bueno los pocos vinos que se recogían, nunca en la misma consideración, pues sus terrenos más húmedos los criaban de inferior sabor y con más enfermedades.

16.5.26

Edouard Girardet recreando la Zaragoza de Los Sitios


El pintor y grabador suizo Edouard Girardet (1819-1880) no visitó Zaragoza, pero su saga familiar dejó una notable huella artística sobre nuestra ciudad con grabados de los Sitios de Zaragoza. Distintos miembros de su familia se dedicaron a recrear gráficamente episodios clave de las batallas en los Sitios de Zaragoza durante la Guerra de la Independencia.

Este dibujo y grabado estuvo hecho por Edouard Girardet y grabado por Budzilowicz, del que no tengo datos por lo que posiblemente aunque firma el dibujo, sería un profesional del grabado por encargo.

La escena representa una batalla callejera durante los Sitios de Zaragoza, con una figura femenina central con los brazos en alto — posiblemente evocando a Agustina de Aragón — junto a un cañón, en medio del combate urbano. Al fondo se reconoce una arquitectura que podría ser el entorno de una iglesia, posiblemente representando el Portillo

Estos grabados muchas veces si hicieron por encargo y los autores no estuvieron nunca ni en Zaragoza ni viviendo las escenas que representan.

14.5.26

Historias del Este de Zaragoza


Un dato tremendamente ilógico del nuevo barrio de Montemolín como respeto al sentido urbano de la ciudad incluso, es el olvido durante décadas de que la entrada principal a un maravilloso edificio como el antiguo Matadero de Miguel Servet, fuera incluso mal utilizada desde los años 70 del siglo XX hasta estos principios de siglo XXI, pues debería haber sido siempre por Miguel Servet y no por el barrio de Las Fuentes, como se decidió desde las instancias políticas, al depender la mitad del barrio de Montemolín del de Las Fuentes cuando fue dividido administrativamente entre San José y este, y no tener Montemolín identidad propia que sepa administrar las lógicas utilizaciones de unos grupos de edificios que han visto crecer constantemente esperanzas en su uso y morir estas al poco tiempo, sin que nadie asista a su entierro. 

Efectivamente se salva la biblioteca Ricardo Magdalena. Pero al depender todo el conjunto de edificios de la Junta Municipal de Las Fuentes, se decidió cambiar su orientación y uso, con una entrada que en su fundación era el culo de ese emblemático edificio, el lugar por el que transcurría la pequeña acequia que servía de basurero del Matadero, una acequia que los más mayores de la zona, recordarán con ratas del tamaño superior al de los gatos.

Un edificio de esta calidad debería haber servido desde el principio para muchos más usos de los actuales, y su avance en utilización ha venido siempre marcado por pasos atrás después de ideas a veces geniales que se han ido quedando en el cajón de los imposibles.

Incalculable sería enumerar las ciudades que añorarían un espacio tan maravilloso como este pare realizar actividades culturales en el centro de una ciudad. Podríamos nombrar a Madrid, pero hay decenas de ellas.

Recuerdan los vecinos organizados las reuniones extensas entre dirigentes políticos y vecinales en los años 80 para analizar posibles usos, para dotar de vida un edificio singular, surgiendo ideas muy interesantes que siempre fueron cayendo en el olvido. Algunas fracasaron antes de nacer.

Hemos visto de forma muy superficial en anteriores entradas por qué se forma Montemolín en este concreto lugar y no en otro. El porqué de su existencia. Pero como lógicamente habréis supuesto, esta zona existió desde siempre. No era un agujero en el espacio esperando a que montaran allí la hoy tristemente desecha y muy mal restaurada estación de Cappa, vergüenza de muchos urbanistas que gustan de su oficio.

Hablemos pues de su prehistoria, de las tierras que por debajo todavía perviven y saben de sus historias y sus cambios. Las gentes pasan, los edificios se transforman, pero los subsuelos siempre guardan los recuerdos rotos que les vamos dejando a modo de memoria.

El primer plano de Zaragoza analizado, en donde se ven retratadas las tierras de Montemolín, la zona sobre la que hoy se asienta nuestro barrio, data de 1712. Es la imagen que vemos al inicio de este texto.

Es una imagen muy interesante de nuestra ciudad. Y es lo suficiente antigua para que veamos detenidamente las cosas y casas que ya no tenemos. Es una imagen de una ciudad hoy perdida por las guerras, tal vez por alguna desidia de algún gobernante que no supo o pudo conservar todos los símbolos. Y tal vez también por la vorágine especuladora de una ciudad con ganas de comerse no sólo a Aragón, si no muchas veces a sí misma.

En esta imagen de ciudad pequeña pero recogida, ya se ven algunas de las constantes que todavía marcan hoy el desarrollo de Zaragoza.

Existía Miguel Servet, la carretera o el camino más bien que los llevaba hacia La Cartuja. Existía el Camino de Cabaldos, entonces llamada Camino de los Almacenes, pues llevaba hacia los almacenes en donde se guardaba la pólvora de la ciudad. Existía la acequia de Las Adulas de la Huerva, que marcaba lo que sería después el Camino de Las Torres y el principio de Compromiso de Caspe hasta el cruce con Jorge Cocci, y existía también el Colegio de la Santísima Trinidad que después se convertiría en Penal, en el Cuartel de San José que tampoco existe hoy (indicado en el plano con un número 6)  y en donde ahora sabemos ya que ha existido un cementerio que todavía en el año 2026 se sigue estudiando.

Y todo rodeado de inmensas parcelas de tierra cultivada, gran parte de ellas de regadío, organizadas a través de numerosas acequias pequeñas que partían de la acequia madre Las Adulas (Adulas = Ador, del árabe ad-dawr, turno de riego o de utilización de las aguas, que cada uno tenía para regar y que entregada la autoridad que gobernaba la comunidad regante).

Un punto interesante y curioso que ya existía desde hace al menos 300 años es el actual cruce de San José con Miguel Servet y la entrada de Las Fuentes. Ese cruce se formaba con un puente que existía para cruzar la acequia Las Adulas que daba entrada hacia el camino de La Cartuja y ya estaba en el mismo lugar en que hoy lo conocemos como cruce entre estas tres vías que dan sentido a tres barrios bien diferentes.

En este plano, y sólo en este por mucho se han analizado otros de ese mismo siglo con pocos años de diferencia, se ve un montículo en medio del camino de La Cartuja, a la altura de la actual calle Belchite y la Plaza Utrillas, que obligaba a convertir en dos el camino hacia el Bajo Aragón, bordeando a derecha e izquierda dicho pequeño monte. Imagino montículo porque si no me resulta difícil explicar tamaña obligación para bordear sólo en ese lugar los dos caminos que rodeaban ese “algo” indeterminado.

Partiendo de este plano, y trasladándonos todavía más atrás en la historia, deberíamos comenzar 2.500 años atrás para encontrar el primer signo que todavía se mantiene hoy, de una línea que daba salida a la ciudad prerromana.

Desde el siglo V a.d.C., existía un camino entre Salduie y la zona del Bajo Aragón actual, por la orilla derecha del Ebro, recorriendo en algunos tramos el actual trazado de la Carretera Castellón o Miguel Servet. Es decir, que la calle principal de Montemolín podemos sin ninguna duda decir que es al menos en algún tramo, un camino romano.

Tristemente hoy asistimos algo perplejos a que se haya cortado la salida final de “la calle” principal quedando mutilada por extrañas ordenaciones viales al final de su recorrido, rota por un tercer cinturón tal vez mal diseñado, a espaldas seguro de la historia de un barrio que ya no existe.

Con la construcción de Celsa (actual Velilla de Ebro) por los romanos en el año 44 a.d.C. en la orilla izquierda del Ebro y con el alzamiento de un puente que cruzaba el río hacia su margen derecha, se potenció este camino que los romanos, ya fundada Caesaraugusta entre los años 14 y 24 a.d.C (los historiadores no se ponen muy de acuerdo en la fecha en que se funda la colonia romana en nuestra ciudad), convirtieron en Vía Romana secundaria.

Esta Vía no está muy documentada ni citada en materiales antiguos, pero sí se han hallado restos que indican su existencia.

Unía Caesaraugusta con La Cabañeta (Burgo de Ebro) y La Corona (Quinto de Ebro) hasta Celsa. Una vez allí, se juntaba con la Vía Principal que venía desde Contrebia Balaisca (Botorrita), para continuar hasta Ilerda (Lérida) y de allí hasta la capital Tarraco (Tarragona).

Hay que tener en cuenta que este primer camino o vía secundaria que casi atravesaba nuestro actual barrio y convertido después de cruzar el Ebro por la zona de Celsa en Vía Principal, tuvo su gran importancia en esos siglos, pues fue anterior el puente de Celsa al de Caesaraugusta, siendo pues este camino el único que permitía unir la margen derecha e izquierda del río Ebro entre ciudades importantes de esta zona del Valle.

La ciudad romana de Celsa ocupaba un lugar estratégico fundamental en el valle medio del Ebro. Las fuentes arqueológicas y topográficas indican que controlaba un vado o paso natural del río. Se saber que tenía puerto fluvial, que estaba en una ruta clave entre el Mediterráneo y el interior de aquella Hispania, y dominaba una terraza elevada sobre el Ebro, muy posiblemente con un puente que algunos historiadores contemplan como de piedra.

Del paso o estancia de los ciudadanos romanos por nuestras cercanías da cuenta la necrópolis de la época encontrada en la calle de Nuestra Señora del Pueyo, en la entrada del barrio de Las Fuentes, junto a la plaza de la fuente con las señoras y los cántaros, y calificada (dicha necrópolis) como de las más extensas de las encontradas en nuestra ciudad.

Este gran cementerio de nacimiento romano y de una extensión estimada de unos 30.000 m2, se encontraba (se encuentra en el subsuelo todavía en gran medida pues solo hay documentados unos 230 enterramientos) bordeando la Vía que uniría nuestra ciudad con Celsa por el camino antes descrito, en las afueras de la ciudad. Este lugar se estuvo utilizando como cementerio hasta el siglo VI, existiendo diferentes tipos de enterramiento según las épocas, ya que además a veces las tumbas se reutilizaban para aprovechar mejor el espacio de este.

Julio Puente

13.5.26

Qué precio y valor, tiene el Real Zaragoza?


Desgraciadamente tenemos que ir pensando en un próximo año en el que el Real Zaragoza peleará en los campos de fútbol con el Cacereño o el Arenas, eso parece ya inevitable. Y a su vez, parece inevitable pensar en que toda la empresa del Real Zaragoza tenga que tomar medidas diferentes, si desea mantener el valor real y moral de una entidad como el Real Zaragoza.

Ahora que se compran y se vender empresa como churros, una duda que podemos tener es qué precio puede tener hoy el Real Zaragoza, como empresa. Todo se tasa, de todo hay números y lugares en donde consultar. Aunque los precios de compra venta dependen siempre de lo que está dispuesto a pagar alguien, y del precio que desea obtener quien venda.

Consultados diversos espacios de internet sabemos hoy, en mayo de 2026 y sin tener la seguridad de que el Real Zaragoza descienda a Primera Federación que el balance contable de la empresa es clara pero compleja.

La deuda neta del Real Zaragoza parece situarse en 39,7 millones de euros a 30 de junio de 2025, con un patrimonio neto de 53 millones. Los ingresos totales de ese año han sido de 17,9 millones, distribuidos entre abonados (30%), derechos televisivos (37%) y publicidad y comerciales (28%). Los gastos de personal suponen el 87% de los ingresos.

El club cerró el ejercicio 2024-2025 con 17.152 euros de beneficio antes de impuestos (una pequeña cantidad para una empresa de un tamaño importante), que se convierten en 49.603 euros de pérdidas netas tras liquidaciones fiscales. Un resultado prácticamente neutral, propio de un club que ajusta su actividad al límite salarial.

Dentro de la deuda que tiene asumida, parece figurar el préstamo del programa LaLiga Impulso por 13,4 millones de euros, del que quedan 12,64 millones pendientes, que el club devolverá progresivamente hasta al año 2072. 

A esto se suma el compromiso con la sociedad La Nueva Romareda, con seguir pagando los plazos marcados y asumidos de la Nueva Romereda. Pero estos pagos son mucho más asumibles pues suponen crecer en el activo del Nuevo Campo de fútbol.

Los actuales propietarios han invertido en total más de 126 millones de euros en el club desde su llegada, principalmente para cancelar deudas históricas incluyendo los 37,5 millones que se debían a la Agencia Tributaria

Eso complica el entendimiento del precio real de la empresa comparado con el precio moral o estimado que podría pensar que vale el activo a vender. No siempre lo que se ha pagado en el pasado, se puede recuperar en una venta.

Entre el precio y el valor de las cosas, de lo que se compra o se vende, siempre hay grandes diferencias que es lo que complica las negociaciones. 

Si el Real Zaragoza descendiera finalmente a Primera Federación, el “valor de mercado” del club dependería de qué entendamos exactamente por valor. Hay tres niveles distintos. Valor de la plantilla deportiva (jugadores). Valor empresarial real del club (marca, estadio, masa social, derechos, deuda, etc.). Precio probable de venta si alguien intentara comprar la SAD. Y ahí es donde conviene ser prudente, porque las cifras públicas suelen mezclarse mucho.

Actualmente, la plantilla del Zaragoza está valorada aproximadamente entre 20 y 25 millones de euros según estimaciones de mercado tipo Transfermarkt. Pero un descenso a Primera Federación provocaría casi automáticamente una caída fuerte del valor de muchos jugadores, habría que dar salidas urgente de futbolistas con ficha alta, habría también una reducción drástica de ingresos televisivos, y por ello un menor atractivo comercial, y un deterioro institucional y psicológico de la marca.

La reducción de valor de plantilla podría situarse fácilmente en torno al 40% al 60%. Eso dejaría el valor deportivo puro probablemente entre 7 y 10 millones.

Pero el Real Zaragoza NO es un club normal. Tiene activos que incluso en Primera Federación seguirían teniendo enorme peso como una masa social histórica, está dentro de una ciudad grande con instituciones detrás, es una marca nacional reconocible con historia europea, está inmerso en la futura Nueva Romareda, y tiene una gran capacidad de recuperación deportiva, y un potencial comercial muy superior al de la categoría.

Su valor empresarial mínimo en un escenario muy negativo debería rondar los 25 a 35 millones de euros.

Un precio de venta con un valor razonable de mercado para una operación de compra realista se movería alrededor de 40 a 60 millones de euros. Solo en caso de crisis financiera grave, deuda descontrolada o bloqueo accionarial serio, podría bajar más. En Primera Federación hay clubes históricos cuyo valor real apenas supera los 5-10 millones. El Zaragoza jugaría en otra dimensión por historia, ciudad y capacidad estructural.

No hay duda de que a ese precio habría inversores interesados precisamente por la posibilidad de “comprar barato” un club históricamente de Primera División y muy reconocido. Pero también es cierto que los actuales propietarios, tras haber invertido 126 millones en pagar deudas anteriores, no pueden estar interesados en una venta tan a la Baja, incluso asumiendo que seguir supone arriesgarse a perder valor de lo que hoy existe. O de subir de valor si son capaces de levantar el vuelo.

No hay duda tampoco de que el Gran Activo de esta situación no está en el campo deportivo, sino en el de la construcción de la Nueva Romareda. Y de que vender ahora supone la ventaja de no arriesgarse a quedar atascado en Primera Federación, con la consiguiente devaluación de todos los precios de mercado, incluida la inversión del nuevo Campo de fútbol de la Romareda.


12.5.26

Altorrelieve en la Zaragoza céntrica pero algo escondida


Entre esa Zaragoza algo escondida se pueden encontrar en las paredes curiosidades que son poco vistas, o poco miradas. 

Os dejo una pequeña escultura o altorrelieve en una calle muy céntrica de Zaragoza. 

No os digo el lugar, pero si descargáis la imagen veréis el nombre de la misma, como pista. 

Curiosamente, a mi no me había llamado la atención.


Agustina de Aragón. De soldado a subteniente


La Serie de 36 grabados al aguafuerte y al aguatinta de Fernando Brambila (1761-1834) y Juan Gálvez (1774-1847), «Ruinas de Zaragoza», significan uno de los conjuntos gráficos más notables de cuantos conserva Zaragoza sobre la memoria de lo que sucedió en nuestra ciudad entre 1808 y 1809, desde el punto de vista alegórico pero a su vez, real al representar estampas en un tiempo sin que existiera la fotografía.

En esta imagen podemos ver idealizada a Agustina de Aragón que era de Ceuta, en el momento en que disparó el cañón en el Portillo el 4 de julio de 1808. Era una personal civil en ese momento y al ver desamparada la batería del Portillo tras haber caído todos los militares que desde allí disparaba ese cañón de 24 milímetro, se puso ella a disparar, alentando al resto de civiles de la zona, a seguir su ejemplo, y a taponar el hueco en las murallas que ya habían realizado los bombardeos de los cañones franceses..

Aquel acto heroico le supuso a Agustina de Aragón (Agustina Raimunda María Saragossa Domènech) una medalla o escudo de honor y fue ascendida a oficial del ejército dicen que con el grado de subteniente. La realidad fue más dura. Palafox le reconoció el acto y la premió con honores pero simplemente le dio la opción de entrar en el cuerpo de artilleros como soldado.

Tenía 22 años de edad cuando hizo ese acto en las afueras de entonces de una Zaragoza sitiada. Y ella misma ya dentro del ejército, ascendió a sargento y luego a subteniente, desde el grado de soldado que le había dado Palafox en aquella ocasión. El grado de subteniente lo alcanzó en agosto de 1809, más de un año después de acto por el que se hizo conocida.

11.5.26

Primer sitio de Zaragoza. Dibujo y grabado


Voy a mostraros la misma estampa o dibujo, o grabado o fotografía, pues todo es y nada a su vez. Basándose en un cuadro del pintor español Alejandro Ferrant y Fischermans del Primer Sitio de Zaragoza, vemos una reproducción fotográfica del cuadro del que no he logrado una copia a color y no sé si existe en la actualidad.

La fotografía pertenece al álbum que se editó con motivo de la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en Madrid en 1871 y fue realizada por el fotógrafo francés afincado en España: J. Laurent.

Y además vemos un detalle de un grabado que se hizo de ese cuadro o dibujo.

Alejandro Ferrant y Fischermans pintó sobre todo en Madrid y su obra más conocida como decorador fue la iglesia de San Francisco el Grande de Madrid, en la que trabajó junto a Francisco Pradilla y Manuel Domínguez. Dominó el dibujo y las distintas técnicas pictóricas: fresco, óleo y acuarela.





Historias de Zaragoza, desde Montemolín


Todavía en los finales del siglo XX era posible ver las cicatrices de las líneas ferroviarias al entrar en las ciudades, si conseguíamos abstraernos un poco de lo que se vislumbraba. Y ya casi resulta imposible en estos primeros años del XXI pues los cambios que acompañan en el caso de Zaragoza al Tercer y Cuarto cinturón de circunvalación vuelven a ser los nuevos surcos en la tierra que todo modifican inevitablemente. 

Son líneas que marcan los crecimientos, tanto o más que el Plan General de Ordenación urbana. Hoy es el coche y sus salidas y entradas rápidas en las ciudades, antes lo fueron los ferrocarriles.

Si queremos imaginarnos como era aquella Zaragoza de la primera mitad del siglo XX, podemos recorrer andando las cada día menos extensas zonas agrícolas que todavía quedan rodeando Miraflores y Montemolín y podremos imaginarnos unos espacios de vida antigua a escasos metros de la velocidad y el crecimiento.

Podemos pensar e imaginar —si no pasan coches—, que nos encontramos a principio del siglo pasado. Hemos vuelto hacia atrás más de 100 años. Pero no debemos mirar al suelo, por favor. 

Entonces no estaba asfaltado ningún camino ni calle. Ni debemos escuchar los ruidos de los automóviles que rodean la zona y que avisan de unos cambios muy próximos en el tiempo. Todavía es posible ver Torres agrícolas, pero eso sí, rodeadas ya de polígonos industriales olorosos.

El barro llenaba entonces no solo los campos, sino todas las calles de cualquier barrio externo a la ciudad. A veces incluso, zonas con viviendas de planta baja y algunas de dos o tres plantas, sin servicios sanitarios personales de calidad. 

Zaragoza va creciendo a base de crear pequeños pueblos que surge así, y en muchos casos crece curiosamente desde las afueras hacia el centro de la ciudad, buscando arrimarse a la ciudad tal vez buscando el lógico arropamiento o tal vez en un ejercicio muy calculado de negocio urbanístico.

En el caso de Montemolín se va pues acercando poco a poco hacia la Plaza de San Miguel desde la estación de Cappa, uniéndose al principio desde la estación con la zona del edificio del nuevo matadero municipal, para seguir consolidando todo el entramado de calles llenas de pequeñas acequias, que como sumideros existían en muchas calles zaragozanas hasta bien entrados los años 40.

Los nuevos barrios como Las Fuentes, La Jota, Montemolín, la Bozada o Torrero, nacen en las afueras más retiradas y entre ellos y el centro de Zaragoza quedan todavía zonas sin urbanizar, en mucho casos enormes campos agrícolas como en Las Fuentes, llenos de campos de maíz, de cereal o de alfalfa.

En 1859, como luego veremos en su capítulo propio y con más profundidad, es concedida la licencia a una estación de la que luego sería la línea de ferrocarril de Utrillas, entregándose los permisos un empresario llamado León Cappa, para que desde allí construyera un servicio de transporte que sirviera para traer carbón desde las minas de Utrillas.

Estamos hablando de que aquel terreno estaba a una distancia del centro de la ciudad superior al kilómetro y medio, y a casi un kilómetro de las zonas limítrofes urbanos a derecha e izquierda del lugar elegido.

Es decir, se piensa en un punto totalmente alejado de la urbe y de otras zonas habitadas. Una enorme pastilla de terreno barato, agrícola y sin habitantes excepto en las torres agrícolas.

Para no molestar en exceso, sería elegido aquel asentamiento tan alejado de la ciudad, sobre todo si pensamos que las distancias en minutos eran mucho más altas que las actuales. Era eso sí, una zona de paseos dominicales, de fiestas y de reencontrarse con la naturaleza para los zaragozanos de entonces.

Pensemos que, por entonces, hablar de una estación como esta y con sus empresas aledañas, o de la construcción del Matadero Municipal en una zona intermedia de distancia, es equiparar aquella decisión sobre la zona de Montemolín a las que posteriormente se tomaron en Zaragoza para decidir la construcción del Polígono Cogullada, Malpica o PLAZA.

Cuando en 1885 se inaugura el edificio del Matadero (25 años después de comenzar las obras de la estación del ferrocarril a Utrillas que se llamó coloquialmente de Cappa), construido este nuevo e inmenso matadero municipal casi a mitad de distancia entre el tren y los límites de la ciudad habitada que acababa poco después de la zona de la Plaza de San Miguel, se crea una bolsa casi cerrada de terrenos que ya empiezan a habitarse entre este nuevo edificio y la estación, cerrados además por las vías del tren en la acera de los pares, y por los campos agrícolas, acequias y naves industriales por la acera de los impares, lo que convierte a Montemolín en casi un coto cerrado. 

En un pueblo alejado de la ciudad por campos, y sin comunicación fácil con sus zonas urbanas aledañas.

Todo aquello le da un espíritu de pueblo a Montemolín, de un lugar realmente alejado de la ciudad y con identidad propia. Crece y se ordena dentro de un espacio cerrado, pero siempre intentando acercarse a la ciudad más que a los barrios colindantes, pues tiene siempre la entrada y salida natural y casi única en la calle de Miguel Servet. Por donde, por cierto, enseguida llega el tranvía, otro vertebrador de los barrios de Zaragoza.

Este cerramiento sobre todo mental de un espacio urbano existe casi hasta los finales años 60 del siglo XX, y aún hoy y tras la división administrativa de Montemolín por el Ayuntamiento de Zaragoza con la creación de los Distritos Municipales y la división por la mitad de Montemolín, debemos reconocer que la única salida que encontraron las mentes pensantes municipales fue restarle identidad propia a Montemolín, como manera de unirlo a la ciudad.

Los Distritos Municipales se crearon en Zaragoza en el año 1968, y aunque desde el inicio se dividió Montemolín por la mitad, dando la acera de los pares de Miguel Servet a San José y la de los impares a Las Fuentes, con todas las calles que nacían desde cada acera, hay que reconocer como error histórico aquello, pues acabó con un barrio propio, con identidad histórica, del que hoy en día casi nadie recuerda nada. 

Lo lógico hubiera sido haberlo añadido a uno de los dos Distritos Municipales, todo Montemolín agrupado, para que siguiera siendo un barrio con su personalidad, dentro de un Distrito propio, como sucede por ejemplo con Barrio Jesús o La Jota dentro del Distrito Municipal del Rabal, donde existen al menos otras cinco identidades mantenidas y claramente diferenciadas.

En el plano de abajo podemos ver aquella Zaragoza de inicios del siglo XX o finales del XIX, y marcado en rojo lo que eran los caminos que desde la Plaza de San Miguel venían hasta el actual cruce de San José, Miguel Servet y Compromiso de Caspe, para diferencias la entrada de San José Montemolín y Las Fuentes.




10.5.26

Nacimiento de Montemolín. Estación Cappa


En Zaragoza y en España, hasta el año Febrero de 1943 la explotación ferroviaria corría a cuenta de numerosas y diferentes empresas que realizaban las obras públicas ferroviarias, y explotaban a cambio de este coste de infraestructuras que ellos mismos sufragaban, el servicio de transporte ferroviario.

En esa fecha de 1943 todos los ferrocarriles de ancho diferente al europeo se unieron formando la actual empresa RENFE, quedando los ferrocarriles de vía estrecha en manos de otras empresas diferentes. En Zaragoza el ferrocarril que iba desde Zaragoza a Utrillas era de vía estrecha. Y por eso no se integró en RENFE. Antes ya se habían asentado un gran número de empresas junto a las estaciones de trenes de cada ciudad, a las nuevas puertas de las urbes que crecía.

Esta empresa llamada Compañía del Ferrocarril de Utrillas estaba muy ligada a la explotación minera de la zona, especialmente al transporte de carbón desde Utrillas hasta Zaragoza, aunque también llevaba viajeros. 

Habitualmente eran trenes poco cómodos que mezclaban vagones de mercancías, de carbón junto a uno o dos vagones de viajeros. Incluso los horarios de estos trenes de viajeros eran solo teóricos. Primaba el servicio del transporte del carbón, y a veces los horarios dependían del momento de llenado de todos los vagones en los trayectos de bajada hacia Zaragoza, que se hacían llenos de mercancía. El contrario, los trayectos de subida hacia Utrillas se efectuaban vacíos y con más puntualidad.

Junto a estos polígonos empresariales, sobre todo en los años 50 y 60 del siglo XX, estas nuevas barriadas crecen en muchos casos como el de Montemolín para acoger a los propios obreros de las fábricas de la zona, con gentes de la inmigración interior que venían como obreros a las nuevas zonas industriales, con muchas ilusiones y poca preparación, con grandes ganas de trabajar y labrarse un porvenir nuevo, pero sin dejar nunca su pueblo en el olvido.

Esta situación de crecimiento industrial mezclado con asentamientos urbanos de vecinos nuevos, dura una generación hasta que los hijos de los primeros habitantes de las zonas solicitan el traslado de las empresas por el efecto distorsionador y contaminante que ejercen sobre el entorno ya que el crecimiento urbano de esas zonas plantea un ordenamiento urbano y un control de la contaminación muy distinto al que se realizaba medio siglo antes.

La ciudad la mejoramos todos a golpe de exigencia.

Es pues muy indudable el enorme efecto modelador de las ciudades y sus crecimientos, del ferrocarril en aquellas décadas tras la guerra civil, en la ordenación urbana de cualquier cuidad.

Y ya tenemos más o menos introducido el tema del nacimiento de algunos barrios en Zaragoza, en concreto de Montemolín del que vamos a hablar más, pero junto a otros barrios que surgieron en nuestra ciudad por la misma época.

Efectivamente, es la Estación de Utrillas —o de Cappa como se llamó en un principio—, y la llegada del ferrocarril sobre todo para transportar carbón, lo que marca el nacimiento y desarrollo de Montemolín, en una zona de la ciudad agrícola y casi vacía de urbanismo y habitantes en aquellos momentos.

Las estaciones venían en principio a distorsionar la zona, a llenarlas de grandes fábricas en muchos casos contaminantes, a llenar de carbón grandes extensiones de terreno alrededor de las estaciones, a cambiar la zona plácida agrícola por un cinturón duro, sucio y desordenado.

Las vías del tren cortaban las zonas en donde se colocaban como si con un cuchillo se trazara una línea sobre una masa de pan fermentado antes de cocerse. Con el tiempo aquella marca se convertía en una herida profunda y dura. De hecho, Montemolín quedó totalmente separado de Las Fuentes y San José por esta línea de ferrocarril y por una acequia. Algo similar sucedió entre el Barrio Jesús y Arrabal.

¿Ustedes piensan ahora que sería interesante poder conocer cómo era el espacio que hoy ocupa Montemolín, antes de que apareciera el barrio como tal, antes de que el ferrocarril modificara el espacio? ¿Desearían verlo y pisarlo?

Pues lo vamos a dejar para la siguiente entrada. Para hacer boca os dejo un anuncio de la Posada de las Almas de la calle San Pablo, a donde llegaban los viajeros que necesitaban alojamiento, y de donde partían los coches para volver a llevar a los viajeros hasta Montemolín, que eran en las afueras de Zaragoza, y por un real el viaje.

9.5.26

Zaragoza va creciendo (1) El Ferrocarril


Las ciudades, y entre ellas cómo no Zaragoza, van configurándose, naciendo y ampliándose, siempre a través de unos parámetros muy estandarizados y ampliamente documentados en casi todos los casos.

Cuando se decide crear una localidad nueva, vemos que en esa decisión intervienen algunos factores fijos. Siempre hay al menos un río cerca, se empiezan a formar las poblaciones en una zona a ser posible lejana de los fuertes cambios y peligros que puede producir el mismo río por las crecidas, en lugares planos y rodeada de algún sistema de fortificación natural, o que sea fácil de construir para defenderse ante ataques externos de los enemigos. 

Todos estos elementos intervinieron en la elección del lugar en el que se empezó a construir la Salduba íbera que dio señal a la posterior Caesaraugusta.

En ciudades totalmente planas como Zaragoza, la defensa se realizaba con la construcción de murallas que cerraban, que envolvían a la urbe. En estas murallas se instalaban puertas de acceso y salida para vigilar a las personas, pero sobre todo para controlar las mercancías y cobrarles tasas.

Esta configuración típica de ciudad tiene su sentido hasta bien entrada la Edad Media, pero a partir de entonces las localidades van creciendo hasta convertirse en lo que hoy consideramos ciudades, y hay que adaptar las murallas a la nueva realidad.

Bien se construyen nuevas murallas extramuros de las primitivas que recojan las nuevas construcciones, pero antes se crean barrios nuevos fuera de las primeras en donde empiezan a habitar gentes humildes y de oficios calificados por aquellos años de molestos. Estos conceptos de crecimiento se mantienen hasta casi el inicio del siglo XX y la llegada de la industrialización y del ferrocarril

A partir de mediados del siglo XIX empiezan a desaparecer el sentido de las murallas en las ciudades pues no tienen ya la función práctica para lo que fueron creadas; pues ni sirven como defensa eficaz y total, ni como recaudadoras de impuestos. Y a Zaragoza le sucede lo mismo que a todas.

Y a su vez surgen los nuevos sistemas de transportes y el ferrocarril sobre todos ellos, que empiezan a transformar fuertemente las ciudades. Ya no son las murallas las que marcan los límites de la ciudad, empiezan a crearse carreteras y caminos a los hoy llamados cinturones de circunvalación, y que son en un principio carreteras adaptadas o líneas férreas nuevas que marcan claramente la separación entre la ciudad de dentro y sus afueras, la ciudad histórica y sus arrabales, los perímetros limpios y los suburbios.

Los cinturones de ronda (la antigua Ronda, por ejemplo en lo que hoy llamamos calle Asalto junto al parque Bruil) —y que rodeaban a la ciudad a manera de defensa—, dejan fuera cuando se construyen, a las barriadas sin consistencia social y económica, al caos urbanístico desordenado, a las zonas basureras y el desecho, al ferrocarril entre otros ejemplos de molestia; y entonces las rondas teóricas el menos, cierran las ciudades y son sus estaciones de viajeros en ferrocarril y colocadas fuera de las zonas nobles de Zaragoza, las nuevas puertas de la ciudad.

Las estaciones de Delicias o Caminreal, Cariñena, El Portillo o Campo Sepulcro, Utrillas, y la estación del Norte o Arrabal, indican los nuevos accesos a la ciudad amurallada sin murallas, junto a los apeaderos ferroviarios de la Química o el de Miraflores.

Se puede afirmar pues, que se cambiaron las antiguas puertas de las murallas por nuevas entradas, colocadas de modo casi figurado en los vestíbulos de las estaciones de viajeros y de mercancías.

Junto a estas nuevas puertas de entrada y salida surgen grandes líneas de hierro que cortan, que dividen los espacios futuros de crecimiento, y por otra crecen nuevas barriadas que han surgido a sus lados, pues es el ferrocarril una nueva fuerza económica que modifica las zonas urbanas.

La primera estación de ferrocarril de Zaragoza fue la llamada Estación del Norte o Estación del Arrabal o Estación de la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España. Su construcción comenzó en 1856 y quedó terminada e inaugurada oficialmente en 1861, coincidiendo con la llegada de la primera línea ferroviaria a la ciudad, la de Zaragoza-Barcelona. Aquella llegada del ferrocarril supuso un cambio enorme para la ciudad. Impulsó la industrialización, el crecimiento urbano del Arrabal y la conexión de Zaragoza con Cataluña y, poco después, con Madrid y el norte peninsular. 

En la imagen superior vemos la Estación del Norte, la primera que se hizo en Zaragoza, todavía con sus dos edificios, pues ahora solo se mantiene el de la izquierda de la imagen.

Pero no sólo los obreros o comerciantes acuden a estas nuevas actividades económicas para trabajar y vivir. Se amplían los barrios, precisamente en las zonas en donde hay estas Puertas de Entrada, pero no son solo ellos los que modifican el urbanismo.

Grandes especulaciones económicas también ponen sus manos sobre enormes espacios vacíos que ellas saben que en breve se van a transformar en zonas urbanas, pues quedan dentro de la ciudad y cercanas a la nueva forma de vida económica.

Surgen entonces grandes conflictos de intereses casi siempre entre los propietarios agrícolas expropiados para realizar las obras del ferrocarril, y los dirigentes políticos de la ciudad de Zaragoza que plantean el nuevo avance en comunicaciones como la solución de futuro, pero sin explicar que detrás de esto existe además una especulación enorme que de alguna manera abusa de los propietarios de las tierras, porque estos directores del urbanismo sí que saben de antemano del enorme crecimiento de valor que van a experimentar estos terrenos colindantes a las estaciones.

Era el siglo XIX. Y como vemos son casi los mismos problemas que tenemos en el XXI. Especulación a base de conseguir que los ciudadanos se endeuden a base de tener que pagar muy caro lo que hasta el momento de le especulación era muy barato.

8.5.26

Sus abuelos ya vivían allí


Estos también son zaragozanos de agua, zaragozanos recientes que están intentando ocupar el Parque Botánico de Zaragoza, del Parque José Antonio Labordeta

A sus abuelos los expulsaron y ahora ellos intentan ocupar esos espacios. ¿Lo conseguirán? No lo sabemos.


Pediatría de La Jota. Proyecto Believe in Art


Humanizar los espacios sanitarios es un trabajo pendiente y que lleva varios años haciéndose en Zaragoza, dentro del Proyecto Believe in Art. Ahora le ha tocado a pediatría del Centro de Salud de La Jota en Zaragoza.

No solo se han pintado las zonas de espera de los niños y familias, sino que ya hace un tiempo hay espacios en donde se dejan juguetes, libros infantiles, para que los niños se sientan en un espacio más humano, adaptado para ellos.

¿Porqué algo va a ser feo pudiendo ser bello? Esta frase de Steve Jobs resume bien a Believe in Art. El arte tiene la capacidad de cambiar y humanizar los hasta ahora fríos espacios hospitalarios.

Cien habitaciones y espacios comunes desde 2013 y seguimos pintando, también fuera de la comunidad aragonesa. Donde nos llaman, vamos.

Qué se podía comprar en Zaragoza, hace 2.000 años con un As?


Voy a enseñaros un As de la vieja Caesaraugusta, la moneda más habitual en el día a día de aquella Zaragoza de hace ya 2.000 años. La moneda que vemos de es bronce, de los años 38 a 39 de nuestra era, y es de las que se acuñaron en aquella Zaragoza.

Una ración de pan de trigo para una persona para un día sería la referencia más sólida del precio de las cosas habituales, pero sé que al final nos resultará complejo entender aquellos precios.

El precio del pan estaba regulado en muchas ciudades y con un As compraba suficiente pan para un adulto durante una jornada. Una copa de vino ordinario en una taberna,  un vino de baja calidad, costaba entre 1 y 2 Ases la copa o el vaso.

Era también la cantidad modesta de aceitunas o de aceite de calidad corriente que podías en el mercado. En muchos períodos el precio de entrada a los baños públicos era de 1 As o incluso menos. Algunos textos indican que era medio As para adultos y gratuito para niños.

Una jornada de trabajo de un trabajador no cualificado en Roma se pagaba con entre 8 y 20 Ases diarios (un Denario de plata equivalía a 16 Ases), según el trabajo y la región. Un jornalero agrícola podía ganar entre 2 y 3 sestercios al día en períodos normales. Un sestercio eran 4 Ases. 

En un día te podían pagar entre 8 y 12 Ases si eras jornalero de muchas horas. Un legionario cobraba al día 10 Ases pero incluidos iban la comida y la ropa que no pagaba. Pero en España se pagaba al trabajador bastante menos.

Con esa cuenta podemos más o menos trasladar que un As representaría en aquella Zaragoza el equivalente a unos 4 euros actuales. Pero hay que admitir que algunos productos eran muy caros, como el pan y el vino. Y el jornal del soldado equivaldría a unos 1.200 Euros al mes. Por cierto como es lógico, los centuriones, multiplican sus sueldos por cuatro.

7.5.26

Ebro 10.2: El Ebro algunas veces grita, los aragoneses épicos


Distintas generaciones de aragoneses y visitantes se arraciman y ven en silencio cada tarde los rayos de la puesta de sol que atraviesan distintos arcos del Puente de Piedra según el día del año en que estén. Es trendy, se anuncia, se puntúa como lugar a visitar en Google. Eso provoca que me haya dejado de sorprender que lo hagan debajo de mi casa en Berdún, punto de puesta de sol “El Puntal”, en que el personal no mira al interior de la Calle Santa Cruz y sus casas cada vez más deshabitadas. Van a punto fijo, no con la mirada de los buitres que tanto admiran.

En uno y otro mirados, en las colas de pantanos o debajo de la carrasca de Lecina, se concentran la mayoría de Pilar y José a secas y con nombre compuesto que nos quedan de más de ochenta años que completan los abuelos que portan los gloriosos nombres del santo o santa del santoral en que nacieron o las vírgenes de sus pueblos (Evaristo, Emiliano, Esteban,Llanos, Alegría, Quiteria, Pino, Camino).

Lo hacen con ese garbo de nunca haber parado que les queda en el genio con la siguiente generación ya más estática, activa mentalmente, de los que nacimos en los sesenta bautizados como Hans, John, Luis, Charly, Antonio, Víctor Manuel y -especialmente en Aragón- Jesús con sus derivaciones compuestas de nombres falangistas. Si todavía no se han separado y cambiado a su compañera por otra que dudamos que lo sea o, seguro que nos equivocamos, lo será más de veinte menos, pasean con las Eva, Marijose, Mariví, Paz, Elenita, Carmen, Anabel y Maribel, momento en el que en Francia se pusieron otros nombres Marc, Alain, Catherine, Brigitte y Francine.

Les acompañan en ocasiones sus hijos para los que ya se estudiaron mejor los nombres, se pusieron de cantautor o se buscó el nombre de mujer líquido con “l”: Amalia, Violeta, Laura (nos dejamos a la generación de Noelia de Nino Bravo, Rebeca y Beatriz) junto con los Iván, Óscar y especialmente David o Jorge. Cuanto más escaso pero al mismo tiempo común el nombre, más desapercibido pasará aunque queramos en el fondo lo contrario. De allí se arrasen la dupla Pablo-Paula, los Hugo y Mar correspondientes. La mediocridad como búsqueda del punto medio, porque no le vamos a cascar Adolfo ni Asunción o Pasión como sus abuelos.

Caso de ser aragonesista, el 6% de la población, les ha caído en suerte lidiar con llamarse Acher, Mascún, Oroel, Chabier o, intolerable intromisión navarra, Leire, Edurne, Iguazel, Izarbe. En Teruel supongo que con furor regeneracionista habrá Menera, Páramo,Tremedal y Rodeno.

Los más jóvenes de los zen trasladan Ibiza a la península de la ribera del Ebro en San Lázaro y disertan conmigo callado, sobre ejemplos concretos de la plasmación en sus vidas del mal menor como motivación para quedarse o establecerse en Aragón, caso de la inmigración y Erasmus in love: la falta de ayudas para alquiler, las paternas o quedarse en casa viviendo, la amarga experiencia de pasar una tarde en una población del centro de Francia cuando no eres adicto al gimnasio de tus colegas emigrados, el compromiso personal y político como eje para ser persona aquí, menos en Génova. Algunos de ellos, no tantos en número o será el sitio, aportan como nuevo elemento a considerar esa sensación que les transmiten pero que no padecen, aunque sí leen constantemente en las redes, de inseguridad, la que les venden algunos como coartada, incluso estando tan relajados, para llegar al mismo Gobierno de Aragón.

Cada generación antes de pagar el agua, la luz y la hipoteca por nosotros mismos o con ayuda de otros los pañales y el ocio de los hijos, utilizamos en el decurso de nuestra vida con distinto contenido vocablos como paz, igualdad, feminismo, falta de seguridad, centro comercial, izquierda, el ambiente, compartir turismo rural… Cada clase política, sin embargo, esculpe su interpretación de su significado en piedra, valedero para el largo plazo que son las siguientes elecciones

Escucho con atención mientras leo las narraciones épicas de mis compañeros de sunset: es un no parar de actividades, reuniones, búsquedas de empleo, redes, planificación de visitas a otras ciudades que te apartan hacia la pantalla de ver el Puente de Piedra desde abajo. Los silentes maduros o viejos que les acompañamos lo hacemos con una mirada de memoria histórica y así lo compartimos entre nosotros, sabemos que no les interesa la famosa caída del autobús y cómo se lo tragó el remolino de San Lázaro, lo imposible que fue y la suerte que tienen de bajar a un Ebro no contaminado por colectores y jeringuillas menos en el único parque que había, la Arboleda de Macanaz, o lo bien que al final quedaron los leones de Paco Rallo y las farolas cobrizas de puerto cuya instalación en el bello puente medieval promovió el futurista García Nieto a principios de los 90.

La juventud es épica exclusivamente en espacios urbanos, vota para que se repinte un puente histórico de hierro con los colores de Zaragoza, han salido a Europa a estudiar o incluso trabajar como especialistas, tienen amigos, compañeros franceses de intercambio desde niños y van por la vida con un DNI arco iris y no como el mío.

Quedar para ir en grupo pro taurino a misa cada tarde de domingo con los colegas como participar en una manifestación de condena a Netanyahu no tiene ninguna posibilidad de darse ni relación con el débil y viejo país de tus abuelos en que se colocaba a sabiendas al sinvergüenza con el peor currículo para el cargo de alguacil, que conllevaba el de chivato.

Seas un aragonés de ciudad o hijo de una familia de concejales del último municipio oscense recibes educación para emigrar, e independientemente de tu ideología, a tus padres les gustaría que te tratasen con lealtad y respeto allá donde te dirijas, y no como a ellos cuando han firmado -o padecido como morralla urbana a la que nadie se molesta políticamente en favorecer- bases de oposiciones para promover a los de casa, para no tener conflictos. Al parecer se busca un nuevo pasaporte político para superar la arbitrariedad local y declararla de interés autonómico.

Activando que los derechos solo los tengan los privilegiados y para los demás la patria sea lo residual, lo que queda en el colador sin prensar, y la única huida la constituya aferrarse a una romántica bandera republicana o asistir a tres días de jornadas de manga. Para muchos jóvenes aragoneses, nada hay más cerca que Japón.

Aragón pierde generaciones de aragoneses, no como Navarra que los conserva, porque no cree ni en sus propios hijos y cuando los consigue colocar es si apuesta por contentar a capitales externos.

Toda madre aragonesa, como toda balcánica, como cualquiera asturiana o gallega no se engaña. No es un ambiente el nuestro que vaya a proteger con derechos efectivos a sus hijos, que nacen para ser limitados, y no es buena idea ni garantía de supervivencia vacunarles en la humildad, por eso en los pequeños pueblos nos metían este veneno de desconfiar. Calculemos lo que piensan dichas madres en el caso de que lo sean además con un origen ajeno al territorio en el que nacen sus hijos: que son carne de cañón a la enésima potencia, cañón real o figurado.

Pero hubo un tiempo en que dar una vuelta por Interferencias o el Central lo mejoraba una noche en Binéfar; se comía muchísimo mejor en las fondas de Sobrarbe o restaurantes de carretera secundaria que en Zaragoza; para procesiones pero construir y reparar tambores, nada como el Bajo Aragón y se veía mejor cine en el Cineclub de la Zoiti que en la Filmoteca de Zaragoza. No digamos jazz intermedio en Teruel y Monzón o bailar en Fraga y Almudévar. Solamente tendríamos que volver a eso y no solo a que la principal empresa del lugar sea su panadería porque vende en la ciudad pero estaría cerrada con los que quedan.

Ni una sola conversación de esta guisa se escucha poniendo atención a los jóvenes, sean perroflautas o cayetanas. Las ecuaciones me las pones sencillicas, que soy de la LOGSE.

06.05 Luis Iribarren