17.8.26
Botaya, Día 1 Románico en Aragón
Betés, Ara, Casasús, Torrijos son mis apellidos pares. Vienen de Botaya, Atarés, Bailo y Villarreal de la Canal. Menos uno, todos han sido evacuados la última semana. A un paso de Jaca pasó, y a otro paso de Jaca dejó de pasar.
En el último, suspendieron las fiestas de la Virgen, cenaron sin sus tractoristas y hoy barren y levantan ceniza. Es la segunda vez, porque por un golpe de suerte no se nos clavó el incendio de Cinco Villas en los Pintanos y Bagües o Larués, y serían dos evacuaciones ya.
Solo quiero poner frases juntas, no quiero hacer juicios sobre tajos de obras que meten subcontratistas con personal del “poco arraigado”, que quiere decir busco mano de obra como sea que no ha hecho ni un curso de seguridad y salud, no. No me parece el momento de los chivos expiatorios ni de mirar al Gobierno de Aragón. Maquinaria pesada deja recta la carretera de Santa Bárbara, después desbroza cien metros alrededor de los pueblos y, finalmente, si cae una tronada, patina, se hunde y muere alguien como una croqueta pisada porque vulcan (o dan pintacoda, por debajo de Ayerbe se dice volcar creo).
Ya ha salido Alejandro Jaca a daros las pertinentes explicaciones, en un tono mesurado, como afectado y multi reincidente en el acto de salvar cada cinco años una vez su patrimonio, las granjas y las segundas residencias de Bailo. Porque pocos pueden vivir y cada vez les echamos más responsabilidad, porque la panadería de su municipio cierra y la tienda de mi pueblo. Así como vamos a hablar de gestionar unos montes como la provincia de Guipúzcoa. Y después está que siempre se ha quemado…
Mi abuelo Betés con muchos del contorno vivían en verano en las bordas, mi madre le llevaba la comida como si fuera una niña etíope ayer y sin móvil, una vez a la semana. Con el can de chira, diez kilómetros arriba por donde se ha quemau. Al menor rayo seco los pastores apagaban, como pasó en Artieda el sábado. Vieron caer el rayo, subieron y se quemaron 40 pinos. El mismo día que el fuego cercaba Santa Cruz.
Es menester empezar a agradecer a su alcaldesa su intervención viral, pero no se vio detrás al resto de los alcaldes de mi comarca. ¿Hubiera hecho más fuerza para que el Gobierno de Aragón hubiese llamado antes a cien bigardos franceses y sus medios aerotransportados?
Aun hoy asisto desde la atalaya que es Berdún a la bella maniobra de los hidroaviones cargando para repostar. Planean sobrevolando el abandonado y antes fundamental para la historia aragonesa lugar de Ruesta, cargan la panza en el ancho pantano de Yesa (la misma maniobra en La Peña no es posible) y en el mismo viaje giran para sobrevolar la falda de Leyre por el también abandonado lugar de Esco, en Sigüés van altos y cruzan la Canal norte para salvar Oroel, a la sombra del monte Oroel (himno de Chaca). Y con él que por Abena y la Guarguera no le pase el incendio a Canciás porque hoy se pondrá a 37 grados y Fiscal sur y sus tejos. En total, casi cien kilómetros de oeste a este con un parque de unos 20 agricultores y tractores activos.
La Canal resiste en la agricultura, chesos y ansotanos bajaron con motosierras como en Apocalipsis Now y, gracias a la contribución vecinal, han ido comiendo y bebiendo sin llevar una libreta de gastos como yo cuando iba a la panadería en los años 70, de las que se pagaba cuando se cobraba la cosecha como dizque hará el Gobierno de Aragón.
Más allá de los cuarenta días de bochorno y las explicaciones generales como los corta y pega de los proyectos de los ingenieros, los cortafuegos se han hecho únicamente en propiedad privada. Para tocar un barranco que es por donde suben las llamaradas, quemar una parte de monte para pastos que se hacía en invierno o generar prados en mitad de os mons, en este momento se necesita un proyecto y esperar.
Donde no queden ganaderos y perdida la tradición de ese peculiar modo de estar en el mundo solo, sin fines de semana y sacrificados, difícil será reimplantarlos. Si los críos de Sabi del Instituto dicen no a ofertas de trabajo de controlar las presas de Tena porque lo primero que preguntan es si se trabaja el fin de semana, calculemos reactivar escuelas de pastoras.
Donde sí queden, según los que queden, se podría plantear aunque tengan una media de 55 años que se pongan más ovejas y sobre todo cabras. Sucede que si pasan de determinado número también necesitarán proyecto, serán peligro ambiental a debatirse e informarse, les caerá el peso de los informes de todo dios y la autorización cuando llegue, calculo que ya cuando tengan 58, se dictará en el tercer incendio sobre el mismo món.
Luego está la PAC, cómo se pasó de pagarla por kilos a pagarla por hectárea. Cómo fondos de inversión, aristócratas, futbolistas y cantautores se compraron fincas y viñas (las ovejitas de Carmen Sevilla). Entonces ya convino pagar por arañar hasta en el desierto de Mediana o de Bardenas, con todos los respetos para los no productores. En vez de invertir ese dinero en ganadería sostenible y en el uso de los montes.
Todo está y estará en perdición. Creo, y no estará mal probarlo, que la recuperación de los montes de Madrid, Ayuso la gestionará por concesión, pasará de la gestión directa y las huelgas de las cuadrillas forestales en pleno verano. Es decir, habrá ganancia de pescadores a montes abandonados y quemados que ya veremos dentro de un tiempo. Igual que reforzamiento de cuadrillas a las que no se les exigirá trabajar en invierno y contratos de emergencia, qué gran oportunidad, para reforestar.
Entre tanto, se seguirá como dijo Fe de Santa Cruz sin preguntar, se vivirán momentos espeluznantes como en pleno incendio recordarle a un cheso un forestal que no se podía llevar ni una rama de las que estaba salvando por lay. Mientras la voluntariosa UME pedía que siguieran cortando de abajo arriba.
Esta entrada producto de la brasa interior, deberá continuar como en la DANA de Valencia, una por mes, según las reacciones y con el nombre de cada pueblo.
Los Ara nos reuníamos una vez al año en el árbol de Botaya de la campa de San Indalecio a comer en las fiestas de la tercera semana de agosto. No lo puedo escribir en presente ni más allá de hacer una fiesta de agradecimiento a los voluntarios, tendremos ganas de volver a subir hasta que pasen cincuenta años y rebroten los robles.
17.08 Luis Iribarren
Sinagoga Mayor de Zaragoza
Entre los años 1557 y 1558, dentro del proceso de ampliación de su recién fundado colegio zaragozano, la Compañía de Jesús incorporó a sus propiedades la antigua Sinagoga Mayor de la judería de Zaragoza. El edificio fue acondicionado como iglesia bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén. Pero… ¿Qué era la Sinagoga Mayor de Zaragoza?
Los jesuitas adquirieron la antigua Sinagoga Mayor de Zaragoza —o mejor dicho el inmueble que la contenía— y la incorporaron al primer Colegio de la Compañía de Jesús en nuestra ciudad dentro de la ampliación de sus edificios. No sabemos si todavía conservaba parte de sus riquezas pues no han llegado hasta nosotros.
Los jesuitas adquirieron a finales de 1554 una primera propiedad junto al Coso Bajo, situada entre la entonces llamada plaza de la Sinagoga —la actual plaza de San Carlos— y la calle y puerta de la carnicería de los judíos —aproximadamente la actual calle de Santo Dominguito de Val—. Allí se constituyó oficialmente el Colegio de la Compañía de Jesús el 17 de abril de 1555. Después fueron comprando los inmuebles colindantes, y entre ellos la antigua Sinagoga Mayor.
Por cierto, todo ello junto a la zona que llamamos todavía "Los Graneros" por ser los edificios en donde se guardaban posteriormente a la expulsión de los judíos, los granos para alimentar a la ciudad.
El Gobierno de Aragón actual, dice expresamente en una publicación suya, que en 1558 la Compañía de Jesús compró la casa contigua para ampliar su capilla y que en ella había un patio que había sido la sinagoga judía. La capilla resultante quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén. Nos queda por saber si se compró el edificio, el solar, o lo que quedaba de aquella sinagoga.
Un estudio de Javier Ibáñez Fernández y Jesús Criado Mainar, publicado por la Institución Fernando el Católico y basado en fuentes jesuíticas antiguas, da una cronología algo distinta. Según ellos, después de la primera adquisición de 1554 fueron incorporándose los edificios vecinos, incluida la antigua Sinagoga Mayor, que ya fue consagrada como iglesia cristiana a finales de 1557. Añaden en su estudio que Diego de Espés y fray Diego Murillo dieron posteriormente la fecha de 1559, pero consideran probablemente equivocada esta última datación.
Otro estudio de Jesús Criado Mainar, en la revista Artigrama, confirma que la vieja sinagoga fue transformada en el oratorio provisional de los jesuitas y dedicada a Nuestra Señora de Belén y recoge la fecha de 1559 procedente del cronista Diego de Espés. En enero de ese año ya se encargaba un retablo destinado, con toda probabilidad, a la antigua sala de oración judía.
Estamos hablando de la Sinagoga Mayor de la judería de Zaragoza, es decir, el principal espacio religioso e institucional de la aljama judía medieval. Hay documentación de su utilización al menos desde 1311. En ella no sólo se rezaba: también se reunían los órganos de gobierno de la comunidad y se trataban asuntos de la aljama. El propio Ayuntamiento de Zaragoza identifica expresamente la actual iglesia de San Carlos instalada sobre el lugar de aquella Sinagoga Mayor. Y muy cerca de los todavía conservados Baños Judíos en el Coso.
Tras la expulsión de los judíos en 1492 habían transcurrido unos 65 años cuando los jesuitas se instalaron allí. Por tanto, los jesuitas no compraron una sinagoga que estuviera funcionando como templo judío. Era la antigua sinagoga de una comunidad que había desaparecido de Zaragoza décadas antes. Y en esos años aquellos edificios debieron de sufrir avatares.
La Plaza de San Carlos era aproximadamente la antigua plaza de la Sinagoga. La actual iglesia y parte del conjunto del Seminario cristiano católico actual ocupan el espacio donde estuvo la Sinagoga Mayor y los edificios posteriormente adquiridos por los jesuitas. Pero los jesuitas no construyeron inmediatamente la gran iglesia de San Carlos que hoy vemos. Durante años utilizaron la antigua sinagoga judía ya transformada en iglesia cristiana durante aproximadamente dos décadas antes de que se consagrara en 1585 la nueva iglesia de la Inmaculada.
La actual iglesia comenzó a levantarse después —la documentación especializada sitúa la colocación de la primera piedra en 1569, aunque algunas fuentes tradicionales dieron 1574— y quedó esencialmente terminada y bendecida en noviembre de 1585. Aquella Sinagoga Mayor medieval tras la expulsión de 1492 quedó como un edificio en desuso y fue adquirida por los jesuitas hacia el año 1557 ó 1558 para convertirla en la iglesia de Nuestra Señora de Belén que luego fue la nueva iglesia de la Inmaculada, la actual San Carlos Borromeo.
No sabemos cómo era esa Sinagoga Mayor en aquella Zaragoza, pero nos la hemos querido imaginar. Pero tras la expulsión sufrió todo el barrio judío un gran deterioro, abandono, saqueos y derribos. Un estudio muy reciente de Miguel Ángel Motis Dolader, Ana Ruiz-Varona y Lourdes Pérez-López, construido en buena parte con protocolos notariales y documentación municipal, constata daños y pillajes inmediatamente después de la salida de los judíos. En 1496 los jurados zaragozanos se quejaban de que numerosas casas de la antigua judería se arruinaban por permanecer deshabitadas, y todavía en 1500 el Ayuntamiento poseía inmuebles de aquel barrio que seguían deteriorándose porque no conseguía venderlos.
También sabemos que durante los años siguientes se liquidaron y transformaron muchas propiedades de la antigua aljama o barrio judío. El mismo estudio señala que el Concejo fue vendiendo inmuebles que le habían sido asignados y realizando demoliciones y modificaciones urbanísticas; y nos sitúa —después de las Cortes de Tarazona de 1495-1497— la cesión al municipio zaragozano de la gestión de la antigua judería. hay datos que dicen que en 1493 Fernando el Católico entregó toda la judería al Ayuntamiento de nuestra ciudad.
Diego de Espés, autor de la Historia eclesiástica Cesaraugustana, libro que escribía a finales del siglo XVI, conoció el edificio y describe la antigua sinagoga cuando todavía existía. Afirma que cuando los jesuitas tomaron aquella casa, «este sitio servía de Graneros». Describe además un edificio de tres naves, con la central más alta, pilares, techumbre decorada, inscripciones hebreas, siete accesos y restos de decoración relacionada con el culto judío.
El jesuita Gabriel Álvarez, en su Historia de la Provincia de Aragón de la Compañía de Jesús, terminada en 1607, cuenta los acontecimientos de que en el año 1557 el provincial Francisco Estrada y el micer Diego Morlanes estaban observando desde la azotea de la casa de los jesuitas los edificios próximos de la zona, cuando descubrieron un tejado que parecía corresponder a una iglesia.
Morlanes fue a investigar qué era aquello. Descubrió la antigua Sinagoga Mayor. Y todavía se conservaba de una manera sorprendente unos 65 años después de la expulsión. Álvarez describe tres naves; la central más alta que las laterales; varias columnas con pilares, unos de mármol y otros de jaspe; partes de la techumbre estaban doradas y tenía siete puertas; había una gran representación coloreada de un candelabro, y una especie de estructura o decoración de aspecto mosaico con grandes inscripciones hebreas azules y rojas recorriendo las paredes cerca de la techumbre. Y Gabriel Álvarez dice que la antigua sinagoga servía entonces no más que para tener tocinos como una cochinera.
Queda claro que en vísperas de su adquisición por los jesuitas había perdido por completo su función religiosa y se utilizaba como almacén. La circunstancia de almacenar precisamente carne de cerdo en una antigua sinagoga resulta históricamente muy llamativa, pero no me atrevería a interpretar que se hizo deliberadamente como humillación antijudía.
Según Gabriel Álvarez, nos dijo que pretendía utilizarlo como granero. Finalmente compró conjuntamente la antigua sinagoga y un corral aledaño por 400 escudos. Adelantó él mismo el dinero y después se lo reintegró Matheo de Morrano, benefactor de los jesuitas, que donó la cantidad a la Compañía.
Hay que tener en cuenta que la instalación de los jesuitas en Zaragoza encontró una oposición considerable por parte de algunas instituciones religiosas y parroquias de la ciudad que veían a los jesuitas como una clara competencia religiosa. La investigación moderna sobre la arquitectura jesuítica confirma que fueron adquiriendo progresivamente los inmuebles colindantes y que la Sinagoga Mayor quedó incorporada al conjunto.
Hay un dato curioso. La Sinagoga Mayor de Zaragoza no desapareció con la expulsión de los judíos en 1492. Sobrevivió físicamente durante unos 65 años y en 1557 todavía conservaba elementos inequívocamente hebreos en su interior. Pero lo cierto es que no sabemos a quién pagó esos 400 escudos, no sabemos quién era el dueño de todos aquellos edificios. Podemos imaginar que el Ayuntamiento, pero no tengo datos de ello.
El Gobierno de Aragón actual, dice expresamente en una publicación suya, que en 1558 la Compañía de Jesús compró la casa contigua para ampliar su capilla y que en ella había un patio que había sido la sinagoga judía. La capilla resultante quedó bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén. Nos queda por saber si se compró el edificio, el solar, o lo que quedaba de aquella sinagoga.
Un estudio de Javier Ibáñez Fernández y Jesús Criado Mainar, publicado por la Institución Fernando el Católico y basado en fuentes jesuíticas antiguas, da una cronología algo distinta. Según ellos, después de la primera adquisición de 1554 fueron incorporándose los edificios vecinos, incluida la antigua Sinagoga Mayor, que ya fue consagrada como iglesia cristiana a finales de 1557. Añaden en su estudio que Diego de Espés y fray Diego Murillo dieron posteriormente la fecha de 1559, pero consideran probablemente equivocada esta última datación.
Otro estudio de Jesús Criado Mainar, en la revista Artigrama, confirma que la vieja sinagoga fue transformada en el oratorio provisional de los jesuitas y dedicada a Nuestra Señora de Belén y recoge la fecha de 1559 procedente del cronista Diego de Espés. En enero de ese año ya se encargaba un retablo destinado, con toda probabilidad, a la antigua sala de oración judía.
Estamos hablando de la Sinagoga Mayor de la judería de Zaragoza, es decir, el principal espacio religioso e institucional de la aljama judía medieval. Hay documentación de su utilización al menos desde 1311. En ella no sólo se rezaba: también se reunían los órganos de gobierno de la comunidad y se trataban asuntos de la aljama. El propio Ayuntamiento de Zaragoza identifica expresamente la actual iglesia de San Carlos instalada sobre el lugar de aquella Sinagoga Mayor. Y muy cerca de los todavía conservados Baños Judíos en el Coso.
Tras la expulsión de los judíos en 1492 habían transcurrido unos 65 años cuando los jesuitas se instalaron allí. Por tanto, los jesuitas no compraron una sinagoga que estuviera funcionando como templo judío. Era la antigua sinagoga de una comunidad que había desaparecido de Zaragoza décadas antes. Y en esos años aquellos edificios debieron de sufrir avatares.
La Plaza de San Carlos era aproximadamente la antigua plaza de la Sinagoga. La actual iglesia y parte del conjunto del Seminario cristiano católico actual ocupan el espacio donde estuvo la Sinagoga Mayor y los edificios posteriormente adquiridos por los jesuitas. Pero los jesuitas no construyeron inmediatamente la gran iglesia de San Carlos que hoy vemos. Durante años utilizaron la antigua sinagoga judía ya transformada en iglesia cristiana durante aproximadamente dos décadas antes de que se consagrara en 1585 la nueva iglesia de la Inmaculada.
La actual iglesia comenzó a levantarse después —la documentación especializada sitúa la colocación de la primera piedra en 1569, aunque algunas fuentes tradicionales dieron 1574— y quedó esencialmente terminada y bendecida en noviembre de 1585. Aquella Sinagoga Mayor medieval tras la expulsión de 1492 quedó como un edificio en desuso y fue adquirida por los jesuitas hacia el año 1557 ó 1558 para convertirla en la iglesia de Nuestra Señora de Belén que luego fue la nueva iglesia de la Inmaculada, la actual San Carlos Borromeo.
No sabemos cómo era esa Sinagoga Mayor en aquella Zaragoza, pero nos la hemos querido imaginar. Pero tras la expulsión sufrió todo el barrio judío un gran deterioro, abandono, saqueos y derribos. Un estudio muy reciente de Miguel Ángel Motis Dolader, Ana Ruiz-Varona y Lourdes Pérez-López, construido en buena parte con protocolos notariales y documentación municipal, constata daños y pillajes inmediatamente después de la salida de los judíos. En 1496 los jurados zaragozanos se quejaban de que numerosas casas de la antigua judería se arruinaban por permanecer deshabitadas, y todavía en 1500 el Ayuntamiento poseía inmuebles de aquel barrio que seguían deteriorándose porque no conseguía venderlos.
También sabemos que durante los años siguientes se liquidaron y transformaron muchas propiedades de la antigua aljama o barrio judío. El mismo estudio señala que el Concejo fue vendiendo inmuebles que le habían sido asignados y realizando demoliciones y modificaciones urbanísticas; y nos sitúa —después de las Cortes de Tarazona de 1495-1497— la cesión al municipio zaragozano de la gestión de la antigua judería. hay datos que dicen que en 1493 Fernando el Católico entregó toda la judería al Ayuntamiento de nuestra ciudad.
Diego de Espés, autor de la Historia eclesiástica Cesaraugustana, libro que escribía a finales del siglo XVI, conoció el edificio y describe la antigua sinagoga cuando todavía existía. Afirma que cuando los jesuitas tomaron aquella casa, «este sitio servía de Graneros». Describe además un edificio de tres naves, con la central más alta, pilares, techumbre decorada, inscripciones hebreas, siete accesos y restos de decoración relacionada con el culto judío.
El jesuita Gabriel Álvarez, en su Historia de la Provincia de Aragón de la Compañía de Jesús, terminada en 1607, cuenta los acontecimientos de que en el año 1557 el provincial Francisco Estrada y el micer Diego Morlanes estaban observando desde la azotea de la casa de los jesuitas los edificios próximos de la zona, cuando descubrieron un tejado que parecía corresponder a una iglesia.
Morlanes fue a investigar qué era aquello. Descubrió la antigua Sinagoga Mayor. Y todavía se conservaba de una manera sorprendente unos 65 años después de la expulsión. Álvarez describe tres naves; la central más alta que las laterales; varias columnas con pilares, unos de mármol y otros de jaspe; partes de la techumbre estaban doradas y tenía siete puertas; había una gran representación coloreada de un candelabro, y una especie de estructura o decoración de aspecto mosaico con grandes inscripciones hebreas azules y rojas recorriendo las paredes cerca de la techumbre. Y Gabriel Álvarez dice que la antigua sinagoga servía entonces no más que para tener tocinos como una cochinera.
Queda claro que en vísperas de su adquisición por los jesuitas había perdido por completo su función religiosa y se utilizaba como almacén. La circunstancia de almacenar precisamente carne de cerdo en una antigua sinagoga resulta históricamente muy llamativa, pero no me atrevería a interpretar que se hizo deliberadamente como humillación antijudía.
Según Gabriel Álvarez, nos dijo que pretendía utilizarlo como granero. Finalmente compró conjuntamente la antigua sinagoga y un corral aledaño por 400 escudos. Adelantó él mismo el dinero y después se lo reintegró Matheo de Morrano, benefactor de los jesuitas, que donó la cantidad a la Compañía.
Hay que tener en cuenta que la instalación de los jesuitas en Zaragoza encontró una oposición considerable por parte de algunas instituciones religiosas y parroquias de la ciudad que veían a los jesuitas como una clara competencia religiosa. La investigación moderna sobre la arquitectura jesuítica confirma que fueron adquiriendo progresivamente los inmuebles colindantes y que la Sinagoga Mayor quedó incorporada al conjunto.
Hay un dato curioso. La Sinagoga Mayor de Zaragoza no desapareció con la expulsión de los judíos en 1492. Sobrevivió físicamente durante unos 65 años y en 1557 todavía conservaba elementos inequívocamente hebreos en su interior. Pero lo cierto es que no sabemos a quién pagó esos 400 escudos, no sabemos quién era el dueño de todos aquellos edificios. Podemos imaginar que el Ayuntamiento, pero no tengo datos de ello.
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