25.5.26

El Real Zaragoza ya es de Tercera. Y el Huesca también


Lo que ya intuíamos hace muchas semanas se ha cumplido con lógica. El Real Zaragoza de fútbol ya es de Tercera División. Y el Huesca, y el baloncesto de los chicos en peligro de bajar a Segunda, y… ¿y ahora?

El fútbol es algo más que un deporte. De hecho no hablamos de un deporte cuando hablamos del Real Zaragoza, sino de un icono, de un negocio, de un emblema histórico, de unos errores tremendos ajenos a lo deportivo. 

Podemos decir que los errores han sido todos deportivos, o incluso la mayoría son errores deportivos. Nos podemos confundir con lo que nos apetezca.

Los errores han sido de gestión. Y no todos ellos han sido en los últimos dos o tres años. Y no hay que insistir en ellos, pues no sirve de nada. Hay que buscar soluciones. Si de verdad creemos que somos la Cuarta ciudad de España, debemos entender esto como un problema añadido, aunque no lo sea. 

Ahora, con el Real Zaragoza en Tercera, se debería hacer un planteamiento a medio plazo, de al menos a cinco años de margen; con seriedad, con sinceridad también, para buscar soluciones que no fueran meros negocios rápidos, aunque haya muchos millones en juego. 

Si se ponen nerviosos los que tienen que tomar decisiones, los que se codean con Leo Messi, o los que son alcaldes de grandes ciudades, o los que se creen que salir de la Tercera División es fácil, lo estaremos estropeando. 

Salir de la Tercera es como poco tan complejo como salir de Segunda. Y llevamos 13 años…, y ya hemos salido.

Lo que va a suceder a poco que no se sepa hacer bien la transición, es que se van a perder muchos aficionados. Muchos. 

Y se va a perder mucho dinero. Mucho. 

Y que será más complicado pagar las deudas actuales, aunque se alarguen los periodos de cadencia. Y que la rentabilidad y el mantenimiento del Nuevo Campo de Futbol La Romareda, será mucho más compleja.

Si las ayudas tienen que ser públicas para compensar, tenemos que asumir que las pagaremos entre todos. Y que se deberían dar en similares proporcionas a Huesca y a Zaragoza. Jopetas. 

Como tenemos que sumir que esa deriva de que ya se solicita no estar juntos, el Real Zaragoza y el Huesca en el mismo Grupo, suena a aberrante pues nos separan 70 km. y somos un Aragón Unido, o eso decimos a veces.

Julio Puente

21.5.26

Las pinturas de Sijena. Unos colores perdidos


La Sala Capitular del Monasterio de María de Sijena en Huesca la perdimos en 1936 por un incendio provocado entre los días 
30 de julio y el 3 de agosto de 1936. Quedaron aproximadamente la mitad de las pinturas sin quemar del todo, pero terriblemente dañadas por las temperaturas y el humo, y los colores se perdieron para siempre.

Era una sala y unos pinturas únicas en España, similares a las que se pueden contemplar en algunos monasterios de ortodoxos de Rumania. En ese siglo XII la esposa del rey Alfonso II de Aragón mandó construir este monasterio único.

Hoy y mientras no lleguen de vuelta a su monasterio original, aunque se pueden contemplar en Barcelona, sabemos todos que son los restos, los esqueletos de aquellas obras de arte. Lo que se 
pudo salvar, que fue mucho pero no suficiente.

El incendio fue provocado por personas ajenas a la zona, posiblemente llegadas desde Cataluña pues en aquellas fechas eran numerosas las milicias que venían desde esa zona de España a defender estos territorios de los avances de las tropas nacionales, consecuencia del clima revolucionario y anticlerical de los primeros días de guerra.

Probablemente ejecutado por milicias armadas republicanas y anarquistas, en un contexto caótico, con autorías concretas todavía parcialmente discutidas. Y admitiendo además que aunque la mayoría de los habitantes de la zona estaban en contra de cualquier ataque al Monasterio, hay también datos que avanzan que no todos opinaban lo mismo sobre salvar o destrozar el edificio religioso.

Las monjas habían huido ante el clima de terror de la zona y de algunos vecinos, y los que entraron no solo quemaron el monasterio, sino que antes lo saquearon, destruyeron los archivos y diversos elementos artísticos y el mobiliario antiguo que había, dejando el monasterio sin techo y a la intemperie 
por el incendio, para que las lluvias terminaran de destrozar todo. Entre lo perdido estuvo la extraordinaria techumbre mudéjar de madera

Al fuego y destrucción con saqueo le acompañó el inevitable desmontaje desde las paredes medio destruidas, de unas obras en las que en los años 40 no se podían tratar como ahora, casi un siglo después. Había que intentar salvar "algo" de aquel desastre.

Las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sijena fueron arrancadas entre agosto y septiembre de 1936, pocas semanas después del incendio del monasterio ocurrido al inicio de la Guerra Civil española.

La operación fue dirigida principalmente por el historiador y restaurador catalán Josep Gudiol Ricart, junto con técnicos vinculados a la Junta de Museos de Barcelona y a los servicios de protección artística de la Generalitat republicana. el motivo principal de la urgencia era que había quedado abiertas y al aire, sin techos y sin protección.


Se empleó la técnica del “strappo” y en parte también la del “stacco”, métodos habituales en conservación mural del siglo XX, que consistían básicamente en adherir telas y colas sobre la superficie pintada, separar la capa pictórica del muro, enrollarla y transportarla, para después montarla sobre nuevos soportes. Eso supone perder muchos trozos pequeños y sobre todo, los parcialmente dañados.

Era una técnica muy agresiva en la que seguramente se perdió también una parte de las obras, pero en aquella época se consideraba un procedimiento legítimo de salvamento de emergencia. España estaba en guerra.

Y se sumaron con posterioridad algunas restauraciones hechas sin los adelantos actuales en cuanto a técnicas o instrumentos y productos modernos, para salvar todo lo necesario.

A mediados del siglo XIX, Valentín Carderera hizo un cuadro con la imagen de esa sala capitular que podemos ver abajo. Y en el año 1918 los alumnos del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner hicieron unos dibujos al natural de la sala, de escena que se veían en ella. Uno de esos dibujos es el que abre este texto. Lleno del color original. Hoy desaparecido.

El diario El País nos lo ha recordado estos dibujos en esta semana. Y nos habla de que siendo similares a las pinturas europeas de la época, estas llevan un relieve en las expresiones que no tienen muchas de las imágenes ortodoxas. No quedan las pinturas de las paredes, solo parte de los techos, 

Y a partir de esta realidad actual, tienen que surgir muchas preguntas tanto sobre Sijena como sobre el Arte ya desaparecido. ¿Podemos hacer algo más, con las técnicas que tenemos hoy en día, ante cualquier obra de Arte que no se debe perder nunca?

Julio Puente