30.6.26

La batalla de las Eras en Zaragoza del 15 de junio de 1808


Cuenta Faustino Casamayor en su diario de los Sitios de Zaragoza, que el día 15 de junio de 1808 se libró la primera batalla fuerte en las puertas de Zaragoza ciudad. El texto es histórico, no es agradable de leer, indica sobre todo lo cruel que son siempre las guerras, vengan de donde vengan, y lo inútiles que representan los sacrificios, vistos desde el lugar de la historia. Hablamos de una ciudad entera que se enfrentaba a su invasión, pero a la vez a un acto de ataque y defensa de miles de ciudadanos que morían sin un objetivo claro. Veamos lo acontecido aquel día en Zaragoza.

Zaragoza carecía de murallas formales y contaba con una exigua guarnición militar regular. El ejército francés, sin embargo, estaba compuesto por unos 6.000 veteranos fogueados. Los combates más intensos tuvieron lugar en las afueras de la ciudad, en la zona conocida como las Eras del Rey (área que hoy abarca el Paseo de María Agustín y la zona de la Plaza del Portillo). Los habitantes de aquella Zaragoza no llegaban a las 50.000 almas.

Muy por la mañana ya se dio aviso a la población de que los franceses, ufanos con la victoria en Tudela, Mallén y Alagón, se iban acercando a Zaragoza, con cuya noticia se alarmó todo Zaragoza, para esperarlos con todas las armas preparadas y así poder oponer todos los obstáculos para que no lograran tomar la ciudad, para lo que se tocó la generala en toda la ciudad.

Se realizaron misas cantadas con rogativas mientras que las religiosas de Santa Inés se trasladaron a Santa Fe, las de Santa Lucía a la Enseñanza y las de las Fecetas al colegio de las Vírgenes. Los conventos más en la periferia de Zaragoza sabían que si entraban los franceses iban a ser violentadas todas ellas.

Antes de la una del mediodía se acercaron las tropas francesas a las puertas de esta ciudad, se divisaron bajando por Torrero y Santa Bárbara con todo su ejército a las órdenes del General Lefebvre e inmediatamente se les hizo con los cañones colocados en las puertas del Portillo, Carmen y Santa Engracia.

En el largo rato que duró la batalla fueron muchas peleas, se rompió parte de la puerta del Carmen y llegaron a entrar los franceses por esa zona y el cuartel del Caballería, y muertos y cogidos prisioneros cuantos entraron a las calles de la ciudad.

Desde la plaza la del Portillo, también llegaron a introducirse en la plaza, donde la artillería colocada junto a las tapias de Santa Inés los hizo arrinconar hacia el cuartel de Caballería cerca de la plaza de toros en donde entraron y en los propios pasillos de edificios fueron reprimidos y se luchó cuerpo a cuerpo, y allí fueron muertos muchos franceses por los defensores de Zaragoza, que disparaban desde la casa de Misericordia, y se tiraron a por ellos viendo que los franceses ya habían entrado en la ciudad, sin más defensa que el cuerpo a cuerpos y lograron retirarlos a vivo fuego, sin ni siquiera estar Palafox en Zaragoza, pues se había ido hacia Belchite.

El coronel de Caballería Mariano Renovales salió a últimas horas de la mañana con 150 hombres por la puerta del Ángel (junto al Puente de Piedra) y tras bordear toda la ribera del Huerva había conseguido unas posiciones de tiro muy favorables contra el flanco derecho francés, por detrás de donde ellos estaban disparando contra la ciudad. 

Posteriormente, con al suma de más militares que había salido del Cuartel de San José, incluso lanza un furioso contraataque junto al Huerva, consiguiendo hacer retroceder las avanzadillas enemigas hasta el monasterio de los Capuchinos (actual biblioteca de la calle Doctor Cerrada), dejando los franceses abandonadas cuatro banderas y cinco cañones.

Los franceses finalmente se retiraron aquella luctuosa jornada de Zaragoza. Dicen los datos que los muertos franceses pasaron de 700 y de nuestra parte hubo bastantes pero sin dar datos, lo que nos lleva a pensar que tuvieron que ser al menos varios centenares de zaragozanos los que cayeron aquel día, y se habló de unos 300 fallecidos entre los zaragozanos.

Los franceses tiraban con los morteros que hacían un gran destrozo en las murallas y en las personas que refugiadas en ellas disparaban a los atacantes, y que debemos recordar que los zaragozanos en muchos casos no eran soldados y no tenían formación militar en defensa.

Dicen las Crónicas que los fusileros del Reino de Aragón o Miñones, mandados por su Comandante el Coronel D. Antonio Torres ayudado de su hermano D. Gerónimo fueron los que más se distinguieron, y las compañías mandadas por su jefe D. José Obispo también , pues los Dragones estuvieron muy flojos.

Duró aquella batalla todo el día, hasta más de las siete de la tarde, cuando los franceses vieron la gran pérdida que habían sufrido, y decidieron que era hora y momento de retirarse, llevándose algunos prisioneros, hasta más allá de la Casa Blanca y ermita de Santa Bárbara donde pasaron la noche.

Al día siguiente, el general Palafox, ya en Zaragoza, hizo un comunicado o Bando del que os dejo el texto a continuación: 

“Aragoneses: Vuestro heroico valor en la defensa de la causa más justa que puede presentar la historia se ha acreditado en el día de ayer con los triunfos que hemos conseguido.

El 15 de junio hará conocer a toda Europa vuestras hazañas y la historia las recordará con admiración. Habéis sido testigos oculares de nuestros triunfos y de la derrota completa de los orgullosos franceses que osaron atacar nuestra capital. Tuvieron que sufrir 700 muertos, un número considerable de heridos, 30 prisioneros y muchos desertores que se han pasado a nuestras banderas son el fruto de su temeridad. Hemos tomado 6 cañones de batallón, 6 banderas, una caja de guerra, varios caballos, fornituras y armas y no debemos dudar que todo el ejército que ha entrado en Aragón expiará sus crímenes y quedará deshecho. Continuad pues, valerosos aragoneses, con el ardor y noble espíritu de que estáis animados. Ved la heroica conducta de las Zaragozanas que inflamadas todas del amor a su Patria a su rey y su religión, corren presurosas a prestaros todo género de auxilios.

En breve se os agregarán un sinnúmero de tropas veteranas, que envidiosas de vuestras glorias y deseosas de tener parte en ellas, vienen caminando a marchas dobles; mientras tanto, vosotros todos, clero, comunidades, madres de familia y demás ciudadanos, que ya concurriendo personalmente al combate, ya proveyendo de todo a vuestros conciudadanos, habéis contribuido tan eficazmente a conservar la capital de vuestro reino y la dignidad de la Nación, seguid fervorosos vuestras oraciones al Todopoderoso e interponed la mediación de vuestra Augusta y Santísima Madre del Pilar, vuestra Protectora para que bendiga nuestras armas y afiance nuestras victorias exterminando del todo al ejército francés.—Cuartel General de Aragón.—16 de junio de 1808.—Palafox. ”




28.6.26

Montemolín en Zaragoza y sus posible orígenes


A la hora de saber el motivo de porqué el barrio de Montemolín de Zaragoza se llama así, hay serias dudas. Es verdad que en la entrada de Miguel Servet, en el cruce con San José y Compromiso de Caspe, hubo una gran fonda de diligencias incluso, que se llamaba Montemolín, documentada ya en el año 1872 en el camino del Bajo Aragón.

Hubo también un Conde de Montemolín, titulo adoptado en 1845 por el pretendiente al trono Español Carlos Luis de Borbón y de Braganza (Carlos VI). Pero es una persona y un título que viene desde Badajoz y no parece tener ninguna relación con Zaragoza.

En un principio uno se puede preguntar por qué este barrio de Zaragoza se llama así. Montemolín. Al encontrar el dato escaso de este personaje importante en la sociedad de su momento, fue fácil pensar que pudo tener algo que ver con nuestro nombre. Bien por ser personaje que creara sus dominios en esta zona. O, al contrario, por ser un conde que adoptó ese nombre porque se le entregaron tierras de esta zona y lo tomó como apellido heráldico.

No he podido saber nada más ni del personaje ni del porqué llaman Montemolín a esta zona de Zaragoza, excepto que sí se sabe que es un ombre toponímico rural del siglo XIX. Pero hay queda el dato y las dudas, para su estudio posterior.

Sí que es verdad que Montemolín tuvo durante muchos años alcalde propio, y que hasta hace unas pocas décadas, en el balcón de su domicilio particular ponía el cartel de alcalde de Montemolín. Era pues considerada entidad propia, con su encomendador de tareas. No sé ni desde cuándo ni tengo datos de los últimos corregidores, excepto de que el último vivía enfrente a la estación de Utrillas.

Dsde el año 1817 existía la posada de Montemolín en la calle de Miguel Servet. Era posada de caballeros y de caballerizas. En 1946 todavía hay constancia de que existía, pero con mucho menos trabajo y más como gran café. No hay que olvidar que aquella entrada a Zaragoza por la carretera de Castellón era importante en aquellos siglos.

Era la comunicación más corta con el mar por el camino hacia el Levante. Y era común levantar posadas de entrada para las caballerías y para los caballeros que venían y necesitaban entrar frescos y con los papeles en regla al traspasar las puertas de la ciudad en donde debían de demostrar quienes eran, a que venían y pagar los impuestos correspondientes de entrada si así lo demandaban los soldados de puerta.

En el año 1843 por la zona de entrada desde el Bajo Aragón había —antes de llegar a Zaragoza ciudad— dos posadas que atendían la carretera, la Venta de Buena Vista y la Venta de la Media Legua.

Unos pocos años antes, el 9 de enero 1820 las orillas del Ebro y el Huerva de helaron sobre todo por la zona Norte, hacia las Balsas de Ebro Viejo. El hielo era de tal espesor que se helaron pozos que aguantaban encima el peso de los jornaleros que se dedicaron a cortarlos para poder sacar agua. En el interior de las casas dicen que el vino se llegó a helar y que el río Ebro solo pasaba por dos arcadas del puente de Piedra, pues por las otras se quedó helado.

Mucho frío me parece, pero en aquellos tiempos no había ni calefacción ni contaminación y nunca se sabe. Hoy esto nos parece imposible.

En octubre de 1817, la sanidad pública mando dos médicos a la zona de La Cartuja y El Burgo de Ebro, pues había más de 80 personas con fiebres, por desnutrición y miseria. Y en Julio de 1818 una epidemia de sarampión azotó la ciudad de Zaragoza manera muy cruenta. Pequeños datos para seguir arañando historias de Zaragoza.

En aquel 1818 no vivía nadie fuera del Zaragoza amurallado y con puertas, excepto en el Arrabal. Por la noche se cerraban y los cabos de puerta no dejaban entrar a nadie para evitar contagio y para poder también cobrar los impuestos de entrada.

Eran pues tiempos en que todavía no existía población urbana como tal en los barrios hoy sumamente poblados, pero si un número cada vez más creciente de casas de labradores habitadas que salpicaban las afueras de la ciudad, sobre todo en la zona sureste, que se conocía en nuestra ciudad como el término de El Plano.