12.3.26

Plaza de toros de Zaragoza 1916


Voy a continuar comentando detalles de la construcción de la Plaza de Toros de Zaragoza en el año 1764. Contratada la obra por Ramón de Pignatelli por el precio de 34.000 libras jaquesas de entonces, las obras de una plaza que desde el primer momento se sabía que no era definitiva, se aceleró y en pocos meses ya estaba terminada.

Al principio de junio de aquel año 1764, ya se dieron las dos primeras corridas, según nos comenta José Blasco Ijazo, un notable cronista de Zaragoza al que conocí ya mayor en su casa.

Al principio, durante las dos primeras décadas, se cuenta que se pagaba una cantidad en las puertas de entrada, que cobraban unos trabajadores de la Casa de la Misericordia, que era la empresa dueña del coso taurino. Pero aquel sistema tenía sus trampas, sus contabilidades falsas, y sobre 1789 se impuso cambiarlo, y se decidió hacen entradas.

Había también un encargado fijo de organizar los festejos, de contratar ganaderías y toreros, alguien que ya venía de la organización similar en la Plaza del Mercado de Zaragoza para acontecimientos taurinos.

Los datos nos hablan de que tenía unas 80 varas aragonesas de diámetro interior (unos 62 metros) y unas 110 del exterior, unos 85 metros. La plaza actual es algo más pequeña interiormente, y más grande en su diámetro exterior, pues se mueve entre los 48 metros interiores y los 90 metros de diámetro exterior.

Aquellas primeras gradas eran de madera, casi portátiles, y en el año 1870 se cambiaron por otras de ladrillo para darle estabilidad al conjunto, aunque ya en 1895 se cambiaron todas por unas gradas de piedra. Se sabe que en el año 1903 el aforo de esta plaza de toros era de 9.000 asistentes.

En el año 1916 y por el éxito que estaban teniendo dos toreros aragoneses, Florentino Ballesteros y Jaime Ballesteros "Herrerín" (que no eran familiares), y que hizo crecer mucho en la ciudad la asistencia a los festejos, se decidió ampliar el aforo, creando voladizos en el exterior del edificio y restando algo el tamaño del coso, del ruedo, para poder ampliar en asientos cerca del mismo.

En la imagen que dejo arriba se ve la entrada principal a la plaza, posiblemente en ese año 1916.

Estos dos toreros de aquellos tiempos, crearon dos corrientes bien distintas entre los aficionados, que se dividieron en Zaragoza en forofos de uno o de otro torero. Ambos murieron en las plazas de toros por cogidas de los astados. El primero en 1917 en Madrid, y el segundo tres años antes en Cádiz.

Con las reformas, aquel primitivo aforo de 9.000 localidades se convirtió en 13.240 asientos, un número muy alto, sobre todo si tenemos en cuenta que en aquellos años, en Zaragoza, vivían algo menos de 140.000 habitantes. Y para más detalles, en la actualidad (2026) el aforo es de 10.070 localidades, menor que en el año 1916.

11.3.26

Mercado Central y orilla del Ebro de Zaragoza, como Plaza de Toros


Está documentado en varias fuentes locales que durante un período relativamente corto, las corridas de toros en Zaragoza se celebraran en el terreno del Mercado (la actual zona de Lanuza, donde hoy está el Mercado Central).

Ese uso aparece precisamente en el período de transición entre las corridas que se hacían en la Plaza del Pilar y que no gustaban nada a la jerarquía religiosa y la construcción de la plaza estable en el Campo del Toro y que acabaría siendo la Plaza de Toros de Zaragoza en desde el año 1764.

En días festivos, cuando no había mercado, se ponía arena en el suelo del mercado, en parte o en toda la zona del recinto comercial al aire libre, se cerraban las bocacalles y el que era el callejón más estrecho y oscuro se preparaba para encajonar a los toros en los toriles.

Era un recinto rectangular y muy alargado, que se adaptaba bien para utilizar un trozo del mercado para esos festejos, en donde además era más sencillo poner burladeros y andamios de madera más fijos y fuertes para graderíos y para que los animales no se escaparan del recinto.

Durante siglos también se soltaron toros en las inmediaciones del río Ebro y en sus orillas, en algunos festejos populares. No eran corridas como las entendemos hoy, sino juegos taurinos muy peculiares que aparecen en crónicas antiguas de la ciudad de Zaragoza.

Era habitual que en grandes ciudades españolas con ríos importantes, se soltaran toros en sus orillas, pues el río actuaba como límite natural del recinto y ofrecía una zona abierta para el público que podía defenderse de los animales escapando a las aguas, y además en algunos tipos de juegos taurinos el propio río formaba parte del espectáculo. Todavía en algunas localidades se hacen festejos similares.

No hay seguridad total para señalar la zona exacta en donde esto se celebraba, pero cabe pensar que sería en la margen derecha, entre la zona del Club Náutico y el actual Puente de Hierro, que era una zona más plana que ahora y con arenas en islas o en la orilla, que incluso hasta bien entrado el siglo XX —más de la mitad del siglo— era una zona utilizada como playas en el verano.

Las personas y las autoridades en esos días festivos, bajaban desde la Plaza del Pilar a la orilla del río a ver esos espectáculos, en el centro urbano de Zaragoza. 

Algunas crónicas mencionan juegos taurinos como sueltas de toros (o vaquillas) para que la gente los esquivara, toros perseguidos por caballeros y juegos de recortes y saltos en un recinto semi cerrado.

Hay que recordar que al menos en el siglo XVII también se organizaban en Zaragoza naumaquias o juegos acuáticos festivos, con barcas y combates simbólicos en el agua. No eran frecuentes, pero aparecen en algunas crónicas festivas. 

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