El paisaje del Somontano oscense es uno de los más bellos locus amoenus de Aragón. Goza de cultivos y fajas de buenas huertas. El paisaje humanizado contiene bosques de árboles leñosos y trigales, la triada romana, cuya subsistencia está garantizada por las aguas del Canal del Cinca. Las tablas de cultivos suben hasta competir por el relieve con bosques cerrados de bojes y carrascas. Son pagos que trasladan a Horacio, no a todos los paisajes se puede uno retirar con delectación, menos en el duro Aragón:
Feliz aquel que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda (Beatus Ille)
La recogida de aceitunas y su prensado de la campaña de 2026 que se avecina este otoño será especial en el Somontano oscense, al tratarse de la primera cosecha en que sus aceites son AOVE con denominación propia.
Así como los vinos aragoneses y de otras denominaciones geográficas se piden por la procedencia, e incluso los de terroir no denominados por el nombre del pago y lugar (que es una aproximación a catalogar el vino por la finca que lo remarca), está pendiente de culminar la misma revolución en el aceite y productos derivados del trigo.
Al consumidor poco informado todavía no le llegan apellidados determinados aceites de gran calidad más allá de los consolidados en las décadas anteriores. Como tampoco, pero los panaderos sí, pueden distinguir las sémolas de las fábricas de Harinera Villamayor oscense, Porta villanovense o las de Daroca, por su calidad distintiva de la que se molture con cereales ucranianos.
Así entre los aceites afamados vienen reinando los suaves arbequinos y las aceitunas pequeñas de La Garriga leridana, los del Bajo Aragón aragonés onlos determinadas marcas mayoritarias y referencias clásicas de la comarcas somontanas penibéticas andaluzas tales como las sierras de Jaén y Martos, el de Baena y la Penibética cordobesa o el de hojiblanca antequerano. Qué churros los de Baena, inolvidables.
Sin perjuicio de que se hallen consolidadas estas referencias históricas, el relato que certifica a los nuevos grandes aceites con características especiales se ha extendido, ha desembocado en nuevas denominaciones. Del mismo participan los aceites de la Rioja Baja, los arróniz navarros, los óleos del interior valenciano y del sur de Madrid. En Aragón habría que sumar al aceite dulce de desierto del este turolense el éxito de las aceitunas de mesa arrugadas negras y el aceite premiadísimo en catas ciegas de Belchite, la consolidación en la provincia oscense del aceite finísimo de Bolea, la garantía de calidad que representa la denominación de los aceites del Somontano del Moncayo, la extensión de pagos y subida de altura en los aceites del Bajo Aragón hasta altitudes como las del valle del Mezquín y Alcorisa y, por último, el conjunto múltiple de aceites del Somontano.
Como Zaragoza es un crisol de vecinos que proceden de todo el valle del Ebro, es el laboratorio ideal para el conocimiento de las diferencias de estos aceites cada vez mayor, pues triunfa como ocio de fin de semana salir de vermú.
La denominación necesaria del aceite del Somontano oscense se ha solicitado y obtenido para salvaguardar y mejorar la comercialización del oro líquido de las que ella misma denomina como “las oliveras del Pirineo”.
Los árboles fueron plantados desde la romanización del prepirineo oscense en las faldas de las sierras de Guara y Sevil y los cultivos se aprovechan, como los viñedos y otros árboles leñosos, del afinado natural y fungicida del aire fresco del Sobrarbe que se cuela por las hendiduras de los valles del Cinca, Guatizalema y Vero. Juntamente con el sol reflejado en suelos calizos que aportan a todos los cultivos un olor y sabor dulzón natural característico.
Tierras y lomas que son aptas, como sucede en Bolea y en los valles centrales de Navarra, para la producción con excelencia de los ingredientes base de la triada romana: trigo, aceite y uvas de enorme calidad que compiten en la ocupación de los bancales de estos valles.
Descollando en calidad en cuanto a los olivos las lomas de Costean, Colungo o Alquézar acompañados por almendreras. Y relacionándose con viñedos vecinos, las parcelas de olivo en la Sierra de la Carrodilla, la Puebla de Castro y en el feraz valle de Secastilla, refugio de la parraleta.
Esta combinación permite la generación de cooperativas o industrias agroalimentarias, el control de incendios y reforestación con especies rentables de suelos que, de lo contrario y por sus pendientes y composición edáfica, darían lugar al abandono de las fincas y la pérdida de productores y empleo correspondientes. Por esa parte, y como demuestra Francia y se ha tomado nota en Aragón, denominar es más que un orgullo: es el único camino para que cultivos milenarios no desaparezcan.
17.09 Luis Iribarren
