La Sala Capitular del Monasterio de María de Sijena en Huesca la perdimos en 1936 por un incendio provocado entre los días 30 de julio y el 3 de agosto de 1936. Quedaron aproximadamente la mitad de las pinturas sin quemar del todo, pero terriblemente dañadas por las temperaturas y el humo, y los colores se perdieron para siempre.
Era una sala y unos pinturas únicas en España, similares a las que se pueden contemplar en algunos monasterios de ortodoxos de Rumania. En ese siglo XII la esposa del rey Alfonso II de Aragón mandó construir este monasterio único.
Hoy y mientras no lleguen de vuelta a su monasterio original, aunque se pueden contemplar en Barcelona, sabemos todos que son los restos, los esqueletos de aquellas obras de arte. Lo que se
pudo salvar, que fue mucho pero no suficiente.
El incendio fue provocado por personas ajenas a la zona, posiblemente llegadas desde Cataluña pues en aquellas fechas eran numerosas las milicias que venían desde esa zona de España a defender estos territorios de los avances de las tropas nacionales, consecuencia del clima revolucionario y anticlerical de los primeros días de guerra.
Probablemente ejecutado por milicias armadas republicanas y anarquistas, en un contexto caótico, con autorías concretas todavía parcialmente discutidas. Y admitiendo además que aunque la mayoría de los habitantes de la zona estaban en contra de cualquier ataque al Monasterio, hay también datos que avanzan que no todos opinaban lo mismo sobre salvar o destrozar el edificio religioso.
Las monjas habían huido ante el clima de terror de la zona y de algunos vecinos, y los que entraron no solo quemaron el monasterio, sino que antes lo saquearon, destruyeron los archivos y diversos elementos artísticos y el mobiliario antiguo que había, dejando el monasterio sin techo y a la intemperie por el incendio, para que las lluvias terminaran de destrozar todo. Entre lo perdido estuvo la extraordinaria techumbre mudéjar de madera
Al fuego y destrucción con saqueo le acompañó el inevitable desmontaje desde las paredes medio destruidas, de unas obras en las que en los años 40 no se podían tratar como ahora, casi un siglo después. Había que intentar salvar "algo" de aquel desastre.
Las pinturas murales de la Sala Capitular del Monasterio de Sijena fueron arrancadas entre agosto y septiembre de 1936, pocas semanas después del incendio del monasterio ocurrido al inicio de la Guerra Civil española.
La operación fue dirigida principalmente por el historiador y restaurador catalán Josep Gudiol Ricart, junto con técnicos vinculados a la Junta de Museos de Barcelona y a los servicios de protección artística de la Generalitat republicana. el motivo principal de la urgencia era que había quedado abiertas y al aire, sin techos y sin protección.
Se empleó la técnica del “strappo” y en parte también la del “stacco”, métodos habituales en conservación mural del siglo XX, que consistían básicamente en adherir telas y colas sobre la superficie pintada, separar la capa pictórica del muro, enrollarla y transportarla, para después montarla sobre nuevos soportes. Eso supone perder muchos trozos pequeños y sobre todo, los parcialmente dañados.
Y se sumaron con posterioridad algunas restauraciones hechas sin los adelantos actuales en cuanto a técnicas o instrumentos y productos modernos, para salvar todo lo necesario.
A mediados del siglo XIX, Valentín Carderera hizo un cuadro con la imagen de esa sala capitular que podemos ver abajo. Y en el año 1918 los alumnos del arquitecto modernista Lluís Domènech i Montaner hicieron unos dibujos al natural de la sala, de escena que se veían en ella. Uno de esos dibujos es el que abre este texto. Lleno del color original. Hoy desaparecido.
El diario El País nos lo ha recordado estos dibujos en esta semana. Y nos habla de que siendo similares a las pinturas europeas de la época, estas llevan un relieve en las expresiones que no tienen muchas de las imágenes ortodoxas. No quedan las pinturas de las paredes, solo parte de los techos,
Y a partir de esta realidad actual, tienen que surgir muchas preguntas tanto sobre Sijena como sobre el Arte ya desaparecido. ¿Podemos hacer algo más, con las técnicas que tenemos hoy en día, ante cualquier obra de Arte que no se debe perder nunca?
Julio Puente


