19.8.26

Despoblación y migraciones en Aragón


Cuando hablamos de la emigración de aragoneses fuera de su tierra siempre ponemos el foco en las condiciones de vida, en las malas prácticas políticas, en los problemas que tiene o ha tenido Aragón a lo largo de su último siglo. Pero nunca decimos que estas emigraciones son decisiones de personas, de aragoneses, que quieren mejorar y están en su libertad de moverse hacia otros lugares. 

Por eso al comentar con números esta realidad, hay siempre que respetar las decisiones de las personas, e intentar entender sus motivaciones. Sabiendo que si se hubieran quedado en Aragón, nuestra realidad sería mucho mejor y no se darían los actuales desequilibrios. 

Siempre los grandes números de personas que emigran lo hacen hacia lugares muy concretos. No son movimientos aleatorios. En el caso de Aragón también ha sido así. 

Los aragoneses sobre todo a mediados del siglo XX se movieron sobre todo hacia Cataluña, en menor medida a Valencia y hacia Madrid, y curiosamente muy poco hacia Navarra o el País Vasco que están cerca y ya eran entonces territorios más ricos que Aragón.

Y muy pocos aragoneses cruzaron el charco hacia América, sobre todo a partir de los años 60, aunque lo habían hecho antes por motivos de tener que huir por las represiones políticas.

En el año 1970 ya hay más de 175.000 aragoneses de nacimiento que viven en Cataluña, por unos 32.000 que habían emigrado a la Comunidad de Madrid y no llegaban a las 10.000 en el País Vasco

Valencia en cambio ya tenía casi 50.000 aragoneses de nacimiento en aquellos años. Casi todos ellos desde Teruel.

Era un Aragón menor al actual, con 1,15 millones de habitantes, lo que da otra dimensión mayor a la emigración aragonesa hacia Cataluña.

De las casi 90.000 personas nacidas en Aragón que salieron de nuestro territorio entre 1960 y 1970, más de la mitad lo hicieron hacia Cataluña. Frente a esas 47.000 personas, no llegaron a 14.000 los que se fueron en esa década a Valencia y poco más de 9.000 a Madrid.

La proximidad territorial de Cataluña similar a otros territorios funcionó mejor hacia tierras catalanas posiblemente por mejores servicios en el ferrocarril, pero sobre todo la industrialización barcelonesa y las redes familiares de aragoneses que ya residían allí fueron las que facilitaban esas nuevas emigraciones.

Claramente desde Huesca se emigraba hacia Cataluña y desde Teruel hacia Valencia. Pero en esos años hubo otros movimientos igual de grandes. 

En esos años casi 100.000 aragoneses de fuera de Zaragoza capital se mudaron a Zaragoza ciudad. Algo más que los que se marcharon a Cataluña. Movimientos interiores que despoblaron el Aragón rural.

A partir de los años 70 se frena, aunque no desaparecen, esos movimientos migratorios desde todo Aragón hacia sus vecinos. 

Pero aumentan los de los pueblos a sus capitales, sobre todo con el destino de Zaragoza ciudad. Y es a partir de 1975 cuando incluso se producen algunos retornos de aragoneses que estaban viviendo fuera.

El efecto más duradero de aquella emigración no fue solamente que Aragón perdiera habitantes; fue que Aragón los perdió de manera territorialmente muy desigual.

Zaragoza capital siguió creciendo mientras centenares de municipios de Huesca, Teruel y Zaragoza perdían jóvenes, familias y mujeres en edad fértil. Esa estructura demográfica y social explica una parte considerable de la despoblación y envejecimiento que Aragón sigue padeciendo décadas después.

Los números actuales de esos movimientos migratorios son bastante irreales pues en la actualidad son muchos los que se cambian de domicilio, pero no de censo, manteniendo sobre todo en las zonas rurales un mantenimiento irreal de la población, o incluso en algunos casos un aumento de la misma, pero en términos administrativos y estadísticos.

No es lo mismo el saldo migratorio que se da en algunas zonas de Aragón, que está siendo positivo en términos migratorios con un aumento ligero de la población, que el saldo natural de analizar los vecinos que mueren y los que nacen. Y que es el que marca el futuro de la población.

En Aragón con más 200.000 personas empadronadas que han nacido en el extranjero llega a engañar en números esos datos de saldo natural o saldo total.
 

Hablamos ya de 47 municipios aragoneses en donde al menos el 25% es población no nacida en España. Hay en Aragón (también) la mano de obra de esos emigrantes extranjeros es imprescindible. 

Pero solo se mantendrán en esas localidades pequeñas si se les garantiza futuro, vivienda, trabajo estable, y servicios básicos imprescindibles, con una integración válida y eficaz. Si no es asñí, en pocos años se producirá una bajada de esa población que se irá moviendo hacia otros lugares.

Y hay algo que a veces se olvida de cara a las localidades muy pequeñas. También se necesitan bares, tiendas, asociaciones, fiestas, cultura, deporte y relaciones sociales, pues también estos servicios que a veces consideramos menores fijan población. No basta con tener fibra óptica y un médico de visita dos días a la semana. La gente necesita vivir, no simplemente residir.

Un pueblo de 500 habitantes en los años 60 ya no volverá a tener 500 vecinos. Pero si ahora tiene 50 hay que trabajar para que tenga 70 en diez años vista, más de media docena de niños, cuatro familias jóvenes, al menos una tienda y bar o local de reuniones abierto todos los días, un buen acceso a la tecnología digital y al transporte que permita movimientos hacia cabeceras de Comarca como poco, vivienda posible y asumible y unos servicios básicos lógicos para las personas.

Y Aragón debe girar completamente para no ver solo a Zaragoza ciudad como un destino interesante, y mirar mucho más con discriminación positiva eficaz a sus otras localidades que deben crecer hasta los 10.000 a 20.000 habitantes. 

Una población de 5.000 personas puede funcionar muy bien. Incluso poblaciones bastante menores pueden hacerlo. Pero debemos marcarnos retos de futuro más ambiciosos. No es estratégico marcarse los 5.000 habitantes como meta, aunque sea lo más sencillo de intentar.

Una población menor a los 10.000 habitantes tiene complicado mantener con calidad su propio instituto y una oferta educativa relativamente amplia; un centro de salud importante; supermercados y comercio especializado; hostelería; talleres y servicios profesionales; pequeñas y medianas empresas; administración pública de cercanía; instalaciones deportivas de variado servicio; una actividad cultural con asociaciones; cierta oferta de alquiler de vivienda; mercado laboral más diversificado y una vida social que no depende de desplazarse continuamente a otra ciudad.

En estos momentos, en Aragón, tenemos las siguientes poblaciones que hay que mirar, cuidar, reflexionar sobre ellas y sobre su papel en Aragón.

Sabiñánigo, Binéfar, Caspe, Tarazona, Jaca, Fraga, Alcañiz, Ejea, Barbastro y Monzón. Aquí no incluyo ni a Utebo ni a Cuarte por estar excesivamente pegados a la Zaragoza ciudad posiblemente en algún momento Metropolitana de Verdad.

Y tampoco a Huesca o Teruel que como capitales provinciales tienen sus propios destinos.

Y dejo fuera al no alcanzar los 10.000 a localidades que sí deben trabajar mucho mejor por ascender. Hablo de Zuera, La Almunia, Alagón, Andorra, Tauste, La Muela o Borja. De estas siete hay que esperar y diseñar políticas útiles de crecimiento, para llegar a los 10.000 habitantes lo más pronto posible.

Julio Puente

18.8.26

La escuela de Graneros y al barrio judío zaragozano

Plano del barrio judío de Zaragoza según Susana Lozano y Asunción Blasco


Para los viejos zaragozanos, el colegio de Concepción Arenal, uno de los Centros Públicos de Educación de Personas Adultas hasta no hace muchos años, es recordado todavía como el Colegio público de Graneros para niñas de la zona Centro de Zaragoza, al estar en la plaza San Carlos, junto al inicio del Coso Bajo. Mi madre y las mujeres de su familia, fueron allí a aprender a leer y escribir, cuando eran niñas, a principios del siglo XX.

Hay restos que todavía sobreviven 
en el actual edificio, y que corresponden al gran almudí o granero público municipal construido en el siglo XVII. El Ayuntamiento conserva el edificio precisamente por los elementos originales de aquel Almudí, y la documentación actual señala que estos grandes graneros abastecían a la ciudad y fueron trasladados a esta zona desde unas instalaciones anteriores próximas a la zona de Santo Domingo.

El uso escolar del antiguo edificio del Almudí o Graneros de Zaragoza comenzó en 1874. El propio Ayuntamiento de Zaragoza señala que los antiguos graneros municipales del siglo XVII albergaron desde 1874 las escuelas del Almudí, destinadas a niñas, y que mantuvieron ese uso educativo durante más de un siglo. El viejo Almudí había perdido ya su función tradicional como gran almacén municipal de cereales, y parte del enorme inmueble fue reaprovechado para usos públicos.

De aquellos inicios nos queda el recuerdo de la maestra Ana Mayayo Salvo, «Doña Anita», como directora desde el año 1913 del «Grupo Escolar Los Graneros». Mayayo había recibido una formación pedagógica bastante avanzada para la época. El Ayuntamiento confirma que dirigió Graneros desde 1913 hasta 1923, cuando pasó a dirigir la escuela aneja a la Normal de Maestras. Ana Mayayo, como directora de la Escuela de Graneros, defendía las excursiones escolares porque consideraba que favorecían en las niñas la capacidad de observación.

El colegio de Graneros no fue simplemente una escuela de primeras letras alojada precariamente en un edificio viejo. A principios del XX encontramos allí iniciativas relacionadas con las corrientes de renovación pedagógica de la época. Como anticipo a lo que es en la actualidad, hay datos que confirman que a principios del siglo XX ya existía una clase para enseñanza de mujeres adultas en la escuela de Graneros, y que esa clase fue trasladada a la escuela de la calle San Agustín durante el curso 1917-1918.

Este edificio en el barrio de los judíos zaragozanos formó parte de la zona más importante de esa historia zaragozana, junto a la Sinagoga Mayor, al hospital de los judíos, a su castillo y a su carnicería todo junto a lo que llamaban plaza de la Sinagoga. Tras la expulsión de los judíos todos aquellos edificios, toda la zona, se fue degradando. No parece que ese espacio en concreto fuera en aquella época los graneros de nadie, pero desconozco la función de aquel solar tan bien colocado en el barrio judío.

Toda esa zona, importantísima dentro del barrio judío de Zaragoza, tenía el llamado Castillo de los Judíos que era una de las grandes instituciones civiles de la aljama. Servía como cárcel propia de la comunidad judía, archivo de la aljama, elemento defensivo propio integrado en el sistema de la muralla, y muy probablemente símbolo material de la jurisdicción y autonomía de la comunidad judía en Zaragoza.

La documentación de finales del XV habla de hasta siete torres de piedra y lo sitúa junto a la Carnicería, al Coso y una plaza conocida significativamente como Plaza de la Judería o plaza del Castillo, muy posiblemente la actual Plaza de San Carlos. Todo aquello era pues el Centro de su propia ciudad dentro de Zaragoza.

Si nos imaginamos toda esa pequeña zona alrededor dela actual plaza de San Carlos y del colegio con el que comenzaba el texto, vemos que allí mismo estaban pegados la Sinagoga Mayor más el Castillo judío, el archivo de la comunidad y la cárcel, la Carnicería y matadero que era de alguna manera el mercado de alimentos pues tenía una plaza interior y varios locales de venta de carnes, el Talmud-Torah o las escuelas del judaísmo religioso y jurídico, el hospital con nueve camas y dos jergones de paja, los baños público y el mikvé como lugar para los baños rituales de agua fría y como baño para las mujeres, el horno y panadería unido a la alcaicería o zona de mercados de telas y mercancías un poco más alejado hacia la actual calle de la Verónica y todo junto además a las viviendas de familias acomodadas de aquella Zaragoza.

No era todo esto un simple barrio, ni una zona de menor importancia en aquella Zaragoza, pues se tienen datos de al menos cuatro sinagogas en la ciudad. Eso demuestra que la comunidad judía en Zaragoza era muy importante.

Aquel barrio cruzaba el Coso hacia la actual plaza de San Miguel y hasta la calle Heroísmo. Era una pequeña Zaragoza dentro de Zaragoza.

La reconstrucción actual de los judíos que vivían en Zaragoza calcula alrededor de entre 1.400 a 1.550 judíos en el año 1406 y documenta 460 hogares o fuegos en aquel 1492, justo antes de la expulsión. Tras las persecuciones del año 1391, Zaragoza había quedado convertida en una de las comunidades judías fundamentales de la Corona de Aragón tras la destrucción de otros barrios judías en otras localidades aragonesas.

Si nos basamos de los datos de aquel 1492 sobre población zaragozana, hablamos de una ciudad que se movía entre los 20.000 a 22.000 habitantes. Entonces en los censos se contaban Fuegos u Hogares y se habla en el año 1495 de unos 3969 a 3983 fuegos o unidades familiares. 

Con estos datos unidos a los que se tienen de aquellas fechas que de alguna manera rompen la convivencias entre los pocos musulmanes que quedaban, los cristianos y los judíos, podemos decir que el 85 a 87% de los hogares eran cristianos, sobre el 10 al 11% eran judíos y sobre un 3% eran todavía mudéjares declarados como musulmanes.

En el momento de la expulsión fueron inventariadas unas 460 viviendas pertenecientes a la comunidad judía zaragozana. El historiador Motis convierte ese barrio residencial en aproximadamente entre 1.840 a 2.070 personas y se afirma que Zaragoza poseía entonces la comunidad judía más numerosa de la Corona de Aragón.

También estos datos nos muestran la fuerte disminución histórica de la morería pues hacia el año 1300 había unas 202 casas musulmanas; que pasaron en 1369 a un descenso notable que las llevó a las 101, y en 1495 encontramos esos 120 fuegos.

Pero hay otro dato que debemos tener en cuenta. De ese 85% de cristianos, ya había en su interior bastantes familias convertidas y se calcula que sobre un 20% a un 25% de las familias judías de principios del siglo XV se convirtieron y se bautizaron, por temor a lo que ya se intuían.

Para una fecha concreta como ese teórico 1491, antes del decreto de expulsión de los judíos, podemos hablar de que Zaragoza tendría alrededor de 20.000 habitantes, de ellos unos 17.500 serían cristianos, alrededor de 2.000 judíos y unos 500 a 600 musulmanes, asumiendo que son cifras aproximadas pues no existe un censo de personas, sino de hogares.

Para tener una idea de los cambios de Zaragoza en aquellos siglos debemos conocer que los musulmanes (en su mayoría muladíes, población autóctona convertida al islam) en su máximo esplendor dentro de Zaragoza eran entre 20.000 y 23.000 personas que eran casi el 90% de la población de finales del siglo XI y entre un 8% de judíos. Y que los judíos en su máximo esplendor de la primera mitad del siglo XV serían unos 2.000, un 10% de la población total.

Da la sensación de que en pocos siglos la sociedad zaragozana cambió totalmente, pero dentro de estos datos hay un componente que nos puede llevar a la equivocación. No es cierto eso. La sociedad básica se adaptaba a las tensiones de las décadas. 

Había por ello muchos musulmanes que sus antepasados había sido cristianos, luego sucedió al revés, y entre la población judía sucedió algo similar, aunque en menos cantidad, con mezclas genealógicas y a veces culturales. 

Eran siglos en los que legalmente se era lo que se debía ser para sobrevivir en paz, pero culturalmente y a veces incluso religiosamente, se era lo que en parte habían sido tus antepasados, tus abuelos o bisabuelos. Las conversiones eran necesarias para sobrevivir, al menos económicamente.

Nota.: Del libro "La judería de Zaragoza, paso a paso" de Susana Lozano y Asunción Blasco, editado por el Ayuntamiento de Zaragoza, es el plano que os dejo arriba. Un trabajo excelente de estas investigadoras y que me sirve para entender mucho mejor todo lo que comento en el texto. El plano de abajo simplemente indico en qué posición estaba el barrio judío dentro de la totalidad de Zaragoza, para quien no sea de aquí.

Situación de la judería de Zaragoza dentro de la ciudad medieval