Un dato tremendamente ilógico del nuevo barrio de Montemolín como respeto al sentido urbano de la ciudad incluso, es el olvido durante décadas de que la entrada principal a un maravilloso edificio como el antiguo Matadero de Miguel Servet, fuera incluso mal utilizada desde los años 70 del siglo XX hasta estos principios de siglo XXI, pues debería haber sido siempre por Miguel Servet y no por el barrio de Las Fuentes, como se decidió desde las instancias políticas, al depender la mitad del barrio de Montemolín del de Las Fuentes cuando fue dividido administrativamente entre San José y este, y no tener Montemolín identidad propia que sepa administrar las lógicas utilizaciones de unos grupos de edificios que han visto crecer constantemente esperanzas en su uso y morir estas al poco tiempo, sin que nadie asista a su entierro.
Efectivamente se salva la biblioteca Ricardo Magdalena. Pero al depender todo el conjunto de edificios de la Junta Municipal de Las Fuentes, se decidió cambiar su orientación y uso, con una entrada que en su fundación era el culo de ese emblemático edificio, el lugar por el que transcurría la pequeña acequia que servía de basurero del Matadero, una acequia que los más mayores de la zona, recordarán con ratas del tamaño superior al de los gatos.
Un edificio de esta calidad debería haber servido desde el principio para muchos más usos de los actuales, y su avance en utilización ha venido siempre marcado por pasos atrás después de ideas a veces geniales que se han ido quedando en el cajón de los imposibles.
Incalculable sería enumerar las ciudades que añorarían un espacio tan maravilloso como este pare realizar actividades culturales en el centro de una ciudad. Podríamos nombrar a Madrid, pero hay decenas de ellas.
Recuerdan los vecinos organizados las reuniones extensas entre dirigentes políticos y vecinales en los años 80 para analizar posibles usos, para dotar de vida un edificio singular, surgiendo ideas muy interesantes que siempre fueron cayendo en el olvido. Algunas fracasaron antes de nacer.
Hemos visto de forma muy superficial en anteriores entradas por qué se forma Montemolín en este concreto lugar y no en otro. El porqué de su existencia. Pero como lógicamente habréis supuesto, esta zona existió desde siempre. No era un agujero en el espacio esperando a que montaran allí la hoy tristemente desecha y muy mal restaurada estación de Cappa, vergüenza de muchos urbanistas que gustan de su oficio.
Hablemos pues de su prehistoria, de las tierras que por debajo todavía perviven y saben de sus historias y sus cambios. Las gentes pasan, los edificios se transforman, pero los subsuelos siempre guardan los recuerdos rotos que les vamos dejando a modo de memoria.
El primer plano de Zaragoza analizado, en donde se ven retratadas las tierras de Montemolín, la zona sobre la que hoy se asienta nuestro barrio, data de 1712. Es la imagen que vemos al inicio de este texto.
Un edificio de esta calidad debería haber servido desde el principio para muchos más usos de los actuales, y su avance en utilización ha venido siempre marcado por pasos atrás después de ideas a veces geniales que se han ido quedando en el cajón de los imposibles.
Incalculable sería enumerar las ciudades que añorarían un espacio tan maravilloso como este pare realizar actividades culturales en el centro de una ciudad. Podríamos nombrar a Madrid, pero hay decenas de ellas.
Recuerdan los vecinos organizados las reuniones extensas entre dirigentes políticos y vecinales en los años 80 para analizar posibles usos, para dotar de vida un edificio singular, surgiendo ideas muy interesantes que siempre fueron cayendo en el olvido. Algunas fracasaron antes de nacer.
Hemos visto de forma muy superficial en anteriores entradas por qué se forma Montemolín en este concreto lugar y no en otro. El porqué de su existencia. Pero como lógicamente habréis supuesto, esta zona existió desde siempre. No era un agujero en el espacio esperando a que montaran allí la hoy tristemente desecha y muy mal restaurada estación de Cappa, vergüenza de muchos urbanistas que gustan de su oficio.
Hablemos pues de su prehistoria, de las tierras que por debajo todavía perviven y saben de sus historias y sus cambios. Las gentes pasan, los edificios se transforman, pero los subsuelos siempre guardan los recuerdos rotos que les vamos dejando a modo de memoria.
El primer plano de Zaragoza analizado, en donde se ven retratadas las tierras de Montemolín, la zona sobre la que hoy se asienta nuestro barrio, data de 1712. Es la imagen que vemos al inicio de este texto.
Es una imagen muy interesante de nuestra ciudad. Y es lo suficiente antigua para que veamos detenidamente las cosas y casas que ya no tenemos. Es una imagen de una ciudad hoy perdida por las guerras, tal vez por alguna desidia de algún gobernante que no supo o pudo conservar todos los símbolos. Y tal vez también por la vorágine especuladora de una ciudad con ganas de comerse no sólo a Aragón, si no muchas veces a sí misma.
En esta imagen de ciudad pequeña pero recogida, ya se ven algunas de las constantes que todavía marcan hoy el desarrollo de Zaragoza.
Existía Miguel Servet, la carretera o el camino más bien que los llevaba hacia La Cartuja. Existía el Camino de Cabaldos, entonces llamada Camino de los Almacenes, pues llevaba hacia los almacenes en donde se guardaba la pólvora de la ciudad. Existía la acequia de Las Adulas de la Huerva, que marcaba lo que sería después el Camino de Las Torres y el principio de Compromiso de Caspe hasta el cruce con Jorge Cocci, y existía también el Colegio de la Santísima Trinidad que después se convertiría en Penal, en el Cuartel de San José que tampoco existe hoy (indicado en el plano con un número 6) y en donde ahora sabemos ya que ha existido un cementerio que todavía en el año 2026 se sigue estudiando.
Y todo rodeado de inmensas parcelas de tierra cultivada, gran parte de ellas de regadío, organizadas a través de numerosas acequias pequeñas que partían de la acequia madre Las Adulas (Adulas = Ador, del árabe ad-dawr, turno de riego o de utilización de las aguas, que cada uno tenía para regar y que entregada la autoridad que gobernaba la comunidad regante).
Un punto interesante y curioso que ya existía desde hace al menos 300 años es el actual cruce de San José con Miguel Servet y la entrada de Las Fuentes. Ese cruce se formaba con un puente que existía para cruzar la acequia Las Adulas que daba entrada hacia el camino de La Cartuja y ya estaba en el mismo lugar en que hoy lo conocemos como cruce entre estas tres vías que dan sentido a tres barrios bien diferentes.
En este plano, y sólo en este por mucho se han analizado otros de ese mismo siglo con pocos años de diferencia, se ve un montículo en medio del camino de La Cartuja, a la altura de la actual calle Belchite y la Plaza Utrillas, que obligaba a convertir en dos el camino hacia el Bajo Aragón, bordeando a derecha e izquierda dicho pequeño monte. Imagino montículo porque si no me resulta difícil explicar tamaña obligación para bordear sólo en ese lugar los dos caminos que rodeaban ese “algo” indeterminado.
Partiendo de este plano, y trasladándonos todavía más atrás en la historia, deberíamos comenzar 2.500 años atrás para encontrar el primer signo que todavía se mantiene hoy, de una línea que daba salida a la ciudad prerromana.
Desde el siglo V a.d.C., existía un camino entre Salduie y la zona del Bajo Aragón actual, por la orilla derecha del Ebro, recorriendo en algunos tramos el actual trazado de la Carretera Castellón o Miguel Servet. Es decir, que la calle principal de Montemolín podemos sin ninguna duda decir que es al menos en algún tramo, un camino romano.
Tristemente hoy asistimos algo perplejos a que se haya cortado la salida final de “la calle” principal quedando mutilada por extrañas ordenaciones viales al final de su recorrido, rota por un tercer cinturón tal vez mal diseñado, a espaldas seguro de la historia de un barrio que ya no existe.
Con la construcción de Celsa (actual Velilla de Ebro) por los romanos en el año 44 a.d.C. en la orilla izquierda del Ebro y con el alzamiento de un puente que cruzaba el río hacia su margen derecha, se potenció este camino que los romanos, ya fundada Caesaraugusta entre los años 14 y 24 a.d.C (los historiadores no se ponen muy de acuerdo en la fecha en que se funda la colonia romana en nuestra ciudad), convirtieron en Vía Romana secundaria.
Esta Vía no está muy documentada ni citada en materiales antiguos, pero sí se han hallado restos que indican su existencia.
Unía Caesaraugusta con La Cabañeta (Burgo de Ebro) y La Corona (Quinto de Ebro) hasta Celsa. Una vez allí, se juntaba con la Vía Principal que venía desde Contrebia Balaisca (Botorrita), para continuar hasta Ilerda (Lérida) y de allí hasta la capital Tarraco (Tarragona).
Hay que tener en cuenta que este primer camino o vía secundaria que casi atravesaba nuestro actual barrio y convertido después de cruzar el Ebro por la zona de Celsa en Vía Principal, tuvo su gran importancia en esos siglos, pues fue anterior el puente de Celsa al de Caesaraugusta, siendo pues este camino el único que permitía unir la margen derecha e izquierda del río Ebro entre ciudades importantes de esta zona del Valle.
La ciudad romana de Celsa ocupaba un lugar estratégico fundamental en el valle medio del Ebro. Las fuentes arqueológicas y topográficas indican que controlaba un vado o paso natural del río. Se saber que tenía puerto fluvial, que estaba en una ruta clave entre el Mediterráneo y el interior de aquella Hispania, y dominaba una terraza elevada sobre el Ebro, muy posiblemente con un puente que algunos historiadores contemplan como de piedra.
Del paso o estancia de los ciudadanos romanos por nuestras cercanías da cuenta la necrópolis de la época encontrada en la calle de Nuestra Señora del Pueyo, en la entrada del barrio de Las Fuentes, junto a la plaza de la fuente con las señoras y los cántaros, y calificada (dicha necrópolis) como de las más extensas de las encontradas en nuestra ciudad.
Este gran cementerio de nacimiento romano y de una extensión estimada de unos 30.000 m2, se encontraba (se encuentra en el subsuelo todavía en gran medida pues solo hay documentados unos 230 enterramientos) bordeando la Vía que uniría nuestra ciudad con Celsa por el camino antes descrito, en las afueras de la ciudad. Este lugar se estuvo utilizando como cementerio hasta el siglo VI, existiendo diferentes tipos de enterramiento según las épocas, ya que además a veces las tumbas se reutilizaban para aprovechar mejor el espacio de este.
En esta imagen de ciudad pequeña pero recogida, ya se ven algunas de las constantes que todavía marcan hoy el desarrollo de Zaragoza.
Existía Miguel Servet, la carretera o el camino más bien que los llevaba hacia La Cartuja. Existía el Camino de Cabaldos, entonces llamada Camino de los Almacenes, pues llevaba hacia los almacenes en donde se guardaba la pólvora de la ciudad. Existía la acequia de Las Adulas de la Huerva, que marcaba lo que sería después el Camino de Las Torres y el principio de Compromiso de Caspe hasta el cruce con Jorge Cocci, y existía también el Colegio de la Santísima Trinidad que después se convertiría en Penal, en el Cuartel de San José que tampoco existe hoy (indicado en el plano con un número 6) y en donde ahora sabemos ya que ha existido un cementerio que todavía en el año 2026 se sigue estudiando.
Y todo rodeado de inmensas parcelas de tierra cultivada, gran parte de ellas de regadío, organizadas a través de numerosas acequias pequeñas que partían de la acequia madre Las Adulas (Adulas = Ador, del árabe ad-dawr, turno de riego o de utilización de las aguas, que cada uno tenía para regar y que entregada la autoridad que gobernaba la comunidad regante).
Un punto interesante y curioso que ya existía desde hace al menos 300 años es el actual cruce de San José con Miguel Servet y la entrada de Las Fuentes. Ese cruce se formaba con un puente que existía para cruzar la acequia Las Adulas que daba entrada hacia el camino de La Cartuja y ya estaba en el mismo lugar en que hoy lo conocemos como cruce entre estas tres vías que dan sentido a tres barrios bien diferentes.
En este plano, y sólo en este por mucho se han analizado otros de ese mismo siglo con pocos años de diferencia, se ve un montículo en medio del camino de La Cartuja, a la altura de la actual calle Belchite y la Plaza Utrillas, que obligaba a convertir en dos el camino hacia el Bajo Aragón, bordeando a derecha e izquierda dicho pequeño monte. Imagino montículo porque si no me resulta difícil explicar tamaña obligación para bordear sólo en ese lugar los dos caminos que rodeaban ese “algo” indeterminado.
Partiendo de este plano, y trasladándonos todavía más atrás en la historia, deberíamos comenzar 2.500 años atrás para encontrar el primer signo que todavía se mantiene hoy, de una línea que daba salida a la ciudad prerromana.
Desde el siglo V a.d.C., existía un camino entre Salduie y la zona del Bajo Aragón actual, por la orilla derecha del Ebro, recorriendo en algunos tramos el actual trazado de la Carretera Castellón o Miguel Servet. Es decir, que la calle principal de Montemolín podemos sin ninguna duda decir que es al menos en algún tramo, un camino romano.
Tristemente hoy asistimos algo perplejos a que se haya cortado la salida final de “la calle” principal quedando mutilada por extrañas ordenaciones viales al final de su recorrido, rota por un tercer cinturón tal vez mal diseñado, a espaldas seguro de la historia de un barrio que ya no existe.
Con la construcción de Celsa (actual Velilla de Ebro) por los romanos en el año 44 a.d.C. en la orilla izquierda del Ebro y con el alzamiento de un puente que cruzaba el río hacia su margen derecha, se potenció este camino que los romanos, ya fundada Caesaraugusta entre los años 14 y 24 a.d.C (los historiadores no se ponen muy de acuerdo en la fecha en que se funda la colonia romana en nuestra ciudad), convirtieron en Vía Romana secundaria.
Esta Vía no está muy documentada ni citada en materiales antiguos, pero sí se han hallado restos que indican su existencia.
Unía Caesaraugusta con La Cabañeta (Burgo de Ebro) y La Corona (Quinto de Ebro) hasta Celsa. Una vez allí, se juntaba con la Vía Principal que venía desde Contrebia Balaisca (Botorrita), para continuar hasta Ilerda (Lérida) y de allí hasta la capital Tarraco (Tarragona).
Hay que tener en cuenta que este primer camino o vía secundaria que casi atravesaba nuestro actual barrio y convertido después de cruzar el Ebro por la zona de Celsa en Vía Principal, tuvo su gran importancia en esos siglos, pues fue anterior el puente de Celsa al de Caesaraugusta, siendo pues este camino el único que permitía unir la margen derecha e izquierda del río Ebro entre ciudades importantes de esta zona del Valle.
La ciudad romana de Celsa ocupaba un lugar estratégico fundamental en el valle medio del Ebro. Las fuentes arqueológicas y topográficas indican que controlaba un vado o paso natural del río. Se saber que tenía puerto fluvial, que estaba en una ruta clave entre el Mediterráneo y el interior de aquella Hispania, y dominaba una terraza elevada sobre el Ebro, muy posiblemente con un puente que algunos historiadores contemplan como de piedra.
Del paso o estancia de los ciudadanos romanos por nuestras cercanías da cuenta la necrópolis de la época encontrada en la calle de Nuestra Señora del Pueyo, en la entrada del barrio de Las Fuentes, junto a la plaza de la fuente con las señoras y los cántaros, y calificada (dicha necrópolis) como de las más extensas de las encontradas en nuestra ciudad.
Este gran cementerio de nacimiento romano y de una extensión estimada de unos 30.000 m2, se encontraba (se encuentra en el subsuelo todavía en gran medida pues solo hay documentados unos 230 enterramientos) bordeando la Vía que uniría nuestra ciudad con Celsa por el camino antes descrito, en las afueras de la ciudad. Este lugar se estuvo utilizando como cementerio hasta el siglo VI, existiendo diferentes tipos de enterramiento según las épocas, ya que además a veces las tumbas se reutilizaban para aprovechar mejor el espacio de este.
Julio Puente

