18.8.26

La escuela de Graneros y al barrio judío zaragozano


Para los viejos zaragozanos, el colegio de Concepción Arenal, uno de los Centros Públicos de Educación de Personas Adultas hasta no hace muchos años, es recordado todavía como el Colegio público de Graneros para niñas de la zona Centro de Zaragoza, al estar en la plaza San Carlos, junto al inicio del Coso Bajo. Mi madre y las mujeres de su familia, fueron allí a aprender a leer y escribir, cuando eran niñas, a principios del siglo XX.

Hay restos que todavía sobreviven 
en el actual edificio, y que corresponden al gran almudí o granero público municipal construido en el siglo XVII. El Ayuntamiento conserva el edificio precisamente por los elementos originales de aquel Almudí, y la documentación actual señala que estos grandes graneros abastecían a la ciudad y fueron trasladados a esta zona desde unas instalaciones anteriores próximas a la zona de Santo Domingo.

El uso escolar del antiguo edificio del Almudí o Graneros de Zaragoza comenzó en 1874. El propio Ayuntamiento de Zaragoza señala que los antiguos graneros municipales del siglo XVII albergaron desde 1874 las escuelas del Almudí, destinadas a niñas, y que mantuvieron ese uso educativo durante más de un siglo. El viejo Almudí había perdido ya su función tradicional como gran almacén municipal de cereales, y parte del enorme inmueble fue reaprovechado para usos públicos.

De aquellos inicios nos queda el recuerdo de la maestra Ana Mayayo Salvo, «Doña Anita», como directora desde el año 1913 del «Grupo Escolar Los Graneros». Mayayo había recibido una formación pedagógica bastante avanzada para la época. El Ayuntamiento confirma que dirigió Graneros desde 1913 hasta 1923, cuando pasó a dirigir la escuela aneja a la Normal de Maestras. Ana Mayayo, como directora de la Escuela de Graneros, defendía las excursiones escolares porque consideraba que favorecían en las niñas la capacidad de observación.

El colegio de Graneros no fue simplemente una escuela de primeras letras alojada precariamente en un edificio viejo. A principios del XX encontramos allí iniciativas relacionadas con las corrientes de renovación pedagógica de la época. Como anticipo a lo que es en la actualidad, hay datos que confirman que a principios del siglo XX ya existía una clase para enseñanza de mujeres adultas en la escuela de Graneros, y que esa clase fue trasladada a la escuela de la calle San Agustín durante el curso 1917-1918.

Este edificio en el barrio de los judíos zaragozanos formó parte de la zona más importante de esa historia zaragozana, junto a la Sinagoga Mayor, al hospital de los judíos, a su castillo y a su carnicería todo junto a lo que llamaban plaza de la Sinagoga. Tras la expulsión de los judíos todos aquellos edificios, toda la zona, se fue degradando. No parece que ese espacio en concreto fuera en aquella época los graneros de nadie, pero desconozco la función de aquel solar tan bien colocado en el barrio judío.

Toda esa zona, importantísima dentro del barrio judío de Zaragoza, tenía el llamado Castillo de los Judíos que era una de las grandes instituciones civiles de la aljama. Servía como cárcel propia de la comunidad judía, archivo de la aljama, elemento defensivo propio integrado en el sistema de la muralla, y muy probablemente símbolo material de la jurisdicción y autonomía de la comunidad judía en Zaragoza.

La documentación de finales del XV habla de hasta siete torres de piedra y lo sitúa junto a la Carnicería, al Coso y una plaza conocida significativamente como Plaza de la Judería o plaza del Castillo, muy posiblemente la actual Plaza de San Carlos. Todo aquello era pues el Centro de su propia ciudad dentro de Zaragoza.

Si nos imaginamos toda esa pequeña zona alrededor dela actual plaza de San Carlos y del colegio con el que comenzaba el texto, vemos que allí mismo estaban pegados la Sinagoga Mayor más el Castillo judío, el archivo de la comunidad y la cárcel, la Carnicería y matadero que era de alguna manera el mercado de alimentos pues tenía una plaza interior y varios locales de venta de carnes, el Talmud-Torah o las escuelas del judaísmo religioso y jurídico, el hospital con nueve camas y dos jergones de paja, los baños público y el mikvé como lugar para los baños rituales de agua fría y como baño para las mujeres, el horno y panadería unido a la alcaicería o zona de mercados de telas y mercancías un poco más alejado hacia la actual calle de la Verónica y todo junto además a las viviendas de familias acomodadas de aquella Zaragoza.

No era todo esto un simple barrio, ni una zona de menor importancia en aquella Zaragoza, pues se tienen datos de al menos cuatro sinagogas en la ciudad. Eso demuestra que la comunidad judía en Zaragoza era muy importante.

Aquel barrio cruzaba el Coso hacia la actual plaza de San Miguel y hasta la calle Heroísmo. Era una pequeña Zaragoza dentro de Zaragoza.

La reconstrucción actual de los judíos que vivían en Zaragoza calcula alrededor de entre 1.400 a 1.550 judíos en el año 1406 y documenta 460 hogares o fuegos en aquel 1492, justo antes de la expulsión. Tras las persecuciones del año 1391, Zaragoza había quedado convertida en una de las comunidades judías fundamentales de la Corona de Aragón tras la destrucción de otros barrios judías en otras localidades aragonesas.

Si nos basamos de los datos de aquel 1492 sobre población zaragozana, hablamos de una ciudad que se movía entre los 20.000 a 22.000 habitantes. Entonces en los censos se contaban Fuegos u Hogares y se habla en el año 1495 de unos 3969 a 3983 fuegos o unidades familiares. 

Con estos datos unidos a los que se tienen de aquellas fechas que de alguna manera rompen la convivencias entre los pocos musulmanes que quedaban, los cristianos y los judíos, podemos decir que el 85 a 87% de los hogares eran cristianos, sobre el 10 al 11% eran judíos y sobre un 3% eran todavía mudéjares declarados como musulmanes.

En el momento de la expulsión fueron inventariadas unas 460 viviendas pertenecientes a la comunidad judía zaragozana. El historiador Motis convierte ese barrio residencial en aproximadamente entre 1.840 a 2.070 personas y se afirma que Zaragoza poseía entonces la comunidad judía más numerosa de la Corona de Aragón.

También estos datos nos muestran la fuerte disminución histórica de la morería pues hacia el año 1300 había unas 202 casas musulmanas; que pasaron en 1369 a un descenso notable que las llevó a las 101, y en 1495 encontramos esos 120 fuegos.

Pero hay otro dato que debemos tener en cuenta. De ese 85% de cristianos, ya había en su interior bastantes familias convertidas y se calcula que sobre un 20% a un 25% de las familias judías de principios del siglo XV se convirtieron y se bautizaron, por temor a lo que ya se intuían.

Para una fecha concreta como ese teórico 1491, antes del decreto de expulsión de los judíos, podemos hablar de que Zaragoza tendría alrededor de 20.000 habitantes, de ellos unos 17.500 serían cristianos, alrededor de 2.000 judíos y unos 500 a 600 musulmanes, asumiendo que son cifras aproximadas pues no existe un censo de personas, sino de hogares.

Para tener una idea de los cambios de Zaragoza en aquellos siglos debemos conocer que los musulmanes (en su mayoría muladíes, población autóctona convertida al islam) en su máximo esplendor dentro de Zaragoza eran entre 20.000 y 23.000 personas que eran casi el 90% de la población de finales del siglo XI y entre un 8% de judíos. Y que los judíos en su máximo esplendor de la primera mitad del siglo XV serían unos 2.000, un 10% de la población total.

Da la sensación de que en pocos siglos la sociedad zaragozana cambió totalmente, pero dentro de estos datos hay un componente que nos puede llevar a la equivocación. No es cierto eso. La sociedad básica se adaptaba a las tensiones de las décadas. 

Había por ello muchos musulmanes que sus antepasados había sido cristianos, luego sucedió al revés, y entre la población judía sucedió algo similar, aunque en menos cantidad, con mezclas genealógicas y a veces culturales. 

Eran siglos en los que legalmente se era lo que se debía ser para sobrevivir en paz, pero culturalmente y a veces incluso religiosamente, se era lo que en parte habían sido tus antepasados, tus abuelos o bisabuelos. Las conversiones eran necesarias para sobrevivir, al menos económicamente.

Nota.: Del libro "La judería de Zaragoza, paso a paso" de Susana Lozano y Asunción Blasco, editado por el Ayuntamiento de Zaragoza, es el plano que os dejo arriba. Un trabajo excelente de estas investigadoras y que me sirve para entender mucho mejor todo lo que comento en el texto. El plano de abajo simplemente indico en qué posición estaba el barrio judío dentro de la totalidad de Zaragoza, para quien no sea de aquí.







17.8.26

Botaya, Día 1 Románico en Aragón


Betés, Ara, Casasús, Torrijos son mis apellidos pares. Vienen de Botaya, Atarés, Bailo y Villarreal de la Canal. Menos uno, todos han sido evacuados la última semana. A un paso de Jaca pasó, y a otro paso de Jaca dejó de pasar.

En el último, suspendieron las fiestas de la Virgen, cenaron sin sus tractoristas y hoy barren y levantan ceniza. Es la segunda vez, porque por un golpe de suerte no se nos clavó el incendio de Cinco Villas en los Pintanos y Bagües o Larués, y serían dos evacuaciones ya.

Solo quiero poner frases juntas, no quiero hacer juicios sobre tajos de obras que meten subcontratistas con personal del “poco arraigado”, que quiere decir busco mano de obra como sea que no ha hecho ni un curso de seguridad y salud, no. No me parece el momento de los chivos expiatorios ni de mirar al Gobierno de Aragón. Maquinaria pesada deja recta la carretera de Santa Bárbara, después desbroza cien metros alrededor de los pueblos y, finalmente, si cae una tronada, patina, se hunde y muere alguien como una croqueta pisada porque vulcan (o dan pintacoda, por debajo de Ayerbe se dice volcar creo).

Ya ha salido Alejandro Jaca a daros las pertinentes explicaciones, en un tono mesurado, como afectado y multi reincidente en el acto de salvar cada cinco años una vez su patrimonio, las granjas y las segundas residencias de Bailo. Porque pocos pueden vivir y cada vez les echamos más responsabilidad, porque la panadería de su municipio cierra y la tienda de mi pueblo. Así como vamos a hablar de gestionar unos montes como la provincia de Guipúzcoa. Y después está que siempre se ha quemado…

Mi abuelo Betés con muchos del contorno vivían en verano en las bordas, mi madre le llevaba la comida como si fuera una niña etíope ayer y sin móvil, una vez a la semana. Con el can de chira, diez kilómetros arriba por donde se ha quemau. Al menor rayo seco los pastores apagaban, como pasó en Artieda el sábado. Vieron caer el rayo, subieron y se quemaron 40 pinos. El mismo día que el fuego cercaba Santa Cruz.

Es menester empezar a agradecer a su alcaldesa su intervención viral, pero no se vio detrás al resto de los alcaldes de mi comarca. ¿Hubiera hecho más fuerza para que el Gobierno de Aragón hubiese llamado antes a cien bigardos franceses y sus medios aerotransportados?

Aun hoy asisto desde la atalaya que es Berdún a la bella maniobra de los hidroaviones cargando para repostar. Planean sobrevolando el abandonado y antes fundamental para la historia aragonesa lugar de Ruesta, cargan la panza en el ancho pantano de Yesa (la misma maniobra en La Peña no es posible) y en el mismo viaje giran para sobrevolar la falda de Leyre por el también abandonado lugar de Esco, en Sigüés van altos y cruzan la Canal norte para salvar Oroel, a la sombra del monte Oroel (himno de Chaca). Y con él que por Abena y la Guarguera no le pase el incendio a Canciás porque hoy se pondrá a 37 grados y Fiscal sur y sus tejos. En total, casi cien kilómetros de oeste a este con un parque de unos 20 agricultores y tractores activos.

La Canal resiste en la agricultura, chesos y ansotanos bajaron con motosierras como en Apocalipsis Now y, gracias a la contribución vecinal, han ido comiendo y bebiendo sin llevar una libreta de gastos como yo cuando iba a la panadería en los años 70, de las que se pagaba cuando se cobraba la cosecha como dizque hará el Gobierno de Aragón.

Más allá de los cuarenta días de bochorno y las explicaciones generales como los corta y pega de los proyectos de los ingenieros, los cortafuegos se han hecho únicamente en propiedad privada. Para tocar un barranco que es por donde suben las llamaradas, quemar una parte de monte para pastos que se hacía en invierno o generar prados en mitad de os mons, en este momento se necesita un proyecto y esperar.

Donde no queden ganaderos y perdida la tradición de ese peculiar modo de estar en el mundo solo, sin fines de semana y sacrificados, difícil será reimplantarlos. Si los críos de Sabi del Instituto dicen no a ofertas de trabajo de controlar las presas de Tena porque lo primero que preguntan es si se trabaja el fin de semana, calculemos reactivar escuelas de pastoras.

Donde sí queden, según los que queden, se podría plantear aunque tengan una media de 55 años que se pongan más ovejas y sobre todo cabras. Sucede que si pasan de determinado número también necesitarán proyecto, serán peligro ambiental a debatirse e informarse, les caerá el peso de los informes de todo dios y la autorización cuando llegue, calculo que ya cuando tengan 58, se dictará en el tercer incendio sobre el mismo món.

Luego está la PAC, cómo se pasó de pagarla por kilos a pagarla por hectárea. Cómo fondos de inversión, aristócratas, futbolistas y cantautores se compraron fincas y viñas (las ovejitas de Carmen Sevilla). Entonces ya convino pagar por arañar hasta en el desierto de Mediana o de Bardenas, con todos los respetos para los no productores. En vez de invertir ese dinero en ganadería sostenible y en el uso de los montes.

Todo está y estará en perdición. Creo, y no estará mal probarlo, que la recuperación de los montes de Madrid, Ayuso la gestionará por concesión, pasará de la gestión directa y las huelgas de las cuadrillas forestales en pleno verano. Es decir, habrá ganancia de pescadores a montes abandonados y quemados que ya veremos dentro de un tiempo. Igual que reforzamiento de cuadrillas a las que no se les exigirá trabajar en invierno y contratos de emergencia, qué gran oportunidad, para reforestar.

Entre tanto, se seguirá como dijo Fe de Santa Cruz sin preguntar, se vivirán momentos espeluznantes como en pleno incendio recordarle a un cheso un forestal que no se podía llevar ni una rama de las que estaba salvando por lay. Mientras la voluntariosa UME pedía que siguieran cortando de abajo arriba.

Esta entrada producto de la brasa interior, deberá continuar como en la DANA de Valencia, una por mes, según las reacciones y con el nombre de cada pueblo.

Los Ara nos reuníamos una vez al año en el árbol de Botaya de la campa de San Indalecio a comer en las fiestas de la tercera semana de agosto. No lo puedo escribir en presente ni más allá de hacer una fiesta de agradecimiento a los voluntarios, tendremos ganas de volver a subir hasta que pasen cincuenta años y rebroten los robles.

17.08 Luis Iribarren