Las Fiestas del Pilar de 1934, celebradas oficialmente del 11 al 18 de octubre, en plana República y sin que la sociedad aragonesa sospechara que quedaba poco más de un año para que se desencadenara el Golpe de Estado Militar que acabó en muchos muertos, combinaron los tradicionales cultos religiosos y festejos taurinos con importantes novedades de carácter económico y popular.
También funcionó un concurrido recinto ferial, donde sobresalió la atracción denominada El Látigo.
De todos ellos, considero que los dos acontecimientos verdaderamente excepcionales de 1934 fueron la primera Feria Regional de Muestras y la fiesta náutica del Canal Imperial. Los demás pertenecían, con variaciones, a la estructura habitual de las fiestas zaragozanas de aquella época.
La gran novedad institucional de aquel Pilar, la Feria Regional de Muestras se instaló en la Lonja, ampliándose por sus jardines traseros que existían hacia el Ebro y por una parte del entonces paseo del Ebro. Aunque estaba anunciada del 5 al 20 de octubre, la inauguración solemne tuvo lugar el 10 de octubre al no poderse tener todo preparado para la fecha.
Participaron empresas, industrias y productores aragoneses, se construyeron puestos interiores y exteriores para las demostraciones, hubo servicio de bar y conciertos de la Banda Municipal. Su éxito llevó a repetirse una año después, en 1935 y terminó siendo un antecedente directo de la futura Feria de Muestras de Zaragoza. No era una atracción festiva en sentido estricto, pero debió ser uno de los acontecimientos más importantes y concurridos de aquellos días.
El Certamen Oficial de Jota, ya en aquel 1934 con mucha solera pues fue creado en 1894, volvió a formar parte de las fiestas del Pilar de 1935. He podido confirmar al menos el resultado del concurso de baile: Tomasa —Tomasica— Numancia, que tenía entonces unos once años, y que ganó en 1934 formando pareja con Jesús Abadías. Ya había ganado las dos ediciones anteriores junto al bailarín que hacía de pareja masculina, Miguel Valdovín.
La Fiesta náutica y con homenaje a Ramón Pignatelli fue probablemente el festejo popular más original de aquel 1934. Se organizó una gran cabalgata o desfile fluvial por el Canal Imperial de Aragón, como homenaje a Ramón Pignatelli, de cuyo nacimiento se cumplían doscientos años.
Por el Canal descendieron barcazas engalanadas que representaban a los barrios de Zaragoza, otras reflejando a los pueblos y comarcas aragonesas, y llevando productos agrícolas y frutos de Aragón.
El público se concentró masivamente en las orillas y arrojó confeti sobre las embarcaciones. Dos aeroplanos sobrevolaron el Canal durante el desfile. La historia oficial de las fiestas destaca expresamente este festejo como una de las singularidades de 1934. La fecha de aquel desfile tiene alguna duda pues se habla del 14 de octubre de 1934 pero en alguna otra publicación se dice que fue el 15 de octubre.
Durante las Fiestas del Pilar de aquel 1934, el recinto de la Feria de barracas y atracciones estuvo instalado en la Gran Vía de Zaragoza, como venía ocurriendo durante los años treinta. Probablemente se aprovechaban los espacios aún sin urbanizar del nuevo ensanche que nacía desde la plaza de Basilio Paraíso, es decir por la zona de la Gran Vía hasta la Avenida de Goya actual.