Mostrando entradas con la etiqueta Mapas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mapas. Mostrar todas las entradas

5.8.26

Parroquia de San Pablo o del Gancho, de Zaragoza

La red de calles prácticamente reticular, del Gancho de Zaragoza se halla relacionada con el diseño similar en de otras poblaciones, al tratarse de la primera extensión planificada de las ciudades romanas o medievales intramuros.

La imagen que vemos arriba está sacada de un plano de Zaragoza del año 1734, titulado "Vista de la ciudad de Zaragoza por el septentrión".



Decimos planificada puesto que todos recordamos cómo surgió en el subsuelo del Paseo de la Independencia un desarrollo al sur de la puerta Cinegia, parte de la Morería de Zaragoza; por que se ha conservado su trazado medieval cómo la Calle San Miguel y está jalonada en su tramo este por una red de callizos o bocacalles excesivamente estrechos por suponer la ampliación de la judería más allá del Coso o cursum entonces amurallado.

Como también advertimos la importancia y rareza de la iglesia de Santa Engracia —hoy rodeada de notables edificios historicistas y neomudéjares, pero que fue monasterio y centro de un importantísimo foco cultural alto medieval, el Barrio Mozárabe de Saraqusta—.

El barrio de San Pablo y su urbanización fue una decisión administrativa de sucesivos reyes de Aragón tras iniciativa de Alfonso I, como también la promoción de la catedral de Tarazona en su huerta, la extensión de Huesca de la parroquia de San Lorenzo que sí mira al mediodía hacia Zaragoza o la población de Jaca del Burnao, en la dirección por la Canal de Berdún a Campus Stellae, que machacó Tiburcio Spannocchi por motivos militares para levantar en su solar y cara más expuesta de la primera capital aragonesa su Ciudadela. 

De la importancia mercantil anterior del Burnao solo queda el puente de San Miguel, al que denomino el puente de Mostar aragonés.

Fuera de Aragón, Pamplona y Logroño se estiraron en los barrios de San Cernin y población nueva o mediante calles paralelas hasta la Redonda de forma semejante y con ordenanzas edificatorias que hacen que todos los solares tengan semejante anchura y fondo de fachadas para levantar viviendas en que corra el aire.

Desde Huesca se alerta al actual Gobierno de Aragón sobre que decide una planificación de Zaragoza orientada a Castilla. Eso no es nuevo, el pasillo entre el palacio residencial taifal y zoco medieval —actual Plaza Lanuza— y la Aljafería, ya con una notable actividad económica al tratarse de un paseo real, fue reforzado. Tratándose de la salida oeste de la ciudad romana, la puerta de Toledo que no en vano dirigía hacia la primera capital de la España visigoda.

Vayamos con las particularidades del callejero del barrio del Gancho que recogen en parte su historia y en el que inicialmente los Aragón establecieron francos atraídos para repoblar con cristianos Saraqusta —que quedan con tanta abundancia en Aragón como Gascón, Gastón, los terminados en c como Albiac, Moncayola, Pallarés, Bearnés, Franco y Francés el del restaurante del barrio—, en adición a las familias de los gremios de los mercaderes del mercado y artesanos diversos. 

Tras promoverse la plaza de Toros en el Portillo, las fondas y residencias de los muletillas, banderilleros y picadores zaragozanos cuando las cuadrillas de los toreros no se podía pagar que viajasen. También el de excelentes joteros y voces, por todos las de Cecilio Navarro Subias y Santiago Auserón. Todos ellos fueron, con Cervantes incluso, la fauna de ese zoo que debió ser La Posada de las Almas.

Calles dedicadas a ilustrados de las cortes de Carlos III y Carlos IV, miembros de la Real Sociedad Aragonesa de Amigos del País: las de Ramón Pignatelli –que repite en la forma italiana, pues perteneció a una nobilísima rama de familia napolitana- de Vía Pignatelli que designa la calle del malecón del Canal Imperial en Torrero, en fenómeno único en el mundo para incrédulos- y a Pedro Pablo Abarca de Bolea (el oscense de Siétamo Conde de Aranda que rigió Castilla como condestable hoy cuestión impensable). 

La primera es el bastión sur de la población del Gancho y la segunda que arranca con las Escuelas Pías es una calle nueva, pues se trata del ensanchamiento viario higienista de la Calle del Portillo ejecutada según el Plan General Urbanístico de Yarza.

Se trata por consiguiente de la vía renovada promovida en Zaragoza siguiente al ensanche de la mítica Calle Alfonso que no era el cardo de la ciudad romana. Ello dentro del proceso conocido como hausmannización a finales del siglo XIX originado en París con un triple propósito: mejorar la penetración de fuerzas del orden y tranvías a los cascos históricos, promover viviendas ventiladas de corte modernista o racionalista con bajos que la convirtieron en el principal foco de nuevo comercio en los años 40.

Quedan algunos exponentes de todo aquello para dar perspectivas monumentales o para permitir un mejor acceso a las estaciones férreas que así con ese carácter se concibieron, en este caso al Portillo y al Castillo de la Aljafería

Hoy la conocemos como Avenida Marrakesh de forma popular por su ambiente de tarde noche, sus comercios impulsados por magrebíes y su ajardinamiento con bellas palmeras.

En el arranque citado, en las inmediaciones del tranvía que ocupa el espacio abierto de la Calle César Augusto que motivó en los años 70 la demolición de la manzana que conformaron las calles Azoque y Escuelas Pías, permutada por el aprovechamiento del rascacielos de Plaza Salamero cuya incongruencia urbanística puede que así se entienda, la Asociación de Comerciantes del sector donó a la ciudad en 2007 un notable busto del Conde de Aranda, principal político aragonés de todos los tiempos y antecedente de un testigo u obra que solo se llenó de forma coral por Andalán y la actual autonomía aragonesa. 

Todos deudores de la familia de los Luna, Hernando de Aragón y los monarcas de la Casa.

Aranda recuperó el pulso de la ciudad capital de la Corona, sede principesca musulmana y capital de la lana y huerta aragonesas que nos legó los espléndidos palacios renacentistas de los que los que disfrutamos son la punta del iceberg. Allí queda eso que ningún molino de viento podrá tapar con su presencia.

La calle Azoque presenta una toponomía inequívoca, pues la calle central histórica de la Morería se viene llamando al-suq: la de los mercadillos tradicionales próximos a los de abastos.

El Mercado Central de Félix Navarro, icónico edificio de los primeros en España de estructura metálica para uso civil –comparte podio con la Estación de Atocha y el Puente Colgante del Nervión, nada menos- ocupa por él mismo y constituye la Plaza Lanuza. 

Dedicada al último Justicia conmemorado porque en el remate oeste de la Calle Manifestación –por la que se manifestaban los acogidos a su privilegio- se hallaba una cárcel al parecer especial por más humana.

Cárcel menos arbitraria en su reglamento que la de la Inquisición, y allí dolía el dedo gordo dominico, formó parte de ese conjunto de preciadas instituciones que prestigiamos menos que al Zaragoza de los zaraguayos, superiores en calidad de derecho natural incluso de las de la reconocida sociedad inglesa medieval, florecidas especialmente en la Baja Edad Media en que la Corona tuvo una preclara influencia franciscana.

Ojo con la impactante alineación compuesta por lonjas, el Justicia, Cortes itinerantes generalmente con capital en Monzón, compromisos y concordias, el principio del derecho: hay que estar a la palabra dada, el usufructo vidual, las letras de cambio catalanas y consejos del ciento municipales, las atarazanas, los representantes del Consulado del Mar en todo el Mediterráneo, los fueros de villas en que ser libres exportados a Castilla, la Universidad Sertoriana de Huesca siempre abierta al talento, los crismones y claustros especiales afinando el románico francés…- . 

No sabiéndose muy bien si Aragón ha tenido siempre vocación afrancesada o ha dotado al Mediodía de Francia de una época de convivencia y libertad de comercio que influyó finalmente a los Capetos y Borbones.

Debemos reseñar que el primer mercado zaragozano se formaba en la actual plaza España, puerta Cinegia, y fue trasladado a la salida este en la Baja Edad Media. 

Esta zona de la ciudad, hoy tan bien comunicada por tranvía, ha sido desde entonces riñón de Zaragoza y todo Aragón, eliminando los ácidos derivados del clasismo del resto de la ciudad. En su feliz emplazamiento cercano a los vientos y aguas purificadoras del río cercano a la Zuda: que se refiere a un palacio en torreón para el gobierno y con función recaudatoria por cobrarse en ellos regalías (Torre del Oro en Sevilla) dentro de las alcazabas y nombre entonces no congruente que toma el entero castillo de Borja.

El Gancho dedica nombre a San Blas y San Pablo, primeras parroquias de la población. La segunda aún existente es una poderosa iglesia rematada en su chapitel por un gancho y de estilo gótico-mudéjar. 

Según su estampa y porque te la puedes imaginar en Isfahán o Samarcanda parecería que es una iglesia que sustituye a una mezquita previa pero por las razones históricas expuestas no fue el caso, sino un edificio de nueva planta en el que he pasado de los mejores momentos de mi vida oyendo música cada mes de noviembre. Más que la bella torre octogonal, pariente de la de Utebo, por la sorpresa que me causó su limpieza y restauración siempre me detengo en su puerta norte o de la Tramontana, con esculturas de alabastro.

Asimismo en el barrio, plaza del cineasta José María Forqué, hallamos asentada la estatua dedicada al general José de Palafox a caballo, de fecha reciente del escultor Ignacio Rodríguez, con el lema inmortalizado en los Episodios Nacionales de Galdós, coreado en la Romareda: “Zaragoza nunca se rinde”

Muy liberal tercer hijo de los marqueses de Lazán, lo contaríamos entre los ilustrados aragoneses pero sobresalió ampliamente en el episodio de la Guerra de la Independencia.

Como sucede con los personajes de las vías dedicadas a Agustina Saragossa –de Aragón después, pero con origen en Terra Ferma-, el organizador de la guerrilla de San Pablo José Zamoray, el cura genovés pero criado en Daroca: Boggiero Spotorno, el de la cruz del Puente de Piedra, Casta Álvarez y Mariano Cerezo.

Siendo que la calle Las Armas repleta de hermosos edificios, que contiene bello palacio-caserón aragonés hoy sede de la Escuela de Música municipal y que da acceso a la mejor tras la manzana de San Bruno, promoción de la Sociedad de la Vivienda zaragozana –el Espacio, teatro y promoción de viviendas de Aguerri Arquitectos- recibe su nombre a ser solaz y sede de los artesanos productores de los afamados arcabuces, lanzas y alabardas creados en la Zaragoza medieval –ya dijimos que la calle Cuchilleros constituía un tramo en el no muy lejano cardo romano-.

La calle perpendicular a la misma de los Aguadores, prolongación de la calle Cerezo que también recibiría su nombre, es una incisión o callizo norte sur que daba acceso al río para portar su agua al barrio por la actual bajada de la calle Postigo del Ebro, que hoy muere en Echegaray y Caballero, de las pocas vías españolas dedicadas a dos personas distintas, dramaturgo y músico, y en su apertura como malecón recibió la primigenia denominación de calle Alfonso I.

Dejo para el final la calle más querida por mí de todo este entorno, por la que deambulaba en mi época universitaria para ver teatro en la plaza Santo Domingo –Teatro del Mercado, rehabilitación del primer mercado de pescados de la ciudad de 1928 proyectado por Navarro Pérez hijo y que fue trasladado en los años 70 a bello emplazamiento de la Avenida de Navarra-. Me refiero a la Calle Predicadores, monumental y especial.

Aún lo es pues hoy se emplaza en la misma el Albergue de la ciudad con su cava para conciertos, pero en los años 80 y 90 albergó la galería de primer cafés y clubes por donde más me gustaba salir, el Ibiza y tantos otros, en los que se coincidía y terminaba la noche con los músicos y actores que actuaban en el teatro y llegué a conocer a Antón Reixa o a Javier Krahe.

La calle Predicadores es el flanco septentrional de la Población del Gancho, paralela al río Ebro y recibe su nombre porque al final de la misma se encontraba el monasterio de la orden de Predicadores o dominicos, que había fundado Jaime I en 1219 en el mismo lugar donde había predicado Santo Domingo de Guzmán de paso por la ciudad. 


El plano que vemos arriba es el denominado Gironza, del año 1853.

En esa época la calle era un mero camino entre huertos con numerosas torres agrícolas, pero poco a poco la fisonomía de la zona fue cambiando y fue en la Baja Edad Media, en el siglo XV, cuando devino la principal área residencial de la ciudad y se establecieron las monjas bernardas de Santa Lucía y las carmelitas (conocidas como Las Fecetas) y tras ello el palacio conocido como “Villahermosa”, que en 1759 acogió al Santo Oficio de la Inquisición, cuya fachada se conserva por tratarse de un instituto.

Dichos equipamientos atrajeron a la alta burguesía, no a la aristocracia, a la calle. No en vano Zaragoza la Harta llegó a 200 palacios y caserones para escasos 25.000 habitantes.

Al final de la calle, el Consistorio eligió emplazamiento para su primer gran nuevo Ayuntamiento y la Casa de Amparo, pero terminad el paseo en el Ebro que alberga la segunda biblioteca más bella de la ciudad, entendido que la primera y más peculiar biblioteca por historia es la de Ramón y Cajal en la Facultad de Medicina. Me refiero al Centro de Documentación del Agua y Medio Ambiente, la “Biblioteca Verde” de Aragón que ha permitido la conservación y legado por el Ayuntamiento del refectorio y bodegas o cillas del Convento de Santo Domingo con elementos mudéjares del siglo XIV y que se preservó de su destrucción total en los sitios de Zaragoza.

Esperando que os enganche,

21.01 Luis Iribarren

Las Balsas de Ebro Viejo, el Rabal y el Barrio Jesús, año 1865


Para entender mejor lo que fueron (y son) las Balsas de Ebro Viejo de Zaragoza, el desbordamiento por riada del Ebro que quiso tomar su camino recto desde casi Juslibol hacia Vadorrey atravesando toda la zona actual del ACTUR y el Rabal, sirve contemplar este plano de Zaragoza del año 1865 en donde todavía se puede ver ese cauce falso que da nombre a una zona de nuestra Zaragoza, y que en la actualidad es el Parque del Tío Jorge. 

Esta enorme crecida se cree que se produjo en el año 1380 (y ya han pasado siglos) y que durante 500 años creo un nuevo meandro en el Ebro que desembocaba donde podemos ver en el plano, hasta que poco a poco se fue desecando y volviendo el cauce más importante hacia el que hoy conocemos.

15.7.26

Zaragoza bombardeada el 2 de julio de 1808


A la una de la madrugada del 2 de julio de 1808 empezaron las tropas francesas desde las dos baterías de Torrero y la Bernardona a disparar contra Zaragoza, sobre todo hacia la zona alta de la Parroquia de San Pablo.

Durante toda la noche los franceses bombardeaban nuestras trincheras y puertas zaragozanas por cinco puntos principales y a la vez para debilitar las defensas y que los zaragozanos so supieran bien a donde acudir a defender las entradasEn la zona del Portillo, casi llegaron a entrar en la Ciudad, pero habiendo dado aviso desde la campana de la Torre Nueva y tocando a generala, se levantó todo el pueblo aunque fuera bien entrada la noche, para defender las zonas atacadas con fuego de cañón y fusilería convirtiendo todo aquello en un infierno.

Lograron hacer huir al enemigo con esa defensa que no esperaban los franceses, desde la puerta del Portillo a la del Carmen, e incluso desde la de la Quemada, sin temer en la ciudad el fuego que sin cesar les estaban bombardeando a esta zona del sureste, desde las baterías francesas apostadas desde la Torre de Cuellar y desde la zona de Montemolín y el puente de San José, logrando por fin loz zaragozanos ganar éste y encerrarlos en su convento, desde cuyas ventanas y torres siguieron disparando un fuego muy fuerte.

Pero el poder de aquella defensa de la ciudad logró que sin defensa dicho convento y torres de la zona, subieran huyendo hacia Torrero dejando el campo cubierto de cadáveres y heridos franceses.

Aquel día la zona más expuesta perderse fue el reducto del Portillo, porque fue tal la mortandad y destrozo entre los zaragozanos, que percibiendo los franceses que se callaban nuestros fuegos, avanzó para apoderarse de la zona, hasta que la mujer de un artillero llamada Agustina Aragón, junto a unos pocos soldados empezaron a defenderse con los cañones que quedaban sin destrozas causando a los franceses un daño terrible.

El General Palafox, a una con su hermano el militar Marqués de Lazán, dieron en aquella mañana las órdenes para una mejor defensa, pero sin duda fue el valor de los defensores lo que logró que no entrasen los franceses en Zaragoza, a pesar de los extraordinarios esfuerzos que hicieron para conseguir su empeño.

Palafox reconoció los puntos atacados y visitó la zona del molino del aceite de la ciudad de Zaragoza
 que estaba junto a la puerta Quemada, donde se hizo también fuego al enemigo al intentar entrar por esa zona. (Ver mapa)

De resultas del daño recibido desde el convento de San José, y torres inmediatas, se mandaron batir estas y sus tapias, y talar los olivares inmediatos a la Huerva ya en las afueras de la ciudad.

Y se tomó la decisión de desempedrar las calles para evitar el daño que podían causar las bombas al caer sobre estas calles, y que las torres inmediatas a la Ciudad se demoliesen, lo que se hizo aquél mismo día.

Durante el Segundo Sitio de Zaragoza, el molino que vemos en el mapa y que se encontraba fuera del recinto amurallado y funcionó como una posición avanzada de la defensa oriental, jugó una posición muy importante. Sus gruesos muros protegían a varios cientos de defensores y una trinchera cubierta lo comunicaba con la ciudad. Los franceses terminaron ocupándolo durante los últimos días de enero de 1809, tras ser abandonado e incendiado por los defensores.

Tengo dudas serias si en esa zona había uno o dos Molinos de Aceite, uno era llamado el Molino de Aceite de la Ciudad y el otro —ambos en la zona del actual parque Bruil— el Molino de Aceite de Goicoechea, conocido también como Molino de Juan Martín de Goicoechea

No puedo asegurar que fueran dos propiedades diferentes pero contiguas; que alguna parte de las instalaciones fuese compartida o cambiase de propiedad; que el nombre «de Goicoechea» se aplicase en determinados documentos a un conjunto más amplio o que la ficha municipal contenga una simplificación o confusión toponímica. Los diversos datos de la época hablan de uno dentro de la ciudad y otro fuera del recinto amurallado, pero ambos en la misma zona, separados por la actual calle Asalto.

Cuando Beniro Pérez Galdós en su obra "Zaragoza" —la sexta novela de la primera serie de sus Episodios Nacionales basada en relatos históricos, aunque su obra sea literaria— también los presenta separadamente: desde la Puerta Quemada aparecían la batería de Palafox, el Molino de la Ciudad, las Eras de San Agustín y después el Molino de Goicoechea, ya fuera del recinto.

En otras documentaciones se dice que en aquella línea defensiva estaban, sucesivamente, la batería de Palafox, el Molino de la Ciudad, las eras de San Agustín y, algo más alejado y fuera de las murallas, el Molino de Goicoechea. La brecha abierta el 27 de enero de 1809 junto a la muralla se relaciona con el Molino de la Ciudad; y el que estaba en el espacio del actual Parque Bruil era el de Goicoechea. 

3.7.26

El nacimiento del barrio de La Jota de Zaragoza


En el Plan Parcial de Zaragoza del año 1935, que se puede consultar en el Instituto Geográfico Nacional, podemos observar de qué manera fue naciendo la actual zona de La Jota en Zaragoza, que hoy es el núcleo central a toda la zona de influencia que llamamos La Jota

Somos un barrio de barrios. La Jota es histórico aunque menos que el Barrio Jesús y el Rabal, que llevan siglos asentados y constituidos en Zaragoza. Veamos en el mapa plano, las tres zonas que iniciaron la vida zaragozana en estos espacios urbanos.

BARRIADA DE COSTA.: Grupo de torres y casas bajas, siendo su centro la actual Calle Santa Quiteria, antigua Calle Alcubierre, y calles Aurora y Carmen Serna, con salida al Camino Torrecillas.

GRUPO ESCUDERO.: Parcelas de 300/400 m2 de planta baja para el piso y un corral detrás. La planta calle se utilizaba como vaquería, o establo de animales. Tenía el barrio en su nacimiento una forma triangular pues aprovechaba el espacio entre dos acequias y la actual Avenida Cataluña, llamada entonces carretera de Madrid a Francia por la Junquera y organizada en su interior por las calles Once de Julio y Lirio, actualmente calles Ruiseñor y Pedro Lázaro, que forman una cruz.

CALLE SANTA FE.: No tenemos muchos datos sobre esa zona, sí que eran un grupo de vaquerías, torres de ganado, y parcelas bajas de una planta, que desapareció en los años 90. Estaba organizadas entre la actual Avenida de Cataluña, una acequia, la calle Santa Fe, Calle Mallorca y otro ramal de acequia por el sur.

Nota.: Toda esta información la ha publicado la Asociación de Vecinos de La Jota, en su página de Facebook.

2.7.26

¿Fue Gironza detenido en los Sitios de Zaragoza, en 1808?


El 22 de junio de 1808 se hizo un recuento de las fuerzas militares que defendían la ciudad de Zaragoza entre todos los grupos y compañías que había en la ciudad. Era un intento de saber con qué fuerzas contaba la ciudad para su defensa y era un recuento de militares de formación. En total en aquel momento había 19 capitanes, 59 tenientes, 15 subtenientes, 18 alféreces, 2.225 soldados y 863 caballos.

Curiosamente el día anterior, el 21 de junio del año 1808, según se dice el Diario de Los Sitios de Faustino Casamayor: “Se prendió al albañil Gironza por sospechar de tener correspondencia con el General Lefebvre, encontrándole en su poder unos planos de Zaragoza, de cuyas resultas se prendió a su madre, hermanos y demás familia” .

¿Está hablando del arquitecto municipal de Joaquín Gironza Jorge, o de su padre Joaquín Gironza y Langarita, o de ninguno de los dos? 

El hijo era demasiado joven, un niño casi, para ser detenido por traicionar a Zaragoza, y del padre no se tiene constancia de ningún problema legal aunque tuviera en ese momento 35 años de edad. Sus grandes trabajos para Zaragoza los hizo años después, y si hubiera sido detenido por traicionar a Zaragoza, no era lógico que se le hubiera dado el poder municipal que tuvo.

Si parece estar probado que el 21 de junio de 1808, en el contexto de los Sitios de Zaragoza, un albañil y maestro de obras llamado Joaquín Gironza fue detenido por las tropas españolas. Fue sorprendido durante unas escaramuzas en los alrededores del Castillo de la Aljafería mientras se acercaba demasiado a las líneas enemigas. Al registrarlo, las autoridades zaragozanas le encontraron planos de la ciudad y detalles de sus defensas, y que contenían además descripciones muy minuciosas.

En los primeros compases del conflicto armado entre Zaragoza defendiendo su ciudad contra los franceses, se sospechaba que varios de estos individuos actuaban como espías al servicio de las fuerzas francesas, y en alguna ocasión se detuvo a todos los vecinos de la ciudad que tenían antecedentes de ser franceses. Debido a la repetición de estos episodios de espionaje dentro del asedio, varios acusados de espionaje desde Zaragoza, fueron ajusticiados sumariamente, e incluso otros sospechosos fueron ahorcados públicamente en la plaza del Mercado de la ciudad.

Este Joaquín Gironza del que se habla en aquellos Diarios, no debe confundirse con el célebre arquitecto municipal del siglo XIX también llamado Joaquín Gironza y Jorge (fallecido a finales de 1852), quien posteriormente realizaría la planimetría clásica de Zaragoza junto a José de Yarza.

28.6.26

Montemolín en Zaragoza y sus posible orígenes


A la hora de saber el motivo de porqué el barrio de Montemolín de Zaragoza se llama así, hay serias dudas. Es verdad que en la entrada de Miguel Servet, en el cruce con San José y Compromiso de Caspe, hubo una gran fonda de diligencias incluso, que se llamaba Montemolín, documentada ya en el año 1872 en el camino del Bajo Aragón.

Hubo también un Conde de Montemolín, titulo adoptado en 1845 por el pretendiente al trono Español Carlos Luis de Borbón y de Braganza (Carlos VI). Pero es una persona y un título que viene desde Badajoz y no parece tener ninguna relación con Zaragoza.

En un principio uno se puede preguntar por qué este barrio de Zaragoza se llama así. Montemolín. Al encontrar el dato escaso de este personaje importante en la sociedad de su momento, fue fácil pensar que pudo tener algo que ver con nuestro nombre. Bien por ser personaje que creara sus dominios en esta zona. O, al contrario, por ser un conde que adoptó ese nombre porque se le entregaron tierras de esta zona y lo tomó como apellido heráldico.

No he podido saber nada más ni del personaje ni del porqué llaman Montemolín a esta zona de Zaragoza, excepto que sí se sabe que es un ombre toponímico rural del siglo XIX. Pero hay queda el dato y las dudas, para su estudio posterior.

Sí que es verdad que Montemolín tuvo durante muchos años alcalde propio, y que hasta hace unas pocas décadas, en el balcón de su domicilio particular ponía el cartel de alcalde de Montemolín. Era pues considerada entidad propia, con su encomendador de tareas. No sé ni desde cuándo ni tengo datos de los últimos corregidores, excepto de que el último vivía enfrente a la estación de Utrillas.

Dsde el año 1817 existía la posada de Montemolín en la calle de Miguel Servet. Era posada de caballeros y de caballerizas. En 1946 todavía hay constancia de que existía, pero con mucho menos trabajo y más como gran café. No hay que olvidar que aquella entrada a Zaragoza por la carretera de Castellón era importante en aquellos siglos.

Era la comunicación más corta con el mar por el camino hacia el Levante. Y era común levantar posadas de entrada para las caballerías y para los caballeros que venían y necesitaban entrar frescos y con los papeles en regla al traspasar las puertas de la ciudad en donde debían de demostrar quienes eran, a que venían y pagar los impuestos correspondientes de entrada si así lo demandaban los soldados de puerta.

En el año 1843 por la zona de entrada desde el Bajo Aragón había —antes de llegar a Zaragoza ciudad— dos posadas que atendían la carretera, la Venta de Buena Vista y la Venta de la Media Legua.

Unos pocos años antes, el 9 de enero 1820 las orillas del Ebro y el Huerva de helaron sobre todo por la zona Norte, hacia las Balsas de Ebro Viejo. El hielo era de tal espesor que se helaron pozos que aguantaban encima el peso de los jornaleros que se dedicaron a cortarlos para poder sacar agua. En el interior de las casas dicen que el vino se llegó a helar y que el río Ebro solo pasaba por dos arcadas del puente de Piedra, pues por las otras se quedó helado.

Mucho frío me parece, pero en aquellos tiempos no había ni calefacción ni contaminación y nunca se sabe. Hoy esto nos parece imposible.

En octubre de 1817, la sanidad pública mando dos médicos a la zona de La Cartuja y El Burgo de Ebro, pues había más de 80 personas con fiebres, por desnutrición y miseria. Y en Julio de 1818 una epidemia de sarampión azotó la ciudad de Zaragoza manera muy cruenta. Pequeños datos para seguir arañando historias de Zaragoza.

En aquel 1818 no vivía nadie fuera del Zaragoza amurallado y con puertas, excepto en el Arrabal. Por la noche se cerraban y los cabos de puerta no dejaban entrar a nadie para evitar contagio y para poder también cobrar los impuestos de entrada.

Eran pues tiempos en que todavía no existía población urbana como tal en los barrios hoy sumamente poblados, pero si un número cada vez más creciente de casas de labradores habitadas que salpicaban las afueras de la ciudad, sobre todo en la zona sureste, que se conocía en nuestra ciudad como el término de El Plano.

22.6.26

La Zaragoza de hace un siglo y las afueras


A principios del siglo XX, con el comienzo de la aventura automovilística, las gentes de bien paseaban con sus carruajes por las afueras de la ciudad de Zaragoza, recorriendo las zonas de huerta, respirando el buen cierzo cuando lo había o recibiendo el sol suave del atardecer cuando el calor apretaba. Las familias con posibles empezaban a utilizar el coche como ocio para ir a lugares más lejanos, pero sin abandonar la ciudad.

Unos de los barrios preferidos para pasear era Torrero, a donde subían a divisar Zaragoza y ver la silueta de sus torres, para después bajar siempre desde el canal por el barrio de Montemolín, para tener como fondo de sus miradas las torres del Pilar.

En ese paseo se encontraban y hacían parada en lo alto del Cabezo, en la finca Vista Hermoso, en donde estaba el restaurante de D. Justo Mata, que daba servicio de bar además del de bodas y banquetes. Era pues un entretenimiento de las gentes viajeras de la ciudad: pasear y conocer la nueva obra del Canal Imperial mientras disfrutaban de su nueva adquisición.

Entre Miraflores y los Montes de Torrero, esta Valderrugiana. Este emplazamiento, atravesado por el Canal Imperial, y casi cortado en dos por él, es todavía hoy un lugar lleno de pinos y vegetación, en donde las gentes de principio del siglo XX acudían con sus primeros coches de caballos de excursión, como el que va hoy a Salou o al Valle de Ordesa. 

Desde principios de siglo, y hasta los años 60 de nuestro siglo nos movíamos por las afueras, que no hay que disimular ni tener reparos en decir que hasta hace bien poco íbamos de campo zaragozano los domingos y fiestas de guardar.

Durante las décadas de 1910, 1920 y especialmente los años 20, muchas familias acomodadas comenzaron a considerar el automóvil como un elemento habitual de su patrimonio. No era todavía un objeto "normal", pero sí relativamente frecuente entre médicos prestigiosos, abogados importantes, comerciantes de éxito, propietarios agrícolas, fabricantes o familias burguesas de nuestra ciudad. En aquellos años tener coche era como tener yate hoy en día.

¿Quién recuerda todavía los grandes grupos de gentes que atravesando parte de Montemolín y todo el de Las Fuentes se adentraban hasta el Soto de Cantalobos a pasar todo el festivo, en donde montaban comidas y cenas, piscinas naturales y casetas de juegos para niños, juegos de cartas y charlas de amigos hasta bien entradas las noches de verano?

Aquellos fines de semana en Cantalobos duraron hasta los años 70 aunque bajó el nivel económico de los asistentes de principio de siglo, para ser los habitantes del populoso barrio de Las Fuentes los que más utilizaban ese soto natural.

Se acudía también en estas décadas de mitad de siglo pasado al pintoresco lugar de Valderrugiana, hoy ya sucio y llenos de basurillas, pero todavía muy frecuentado por excursionistas de bicicleta y de gran andada a lo bravo, bien desde la Avenida de América, bien desde San José, campo a través.

Era la zona del sureste zaragozano precursora como zona de paso del dominguero actual hacia el campo a pasar los domingos. Conoció de cerca desde mediados del pasado siglo XX las primeras tentativas de libertad para el fin de semana, en aquellas todavía jornadas laborables de excesivas horas semanales.

Por ello no es difícil adivinar que los viajeros de aquella época que paseaban por las afueras zaragozanas en días laborables y con sus primeros coches eran gentes de posibles, y de poco trabajo que hacer. Por aquellos años de mitad del siglo XX era habitual trabajar todo el sábado, e incluso a veces algunos domingos por la mañana.

Los menos atrevidos se quedaban en las esclusas del Canal, mientras que los que tenían ganas de hacer casi escalada, se adentraban por las cuestas de los pequeños montículos, hasta encontrar la meta, que era una caseta de adobe, que había al final de la zona, y de la que todavía quedan las ruinas. 

Era llamada La Caseta, y a su caliente chimenea se habrán contado más de una batallita en tardes oscuras o de frío. Entonces se hablaba, se intercambiaban miradas y chorizo con pan de pueblo, y se bebía en bota de las de verdad, de las forradas en su interior de pez.

Estos primeros domingueros, solían acudir a tomar los soles de la primavera y del otoño, pero nunca los del verano, pues aguantar en aquella inhóspita zona en plena canícula, es cuando menos para premio. Posiblemente los pájaros no acudirían ni a por las migas. Aunque es cierto también, que en aquellas décadas los calores de Julio y Agosto eran menores que los actuales.

Se jugaba al fútbol, a la baraja o a un recién inventado balonvolea. O se hacían excursiones de iniciados boyscout para montar sus primeros campamentos con cañas y ramas. En los domingos de más personal, acudía siempre alguien a vender gaseosas con cerveza, y me imagino que con porrón.

Mientras, los chavales más osados se acercaban al Canal, a la zona llamada de Las Cuevas, a jugar a escondecucas o a médicos, según la edad. Esta zona, muy cercana al Canal, es como una imagen de la tierra de la Luna, por lo seco y calcáreo, pero desde luego sí era una zona original y natural.

Los osados en lo físico, se remojaban en las aguas que bajaban, siempre atentos a no ser vistos por el guardia, so pena de sufrir cuando menos una buena reprimenda. Eran los atractivos festivos de hasta la mitad de este siglo, cuando el Seat 600 todavía no había conquistado las carreteras.

Volvamos “pa” tras un poco y contemos alguna anécdota, sacada de notas externas para amenizar.

En abril de 1909, las trabajadoras del lavadero cercano a Montemolín y las Fuentes, situado en la entrada de Miguel Servet nada más cruzar el río Huerva, llamado "Lavadero de la "Señá" Benita", se rebelan contra su dueño/a.

No les parece nada bien las medidas que se han tomado contra el encargado que las dirigía, que ha sido despedido sin estar de acuerdo los trabajadores en su mayoría mujeres con dicha medida. Al final se arreglan las cosas sin llegar a mayores, empleando el dialogo, cosa importante pues si los trabajadores en huelga eran muy a tener en cuenta por aquellos años, las mujeres lo eran todavía más por su carácter fuerte.

Eso era amor de compañeras hacia su encargado, para dolor de los actuales mandos intermedios que nadie aprecia. Ni sus jefes ni los compañeros.

Julio Puente

9.6.26

Zaragoza 1778. Almagaces de la pólvora


Vamos a ver un plano parcial de la ciudad de Zaragoza y sus alrededores más cercanos, del año 1778, realizado para los planes de la construcción del Canal Imperial de Aragón. Está cortado en dos trozos que se pueden unir, para poder ver mejor los detalles de los lugares que nombra dicho plano. Pero el mapa es mucho más amplio, aquí solo veremos algunos de los alrededores de la ciudad de Zaragoza.

Son detalles hoy desaparecidos, sobre todo en la zona de Torrero y Montemolín, camino a La Cartuja, con el proyecto en líneas verde y amarillo, del que podría ser el trazado de aquel Canal Imperial, según el proyecto de Joaquín Villanova.

Hay un detalle curioso en donde vemos lo que se llama en el mapa: Almagaces de la Pólvora. El término proviene del árabe hispánico al-mahzan (derivado de mahzan), que significa "depósito", "tienda" o "negocio". A su vez, esta palabra proviene del verbo árabe hazana, que se traduce como "guardar" o "proteger". Eran los almacenes de la pólvora de la ciudad de Zaragoza.

Y también nos indica el mapa un paraje del que no tengo muchas referencias que llama "Cruz de El Plano" que efectivamente como lugar o como topónimo que existió.

El Plano se refiera a una zona de huertas y campos agrícolas planos, pero no tengo ninguna referencia de que hubiera ninguna cruz o mojón similar a una cruz, que indicara su ubicación, aunque sé que es la zona de la salida de Zaragoza hacia Alcañiz, en lo que luego se llamó Montemolín.

Julio Puente



Historia del Canal Imperial de Aragón


En el año de 1508, el Rey Fernando el Católico, estando en Zaragoza de visita, dio autorización para sacar un ramal del Ebro a la altura de Novillas, para llevar hasta más allá de Zaragoza agua de riego o de beber para toda la zona derecha y baja del valle del Ebro, aprovechando así una gran extensión de terrenos agrícolas, que se podrían volver de regadío con esa obra, y no sólo cuando el agua se desbordara.

El 25 de mayo de 1510 una Célula del Rey, autoriza la obra para el riego y también para navegación. El 11 de septiembre de ese año, se entiende como muy posible e interesante esta gran obra, sobre todo por la posibilidad de hacerlo navegable, como una Gran Acequia, y sea esta, beneficiosa para las regiones colindantes, como medio de transporte de mercancías y personas hacia el Mediterráneo.

Y por fin el 22 de Junio de 1529, esta vez el Rey Carlos V, firma la orden de construcción de las Gran Acequia Imperial, pero con la cláusula de que, si bien el Rey corría con los gastos de la obra —pues la Ciudad de Zaragoza por aquel entonces no podía— los beneficios que se obtuvieran serian también para el Reino.

Durante 10 años se es estuvo contruyendo en Fontellas una presa de sillería (aguas abajo de la actual), una casa de Compuertas (el hoy llamado Palacio de Carlos V) y una acequia desde El Bocal hasta Gallur. Las dificultades económicas y políticas, unidas a los problemas técnicos impidieron que las obras llegaran a su fin. El arquitecto zaragozano Gil de Morlanes redactó un proyecto aceptado por Carlos I en aquel 1529 para construir la Acequia Imperial

Gil Morlanes tardó 10 años en concluir la primera parte. Hizo 50 Kilómetros de excavación. Pero poco a poco esta gran obra se fue deteriorando, no se restauraba por falta de presupuestos y el año 1772 tuvo que ser destruida la presa por su total deterioro.

En el año 1759, el Conde de Aranda, resucitó la idea delante del Rey Carlos III, también de visita por Zaragoza. Vemos sin duda que las visitas reales a las ciudades eran muy importantes, dado que los medios de comunicación eran escasos para presionar a los dirigentes de la época.

En el año 1768 se forma la Compañía Badín, con la idea de reconstruir la Gran Acequia mediante una Real Célula que redacto el entonces Fiscal de Castilla, Sr. Floridablanca. Aquello no parecía funcionar muy bien, se lentificaba enormemente la marcha de las obras y el 9 de mayo de 1772, por Real Decreto, se nombra Protector de la obra a D. Ramón de Pignatelli, que fue quien le dio el impulso definitivo, quien consigue el milagro de terminarla.

El 28 de Mayo de 1782, ya llega el agua desde más arriba de Tudela, de donde se coge el líquido elemento, hasta el río Jalón, no sin fuerte resistencia de los vecinos de Tudela por la colocación de las compuertas de inicio aguas arriba de su ciudad y no como pretendían ellos, aguas abajo de Tudela.

El 14 de octubre de 1784, las aguas pasan por encima del Huerva, a la altura de Casablanca, y sobre ellas en cuatro barcazas viaja el mismo Pignatelli, para consuelo de incrédulos, que nunca pensaron que se podría llevar el agua hasta zona tan alta de la ciudad de Zaragoza.

En recuerdo de aquellas dudas de los zaragozanos de entonces, tenemos todavía la Fuente llamada de Los Incrédulos en la entrada del barrio de Casablanca.

Al día siguiente las aguas se soltaron por la ciudad desde lo alto de Casablanca, llegando al centro mismo, atravesando todos los campos hasta la zona de la Puerta del Carmen y del Mercado, para que así volvieran al Ebro, en una muestra de que aquella obra no solo funcionaba bien, era provechosa, sino que además no se gastaba más agua que la necesaria, pues todo volvía al río padre de donde se cogía para regar y navegar.

Y también en una prueba para todos los zaragozanos, de que aquello era verdad. Hay que intentar comprender un poco la mentalidad de aquellas gentes, que no veían lógico tamaña obra ni que las aguas pudieran ser dominadas y organizadas.

El 30 de noviembre de 1786 llegan las aguas a los terrenos bajos de Torrero y Montemolín,
y continúan hasta Valderrugiana, en terrenos de Miraflores en donde se pone la última piedra de la presa el 27 de agosto de 1790.

Con la construcción del puerto de Miraflores (en las conocidas como playas de Torrero) se regó toda la zona desde lo alto de los montes cruzando el término de Miraflores, hasta el término de El Plano en Montemolín, convirtiendo toda la zona baja hacia Las Fuentes en terrenos de regadío.

La navegación por el Canal duró desde su construcción hasta la década de 1960, en que todavía se transportaba remolacha por el mismo cauce. La propia Compañía del Canal Imperial, fue también—todo hay que decirlo en su honor y gracia— la que entregó parte de sus terrenos a la ciudad para que esta realizara los parques de Pignatelli, Cabezo de Buenavista y Cortado, y Parque de la Fuente de los Incrédulos.

Solo nos faltaría a nosotros hoy, en este siglo XXI que ve el Canal Imperial como algo lógico, cuidar un poco más la obra, revestirla y acondicionarla según los adelantos que hoy en día tenemos, y si acaso alargarla hasta Quinto de Ebro, para poder seguir regando otras 12.000 nuevas hectáreas en aquellos pueblos cercanos a nuestra ciudad.

En tiempos posteriores a la mal llamada Guerra Civil, se inició un ramal del Canal, en la zona del Burgo de Ebro, por encima del que existe hoy en funcionamiento, con el trabajo duro de los presos políticos de la época, pero aquella obra hoy abandonada, es un fiel reflejo de que a veces la cabeza debe de mandar más que el cabezón.

7.6.26

El colegio de los Montañeses de Zaragoza


En la Zaragoza del siglo XVIII que vemos en este mapa de 1723, estaba el Colegio para estudios Seculares, llamado de los Montañeses, una institución educativa vinculada a los naturales de las Montañas Aragonesas, en concreto más de la zona de Jaca. Lo podemos ver en el mapa con el número 51. Fue fundado a finales del siglo XVI por Miguel Ximénez de Larués que era deán de la catedral de Tarazona. Con el número 49 vemos el edificio de la Universidad en aquellos años.

En la España de aquellos siglos era frecuente que los estudiantes procedentes de una misma región se agrupasen en colegios o fundaciones. Durante el siglo XVIII, esta institución siguió operando como colegio menor universitario, albergando a jóvenes que cursaban sus estudios en la Universidad de Zaragoza.

Los "montañeses" eran los naturales de la Montaña de Aragón. Muchos emigraban a Zaragoza para estudiar, ejercer profesiones liberales o dedicarse al comercio. Se instalaban cerca de las universidades y por ello diversos colegios de este tipo se pueden ver alrededor o cerca de la zona de la Magdalena o de San Carlos, asentados en edificios de la zona del Coso Bajo.

El Colegio de los Montañeses no era una escuela en el sentido moderno, sino una institución destinada a alojar o asistir a estudiantes procedentes de las montañas del norte de España (desde Aragón a Navarra o Castilla) y la proximidad física a la Universidad era casi una necesidad práctica.

En Zaragoza, este tipo de colegios solían funcionar como espacios de formación, asistencia y sociabilidad para colectivos concretos, a menudo con apoyo de patronos, clero o benefactores locales. Funcionaba como un colegio universitario (a modo de Colegio Mayor). Su propósito era laico y secular, ya que estaba destinado a costear los estudios universitarios y el alojamiento de estudiantes con escasos recursos económicos.

El siglo XVIII fue una etapa de fuerte interés por la instrucción pública y la reforma educativa en Aragón, con un papel importante de instituciones docentes y del clero reformista. En Zaragoza, los escolapios se instalaron desde 1731 y su colegio quedó plenamente integrado en esa dinámica de enseñanza urbana del siglo.

En su origen y durante los siglos posteriores, el colegio de Los Montañeses estuvo reservado específicamente para estudiantes procedentes del municipio de Larués y de la comarca de la Jacetania en el Pirineo aragonés (llamados los “montañeses”). Luego se abrió a más estudiantes. 



5.6.26

Plaza San Miguel de Zaragoza, 1723


De un plano muy antiguo de Zaragoza, el del año 1723 (aunque hay dudas sobre si es un año correcto pueden ser uno o dos años antes o después) vemos la zona de la Plaza de San Miguel y su iglesia, con el río Huerva al fondo.

En el número 62 del plano podemos ver el convento de las religiosas de Santa Catalina. En el 19 la iglesia de San Miguel y en el 97 la plaza de San Miguel. Ya en el 102 parte del trazado del Coso medio y el inicio del Coso Bajo. Con el número 4 se nos indica el río Huerva.

Como podemos ver, en aquel tiempo no existía una plaza abierta hacia el Coso, sino calles estrechas que comunicaban esa zona hacia el centro de la ciudad.

Debemos entender que la zona que vemos en la sección de este plano, eran ya casi "las afueras" y que tras el río había muy pocas casas desperdigadas, si acaso el antiguo penal de San José, entonces Convento de San José de los Carmelitas Descalzos, fundado en 1594.

29.5.26

Puerta Del Fin, de la Zaragoza del siglo XX


La Puerta del Fin se encontraba en el entorno de la actual plaza del Pilar, junto al costado occidental de la basílica, aproximadamente hacia la zona que hoy mira al mercado central y a la calle Manifestación. Era una salida pequeña pero muy conocida por los vecinos, para salir desde la ciudad al entorno del Ebro.

Formaba parte de las antiguas estructuras urbanas que comunicaban distintos espacios de la ciudad histórica, y era mucho menos conocida que la cercana Puerta de San Ildefonso, por donde sí podían pasar vehículos y carros.

No era una gran puerta monumental comparable a las puertas de la muralla romana o medieval, sino más bien un paso o acceso muy conocido dentro del entramado urbano tradicional, pero peatonal.

Sin la completa seguridad del motivo por el que se le puso este nombre, cabe sospechar que la explicación más aceptada es que el nombre procede de la expresión "fin de la ciudad" o "extremo de la ciudad". 

Durante siglos, aquella zona constituía uno de los límites occidentales del núcleo urbano más densamente ocupado. Era pues el fin de las casas de la ciudad, aunque hubiera más caseríos o Torres, pero que ya no eran consideradas de la ciudad sino de espacios rurales. Era en tiempos muy anteriores al plano de 1911 que muestro, como el límite urbano que ya en el siglo XVIII se había ampliado mucho.

Este postigo o trenques, pues no llegaban a la importancia de las puertas de la ciudad, se llamó también de Francoy, de Ebro Viejo, de Ayerbe y de Montaner. En este mapa del año 1911, vemos la puerta con el nombre "del Fin", junto a la calle del mismo nombre.




28.5.26

Apuntes de la Zaragoza del siglo XVIII


En el año de 1710, Felipe V Rey de España había ganado por las armas el reino de Aragón. Esta batalla de la toma de Zaragoza en 1710 se realizó penetrando las tropas del Rey desde la zona actual del barrio de Montemolín hasta el centro de la ciudad de Zaragoza. Este inciso es para enmarcar el momento histórico de las realidades de una ciudad agrícola que empieza a crecer a veces empujada por hechos violentos.

Era el lugar elegido por los militares de entonces, para entrar en la ciudad, para conquistarla desde la zona algo más elevada de Torrero. En páginas posteriores veremos qué es lo que pensaba el general francés Napoleón en el año 1808 sobre este mismo tema, como zona más sencilla para conquistar la ciudad.

Muchos territorios de la antigua Corona de Aragón, desde el propio Aragón, Valencia, Cataluña y Mallorca, acabaron apoyando al Archiduque Carlos entre la llamada Guerra Civil de Sucesión entre Felipe V que estaba apoyado desde Francia pues era un Borbón, y Carlos de Austria. 

En aquel 1710 la ciudad de Zaragoza fue ocupada primeramente por las tropas austracistas, y al recuperarla después los borbones, es decir las tropas de Felipe V, anunciaron que había conquistado todo Aragón de la sublevación con él, y como castigo, desaparecieron las Cortes de Aragón, desapareció buena parte del derecho político aragonés, se eliminó gran autonomía institucional aragonesa, y se impuso el modelo administrativo en estos territorios que se utilizaba en Castilla.

Felipe V insiste mucho en que toda esta zona, Aragón y su Corona, había sido "ganado por las armas" como garantizando de esa manera que tenía todo el poder para hacer cambios sin mucha justificación ideológica de sus Decretos de Nueva Planta. Pero sigamos hablando de aquella Zaragoza del siglo XVIII.

Documentan que en 1787 el río Huerva regaba todos los sembrados, viñas y olivares de su zona derecha por los terrenos cercanos a la ciudad de Zaragoza, incluida esta, por espacio de algunas leguas de distancia se decía. Jerónimo Blancas llama a estas aguas: el río del Aceite y el Vino, pues con su agua se producían estos dos elementos tan importantes en aquellos momentos para la economía zaragozana.

Decían que toda la orilla derecha del Huerva, excepto las tierras de labor estaban cubiertas de árboles y cañas. Juncos erizados. crueles abrojos, espinosas zarzas. Era una zona de buenas zarzas, que daban cuenta de ellas la chiquillería en el mes de agosto o septiembre, según el año y el clima.

Desde tiempos remotos hasta la llegada del ferrocarril, era un área agrícola separada de la ciudad por el Huerva es una zona que va desde la carretera de Alcañiz, pasando por el presidio de San José como único edificio importante y por el puente sobre el Huerva que le daba entrada a la ciudad. Comprendía los términos diferenciados de Rabalete, Miraflores y Las Adulas, las dos primeras tierras blancas regadas por el Huerva y sus acequias, mientras que la de Miraflores era de secano hasta la llegada del Canal Imperial de Aragón.

Ignacio de Asso en 1798 también nos relata que desde tiempos remotos se riegan estas tierras por La Huerva, siendo este río y su zona de influencia la despensa de la ciudad.

Datos diversos todos estos, que inciden en el carácter agrícola y de soto de ribera de toda la zona actual de Montemolín y del barrio de Las Fuentes.

En 1860, toda esta zona se reparte administrativamente en cuatro términos. Las Fuentes y Adulas es uno de ellos, y comprende una extensión de 878 cahices de 20 quarteles. Otra zona es el Plano de la zona de Montemolin y La Cartuja que comprende 1949 cahices de 20 quarteles. El tercer término lo denominan Miraflores-Las Adulas y comprende 753 cahices, y el cuarto es el Rabalete y Cabaldos que dispone de 469 cahices. 

Si tenemos en cuenta que cada caiz de 20 quarteles son 0,4767872 Ha, estaríamos hablando de un total de 19.305.114 m2, que no está mal creo yo, para una zona agrícola del este de Zaragoza y sus alrededores más cercanos, tierras todas ellas que como hemos comentado realmente alimentaban a la ciudad. Hasta los años 70 era normal que en campos de Las Fuentes hacia Cantalobos se recogieran grandes cosechas de alcachofas, de patatas, de acelgas o de alfalfa.

En 1787, Antonio Ponz nos habla de las casas de campo, de las Torres que ya hay en las afueras de Zaragoza por la zona del Huerva hacia los montes de Torrero. Empiezan a edificarse grandes casonas en las orillas de los caminos, junto a las acequias, y con sus extensiones de terreno regable llenas de frutales alrededor de sus casas. Ya no son meras edificaciones de ayuda en las labores agrícolas sino pequeñas mansiones en donde viven los propietarios de las tierras. Las familias deciden irse a vivir a esas afueras, como una manera de sacar más rentabilidad a sus terrenos, estando más cerca de ellos. Crecen pues, las llamadas Torres.

A mitad del siglo XIX el actual barrio de Montemolín era conocido con el nombre popular de Tierra Baja, por ser tierra fácil de anegar por las aguas, y claro está por ser la zona más baja en relación al nivel del Ebro a su paso por la ciudad, teniendo en cuenta que el este de la margen izquierda del Ebro no existía como zona poblada. Y porque en esa orilla casi enfrente de Cantalobos o de Las Fuentes, lo peligroso eran las avenidas del río Gállego.

Toda esta zona Este de Zaragoza, mantuvo ese espíritu de pueblo hasta bien iniciada la década de 1970. Tenía muy cerca la ciudad, pero la utilizaba para lo mínimo. Comprar, vender y poco más.

Antes había comentado la importancia geográfica de estos barrios zaragozanos al estar rodeados de agua. De tener al Ebro a la izquierda, a La Huerva en los inicios urbanos y al Canal Imperial a la derecha. Sin olvidarnos de que enfrente se observaba el brío de un Gállego diferente al actual.

La importancia de la construcción del Canal Imperial es algo complejo de intentar desarrollar como se merece en estas entradas sobre los barrios del Este de Zaragoza. Un buen puñado de aragoneses se empeñaron en una obra muy importante para su época, que ha marcado sin duda el futuro de nuestra región. Enfrentados como es casi siempre inevitable, con algunas comunidades vecinas, y consiguieron lo imposible ante los incrédulos.

Por la zona del Este zaragonano apareció la obra en sus finales, cuando ya todos celebraban con fiestas la llegada de las aguas a Zaragoza. Como continuación de los aprovechamientos de aquella importantísima obra hidráulica.

21.5.26

La acequia de las Adulas, en Zaragoza


Ya he hablado en alguna ocasión de la acequia de Las Adulas de la Huerva. Y puede ser el momento para adentrarnos un poco más en su historia que llega hasta nuestros días. Es verdad que no es una acequia muy ben estudiada. La acequia de Las Adulas —también citada en ocasiones como “Abdulas”, "Adolas" e incluso vinculada posteriormente con la acequia de San José— es una de las infraestructuras hidráulicas históricas menos estudiadas y, precisamente por eso, una de las más interesantes del sistema tradicional de riegos del río Huerva en Zaragoza

La acequia de Las Adulas de la Huerva es un canal muy posiblemente de construcción árabe, que partiendo desde un azud que se realizó al río por la zona de Casablanca hacia Cuarte de Huerva (junto a la actual urbanización de Las Abdulas de donde recoge el nombre), viene cruzando todo el sur de la ciudad, por el recorrido actual del camino de Las Torres hasta la zona de Montemolín y Las Fuentes, pasando desde el cruce actual del cruce histórico de San José con Miguel Servet pasando por detrás del edificio del Matadero, a volver otra vez al Huerva ya cerca de su desembocadura junto al Ebro. 

La acequia de Las Adulas pertenece al antiguo sistema de riegos del bajo Huerva, anterior incluso al Canal Imperial.

Por su recorrido surgían en un principio y poco a poco, las torres como edificios agrícolas que se amplían hasta convertirse en residencias al menos de épocas de tiempos de cosecha, y que configuran un crecimiento de la ciudad hacia el Sur, dando nacimiento a una población en principio escasa por estas zonas pero que se va asentando de manera más sedentaria cada siglo que pasa. Por eso a toda esa zona y la avenida que circula junto a la acequia se le llama desde hace muchos años Camino de las Torres.

Como hemos comentado toma su nombre del árabe AD-DAWR, (Adula = Periodo de turno) es decir, si atendemos a su nombre, sería una acequia para regar las zonas por las que discurre, dando turnos a los propietarios de las tierras a través de alguna junta árabe de regantes, que ordenaría su utilización.

Algunos de los actuales habitantes de Zaragoza es muy posible que recuerden dicha acequia discurriendo por el centro del actual Camino de Las Torres, entonces un camino de tierra sobre el que se veía crecer poco a poco en los años 60 del siglo XX, como se cambiaban sus campos de huerta e higueras por edificios altos que convivían con la acequia, algunos de ellos todavía existiendo hoy.

Y recordarán algunos vecinos de la zona desde sus atalayas actuales como se modificaba toda aquella extensa zona, rodeada de campos de labor mezclado poco a poco con casi rascacielos que nacían en una ordenación urbana que casi nadie entendía. Y es posible incluso que recuerden algunas de las primeras fuentes de beber agua que se colocaron en dicho camino de tierra muy transitado, y que servía para aliviar necesidades y para juego de los chavales del cercano colegio de los Padres Agustinos.

Esta importante acequia en un estado más primitivo, pudo haber sido iniciada por los romanos, e incluso es posible que su primera utilización partiera de los celtíberos, que ya empezaron a trabajar y dominar las aguas para su provecho, si bien fueron los árabes quienes la mimaron y cuidaron llenándola de caudal para mantenerla hasta nuestros días tal y como hicieron con otras acequias de la ciudad como las de la Almozara, la Romareda y muchas otras que rodeaban nuestra ciudad para sacar de sus tierras los alimentos que el bronco Ebro no siempre dejaba.

Es curioso como nombres que hoy se mantienen en nuestro callejero deben su etimología a épocas tan remotas; como estructuras de la ciudad moderna, deben su nombre y sin saberlo a decisiones de hace miles de años. La red de acequias configura caminos, estos calles y parcelas, y por ende barrios enteros y crecimientos en diferentes momentos de la historia que se siguen manteniendo en los siglos.

Muy posiblemente esta acequia de Las Adulas sería durante siglos la acequia más importante de la orilla derecha del río Huerva.

Debemos tener en cuenta siempre que Las Fuentes y Montemolín son tierras rodeadas de agua. Si por el principio de Montemolín barrio es el Huerva el que nos da entrada y salida desde la ciudad, y el que nos ha marcado bastante nuestra historia y nuestro desarrollo, el Ebro nos envuelve, primero por nuestra izquierda según bajamos, bordeando todo el barrio de Las Fuentes, para después terminar arrimándose a nosotros, cuando al acabar Miraflores empiezan las zonas industriales de la carretera de Castellón, cerca del puente de La Media Legua. Tenemos al Ebro rodeando Zaragoza por el sudeste, mucho más cerca de lo que nos pensamos a veces.

Pero además por la derecha, siempre bajando por Montemolín, mirando hacia nuestro vecino Torrero al que dejamos a la derecha, tenemos el Canal Imperial de Aragón, que en su zona de las esclusas de Valderrugiana, también bordea Miraflores y está cerca del final de la zona del actual Palacio de Deportes del Principe Felipe.

Es pues el sureste de Zaragoa una tierra o zona rica en humedad, y por consiguiente próspera en productos agrícolas. Pero además al ser zona bordeada de aguas naturales o canales, fue zona proclive a desbordamientos, a aguas incontroladas o a ser un poco zona de difícil crecimiento urbano.

El río Huerva (La Huerva), corta la ciudad actual casi sin sentirlos los vecinos, pero formó una defensa natural, una muralla no solo de agua sino también de altura, que separaba las afueras del centro de la ciudad. Si nos fijamos bien y sobre el terreno, veremos que la orilla izquierda del Huerva, la más cercana a la ciudad antigua es más alta que la otra, lo que posibilita utilizar al Huerva como una defensa natural, tanto que, como luego veremos, tuvo que ser Napoleón quien supiera vencer y entender dicha muralla natural para nuestra desgracia.

Por eso las riadas y desbordes del Huerva a su paso por la ciudad de Zaragoza, siempre se iban hacia Las Fuentes y Montemolín o San José, y nunca hacia el centro de la ciudad.

Si a eso le añadimos no solo la gran acequia de Las Adulas, sino también los numerosos ramales que partían de ella o de otras acequias secundarias, formando una auténtica malla de agua, que organizaba a su lado caminos que hoy conocemos como calles perfectamente asfaltadas, podemos asegurar que desde antes del siglo XIX ya existía nuestra actual configuración de calles a través de acequias o riegos que dividían campos y propiedades.

Los mismos caminos y divisiones de terrenos que después al vender estos campos de labor, formaron las separaciones de las calles actuales. Toda esta zona de Zaragoza, según veremos más adelante, está en un principio formado por un número bajo de grandes extensiones de terreno en forma de Torres, que se van vendiendo y disgregando, pero manteniendo sus perfiles, sus separaciones.

La zona final de Montemolín, de la zona también llamada de El Plano, eran de muy antiguo unas zonas que el hombre no dominaba para su cultivo, un conjunto informe incluso de selvas umbrosas, un soto de ribera en la zona de Las Fuentes como todavía nos queda de recuerdo el soto de Cantalobos, de terrenos embalsados, de cañizos en las veras de los caminos que nadie cortaba y se hacían altísimos, de boscajes de matorrales y de sendas que a veces se mezclaban sin parecer llevar a ninguna parte, regateando los pequeños montículos, dentro de una gran espesura de arbustos o de árboles gigantescos pues nadie cuidaba ni cortaba.

Era peligroso caminar, y muy fácil perderse por aquellos vericuetos caminos. Estamos hablando hasta el siglo XVII, y se accedía a esa zona de la ciudad desde la Puerta Quemada, cruzando La Huerva, buscando el camino que ya existía del Bajo Aragón. Un ejemplo de cómo sería aquella zona la tendríamos ahora en la configuración menos cercana al agua del Ebro en el Soto de Cantalobos que antes he nombrado.

Porque normalmente hoy se recuerda más acequias como Romareda, Ontonar, Plano, Ojo de Gallo, etc. Pero Las Adulas era acequia madre de la que derivaban varias acequias menores para muchos términos de toda esta zona. Tras la construcción del Canal Imperial de Aragón, Las Adulas pasó a alimentarse o depender parcialmente de él, pues el Canal reorganizó todo el sistema hidráulico de Zaragoza, para agua de boca y para riego. Eso supuso también que una vez con más cantidad de agua, se dividiera en tres zonas de reparto del líquido tan valioso. el de San José, el de Miraflores y el de El Plano.

Era también una acequia que pasaba junto al Penal y/o Convento de San José en la zona de la calle Alperche. Los conventos tenían grandes huertos, muchas personas que necesitaban agua de boca, ellos mismos organizaban labores de limpieza de las cequias y del reparto de la vez, organizaban las servidumbres y los pleitos por los turnos de riego.

En estos momentos la acequia de Las Adulas creo que ya no es posible verla en ningún tramo de la ciudad de Zaragoza. Hasta no hace mucho todavía se podía ver al final de la calle Rusiñol.