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8.6.26

Diez Lugares menos Populares de la provincia de Teruel


DIEZ LUGARES MENOS POPULARES CON LOS QUE EMOCIONARSE EN TERUEL PROVINCIA, MEDIANTE DESTINOS CRUZADOS
 

Me entusiasman las minas, los colores del magma solidificado en las gamas entre el caldero y el magenta encendidos por la luz de la tarde y matizados por el envés plata de los olivos, tomar un trago de agua de fuente ferruginosa, bañarme en Arnedillo y Alhama en sus aguas naturalmente exfoliantes y el vino mineral de Catalayud.

Soy un pirenaico enamorado del Sistema Ibérico y siempre llevo en el coche la “Guía de la Celtiberia” de Prames, una edición que abre los sentidos y aclara qué territorio era rico antes de Roma, y no lo era el desierto calizo del que vengo al que daba más o menos lo mismo controlar y se presentaba selvático y de no posible abrasión por especulación.

Los bosques riojanos atlánticos, los pisos de vegetación del Moncayo, la ballesta del Duero y el románico soriano, las setas de la Demanda y dar un paso por la Dehesa y los campos de lavanda de la Alcarria de Guadalajara, no me hace falta más para viajar. El olor de lass lagunas y pantanos de agua dulce y el frescor nocturno que dispone al sueño.

La Celtiberia aragonesa nos depara la sorpresa geológica de las sierras de Teruel, las huellas jurásicas y los pueblos de arquitectura roja de piedra rodena o de adobe arcilloso que envejece entre rosa chicle y gris oxidado. En verano, el Parrisal de Beceite, los Montes Universales y Gúdar quedan inundados por visitantes valencianos, también de Zaragoza en menor medida, vaciando otras comarcas y territorios que os proponemos, os vienen de paso y abren opciones de pernoctar y restaurarse por otros precios:

1.- Alcorisa, Jardín de Rocas “Geólogo Juan Paricio”, se halla bordeando el paseo fluvial del río Guadalope y presenta “las distintas rocas que afloran en el término municipal, organizándose a partir de su antigüedad y siguiendo un recorrido por el parque fluvial de Alcorisa, en el que se ubican paneles informativos de cada período con sus características litológicos, morfológicas, ambiente en el que se generaron y zonas de afloramiento del término municipal”.

Con importantes servicios de restauración, solazarse en Alcorisa permite que especialmente los niños se introduzcan en la geología turolense tan variada de manera amena. Las rocas abarcan desde los conglomerados, a los yesos y areniscas hasta un número de doce piedras y se promovió para homenajear al científico y ecologista de Villarluengo Paricio.

2.- Villarluengo, el Balcón de los Forasteros. Remedando al puntal de Berdún, en Jacetania, abierto al oeste y al que llamábamos San Sebastián de los pobres, la villa del Maestrazgo de arquitectura solariega y próxima a los órganos de Montoro y nacimiento del río Pitarque goza de este mirador sobre el congosto del río Cañada y su puente de la villa y su peña capitán. Esta población arriscada, protagonista de las guerras carlistas y domeñada por el General Cabrera, asimismo cuenta con un elemento propio de las poblaciones turolenses: una “cruz de término”, hitos guía de caminos o delimitación de términos y con un uso en ocasiones religioso simbólico.

3.- Miravete de la Sierra, cruz de término. En la sierra de Gúdar, este pequeño pero bello caserío presenta la cruz con esta finalidad más interesante y con importancia artística de la provincia, del siglo XV, que conserva del peirón medieval exclusivamente una réplica de su cruz cimera. Fue un crucial hito del camino real entre Villarroya y la villa de Aliaga, mejor destino geológico europeo, y está a la altura en importancia el recientemente puesto en valor tramo del “Camino de los Pilones” de la citada Villarroya. Parte del camino real entre la ciudad de Teruel y Peñíscola por el Maestrazgo, se clavaron en el páramo para orientarse ante fenómenos como venticas y nevadas copiosas parece que por obra de los ilustrados como Jovellanos, primeros ministros de fomento.

4.- Camarena de la Sierra, porta el mismo apellido que Miravete y como otras localidades de la provincia. Es uno de los accesos a la sierra de Javalambre: techo de Teruel, observatorio especial y estación de esquí y goza de un balneario que abre en verano y cuenta con aguas repletas de sulfato y magnesio que brotan de un pliegue del monte rojo.

5.- Segura de Baños, balneario. Las aguas minerales de este lugar del norte de las Cuencas Mineral surgen próximas al río Aguas Vivas que se desbordó recientemente en Letux y Azuara en una inusitada riada. Es una fuente ésta de aguas bicarbonatadas existentes en un entorno geológico en que el plomo fue abundante y por ello la población contó con un extraordinario por desproporcionado castillo.

6.- Azaila, ciudad ibérica. Si del valle del Aguavivas hablamos, debemos detenernos a ponderar la muy interesante población de Azaila. Oficia como puerta del Bajo Aragón turolense desde Zaragoza en la que pocos paran y que, sin embargo, cuenta de una interesante arquitectura popular con sillares de yesos y alabastros y un poblado ibero con basamentos de la misma piedra más que interesante por fronterizo con el mundo celta.

7.- Ojos Negros, yacimientos y poblados mineros. Si yacimientos nombramos y a pasado minero hecho presente, por ser origen de una línea férrea hasta Sagunto hoy vía verde, debemos desplazarnos al centro otrora metalúrgico de la Sierra Menera, sus minas al aire libre que han generado lagunas polícromas y los yacimientos de hierro como el de los Castillejos. Ojos Negros presenta uno de los escasos molinos de viento de Aragón. Del mismo modo, la pasión taurina turolense –símbolo de la capital provincial- hace que hasta en esta localidad haya una plaza de toros aprovechando el relieve de un pequeño pueyo.

8.- Andorra de la Sierra de Arcos, Plaza de Toros. La villa abierta a los vientos, esa sería su etimología, es un paraíso para detenerse, dormir, ir de tapas y bares y probar grandes aceites de suelos mineros y gangas recuperados. Su plaza de toros enlucida y encalada en blanco en su exterior cumple esta añada sesenta palos o velas, llegando a torear en ella y en los días en que en Andorra corría como en Ejea más cash que en Brooklyn incluso el mítico Paco Camino. Enfrente de la misma y con acceso a la localidad por la bien nombrada “Avenida de los Deportes”, el campo del Endesa Andorra dedicado a uno de esos callados héroes locales como es Juan Antonio Endeiza de los que hemos heredado país. Gestor del otrora segundo equipo de Aragón tras el Zaragoza y en que tantos jugadores de su cantera jugaron.

9.- Olba: de moda, barrios y puentes. La obra del modisto de Olba y escultura profética en su pueblo, Manuel Pertegaz, presenta como sucedió con la del burgalés Paco Rabanne una íntima conexión en el uso de placas de metal con la geología minera y reconquista turolense, como también con los trajes de luces y la tauromaquia goyesca, cuya estética finalmente ha devenido canónica. Olba preside un curioso y único conjunto urbanístico de barrios con iglesia propia conectados a un polo de servicios medieval central. El río Mijares serpentea en un recorrido de foces que baja a la plana de Castellón, percibiéndose especialmente en el mirador que Prames ha levantado antes del llegar a su Barrio de los Giles, salvándose en Olba central y cada barrio por preciosos puentes como el del Cantal, el de los Moyas y el neoclásico de Carlos IV, de goyesco sobrenombre.

10.- Libros, puente sobre el Turia. Para cerrar por tarantas, que son cantos mineros, pero también por fandangos, pues es un río alegre y que da la vida en su cauce antiguo ajardinado a nuestra querida ciudad de Valencia, proponemos pasear la ribera del Turia en Libros, cruzar el último puente aragonés del río, comer en su “Merendero de la Huerta” unos gramos de jamón cortado a cuchillo con pan de hogaza y ver desde el otro lado del Turia a la villa desde la ermita del Pilar.

Libros dedica cada año una calle a un escritor, su plaza porta el nombre del célebre autor de novela histórica turolense Javier Sierra y organiza cada año un simpático y necesario, obligado por su toponimia, festival literario que va por la sexta edición y en la que Muñoz Molina espetó el siguiente aserto, dedicado a quienes nos leéis: EL HECHO DE LEER HOY EN DÍA ES UN ACTIVISMO.

Os dejamos recomendando que visitéis la especialísima entrada a la provincia de Teruel por Libros, mediante un mojón tótem de piedra sobre base circular, con azulejo turolense en trencadís (picadillo de cerámica), rematado por una frase digna del maestro azcona sin mayor especificación, no apta para las nuevas generaciones por demasiado del tik-tok:

A LA CAPITAL, 30 KILÓMETROS

08.06 Luis Iribarren

7.6.26

Zaragoza Sueña Fuerte, un grito al futuro


Hay una iniciativa en Zaragoza que como muchas de ellas, no siempre saltan a la opinión pública, no siempre son conocidas, aunque sean conformadas por numerosos ciudadanos de gran conocimiento de la ciudad por sus trabajos. En este caso me voy a referir a la llamada:Zaragoza Sueña Fuerte.

Se trata simplemente de soñar con y por Zaragoza, de criticar su forma y fondo, pero a la vez de hablar de Zaragoza, de reflexionar y preguntarnos hacia dónde queremos ir, de reclamar una ciudad mejor e intentar que se escuchen las ideas de los ciudadanos, sin tener en cuanta espacios políticos, sino sociales, intelectuales, a personas con gran experiencia en el mundo del urbanismo o de la sociología urbana.

La directora de cine Paula Ortiz inició la idea desde su propio punto de vista en el Pregón de Fiestas del Pilar de 2025.

“Somos ciudad. Somos foro. Somos asamblea, hogar. Lo somos a pesar de la dureza del viento, del polvo, de la niebla y del sol abrasador. A pesar de todo eso, somos una gran ciudad que recibe a quien llega sin preguntar.”

Somos Foro, somos Hogar, Comunidad, y debemos entender las ciudades como eso tan fundamental en la vida y hacia el futuro. Las ciudades no son solo negocio urbanístico o comercial. No estamos llenos de personas dispuestas a comprar, sino de ciudadanos dispuestos a ser mejores y a vivir mejor.

Una ciudad no nos pertenece, no es nuestra. Zaragoza lleva 2.000 años siendo ciudad y lo seguirá siendo por muchos más. Nosotros simplemente debemos cuidarla, mejorarla, pensando en los que van a venir después de nosotros.

Como somos el hogar de miles y miles de personas, debemos analizarla fuera del negocio que representa un espacio urbano

No somos un producto casual, sino un lugar atractivo desde hace miles de años que debemos lograr que sea habitable, una ciudad fuerte en su propios espacio geográfico, en donde las personas incluso con el condicionante de nuestro clima, quieran quedarse a gusto.

Y para ello, lo que se plantea desde “Zaragoza Sueña Fuerte” no son simples utopías de mesa de bar, sino estudios de despachos, imaginarnos nuestra ciudad con esas utopías posibles que requieren mucho trabajo, imaginando una ciudad diferente a muchas otras ciudades grises y apáticas, una ciudad en donde sea posible soñar pensando en las generaciones que van a venir, en nuestros nietos, en los nietos de nuestros vecinos.

Ya somos una ciudad cómoda y lo sabemos valorar. Y somos también una ciudad llena de oportunidades

Pero cuidado, no somos el ombligo ni el culo de nuestros vecinos. Estar entre Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao tiene sus ventajas pero si no lo entendemos bien, tiene también sus inconvenientes. Los problemas propios por estar en este punto medio nos obliga a ser vigilantes para que no nos legue a nosotros toda la mierda que no quieran tener por diversas causas los vecinos geográficos.

No podemos ser tampoco el Barrio Grande de las muy grandes ciudades, que solo recojan para dormir o para trabajar en empresas que ellos quieran, lo que no son capaces de tener o soportar, mientras las oficinas que pagan los impuestos, las cabeceras de esas empresas, se quedan en sus grandes ciudades. Queremos ser parte del futuro, pero Zaragoza quiere ser inteligente y saber qué parte del pastel económico nos corresponde por ser quienes somos.

Zaragoza, como toda España y gran parte de Europa, tiene en la actualidad dos grandes problemas estratégicos serios y con solución compleja, La Vivienda y el Acceso de los Jóvenes a la Emancipación por no disponer de un Empleo de calidad, por tener una precariedad inaguantable..

Zaragoza además de muy plural, es una ciudad de Cultura, de Arte, y por ello es fundamental sentarnos a pensar sobre qué queremos hacer con nuestra Cultura en todos sus aspectos. Tenemos vergüenzas inexplicables en forma de decenas de edificios culturales parados y congelados en el tiempo. 

Podría listarlos, pero me da pena, incluso ansia. Hay proyectos que se suman que de entrada ya sabemos que no tendremos agallas para llevarlos a buen puerto.

Sabemos lo que necesitamos, pero como ciudad Faro, no somos capaces de conseguirlo. Y hay que reconocerlo, el Gobierno de Aragón no ayuda como sucede en otros territorios de Espada. 

En este caso es el temido “Aragón contra Zaragoza” como si Zaragoza no fuera Aragón, o como si para dignificar Aragón hubiera que sacrificar Zaragoza.

Debemos seguir siendo una ciudad saludable, con calidad en el aire y en sus aguas, con entornos naturales a nuestro alrededor, cuidando lo que tenemos, refrescando lo que hemos ido perdiendo. Cantalobos o Juslibol son dos ejemplos a reflexionar, pero hay varios más muy carca o rodeando la Zaragoza que necesita respirar mejor.

Hay que pensar en mantener nuestra huerta de una forma mucho más inteligente, con infraestructuras verdes que amplíen la naturaleza que nos rodea, y adaptada a nuestro clima.

Y debemos seguir trabajando de forma muy inteligente por modelos de movilidad, copiando de ciudades europeas que sean válidos para nuestra ciudad. Hemos avanzado mucho, hay que proseguir en esto. 

Debemos romper nuestra Isla de Calor, a base de imaginación y nuevas tecnologías. Hay ejemplos en ciudad mucho más calorosas y duras que Zaragoza. No siempre hay que inventar, a veces sirve copiar. 

Julio Puente

19.5.26

Ebro 11. Rioja Alavesa: vinos, historia y el primer humedal del Ebro Medio


En nuestro recorrido con invitación a ver el Ebro desde cada uno de sus márgenes, debemos dedicar un capítulo y especial atención a esta comarca vasca, integrada en la comunidad histórica de Euskadi pero cuyo límite sur lo conforma la margen izquierda del Ebro, con la excepción de ciertos municipios riojanos integrados en la pequeña comarca de la Sonsierra que se remeten en tierra alavesa como una península en los términos de Briñas, San Vicente y Ábalos.

A semejanza del islote o enclave castellano del Condado de Treviño o Trebiñu Konderria, muy cercano a Vitoria-Gasteiz y separado de su llanada por las lomas con el mismo nombre de la capital. El territorio del condado se corresponde con el valle del afluente del río Zadorra, denominado río Ayuda. La frontera sur del enclave la determina la bella sierra de Cantabria, espinazo de la Rioja Alavesa. La razón de la existencia de este territorio como burgalés es la de que, por motivos históricos, en el mismo no fueron aplicados por intercambios medievales entre monarcas los fueros alaveses.

Los señores del condado, además, fueron históricamente la dinastía castellana de los Manrique de Lara, regentes de Castilla en ocasiones, con sede fundacional en Molina de Aragón y con posterioridad Duques de Nájera. Cuyo principal exponente no fue ningún guerrero sino el soberbio poeta Jorge Manrique a quien ninguna manifestación amorosa le fue ajena:

Yo soy quien libre me vi, yo, quien pudiera olvidaros;
yo só el que, por amaros, estoy, desque os conoscí, sin Dios, y sin vos, y mí.


La cuestión compartida no es baladí ni caprichosa: deriva de ciertas coordenadas históricas que obligaron al ministro Javier de Burgos en 1833 a impulsar una conformación de las provincias que por su consolidación, siquiera con origen ciertamente extraño, deberían desactivar cualquier pretensión de autodeterminación vasca o valenciana, tanto como la de afirmar que Santiago Ramón y Cajal fue un premio nobel navarro.

Poca explicación tiene en términos de eficacia administrativa que en tierras regadas por el mismo curso en idéntica margen del mismo pertenecientes, sin embargo, a las realidades plurinacionales distintas, se cuestionen los límites de todo un Estado. Son términos o localidades que, a un lado del río o de un afluente, forman parte de la entidad administrativa del otro margen.

Imaginemos desde Zaragoza, centro geográfico de la extensión aragonesa, lo que supone planificar su atención educativa y hospitalaria, la programación de recursos a prestarse de forma más lejana por las administraciones regionales a que pertenecen o la obligación de dotar sentido común a la realidad vecinal, firmando convenios que no funcionarían en el caso de una autodeterminación. Dado que Bonansa, en la Ribagorza de Huesca, tiene la suerte de que esté próxima la casi ciudad de Pont de Suert, capital de la comarca homónima catalana, del mismo modo que la Rioja Alavesa cuenta con los servicios privados y de esparcimiento de Logroño que revalorizan su patrimonio.

Si la costa norte de Euskadi y la vascofrancesa se benefician de un clima atlántico prácticamente tropical, con ausencia de heladas y apto para la producción de vinos blancos ácidos, cítricos o hasta kiwis, el frío persistente de la llanada alavesa se suaviza en la cara sur de la Sierra de Cantabria, que protege a la Rioja Alavesa que se beneficia de una bocanada de clima mediterráneo que sube con el bochorno, Ebro arriba.

Así y con la excepción de Haro y su Barrio de la Estación productor de “vinos finos” y los municipios de la Sonsierra riojana con sus fascinantes “vinos de garaje”, estas tierras calizas soleadas pero frescas de la Álava del sur producen el resto de los mejores mostos que portan el no siempre glorioso nombre de Rioja en sus etiquetas. Por su orientación insolada, recibir suficientes precipitaciones de colas de galernas cantábricas y ser tierras resecadas por el viento norte.

Esta faja de tierra vasca regada por el Ebro y en que se habla con acento logroñés limita por el norte de las crestas de la sierra de Cantabria con las navarras del extremo oeste de la Merindad de Estella y, como se ha citado, con las burgalesas del Condado de Triviño.

Sin embargo, su condición administrativa vasca le permite a la pujante comarca contar con una especial financiación reforzada (por aplicarse el cupo y fueros alaveses), un coqueto hospital propio en Leza, bodegas competitivas que se presentan como vino vasco en Bilbao y, a partir de ello, conservar un conjunto de cascos históricos excelentemente rehabilitados. Toda la Rioja Alavesa liderada en población y actividad industrial por la dinámica villa de Oyón, a escasos kilómetros de Logroño, que forma parte en realidad de su área metropolitana y concentra gran número de empresas deslocalizadas por su ventajosa fiscalidad.

Una buena parte de las poblaciones de la Rioja Alavesa presentan una morfología y aspecto que en Provenza se denomina de pueblos suspendidos, pues así fueron erigidas como frontera navarra por razones defensivas y de conservación territorial: en mesetas o pueyos. Su histórica capital comarcal, Laguardia, comparte con Viana u Oña fisonomía e importancia histórica.

La Rioja Alavesa es vino, sol y Ebro encajonado pero soberbio en el embalse de Sobrón, donde discurre amazónico. Cercano a él, paralelo al mismo hacia el norte, se halla el asombroso valle salado de Añara, un paisaje mineral tan interesante como el del patrimonio de la humanidad turco de Pamukkale. Por consiguiente, un castillo de algodón de capas de sal, que es lo que significa trasladado al castellano.

Aguas abajo de Miranda de Ebro, la comarca riojana alavesa presenta un sobresaliente arte monumental en sus iglesias y palacios, emparentado con el de Haro y Logroño.

Patrimonio hoy renovado con gotas de rabiosa actualidad edificatoria entre las que destacar el hotel de Frank Gehry de Elciego o las bodegas Ysios de Santiago Calatrava en Laguardia que reproducen en su alzado frontal los cerros calizos de la sierra de Cantabria. Enoturistas de todo el orbe visitan en ellas exponentes de la nueva arquitectura relacionada con la viticultura y conservación y crianza de los caldos de Rioja; cuestión de aportar calidad constructiva a las bodegas a la que tanta dedicación prestara la escuela de discípulos de Gaudí en Falset y Terra Alta, Tarragona.

La villa de Laguardia constituye una visita inexcusable como templo gastronómico, capital cultural y monumental del sur alavés y por conformar el mejor balcón desde el que divisar los viñedos de la Rioja Alavesa. Obligado es detenerse en la iglesia de Santa María de los Reyes, con pórtico de excelente factura, y bajar a los sótanos de sus casas de sillares de piedra para sentir la meseta horadada en que se asienta.

Casa casa del casco viejo de Laguardia fue en su sótano abovedada como las bordelesas por dedicarse a uso de bodega, principal actividad histórica de esta fundación roqueña para defensa del confín oeste del entonces extenso y poderoso reino navarro.

Aprovechamos antes de dejar la Rioja Alavesa para mencionar el Lagunar de la Villa como primer ejemplo de balsa endorreica alimentada por arroyos y filtraciones del Ebro. Entornos con aguas remansadas, a veces saladas y otras no, que son frecuentes en el valle a partir de ella y en dirección sureste.

Entre las que debemos destacar el logroñés Pantano de la Grajera, la mejana de Tudela y, ya en Aragón, el conjunto de lagunas persistentes en los denominados galachos derivadas de excavaciones para la extracción de gravas. El término galacho, propio del valle del Ebro, describe la combinación de partes de meandros de ríos que conforman cuando cambian su cauce brazos de humedales, canales improductivos para la agricultura. pero imprescindibles para la riqueza faunística. Cursos o estanques que se presentan rodeados de abundantes bosques de ribera y se comportan en el duro calor de horno veraniego como oasis repletos de árboles leñosos como chopos silvestres, álamos, olmos, sauces y fresnos o fraginos.

Especialmente relevantes son los galachos del entorno de Zaragoza. Muy bien conservados, abiertos al uso público, contienen inclusos sedes de fincas de recreo de importancia histórica. Los más destacados se hallan en el soto de Juslibol y La Alfranca que remata la residencia neoclásica del General Palafox-

Próximas a los meandros iniciales del Mar de Aragón, en la cola del pantano de Mequinenza, perviven las saladas de Bujaraloz-Sástago y las de Chiprana. En la depresión profunda del Ebro, la laguna de Sariñena y el embalse de Alcañiz de la Estanca forman asimismo parte del complejo lagunar endorreico salino del valle medio del Ebro.

Todo este conjunto de lagunas y galachos, a partir de la de Laguardia, componen una paleta única en Europa que garantiza la presencia de reservas de la mayor calidad de avifauna, trashumante o con poblaciones estables especialmente de garzas y ánades. En el Delta nos extenderemos sobre su carácter único, importancia y las especies que albergan.

A todos estos espacios de biodiversidad de ribera, a diferencia de las navas cultivables y las sardas con terrenos aireados, se les denomina en todo el valle del Ebro sotos. Vocablo que describe riberas con vegetación abundante, un bosque específico que permite la sombra en esos días tan normales de verano en que las temperaturas en el valle rebasan los cuarenta grados.

Luis Iribarren

25.3.26

Canal Imperial a su paso por Zaragoza


Nuestro corresponsal del barrio de Torrero de Zaragoza, Luis Iribarren, nos envía esta preciosa imagen nocturna del Canal Imperial de Aragón a su paso por la entrada de Torrero.

Algún año descubriremos otra vez, redescubriremos más bien, que el Canal Imperial a su paso por Zaragoza es un gran activo de ocio, turístico, de belleza, de tranquilidad.

Y tal vez entonces, volvamos a recordar los usos de principio del siglo XX hasta incluso algo más de la mitad, cuando además de barcas pequeñas o grandes, se disfrutaba de la calma en esta zona de paseo, había varios espacios de alto nivel como la Quinta Julieta, para que las familias con posibles disfrutaran de noches y veladas festivas con todo lujo de detalles de aquellos años.

Pero incluso yo todavía recuerdo algunos puentes sobre el Canal que eran una preciosidad urbana con una arquitectura hecha para no tener prisa, y todo eso nos lo hemos comido, en vez de trasladarlo unos metros para que sirviera al menos de paisaje urbano.

Hoy la suciedad es lo que manda en estos entornos. La desordenación, el nulo uso de sus posibilidades. Algún día sonreirán los futuros habitantes de Zaragoza, por lo tontos que fueron sus padres y abuelos.

20.3.26

El Ayuntamiento de Zaragoza lo sabe


Es verdad, el Ayuntamiento de Zaragoza lo sabe. Sabe bien que durante dos meses al menos, el barrio de La Jota sufre una cagada espectacular de centenares de palomas de una raza muy determinada, que nos llenan las calles, los coches de cagadas. Podríamos ser más finos, pero es que simplemente son cagadas.

Y el Ayuntamiento de Zaragoza sabe bien por qué se producen, y yo también, y que en estas semanas hay que limpiar MUCHO mas las calles y aceras de estos excrementos, que además de molestos, huelen y pueden ser contaminadores de ciertos patógenos.

Estamos halando de Salud Comunitaria, de Salud Pública, de control municipal de lo que no es de recibo urbano.

Sabemos cómo hay que limpiarlas, sabemos incluso que si se convierten en una plaga, igual hay que hacer como se hace con las plagas, por ejemplo con la cotorra argentina. Es decir, soluciones hay. Pero no se quieren tomar.

El barrio de La Jota es uno de ellos, hay más barrios en Zaragoza con estas mala condiciones, pero cuantos más árboles hay, sin podar como se deben podar, y si hay ejemplos donde fijarse de cómo podarlos, podemos ir a Calatayud o a Bilbao, para poder dos ejemplos con el mismo tipo de árbol, que hay muchos más.

Lo que no es de recibo es soportar esto, y lo sabe el Ayuntamiento de Zaragoza. Ni que pasen días sin limpiar con agua a presión, las calles más habituales. 

Sí, no es que esas palomas hagan "sus cosas" todos los días, que efectivamente las hacen, sino que no se limpian todos los días, ni tan siquiera varias veces a la semana. Aunque… tal vez sea problema de los que deben —desde la empresa de limpieza— inspeccionar el trabajo. 

Julio Puente - Miembro de la Comisión Permanente del Consejo de Salud de Aragón



19.2.26

Aragón. Por Guara Central Sur. 1


Aragón dispone de algunos agujeros poblacionales incluso en territorios protegidos o que no son interesantes para instalar fotovoltaicas. Dado que están a sotavento del cierzo, sobre suelos de concesiones mineras a expropiarse o gozan de una insolación limitada.

Hay al menos tres espacios que cumplen estos fascinantes requisitos: la cara oculta del Moncayo en el término de Tabuenca, los valles del Isuela, el Ribota y el Manubles, todos en el Cuarto Espacio Zaragozano que muga con Castilla; el del altiplano central turolense del valle del Alfambra y barrancos tributarios que bajan de Lidón y Pancrudo, cortado el páramo por hileras de chopos cabeceros; y el despoblado prepirineo oscense en ambas vertientes de sus sierras. 

Espacio que abarca de Villalangua y Salinas al oeste hasta la Sierra de la Carrodilla y la Litera Alta al este: repleto de paisajes de bolos y zaborros, tierras de secano de calidad por arcillosas y adobado por “sies y aljubs” horadados como por otras piedras fecundantes y con forma de menhir sin tallar en mitad de los sembrados.

En el caso del Prepirineo oscense, la faja de que hablamos permite una visita demorada cuando florece antes que tierras más altas. Pues dispone de un conjunto de patrimonio monumental encantador y poco conocido entre los amantes del arte que prefieren opciones cercanas complementarias a practicar deportes de aventura y peregrinar por establecimientos de hostelería de calidad y enoturismo. 

Para llenar el día, se limitan a recorrer los notables museos e iglesias de los valles pirenaicos, las ciudades de Barbastro y Huesca y determinadas villas o conjuntos denominados bellos y reconocidos como los de Bolea-Loarre-Ayerbe, Alquézar y Fonz.

Todos ellos han vaciado su entorno de población, a la vez que han supuesto un cierto efecto demostración para extender su relativa calidad arquitectónica y han alimentado cierta conservación patrimonial de los cascos y viviendas de los que están muriendo y carecen hasta de escuela y bar.

Ello no quita para que cuenten con formidables ejemplos de arquitectura tradicional que combina tejados de teja árabe y vanos de madera, piedra y tapial, con casas-palacio abundantes en portalones de entrada de arcos de medio punto de piedra, rehabilitadas por los hijos del país emigrados a Cataluña o la clase media oscense que, en cuanto puede, vive al aire y vacía una ciudad de por sí nada agobiante.

Así y en la faja referida, de oeste a este, podemos disfrutar entre numerosos exponentes de calidad de múltiples periodos artísticos con la fábrica de la presa y puente de los Pantanos de la Peña y Ardisa, el monumental cementerio de Biscarrués pues cada generación produjo canteros, las iglesias románicas (una impresionante dedicada a Santiago) de Agüero y Murillo, los miradores de Sarsamarcuello, el conjunto patrimonial de Aniés, el de Guara Central sur tan afectado por la proximidad de Huesca que nos ocupa, los conjuntos urbanos de Estada y la Estadilla de la fuente ilustrada de doce caños; así como de la peculiar villa de Alins, las salinas de Peralta y núcleo de Calasanz y el visitado paisaje dentado y con congostos de Ribagorza Sur-Litera Norte, en los términos de Estopiñán, Estada, Viacamp y Pont de Montanyana.

Al norte de las sierras de Santo Domingo, Guara y la Carrodilla, es fascinante perderse y recorrer la falda sur de San Juan de la Peña hasta Anzánigo y su puente, el valle de la Garona y el pantano de Arguis, Nocito con sus bosques semejantes a los del Moncayo y un albergue precioso gestionado por Prames, las pinturas rupestres de los abrigos de Guara –único espacio mundial que contiene de todos los estilos-, la carrasca de Lecina y las ciudades feriales de Graus y Benabarre.

Quizá el espacio que me parece más bello, agreste y auténtico de todos, repleto de oliveras y bosques de carrascas y cicatrizado por varios barrancos, sea que el que se discurre de este a oeste entre los valles del río Flumen y del río Alcanadre.

Dado que contiene perspectivas monumentales como la que ha generado el pantano de Montearagón, unos mallos tan bellos como los de Riglos enmarcando el pantano de Vadiello –del que bebe Huesca- y alberga dentro del territorio protegido del Parque de Guara los parajes del Salto de Roldán, la ermita de San Martín de la Bal d’Onsera, el pantano de Calcón y el barranco de Formiga en Panzano y la carretera de conexión hacia el conocido y protegido por fin en verano “Salto de Bierge”. Conocida badina a orillas del río Alcanadre, cercana al difícil barranco de la Peonera.

Debe reivindicarse esta tierra roya y boscosa para hacer justicia y que se conozca por portar el nombre de su montaña sagrada. Puesto que territorios geográficamente ajenos al Somontano de Peña Guara son hoy los identificados con este nombre y marca comercial, que ha favorecido únicamente al desarrollo de actividades en Barbastro y Alquézar.

El tomate rosa o feo “de Barbastro” se produjo hasta en Jacetania y, como se ha citado, los barrancos especiales y tenebrosos se han patrimonializado como únicos por el Valle del Vero, enmarcado no por Guara sino por la Sierra de Sevil. Convendremos que la ciudad de Huesca no ha potenciado el rosario de lugares que recogen con ella la basura.

Repleta de colinas, de oliveras nigrales y carrascas, de almendreras de floración anterior a las de Colungo, en esta subcomarca oscense tan rica en paisaje y suelos como las tierras italianas de Cuneo y Barolo, varias asociaciones y residentes por amantes del territorio central de Guara se hallan en el proceso de que suene, de revitalizarla. De conformar que Angüés pinte algo como pequeño centro de servicios hospitalario.

Una ruta circular nos permite adentrarnos con el tozal de Guara como cortina a veces incluso nevada hasta Aguas. Antes nos habremos detenido para visitar el recién renovado Castillo de Montearagón. 

Accederemos a una plana reconquistada a partir de Alquézar que fue fundamental en la de la ciudad de Huesca por la dinastía jacetana Aragón y que cuenta con hitos fronterizos que marcaron la frontera norte de Al-Andalus. 

La carretera nace en el Estrecho Quinto y su nueva rotonda, pasa por la villa ceramista de Bandaliés y su alfarería Abío, permite visitar el puente gótico de Sipán sobre el Guatizalema, comprar aceites perfumados de nigral en Loscertales y arribar hasta el citado lugar de Aguas.

Cruce de caminos, otrora calzadas romanas, del que parten tres carreteras: la que conduce a Panzano citada y sigue al valle del Alcanadre, una segunda que se dirige al sur y la tercera que baja a Angüés en arco de ballesta y dirección sureste.

La última te obligará a dos paradas: la visita de la quesería y yogurtera de Sieso “Villa Villera” y la que es menester hacer al Monasterio de Casbas de las Glorias. El entorno de la villa de Casbas, con los de Alquézar y Jaca, en los que se desarrolla principalmente la exitosa “Años de Vida” de Marta Borraz, novela de justísimo éxito editada por Xordica.

La segunda ruta corta en línea recta esta plana hasta el cruce de la autovía de Velillas pasando por los núcleos de Liesa e Ibieca, en cuyos términos como joyas aisladas engastadas contra el Tozal de Guara se deben visitar al menos la iglesieta románica limusina y panteón de la familia Foces, San Miguel, y la singular ermita Santa María del Monte de Liesa. Por su especial historia y ejecución y la calidad de sus pinturas interiores.

De todo este conjunto monumental y de su patrimonio pétreo de cuevas horadadas como sedes de ritos fecundantes y otras colocadas expresamente en planas con forma de menhir, ha de hacerse una justísima y ponderada ampliación.

La mañana de San Juan. Beberán del mismo vino
Comerán del mismo pan Vestirán de terciopelo
Calzarán de cordobán

(Romanza de San Juan de Jasa, Jacetania. Grupo Hato de Foces de Huesca).


18.02 Luis Iribarren

17.2.26

Ebro 9: La producción energética y de papel, en el Valle del Ebro


Aun leyendo con atención todo escrito que producen mis compañeros fijos o eventuales de columna de opinión he de confesar que por amistad e interés temático disfruto especialmente del magisterio predicado en términos accesibles en materia de microeconomía doméstica a lo José Luis Sampedro que nos regala Miguel Ángel Otín y la serie temática sobre pasado industrial aragonés, cines, patrimonio ferroviario y afectivo de José Garrido.

Sin llegar a su profundidad de análisis y claridad de exposición, compuse para mi guía del Ebro un texto-ficha general que quiero compartir. Puesto que Zaragoza oficia como metrópolis no solo aragonesa sino punto de referencia del valle medio del río y su importancia industrial y de servicios desborda enfocarla como solamente aragonesa. Es más, se entiende mejor la agroalimentación del este oscense y trazamos un compás de dinamismo de 60 kilómetros descansando su punta en Lérida y que la de grafito rodee “les terres de Llevant”.



La cuenca del Ebro es un territorio compuesto por fondos de valle, somontanos y montañas, no muy poblado en términos de densidad por kilómetro cuadrado.

Las poco abundantes precipitaciones, el viento y el frío parecen las causas. Sin embargo es un territorio que sí es rico en agua gracias a los afluentes que bajan de las montañas y cordilleras que lo enmarcan. Además de sano en términos climáticos con el cierzo como fungicida natural.

Ello lo ha convertido históricamente, desde la colonización romana, en granero de especies alimentarias ricas en calidad de proteína y azúcar por la insolación. Con pocas ciudades mercado como cabeceras, se reveló el valle como territorio apto para el asentamiento de colonos en villas. Tras ello, en ubérrima huerta árabe en la larga pero escasa en anchura cinta regable de cada mejana del Ebro y sus afluentes. Un Nilo ibérico en toda regla, fertilizado cada año hasta el represamiento de sus aguas de deshielo bárbaras por los pantanos del Ebro y en sus poderosos afluentes de Ullibarri-Ganboa, Itoiz y Yesa que tantas avenidsa y destrucción de Tudela al sureste han contenido.



Solo a partir de mediados del siglo pasado el valle que representa el mapa de la Confederación Hidrológica del Ebro, y que no incluye al centro-sur del territorio turolense, fue transformado y planificado por su abundancia de suelos y agua, como la principal reserva logística española, la referencia aeroportuaria de mercancías del sur europeo, demarcación líder en la producción de energías renovables y primera sede de las industrias papelera, química a partir de la alcoholera por abundancia del cultivo de remolacha y nuclear de toda la Península. Dado que a su alrededor y en menos de dos horas habitan veinte millones de personas en las costas peninsulares o el conglomerado metropolitano de Madrid, todo ello se fabrica o genera con ellos como seguros consumidores, del mismo modo que sucedió con la industria cárnica que hoy se expande como producto de exportación fundamental en la Ruta de la Seda ferroviaria, uno de cuyos nudos principales es el puerto secto de Zaragoza.

Considerar en términos energéticos el tramo fluvial del Ebro burgalés es tener que citar necesariamente la primera central nuclear española: la construida en Santa María de Garoña entre Frías y Miranda. Fue promovida en uno de los sinuosos meandros de este curso alto de aguas puras a mediados de los 60, cesó en su actividad en la pasada década y utilizaba para refrigerar su complejo reactor de General Electric un canal de derivación de las aguas del río padre, que calentaba durante algunos kilómetros tras su paso hasta convertir las aguas del embalse de Sobrón en casi termales por temperatura.



Cuestión semejante, pues se necesita un importante curso para su refrigeración, sucedió con la elección y construcción de las centrales nucleares tarraconenses de Ascó I y II y Vandellós. Las primeras se erigieron con tecnología alemana, reactores Siemens, en la margen derecha del río en la comarca de la Ribera del Ebro que comienza al sureste de la presa de Riba-Roja. La ubicación se halla próxima a la célebre por literaria comarca de la Terra Alta y a las localizaciones y escenarios de la Batalla del Ebro. Musealizados en Fayón, Pobla de Massaluca y el museo memorial y centro de estudios de la batalla sitos en Gandesa.

Las centrales tarraconenses de Ascó se proyectaron y ejecutaron en los años 80 del pasado siglo, inaugurándose por el primer gobierno socialista de la Transición en medio de enconadas y apasionadas reacciones anti nucleares. Vivir para ver, la localidad citada, para mantener su población y empleo industrial, se ha auto postulado como sede de un almacén de residuos radiactivos.

Cercana a ella, y recogiendo su tradición industrial, se halla la, en su día, muy contaminante industria química de la población de Flix. Villa sita en un meandro del Ebro, en latín “flexu”, aprovechó la producción hidroeléctrica de Mequinenza-Ribarroja, la abundancia de lignito próxima y su ubicación y estación de la vía férrea Zaragoza-Barcelona (línea de Mora de Ebro) para industrializarse. Siendo sede de la mítica Ercros, que nos encontramos asimismo en la oscense Sabiñánigo, a orillas del Ebro se produjeron para toda España y Europa aquellos insecticidas tipo flit que se bombeaban para conseguir que el DDT fuera esparcido o rociado. La casi total homonimia flix-flit produjo que en España se dijera “pásame el flix” cuando se enronaban las cocinas de moscas.



Dentro del valle del Ebro, las industrias papeleras y cartoneras se concentraron y concentran especialmente en Aragón, Zaragoza y Alcolea de Cinca, como también produjeron la industrialización de la merindad navarra de Sangüesa, aprovechando las caudalosas aguas del binomio río Aragón-río Irati. Su papelera, en la que trabajó toda mi familia como primer empleo industrial, cocía papel gracias a contar con canal propio de alimentación, dejando un olor característico en la ciudad en tantos días de bochorno de verano en que nos refrescábamos saltando a la presa.

Hoy y en el futuro, el hidrógeno y energías renovables son las opciones que van a ocupar los cabezos y secanos de yeso del valle central, puesto que son pocos los que están protegidos. En la comarca de Monegros, a ambos lados de la Sierra de Alcubierre, existe una fuerte oposición de su población y agricultores a que sus páramos y sierras sean parque nacional.

Sin embargo, en la planicie de La Fueva de la montaña oscense se produjo un reciente importante rechazo a ocupar el paisaje con acumuladores subterráneos de baterías, de esos que nos van a meter en el Aragón vaciado para dizque sostener el precio de la luz y evitar apagones.

La batalla por liberarse de las opciones de desarrollo que necesitan una ocupación intensiva del espacio no puede darse en igualdad por los habitantes de los territorios sin población, sin asociaciones ni participación ciudadana, parcialmente vendidos a los intereses o aburridos de que expresarse en un procedimiento de información pública requiera altos costes en peritos y abogados.

La producción de energía y su consumo del suelo siempre fue preferente por motivos legales al urbanismo, hubo que batallar para que el Pirineo cobrase los IBI de las presas que soportan, no atiende al patrimonio paisajístico ni inmaterial. Se resume en una papelera SAICA 2 de casi un kilómetro de extensión en plena huerta romana que nos regala las mejores cebollas del Imperio.

Todo esto sin energía ni luz gratuita para los emprendedores y habitantes del Valle del Ebro. Quizá deberíamos volver a los molinos con centrales que dieron luz gratuita a partir de pequeños saltos a Jaca o Ansó, y con el sobrante se pagaron las becas de los que valían, porque querían, estudiar.

Si repoblamos Aragón con un 15% de población venida de fuera de Europa, hay que dar el salto que se ha dado en vida privada de que estas becas a estudiantes locales y las tarjetas gratis para cazar las puedan disfrutar como vecinos.

16.02 Luis Iribarren

5.1.26

El Día del Fin del Mundo en Zaragoza y Berdún


La noche del 9 al 10 de julio del año 1923, ya era martes día 10 de julio, se vivieron en Zaragoza un día Negro que algunos calificaron como el Día del Fin del Mundo. Esa noche, a las 4 y a las 5,30 de la madrugada se produjeron dos temblores de tierra a 155 kilómetros de Zaragoza, en Berdún, pero que se notaron muy fuertes en la capital del Ebro.

El segundo sobre todo fue, de una gran violencia lo que generó un gran pánico entre los vecinos de Zaragoza, que salieron de sus casas a la calle, creyendo que podrían venir más temblores y cada vez más fuertes.

Hubo pequeños derrumbamientos, muchas roturas de cristales y grietas en edificios viejos, y caída de muebles, cuadros o espejos dentro de las viviendas de Zaragoza. Se dice que una de las chimeneas de Galletas Patria fue derribada ese mismo día por el temblor.

Pero no calmados del terremoto, a continuación vino un tremendo ciclón de viento muy fuerte, y unas tormentas de intensidad apocalípticas.

El Terremoto: Características Técnicas

El terremoto más fuerte, el conocido como Terremoto de Martes (o Terremoto de Berdún) se inició a las 5 horas y 31 minutos de la madrugada del 10 de julio de 1923, en el corazón del Pirineo oscense. Su epicentro se localizaba en la Canal de Berdún, una fosa tectónica entre los pueblos navarros de Burgui y Castillonuevo, y los aragoneses Tiermas y Salvatierra de Esca, en las orillas del actual embalse de Yesa.

En términos de magnitud, el terremoto alcanzó 5.3 en la escala de Richter antigua (equivalente a magnitudes estimadas entre 5.8 y 6.2 en la escala de Richter moderna). Su intensidad máxima en la escala de Mercalli—entonces el estándar internacional para medir terremotos—fue de VIII (Muy Fuerte), particularmente en la zona del epicentro.

Lo que hizo extraordinariamente peligroso este terremoto fue su profundidad, excepcionalmente superficial, pus se produjo aproximadamente solo a un kilómetro bajo tierra. Esta combinación de profundidad superficial con magnitud moderada generó una amplificación sísmica desproporcionada, produciendo destructividad comparada a la del terremoto de Lorca de 2011 (que alcanzó intensidad VII a pesar de magnitud similar).

La sacudida principal duró 18 a 20 segundos de trepidación violenta, seguida de múltiples réplicas en los días subsiguientes. Aunque el evento principal del 10 de julio fue el más destructivo, la crisis sísmica se prolongaría durante meses, con 87 réplicas registradas hasta finales de diciembre de 1923, algunas de intensidad V-VII en la escala de Mercalli.

El Impacto en Zaragoza: La Sacudida Lejana

Aunque Zaragoza se encuentra aproximadamente a 155 kilómetros de distancia del epicentro, la intensidad del terremoto fue lo suficientemente grande para ser percibida dramáticamente en la ciudad. Las crónicas contemporáneas documentan que "tembló todo el suelo de Zaragoza y gran parte de su provincia. 

Minutos después de las cinco y media se registró la sacudida terrestre, que se dejó sentir con notable intensidad y duración". Los relatos describen que la tierra "trepidó con violencia" durante más de veinte segundos, causando terror entre la población que despertaba en la madrugada.

Los daños sísmicos directos en la ciudad fueron relativamente moderados comparados con la zona epicentral: solo cristales rotos, daños estructurales menores, pánico generalizado, pero sin colapsos catastróficos. Sin embargo, el terremoto fue solo el preludio de lo que vendría después.

Ciclón y Tormenta Apocalíptica

La verdadera catástrofe de aquel día llegó después de las dos de la tarde, cuando un ciclón de aire muy fuerte barrió la ciudad de Zaragoza. Los testimonios de la época describen que "volaron persianas y toldos, se golpearon puertas y balcones con gran estrépito", generando un caos de ruido y destrucción menor que advertía de lo que se aproximaba.

Tras el ciclón llegó la tormenta más violenta que la memoria histórica de Zaragoza recordaba. Una descarga de granizo de proporciones apocalípticas que se prolongaría durante horas. El granizo caía en "gran abundancia y de grueso tamaño", rompiendo masivamente cristales de marquesinas, lucernarios y especialmente balcones orientados al sur.

Los daños de esta tormenta fueron catastróficos: 

Inundaciones urbanas masivas por acumulación de agua en las calles
Desbordamiento del Ebro y otros ríos (Jalón, Jiloca, Gállego)
Pérdidas agrícolas tremendas en la huerta zaragozana, que era la base de la economía local
Rotura generalizada de cristales en edificios y negocios
Corte de servicios: la vía férrea quedó cortada, las comunicaciones telefónicas y telegráficas se perdieron, carreteras y caminos se tornaron impracticables
Apagón prolongado: barrios como Torrero tardaron varios días en recuperar la luz eléctrica
Zaragoza quedó prácticamente incomunicada del resto del país

Mientras Zaragoza sufría estos daños significativos, la zona del epicentro vivía una devastación casi total desde las primeras horas de la mañana. La localidad de Martes fue prácticamente destruida; de sus 100 casas, dos fueron demolidas completamente y las otras 98 tuvieron que ser derribadas o reformadas profundamente. La afortunada circunstancia de que muchos habitantes estaban en el campo durmiendo, en esa época de julio de cosechas y siega, probablemente salvó vidas.

La cercana Berdún sufrió aún más; fueron 11 casas completamente demolidas y 249 de sus 260 edificios totales, presentaban daños considerables. La torre de la iglesia de Tiermas se desplomó, y la de Mianos quedó gravemente agrietada—grietas que permanecen visibles en el siglo XXI.

En el pueblo de Mianos, todos los relojes se pararon simultáneamente, incluido el del templo parroquial. La pila bautismal se desplazó, el baldaquino tornavoz se dañó, y la torre se agrietó tan severamente que aún hoy conserva cicatrices del terremoto.

En San Juan de Mozarrifar, ubicado más al sur y muy cerca de Zaragoza, el impacto de las tormentas fue catastrófico: 33 casas se hundieron y la población hubo de ser evacuada en barca, siendo la zona cercana a la capital en donde más destrucción hubo.

La extraordinaria circunstancia de que la mayoría de las estructuras (especialmente iglesias) permanecieran en pie o parcialmente reparables se debió a que la construcción tradicional pirenaica—basada en vigas de madera y teja—es más antisísmica que las estructuras de hormigón moderno, pues la construcción tradicional flexible absorbió la energía sísmica que estructuras modernas hubieran colapsado los edificios.

La Investigación Científica

El sismólogo Alfonso Rey Pastor, director del Centro de Sismología de Toledo y uno de los expertos más destacados de España en el estudio de terremotos, se trasladó a la zona a principios de agosto de 1923. Rey Pastor ubicó con precisión el epicentro en la localidad de Martes y realizó investigaciones exhaustivas que culminarían en la publicación de su monografía técnica: "El período sísmico de la Canal de Berdún (Pirineos) 1923-25" (1931), con un documento de referencia en la sismología española.

La investigación de Rey Pastor fue importante porque documentó que la zona del Pirineo aragonés forma parte de un sistema de fallas activas con historia sísmica documentada desde períodos medievales. El terremoto de 1700, por ejemplo, había destruido los pueblos de Bahón y Ena en el mismo valle del Aragón, demostrando que la zona posee actividad sísmica periódica de considerable magnitud.

El pánico en la zona rural fue considerable. Algunos periódicos especularon con la posibilidad de que la sismicidad fuera preludio de la activación de un volcán dormido en los Pirineos durante milenios. Hubo reportajes que hablaron de "llamaradas" saliendo del suelo (posiblemente producidas por fricción de bloques rocosos) e incendios de montes desencadenados por la agitación telúrica.

Estas especulaciones catalizaron una evacuación ampliada y muchas poblaciones de la zona fueron evacuadas a campamentos militares improvisados, incluyendo a tropas de Jaca que acogieron a los damnificados en tiendas de campaña durante semanas.

La Memoria Histórica

El 11 de julio de 1923, el diario Heraldo de Aragón dedicó prácticamente su edición completa al evento, un hecho extraordinario en la época. La portada ocupaba un titular de toda página: "TEMBLORES DE TIERRA, CICLÓN, TEMPESTADES", con subtítulos que hablaban de "los elementos naturales en furia", "espectáculos pavorosos" y "daños y estragos sin cuento” o "El Día Que Zaragoza Vivió el Fin del Mundo".

Lo notable de la cobertura no fue simplemente la escala de la catástrofe, sino el carácter sin precedentes de la concatenación de eventos. 

En una sola jornada, Zaragoza y Aragón experimentaron simultáneamente: 

Un terremoto de intensidad VIII (máxima destructividad en escala tradicional)
Un ciclón de velocidades extremas
Una tormenta con granizo de proporciones extraordinarias
Inundaciones catastróficas

Los historiadores locales refieren el 10 de julio de 1923 como "el día más movido que la historia de Zaragoza recuerda, meteorológicamente hablando”. Aunque las fuentes históricas hablaron de víctimas mortales (cantidad no especificada), el número fue milagrosamente bajo dadas las circunstancias extraordinarias. Sin embargo, los daños materiales fueron extensos: pérdidas agrícolas en la huerta, destrucción de infraestructuras rurales, daños estructurales urbanos generalizados.

Zaragoza tardó semanas en sobreponerse, y la zona del epicentro mucho más. La reconstrucción de Martes, Berdún, Mianos y otros pueblos se extendió durante meses, con asistencia de autoridades militares y civiles.

El terremoto de 1923 fue el mayor terremoto registrado en Aragón en los últimos 100 años, y permanece como punto de referencia obligatorio en la sismología española. Su estudio por Alfonso Rey Pastor proporcionó información crítica sobre la estructura tectónica de los Pirineos y la presencia de fallas activas capaces de generar terremotos de magnitud comparable a los que amenazan regiones más tradicionalmente asociadas con sismicidad en España (como Andalucía o Murcia).

Además, el evento de 1923 se convirtió en factor catalizador de las tradiciones locales posteriores. Por ejemplo, se especula que el origen de las "Fiestas del Barrio de La Jota" en Zaragoza está conectado con celebraciones posteriores de recuperación y resistencia tras los eventos de 1923.

El 10 de julio de 1923 permanece en la memoria histórica zaragozana como un momento en que la naturaleza desplegó toda su fuerza destructiva sin restricción: una jornada que merecidamente ha sido descrita como aquella en que "Zaragoza vivió el fin del mundo".



6.10.25

La Ofrenda de Flores y Frutos: Cuaderno de campo de Hierbecicas de otoño


Me seducen las hierbas y sus usos, las setas,… Como sucede con los complementos de la moda, en muchas ocasiones son el plato principal porque el aroma es el ochenta por ciento del sabor: de una persona, de una casa cuando huele a guiso, de un vino,… y los productores de alimentos que enganchan lo saben.

La albahaca es el símbolo de mi Alto Aragón: cuando huele, son fiestas.

En otoño las hojas se pudren, con el sol en tangente y las aguas de tormenta brotan sabrosas setas efímeras. Las primeras lluvias provocan que el Ebro vuelva a oler a limpio, a limo renovado por una nueva capa de sedimentos.

No quedan días de verano, el cierzo se los llevó.

Aunque para gozar de un azul añil mediterráneo, comerse un guiso de pollo perfumado a pino con rebollones y pasear por la tarde sin sudar, absorbiendo sin quemarse las vitaminas solares, ya puede quedar este tiempo.

La coctelería, la gastronomía, la festividad de Todos Santos relacionada con las flores, los frutos y vegetales maduros (las dos espectaculares ofrendas del Pilar no son casualidad)… hacen gozoso el verdadero verano. Así llama la cultura japonesa al tiempo que abarca con un calor moderado de uva pasa de Alejandría de San Miguel a San Martín, el de después de los monzones.

Estamos en el tiempo del inicio de la temporada de los cítricos: del limón pomposo que es el pomelo, de la naranja antioxidante según se tome y del mío favorito, la mandarina perfumada de zumo dulce y piel aromática. Todos se dan de bruces con los medicamentos al contener sus propiedades. La diferencia en fragancias entre los vinos blancos franceses y aragoneses es la notable presencia en los últimos de aromas cítricos agridulces.

Antibiótico en sus efectos es el lúpulo, de notabilísima y destacada presencia para compensar el agua caliza del Valle del Ebro en la cerveza producida en Zaragoza. Es la hierba causante de que dé tanta hambre beberse dos cervezas porque tiene por su amargor componentes aperitivos conocidos para matizar el proceso de malteado desde Roma.

Como curiosidad, los babilonios lo utilizaron para la curación de la lepra y afirmaban que prevenía el envejecimiento. En Daroca podemos encontrar una plantación de esta trepadora con pasaporte aragonés, que cabe sustituir por las flores de manzanilla: que cuentan con aceites esenciales y compensarían criar tripa por sus efectos demostrados antiinflamatorios.

La granada roja nos rejuvenece cerca del ajo y la escarola o como interesante adición a los combinados.

La mejorana y el orégano desinfectantes y con sabor a pino, la menta picante y digestiva como bien conocen nuestros vecinos del Magreb que la meten en el té negro, la melisa cítrica y la resina de pino con que los griegos aromatizan los vinos blancos, son abundantes en Aragón.

Mayor tradición en Zaragoza si cabe tiene la fabricación y consumo de regaliz, ese palo un poco dulce y anisado, también ácido, con una azúcar propia que quita el mal de cabeza.

En nuestros días los viveros producen aromáticas todo el año: tales como el tomillo, antiinflamatorio natural, rico en minerales que activa la circulación; el romero que quita la tos y el catarro, amargo y rico en aceites esenciales y mejor amigo de los asados; la rosa que en Turquía se come en gelatina dulce y tomó nombre de Rodas, la isla fragante (por cierto, el puerto fragante es Hong Kong).

Las rosas con sus miles de variedades, primas de las almendras y manzanas, ricas en aromas a almizcle y otros cítricos, fueron canon de la belleza femenina. Sus matas son abundantísimas en los jardines populares todavía regados por abuelos que dominan el apoyo del peso y su inercia para cavar con estilo en los jardincicos delante de sus bloques de Balsas del Ebro Viejo, de sus parcelas de La Jota o La Paz.

El otoño es tiempo para tomar a mitad de tarde un vino tinto o una taza demorada de té. Del negro fermentado estimulante, astringente y que despeja la mente que llegó a Inglaterra desde la costa turca del Mar Negro y causó la independencia americana, consumido en mezcla con bergamota para desayunar; del verde antioxidante y más leve, apto para meditar, amargo y sutil si utilizamos pocas hojas al modo chino; del hervido con jazmín y otras flores, para darnos un homenaje gustativo… La combinación más refinada de la cocina japonesa sirve la seta matsutake en un tetera en caldo dashi y nueces de gingko, el árbol de oro.

Disponemos en el mercado de frutal pimienta verde en conserva, de la pequeña orquídea del que se raspa su interior que es la vainilla (que aromatiza y hace adictivo el tabaco de Virginia o un buen chocolate), de nuez moscada que le va bien al reúma, de pimientas de Jamaica que recuerdan a la canela y van bien, como el clavo, con el chocolate, de polvos de la quina que salvó a los ingleses de la malaria con azúcar y lima añadidas al agua carbonatada (ya saben, la tónica un poco psicotrópica)…

Aragón tiene pendiente usar más salvia como toque picante y fresco que matiza la grasa de cordero, la segunda hierba nacional italiana tras el orégano que mantiene el pulso firme y los nervios de acero, de la que los fanáticos italianos hacen licores con limón. Porque la salvia salva, y tiene un saborcillo a alcanfor del que gozan en el Mediterráneo al este del Tirreno todas las culturas.

06.10 Luis Iribarren

5.9.25

Ebro 1. Vía romana Cesaraugusta Burdingala. Planteamiento de la Serie


Cada día los residentes que bajamos de Huesca y nos instalamos para vivir en el entorno de la Estación del Norte “cruzamos a Zaragoza”. Para asombrarnos, asistir a conferencias, comprar en el Mercado Central y ver el tranvía.

Un número cada día mayor de visitantes de la ciudad y residentes en la margen derecha de la ciudad hacen deporte en sus orillas, ven el sol caer desde una península en San Lázaro llenando de rayos naranjas uno de los arcos del puente de piedra, deciden pernoctar en los hoteles del Arrabal, acuden en masa a ver los fuegos artificiales de la Arboleda de Macanaz.

Todos nos quedamos embobados con el Padre Ebro.

El río que adjetiva a toda una península no por casualidad: es el más caudaloso de su cuenca mediterránea en la que se establecieron sus primeros colonizadores. La puerta de levante de las mesetas celtíberas y con sus sedimentos pirenaicos e ibéricos fueron garantía de producción de alimentos abundantes y de calidad en sus huertas que se exportaban a Roma.

El Ebro junto con al Ródano y Nilo son los cursos, atravesando desiertos u horadando sistemas de sierras, que más agua aportan al Mare Nostrum, los que mueren en los deltas más extensos.

El valle de la vena fluvial que atraviesa Aragón, como la de los otros ríos, se asemeja a vista de dron en aspecto a los de los ríos uzbekos Amu y Sir Daria, al Amarillo en China, al San Francisco y Uruguay sudamericanos: cintas escasas de verde serpenteante heridas por un hilo central de plata que atraviesan un inmenso plano ocre.

Los ríos mediterráneos son de régimen de cauce muy irregular, nacen en cordilleras de nieves antes perpetuas y de ellas, más que de lluvia, se alimentan. Su caudal máximo anual se ha adelantado al final del invierno, dado que no todas las aguas de deshielo se regulan y detienen. Antes de construirse los pantanos de cabecera de sus afluentes, en épocas cercanas más frías, sus avenidas ocurrían mediada la estación primaveral. A principios de mayo como indican las fiestas de los navateros y almadieros cuyos troncos se bajaban río abajo para su venta en Tortosa.

Los ríos mediterráneos europeos por discurrir en general su curso de norte a sur, o semejante de noroeste a sureste, atraviesan valles oxigenados por vientos secos de cola de borrasca. Al norte de las cordilleras que los circundan llueve más, pues las nubes atlánticas o del Báltico cargadas de agua se detienen en las barreras montañosas cuya cara sur recibe la influencia del desierto sahariano, del simún seco.

De modo inverso, las tormentas que más agua aportan al Ebro en su vertiente ibérica sur son las producidas por el aire caliente de Madeira y de Canarias, canalizadas en forma de fagüeño o “aire negro”, como lo nombraba mi abuela.

El río del pueblo tiene nombre ibero (herri ibaia) y no nace en puridad como se le ha atribuido en Fontibre, etimológicamente la “fuente del Ebro”. Pozo artesiano así bautizado por el cronista romano Plinio el Viejo. Dado que ese manantial brota por filtración de las aguas del río Híjar.

Comportándose este torrente como falso afluente del principal, hoy computa para establecer la verdadera longitud total del río y mana en las laderas de la cara sureste del denominado Pico de Tres Mares, al este de la Cordillera Cantábrica. Este monte es el punto más elevado de la estación de esquí de Alto Campoo, en término de Brañavieja y se puede acceder a él por carretera.

El nombre de este pico es ilustrativo en su polaridad. Sus diversas vertientes generan aguas que por gravedad mueren en el Cantábrico, Mediterráneo como también en el Océano Atlántico: dado que las de su cara sur alimentan el río Pisuerga y cuenca del Duero con final en Oporto; las de su perfil oeste desembocan en la próxima costa cantábrica a través del río Nansa y las del norte, después giradas al sureste por causa de la orografía glacial, nutren las del río Híjar que después se torna Ebro.

Los cursos de agua permanentes permitieron los primeros asentamientos humanos del Neolítico: a cargo de pueblos que se asentaron en valles que aseguraban alimentación suficiente en cada ciclo agrícola, herederos de tribus antes nómadas que en parte subsistieron como trashumantes. Debiendo garantizarse mediante el uso, ocupación o conquista, en otras ocasiones trocando productos, sus pastos de invierno en tierras bajas necesarios para alimentar a los rebaños de montaña en la que solo brota la hierba y flores a partir de su deshielo primaveral.

Así sucedió con el surgimiento de poblaciones y ciudades en los cursos del río Amarillo chino, el Tigris o Éufrates, el Indo y Ganges. Del mismo modo que Macedonia fue la reserva de pastos de toda Grecia y fuente de su poder económico, en el valle de nuestro río se asentaron civilizaciones excedentarias en producción de alimentos vegetales y animales antes que la civilización romana profundizara en la organización de villas y emporios. Pueblo que incluso se encontró con el olivo y la vid como cultivos introducidos desde los puertos mediterráneos por Fenicia.

Por todo ello en su decurso y riberas se hallan testimonios de asentamientos tanto celtas e iberos como cántabros y vascones.

El río, más caudaloso que en nuestra época, llegó a ser navegable aguas abajo de Zaragoza, como demuestra su puerto, y fue fácilmente colonizado por Roma su fértil valle remontándolo desde Tarraco y Dertosa con naves, impulsadas por el aire de bochorno o remolcadas a sirga en épocas de estiaje.

La romanización con la ocupación de las mejores tierras feraces para el cultivo de la triada romana –vid, trigo y olivos- se produjo a partir de la fundación de ciudades campamento planificadas en las que se asentaron los legionarios al servicio del imperio, con importante implantación de los toscanos y cisalpinos. Basadas en villas, auténticas comunidades de producción y autodefensa.

Así se establecieron junto con el sustrato celtíbero inicial colonos emigrantes: componentes de tropas levadas, centuriones pagados con sal y alimentados con galletas y cebolla, reclutados como cives o para conseguir dicha consideración. Se establecieron en bases o colonias para dar guerra a las tribus celtas e iberas persistentes en las selvas. Levantiscas y casi nómadas en el caso de las que se atacaban desde las colonias que aseguraron el limes norte de la civilización romana, como Pamplona, Astorga o Lugo.

Si vis pacem para bellum, los ingenieros y arquitectos ítalos buscaron para su fundación emplazamientos dominantes de los somontanos de solano.

A partir de Roma, ascender el Ebro y sus ríos afluentes principales fue relativamente sencillo para todos los conquistadores peninsulares, al dejar dicha civilización calzadas, puentes, ciudades y diversas infraestructuras. Las primeras sobre las sendas de trashumancia.

Pasar los puertos de la Cordillera Cantábrica y los Pirineos siempre ha sido hasta las recientes autovías otro cantar, como todavía hoy lo es para el transporte ferroviario. La civilización romana y su imponente red de obras constituyó el cemento necesario para que prosperasen las villas y ciudades del interior de la provincia Tarraconense. Siendo el Hiberus, su río principal cuyo nombre así quedó romanizado, el eje de la misma.

03.09 Luis Iribarren

18.6.25

Árboles Mágicos a menos de dos horas de Aragón


Durante los siguientes meses nos van a visitar turistas y cazadores, van a hacer rutas por el Pirineo oscense y a quedarse en Teruel. Atravesarán carrascales y bosques de boj en el Prepirineo, el mejor sabinar y carrascal trufero en extensión de Europa subiendo de Valencia, gozarán de un café bajo el tilo tótem de Benás y de un libro oliendo la resina de un pino rodeno de los Montes Universales. Los fines de semana el Moncayo se llenará de navarros y vascos, conocedores de la abundancia de setas y microclimas de la cara norte húmeda aragonesa.

Propongamos lo contrario por una vez, transgredamos la frontera ficticia de las autonomías como harían un cernícalo y una garceta. Elijamos entornos con árboles emblemáticos próximos a Aragón para echar la siesta y recomendemos su visita. No os costará más allá de dos horas llegar. Todos los característicos y especiales, únicos y distintos.

1.- Dehesa del Moncayo sur de Cueva de Ágreda.

Atravesando los paisajes en que se grabó Doctor Zhivago y previo almuerzo de chacinas sorianas y vino joven de San Esteban en Ágreda (visitad sus bancales de huerta árabes perimetrados por muretes de adobe), podéis circunvalar el Moncayo a partir de Ólvega y volver a Zaragoza por Purujosa o Aranda del Moncayo, completando una jornada épica. Es menester picar espuelas en el páramo soriano, llevar y no soltar riendas por él con buena música de Neil Young y parar el caballo de vapor que llevemos en la magnífica dehesa que se extiende por ambas vertientes del Arroyo de la Majadillas. Regato que baja de la cumbre del monte y nace en el Collado de Morcas, cruzándose a pie a la dehesa si se desea desde el santuario aragonés por la senda de San Gaudioso. Todo ello para disfrutar de la mejor colección de robles próximos a Aragón que puedan visitarse. Recomiendo ir a mediados de octubre.

2.- Paseo por los sotos de ribera del río Najerilla en Nájera.

Rioja no te la terminas, cada valle a pocos kilómetros al sur del Ebro es una sorpresa, un entorno boscoso incomparable albergue bosque mediterráneo o, como el Moncayo, reductos y corros muy bien conservados de bosques atlánticos. Este año no vamos a recomendar la visita de Valvanera, la Cogolla ni Cameros. La propuesta sería visitar Nájera, disfrutar de sus pastelerías, cafeterías de ribera en el río y regodearse en el Monasterio de Santa María de la que fue capital navarra del sur, echando un tinto joven acompañados por peregrinos de todas las procedencias. Vivir el camino y leer cualquier poema de Gonzalo de Berceo en el parque del Paseo, gozando de lo bien que viven, comen y disfrutan de la vida los riojanos: como poca gente en el mundo. En el paseo subsiste con una poda semejante a los chopos cabeceros de Teruel un árbol monumental riojano, pariente entonces de los aragoneses presentes en cada río: un álamo blanco de 30 metros y más de 100 años que cariñosamente los najeranos llaman “La Olma” y que presenta tres guías o subtroncos únicas en su especie.

Quiero fer una prosa en román paladino, en la cual suele el pueblo fablar a su vecino;
ca no so tan letrado por fer otro latino. Bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino.

3.- Olivos milenarios de Ulldecona.

Los puertos de Beceite de la quinta provincia (así se llama al macizo que comparten Aragón, Cataluña y la comarca de Morella valenciana) son un paraíso vegetal de pino negral autóctono en el Parrisal. Es una comarca valorada, conocida y visitada en su cara oeste aragonesa, llamada Matarraña, por visitantes catalanes y europeos: la Toscana Aragonesa se la llama, pues se halla trufada de municipios con especial y propia arquitectura renacentista. Ello no obsta a que sean igualmente bellas y montaraces las sierras que rematan Terra Alta, acceder a Monte Caro desde Tortosa como perderse entre los viñedos de garnacha centenaria y las parcelas con olivos milenarios. Siendo los mejor conservados y cuidados del entorno somontano de los puertos, aprovechando la humedad del aire del Mediterráneo para nutrirse, los de la villa de Ulldecona de la cara este del macizo. Los toparéis tomando la carretera a Godall, repleta de olivos retorcidos como anacondas entre la que destaca un olivo con DNI, la olivera llamada Farga d’Arion que data del año 314. Es un árbol que representa como la Sabina de Villamayor toda la condición boscosa y el paisaje romanizado del que hoy quedan restos en la provincia Tarraconense y del Valle del Ebro, que debió ser un bosque de olivos semejante al Alto Guadalquivir en nuestros días. De estos árboles se moltura un indescriptible aceite que se comercializa para la protección de estos árboles sagrados. Si queréis gozar de un paisaje aragonés semejante, deteneros una vez en la vida en los olivos centenarios que preceden la llegada desde Zaragoza a Belchite.

Recomendación literaria para leer un poema debajo de un olivo tarraconense: Jo soc pau i victoria, de Ernest Macià.

4.- Sabinar de Calatañazor

En la vía histórica entre Soria y Burgo de Osma, cabecera episcopal de la provincia cabeza de Extremadura, gozaremos en la villa de Calatañazor del mejor sabinar de alto porte del mundo. Dado que los sabinares más extensos de árboles no tan longevos ni altos se desarrollan en suelos más pobres de cascajo de la Alcarria de Guadalajara y los somontanos turolenses de Javalambre. La villa soriana “Calat-nussur”, castillo o nido de águilas, fue capital en la historia de la reconquista pues dice la leyenda que en Calatañazor perdió Almanzor su tambor, sufrió una crucial derrota en su retirada a Córdoba tras asolar Rioja a manos de Sancho García, conde de Castilla. Dicen los botánicos que el asombroso estado de conservación de la colección de sabinas blancas de la villa se debe al feraz suelo de pulpa de huerta sobre el que se hallan asentadas, así como a una sabia utilización de su madera y poda.

Azor, Calatañazor, juguete. Tu puerta, ojiva menor, es tan estrecha, que no entra un moro, jinete, y a pie no cabe una flecha (es un bosque con poeta y poema próximo a centenario, de don Gerardo Diego).

5.- Hayedo mágico de Urbasa

Aragón conoce y visita asiduamente los renombrados hayedos de Larra y Selva de Irati, los pinares negros de la Piedra de San Martín de los valles de Roncal y Salazar, los más occidentales pirenaicos que trasladan a Bohemia. Próximo a Estella, el parque natural de Urbasa es atravesado por varias pequeñas carreteras de montaña en perfecto estado de conservación. El entorno alberga joyas paisajísticas como el nacimiento del río Urederra (el del agua bella) y contiene una singular meseta que se derrumba al norte y sur en dos valles, repleta de hayas y robles, más húmeda y atlántica que su pariente aragonesa de San Juan de la Peña. Urbasa en euskera significa el bosque del agua, dado que es un macizo calcáreo de karst que acumula y filtra un tercio del agua de Navarra, dando lugar a milagros como el bosque encantado de Urbasa y una proliferación de fuentes única en el Valle del Ebro.

Hi hintzena, bi arraia zaharren, gurutzaketa, galdu da, galdu haiz. Lo que tú eres, el cruce de dos antiguos rastros, se ha perdido, te has perdido (Ruper Ordorika)

6.- Plátanos y jardines de Olorón.

Et voilà… Bajamos por curvas cerradas y sorteando camiones, esperando el tren, el valle de Aspe y Olorón está solamente a 224 metros sobre el nivel del mar, cuando su ciudad hermanada de Jaca a 880 metros. En términos botánicos y de microclima sabemos lo que ello comporta. Mientras que en el Pirineo sur aragonés enseguida se pasa a la carrasca, el quejigo y bosques secos mediterráneos menos en las caras norte de las sierras, en Pirineos Atlánticos por poca altitud, cercanía del Golfo de Vizcaya y calidad de suelos, nos hallaremos a una hora de Jacetania inmersos en un clima subtropical húmedo. Los jardines de Olorón nos trasladan a las Rías Bajas de Pontevedra, en ellos nos podemos encontrar magnolios, matas de plátano, mangos y orquídeas que crecen sin miedo a morir por helada tardana. No es de extrañar que el vino de la zona denominado, el Jurançon, me recuerde tanto al albariño pontevedrés.

Avec le temps, Avec le temps, va, tout s'en va. On oublie les passions et l'on oublie les voix Qui vous disaient tout bas les mots des pauvres gens, Ne rentre pas trop tard, surtout ne prends pas froid (Léo Ferré)

7.- Alto Tajo, congosto de la Virgen de la Hoz, cerca de Molina.

Por Gallocanta o Monreal, es un placer meter los pies en el Gallo o en el Tajo en agosto, ir a comer zarajos y visitar esta joya patrimonial botánica especialmente en otoño. Entre farallones de conglomerados rojizos de arenisca, paisajes semejantes en cromatismo a los mallos del Prepirineo oscense, discurren ríos y barrancos repletos de pinos y otras plantas como manchas de romeros agarrados a los pocos sedimentos sueltos que hay entre las rocas ya pulidas. Es un paisaje con bruma de calidad de belleza a la altura de los bosques patrimonio de la humanidad del sur de China en los que la botánica, la roca y el agua generan estampas de grabado zen. En otoño, los amarillo y naranja de los árboles de ribera resaltan contra el fondo caldero de la roca de modo inolvidable. En la ciudad de Molina, el río se atraviesa por magnífico puente románico rojo, de la piedra del país, de tres arcos escarzanos desde el que se divisan cuidadas riberas en que se han plantado tilos y fresnos. Fue parada y fonda, fundamental estancia, del Camino del Cid hasta Valencia.

Con vos iremos, Cid, por yermos y poblados; Que nunca os faltaremos, mientras estemos sanos.

8.- Las nogueras de San Bertrán de Comenges

En el camino o vía tolosana por Sobrarbe, la que atraviesa el túnel de Bielsa, me pareció una vez como aragonés camino de Tolosa obligado detenerme en Sant Bertrand de Comminges y su fundamental basílica mezclada con partes románicas, góticas y renacentistas. El entorno de este valle ya cercano a Lannemezan contiene restos de la que fue, con Agen, una de las principales regiones productoras de fruta de mesa de altura de calidad de los Pirineos norte. Quedando en márgenes y caminos, como sucede en Berdún, Boltaña y Campo magníficos ejemplares de manzanos, cerezos y perales de altura con semillas y varietales propios, protegidos del viento sahariano por la muralla pirenaica que conduce al valle de Benasque.

Cuando vayáis a las ferias sobre cine español, mercados de abalorios anarquistas, a comer en el Canal de Midi o visitar el soberbio románico tolosano, parad en este paraíso y sentiros en un día de bochorno apacible de los que abundan en Biescas.

17.06 Luis Iribarren