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19.9.26

Escenarios imprescindibles de la Jota Aragonesa

Deeee Castellote han traído

Voy a entrar y no me dejan, voy a salir y no puedo (parte del “Bolero de Caspe”, de Joaquín Royo, músico militar)


Se acerca el Pilar, las ofrendas y rondas en Zaragoza jota en ristre. Especiales y sentidas en el Rabal y Barrio Jesús: balcones que durante el año ya guardan poco silencio, escenarios de tránsito de los carreteros que bajan de Sierra de Luna.

La jota se tañe, baila e interpreta en toda España, Barreiro nos ha glosado en muchas ocasiones sus intríngulis y origen. A mí solo me interesaron sino las de Raimundo Lanas, “El Ruiseñor de Navarra” que se sabía mi padre y cantaba en voz aguda delgada, hasta que mi querido amigo Ángel Aransay me inoculó la pasión que comparte Pablo Echenique por las de picadillo. Me las recitaba sotto voce entre los gritos de las noches del Bonanza de los 90.

Además gran parte de mis primas y amigas la han bailado: en el grupo Rocamador de Sangüesa o en los míticos de preservación de la jota pirenaica “Alto Aragón” de Jaca y “Grupo Folklórico Santiago” de Sabi, que salvó la lenta y masticada jota de Aso de Sobrepuerto, junto a Betés y Yosa, dios te libre de los tres. Mis amigas y familiares ya no son las bellas niñas que y no fueron por agua a la fuente del ibón, sino que subieron conmigo a bañarse en ellos.

La jota ha pasado el filtro ministerial español, impulsada la candidatura por varias Comunidades y liderada por Aragón, para ser considerada Manifestación Representativa del Patrimonio de la Humanidad y, tras ello, que la UNESCO lo reconozca. Tal vez a final de esta añada se produzca, de lo que se alegrarán los Sabandeños, María del Mar Bonet, los rondadores tortosinos o de los valles del Tiétar. Y en la dura Castilla: arriba, abajo, a tu novia le espantan los escarabajos…

La jota da lugar a turismo del no estacional, a encuentros e intercambios, viaja porque lleva participando en el Festival Folklórico de los Pirineos de Jaca hace decenios, mantiene una potente artesanía indumentaria y goza del reconocimiento de la audiencia los domingos en la televisión autonómica. Las familias pagan profesores y vestidos sin reblar.

Aunque del fenómeno nos dejaríamos que permite viajar dentro de Aragón, y os propongo más allá del Casco Viejo de Zaragoza gozar de seis de sus más especiales escenarios. A la vuelta de cuatrocientos años, quizás se visiten en Aragón centros de datos que afecten al agua de boca por la reducción de reservas, al servicio de que consultemos una IA que dejará sin trabajo a los informáticos, que se están sublevando como si ellos fueran los ciborgs.

Al bolero le han traido…

1.- BARRIO Y AVENIDA DE LA JOTA

Empezamos por el Distrito 14 cuyo centro cívico honra al mítico grupo liderado por Mariano Casanova, en que se programan actividades japonesas pero no tanto jota.

En él, el Barrio la Jota dedica sus calles y plazas a importantes cantadoras y menos cantadores y lo vertebra la Avenida de la Jota, que no es una calle de Nueva York paralela a otras que fueran Ka, Ele o Hache, que no estamos en Villarquemau. Merece la pena disfrutar de un rato de lectura en el Parque del Royo del Rabal, dedicado a Pedro Nadal y Auré, mejor jotero del siglo XIX que tiene su cabezudo pelirrojo, y fue representado por don Santiago Lapuente, otra calle de mi barrio.

Pasad y trespasad los pasajes dedicados a los maestros Orós, Tremps y Calavia sin molestar mucho a los vecinos que nos regalan flores con su trabajo, instrumentistas y maestros de solfeo de la Escuela de Música de Zaragoza hace cien años.

2.- ANDORRA, la de Teruel

La jota que más emociona y ha relevado al “que cuando vienen del campo, vienen cantando” (“Las espigas de oro”, navarra del Maestro Turrillas de Barasoáin y muy entonada en el occidente aragonés) ha sido tras la emigración masiva del este jotero aragonés a Cataluña, “La Palomica” cantada por José Iranzo Bielsa, el pastor de Andorra.

Con más kilómetros de avión a sus espaldas casi que Gayarre y Fleta juntos, don José gustaba de volver a los altiplanos de la Sierra de Arcos para salir con el ganau y su fiel perro. En sus jotas metía gritos y silbidos de pastor que a mí me hacen llorar. Mi abuelo y todos los jacetanos que conocí tenían los mismos gestos que el tío José, el de la puerta de los vientos, estirando cecina para pasarla con pocos dientes, cantando con voz ligera de vinagre aguado y metiendo esas llamadas ancestrales para que rebaño y perros evitaran el peligro.

Un glorioso museo dedicado a sus actuaciones y voz, que contiene salas que abordan los diferentes estilos de jota coexiste en el casco viejo de Andorra, en las inmediaciones de la Casa de Cultura dedicada al impulsor de Andalán, otro de los aragoneses más queridos de todos los tiempos: Eloy Fernández Clemente. Ambos amigos de Joaquín Carbonell, como glosamos.

José Iranzo no salió de la nada, surgió de la corriente pasional y poderosa de la jota del Bajo Aragón que cuenta con un bolero que la glosa con mayúsculas.

3.- DE CASTELLOTE A CASPE

Jotas dedicadas al Ebro y la virgen aparte, continuamos repasando las más cantadas en Aragón con el bolero de Caspe, una de sus reinas indiscutibles. Jota.

Es con la que yo más he visto brincar a lo tarantella, precisamente porque se trata de un bolero. Se compuso su música por el músico citado en el título que fue director en los años 20 de la banda de Castellote. Se ha estudiado que lo hizo por encargo, para una señora de la alta alcurnia caspolina que tenía fincas en la primera villa llamada Concha Miravete, y que por eso resultan mezcladas.

Mecenas de la diversión, encargó una tonada alegre para que sus mozos y repatanes bailasen bravo en las fiestas que gustaba de armar en sus pardinas que les recordara a las cuatro esquinas de Caspe, por donde se entraba.

Al final, la jota se popularizó tanto por las mujeres de la ciudad que la tonada del Isidro Royo se exportó a lo largo y ancho del padre Ebro entre Tortosa y más al oeste de Zaragoza.

Como se decía, Castellote es la primera fortaleza y lugar importante del valle del Guadalope, domina el pantano de Santolea del que beben los melocotones de Calanda, las huertas con masicos de Alcañiz y los frutales caspolinos, río santo, cada gota de agua mineral aprovechada.

4.- DONES DE FALDETES FRAGA

A la vez que en Zaragoza, hay fiestas o procesiones pilaristas en Calanda la del milagro con calle, Puente Sardas en Sabiñánigo y las fiestas mayores de Fraga. Nada hay más aragonés que la Franja aunque se hable, sí, catalán.

En la ciudad del Bajo Cinca, el 23 de abril se conmemora el homenaje a las últimas abuelas que se ataviaron con refajos y faldetes, en lo que constituye el día máximo con el Rosario de Cristal de Zaragoza, para el gozo de contemplar la indumentaria tradicional aragonesa en la calle. Hay libros editados con los que disfrutar del catálogo estampado fragatino para chalecos, mantones y faldas. Verdaderamente el mismo es digno de una exposición de Balenciaga o Pertegaz en calidad y profundidad de tejidos.

5.- LA JOTA PIRENAICA DE JACETANIA OCCIDENTAL, ASO Y LA DE NERÍN DE SOBRARBE

El día del traje en Ansó, el último domingo de cada agosto, se enristren con la garganta caliente de vinos a mediodía jotas ansotanas en la plaza de la villa. Sabrosas, lentísimas, bailadas sin aspaventar, como “la Villa de Ansó, ladrona de corazones” pero me emociona más la dedicada al río donde me refresco: “Dende os puertos d’Ansó, baja l’agua encañonada, pa regar os clavels, que tiens en a ventana”.

Pero en Sobrarbe también se cantaron y bailaron jotas, muchas veces interpretadas como en Berdún a violín solista. Me encanta la de Nerín, sin letra y con acompañamiento de chiflo y gaita aragonesa.

La de Aso de Sobremonte del gran pastor Cabalero, que borda el grupo de Sabi, bailada un poco agarrada es imbatible: si quieres que yo te cante, dame huevos con tocino, aunque se manche con gotas de aceite el chaleco de lino (final libre).

6.- LAS JOTAS DE MUJERES OLIVERAS DEL MONCAYO

Rematamos con otra jota del top 5 de popularidad en Aragón, la “Pulida Magallonera” que tiene escultura en rotonda de esta villa del campo de Borja, calle y placa en la casa que le vio nacer dedicados a su autor: el maestro Ramón Salvador Castro.

Es imprescindible que visitéis y echéis un vermú en Magallón, subáis a su iglesia fortaleza gótico-mudéjar desde la que hasta hace diez años se veía la vista más bella del Moncayo en invierno que hoy cortan aerogeneradores, vayáis a algún acto al auditorio sabiamente promovido por el Ayuntamiento en los restos de Santa María de Huerta, dedicado asimismo al autor, y visitéis la única calle musical de Aragón: la calle y barrio de los Giles, con relieves de partituras de las ejecutadas desde el siglo XX por su banda.

No en vano es la raíz de garnacha de donde brota el sarmiento abatido por el cierzo Juanjo Bona.

El día que yo nací, acababa de nacer, y a los quince días justos ya tenía medio mes (me cantaba Prudencio Lardiés, Prudencio de Clara, en Berdún).

19.09 Luis Iribarren

17.9.26

Celebración de la Denominación de Origen Aceite del Somontano


El paisaje del Somontano oscense es uno de los más bellos locus amoenus de Aragón. Goza de cultivos y fajas de buenas huertas. El paisaje humanizado contiene bosques de árboles leñosos y trigales, la triada romana, cuya subsistencia está garantizada por las aguas del Canal del Cinca. Las tablas de cultivos suben hasta competir por el relieve con bosques cerrados de bojes y carrascas. Son pagos que trasladan a Horacio, no a todos los paisajes se puede uno retirar con delectación, menos en el duro Aragón:

Feliz aquel que lejos de los negocios, como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda (Beatus Ille)

La recogida de aceitunas y su prensado de la campaña de 2026 que se avecina este otoño será especial en el Somontano oscense, al tratarse de la primera cosecha en que sus aceites son AOVE con denominación propia.

Así como los vinos aragoneses y de otras denominaciones geográficas se piden por la procedencia, e incluso los de terroir no denominados por el nombre del pago y lugar (que es una aproximación a catalogar el vino por la finca que lo remarca), está pendiente de culminar la misma revolución en el aceite y productos derivados del trigo.

Al consumidor poco informado todavía no le llegan apellidados determinados aceites de gran calidad más allá de los consolidados en las décadas anteriores. Como tampoco, pero los panaderos sí, pueden distinguir las sémolas de las fábricas de Harinera Villamayor oscense, Porta villanovense o las de Daroca, por su calidad distintiva de la que se molture con cereales ucranianos.

Así entre los aceites afamados vienen reinando los suaves arbequinos y las aceitunas pequeñas de La Garriga leridana, los del Bajo Aragón aragonés onlos determinadas marcas mayoritarias y referencias clásicas de la comarcas somontanas penibéticas andaluzas tales como las sierras de Jaén y Martos, el de Baena y la Penibética cordobesa o el de hojiblanca antequerano. Qué churros los de Baena, inolvidables.

Sin perjuicio de que se hallen consolidadas estas referencias históricas, el relato que certifica a los nuevos grandes aceites con características especiales se ha extendido, ha desembocado en nuevas denominaciones. Del mismo participan los aceites de la Rioja Baja, los arróniz navarros, los óleos del interior valenciano y del sur de Madrid. En Aragón habría que sumar al aceite dulce de desierto del este turolense el éxito de las aceitunas de mesa arrugadas negras y el aceite premiadísimo en catas ciegas de Belchite, la consolidación en la provincia oscense del aceite finísimo de Bolea, la garantía de calidad que representa la denominación de los aceites del Somontano del Moncayo, la extensión de pagos y subida de altura en los aceites del Bajo Aragón hasta altitudes como las del valle del Mezquín y Alcorisa y, por último, el conjunto múltiple de aceites del Somontano.

Como Zaragoza es un crisol de vecinos que proceden de todo el valle del Ebro, es el laboratorio ideal para el conocimiento de las diferencias de estos aceites cada vez mayor, pues triunfa como ocio de fin de semana salir de vermú.

La denominación necesaria del aceite del Somontano oscense se ha solicitado y obtenido para salvaguardar y mejorar la comercialización del oro líquido de las que ella misma denomina como “las oliveras del Pirineo”.

Los árboles fueron plantados desde la romanización del prepirineo oscense en las faldas de las sierras de Guara y Sevil y los cultivos se aprovechan, como los viñedos y otros árboles leñosos, del afinado natural y fungicida del aire fresco del Sobrarbe que se cuela por las hendiduras de los valles del Cinca, Guatizalema y Vero. Juntamente con el sol reflejado en suelos calizos que aportan a todos los cultivos un olor y sabor dulzón natural característico.

Tierras y lomas que son aptas, como sucede en Bolea y en los valles centrales de Navarra, para la producción con excelencia de los ingredientes base de la triada romana: trigo, aceite y uvas de enorme calidad que compiten en la ocupación de los bancales de estos valles.

Descollando en calidad en cuanto a los olivos las lomas de Costean, Colungo o Alquézar acompañados por almendreras. Y relacionándose con viñedos vecinos, las parcelas de olivo en la Sierra de la Carrodilla, la Puebla de Castro y en el feraz valle de Secastilla, refugio de la parraleta.

Esta combinación permite la generación de cooperativas o industrias agroalimentarias, el control de incendios y reforestación con especies rentables de suelos que, de lo contrario y por sus pendientes y composición edáfica, darían lugar al abandono de las fincas y la pérdida de productores y empleo correspondientes. Por esa parte, y como demuestra Francia y se ha tomado nota en Aragón, denominar es más que un orgullo: es el único camino para que cultivos milenarios no desaparezcan.

17.09 Luis Iribarren

10.9.26

Neguemos el Informe PISA. Informe Atarés


EL INFORME ATARÉS PARA NEGAR EL DE PISA. EL CURSO Y FRACASO ESCOLAR, un mes y medio más tarde del incendio, sin escuela


Atarés, Botaya y Ena, todos hijos de los frailes de San Juan de la Peña (Adolfo Betés, mi abuelo). Cuando había, ahora solamente hay guías (Luis Iribarren, su nieto).

El término de Atarés no es la primera vez que se quema. Al suroeste del término de Jaca, un lugar con tan pocas casas dio lugar a una estirpe, una rama bastarda de los Aragón, que portaron ese apellido que se expandió con el navarro de Aibar hasta Borja. Donde fueron familia, palacio y condado original, con posterior sede en Pinseque.

El esplendor de este bello apellido lo encontramos en forma de ser común en la villa límite de trashumancia de Almudévar. Como sucede con la panadería Berdún que está en Alcubierre, la villa de Aisa que llevan como apellido emprendedores de Martes, Ansó como parte de las familias taustanas o Martes que es un apellido villanovense como Alastruey o Alastuey oscense y sanmateano, nuestras villas es segurísimo que produjeron generaciones de caporales y repatanes que no fueron herederos y se quedaron a vivir en los entonces desiertos con corrales que se llaman parideras de sus secanos.

Paridera es a pardina lo que esta es a mallata, según subamos de altura. Cobijos que se llaman en castellano corral y que pueden tener cerrau o no, paredes de piedra para que no se metan las alimañas. Refugios de ganado que primero se hacían provisionales y terminaron como hogares de piedra seca con equipamientos, botijos y hogar para aguantar un invierno.

Atarés llegó como clan reconquistador hasta la sierra de Albarracín, donde casi todos los clanes portan apellidos de lugar navarro, y dio apellido a la avenida y alcalde don José muy campechano Atarés, el padre de la EXPO (el también turolense Belloch y su Messi fueron sus amantes).

La geografía del entorno, su fauna y características, el ecosistema en el que los expulsados del sistema educativo acaban siendo los muy sagaces empresarios, agricultores y ganaderos del medio rural, resulta que no se enseña.

Hoy que se diagnostica tanto a los niños, que se les etiqueta como poco concentrados o de altas capacidades a la primera, en que pedagogos urbanos hablan de disminución de ratios, atención particularizada, quitarles el móvil y la Tablet que manejan desde los tres años para dejar de dar guerra a sus padres adictos a los mensajes… pensemos en este comienzo de curso qué relación tiene todo esto con el cierre de pescaderías y de carnicerías tradicionales por falta de relevo, de ganas de ser esclavo de tu propio negocio.

Los niños como sujetos únicos de derechos, los no acompañados favorecidos por convenciones que hacen imposible su expulsión, que los convierten en productos para la trata, sin considerar la dejación de sus padres. Los que llaman “nuestros” (hasta los hijos dels altres catalans, que dieba Jordi Puyol) terminando su ciclo educativo con un master a los treinta para trabajar de lunes a viernes sentados y si es posible a los 45 y con su novia canadiense, porque son así de ciudadanos del mundo, pedir teletrabajo del de cuello blanco para volver a Atarés y regular desde casa el tráfico aéreo con los controladores para un empresa suiza –y si te echan al paro, 3.000 euros al mes- o hacer la contabilidad de una empresa de telefonía. Vivir empantallados, con el estrés de compararse con el de su generación más pirata que ellos, y sin mirar ese fondo de valle casi tropical, lleno de robles y castaños, que un día tuvo el pueblo de tus abuelos.

Eso sí, la gente que sigue en el ganau y las explotaciones de sus padres, generalmente críos, bien se vale que tiene la Escuela de Pastores de Roncal “Gidari” para recibir al menos un certificado de profesionalidad. Como ha recordado Nay Salas, tampoco cuando se necesitan manos da tiempo a formar a los migrantes como camareros especializados, como tampoco lo hicieron conmigo. Ni ningún requisito se exige para hervir aluminio en Sabi y hacerlo rollo más allá de ser currante de serie, querer currar o ser tonto del pundonor, como hay cajeras muy eficientes prácticamente niñas en las medianas superficies que están reemplazando a las carnicerías del Pirineo. Algún crío también se ve, pero se conoce que son mejores reponedores.

Habrá algunos locos que se saldrán del camino marcado de controles, burocracia, abandono y falta de oportunidades de la escuela rural. Esos el sistema ya sabe que desde los 10 años no necesitarán más master que el que las generaciones anteriores y los almuerzos con sus pocos colegas de edad les proporcionan. Saben una cosa muy sencilla, el día de trabajo de su tractor son 1.200 euros brutos, mejor no explicaros los descuentos.

Así que, vaya novedad, los niños españoles no leen, no se concentran, son adictos a las pantallas, pero nadie les va a joder cuando de no trabajar el fin de semana se trate, ir al notario a firmar como herederos o manejar un tractor a cuatro pantallas mejor que Nacho Cano.

Por otra parte, qué libros han visto en casa… Como dónde enseñan a labrar con los medios de hoy a un niño de ciudad o recién llegado.

A mí el informe Pisa no me da vergüenza propia, me lo paso por el rescoldo de los tizones de los pinos de Atarés como la competitividad como criterio para elegir Teruel para vivir. Pero así se deja de hablar de otras cosas, porque España está a la cola. Lo está no solo en dejar abandonados a los escolares con un sistema de instrucción más que de educación perenne. Lo está en producir piratas dueños del territorio sin ningún tipo de formación. Su arrojo les hará conformar una nueva generación de políticos, su ignorancia todos la hemos fomentado como atrevida. Y el sistema encantado con otra hornada de ciborgs y fútbol.

Dejaros de informes y decirnos si un niño con trastorno de atención de un pueblo pero que abarca todo un valle con su mirada tiene hoy encaje o todos los de origen rural estamos matriculados en la categoría borderline, despectiva de niña sin extraescolar y campamento de inglés en Irlanda. O sucesora hipercrítica de madre sociata con los colegios del Opus para después crear la contrarréplica masona de los colegios de la Carretera del Aeropuerto.

Dos datos dejo: los institutos del Distrito 14 estaban saturados, hasta que se cerraron vías. En una reunión se aportó la innecesariedad de construir otro público porque un cuarenta por cierto de los nuevos residentes del Barrio Jesús son clientes de la concertada. No estamos hablando del Paseo de Ruiseñores y el colegio de los Labordeta, queridos rurales.

Y entre muchísimos padres del medio rural jacetano se ha vuelto trendy llevar a sus hijos y especialmente a sus hijas a internados de Olorón de lunes a viernes porque dizque después se les abre el camino de ser universitarias en Francia. Ya las veo festejando con los ganaderos de su generación con los que solo coinciden en verano, como con los nietos de Barcelona.

Otros las cambian de cole por cercanía a Jaca al quemado término de Santa Zilia y cierra Berdún, o directamente estando empadronados a la privada de Jaca y Sabiñánigo. Que es como contar y responder como alumnado aragonés a los cinco autobuses que desde Barbastro van cada día con “nuestros” críos a Lleida.

Y después buscamos panaderos y que qué está pasando que nadie quiere vivir en Salinas de Jaca. Pues llénalo tú con un TDA, a ver dónde encuentras un profesor de refuerzo si ya no va ni Correos.

Y para ser hippy, mejor con una familia con perras… Hablamos de los que necesitan trabajar, que percibo que son cada día menos.

09.09 Luis Iribarren

7.9.26

Noticias de Aragón que no se dicen


Hablemos con sinceridad, con calma, como adultos. ¿Es casualidad o causalidad? 

La televisión aragonesa abre sus informativos de mediodía con esta noticia. Veremos qué sucede por la noche.

De los que podríamos llamar los tres medios de comunicación digital y de papel en Aragón, dos de ellos la ponen en portada y uno solo la obvia. 

Si miramos más, de los cinco más importantes, tres la ofrecen en sus mejores lugares y dos no la comentan ni la informan.

Es curioso, simplemente curioso, pues en cambio otras noticias sí se publican en todos los medios aragoneses, y aparentemente son noticias menores. ¿Casualidad, o me repito y es causalidad?

Nota.: ¿Y si los grandes es que no tienen a gente trabajando por las mañanas de un lunes? ¿O es que acaso según qué noticias, deben esperar al visto bueno de quien trabaja por las tardes? Lo observaré.

31.8.26

Bailo Día 15: Encuesta de TIPS y me quito la responsabilidad

Bailo en Huesca

El municipio oscense de Bailo cada año organiza una subida a San Juan de la Peña por haber sido sede real antes del traslado de la capital de los Aragón a Jaca, planificada con posteriorida por Sancho Ramírez como ciudad capital. El copón de la Última Cena se subió al cenobio benedictino desde este lugar que lo recibió en un periplo para esconderlo de las razzias islámicas por el que fue trasladado de Huesca a Siresa y San Adrián de Sasabe, primera sede obispal de los Aragón. Y en Bailo dicen las crónicas que estuvo más de veinte años entre 1014 y 1035.

Así esta villa histórica nuclear en la Jacetania sudoccidental forma parte de la Ruta del Santo Grial que por sus lugares de Arbués y Alastuey, pistas y sendas de los montes arrasados por el incendio, subía por Cuculo a San Juan entre impenetrables pinares con manchas de carrascas y rebollos con sotobosque de boj en los pisos inferiores. De San Juan, la actual ruta discurriría por las Cuevas de Yebra de Basa, tendría un hito fundamental en la visita de San Pedro el Viejo y después sigue por Zaragoza (con La Seo y la Aljafería como jalones) hasta morir, discurrido el Camino Real que pasa por Daroca, Teruel, Segorbe y Sagunto, en la Catedral de Valencia en que se custodia la reliquia.

Menuda historia la de este lugar de menos de doscientas almas en que se hace uno de los mejores panes de Aragón donde el horno de Lesmes, nadie lo diría cuando se le ve abajo desde el Puerto de Santa Bárbara. Es el típico sitio en que hay que huir de los tips, de las encuestas, respirar pasado y recorrer sus calles de casas blasonadas con tejados a cuatro aguas y puertas de arco de medio punto que denotan su importancia histórica.

Ni el pueblo de Martes, aunque indirectamente sí, tiene relación con el día de la semana sino que el mismo se halla dedicado al dios Marte con templos abundantes dedicados, ni Bailo etimológicamente tiene relación con danzar u honra a San Pascual Bailón, aunque haga mucha gracia la coincidencia. Sino que este solar matriz de los infanzones con este apellido y Achesa, Samper, Cirés y Fanlo, preside el agujero geográfico o subcomarca sur de la Canal de Berdún del que es núcleo central y que porta el bello nombre de “O Bailés” (en la Canal, el orinal de Bailo porque caen muchas tormentas). Serían en su romano día al parecer los valles y predios adscritos a la villa o pardina aislada -de pratina: pequeño prado cercado con mallata y después vivienda con explotación agropecuaria- propiedad del paterfamilias Bagilo o Basilio.

Que este legionario colono sacara a bailar o no a las mocetas de su lugar se desconoce. Lo que se sabe es que se asentó en un valle con vistas y tierras magníficas. La ubicación de la villa es perfecta, un balcón para divisar los picos de los valles occidentales pirenaicos nevados, y fue un núcleo esencial en la calzada romana entre Osca y Iacca. Aun hoy oficia este servicio aunque se le haya subido a las barbas Puente la Reina como hospital de entrada a la Val d’Echo y Ansón.

Sus fiestas de agostos suspendidas y montes de los que alguno extraerán y aprovecharán los troncos quemados, cuanto más datos que aparecerán con el tiempo demos peor, menos permiten ceñir el presente y futuro de Bailo a uno de esos escuetos informes de comprobación o fiscalización tan comunes en la administración, de origen americano, con los que dan y quitan contratos. Para reflejar lo absurdo de su falta de alma, lo extraño y sucio moralmente de que tantos se quiten con ellos su responsabilidad y pasándolos duerman tranquilos aun quemándose 15.000 hectáreas, planteamos los siguientes tips a todos los secretarios de ayuntamientos de Aragón, a los interventores y Cámaras de Cuentas (preferimos no llegar a los órganos consultivos compuestos por políticos que informan modificaciones de contratos), como a los técnicos que tendrán que informar mediante periciales en el juicio que va a tener lugar en el Juzgado de Jaca.

Se supone que los técnicos responden los tips en una situación concreta, no analizan las variables de introducir que en expedientes adjudicados hubiera habido que presentar, al menos, tres alternativas o cuatro de las que escoger una para una cuestión tan delicada como gestionar el territorio. Se analiza una, y si llega, Sed lex dura lex, les pasarán lo acontecido y la verdad será su traducción formal. Pero en una encuesta que se plantea lo que debería ser, la gestión de los bosques según el concepto socrático de bosque (lo que ya les conviene, no lo que se ha quemado sino “la gestión” de la que están hablando), reconducimos los tips a que se peguen más a la realidad de lo quemado. He elegido los siguientes, sujetos a ampliación por los municipios afectados y sus vecinos:

1.- Ya se está planteando en el juicio, cómo si en una situación de sequía extrema con los agricultores sin poder cosechar ni por las noches se permite continuar ejecuciones de obras públicas (para todas las preguntas, hay que poner si fiscalizamos favorable, desfavorable o se tira pa’lante con observaciones de qué modelo alternativo sería más eficiente pero que hay propuesta política y tal de lo contrario y que la vida no es justa, pero el principio de igualdad).

2.- Cuánto han costado en números finales las extinciones de los incendios de Jacetania y Cinco Villas en millones de euros, hablamos del millar de efectivos final venidos hasta de otras Comunidades y Francia, las ayudas y subvenciones, compensaciones a agricultores… respecto de lo que hubiera costado gestionar esta superficie forestal y el presupuesto que Aragón dedica metiendo todos los gastos en un ejercicio como programa.

3.- Por qué se pasaron de 200 a 1000 efectivos contando de doscientos en doscientos.

4.- Cuando determinados expertos mencionan que el bosque cuya maleza rebrota cuatro o cinco veces por añada puede ser explotado para biomasa con aprovechamiento de biodiesel, a qué se están refiriendo. ¿A la fábrica de pellets de Forestalia de Erla? ¿A implantar en Monzón o Barbastro plantas de este tipo?

5.- Si las serrerías de Ansó y Echo tuvieron que cerrar por poco rentables, ¿qué ayudas o planes de negocio tiene la del Valle de Roncal en Burgi que sí está abierta y recibe limpiezas de kilómetro cero? Recordemos que esas empresas y su cierre, fueran propiedad de valle o como el vino del Somontano al principio soportadas por Aragón o DPH, supusieron dejar de tener un tejido y tradición industrial que garantizaba 40 nóminas en municipios con dificultades para mantener las escuelas hoy.

6.- Si la Diputación y las comarcas siguen apostando por los Festivales, por contratos para desbrozar alrededor de los pueblos oscenses más próximos a montes, por centros de co-working y banda ancha aún hoy, cuántos puestos de trabajo se generan con estas nuevas necesidades y su mantenimiento en el medio rural.

7.- Ante la destrucción de empleo en la construcción, fontanería, ebanistería y otros gremios en el medio rural, ¿no sería la hora como oportunidad que da la presente crisis de revisar qué está pasando con los servicios más allá de la agroalimentación y hostelería?

8.- Empalmando esta pregunta con la anterior, qué sucede con los contratos menores para necesidades que concatenan pues se repiten y adjudicárselos a las comunidades rurales y sus empresarios como se hace con los vermús de cada fiesta, las orquestas, las vaquillas y las actuaciones culturales. Por qué esos contratos tienen tratamiento como privados pero las obras y desbroces no, donde ya no queda competencia pero hay que salvaguardar al último carpintero de 62 que queda. Que en Japón estaría protegido como artesano tradicional.

9.- Por qué es en septiembre cuando se anuncia que se solucionará el incremento de efectivos de las brigadas de extinción y sus reivindicaciones laborales.

10.- Cuánto se invierte en maquinaria especializada o se contrata para extinguir este tipo de incendios en relación a cuánto costaría crear y compensar desbroces a empresas comarcales a implantar en el territorio. Es decir, para qué la comarcalización en este tema.

31.08 Luis Iribarren

28.8.26

Es Aragón una nación, debería recuperar ese concepto?

La Corona de Aragón

RESUMEN.: Aragón posee una identidad histórica y cultural propia, reflejada en sus lenguas, tradiciones, derecho, instituciones, patrimonio y memoria colectiva. Reconocer esa personalidad no implica defender la independencia. Uno de los errores habituales es confundir nación con Estado independiente. Aragón tuvo durante siglos: leyes, instituciones y organización política propia, y conserva hoy una identidad diferenciada reconocida como «nacionalidad histórica». España puede entenderse como la convivencia de distintos pueblos y realidades históricas, no necesariamente como una identidad homogénea. Admitir que Aragón es una nación histórica no tendría por qué debilitar España. Reconocer esa realidad debería servir para fortalecer una convivencia basada en el respeto, la pluralidad y la historia compartida.

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Deberíamos ser capaces de despojar esta cuestión de llamar Nación a Aragón, del temor a una separación de España, a una ruptura de la unidad de la nación española, y huir de tabúes y temores. Hablar de nación no tendría que equivaler automáticamente a hablar de independencia. Son conceptos distintos, aunque durante demasiado tiempo hayan aparecido mezclados en el debate político español. Una comunidad puede considerarse nación y, al mismo tiempo, decidir libremente formar parte de un Estado compartido con otras comunidades históricas. Hay muchos ejemplos en Europa y en otras partes del mundo. Y funcionan muy bien.

La cuestión tampoco tiene una respuesta sencilla, porque resulta extraordinariamente difícil establecer una frontera exacta entre conceptos como nación, país, pueblo, Estado, nacionalidad o territorio histórico.

No existe una definición universal de nación que sea aceptada sin discusión. Hay naciones que poseen un Estado propio y otras que no lo tienen; existen Estados que albergan en su interior distintas identidades nacionales; y hay pueblos cuya conciencia de pertenencia ha cambiado considerablemente a lo largo de los siglos.

Precisamente por ello, el nacionalismo —tanto el que reivindica identidades territoriales como el nacionalismo de Estado— utiliza con frecuencia la historia para justificar posiciones políticas previamente adoptadas para encaminarse a un objetivo. Se seleccionan acontecimientos, instituciones, fronteras o tradiciones que sirven para defender una determinada concepción del presente. Pero la historia es casi siempre mucho más compleja que los relatos políticos construidos posteriormente a partir de ella.

Explicar hoy el Aragón social y el sentimiento aragonés de hace varios siglos suena a imposible y a veces a manipulador, desde todos los lugares del debate. Fuimos una cosa, somos otra forma de ser, y tenemos que pensar siempre qué queremos ser por el bien de nuestro transcurrir ante la historia, pensando en los que vendrán.

Personalmente, considero que Aragón puede ser entendido hoy, en 2026, como una nación histórica no siempre reconocida.

Y digo «nación histórica» porque su realidad —como todos sabemos— no comienza con la actual Comunidad Autónoma ni con la Constitución de 1978. Aragón posee una continuidad histórica, territorial, jurídica, institucional y cultural de muchos siglos que difícilmente puede reducirse a una simple división administrativa española.

La importancia de Aragón fue de tal magnitud, que por muchos que intentemos olvidarla para que no sea una nación, no es posible. Si acaso por motivos del momento político, podemos olvidarlo en un cajón. Pero insistió que esto no quiere decir que se habla de independencia, sino de derechos perdidos.

El actual Estatuto de Autonomía define expresamente a Aragón como una «nacionalidad histórica». Esa denominación tiene importancia, aunque no sea jurídicamente equivalente al concepto de nación. El Reino de Aragón, por su parte, pertenece a la realidad histórica de la que procede el Aragón contemporáneo, aunque actualmente «Reino de Aragón» no sea la denominación jurídica oficial de la Comunidad Autónoma de Aragón.

Aragón dispone, en primer lugar, de un territorio históricamente reconocible que, con las modificaciones inevitables producidas a través de los siglos, ha conservado una notable continuidad. Pero una nación no se construye solamente sobre un territorio. También necesita una memoria colectiva, unas instituciones, una determinada cultura política y una forma propia de entender su relación con el poder. Es decir, una sociedad que se sienta nación propia.

Y Aragón posee todo ello, excepto lo último en muchos casos, por efecto de la mala explicación manipuladora.

Durante siglos desarrolló instituciones propias, leyes propias, sistemas fiscales particulares y una concepción política basada en los Fueros y en la relación entre el rey y el reino. Existieron las Cortes de Aragón, la Diputación del Reino, el Justicia de Aragón y un importante cuerpo jurídico propio. No estamos hablando, por tanto, de una identidad inventada recientemente, sino de una tradición institucional que se remonta a la Edad Media. Algunas de estas formas propias siguen existiendo.

Buena parte de aquella personalidad política y jurídica desapareció o quedó profundamente transformada después de acontecimientos históricos que no fueron decididos exclusivamente por los propios aragoneses. Los Decretos de Nueva Planta de comienzos del siglo XVIII modificaron de manera decisiva la estructura institucional de la antigua Corona de Aragón. Eso no significa que Aragón desapareciera como realidad histórica, cultural o social. Significa que perdió una parte importante de su capacidad política propia dentro de una nueva concepción del Estado. De forma temporal, pues la historia no se puede borrar.




También existe una personalidad cultural aragonesa. No puede reducirse solamente a una lengua, porque las identidades colectivas son mucho más complejas. Aragón posee el castellano hablado con características propias, pero también el aragonés y el catalán de Aragón, además de costumbres, tradiciones, formas de convivencia, patrimonio, derecho civil, literatura, música y una memoria histórica compartida.

Nada de esto obliga a convertirse en un Estado independiente. Pero son detalles de la existencia de una forma colectiva de ser y comportarse.

Aquí se encuentra, en mi opinión, una de las confusiones fundamentales del debate español por el miedo que se emana desde otros territorios que nunca fueron nación. Reconocer la existencia de diferentes naciones históricas dentro de España no significa necesariamente destruir España. Incluso podría suceder lo contrario, que una España capaz de reconocer con naturalidad su pluralidad histórica resultara más sólida que otra empeñada en negar cualquiera de sus diferencias.

Cataluña posee una identidad nacional fuertemente arraigada en una parte muy considerable de su sociedad. Algo semejante, aunque con historias y características distintas, sucede en el País Vasco y Navarra. Negar esas realidades porque algunas de sus fuerzas políticas hayan defendido la independencia conduce a mezclar dos cuestiones diferentes: la existencia de una identidad nacional y la voluntad de crear un Estado independiente. Querer ser nación y querer serlo fuera de España.

Aragón presenta una situación distinta. Su nacionalismo político ha sido históricamente mucho menos intenso y la voluntad de separación de España es extraordinariamente minoritaria. Pero una menor reivindicación nacionalista no significa necesariamente una menor personalidad histórica, un menor reconocimiento de que fue Nación y que por claros trapicheos en 1976 y 1977 se perdió el camino del reconocimiento.

Una nación no debería medirse por el volumen de las manifestaciones, por el número de banderas en los balcones o por la fuerza electoral de los partidos nacionalistas. Aunque el ejemplo de Suiza llena de banderas diferentes en sus calles nos tiene que hacer entender que también la guerra de las banderas es un tema manipulado y muy manipulable. Puede existir una nación profundamente integrada en un Estado común.

De hecho, esta cuestión obliga a preguntarnos también qué entendemos por España. Si concebimos España como una única identidad nacional homogénea dentro de la cual las demás identidades son exclusivamente regionales, la posibilidad de considerar Aragón una nación resultará difícil de aceptar. Pero España no es una única identidad nacional. Un catalán, un andaluz, un canario y un gallego parten de culturas y formas sociales de "ser" que difieren bastante. Un catalán es más cercano a un francés o muchos extremeños a los portugueses, mientras los murcianos mantienen una personalidad en algunos detalles muy similar al mundo árabe.

Si, por el contrario, entendemos España como el resultado histórico de la convivencia y unión de distintos pueblos, reinos y comunidades políticas a lo largo de muchos siglos de diferencia, resulta mucho más sencillo admitir que puedan coexistir diferentes identidades nacionales dentro de un mismo Estado. Y posiblemente esa segunda interpretación se acerque más a la complejidad real de nuestra historia.

En Europa tenemos numerosos ejemplos de estructuras políticas construidas mediante la unión de territorios con historias e identidades diferentes, aunque no todas sean comparables entre sí. El Reino Unido, la Confederación Suiza, Alemania, Bélgica o la propia Unión Europea responden a fórmulas políticas muy distintas, pero demuestran que identidad, soberanía y pertenencia política no tienen por qué coincidir siempre dentro de unas mismas fronteras conceptuales.

También la idea de una unión política entre España y Portugal —la vieja aspiración de un posible iberismo o de una federación ibérica— ha aparecido en diferentes momentos de nuestra historia. Hoy puede parecer improbable, pero sirve para recordar algo importante: las fronteras políticas y las formas de organización de los Estados no son eternas. Cambian porque cambia la historia, cambian las personas que deciden.

Lo fundamental debería ser que esas transformaciones, cuando se produzcan, respondan a procedimientos democráticos, pacíficos y respetuosos con las personas. Mirando lo positivo, el futuro, y a las personas que van llegando y llenando nuestros territorios.

Las uniones políticas pueden ser legítimas y también pueden serlo —en determinadas circunstancias— las separaciones acordadas democráticamente. La historia ofrece ejemplos de ambas cosas. Lo peligroso no es discutir sobre ellas, sino convertir esas discusiones en conflictos irreconciliables. Es positivo hablar. Es muy negativo forzar las situaciones sin contar con las sociedades implicadas.

Podría utilizarse aquí la comparación con un matrimonio, aunque sea imperfecta. El hecho de que exista legalmente la posibilidad de divorciarse no significa que los matrimonios estén pensando continuamente en hacerlo. Incluso podría argumentarse lo contrario: permanecer juntos cuando existe la libertad de separarse otorga un significado diferente a esa convivencia. La unión deja de basarse únicamente en la obligación, para descansar también en la voluntad de continuar compartiendo un proyecto. Algo semejante podría decirse de los pueblos, las naciones, las fronteras.

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los aragoneses no desea separarse de España. Aragón no necesita independizarse para afirmar su identidad. Puede Aragón sentirse profundamente aragonés y vinculado a España sin que exista contradicción alguna entre ambas cosas. Pero precisamente por eso tampoco debería existir miedo a plantear otra pregunta: ¿por qué reconocer a Aragón como nación histórica tendría que constituir una amenaza? Quizá el verdadero problema sea que durante décadas hemos identificado automáticamente la palabra «nación» con la posesión de un Estado independiente. Y no necesariamente tiene que ser así.

Aragón fue durante siglos una realidad política diferenciada. Tuvo instituciones, leyes, territorio, soberanía compartida dentro de estructuras políticas más amplias y una personalidad histórica extraordinariamente definida. Posteriormente perdió una parte de aquellas instituciones por una decisión de un Rey, pero no perdió su historia. Hoy conserva una identidad propia reconocida incluso por su Estatuto de Autonomía como «nacionalidad histórica».

Por todo ello, personalmente considero razonable afirmar que Aragón es una nación histórica. Una nación que no necesita enfrentarse a nadie para serlo. Una nación que puede formar parte de España por voluntad política, por historia compartida, por intereses comunes y por vínculos humanos construidos durante siglos.

Reconocerlo no debería debilitarnos. Tal vez sucedería justamente lo contrario. Una España capaz de asumir sin miedo que está formada por pueblos con historias y sensibilidades diferentes tendría más posibilidades de construir un proyecto común basado en el reconocimiento mutuo, que otra que necesitara negar esas diferencias para mantenerse unida. Fuimos un reino y una comunidad política con personalidad propia. Somos una sociedad que conserva una identidad histórica reconocible. Y seguiremos siendo Aragón cuando ninguno de nosotros esté ya aquí para discutir sobre estas cuestiones.

Porque los sistemas políticos cambian, las fronteras cambian y las generaciones desaparecen. La historia, en cambio, continúa incluso aunque la queramos tapar pues siempre vendrá alguien que la rescatará. Y Aragón lleva muchos siglos dentro de una historia propia y diferenciada.

Julio Puente

27.8.26

Tren Zaragoza, Teruel, Valencia. Un asunto para estudiar

Estación trenes de Teruel

Lo de la Línea ferroviaria Zaragoza Teruel Valencia, suprimida por obras en el año 2025, es de premio y la incapacidad y al descontrol. Que se diga otra vez más, ahora en agosto de 2026, que tendremos varios meses más de retraso sin explicación válida, cuando se debería haber abierto en noviembre de 2025, es de una estulticia tremenda. Ahora se habla de 2027, seguramente pocas semanas antes de las elecciones generales, para disimular.

Estamos hablando de una línea de tren que une la tercera y la cuarta ciudad de España. Así de simple.

Una línea ferroviaria que une la capital de Aragón con una de sus capitales de provincia.


Y se nos toma el pelo con explicaciones de preescolar. Y la sociedad guardamos silencio, excepto cuatro grititos torpes de políticos de barrio. 

¿No es de inteligencia política que el propio PSOE saliera en las Cortes Generales de Aragón a dar explicaciones reales y no mentirosas?

¿No opina nada y de forma contundente, una CHA que ve como durante casi dos años no hay comunicación de personas y mercancías por tren, entre Zaragoza y la zona de Teruel?

Alguien o "álguienes" son incapaces, o mejor dicho, varios "señoros" importantes con mando, son unos incapaces y nadie les despide de su trabajo por incompetentes.

Hablan sin ruborizarse además, de que todavía hay que formar a ferroviarios para llevar esos trenes, como si esa línea fuera nueva, o como si no se pudieran formar con meses de anticipación. ¿Hablamos de Aragón o de Senegal o Zambia? Con perdón para África.

Se nos dice que: "hay desestabilizaciones imprevistas en puntos críticos, específicamente en la intersección de taludes naturales, los accesos a los túneles y en el interior de estos". O la tontada de: "características geotécnicas del terreno, así como la incidencia de fenómenos meteorológicos de especial intensidad".

Hablamos de una obra que se inició en febrero de 2025

¿No se analizaron antes todas las posibles incidencias del terreno?, ¿o se paralizó el tráfico sin haber hecho los estudios pertinentes? ¿nos hablan de fenómenos atmosféricos como las lluvias, cuando llevamos tres meses que no llueve nada?

Y nos cuentan (no creo que venga de cuento) que hay que tramitar ahora en agosto de 2026 dos nuevos expedientes de emergencia para continuar desarrollando estudios detallados en nueve túneles. ¿Estamos de verdad hablando en serio de una obra fundamental para vertebrar Aragón?


26.8.26

El Privilegio de los Veinte de la ciudad de Zaragoza

Privilegio de los Veinte. Zaragoza

En el año 1564, la Diputación de Aragón pidió al Rey 
—sin conseguirlo— que las Cortes privaran a la ciudad de Zaragoza del Privilegio de los Veinte. Una manera de entender que ese enfrentamiento entre Zaragoza ciudad y el resto de Aragón viene de muy lejos. Voy a intentar explicar algo de este tema, del que además hay varias versiones o puntos de vista.

El llamado Privilegio de los Veinte fue una de las prerrogativas más extraordinarias que tuvo la ciudad de Zaragoza y una fuente permanente de conflicto con el resto de Aragón. También la tenía Tudela, por poner otro ejemplo que haga más entendible el texto.

En el siglo XVI podía llegar a convertir al Ayuntamiento zaragozano en una jurisdicción que, en determinados asuntos, actuaba prácticamente por encima de los mecanismos judiciales ordinarios del Reino de Aragón. Y eso, en tiempos en que la ciudad era pequeña, no se entendía en absoluto. Hablamos de una ciudad de unos 30.000 habitantes dentro de un Aragón que no llegaría a los 250.000 a 300.000. Zaragoza era en ese momento y aproximadamente el 10% de los habitantes totales de Aragón. Hoy la ciudad de Zaragoza es el 50% del total de habitantes de Aragón.

En aquellos años Calatayud rondaba los 5.000 habitantes; Huesca y Alcañiz, unos 3.000; y Tarazona, Borja y Barbastro, alrededor de 2.000. Zaragoza pues no era simplemente la ciudad más poblada: tenía varias veces la población de cualquier otra ciudad aragonesa. Esto ayuda también a entender su extraordinario peso político y por qué privilegios como el de los Veinte podían preocupar tanto a la Diputación y al resto del Reino.

El privilegio fue concedido por el Rey Alfonso I el Batallador el 5 de febrero de 1129 (fecha más segura de las a veces valoradas), apenas diez años después de la conquista cristiana de Zaragoza. Su contexto es importante. Zaragoza era una ciudad recién conquistada que Alfonso I necesitaba repoblarse, hacerse económicamente atractiva y defender, y por eso concedió a sus habitantes unas condiciones excepcionalmente ventajosas.

El documento otorgaba varios tipos de privilegios. Los zaragozanos podían aprovechar con sus propios derechos de los pastos y determinados recursos naturales, cortar leña, hacer carbón, obtener piedra y yeso y pescar; disfrutaban también de importantes franquicias comerciales, entre ellas exenciones de determinadas lezdas, impuestos sobre la circulación de mercancías. Pero su parte verdaderamente extraordinaria era la relacionada con la defensa de esos derechos.

Alfonso I ordenaba que los habitantes eligieran entre ellos a veinte de los mejores hombres, que debían jurar aquellos fueros y hacer que los jurase después el resto de los pobladores. De ahí procede el nombre de Privilegio de los Veinte. Pero con el tiempo aquello evolucionó. Los Veinte acabaron constituyendo una especie de comisión o tribunal extraordinario de la ciudad, la llamada Veintena, que se activaba cuando Zaragoza consideraba que ella misma, sus vecinos o sus derechos habían sufrido un agravio.

No debemos imaginar, por tanto, un tribunal permanente compuesto desde 1129 siempre de la misma manera. La institución fue evolucionando. Sabemos, por ejemplo, que en actuaciones del siglo XV el concejo elegía veinte miembros, éstos juraban defender los privilegios de Zaragoza y recibían poderes para ejecutar las decisiones correspondientes.

La cláusula fundamental venía a decir que, si alguien intentaba despojar a los vecinos zaragozanos de aquellos derechos, debían ayudarse todos entre sí y podían destruir las casas y bienes del causante del agravio, tanto dentro como fuera de Zaragoza. El propio rey prometía respaldar su actuación. La formulación latina contiene la contundente expresión «destruite illi suas casas et totum quantum habet...». Por eso también se conoció como privilegio del tortum per tortum, aproximadamente «daño por daño» o «agravio por agravio». No parece una privilegio muy legal, muy aceptable, pero en el fondo subsistía una forma de entender que los zaragozanos podían estar por encima de todos los demás por sus propios Fueros. Y eso no es sencillo, nunca, de asumir.

Zaragoza podía considerar que uno de sus ciudadanos había sido agraviado, constituir su Veintena y responder directamente contra personas y bienes sin tener que esperar a que el asunto siguiese todo el procedimiento de la justicia ordinaria del Reino. No era simplemente el derecho de legítima defensa de un particular. Era una represalia institucional de la comunidad zaragozana.

Y llegó a aplicarse con enorme amplitud. En un enfrentamiento comercial con Tortosa a mediados del siglo XV, por ejemplo, Zaragoza autorizó a uno de sus jurados a confiscar bienes pertenecientes a ciudadanos y mercaderes tortosinos para compensar el perjuicio sufrido por un mercader zaragozano. Se llegaron a incautar y subastar mercancías. Se comprende sin dudarlo, que aquel privilegio resultara tan temible y poco justo.

En la Edad Media podía comprenderse como un instrumento para proteger a una ciudad fronteriza recién conquistada y que se tenía que defender con discriminación positiva de sus vecinos a veces complicados y rebeldes. Pero hacia 1550-1564 Zaragoza ya no era aquella ciudad vulnerable de 1129. Era la principal ciudad aragonesa, sede de instituciones, era ya el centro económico y político y una potencia municipal considerable, pero seguía disponiendo de aquellla arma jurídica medieval.

Para los nobles, para el resto de las villas y ciudades aragonesas e incluso la propia Diputación del Reino, esto generaba un problema constitucional. Los fueros generales de Aragón establecían jurisdicciones, tribunales y procedimientos; pero Zaragoza alegaba un privilegio particular que le permitía saltarse, en determinadas circunstancias, buena parte de ellos.

Una investigación sobre las relaciones políticas aragonesas del XVI lo expresa de forma muy reveladora. El Privilegio de los Veinte provocaba la animadversión del resto del Reino hacia Zaragoza, y las peticiones para limitarlo aparecieron reiteradamente en las Cortes. Estamos ahora en el siglo XXI y en parte creo que todavía existe ese dolor, ese odio hacia la Zaragoza que algunos consideran madrastra.

Incluso Huesca se quejaba ya en 1552 del enorme poder de Zaragoza y advertía a su representante en Cortes de Aragón contra las pretensiones de la capital. Zaragoza, que era además la cabeza de las Universidades —el estamento que agrupaba a ciudades, villas y comunidades—, lo que aumentaba todavía más su peso político.

Y entonces ocurrió un conflicto de Mozota, cerca de Muel, que vino a intentar cambiar todo, pues las quejas contra Zaragoza aumentaron tremendamente. En los años inmediatamente anteriores a ese 1564 se produjo un durísimo enfrentamiento entre Zaragoza y los señores de Mozota y Mezalocha, relacionado fundamentalmente con límites territoriales, aprovechamientos y derechos sobre la dehesa de Mozota.

En 1550, Zaragoza llegó a declarar el Privilegio de los Veinte contra Sebastián de Erbás, señor de Mozota. La ciudad actuó violentamente contra bienes y derechos señoriales de Mozota y Mezalocha. Y aquello enfrento incluso violentamente a diversos diputados en las Cortes de Aragón.

En 1557, Iván Coscón, posteriormente señor de Mozota, fue condenado por la jurisdicción del Privilegio de los Veinte a una extraordinaria pena de 100.000 ducados. En 1560 volvió a declararse el Privilegio contra él y, ante el impago, se decidió ocupar Mozota y Mezalocha. Las fuentes vinculan el enfrentamiento a un litigio hidráulico y a que Iván Coscón había hecho armar a sus vasallos, incluidos moriscos, para defender sus derechos y los de su localidad.

Estamos hablando, pues, de algo que iba mucho más allá de una multa municipal. Zaragoza empleaba un privilegio del siglo XII para actuar contra un señor de vasallos y sus dominios en pleno siglo XVI. Hay un documento de 1553 en el que el Consejo de los Veinte vende los señoríos de Mozota y Mezalocha por 5.000 ducados, dentro de esta larga confrontación. Era inevitable que la nobleza y las instituciones del Reino vieran aquello con enorme preocupación.

En las Cortes de Aragón del año de 1563-1564, celebradas bajo Felipe II, la Diputación del Reino de Aragón pidió que Zaragoza fuese privada de aquellos Privilegio de los Veinte. La petición fracasó y el privilegio sobrevivió. La cronología histórica publicada por la Institución Fernando el Católico registra expresamente el hecho: «La Diputación pide en vano al rey en Cortes que prive a Zaragoza del Privilegio de los Veinte».

Como no hay documento original de esa petición de 1564, que muestre una exposición detallada de sus motivos, no es posible afirmar con rotundidad que el caso de Mozota fue la causa única y directa de la petición. Pero cronológica y políticamente es muy difícil separar ambas cosas. El conflicto de Mozota había demostrado, apenas cuatro años antes, de una manera espectacular, qué podía hacer Zaragoza cuando ponía en marcha la Veintena.

Y sabemos por otras investigaciones que durante el XVI el Privilegio era objeto de oposición reiterada por parte de los estamentos del Reino de Aragón. Lo correcto sería decir que la petición de 1564 se produjo en el contexto de una creciente oposición al Privilegio de los Veinte, intensificada por conflictos recientes como el de Mozota.

Podríamos pensar que un monarca como Felipe II, partidario del fortalecimiento de la autoridad real, querría acabar con una jurisdicción municipal tan extraordinaria. Pero la relación entre la Corona de Aragón y Zaragoza era más compleja. Zaragoza había sido tradicionalmente una ciudad muy vinculada a la monarquía del Estado o de la Corona y constituía en Aragón un contrapeso al poder de la alta nobleza. Los estudios sobre la política del siglo XVI muestran que la Corona protegió repetidamente determinadas prerrogativas zaragozanas. En el caso concreto del Privilegio de los Veinte, los ministros reales llegaron a considerar que podía resultar útil para determinados fines de la propia monarquía.

Esto se verá claramente unos años después. Ante el grave problema del bandolerismo, Zaragoza utilizó nuevamente el Privilegio en 1588 contra bandoleros y salteadores, y la Corona vio utilidad en esa capacidad excepcional de actuación. Incluso después de las Alteraciones de Aragón de 1591, cuando Felipe II reformó severamente el sistema político aragonés recortando parte de los Fueros, sus consejeros llegaron a plantearse que se reconociese expresamente la excepcionalidad del Privilegio de los Veinte frente a la jurisdicción del Justicia de Aragón. El mismo privilegio que irritaba profundamente al Reino podía ser útil al rey.

Zaragoza decía: «Tenemos un privilegio real antiquísimo, confirmado durante siglos, que nos permite defender directamente nuestros derechos y los de nuestros vecinos». La Diputación de Aragón y buena parte del Reino respondían: «Ese privilegio permite que una sola ciudad actúe sobre personas y territorios de la totalidad del Reino al margen de las garantías y jurisdicciones establecidas por los Fueros». Y la Corona desde Madrid —se había cambiado desde Toledo a Madrid hacía poco tiempo, incluso estuvo en Valladolid entre 1601 y 1606— se encontraba en medio, pero no era neutral. Muchas veces le convenía mantener fuerte a Zaragoza frente a otros poderes aragoneses. Por eso el asunto no era una simple disputa jurídica. Era una lucha por determinar quién tenía capacidad efectiva para ejercer el poder dentro de Aragón.

Además, el problema siguió vivo durante mucho tiempo. En 1584 los Diputados volvieron a quejarse al rey de que Zaragoza utilizaba el Privilegio para obligar a vender trigo al precio que fijaba la propia ciudad; y en 1591 se llegó a una concordia entre la Diputación de Aragón y la ciudad de Zaragoza destinada a poner límites y reglas a las Veintenas. Por tanto, la petición fallida de 1564 no fue un episodio aislado, sino un capítulo de un enfrentamiento de larga duración entre el particularismo jurídico de Zaragoza y el orden foral general de Aragón.

Zaragoza en aquellas décadas, no sólo era la capital política de Aragón. Gracias al Privilegio de los Veinte disponía de un mecanismo de coerción propio que ninguna otra ciudad aragonesa poseía con semejante amplitud. Esa es la razón profunda por la que el privilegio despertó tanta resistencia.

Aquel Privilegio zaragozano sobrevivió durante siglos y sólo desapareció definitivamente con la destrucción del régimen foral aragonés tras los Decretos de Nueva Planta de Felipe V, a comienzos del siglo XVIII.

Centenero Día 8. Festival de Humor

Manifestación Jaca

En manifestación discurrimos por las calles de Jaca el pasado domingo una nutrida representación de vecinos de Cinco Villas, Jacetania y Hoya de Huesca-Galliguera. La dignidad de la montaña, el rechazo los macroproyectos especulativos invocados en la misma se tradujeron desde el ayuntamiento jaqués en forma de declaración previa, pues estaremos pronto en campaña de las municipales, de que no hay que politizar este tipo de desgracias. Que hay que ir a una, ya (cómo se iba a quemar Oroel, se hubiera llamado hasta a la Legión Extranjera, en cambio que diferente el panorama cuando el fuego corría de bochorno).

Recordé entonces el fecundo y hasta exagerado, la tensión estaba allí, millar de mensajes de whatsapp intercambiado con amigos y entre los componentes de un grupo-asociación para vivir en la Canal de Berdún en que se integran vecinos de los cinco lugares que componemos el Ayuntamiento y de más aún.

El cansancio, la estupefacción ante la dimensión pública alcanzada por ciertos vecinos por mor de que a la asociación le fue impedida inicialmente, tildándola de bulo, una cuestación para compensar a nuestros jóvenes agricultores en primera línea de fuego (al final todos tenemos amigos y familias en toda la Canal), los momentos que se vivieron de solidaridad real y de compromiso postural mal encajada, dieron para muchas risas. O no, vosotros veréis.

Porque risa daba el hospital de campaña-puesto de coordinación instalado para que lo visitasen los perfectamente planchados políticos y responsables de coordinación de la extinción con chalecos de emergencias naranjas recién estrenados (moda implantada por Mazón que no lo llevaba puesto sino después de festejar con la periodista y a la que se ha sumado la siempre entusiasta Ayuso) que montaron en el Bar del Jabalí de La Peña. 

Aquello me parecía aquel cuartel de campaña que se hizo Hitler en Prusia Oriental (“La Guarida del Lobo”) bien lejos de Stalingrado y en que podía gozar de excelente comida vegetariana mientras ordenaba a Von Paulus no retirarse. Estos pontífices que casi son cargos políticos o de libre designación que coordinan no sé sabe con qué currículo. Como en el Estado, lo mismo valen para Correos que como ministros de lo contrario. Tenían el puesto de mando en el foco original del incendio que con los medios puestos al final no hubiera calcinado el monte hasta el río Aragón, a sotavento de las olas de seis metros de llamas.

Después están las idas y venidas con las ayudas. Al final y exclusivamente, los que se jugaron el tractor resulta que las van a cobrar de la asociación, la comarca de Jacetania y el Gobierno de Aragón… Como dijo un amigo cheso, que también fueron porque quisieron…

Aparte estará compensar a los hosteleros de Santa Cruz, a los Berdún y a los que han puesto bocadillos y comida caliente para los voluntarios. Esos no han salido en los medios de comunicación como héroes solidarios oficiales, de los que dicen en los mensajes que se apuntan a desbrozar en cuadrillas la siguiente primavera. Da risa por no dar espanto. En octubre se habrán olvidado pero ni se dan cuenta de que se lo quieren cobrar en imagen.

Respecto del campamento tuareg con cielos encapotados con ceniza que fue Berdún durante una semana, pues Puente la Reina y sus negocios fueron confinados, hay que hacer un necesario reconocimiento público al fabricante de hamburguesas y cachopos Íñigo Orduna y a Francisco Sánchez Elizalde que desde un primer momento pusieron sus existencias al servicio de que las brigadas de voluntarios comieran algo un poco más allá de morralla sin exigir cobro alguno.

Porque si iban al frente les daban, se conoce que para evitar la sed, un bocadillo de jamón y una botella de plástico de agua incandescente. Después ya se veía cómo los bomberos voluntarios desplazados de otras comunidades pasaban directamente del agua y dejaban a deber bebidas de las isotónicas y de las más caras.

Del mismo modo se recogieron alimentos por el Ayuntamiento de la Canal de Berdún y se realizaron aportaciones por el Rincón de Emilio, el bar tradicional del pueblo, que me gustaría sacar del anonimato. Especial contribución de bocadillos ya elaborados efectuaron desde el primer momento Luis de la Pardina de Martes y los componentes de la asociación citada, que se desplazaron a Jaca y Sabi para vaciar sus centros comerciales de barritas, plátanos y otros alimentos que permitió a nuestros críos hombres echar manguera por veinte horas algunos días, especialmente cuando el fuego cercó Santa Cruz de la Serós. 

Paraíso próximo al que el funcionamiento anormal de la administración forestal le ha arrebatado el paisaje que le hacía recibir visitantes y que inmediatamente tendría que ser compensado, y el resto de núcleos desalojados en sus negocios, con cinco años de exenciones de impuestos.

¿Lo habéis visto reconocido o solo se habla de ayudas que les hará saltar de tramo de IRPF y que no podrán compensar el efecto en sus negocios del paisaje desaparecido?

Como todo se sube ahora a las redes, el guiso meloso y que se deshacía en la boca con más vino que comieron el sábado de la virgen por la noche en la Trobada de Berdún trabado por el guisandero Alberto Morláns alcanzó un sin parar de elogios y comentarios en dichass redes. Ternera de Orduna de Berdún acariciada a fuego lento durante tres horas “con más vino que León en todo el verano”, nos dice el chef improvisado. 

Aunque tengamos una casa con ese nombre en el lugar, imaginamos que se refiere a los miles de cántaros del vino del Bierzo que se trasiegan en el Barrio Húmedo de la gemela ciudad de Jaca en tantas cosas. Añade que se condimentó brevemente y se humedeció solo con agua caliza de Berdún y sin caldo fumet de base (ojo con lo gilipollas que nos hemos vuelto), superando ampliamente los elogios recibidos de los guisos de la cocina de campamento del mediático José Andrés en las campas de coordinación.

Dicho todo esto, las chanzas y sucedidos de toda una semana de miedo que permitieron que zagales con distintos intereses y algún enfrentamiento se pusieran codo con codo a salvar granjas y patrimonios que no sirvan para que quienes conocéis por salir en los medios, como dijo el gerente citado del establecimiento berdunés, usen una desgracia para nombrarse. Remeden el postureo compungido de lo de la “Guarida del Lobo”.

A todas estas personas les daba igual que yo lo hiciera, pero tenéis que conocerlas tanto como a los portavoces que no estuvieron allí así. En el amor y en la enfermedad.

Porque nadie los nombra como sí a los “teóricos de salón, ingenieros de estanterías de Carrefour, de los que terminan sus discursos con golpes de pecho jasídicos con la frase quién lo iba a pensar”. Gracias Alberto por tus impagables contribuciones. Como finalizaste en un mensaje y lo comparto, no sabemos quiénes van a pensar y ejecutar una nueva política de conservación rural en Aragón, lo que tenemos claro es quiénes por limitaciones no lo van a hacer.

Y ojo, que muchos son los que coordinan de arriba a arriba y no cómo recordó la alcaldesa de Santa Cruz. Que seguramente también ha tenido un grado de exposición que no fue a buscar, aun con su imagen de urbanita residente en el medio rural representó perfectamente una evidencia: no solo de turismo vive el paisanaje.

25.08 Luis Iribarren

21.8.26

Riglos: ahora es momento de reflexionar

Riglos, Aragón

Regreso ya de mi retiro jacetano y de unos días de descanso. Lo hago después de haber vivido estas jornadas con vistas a la Peña Oroel y muy cerca de la carretera que conduce hasta ella, en un lugar que normalmente invita a desconectar, contemplar el paisaje y olvidarse durante unas horas de casi todo.

 

Esta vez ha sido difícil hacerlo.

 

Han sido varios días escuchando a visitantes hablar del incendio. Conversaciones en terrazas, establecimientos o simplemente entre personas que coincidían por allí y que, tarde o temprano, terminaban hablando de lo mismo.

 

Días de ver pasar vehículos de la UME, de bomberos y de otros servicios de emergencia. De comprobar cómo carreteras que habitualmente asociamos al turismo, al monte o a una sencilla excursión se convertían también en vías de paso para quienes iban a enfrentarse a algo muy diferente. Y días de mirar hacia la Peña Oroel de otra manera.

 

Porque cuando tienes la montaña delante y sabes que el fuego ha obligado a desalojar localidades relativamente próximas, el paisaje deja por momentos de ser solamente paisaje.

 

Dos realidades diferentes han compartido prácticamente el mismo espacio.

 

Mientras unos descansábamos, disfrutábamos de unos días diferentes y aprovechábamos para reencontrarnos con amigos y conocidos de otros años, otros trabajaban durante horas para combatir el fuego.

 

Mientras unos hablábamos de lo que estaba ocurriendo, otros lo estaban viviendo directamente.

 

Y mientras ahora algunos regresamos a nuestras ciudades después de unos días de descanso, se está produciendo un regreso muchísimo más importante: el de los vecinos a sus casas.

 

Los evacuados han ido volviendo progresivamente a sus localidades y hoy está previsto que lo hagan también los vecinos de Santa Cruz de la Serós, los últimos que permanecían pendientes de regresar.

 

Es una de las mejores noticias que podíamos recibir.

 

Pero regresar a casa no significa que todo haya terminado.

 

Se puede volver a una vivienda en unas horas. Recuperar un territorio necesita mucho más tiempo.

 

Porque el fuego se apaga mucho antes de que desaparezcan sus consecuencias.

 

Quizá sea precisamente ahora, cuando los vehículos de emergencia comiencen poco a poco a desaparecer, las conversaciones de los visitantes cambien de tema y quienes estábamos allí descansando volvamos a nuestras ciudades, cuando empiece la parte más larga de esta historia.

 

La recuperación.

 

Y, sobre todo, la reflexión.

 

El Ayuntamiento de Jaca lo señalaba estos días en un comunicado: ahora debe llegar el momento de una reflexión serena, de analizar lo sucedido, aprender de los errores y reforzar aquello que haya funcionado.

 

Me parece un buen punto de partida.

 

Reflexionar serenamente no significa dejar de formular preguntas incómodas. Tampoco buscar culpables antes de conocer exactamente lo ocurrido.

 

Significa analizar.

 

¿Qué hemos hecho bien? ¿Qué podríamos haber hecho mejor? ¿Qué hemos aprendido? ¿Tenemos suficientes medios? ¿Dedicamos los recursos necesarios a la prevención? ¿Escuchamos suficientemente a quienes conocen y trabajan nuestros montes durante todo el año?

 

Durante la emergencia hemos visto colaborar a administraciones de distinto signo político con un objetivo común. Sería deseable que esa capacidad de entendimiento continuase ahora, cuando toca afrontar las consecuencias y prepararnos para el futuro.

 

Porque buscar responsabilidades, cuando existan, no debería convertirse necesariamente en buscar enfrentamientos.

 

Podemos agradecer el enorme trabajo realizado y preguntarnos al mismo tiempo si quienes lo realizaron disponían de todos los medios necesarios.

 

Podemos reconocer aquello que funcionó y señalar aquello que necesita mejorar.

 

Y podemos valorar la coordinación demostrada mientras exigimos que continúe cuando ya no haya llamas que apagar.

 

El presidente de Aragón anunciaba estos días la necesidad de multiplicar los medios destinados a prevención y extinción y adelantaba también un plan presupuestario extraordinario.

 

Que se anuncien soluciones es necesario.

 

Pero una cosa son los anuncios y otra convertirlos en realidad.

 

Una cosa es comprometer actuaciones y otra disponer después de las personas necesarias para ejecutarlas. Una cosa es hablar de inversiones y otra que existan partidas presupuestarias suficientes. Y una cosa es aprobarlas y otra ejecutarlas.

 

No lo digo como una crítica anticipada.

 

Si dentro de un año esos compromisos se han traducido en más prevención, mejores medios, más personal y una gestión más eficaz del territorio, habrá que reconocerlo.

 

Pero habrá que comprobarlo.

 

Porque encontrar soluciones no consiste únicamente en anunciarlas delante de un micrófono.

 

Hace falta dinero, pero también planificación, personal, coordinación, prioridades claras y continuidad.

 

Y no basta con gastar más.

 

También habrá que preguntarse dónde, cómo y para qué.

 

La prevención tiene un curioso inconveniente político y mediático: cuando funciona, prácticamente nadie la ve.

 

No hay imágenes espectaculares, helicópteros realizando descargas ni enormes columnas de humo. Nadie abre un informativo anunciando que un monte no se ha quemado porque durante años se hicieron correctamente los trabajos necesarios.

 

Pero precisamente ese debería ser el éxito.

 

También tendremos que hablar de gestión forestal, agricultura, ganadería, despoblación y de quienes mantienen vivo el territorio durante todo el año.

 

Porque un monte no se cuida solamente en agosto.

 

Y del mundo rural tampoco podemos acordarnos únicamente cuando arde.

 

Ahora es momento de reflexionar.

 

Sin prisas por encontrar culpables, pero tampoco con miedo a encontrar errores.

 

Sin convertir una tragedia en un enfrentamiento político, pero sin utilizar tampoco la llamada a la unidad como excusa para evitar preguntas.

 

Mientras tanto, la naturaleza seguirá su propio calendario.

 

Algún día, donde hoy vemos negro, aparecerá nuevamente un pequeño brote verde. Después otro. Y otro.

 

Yo regreso de mi retiro jacetano dejando atrás las vistas a la Peña Oroel, las conversaciones sobre el incendio y aquellos vehículos de emergencia cuyo paso se convirtió durante unos días en una imagen habitual.

 

Pero regreso también con una reflexión.

 

He visto cómo, durante unos días, el fuego ocupaba conversaciones, carreteras, titulares y preocupaciones. He visto cómo muchos hablábamos de ello mientras otros estaban jugándose mucho más que unas jornadas de descanso.

 

Y precisamente por eso creo que ahora no deberíamos limitarnos a pasar página.

 

Quiero pensar que dentro de unos meses seguiremos recordando lo ocurrido.

 

Que volveremos a preguntarnos qué se hizo, qué se mejoró y qué quedó pendiente.

 

Que no esperaremos al próximo incendio para volver a hablar de prevención, medios, gestión forestal o despoblación.

 

Porque yo también volveré a mirar la Peña Oroel.

 

Volveré a recorrer esas carreteras.

 

Volveré a reencontrarme con amigos y conocidos de otros años.

 

Y me gustaría hacerlo sabiendo que de todo aquello no quedaron solamente recuerdos, fotografías y titulares.

 

Me gustaría pensar que también quedó aprendizaje.

 

Que las promesas se convirtieron en decisiones.

 

Que las decisiones se convirtieron en medios.

 

Y que los medios llegaron antes de que volvieran a hacer falta.

 

Porque el monte tardará tiempo en recuperarse.

 

Ojalá nosotros no tardemos tanto en aprender.


Carlos Masa