31.3.19

La despoblación y sus imposibles soluciones

Llega a la calle de Madrid la voz de la despoblación, de esa media España que se va convirtiendo poco a poco pero de forma imparable en un desierto demográfico. Todos tenemos decenas de soluciones, pero muy pocos la capacidad de ver el futuro con la calma y el análisis sosegado de lo que tal vez sea inevitable. 

No sirve el mismo tratamiento si una enfermedad es crónica hasta la muerte…, que si se tiene solución el problema aunque sea cara, poco aceptada y larga la solución.

En EEUU o en Uruguay hay desiertos aceptados, enormes espacios de geografía estatal sin habitantes. Y eso no es un problema en sí mismo, sino una realidad aceptada que no resta calidad de vida a las personas. Hoy las distancias no son las mismas que hace medio siglo.

Hay que trabajar mucho más por la calidad de vida de las personas. Y para ello hay que trabajar sobre los terrenos, dotando de servicios básicos imprescindibles a cada pueblo o comarca. 

Discriminación positiva no tanto dotando de representatividad política a los espacios vacíos, como dotando de servicios imprescindibles a toda comunidad social.

Pensamos que dotando de representatividad añadida ellos mismos podrán revertir los problemas, pues tendrán voz, y siendo muy importante esto, no es lo necesario, pues voz también tienen si los que están gestionando son eficaces y tienen sentido común, pues la mayoría de ellos, aunque representen a una cabecera de comarca o a una gran ciudad, o ellos o sus padres son personas que nacieron en el mundo pequeño, y tienen la obligación de saber qué problemas hay.

Hay que diseñar qué deben tener como equipamientos obligatorios todas las localidades. Y no hablo de piscinas o de columpios, ni de frontones o pabellones deportivos. 

Hablo de tiendas, de bares, de teléfono que funcione, de wifi público gratis, de acceso a bibliotecas del tipo que sea, de colegios y médicos, de Centros de Convivencia, de suministros constantes de productos básicos.

Y en estos servicios básicos NUNCA hay que dejar 
actuar solo a la iniciativa privada. 

Los ayuntamientos, las comarcas o las diputaciones tienen que disponer de mecanismos obligatorios para crear tiendas de alimentación, bares o locales de convivencia, servicios básicos, que no son pueden ser privados, sean públicos.

Las personas tienen siempre la libertad última de decidir dónde quieren vivir, seguir viviendo. Vivirán donde puedan vivir bien, donde tengan una calidad de vida similar en la suma de item de todas las formas que puedan elegir…, y donde se sientan felices. 

Este problema no es tanto político como sociológico, no tanto de decisiones fáciles como de movimientos obligados por el sentido común

Repito, por si no ha quedado claro. Hoy las distancias son mucho menores que hace medio siglo. Para todo. Y las distancias nunca deben ser un problema, si somos capaces de tener vías de comunicación válidas.

Pero también hay que ser algo exigentes con las personas que deciden libremente vivir en zonas rurales

¿Están dispuestas en todas las localidades a soportar porcentualmente la presión de nuevos vecinos como por ejemplo está sucediendo en Martorell o Calatayud? 

La inmigración no se resuelve frenando la marcha de los actuales vecinos, pues su edad nos indica claramente que se irán hagamos lo que hagamos. Se resuelve llevando a nuevos vecinos.

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