28.11.18

Museo a cielo abierto de la ciudad de Teruel

Llama poderosamente la atención esta iniciativa de Teruel, en una ciudad de patrimonio tan valioso y reconocido mundialmente, la que alberga los principales elementos del Patrimonio de la Humanidad concedido al Aragón mudéjar con discutibles e indiscutibles rehabilitaciones.

Ese título para una colección de arte urbano cada vez más audaz y hermosa, que dota de una nueva personalidad al marginal barrio de San Julián de Teruel. Asentamiento en barranco aplanificado, cercano al barraquismo vaquillero.

Parcelaciones por necesidad, cicatrices siempre difíciles de suturar cuando en una ciudad intermedia se necesita un decorado con la única opción de calidad urbana integral y a la altura de su historia.

El arte urbano y el ascensor al conjunto con poco sentido que se divisa desde el Óvalo y el Viaducto llevan camino de ser esa mina a cielo abierto llenada con arte urbano, como vaciados están por la extracción de arcillas los cerros y paisajes de bad-lands que rodean Teruel, y que también han sido puestos en valor con un parque lineal de tozales multicolores. Esos que han provocado la riqueza del proyecto Villarreal C.F. con el Real Zaragoza surtiendo su cantera, desde Teruelgrés o Porcearagónica.

Pero Teruel, la capital del sur está sabiendo no estancarse en su pasado e historia, está inquieta para bien y en transformación y búsqueda de nuevas identidades. Las iniciativas de este polo de servicios, de esta ciudad denostada como nicho de funcionarios, culturalmente son diversas y fecundas.

Están pasando sus políticas culturales por no circunscribirse a ser la ciudad-cenefa de ladrillo y cuna de los Amantes, sino aprovechando ese rebufo fidelizar a sus visitantes con varias visitas al año. Poniendo en valor su magnífico modernismo neomudéjar, conviertiéndose en una ciudad aeronáutica y principal destino europeo paleontológico, sembrando poco a poco para que surja una nueva hostelería con el jamón, el azafrán y la trufa como líderes de un turismo gastronómico de interior, a la espera de más miguelines.

Ello la consolida como destino cultural que puede generar permanentemente casi un millar de empleos directos.

Las ciudades colina tienen un urbanismo siempre pendiente que resolver que debe verse como una oportunidad, un diálogo entre diversos entornos de una ciudad que así parecerá mayor en dimensión. 

Que en pequeñas dosis contiene una necesidad de ajardinar como en la Alhambra, también un ensanche, un parque central de mucha calidad botánica, promociones de protección oficial en la salida de Alcañiz y barriadas fondo de barranco inestable e inundable. Además de dos fascinantes manzanas de chalets racionalistas, un soberbio cementerio y unas envidiables riberas en el entorno del pantano del Arquillo y río Turia.
26.11 Luis Iribarren

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