23.2.26

Guara Central Sur 2. La conexión histórica entre Huesca y Valencia


Si existen varias familias en Aragón, a la altura de los príncipes mogoles que embellecieron el valle del Ganges, Jaipur y Agra con un arte de corte turco-persa, importado de Herat y Samarcanda, fueron los tenientes generales de los Aragón que bajaron tras su conquista, al Reino cristiano de Valencia.

Antes de la recuperación y reparto de la taifa más rica de Al-Andalus, la capital levantina ya tenía dos conexiones por ella misma con el Alto Aragón, mientras que con Zaragoza únicamente la de intercambiar en sus lonjas respectivas la lana de gran calidad de la cabaña de la Casa de Ganaderos de Zaragoza por la seda inicialmente importada como el papel por la Corona y, tras ello, cultivada en la huerta valenciana, de clima tan generoso. 

Procedimiento que se siguió asimismo con el pasta de papel de papiro de Xàtiva, que sustituyó a la documentación de pergaminos.

Así la ciudad y actual provincia de Valencia siguieron la estela de Venecia y anticiparon a Lyon como principal centro sedero del occidente europeo. Puesto que su población en parte morisca llegó a dominar el cultivo en los márgenes de las acequias de los árboles de morera, se especializó en criar gusanos y, propio de este pueblo fenicio, dominó todo el valor añadido del proceso elaborando retales en numerosos talleres gremiales. De la Baja Edad Media a la Ilustración, la industria de la seda fue el principal sector productivo de la ciudad, lo que queda en los suntuosos bordados de los trajes de fallera.

Con anterioridad a esa eclosión, que dio lugar a levantar la Lonja de la Seda –hoy principal edificio gótico civil español y Patrimonio de la Humanidad- y las instalaciones de una ruta que incluye el Palau Tamarit y el Colegio de Arte Mayor de la Seda, las ciudades capitales de Huesca y Valencia se hallaron emparentadas y hermanadas por la singladura y vida de su patrono común: San Vicente, el oscense, cuyo nombre y apellido portan media población en la forma de Vicens.

El mártir Vicente de Huesca nació en la Osca romana sede de la universidad sertoriana, predicó dando voz al mudo San Valero rosconero y ventolero –patrono de Cesaraugusta- y junto a él fue trasladado a la Valentia de la época en la que murieron ambos martirizados, como así indica la palma que portan en sus representaciones artísticas. Resultando que Vicente el fato es también patrono de Lisboa y que en la capital levantina era el patrón del gremio textil de los sastres y modistos.

La segunda conexión valenciano-oscense es la de la Ruta del Santo Grial que une al Monasterio de San Juan de la Peña y la catedral de Valencia donde el cáliz fue depositado en la Capilla del Santo Cáliz, por traslado efectuado con el patrocinio de Martín I el Humano de Aragón, último monarca de la casa Aragón enterrado en Poblet, previo paso por la reciente y flamante sede arzobispal de Zaragoza.

De modo resumido, por más de 300 años el cáliz de la última cena, llevado por San Pedro a Roma, se ocultó en el Monasterio de San Juan de la Peña previo traslado del mismo a Osca durante las persecuciones cristianas del emperador Valeriano, pues el para Sixto encomendó su custodia al oscense Lorenzo. La conquista de Al-Andalus de valle del Ebro hasta el límite norte de los hitos de la Sierra de Guara, obligó a subir al cáliz en la montaña. Según parece, este cáliz llevado a Valencia es el que más verosímilmente formó parte del ajuar de la cena del huerto de Getsemaní.

Después encuentro una tercera conexión, que me fue revelada con su potente intensidad hace ni dos semanas. La más artística y emparentada con el legado de las familias aristocráticas aragonesas de los Borja-Borgia en forma de palacio ducal en Gandía y como mecenas en Roma, como de los Ximénez de Urriés y los Martínez de Luna-Gotor, impulsores de los palacios góticos de Ayerbe, gótico mudéjar de Illueca, pared de la Parroquieta de Zaragoza y castillo de Peñíscola. 

Familias sucesoras de capitanes de la guerra de los Aragón que promovieron, como los mogoles citados en India, un arte refinado que bebía del modelo de Borgoña con toques artesanales y techumbres y motivos, celosías y cerámica, ejecutados por artesanos mudéjares. Palacios y castillos que albergaron justas poéticas y en donde se leyó el Tirant lo Blanch y a Ausias March, al mismo tiempo que al pensador y místico mallorquín Raimon Llull.

Es un legado para la provincia de Huesca que no se dejara asuntos pendientes para la posteridad otro de estos linajes: la familia Foces. Gracias a los cuales disfrutamos de una iglesia construida de una pieza en un cruce de la antigua calzada Osca-Ilerda, levantada en nueve años por un equipo de mil artesanos, estilísticamente pura y de un extraño y hermoso estilo románico lemosino. Un panteón familar que contiene un compendio completo de las técnicas y motivos de su época, con el mayor número de marcas de cantero y relojes solares he visto, conformada por bloques sillares tallados de bella arenisca de Guara.

Este conjunto se llama iglesia de San Miguel de Foces, a dos kilómetros de Ibieca por pista.

Es un templo prístino y claro, con la función referida de albergar los sepulcros de este linaje como la coetánea Poblet los de los monarcas Aragón Finales. Se ejecutó sin miramiento presupuestario alguno por el mismo conjunto de artesanos, y con los mismos elementos, bóvedas, adornos y usos constructivos, que levantaron años antes la primera Catedral de Valencia que fue con posterioridad ampliada en estilo gótico.

Puesto que ambas iniciativas fueron pagadas e impulsadas por el aristócrata de Guara Sur, sire Ximeno de Foces cuyo hijo Hato de Foces y sus dos mujeres se hallan enterrados en cuatro bellas y simples a ambos lados del crucero de la iglesia. Dando nombre el último al grupo musical oscense de folk de los ochenta que nombramos en la primera entrada sobre Guara.

El estilo lemosino en que se talla la portada, columnas del ábside y hasta nervaduras de la nave abandona salvo escasas excepciones la escultura icónica románica presente en Loarre, San Pedro el Viejo o Jaca. Sustituye los santos y personajes alegóricos, el bestiario, por sutiles decoraciones vegetales en los arquillos, puntas de diamante y semicírculos, cuyo mejor resultado en obra grande es la portada de la catedral románica o vieja de Lleida y la de Valencia referida. Es una obra única en Aragón al seguir la reforma cluniacense partidaria de la severidad ornamental pero darle un vuelo elegante en la terminación.

Ha de pensarse que estos elementos vegetales, las columnatas de hojas de acanto e higueras, las cenefas e incluso el tímpano no escultórico estuvieron pintados de vivos colores. Quién dijo escasez, Ximeno de Foces ordenó que dominaran, entre todos los colores a aplicarse, los tonos óxidos creados a partir de minerales baratos pero, especialmente, dispuso no escatimar los espacios pintados en azul cinabrio. El color más caro de aplicar en la Edad Media, pues se obtenía a partir del molturar gemas semipreciosas como el lapislázuli, la azurita y el índigo.

Así la vida y proyectos de Eximino de Foces constituyen esta tercera conexión personal y artística entre Huesca y Valencia al haber sido designado como uno de sus lugartenientes por Jaime I, y obtener su riqueza de ello, procurador general del nuevo Reino de Valencia, lo que le dio el control de la contratación administrativa de obras, vegetales, papel y seda.

Su base señorial en Valencia fue el municipio de Tales, junto a Nules y Vall d’Uxo, cuya propiedad y rentas le legó “en Jauma lo Conqueridó” y repobló con turolenses de la Extremadura nuestro sagaz caballero, hijo de Guara Central.

En el interior de San Miguel de Foces es imprescindible visitar la iconografía de los frescos con colores vivos terrosos de los muros sur y norte del crucero, se supone que ejecutados en un estilo lineal provenzal al uso en la corte papal de Aviñón que enmarcan el panteón de los Foces y sus mujeres: Ximeno y Sancha de Antillón, y Atho de Foces y su esposa.

Otra curiosidad es que este remedo de “Tal Mahal” oscense, una bella muestra que marca el viaje del románico al gótico, fue tras la muerte de Athos donada y después gestionada como una pardina de producción agrícola a la Orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén.

Visita obligada complementaria nos parece la del interior de la ermita de Santa María del Monte de Liesa y su interior de bellas pinturas francogóticas un poco posteriores a las de San Miguel de Foces.

El gótico pictórico inicial de estas joyas forma parte la denominada “Ruta del Gótico Lineal” de la Hoya de Huesca del que asimismo forman parte la ermita de Santa María del Monte (Liesa), la ermita de San Miguel (Barluenga) y la iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles (Arbaniés). Totalmente desconocido para el resto de Aragón.

No dudéis en contactar con la sublime guía de estas pinturas y que os amplíe de un modo que nunca habréis vivido, con un detalle que abarca unas vívidas explicaciones sobre cómo entraban los caballeros y el porqué de las marcas del suelo de gres, de las que os darán cumplida conexión desde el Ayuntamiento de Ibieca.

23.02 Luis Iribarren

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