5.9.19

Una Ley del Mayor en Aragón, de la que se espera mucho

Tendríamos que ser sinceros con nosotros mismos. La soledad no elegida, esa situación vital que te lleva generalmente en una edad muy elevada a tener que vivir solo en tu casa sin nadie que te acompañe, es un drama personal que te destroza los últimos años de tu vida. Una vida sin la suficiente dignidad, en soledad, sin control y cuidados, que optamos muchos de nosotros por agachar la cabeza y no mirar.

Surgen de vez en cuando dramas de personas encontradas muertas en sus pisos tras semanas o meses sin que nadie se percatara de su ausencia. Y enseguida surgen voces para intentar evitar este problema. No es sencillo.

La soledad no elegida no es sinónimo de que se quiera admitir a otra persona en tu vivienda. Ni tan siquiera admitir ayudas de asistencia social que en ciertas horas te ayude en tu casa. No desearías estar solo, pero no admites que entre una tercera persona. Deseas estar con tus hijos, o simplemente desearías que no hubiera fallecido tu pareja. Ambas cosas si no imposibles, casi en el primer caso, no ayudan a resolver el problema, pero sí a entender que tiene muchas aristas.

El drama no es que fallezcas solo en tu casa y eso ya lo tenemos detectado. No es la peor situación posible, incluso tampoco es la más habitual. Por desgracia lo habitual es que estas personas, muy mayores y que viven solas, se caigan en su casa, sufran un simple mareo, se rompa algún hueso que les impida moverse, y fallezcan tras varios días de angustia, hambre, sed y agonía.
¿Y nadie se entera? Pues no. Ni los restos de familia, ni los vecinos ni los servicios sociales que funcionan como pueden, por falta de leyes, de presupuestos, de normas.

En Aragón el Justicia quiera trabajar en una Ley específica, una Ley del Mayor que debería tratar muchos temas específicos y laterales de los derechos de las personas mayores. La soledad no aceptada necesita soluciones que van más allá de una Ley simple, pero es una forma de poner sobre la Justicia unas atenciones básicas y obligatorias de la sociedad con las personas mayores que antes de serlo eran las que gestionaban la sociedad. Por ejemplo los derechos y obligaciones de las Residencias de Ancianos. 

Por ejemplo la necesidad de Tutor Familiar o Judicial con responsabilidad legal a partir de cierta edad o por exigencia de los médicos de familia.

Se está trabajando en varias direcciones desde Servicios Sociales y el Ayuntamiento de Zaragoza hasta hace unos meses trabajaba en buscar soluciones. No sirve de nada soluciones privadas, pues esas no revierten estos problemas específicos, generalmente en personas con muy pocos recursos. Las soluciones privadas existen y si se pagan funcionan bastante aceptablemente. Hay varias formas.

La soledad no deseada necesita sobre todo acompañamiento y seguridad. Y aunque parezca sencillo no lo es. Acompañamiento para hablar, para resolver pequeños problemas, para estar pendientes. Seguridad pasiva, para que la Persona Mayor se sienta segura y pueda solicitar ayuda.

La sociedad actual ya no es la clásica sociedad de hace medio siglo donde la vecindad era un activo. Y eso hay que admitirlo. Y darle una vuelta a las soluciones. Todos seremos Personas Mayores. Y no sabemos ninguno en qué condiciones lo seremos.

Hoy hay soluciones tecnológicas a estos problemas. De muy variado tipo. Pero tienen coste que a veces cuesta soportar de forma pública. Sin duda estar pendientes de una persona no es cuestión (solo) de voluntarios. Es necesario reglar estos servicios como parte de la relación social entre personas. Lo que nunca haríamos a un niño, no se lo deberíamos hacer por omisión a un anciano. Y aquí sin duda crear una Ley del Mayor es una oportunidad excelente de legislar con osadía.

Lo vemos por ejemplo en ancianos que se ven presos en sus propios pisos por no tener ascensor y que nadie de la familia presiona para resolver el problema. Que incluso se niegan admitir las reformas integrales de esas viviendas con ayudas públicas. Pero que no visitan a sus familiares con normalidad, aunque en caso de fallecimiento enseguida se hagan cargo de sus pertenencias, incluido el piso donde vivía el ascendente. En cuanto no lo pueden vender, entonces sí, apoyan la reforma integral y la puesta del ascensor.

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