28.9.19

Reforcemos en Aragón las asociaciones y comunidades rurales

Cuando hablamos de la urgencia de plantear sobre Aragón y la España Vaciada unas acciones contundentes, novedosas y urgentes contra la despoblación y la pirámide poblacional, lo decimos convencidos de que las ayudas clásicas y que se han estado utilizando hasta ahora no han servido para nada. 

Si nos atenemos a lo que sucede en todo el mundo veremos que efectivamente, la deriva de irse desde el mundo rural o pequeño hacia las grandes ciudades es imparable. Pero es que en muchos países se ve como algo incluso positivo pues están en claro desarrollo industrial y necesitan mano de obra en abundancia en los centros industriales para abaratarla.

No es el caso de Aragón, sino al contrario y habiendo superado esa fase, estamos en el periodo de darnos cuenta de lo “caro” que resulta tener una España Vaciada y lo indigno que es mantener unos espacios geográficos tan enormes que al final si no hacemos nada caerán en manos de unas pocas fortunas, de esas que compran todo.

Donde no hay personas pero sí hay tierra, hay muchas posibilidades de hacer negocios sin control. 

Si empleamos dentro de unas pocas décadas las grandes extensiones geográficas, como simples zonas de paso, estaremos condenando media España a ser la África del siglo XXI. No se quedarán perdidas ni abandonadas, pero quien las compre sí sabrá sacarle beneficios claros y contundentes. Y si hay duda miremos en el espejo de África.

Algo fundamental es reforzar todas las comunidades y asociaciones que ya existen en el mundo rural. Comunidades rurales pequeñas o no, sindicales o asociativas de variado tipo, organizaciones culturales, sociales, religiosas o políticas. Deportivas o gastronómicas. Todo sirve para hacer tejido social, para mantener vida y comunidad. Y reforzar supone poner en valor, ayudar y mimar.

No es solo dotarlas de poder de decisión, pues eso será siempre mucho más complicado, aunque también es muy necesario. Sino sobre todo de dotarlas de poder de consultoría, de trabajo, de funcionamiento con ayudas estructurales y presupuestarias. Se trata de que sean representativas y de que transmitan las necesidades y las sepan exigir.

Y por la otra parte, hacia el poder lógico y representativo, debemos exigirles a las instituciones y a sus representantes la capacidad de escuchar y atender.

Muchas veces se confunden términos y se exige que no sean los urbanitas los que estén en los despachos de la escucha. Personalmente creo que pretender eso es un gran error táctico, pues desgraciadamente los que tienen más intereses incluso bastardos para no querer escuchar son precisamente los despachos que viven y vienen del mismo mundo rural.

Reforzemos pues el papel representativo del propio tejido social del mundo rural, para poder entender mucho más claramente sus necesidades de futuro, y pasarlas por el tamiz de la experiencia y la formación de los que tienen que decidir de forma limpia hacia un futuro menos despoblado.

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