Aragón dispone de algunos agujeros poblacionales incluso en territorios protegidos o que no son interesantes para instalar fotovoltaicas. Dado que están a sotavento del cierzo, sobre suelos de concesiones mineras a expropiarse o gozan de una insolación limitada.
Hay al menos tres espacios que cumplen estos fascinantes requisitos: la cara oculta del Moncayo en el término de Tabuenca, los valles del Isuela, el Ribota y el Manubles, todos en el Cuarto Espacio Zaragozano que muga con Castilla; el del altiplano central turolense del valle del Alfambra y barrancos tributarios que bajan de Lidón y Pancrudo, cortado el páramo por hileras de chopos cabeceros; y el despoblado prepirineo oscense en ambas vertientes de sus sierras.
Espacio que abarca de Villalangua y Salinas al oeste hasta la Sierra de la Carrodilla y la Litera Alta al este: repleto de paisajes de bolos y zaborros, tierras de secano de calidad por arcillosas y adobado por “sies y aljubs” horadados como por otras piedras fecundantes y con forma de menhir sin tallar en mitad de los sembrados.
En el caso del Prepirineo oscense, la faja de que hablamos permite una visita demorada cuando florece antes que tierras más altas. Pues dispone de un conjunto de patrimonio monumental encantador y poco conocido entre los amantes del arte que prefieren opciones cercanas complementarias a practicar deportes de aventura y peregrinar por establecimientos de hostelería de calidad y enoturismo.
En el caso del Prepirineo oscense, la faja de que hablamos permite una visita demorada cuando florece antes que tierras más altas. Pues dispone de un conjunto de patrimonio monumental encantador y poco conocido entre los amantes del arte que prefieren opciones cercanas complementarias a practicar deportes de aventura y peregrinar por establecimientos de hostelería de calidad y enoturismo.
Para llenar el día, se limitan a recorrer los notables museos e iglesias de los valles pirenaicos, las ciudades de Barbastro y Huesca y determinadas villas o conjuntos denominados bellos y reconocidos como los de Bolea-Loarre-Ayerbe, Alquézar y Fonz.
Todos ellos han vaciado su entorno de población, a la vez que han supuesto un cierto efecto demostración para extender su relativa calidad arquitectónica y han alimentado cierta conservación patrimonial de los cascos y viviendas de los que están muriendo y carecen hasta de escuela y bar.
Ello no quita para que cuenten con formidables ejemplos de arquitectura tradicional que combina tejados de teja árabe y vanos de madera, piedra y tapial, con casas-palacio abundantes en portalones de entrada de arcos de medio punto de piedra, rehabilitadas por los hijos del país emigrados a Cataluña o la clase media oscense que, en cuanto puede, vive al aire y vacía una ciudad de por sí nada agobiante.
Así y en la faja referida, de oeste a este, podemos disfrutar entre numerosos exponentes de calidad de múltiples periodos artísticos con la fábrica de la presa y puente de los Pantanos de la Peña y Ardisa, el monumental cementerio de Biscarrués pues cada generación produjo canteros, las iglesias románicas (una impresionante dedicada a Santiago) de Agüero y Murillo, los miradores de Sarsamarcuello, el conjunto patrimonial de Aniés, el de Guara Central sur tan afectado por la proximidad de Huesca que nos ocupa, los conjuntos urbanos de Estada y la Estadilla de la fuente ilustrada de doce caños; así como de la peculiar villa de Alins, las salinas de Peralta y núcleo de Calasanz y el visitado paisaje dentado y con congostos de Ribagorza Sur-Litera Norte, en los términos de Estopiñán, Estada, Viacamp y Pont de Montanyana.
Al norte de las sierras de Santo Domingo, Guara y la Carrodilla, es fascinante perderse y recorrer la falda sur de San Juan de la Peña hasta Anzánigo y su puente, el valle de la Garona y el pantano de Arguis, Nocito con sus bosques semejantes a los del Moncayo y un albergue precioso gestionado por Prames, las pinturas rupestres de los abrigos de Guara –único espacio mundial que contiene de todos los estilos-, la carrasca de Lecina y las ciudades feriales de Graus y Benabarre.
Quizá el espacio que me parece más bello, agreste y auténtico de todos, repleto de oliveras y bosques de carrascas y cicatrizado por varios barrancos, sea que el que se discurre de este a oeste entre los valles del río Flumen y del río Alcanadre.
Dado que contiene perspectivas monumentales como la que ha generado el pantano de Montearagón, unos mallos tan bellos como los de Riglos enmarcando el pantano de Vadiello –del que bebe Huesca- y alberga dentro del territorio protegido del Parque de Guara los parajes del Salto de Roldán, la ermita de San Martín de la Bal d’Onsera, el pantano de Calcón y el barranco de Formiga en Panzano y la carretera de conexión hacia el conocido y protegido por fin en verano “Salto de Bierge”. Conocida badina a orillas del río Alcanadre, cercana al difícil barranco de la Peonera.
Debe reivindicarse esta tierra roya y boscosa para hacer justicia y que se conozca por portar el nombre de su montaña sagrada. Puesto que territorios geográficamente ajenos al Somontano de Peña Guara son hoy los identificados con este nombre y marca comercial, que ha favorecido únicamente al desarrollo de actividades en Barbastro y Alquézar.
El tomate rosa o feo “de Barbastro” se produjo hasta en Jacetania y, como se ha citado, los barrancos especiales y tenebrosos se han patrimonializado como únicos por el Valle del Vero, enmarcado no por Guara sino por la Sierra de Sevil. Convendremos que la ciudad de Huesca no ha potenciado el rosario de lugares que recogen con ella la basura.
Repleta de colinas, de oliveras nigrales y carrascas, de almendreras de floración anterior a las de Colungo, en esta subcomarca oscense tan rica en paisaje y suelos como las tierras italianas de Cuneo y Barolo, varias asociaciones y residentes por amantes del territorio central de Guara se hallan en el proceso de que suene, de revitalizarla. De conformar que Angüés pinte algo como pequeño centro de servicios hospitalario.
Una ruta circular nos permite adentrarnos con el tozal de Guara como cortina a veces incluso nevada hasta Aguas. Antes nos habremos detenido para visitar el recién renovado Castillo de Montearagón.
Todos ellos han vaciado su entorno de población, a la vez que han supuesto un cierto efecto demostración para extender su relativa calidad arquitectónica y han alimentado cierta conservación patrimonial de los cascos y viviendas de los que están muriendo y carecen hasta de escuela y bar.
Ello no quita para que cuenten con formidables ejemplos de arquitectura tradicional que combina tejados de teja árabe y vanos de madera, piedra y tapial, con casas-palacio abundantes en portalones de entrada de arcos de medio punto de piedra, rehabilitadas por los hijos del país emigrados a Cataluña o la clase media oscense que, en cuanto puede, vive al aire y vacía una ciudad de por sí nada agobiante.
Así y en la faja referida, de oeste a este, podemos disfrutar entre numerosos exponentes de calidad de múltiples periodos artísticos con la fábrica de la presa y puente de los Pantanos de la Peña y Ardisa, el monumental cementerio de Biscarrués pues cada generación produjo canteros, las iglesias románicas (una impresionante dedicada a Santiago) de Agüero y Murillo, los miradores de Sarsamarcuello, el conjunto patrimonial de Aniés, el de Guara Central sur tan afectado por la proximidad de Huesca que nos ocupa, los conjuntos urbanos de Estada y la Estadilla de la fuente ilustrada de doce caños; así como de la peculiar villa de Alins, las salinas de Peralta y núcleo de Calasanz y el visitado paisaje dentado y con congostos de Ribagorza Sur-Litera Norte, en los términos de Estopiñán, Estada, Viacamp y Pont de Montanyana.
Al norte de las sierras de Santo Domingo, Guara y la Carrodilla, es fascinante perderse y recorrer la falda sur de San Juan de la Peña hasta Anzánigo y su puente, el valle de la Garona y el pantano de Arguis, Nocito con sus bosques semejantes a los del Moncayo y un albergue precioso gestionado por Prames, las pinturas rupestres de los abrigos de Guara –único espacio mundial que contiene de todos los estilos-, la carrasca de Lecina y las ciudades feriales de Graus y Benabarre.
Quizá el espacio que me parece más bello, agreste y auténtico de todos, repleto de oliveras y bosques de carrascas y cicatrizado por varios barrancos, sea que el que se discurre de este a oeste entre los valles del río Flumen y del río Alcanadre.
Dado que contiene perspectivas monumentales como la que ha generado el pantano de Montearagón, unos mallos tan bellos como los de Riglos enmarcando el pantano de Vadiello –del que bebe Huesca- y alberga dentro del territorio protegido del Parque de Guara los parajes del Salto de Roldán, la ermita de San Martín de la Bal d’Onsera, el pantano de Calcón y el barranco de Formiga en Panzano y la carretera de conexión hacia el conocido y protegido por fin en verano “Salto de Bierge”. Conocida badina a orillas del río Alcanadre, cercana al difícil barranco de la Peonera.
Debe reivindicarse esta tierra roya y boscosa para hacer justicia y que se conozca por portar el nombre de su montaña sagrada. Puesto que territorios geográficamente ajenos al Somontano de Peña Guara son hoy los identificados con este nombre y marca comercial, que ha favorecido únicamente al desarrollo de actividades en Barbastro y Alquézar.
El tomate rosa o feo “de Barbastro” se produjo hasta en Jacetania y, como se ha citado, los barrancos especiales y tenebrosos se han patrimonializado como únicos por el Valle del Vero, enmarcado no por Guara sino por la Sierra de Sevil. Convendremos que la ciudad de Huesca no ha potenciado el rosario de lugares que recogen con ella la basura.
Repleta de colinas, de oliveras nigrales y carrascas, de almendreras de floración anterior a las de Colungo, en esta subcomarca oscense tan rica en paisaje y suelos como las tierras italianas de Cuneo y Barolo, varias asociaciones y residentes por amantes del territorio central de Guara se hallan en el proceso de que suene, de revitalizarla. De conformar que Angüés pinte algo como pequeño centro de servicios hospitalario.
Una ruta circular nos permite adentrarnos con el tozal de Guara como cortina a veces incluso nevada hasta Aguas. Antes nos habremos detenido para visitar el recién renovado Castillo de Montearagón.
Accederemos a una plana reconquistada a partir de Alquézar que fue fundamental en la de la ciudad de Huesca por la dinastía jacetana Aragón y que cuenta con hitos fronterizos que marcaron la frontera norte de Al-Andalus.
La carretera nace en el Estrecho Quinto y su nueva rotonda, pasa por la villa ceramista de Bandaliés y su alfarería Abío, permite visitar el puente gótico de Sipán sobre el Guatizalema, comprar aceites perfumados de nigral en Loscertales y arribar hasta el citado lugar de Aguas.
Cruce de caminos, otrora calzadas romanas, del que parten tres carreteras: la que conduce a Panzano citada y sigue al valle del Alcanadre, una segunda que se dirige al sur y la tercera que baja a Angüés en arco de ballesta y dirección sureste.
La última te obligará a dos paradas: la visita de la quesería y yogurtera de Sieso “Villa Villera” y la que es menester hacer al Monasterio de Casbas de las Glorias. El entorno de la villa de Casbas, con los de Alquézar y Jaca, en los que se desarrolla principalmente la exitosa “Años de Vida” de Marta Borraz, novela de justísimo éxito editada por Xordica.
La segunda ruta corta en línea recta esta plana hasta el cruce de la autovía de Velillas pasando por los núcleos de Liesa e Ibieca, en cuyos términos como joyas aisladas engastadas contra el Tozal de Guara se deben visitar al menos la iglesieta románica limusina y panteón de la familia Foces, San Miguel, y la singular ermita Santa María del Monte de Liesa. Por su especial historia y ejecución y la calidad de sus pinturas interiores.
De todo este conjunto monumental y de su patrimonio pétreo de cuevas horadadas como sedes de ritos fecundantes y otras colocadas expresamente en planas con forma de menhir, ha de hacerse una justísima y ponderada ampliación.
(Romanza de San Juan de Jasa, Jacetania. Grupo Hato de Foces de Huesca).
18.02 Luis Iribarren
Cruce de caminos, otrora calzadas romanas, del que parten tres carreteras: la que conduce a Panzano citada y sigue al valle del Alcanadre, una segunda que se dirige al sur y la tercera que baja a Angüés en arco de ballesta y dirección sureste.
La última te obligará a dos paradas: la visita de la quesería y yogurtera de Sieso “Villa Villera” y la que es menester hacer al Monasterio de Casbas de las Glorias. El entorno de la villa de Casbas, con los de Alquézar y Jaca, en los que se desarrolla principalmente la exitosa “Años de Vida” de Marta Borraz, novela de justísimo éxito editada por Xordica.
La segunda ruta corta en línea recta esta plana hasta el cruce de la autovía de Velillas pasando por los núcleos de Liesa e Ibieca, en cuyos términos como joyas aisladas engastadas contra el Tozal de Guara se deben visitar al menos la iglesieta románica limusina y panteón de la familia Foces, San Miguel, y la singular ermita Santa María del Monte de Liesa. Por su especial historia y ejecución y la calidad de sus pinturas interiores.
De todo este conjunto monumental y de su patrimonio pétreo de cuevas horadadas como sedes de ritos fecundantes y otras colocadas expresamente en planas con forma de menhir, ha de hacerse una justísima y ponderada ampliación.
La mañana de San Juan. Beberán del mismo vino
Comerán del mismo pan Vestirán de terciopelo
Calzarán de cordobán
(Romanza de San Juan de Jasa, Jacetania. Grupo Hato de Foces de Huesca).
18.02 Luis Iribarren

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