22.2.19

Altas Cinco Villas: Sefarad 3.0 Historia de Aragón

Israel es un enclave sobresaturado de población y el único lugar que recuerda un poco a Sefarad es Galilea. Allí en Zafed-Safad en el siglo XIV se establecieron familias especializadas en hacer libros sagrados, en fabricar incunables. Todavía hoy es una comarca reconocida por esa especialidad.

La foto superior de la judería de Biel podría ser de Rosh Pina añadiéndole el azul añil de la bandera de Israel, que proviene de un talit de rabino, manto-foulard blanco con bandas de ese celeste oscuro.

En las Altas Cinco Villas se creó con Ayerbe un proyecto de puesta en valor del románico con muy buenos resultados en el caso de la Fundación Uncastillo

Era cuando Sos hacía su festival “Luna Lunera” que ha sido reemplazado en cuanto a la puesta en valor de su historia por sus “Jornadas Fernandinas”.

Pero más allá de estos momentos puntuales, esta parte del Cuarto Espacio recibe más visitantes de lo que parece como lugar con una tasa de despoblación que maquillan las cinco villas en minúsculas, ocupado por cazadores, recolectores de setas, senderistas o sede de competiciones de la comarca. 

Suelen ser navarros y vascos y vienen a pegar tiros a la selva, rollo eusko nomadismo huyendo del matriarcado. Cada fin de semana es un bosque de mastos lo que aparece.

Novedades significativas en la comarca son el anuncio de empresa de pellets en Erla que supone empleo en Luna, el museo de arte de Ejea o el proyecto de campo de golf sui géneris para bien de Luesia

La fiebre generadora en el entorno de Monlora, la revitalización de la hospedería de Sábada por un amigo personal… Más se conseguiría con un precio de cebada equivalente a la calidad de la del granero de Aragón y su faja de espléndida tierra blanca. La causante de la calidad de su arroz y de sus puerros.

Son hitos puntuales innegables en este lugar de media montaña aragonesa que no pierde población en su faja desértica, pero que difícilmente la mantiene.

Más arriba se hace largo pasar el invierno. En los núcleos donde un 50% de su casco histórico fue judería y cuando hubo progromos en Aragón, mucho más laxos que en Barcelona y Valencia, constituyeron ese 40% de Sefarad-Sangüesa de la que yo procedo, la calle Mediavilla donde está casa Simeón.

A través de Motis Dolader, con Lambán en las cocinas de la DPZ –rabino en sefardí y principal sinagoga de Jerusalén denominada “Rambán”- se hizo mucho y muy bien en poner en valor ese patrimonio. Con destacados hitos en la judería tan bien conservada de Uncastillo y la peculiar de Biel.

Estos paisajes que tanto recuerdan al entorno del lago Tiberíades deben constituir una apuesta aragonesa no para el mercado turístico judío, sino como enclaves donde se retorne a la artesanía generada en Gerona relacionada con su judería.

Una recuperación de patrimonio judío inmaterial que los puede llenar de vida cultural debe liderarlo la comarca, como organiza paseos por Santo Domingo, como apuesta por abrir oficina de turismo en Navardún. Exigido desde abajo, trabando relación con la Facultad de Medicina de Zafed, hermanando a través del CITA los riegos de Cinco Villas y los de Alta Galilea.

Organizando una semana de convivencia musical medieval en Biel entre músicos de ambos orígenes, que sería el mismo. Eso anhelaría yo, que los cascos de estas poblaciones no fueran meros decorados de judería sino que se expusieran como singularidad llena de vida.

21.02 Luis Iribarren

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