18.1.19

Rutas aragonesas de la seda y del vellón

En Aragón han descendido en diez años las ovejas a la mitad. El territorio corre peligro de incendios incluso en invierno, pero también muere toda una cultura ganadera y pañera aragonesa. Se conocen mucho las exportaciones castellanas a Inglaterra, vía Santander o Bilbao y fundamento de la riqueza de Burgos, Santoña u Orduña.

Menos de la industria pañera catalana que abastecía con barcos cuatribarrados a todo el Maghreb o de la conexión sedera valenciano-aragonesa, en sentido estricto. Ha de pensarse que se llamaba aragonés a un valenciano o napolitano en esa época.

Leyendo una edición francesa antigua, recopilatoria de artículos, sobre las Rutas de la Seda, se puede colegir la importancia del Mediterráneo Oriental y puertos como Alejandría para la llegada a la corte imperial de Roma de la primera seda.

Un tejido ligero, fascinante y con reflejos que llevaban los partos-persas en sus estandartes, deslumbrando a los ejércitos de Traso. Tejidos de alta gama que se popularizaron el Imperio, al tiempo de la canela, el incienso producido por resinas de árbol de desierto o la afrodisíaca pimienta.

Así, la seda superó al algodón tipo popelín o al cáñamo y lino con el que se confeccionaban túnicas. Se teñía purpurado y su comercio estaba en manos, en muchas ocasiones, de judíos levantinos, los piratas de Yaffo, o de tirios filisteos.


En la Corona de Aragón albergamos al valenciano Germán Navarro, principal experto como historiador de la pujanza mercantil de la ciudad de Valencia en el siglo XIV derivada de la industria sedera. Con instituciones propias, telares y tecnología proveniente de Génova, para su exportación al resto del territorio aragonés y reino de Castilla.


En Zaragoza se residenciaron pequeños productores de seda, albergando los gusanos en cañizos. También se cultivaba el árbol de la morera en las huertas.

Aunque era la Casa de Ganaderos y la industria de la lana la que movía la economía zaragozana, los velluteros de seda organizaron pequeño gremio en el convento del Carmen, en la calle del Carmen que se dirigía hasta la puerta del mismo nombre. Toda la tecnología se importaba de Valencia, como en ocasiones retales y manufacturas terminadas.

A diferencia del patriciado romano, en el siglo XIV y Renacimiento Aragonés no era tanto la industria de moda y ropajes, sino la Iglesia la consumidora principal de los tejidos de lujo de Valencia.

La imagen es inequívoca, incluso el párroco de la fría y poco habitada Fanlo se guarecía con esta pieza o capa de terciopelo, engalanada con hilos de oro y seda.

Habiendo una conexión e intercambio de seda por lana habitual entre estos dos centros de la Corona.

14.01 Luis Iribarren

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