8.8.20

Cierran los bares en los pequeños pueblos de Aragón. ¿Se puede hacer algo?

Cuando en noviembre del año 1964 se funda por el nefasto Franquismo el primer TeleClub en España nadie podría pensar que 55 años después se pudiera sacar el tema por alguien que odió la dictadura con ganas. Pero a veces las historias dan vueltas incluso totales.

En el pueblo zamorano de Matilla la Seca se funda el primer TeleClub como un local del pueblo dedicado a poner una simple televisión pública para entretener a los habitantes de las localidades pequeñas. Y junto a ese servicio se creaba un local público con bar y mesas que servía de zona de relación entre los vecinos. Durante los quince años de vida activa de los TeleClub llegaron a montarse unos 5.000 locales muy repartidos por toda España.

¿Y por qué saco este tema ahora, aquí, en un espacio dedicado para hablar sobre Aragón? Pues sin duda por algo que nos está sucediendo ahora en Aragón, que tiene que ver con la despoblación y con la pérdida de algunos servicios que yo considero básicos para mantener una pequeña calidad de vida comunal y de servicios, transformando aquellos TeleClub en sin duda otra cosa, pero no muy diferente.

Los TeleClub tenían asignados (era la Dictadura) un monitor que fomentaba la participación, que movía aspectos culturales, de ocio. Era un pequeño local de integración para asentar la población en las zonas, procurando que sirviera para dar calidad de servicios.

Ahora en algunas localidades pequeñas de Aragón se están cerrando los bares como únicos locales privados pero de servicio públicos que permanecían abiertos. Y dejan a los pueblos sin que sus habitantes tengan tan fácil la relación en un espacio distinto al de sus hogares. Esos locales en vez de cerrar se deberían haber convertido en pequeñas tiendas multiservicios y bares, en espacios de servicios globales, pero no son rentables por la baja población. Un espacio que podría ser motor de la localidad, que ofreciera además un servicio complementario de comunicaciones para los habitantes, de ayuda y apoyo, no existe pues no es rentable.

Así que solo nos queda soñar con que en alguna ocasión alguien desde las Administraciones entienda que la rentabilidad no siempre se mide en beneficios en forma de monedas y que para luchar contra la despoblación a veces hay que trabajar también la discriminación positiva en forma de locales públicos para servicio público, aunque ofrezcan un parecido servicio privado. Pongo un ejemplo sencillo. 

Todos los espacios de Centro de Convivencia para Personas Mayores de Zaragoza tienen bar, biblioteca, zonas de juegos, periódicos y revistas. Es una zona pública donde hay servicios privados subvencionados. Algo así, pero adaptado al mundo pequeño de las pequeñas localidades sin ningún local público o privado de servicio público, encajaría perfectamente para intentar revitalizar algo la vida de los que todavía son habitantes de estos pequeños núcleos.

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