18.8.19

Crónica románica majonensis 2019

Por experiencia vital propia, he llegado a la conclusión de que es cuando una comunidad, grupo, equipo de fútbol como el Ebro, de baloncesto, o asociación cultural… están a punto de fenecer cuando determinadas personas que no son nadie y que no conocen a casi nadie en comarcas y entornos políticos, pero sí gozan de capacidad profesional, interés del bueno y nulo interés crematístico pueden intervenir en organizar.

El resto de las instituciones y ayuntamientos que medio subsisten tienen en su gestión y digestión bastante de postureo politizado, de amigos hasta en el infierno, de laminación de las iniciativas individuales que proyecten esa sombra de capacidad que eclipse la de incapacidad de los políticos.

Pues saben desde que se presentan que pueden acceder a un estrato semiprofesional, el del hostelero metido a diputado provincial o presidenta de juventudes del partido con horas de vuelo. No intentan y perpetran comprar másteres con títulos deconstruídos por casualidad sino por causalidad.

En ese camino, se declaran una serie de años (como quien prepara una oposición más o menos) disponibles en todo momento hasta que medran y escalan, poniendo sonrisas de emoticono, al altar de los elegidos. En Aragón se empieza en el medio rural por consejero comarcal profesional.

Las jornadas de románico de Majones son un ejemplo de lo contrario. De cómo un núcleo de los pertenecientes a mi municipio Canal de Berdún se ha agrupado y superado sus problemas convivenciales, antes reducidos a cómo turnarse pues la solución debió ser salomónica por demasiada proximidad a Fargo para aprovechar la caza.

Ahora hay otra temática de presente y ensoñación de consenso, que a todos une, una metáfora bíblica: nada menos que la puesta en valor de su ejemplar iglesia románica.

Lo es no por calidad arquitectónica sino por singularidad, por estar repleta de guiños, signos y hendiduras en forma de cicatrices hechas por canteros con escasos conocimientos bíblicos pero sí esotéricos. Maestros que tallaron formas y ajedrezados de pueblo en pueblo de los que, salvo contadísimas excepciones, desconocemos todo menos su estilo cantero.

En este ejercicio, esta localidad defensiva de ramal del Camino de Santiago, ha vuelto a aprovechar las jornadas para, además de varias magníficas charlas, especialmente una sobre calendarios de piedra medievales (como la forma de las tumbas es uno de los principales patrimonios pétreos por desarrollar y conocer), hacer Majones.

Con un concierto de música barroca, con una merienda popular fuera de fiestas que son este fin de semana –de las de dúo o discomóvil y cena popular- pero, sobre todo, con una actividad divulgativa de la riqueza botánica de nuestro monte con salida de identificación de plantas a cargo de científico del Instituto Pirenaico de Ecología. Actividad sencilla, útil, práctica, que da felicidad, interactiva y a coste pequeño.

Además otra noche, han salido a ver e identificar el magnífico firmamento libre de contaminación de la Canal.

Me pregunto si estas magníficas pequeñas actividades organizadas por un motor barcelonés afincada en la Canal por origen y hay que nombrarla, la capaz Beatriz Francisoud, serían posibles en otro momento y municipios más grandes. Si no se pararía la actividad de asociaciones culturales al servicio del concejal y técnico de turno.

Son esos lugares de 30 casas los necesitados de vida en agosto, los que por casi desaparecidos más se resisten a su último suspiro, los que deberían liderar un replanteamiento del empadronamiento. Porque esas jornadas son el fundamento de que muchos emigrados con actividades diversas vuelvan a recoger plantas o setas o echar una mano desbrozando la iglesia en otros momentos del año.

Vamos, que crean grupos de whatsapp de los muy buenos. Para Aragón y la generación de actividades, vitales.

16.08 Luis Iribarren

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