30.8.19

Nuevos aragoneses. Nouvelles du Senegal: solvitur ambulando

Los nuevos aragoneses existen, en gran medida, como nuevos zaragozanos. Que trabajan en su economía de escala de servicios hosteleros, en la agroalimentación de mataderos y cebolla, en la venta ambulante necesaria o de supervivencia.

Debemos hacerlos visibles, rara vez son nada más que protagonistas de noticias luctuosas o presuntamente culpables de efectos llamada. Sabemos que son mucho más que eso –todos en primera persona-, porque, sin tener por qué ir más lejos, yo he sido mucho más que español o aragonés cuando he viajado.

Comportándome con comodidad o no como sefardí, amante de la cultura japonesa o deficiente bailador y cantante de boleros. Y todo eso ya lo había hecho sin salir de mi país, dicho en términos cariñosos de montaña. En África siempre he sido el blanco de todos los poemas.

En Senegal se halla la fascinante Dakar a la que esquilmamos su lonja de sardinas, pero muchísimas más ciudades y culturas.

Las desembocaduras de sus ríos conforman humedales modo Doñana, Patrimonio de la Humanidad. En la frontera con Guinea Bissau le quedan selvas de sabana con toda la fauna africana y, además, chimpancés.

De la isla de Gorée y de los fuertes de Gambia salieron a América los Kunta Kinte & Co. durante siglos que, en gran medida, sustituyeron a la mano de obra indígena entre masacrada y enferma (Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria dixit, curiosa la ubicación zaragozana de esa arteria para el humanista, cupiera su permuta por la calle Sanjosemaríaescrivá el de Barranqué).

Esa parte de la antigua Guinea de los ríos Senegal y Gambia es la que en mayores gotas ha aportado los ritmos base de la afrocubanidad –por tanto, son, mambó y guaguancó con base de rumba-, afrobrasilidad –por consiguiente, bossa nova- y jazz.

Tengo un magnífico sello de la Unesco estirada (sede París-La France-La Grandeur) que conmemora la declaración como Patrimonio de la Humanidad de esa isla de donde salió un importante porcentaje de esclavos mandinga hacia América, negro azules y de tobillos finos eran los más apreciados. 

Es conceptual, una simple escalera dibujada, bajada de un túnel de piedra –como el de los castillos esclavistas de Ghana- por el que embarcaban a la fuerza en las goletas bandera Panamá, Gibraltar o Isla de Man de la cosa del trespersent de la época (actual Liverpool FC del que soy ultra fan)… Era el último paisaje africano que veían, el túnel de no retorno.

En Senegal está también la isla de San Luis, especialísima ciudad colonial frontera con Mauritania. Conectada por un puente de hierro parecido a los nuestros del Ebro de la escuela de Eiffel, bien merecería una visita.

Es un país de sahel, baobab, hospitalidad e Islam contenido en su mayor parte. No tan interesante como su vecino e influyente Mali, asolado por la guerrilla y el tráfico de los esclavos del presente

África produce coltán, diamantes y trata de negros. Y es un escenario por el que sube la cocaína desde América hasta esa Libia que a nadie le interesa pacificar, en manos de mafias. Que de por sí provocan hambruna, extorsión y vacíos en la política europea, dejando al alcalde de Lampedusa como a un juez de la Texas de la frontera pero sin competencias. Y menos mal. Pero no cubriendo ese vacío, ganando tiempo…

El africano San Agustín de Hipona, argelino, ya lo decía: el movimiento se demuestra andando, yendo sobre la marcha. Lo copió con gran criterio de Diógenes, ese gran tuneador del platonismo y sus negativos.

Senegal es crucial como bastión de cierta planificación occidental en positivo, urbanística, sobre todo y de la herencia de la magnífica educación republicana francesa. Quizá por ello se produzcan tipos como Youssou N’dour, un músico musulmán muy practicante pero tolerante y con rasgos laicos y, por tanto, universales.

Recomiendo enormemente la lectura del periodista senegalés Amadou Diaw, con nombre de medio centro o pívot nacionalizado francés. Disponible en El País, se intitula “Las Varias Áfricas y sus porvenires”.
Es un artículo socrático, en que se hace preguntas. Yo mismo estaba pensando hacerlas sobre el futuro de Zaragoza y Aragón, puesto que los mensajes electorales son electoralistas y la única pregunta sobre gestión parece en la práctica la de pactar y llegar a pesebres.

No digamos en ese continente en que China no es que haya tomado posiciones, es que a cambio de infraestructuras por permutas de contaminación para sobreproducir –y que se derivan en mantenimientos de 10% anual hechos por sus empresas- se ha convertido en propietaria catastral y registral. Y empezó por Senegal, hasta la castración inversa de la irreductible Etiopía.

Es cierto lo que afirma Diaw, ese francófono inteligente: vemos a África como singular, a su población y peligro en forma de flujo emigratorio como parte de un idéntico problema porque así nos lo venden.

Terminamos la voz du Senegal con un poema de su primer presidente tras la declaración de su independencia de Francia, tras su descolonización que tanta amargura cultural puede que haya dejado:

Cuando yo nací, era negro. Cuando crecí, era negro. Cuando me da el sol, soy negro. Cuando estoy enfermo, soy negro. Cuando muera, seré negro.

Y mientras tanto, tú, hombre blanco, Cuando naciste, eras rosado. Cuando creciste, fuiste blanco. Cuando te da el sol, eres rojo. Cuando sientes frío, eres azul. Cuando sientes miedo, eres verde. Cuando estás enfermo, eres amarillo. Cuando mueras, serás gris.

Entonces, ¿cuál de nosotros dos es un hombre de color?

(Leopold Sedar Senghor, dedicado a toda la comunidad senegalesa residente en Aragón, su nuevo país kaolack de sahel sin baobabs).

27.08.2019 Luis Iribarren

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