4.12.18

Sobre Agustina de Aragón y su hazaña

Agustina de Aragón, la que en realidad se llamaba Agustina Zaragoza Domenech, murió un 29 de mayo del año 1857 con 71 años de edad en la ciudad de Ceuta donde vivía con su hija Carlota Cobos y su yerno Francisco Atienza. En realidad era de Barcelona aunque su ascendencia era leridana, pero una vez que los francese atacaron Cataluña se tuvo que venir hasta Zaragoza con su marido militar, donde se refugió y le pillaron los dos Sitios a nuestra ciudad.

Una vez que se terminó la Guerra de la Independencia, el Rey Fernando VII la pensionó de por vida por su heroicidad en Zaragoza por una orden del 5 de septiembre de 1814. Fallecida se trajeron sus restos hasta Zaragoza en el año 1870, depositandose en un principio en El Pilar, para trasladarse después en el año 1908 hasta la iglesia del Portillo, donde reposan en la actualidad junto a Casta Álvarez y Manuela Sancho en una capilla que sufragada por la Cofradía del Portillo, inauguró el Rey Alfonso XIII.

Según consta en su expediente militar, estos son los hechos relatados en las crónicas de aquellas fechas:

Agustina, que colaboraba en la defensa alentando a los artilleros y sirviéndoles municiones y víveres, viendo especialmente atacada la batería del Portillo, se dirigió hacia allí para ayudar, cuando, al poco rato, caía herido de un balazo en el pecho el cabo que, a falta de otro jefe, la mandaba, el cual fue retirado, dándolo por muerto. Cayeron también, abrasados por los cartuchos que voló una granada, casi todos los demás artilleros, quedando la batería inutilizada y expuesta a ser asaltada por una columna enemiga que ya se acercaba. Fue entonces cuando Agustina, tomando un botafuego y pasando por entre muertos y heridos, descargó un cañón de a 24, con bala y metralla aprovechada, de modo que, sorprendidos los pocos artilleros que quedaban, se levantaron para ayudarla a sostener el fuego, hasta que recibieron refuerzos de otra batería, obligando a retirarse precipitadamente al enemigo. Aquel mismo día, mediante un parte del Comandante de la batería, el general Palafox la condecoró con el título de Artillera y sueldo de seis reales diarios. Hasta el final del asedio, Agustina continuó sirviendo en la defensa, en aquella y en otras baterías, y por su heroico

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