19.12.19

Almanaque del Pirineo aragonés para 2020

Este pasado martes, Sergio Sánchez Lanaspa presentó en el espacio cultural FNAC Coso Zaragoza el que será el séptimo y último “Almanaque de los Pirineos”. Asistimos al acto sobre todo jacetanos en sentido amplio, quiero decir comarcal y no solamente jaqueses.

Lo arropamos en su cálida y fantástica exposición de los contenidos de la revista gráfica, correspondientes al decenio 1975-1985 en los Pirineos, pero siempre con tics a noticias del exterior que son el interior. Exactamente como, recuerda mucho Cercas, el pasado no es que se revise, es que es el único componente del presente.

Afirma en entrevistas mi novelista favorito, James Ellroy, que de los vivos o finados recientes es mejor no hablar para evitar movidas con sus derechohabientes.

En todo caso, Sergio tiene razón en parar con criterio general propio: porque no se puede volver sobre noticias recientes con una mirada reposada, pues es confuso por intervención de tu propia ideología y trayectoria vital, sin buscar más excusas.

Glosaremos, entonces, su fantástica portada y contenido en otro momento. Ahora toca revisar el coloquio y lo que respondió a mis dos preguntas, sabia y sentidamente contestadas por este periodista jaqués y miembro de la asociación “Río Aragón Vivo”, cuestión que desconocía.

Citamos cómo hubiera afectado al paisaje entre Jaca y Navarra una segunda presa en el Aragón a la altura de Berdún, como se proyectó en los 70. Otra, permutada con posterioridad, podría haber llegado a hacer desaparecer Campo.

Ambas referencias aparecen en la revista, con el multitudinario concierto de Labordeta ante 2.000 personas en la plaza Santa Eulalia de mi pueblo. Y la oposición al proyecto del propio Ayuntamiento de Jaca liderado por unanimidad por Alianza Popular.

Aún hoy, Campo y Berdún son las únicas dos localidades que resisten con un soplo de vida, y pese a estar bien comunicadas, en espacios de sesenta kilómetros entre localidades que albergan un relativo mercado de trabajo: turístico, comercial o de industria agroalimentaria.

Que no será en Fago o el valle de Vió por donde no pasa la nacional… (es fácil comprobarlo).

Unos setenta kilómetros hay entre Jaca y Sangüesa; lo mismo que entre Graus y Benás, para considerarlos como se ha hecho parte de un territorio Fargo, vacío con algún ramal hacia un centro de servicios-gasolinera.

Pero por lo menos aún los tenemos terrenos parcelados y en estado de revista para recibir alguna inversión estratégica industrial del Gobierno de Aragón, o de quien sea (valdría hasta vía Waterloo-Puigdemont, si es caso).

No se han producido hasta la fecha las inversiones necesarias y tanto Berdún como Campo no tienen viabilidad demográfica a medio plazo. Será porque el destino de estos territorios fue desaparecer.

Ya os digo yo que mis amigos retornados obreros industriales sudan la gota gorda, aun con su capacidad, para encontrar trabajo y terminan en las brigadas de los ayuntamientos como contratados temporales.

Luego están las restituciones no realizadas en la provincia de Huesca para compensar la pérdida de, por ejemplo, unos 2.500 habitantes en el Valle del Río Aragón.

Que, como mencionó Sánchez Lanaspa, la mitad hubieran emigrado es cierto porque el fenómeno de concentración urbana es de alcance universal.

Pero que las inversiones en infraestructuras o repoblaciones no fueron, ni son ni ya podrán ser en el futuro por ausencia de población, compensadas más que por justiprecios sin planes de ordenación estratégicos es una palmaria y mortal evidencia.

Mortal para que se mantengan o nazcan panaderías, bares o estaciones de servicio, no estoy refiriéndome a sueño romántico de repoblación alguno.

Nos han dejado morir y empujado a emigrar. A ser apátridas y perder el control comunal o infravalorar nuestra pequeña propiedad en forma de parcela reconcentrada y perdida respecto del territorio. Aquél por el que deambularon rebaños privados y comunales, hoy pasto de maleza y sobreabundancia de caza.

Pudo haber otra política para intentar consolidar una Huesca provincia de 400.000 habitantes.

No se sabe ni se sabrá si no se pudo, porque no se quiso. Hoy sus administradores operan sobre territorio casi virgen y sobre su representación política dependiente para desarrollar iniciativa privada eólica, solar, minas y demás usos consuntivos sin oposición alguna en la fase de información pública.

Numantinas excepciones como el caldo de cultivo cotidiano y patrimonios mermados alegando en Artieda confirman la regla.

La práctica desaparición de partidos, excepto cercana eclosión turolense, que reivindicaron la ordenación desde dentro del futuro de Aragón no alberga esperanzas fundadas en invertir la tendencia.

Ojo, con absoluto respeto a la magnífica ejecución de políticas de desarrollo rural e intervención en el territorio de la Diputación Provincial de Huesca, siempre gestionada por el PSOE. Lo que confirma que las decisiones para una gestión de mi territorio con verdadera autonomía nunca se han adoptado (y en muchas ocasiones, tampoco se han querido adoptar) en ese lugar donde fuimos a quintar e iremos a morir.

Adobarlo con que dar problemas como político es el escenario perfecto para que no te metan en la siguiente lista cerrada.

12.12 Luis Iribarren

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