1.2.21

Historietas de la Iluminación Pública en Zaragoza, siglo XIX


Hoy tenemos una Zaragoza bastante bien iluminada en donde se van cambiando poco a poco y dependiendo de la crisis constantes las farolas eléctricas para aprovechar mejor su potencia iluminando hacia el suelo y evitando en la medida de lo posible la contaminación lumínica. Pero la iluminación de las grandes ciudades como Zaragoza ha pasado por muchas fases, complejas de organizar y de poer soportar por las presupuestos municipales.

En el año 1837 se cambiaron los faroles pequeños de candilejas de sebo y aceite que había en Zaragoza por faroles de reverbero, que utilizaban igualmente aceite, pero el sistema acoplaba al farol unos reflectores de latón que actuaban como espejo, ampliando el radio de acción de la luz, tanto en alcance como en intensidad de la misma. Era un primer paso para mejorar la iluminación de las calles zaragozanas. En total había en Zaragoza en esos momentos 570 faroles que consumían cada año unas 2.000 arrobas de aceite.

Aquellas farolas no estaban encendidas siempre, pues las noches en las que la Luna tenía luz potente dejaban de encenderse para ahorrar aceite y a la vez porque la propia Luna iluminaba más que las farolas de aceite. En aquellos años los zaragozanos se quejaban de la iluminación de la ciudad pues los que viajaban a otras grandes ciudades españolas veían que la calidad y potencia era mala y escasa. Hay que recordar que lo indicado era colocar las farolas a 30 pasos de distancia en calles anchas y a 60 pasos en calles estrechas. 

El centro de la ciudad había mejorado su iluminación con los nuevos faroles de reverbero, pero los arrabales y las zonas exteriores o no tenían farolas antiguas más que en las calles principales o no tenían nada de alumbrado público. En aquellos años trabajaban para el Ayuntamiento 25 faroleros que encendían y apagaban, limpiaban y arreglaban los faroles.

El alumbrado público en los días de oscuridad era de seis horas desde octubre a marzo (se apagaban entre las 12 y la 1 de la madrugada), y de cuatro horas en el resto de meses, según iba alargando la luz natural. Todo aquellos costaba unos 150.000 reales al año. El alumbrado de gas llegó a Zaragoza de la mano de «Credit Lyonnais» que tras una concesión el El 17 de mayo de 1864, construyó una fábrica para elaborar este combustible en Zaragoza, cerca de los terrenos del actual parque Miraflores, al final de la calle Andrés Gurpide.

El aceite era un sistema malo para una ciudad como Zaragoza pues cuando hacía Cierzo se apagaban las luminarias, por ejemplo en mayo de 1856, cuando el general Espartero visitó Zaragoza para inaugurar la construcción del ferrocarril a Madrid, una corriente de viento del Moncayo dejó Zaragoza a oscuras.

Así que en 1865 empezó a iluminarse alguna zona de Zaragoza con farolas de gas y a primeros de abril del año 1866 empezó el suministro de gas a particulares en la calle Espartero, Coso hasta la calle Don Jaime y Paseo de la Independencia.

Pero en las Fiestas del Pilar de Zaragoza del año 1874 se anunciaba que el día 19 de octubre se encendería la luz eléctrica urbana en unas farolas que se habían puesto sobre el puente de Piedra de Zaragoza y que se inauguraría por dos horas nada más terminar los Fuegos Artificiales de finde fiestas
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