16.2.21

Sender no lleva tilde en la primera E


Sender se pronuncia agudo, no es llano el apellido como lo usaba aquel humorista de Huesca ciudad del “1,2,3”. Tal como la arrolladora personalidad de Ramón J. Sender que no vamos a terminar de poner en zoom en una sola entrada.

Nacido en palomar (tal significa Chalamera en sefardí), nuestro oscense oriental errante hubiera cumplido este año ciento veinte, cifra redonda y mágica para el hinduismo.

Esa manifestación cultural que utilizaba con arrogancia inversa como etimología de su apellido: el de una dinastía de príncipes de Sri Lanka, pero que no deja de ser sino sendero en cualquiera de las lenguas de oc, empezando por el provenzal. Respecto del de su madre, Garcés, afirmó que lo emparentaba con la dinastía que dio origen al Reino de Aragón. Tenía cuajo de queso de oveja bien curado riéndose de él mismo.

Sender escribió una galería de libros basados en personajes del campo aragonés que agotaron la materia, hasta que surgió su discípulo en manera de mirar Jesús Moncada.

Periodista más que escritor en sus primeros tiempos, se escapó a diferencia de Max Aub de ser considerado uno de los novelistas de la Generación del 27. En el momento poético más fecundo de Lorca, se dedicaba al llamado “realismo de entre guerras” que caló después en Cela, Delibes y tantos otros. Inclasificable y mal caja para poner etiquetas.

No fue un emigrado resentido dándole vueltas a casi nada y allá donde vivió se impregnó del ambiente. El escapismo anarquista como especialidad la bordaba en su propia vida, a lo que contribuyó su acerado pero gastado sobre él mismo sentido del humor. Por consiguiente, continuó creando literatura y periodismo que nunca le aburrirían: desiguales, perfectamente documentados y con pulso de narración con ritmo cinematográfico. Quizá el primer autor en lengua española que se lanzase a semejantes descarrilamientos.

Han caído en mis manos sus artículos escritos para Heraldo a primeros de los 80. No le consideraba precisamente a Sendéeeeer un aragonés militante sino un cinqueño ciudadano del mundo, pero me ha sorprendido su hondura en el tratamiento de temáticas y raíz propia desde su distancia de San Diego, California.

En la recopilación aborda el carácter especial de la aristocracia aragonesa (según él por su sencillez en el trato), las figuras de Goya y Martí viviendo en Zaragoza, la elegancia de las plazas y espacios abiertos de esta última ciudad donde vivió su primera juventud, la historia de San Jorge como mito pre cristiano o el entierro de su abuelo en Huesca. Cómo su antecedente tenía rasgos de casi montañés desconfiado pero fio a una buena persona porque todos en la vida, aún honrados, podemos tener un percance… Cuestión que marcó la personalidad de Ramón José. A la importancia de la cultura sefardí en Aragón dedicó dos hermosísimas reflexiones.

Respecto de Goya y sus contradicciones, vitales y políticas, concede la relación de que tenía que acercarse algo al poder Borbón de su época puesto que al ir por la vida casi sin personaje, sin máscara, como aragonés manifiesto, ello le podría haber sobrellevado trágicas consecuencias en la liga de campeones que jugaba.

Las historias de Servet y Gracián así se lo testimoniaron y Francisco de Fuendetodos, poco cortesano por carácter, las tuvo innegablemente presentes. Hasta que fue, quizá junto al Marqués de Sade, uno de los primeros personales culturales europeos anteriores a Buñuel y Dalí en practicar aquello que se llamó luego epatar a los burgueses: andando en camisón y con gallinas atadas por la calle Mayor de Burdeos.

Sender considera a los aragoneses como pueblo con el rasgo de identidad del liberalismo: no en términos políticos sino en cuanto al pensamiento y acción relacionados con una humanidad libre de prejuicios, generosos en talante con todo lo que venga por delante hasta el quijotismo.

El periodista criado en Alcolea, que felizmente le homenajea, echó de menos en su exilio vivido con rasmia eso que denominaba la fealdad pero sublimidad aragonesas e ibéricas, a las que le debemos otra vuelta de tuerca e incisión de bisturí. Como imprescindible modulación a la belleza cartesiana fría o al programa de dominación mundial sin reblar que les tocaron vivir a tantos aragoneses de todas las ganaderías en Francia o en América.

Que “lo inefable”, lo ocurrido al margen de un orden preconcebido, sigue ocurriendo incluso como eje de las políticas patrias en nuestros días; sigue separando a Aragón de la gestión de su cultura, su sanidad o su despoblación como se abordaría al norte de los Pirineos y se pretende copiar por los vecinos navarros y catalanes.

Ahora bien, el desorden bereber de base nos trae un reguero de ejemplos de corazón desbordante, de excepciones que se convierten en aciertos y de situaciones que nos siguen conmoviendo y echaríamos de menos trasplantados fuera.

15.02 Luis Iribarren




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