30.8.22

Sopa aragonesa de granada y pollo, de las históricas


Cuando hablamos de gastronomía aragonesa es cada vez mas lógico encontrarnos con platos históricos que llegaron con sus raíces desde países muy lejanos. Pero es que Aragón es tierra de muchas historias, de amigables culturas que han estado aquí con nosotros y nos han ido dejando sus costumbres de todo tipo, también las gastronómicas.

Esta sopa de granada y pollo es un poco rara, diríamos incluso que es MUY diferente, pero no está mal conocerla, para esos días locos en los que deseemos probar algo diferente y recordar que Aragón es muy plural. 

Es la sopa de granadas de Irán adaptada al sabor aragonés. Una sopa árabe, puede que de los desiertos beréberes o de las culturas antiguas que ocuparon muchas tierras en la historia.

Es una sopa de granada, de semillas de granada, que se trabaja con pollo, con mucha cebolla caramelizada, zanahoria, con algunas pasas o frutos secos y con unos costrones de pan majados o mojados con ajo para darles sabor contundente y casi farmacéutico.

Picamos muy fina una cebolla de las babosas y un par de zanahorias peladas, y ponemos las verduras a pochar con un poco de aceite de oliva hasta que se torne transparente y más babosa todavía esa cebolla que le da el sabor primero. 

Se le añade en ese momento un vaso de vino tinto a cocer con la cebolla y zanahoria, mejor si es un vino garnachero de los potentes, unos trozos de pechuga de pollo (no muchos) cortados en pequeño, perejil picado, eneldo, menta, cilantro y un toque de pimienta negra.

Y se deja todo cocer como media hora. Tiempo de leer historias de Aragón de las viejas.

Hay cocineros que incluso le añaden desde el principio un puñado de garbanzos en remojo, para que se hagan con la carne, pero creo que eso es ya pecado venial. También a falta de 5 ó 10 minutos se le puede añadir ese puñado de garbanzos de frasco de cristal ya cocidos.

Y tiene que quedar una sopa espesa, potente, algo oscura, verdosa incluso por las hierbas que lleva.

Pasado este tiempo se la añade unas setas de campo cortadas a tiras con las manos o unos boletus picados o en su defecto champiñones, más dos cucharadas soperas de semillas de granada y una cucharada de yogurt, más otra cucharada sopera de fideos finos si no le hemos puesto los garbanzos. 

Y se deja cocer otros 5 minutos según el fideo que se ponga.

Para comer…, sin duda unas buenas rebanadas de pan tostado al hogar con aceite de la zona alta de Huesca y ajo refrotado. Y unos huevos fritos de segundo, de esos de gallina libre de corral salvaje. 

¿Vino? Efectivamente, un Somontano tinto o un Calatayud de Miedes o un Borja o Cariñena no muy caro pues hay que pensar en todos. A tu gusto y al de tu bolsillo.

Luis Iribarren y Julio Puente

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