20.2.20

Aragón, uno de los mejores territorios mudéjares

El mudéjar aragonés no es la única manifestación artística en el Estado español, ni siquiera fuera de él, de este singular estilo.

Tenemos en arquitectura de barro cocido y ladrillo la importancia de determinadas expresiones del mismo en Toledo, en Murcia y Valencia… En los lugares con presencia de albañiles y atarifes especializados en elementos decorativos musulmanes o, se afirma también, bereberes.
Es por ello que significados ejemplos de este uso de materiales pobres, blandos y dúctiles con un resultado esmerado por especiado se encuentran en la misma Andalucía posterior a la sacudida de la edificación de la Alhambra, también en Sicilia en cuanto a su herencia normanda. Habiendo gozado de cierta reputación esta manifestación en Portugal, y saltado el modo decorativo vía Canarias al barroco americano. El ladrillo y yeso con detalles son elementos que constituyen una arquitectura rápida pero vibrante.

Quizá, sé que es mucho decir, los monumentos cimeros de este estilo no se encuentren precisamente en Aragón sino que sean como arquitectura civil: los Reales Alcázares de Sevilla, y como arquitectura religiosa: el incomparable claustro declarado “Patrimonio de la Humanidad” del Monasterio de Guadalupe, en Cáceres. Tan vinculado por la presencia de Colón en sus dependencias con la historia de América post maya, azteca e inca y, por ello, con los monumentos religiosos de Quito, Lima, Ciudad de México o San Bartolomé de las Casas en Chiapas.

Su templete central rematado con azulejería valenciana es un cofre que resiste la comparación de la mejor arquitectura de Isfahán y Samarcanda.
Como el conjunto de iglesias de Sahagún en León y la Sinagoga del Tránsito de Toledo presentan una comparación en calidad semejante al conjunto de iglesias de Teruel o Calatayud. Siendo la segunda, que incorporó elementos mudéjares para su uso por la arquitectura religiosa judía, el principal exponente de un tipo de arquitectura ulteriormente desarrollada en Praga en la “Sinagoga Española”, en Salónica, Estambul o la propia Jerusalén: erigidas en un estilo judeo-mudéjar que trascendió fronteras como lo hizo en sentido contrato el rebozado y la tempura.

Entonces qué tiene de peculiar y único el mudéjar aragonés: su distribución por cada valle celtibérico y de la tierra plana, su carácter popular, su relación con la Reconquista emprendida por la Corona en sus tierras de su propia Extremadura detenida a cuchillo por el Mediterráneo.

También la peculiar mezcla estilística de sus elementos con el estilo gótico aragonés y, posteriormente, con el barroco introducido en Valencia y en Aragón sur recién sacado de su horno napolitano. Dando una gracilidad, vuelo y aire a remates, torres, artesonados y arcos influenciados por la Aljafería y completamente ajenos a la frialdad por exceso de Bernini. En definitiva, humanizando con detalles artesanales tanta matemática llevada a sus abismos.

La promoción del mudéjar con producto turístico único especializado, la conformación de la iniciativa “Territorio Mudéjar” por la Diputación Provincial zaragozana, la labor de rehabilitación del patrimonio de Calatayud o Tarazona en fechas recientes creando empresarios y mano de obra especializada, los remates mudéjares en la propia autovía hacia Teruel… son excelentes iniciativas para este territorio de torres con cenefas con tantas capas como los estratos que recortan el páramo de cualquier ruta del Cid…

Además de poner en valor, sería necesario como en el caso de los certámenes de garnacha que sí o sí ganarán los vinos de altura de ese mismo territorio no considerar al mudéjar en clave exclusivamente interna.
Sino como el producto de un diálogo de ideas, territorios y experiencias en torno a los materiales humildes, que no pobres, de construcción en lugares como Arabia, Norte de África o valles del Tigris y Eúfrates donde la piedra no forma parte de la arquitectura popular erigida por no esclavos. El Valle del Nilo es la grandilocuente excepción monumental y dolorosa.

Con la sublime excepción del Puente de Piedra de Zaragoza.

20.02 Luis Iribarren

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