23.11.17

Árboles singulares no de Aragón 6: Entorno del Colegio Costa y ginkgos biloba

Los habréis visto pasando deprisa en coche, en ese no barrio agujero negro pero que contiene un cuartel racionalista pero tan impopular como el de Vía Layetana de Zaragoza, una hermosa manzana de viviendas militares, todo el espacio del mundo por desarrollar –los suelos de la antigua estación del Portillo-, un edificio precioso que se ha convertido en un polo museístico por el mismo –el Caixa Fórum- y lo que quede de la Averly.

Además de la Plaza de Toros y su hostelería –entre todos, Casa Emilio- y el edificio de Telefónica, está la maternidad republicana de la DPZ donde vino a nacer mi madre a la fuerza y cerca la iglesia del Portillo donde la bautizaron, aún siendo de la provincia de Huesca.

Pero destaco dos hitos del barrio, y no son la sede de DGA ni el Pablo Gargallo. Uno monumental, histórico, el principio del Estado del Bienestar y el higienismo fue espectacular en Zaragoza. El genial colegio Joaquín Costa de Miguel Ángel Navarro, grandiosa escuela municipal del 29, erigido justamente enfrente del entonces hospicio Pignatelli, do moró en tiempos postreros Perico Fernández. Homenaje al pensador grausino, adoptó como programa de estudio su ideología en este punto, siendo un centro equiparable e incluso mejor en calidad a los de la Institución Libre de Enseñanza.
Excelentemente pintado, en mi opinión, las imágenes corresponden a su alzado trasero, poco valorado por la espectacularidad neoclasicista de su acceso, y a su espléndido y desconocido para los zaragozanos su Salón de Actos, de un racionalismo funcional y belleza que, qué queréis que os diga… Lo diré, prefiero a los Navarro de Tarazona y a los arquitectos coloniales ingleses en India antes que a la Bauhaus… Solo me gustan los edificios-ikea en países con luz báltica, aquí quedan muy desabridos y divorciados de la luz.
A su lado pero enfrente, los árboles que nos ocupan.

Id a verlos que es la época. No son aragoneses, sino de la capital imperial manchú del Norte, que eso significa Pekín. Son los árboles más bellos de Zaragoza en otoño, con sus hojas doradas en forma de abanico, tan sutiles, que contrastan tanto con el gris plata del tronco de los árboles.

Sólo dos datos: el gingko divino e imperial por sutil es un árbol más antiguo en la faz de la tierra que las secuoyas. Un sinnúmero de fósiles-hojas de abanico lo atestiguan. Eso hace que no tenga parientes, no es de la familia quercus, olmo-chopo ni de los castaños chinos de fruto.  Es una especie única, un verdadero dios botánico en su género.

Como en el caso de las setas orientales, que se forman en el castaño shii y otros árboles, es un árbol longevo muy apreciado por su belleza y las propiedades curativas de sus hojas, semejantes a las del tilo.

Algo pasará con estos árboles, cuando uno de ellos fue el único árbol superviviente en Hiroshima, único brote de nuevas ramas verdes para la paz…
 
Acercaros a la calle General Mayandía cuando vayáis algún día, como seguro que lo hacéis a Caixaforum, y aunque sea incómodo por la contaminación acústica, presentad vuestro respeto visual con una inclinación de 15 grados delante de este dios asiático con residencia cierzo-accidentada en Zaragoza. Ante este vecino de hecho sin empadronar, hasta una sede policial desprende un aura dorada.

06/11 Luis Iribarren.

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