20.7.21

¿Qué pasó en Zaragoza el 3 de agosto de 1936? Hace 85 años


La historia se escribe a veces con renglones torcidos y lo de menos —cuando pasan los muchos años— es saber quien escribió torcido, sino saber si se podría haber evitado los machones, sobre todo para no repetirlos. Este cartel de finales del verano de 1936 quiere mostrar la Zaragoza que logró previsiblemente salvar por "milagro divino" nuestro Pilar de los bombardeos de la aviación de la República Española.

Hay muchas dudas de si realmente el lunes 3 de agosto de 1936 se lanzaron contra Zaragoza esas 3 bombas que nunca estallaron en la madrugada de aquel día, y si estaban preparadas para explotar o fue un aviso, o dudas sobre quién fue realmente el autor de este bombardeo, si es que se produjo. 

No hubo disparos antiaéreos pues según dicen el avión volaba a muy baja altura y engañó a las defensas con su bandera nacional. Incluso algunos que vieron el avión dicen que llevaban en su fuselaje las contraseñas del servicio del ejército Nacional, que enseguida el día siguiente afirmaron que se habían apoderado de esos datos, no se sabe bien de qué manera.

La primera bomba fue la que cayó junto a una acequia que había en el centro de la Plaza del Pilar. Y las otras dos lanzadas a continuación, sí perforaron el techo de la iglesia.

Una atravesó el techo y la bóveda correspondiente a la torre mayor del lado de la Santa Capilla, partiéndose en dos trozos, uno que horadó la pechina de la izquierda de la columna del lado de entrada a la Santa Capilla y el otro trozo que quedó empotrado en la bóveda.

La tercera bomba cayó encima del coro, atravesando el tejado y la bóveda y rompiendo al caer parte de la tubería del órgano, produciendo desperfectos en el fresco de Francisco de Goya que decoran el techo de este coreto. Las tres llevaban espoleta, aspas de dirección y en las tres se publica que funcionó la espoleta, sin saber el motivo de por qué no explotaron. 

Aquella misma noche se personó personal técnico del Cuartel de Artillería de Zaragoza para llevarse las bombas y sus restos, quitando las espoletas y los detonadores según se dice en la nota. Se advierte también que si cayeron más bombas no se han encontrado restos de ellas.

Si se advierte en las notas del día, que al romperse algunas de ellas, se desparramó el contenido explosivo por el suelo, sin que hubiera realizado ningún daño añadido. Otra en cambio, la que era diferente y se dice que tenía forma de cigarro puro gordo y que estaba formada por dos piezas simétricas, contenía todavía en su interior el material explosivo con un peso de unos 10 kilos de material. La bomba entera medía unos 75 centímetros y un diámetro de unos 10 centímetros según informaron los arquitectos del Pilar que acudieron a la mañana siguiente a levantar acta de los daños con el señor Ríos al mando.

A la mañana de ese mismo día 3, y sobre todo empujadas por las vendedoras del cercano Mercado Central se empezaron a formar visitas organizadas al lugar, entrando a la Capilla de la Virgen con ramos de flores atadas con banderas de España. Aquellos detalles de las vendedoras enseguida se trasladaron a toda la ciudad y durante toda la mañana fueron muy numerosas las personas que fueron llevando ramos de flores al interior del Pilar dejándolos a los pies de la columna y la zona cercana, en lo que podría haber sido el primer acto precursor de la Ofrenda de Flores a la Virgen, pero en 1936.

El alcalde de Zaragoza de aquel momento, Don Miguel López de Gera, se dirigió esa mañana al pueblo de Zaragoza para pedir a la población zaragozana que participara por la tarde en una enorme manifestación de desagravio, como así sucedió desde la Plaza de Aragón a partir de las 6,30 de la tarde, dirigiéndose al Pilar que durante dos horas vio desfilar a zaragozanos ante la Virgen.

Las noticias del día siguiente hablaban de que un avión de la Generalitat de Cataluña, con la bandera de la España Nacional —para despistar los sistemas de defensa antiaérea— había soltado cuatro bombas (otros solos hablaban de tres) de 50 kilos cada una con el Pilar. Decían los medios de comunicación que gracias a la mano sobrenatural se logró humillar a los sacrílegos republicanos. Era —se decía— la prueba de que contra el Poder Divino es imposible rebelarse los perversos. ¡¡Jopetas!!

El ataque —se insistía— no fue contra Zaragoza sino contra la Cristiandad de todo el mundo, contra la Cultura Universal, contra las 20 naciones americanas que tienen sus banderas colgadas en el Templo que se quería hacer volar y destruir con las banderas dentro. Era un atque contra la Raza y la Cristiandad. Algo curioso sabiendo que estábamos inmersos en un Golpe de Estado y una Guerra Civil entre españoles.

El instinto satánico odia a muerte a la Religión —se insistía— y contra eso solo nos queda hacer la Guerra de Cruzada para defender la Civilización y la Fé. Y tras el milagro de ayer, que ya nadie duda de que la Victoria es de Dios seguros debían estar del Triunfo. 

Las muestras de publicidad patriótica fueron tremendas, inmensas y claramente dirigidas a levantar el ánimo patriótico de todos, hacia la defensa de la España que representaba Franco o el Golpe de Estado. Un acto que cada uno puede interiorizar como él crea, y que sirvió claramente en ese momento, para levantar las agallas de todos los zaragozanos con dudas.

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