1.8.26
Médicos y cirujanos en la Zaragoza de 1723
Según el censo que se hizo para la ciudad de Zaragoza en el año 1723, cuando contábamos en total con 30.039 habitantes, estaban distribuidos los zaragozanos en 4.893 casas y edificios. El recuento comenzó el 10 de septiembre de 1723 y fue registrando casa por casa a sus residentes, oficios, situación familiar, criados, hijos y hasta las caballerías que poseían. La idea es tener claro cuantos vecinos había, para pagar impuestos según sus oficios.
Se han escrito libros sobre este censo, y análisis sesudos sobre estos datos tan valiosos e interesantes. Hoy me quiero centrar solo en unos pequeños datos curiosos. Los oficios que tenían aquellos zaragozanos, más en concreto la de los médicos y cirujanos.
Es verdad que el oficio más numeroso en aquella Zaragoza era el de Jornaleros del Campo con 1.426 personas que declararon dedicarse a ese trabajo. Y que el segundo oficio era el de sastre con 213 personas. Tremenda distancia. Había en tercer lugar un total de 162 pelaires que eran artesanos dedicados a preparar, lavar, cardar y peinar la lana cruda para dejarla lista antes de ser hilada y tejida.
Teníamos a 156 zapateros y a 148 labradores declarados, que debían ser los que tenían propiedades en el campo y no eran simplemente jornaleros. Pero a su vez teníamos 95 alpargateros, a 51 tejedores, a 36 maestros de jóvenes y 11 maestros de niños, un solo lapidario y 7 impresores.
Y 16 notarios, 34 pastores, 2 queseros, 9 sepultureros, un solo vendedor de abadejo o bacalao, 2 ingenieros, 29 cerrajeros, 8 esquiladores, 21 médicos, 12 enfermeros, 14 boticarios, 81 cirujanos y 4 devantaleros entre otros oficios, este último era el oficio paara hacer delantales de cuero.
Con estos datos choca enseguida que tuviéramos 21 médicos y 81 cirujanos en Zaragoza. ¿Tantos profesionales dispuestos a operar y tan pocos a curar?
En realidad es que por entonces la salud o la sanidad se entendía de otra manera. Un médico era menos que un cirujano, entendía de síntomas y observaba estos, bien sus temperaturas o sus humores, orinas y heces más con la vista y olfato que con otros métodos de análisis, y recetaba preparados que hacia el boticario, purgas, ayunos, sangrías o reposo.
Pero un cirujano trabajaba con el cuerpo del paciente, operaba, cosía, buscaba por dentro. resolvía roturas o quemaduras, luxaciones o úlceras, limpiaba de pus o de cuerpos raros que había por fuera o por dentro del cuerpo, atendía partos con problemas o hacía amputaciones si lo creía necesario. Un cirujano manipulaba el cuerpo del paciente, mientras que un médico observaba y recetaba sin meter mano en el enfermo.
Curiosamente a lo anterior, un médico era más importante que un cirujano. Y estaban mejor preparados. Los cirujanos eran unos simples "mecánicos arregladores" de los cuerpos.
La existencia en Zaragoza de 81 cirujanos frente a solo 21 médicos en el año 1723 no significa que la población fuera tratada principalmente mediante operaciones. En aquella época, médico y cirujano eran profesiones separadas. El médico era un universitario que diagnosticaba las enfermedades internas y prescribía remedios, mientras que el cirujano, de formación generalmente más práctica, atendía heridas, fracturas, luxaciones, abscesos, úlceras y toda clase de dolencias externas.
Muchos de los trabajos del cirujano eran curas, vendajes, suturas, sangrías o pequeñas incisiones, no grandes operaciones. Su mayor número refleja que eran profesionales más accesibles y que realizaban una asistencia manual cotidiana que hoy desempeñan médicos, enfermeros, traumatólogos, dentistas y otros especialistas.
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