En la imagen que vemos una sección de un plano de Zaragoza, de Montemolín, podemos observar el Frontón y arriba a la derecha en color la zona del actual Miguel Servet, para hacernos una idea más correcta de su ubicación.
Por tanto, cuando las fuentes dicen que estaba «en Miguel Servet» o «frente al Matadero» están dando una localización general. La entrada que vemos en las fotografías estaba algo retirada de Miguel Servet, penetrando por Cabaldós. Aproximadamente ocuparía terrenos situados hoy entre las calles Monasterio de Poblet, calle Cabaldos y la calle del Matadero.
Era entonces una zona todavía periférica, con campos, huertas, torres, acequias y algunas instalaciones que estaban transformando Montemolín: el Matadero, la Granja Agrícola, la estación Cappa y el ferrocarril, industrias y talleres. El frontón fue, por tanto, una de las primeras grandes instalaciones recreativas de aquel nuevo extrarradio.
Hay alguna fuente que lo denomina el primer frontón de Zaragoza pero no es del todo correcto. Antes habían existido en Zaragoza juegos de pelota y trinquetes en la ciudad. Lo que sí parece razonable es considerarlo el primer gran frontón moderno zaragozano dedicado establemente al espectáculo de la pelota. Posteriormente aparecerían el Trinquete del Carmen, otros trinquetes y, ya en el siglo XX, el Jai Alai y el Frontón Aragonés. Eran espacios para ver los juegos de pelota mano, pero también o sobre todo, espacios de apuestas deportivas.
La instalación de 1895 era fundamentalmente un recinto descubierto. Las fotografías permiten distinguir una cancha y contracancha, gradas parcialmente cubiertas y otras al aire libre, además de las taquillas y la entrada principal. A finales de los años veinte del siglo XX se realizaron reformas para modernizarlo, pero siguió siendo esencialmente un frontón abierto. Durante los días más calurosos se colocaban cobertores o toldos ligeros sobre parte de la cancha, la contracancha y las gradas descubiertas.
En él se practicaron distintas modalidades de pelota. Las fuentes locales hablan de pelota a mano, pala, paleta y cesta, aunque las modalidades y su importancia fueron cambiando a lo largo de sus más de setenta años de existencia. La pelota vasca había experimentado una fuerte expansión en España desde finales del siglo XIX y estaba muy vinculada al espectáculo profesional y a las apuestas.
El Frontón Zaragozano no era una pequeña instalación de barrio, de Montemolín. Durante bastantes años fue uno de los lugares importantes de ocio de Zaragoza. Los domingos y días festivos llegaban numerosos espectadores desde el centro de la ciudad.
La distancia era considerable para la Zaragoza de 1900, pero estaba resuelta en buena medida mediante la línea 1 del tranvía del Bajo Aragón. Sabemos que posteriormente y especialmente en los años treinta, hubo incluso servicios especiales relacionados con los partidos importantes que se anunciaban. El Ayuntamiento conserva además un detalle muy expresivo: en el Café Salduba de la plaza de la Constitución —actual plaza de España— se anunciaban los partidos, incluso si los partidos habían sido suspendidos, evitando así que los aficionados hicieran inútilmente el viaje hasta el frontón.
Una descripción histórica de la plaza de San Miguel recuerda a los zaragozanos que, los domingos, utilizaban aquel tranvía para desplazarse hacia la zona y asistir a los partidos. Esto ayuda a entender que el frontón tenía una clientela que no era únicamente de los barrios de Montemolín o San José, sino de toda la ciudad.
La gran capacidad del recinto hizo que se utilizara para mítines, asambleas y reuniones multitudinarias. Hay fotografías extraordinarias tomadas por Luis Gandú Mercadal hacia 1911-1912 que muestran el interior completamente ocupado durante un mitin. La Universidad de Zaragoza conserva y cataloga algunas de estas imágenes. Era pues un recinto abierto, para reuniones de varios cientos de personas.
Y por ello vino la larga decadencia del viejo Frontón Zaragozano. No desapareció inmediatamente: seguía existiendo todavía en los años sesenta y hay testimonios de pelotaris que lo conocieron en funcionamiento hacia 1964. Pero para entonces ya era una instalación veterana situada en una zona que estaba sufriendo una transformación urbanística radical. Finalmente fue derribado en 1967, después de aproximadamente 72 años de existencia. El Ayuntamiento confirma tanto el año de construcción, 1895, como el de demolición, 1967, y señala que el solar fue destinado a viviendas.
El derribo coincidió aproximadamente con el del Frontón Aragonés. En el terreno del Zaragozano se levantaron bloques de viviendas y se reorganizó por completo el viario. De aquella transformación nacieron o se completaron calles como Monasterio de Poblet, Monasterio de las Cabañas y Monasterio de San Martín de Cillas.
Pero ocurrió algo curioso pues no desapareció todo con el derribo de 1967. Durante algunos años quedó en pie la puerta de entrada, aislada entre las nuevas construcciones. Es precisamente la portada que aparece en la fotografía que vemos arriba. Era una sencilla pero atractiva construcción de ladrillo, de inspiración neomudéjar, con un gran arco y el rótulo: FRONTÓN ZARAGOZANO y el sobre nombre de Club Zaragozano de pelota.
Por tanto, cuando las fuentes dicen que estaba «en Miguel Servet» o «frente al Matadero» están dando una localización general. La entrada que vemos en las fotografías estaba algo retirada de Miguel Servet, penetrando por Cabaldós. Aproximadamente ocuparía terrenos situados hoy entre las calles Monasterio de Poblet, calle Cabaldos y la calle del Matadero.
Era entonces una zona todavía periférica, con campos, huertas, torres, acequias y algunas instalaciones que estaban transformando Montemolín: el Matadero, la Granja Agrícola, la estación Cappa y el ferrocarril, industrias y talleres. El frontón fue, por tanto, una de las primeras grandes instalaciones recreativas de aquel nuevo extrarradio.
Hay alguna fuente que lo denomina el primer frontón de Zaragoza pero no es del todo correcto. Antes habían existido en Zaragoza juegos de pelota y trinquetes en la ciudad. Lo que sí parece razonable es considerarlo el primer gran frontón moderno zaragozano dedicado establemente al espectáculo de la pelota. Posteriormente aparecerían el Trinquete del Carmen, otros trinquetes y, ya en el siglo XX, el Jai Alai y el Frontón Aragonés. Eran espacios para ver los juegos de pelota mano, pero también o sobre todo, espacios de apuestas deportivas.
La instalación de 1895 era fundamentalmente un recinto descubierto. Las fotografías permiten distinguir una cancha y contracancha, gradas parcialmente cubiertas y otras al aire libre, además de las taquillas y la entrada principal. A finales de los años veinte del siglo XX se realizaron reformas para modernizarlo, pero siguió siendo esencialmente un frontón abierto. Durante los días más calurosos se colocaban cobertores o toldos ligeros sobre parte de la cancha, la contracancha y las gradas descubiertas.
En él se practicaron distintas modalidades de pelota. Las fuentes locales hablan de pelota a mano, pala, paleta y cesta, aunque las modalidades y su importancia fueron cambiando a lo largo de sus más de setenta años de existencia. La pelota vasca había experimentado una fuerte expansión en España desde finales del siglo XIX y estaba muy vinculada al espectáculo profesional y a las apuestas.
El Frontón Zaragozano no era una pequeña instalación de barrio, de Montemolín. Durante bastantes años fue uno de los lugares importantes de ocio de Zaragoza. Los domingos y días festivos llegaban numerosos espectadores desde el centro de la ciudad.
La distancia era considerable para la Zaragoza de 1900, pero estaba resuelta en buena medida mediante la línea 1 del tranvía del Bajo Aragón. Sabemos que posteriormente y especialmente en los años treinta, hubo incluso servicios especiales relacionados con los partidos importantes que se anunciaban. El Ayuntamiento conserva además un detalle muy expresivo: en el Café Salduba de la plaza de la Constitución —actual plaza de España— se anunciaban los partidos, incluso si los partidos habían sido suspendidos, evitando así que los aficionados hicieran inútilmente el viaje hasta el frontón.
Una descripción histórica de la plaza de San Miguel recuerda a los zaragozanos que, los domingos, utilizaban aquel tranvía para desplazarse hacia la zona y asistir a los partidos. Esto ayuda a entender que el frontón tenía una clientela que no era únicamente de los barrios de Montemolín o San José, sino de toda la ciudad.
La gran capacidad del recinto hizo que se utilizara para mítines, asambleas y reuniones multitudinarias. Hay fotografías extraordinarias tomadas por Luis Gandú Mercadal hacia 1911-1912 que muestran el interior completamente ocupado durante un mitin. La Universidad de Zaragoza conserva y cataloga algunas de estas imágenes. Era pues un recinto abierto, para reuniones de varios cientos de personas.
Uno de los acontecimientos mejor documentados tuvo lugar en 1911, cuando los productores de remolacha se reunieron allí para tratar el precio de este producto, entonces fundamental para la industria azucarera aragonesa. Una fotografía muestra a los asistentes ocupando no solamente las gradas, sino también la cancha y la contracancha.
Además, el edificio fue incorporado a la propia organización cívica de la ciudad. El Boletín Oficial de la Provincia de 1926 lo designa como local electoral de la sección 30 de Montemolín, un colegio electoral para los habitantes del lado derecho de Miguel Servet y zonas próximas. En enero de 1931 vuelve a aparecer oficialmente como colegio electoral. Es un dato especialmente valioso porque demuestra que el Frontón era un establecimiento perfectamente consolidado y conocido por todos.
En julio de 1930, el Ayuntamiento acordó reducir al 50 % el importe correspondiente a una licencia concedida a Demetrio Fraile «para realizar obras en la finca denominada Frontón Zaragozano». No sabemos si Demetrio Fraile era el propietario del frontón, pero si figuraba como titular o solicitante de una licencia de obras relacionada directamente con el establecimiento. No tengo datos para saber si lo gestionaba una empresa o una persona en concreto.
Durante sus primeras décadas el Frontón Zaragozano tuvo una posición privilegiada, pero Zaragoza fue creando instalaciones más modernas y, sobre todo, más céntricas. A comienzos del siglo XX funcionaron otros trinquetes; después apareció el Jai Alai, en la calle Cinco de Marzo, y poco después el importante Frontón Aragonés, en la calle Bilbao, próximo a Albareda. Estos locales ya cubiertos tenían una situación urbana mucho más favorable y fueron absorbiendo una parte de la actividad profesional con jugadores importantes y del público asistente y que apostaba.
Además, el edificio fue incorporado a la propia organización cívica de la ciudad. El Boletín Oficial de la Provincia de 1926 lo designa como local electoral de la sección 30 de Montemolín, un colegio electoral para los habitantes del lado derecho de Miguel Servet y zonas próximas. En enero de 1931 vuelve a aparecer oficialmente como colegio electoral. Es un dato especialmente valioso porque demuestra que el Frontón era un establecimiento perfectamente consolidado y conocido por todos.
En julio de 1930, el Ayuntamiento acordó reducir al 50 % el importe correspondiente a una licencia concedida a Demetrio Fraile «para realizar obras en la finca denominada Frontón Zaragozano». No sabemos si Demetrio Fraile era el propietario del frontón, pero si figuraba como titular o solicitante de una licencia de obras relacionada directamente con el establecimiento. No tengo datos para saber si lo gestionaba una empresa o una persona en concreto.
Durante sus primeras décadas el Frontón Zaragozano tuvo una posición privilegiada, pero Zaragoza fue creando instalaciones más modernas y, sobre todo, más céntricas. A comienzos del siglo XX funcionaron otros trinquetes; después apareció el Jai Alai, en la calle Cinco de Marzo, y poco después el importante Frontón Aragonés, en la calle Bilbao, próximo a Albareda. Estos locales ya cubiertos tenían una situación urbana mucho más favorable y fueron absorbiendo una parte de la actividad profesional con jugadores importantes y del público asistente y que apostaba.
Y por ello vino la larga decadencia del viejo Frontón Zaragozano. No desapareció inmediatamente: seguía existiendo todavía en los años sesenta y hay testimonios de pelotaris que lo conocieron en funcionamiento hacia 1964. Pero para entonces ya era una instalación veterana situada en una zona que estaba sufriendo una transformación urbanística radical. Finalmente fue derribado en 1967, después de aproximadamente 72 años de existencia. El Ayuntamiento confirma tanto el año de construcción, 1895, como el de demolición, 1967, y señala que el solar fue destinado a viviendas.
El derribo coincidió aproximadamente con el del Frontón Aragonés. En el terreno del Zaragozano se levantaron bloques de viviendas y se reorganizó por completo el viario. De aquella transformación nacieron o se completaron calles como Monasterio de Poblet, Monasterio de las Cabañas y Monasterio de San Martín de Cillas.
Pero ocurrió algo curioso pues no desapareció todo con el derribo de 1967. Durante algunos años quedó en pie la puerta de entrada, aislada entre las nuevas construcciones. Es precisamente la portada que aparece en la fotografía que vemos arriba. Era una sencilla pero atractiva construcción de ladrillo, de inspiración neomudéjar, con un gran arco y el rótulo: FRONTÓN ZARAGOZANO y el sobre nombre de Club Zaragozano de pelota.
Finalmente, también fue demolida la puerta por no saber bien de qué manera integrarla en la ordenación urbana de la zona, un ejemplo claro de lo tontos como poco, que hemos sido los zaragozanos a la hora de conserva nuestro patrimonio.
Yo niño y como alumno del cercano colegio Tomás Alvira, con otros niños íbamos a esa zona en donde antes de iniciarse las viviendas se conservaba una esquina del frontón a la que no le daba nunca el sol directo y había mucha humedad, pues allí criaban sapos de a veces un palmo de tamaño, que cogíamos para en cajas enseñarlos a los niños más pequeños del colegio.
Hay, sin embargo, una curiosa supervivencia: cuando el Centro Natación Helios inauguró en 1985 su nuevo frontón cubierto, algunas piedras procedentes del desaparecido Frontón Zaragozano fueron reutilizadas allí como homenaje a la tradición pelotística de Zaragoza.
Hay más dudas documentales sobre la existencia oficialmente el Club Zaragozano de Pelota. Parece ser que fue la entidad deportiva y social encargada de promover la pelota (en modalidades como mano, pala, remonte y cesta punta) y de gestionar la actividad federada y los torneos de esta disciplina en la capital aragonesa durante gran parte del siglo XX. El club utilizaba como sede principal y recinto de juego el Frontón Zaragozano, y organizaba los torneos y partidos, además de las apuestas.
Hay, sin embargo, una curiosa supervivencia: cuando el Centro Natación Helios inauguró en 1985 su nuevo frontón cubierto, algunas piedras procedentes del desaparecido Frontón Zaragozano fueron reutilizadas allí como homenaje a la tradición pelotística de Zaragoza.
Hay más dudas documentales sobre la existencia oficialmente el Club Zaragozano de Pelota. Parece ser que fue la entidad deportiva y social encargada de promover la pelota (en modalidades como mano, pala, remonte y cesta punta) y de gestionar la actividad federada y los torneos de esta disciplina en la capital aragonesa durante gran parte del siglo XX. El club utilizaba como sede principal y recinto de juego el Frontón Zaragozano, y organizaba los torneos y partidos, además de las apuestas.
Julio Puente


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