30.12.20

El Aragón de hace más de 2.000 años, por Agustín Ubieto


En la web del Institución Fernando el Católico de la DPZ, el profesor navarro (y aragonés) Agustín Ubieto Arteta nos dejó este texto (abajo) sobre lo que era el territorio de Aragón antes de la llegada de los romanos, antes de nuestra Era Cristiana. Como poco es curioso conocer algunos pequeños detalles del territorio del actual Aragón de hace más de 2.000 años.


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Agustín Ubieto.: La posesión del Mediterráneo occidental entre romanos y cartagineses motivó que aquéllos llegaran a la Península en el año 218 a.C., hasta alcanzar su totalidad en el año 19 a.C. Naturalmente, también el territorio del Aragón actual pasó a depender de Roma.

En las tierras centrales del Ebro la penetración romana halló un doble freno: la resistencia de los habitantes hispanos y las propias luchas civiles. Veamos tan sólo algunos de los rasgos esenciales de este doble proceso.

a) Hispanos contra romanos.

Los romanos hallaron pronto aliados entre los pueblos prerromanos. Por su alto grado de iberización y por la importancia estratégica de las tierras que controlaban, los Sedetanos o Sedesquios, entre cuyas ciudades destacaba Salduie (Zaragoza), fueron los más importantes.

Pero, en general, los pueblos prerromanos se inclinaron por la resistencia ante el invasor romano. Ello motivó sistemáticas campanas militares, como la de Catón el Viejo (195 a.C.) contra los Iacetanos, o la de Aulo Terencio Varrón (184 a.C.) contra Corbio, la capital de los Suessetanos 
totalmente destruida (pobladores entre las zonas de Jaca y posiblemente hasta el sur de la ciudad de Huesca, en las zonas cercanas al río Gállego). 

No obstante, fueron las tribus del Jalón y Jiloca las que opusieron más tenaz y difícil resistencia, dando lugar a las denominadas guerras celtibéricas.

En una primera fase, ya en 188-187 a. C., Manlio Acidino tuvo que castigar duramente a estos pueblos que rehechos, opusieron en 181 a.C. un ejército de 35.000 guerreros, que no pudieron evitar sin embargo, el triunfo romano y la destrucción de varias ciudades celtibéricas, entre las que cabe destacar Contrebia. 

Tras un paréntesis de calma aparente, la segunda fase de la guerra celtibérica, entre 175-154 a.C. puso en pie de guerra a toda una coalición de fuerzas indígenas, cuya suerte fue trágica tras la conocida destrucción de Numancia (133 a.C.), situada en actuales tierras sorianas.

Sin embargo, desde finales del siglo III a. C., la principal resistencia antirromana la protagonizaron los Ilergetes, que lograron coaligar, entre otros, a Suessetanos, Ausetanos, Celtíberos y Sedetanos. Las actuales tierras oscenses e ilerdenses fueron escenario de cruentas luchas, destacando las acciones bélicas acaudilladas por Indíbil y Mandonio. Todo acabó con la presencia de Publio Cornelio Escipión Africano que, una vez dominados los Ilergetes, tuvo a su alcance el dominio del resto del valle del Ebro central.

Hacia el año 100 a.C., Roma pudo controlar, en la práctica, el territorio actualmente aragonés.

b) Romanos contra romanos.

El valle del Ebro era ya romano, pero la paz no acabada de llegar a estas tierras, porque la doble confrontación civil entre romanos trasladó al escenario luego aragonés sus propias diferencias, dirimidas con las armas.

En primer lugar, hemos de destacar la resistencia de Sertorio al poder central romano, desde su base oscense; luego los enfrentamientos civiles protagonizados por César y Pompeyo. En ambos casos, el apoyo de los indígenas fue decisivo. A pesar de ello, la paz total llegó a mediados del siglo I a.C., tras la victoria de César en Ilerda, en el año 49 a.C.

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