26.10.19

Arte urbano aragonés, delimitador de emociones contra ciudades escenario

Las ciudades aragonesas, como en general las del Estado español, han recuperado monumentalidad restaurada. Las conocimos grisalla-emigración, ahora son de colores como cuando un parado de larga duración se emboba con un Madrid-Barça, o contra su repetición de manifa política.

Modo casi Francia o Viena, inspirada por Bolonia en el caso de Zaragoza, presenta nuestra no urbe un adecuado tono pastel subvención. Ajado, a diferencia de las matrices. Se repinta si se puede o si te lo dan. No por vocación competitiva positiva: navarra, italiana o checa.

Claro, aquí las comunidades –y más en los cascos históricos- puede ser que padezcan enormemente las crisis. Nuestras burguesías cambian constantemente de vivienda y han salido de los edificios históricos y su incómodo e ingrato mantenimiento. Parece que no soporten mucho los disfrazados de montería, junto aquí, volverse vintage ni con sus caras, ni con sus coches ni con sus habitáculos.

Así, Zaragoza ciudad ha visto desplazado su centro comercial y administrativo –y todo lo que conlleva en vida urbana, de la denominada mediterránea como la dieta-.

De la glamurosa calle Alfonso (que no se abrió hace tanto) a la decadente pero monumentalmente espléndida calle Conde de Aranda y, tras ella dejando a cambio lo que todos vemos yendo a Delicias, al Paseo de las Damas-Fernando el Católico donde Cavia…

Y hoy todo ese comercio también pierde facturación anual y en él la noche se ha muerto, como me recordó la semana pasada uno de mis suministradores de buenos ratos y evasión sin viaje. Al parecer, porque los paseos se han quedado reservados a los que tenemos más de 50 años y existen otros templos del comercio, de los de expulsar a los feligreses… Y del botellón, de los que nadie los expulsará…

Cuestión repetida en ciudades incluso pequeñas por el efecto mancha de las multinacionales del deporte, la dieta grasa o las marcas blancas de productos desustanciados (o en muchas ocasiones, no). 

Ahora cruzar en coche Huesca por su casco urbano rotondo ya es más de media hora. Y Jaca, con avenidas de Armando, no se cruza nunca en un cuarto. Ni se aparca fácilmente, con lo que ya no es la ciudad-mercado de su comarca que fue y la calle Mayor es un parque temático de merchandising diverso. Que factura el 20% del tiempo de apertura.

Así que pueden generarse vacíos urbanos, espacios donde se convivía y habitaba en vida y comercio de proximidad que se careen. En los nuevos barrios, los bloques ya no tienen tiendas abajo. La fortaleza amazónica está socavando hasta a las tiendas de recurso de los pueblos, dándoles el último golpe de gracia. Manteniendo, sin embargo, al servicio estatal de Correos en un perfecto estado de revista en lo vaciado.

Volviendo de Budapest, esa formidable y glamurosa ciudad, magnífica y sucia, cualquier otra capital o polo de servicios medio europeo parecen terminadas. Y no siempre lo están bien. El pánico de la página en blanco cobra protagonismo: qué les hemos dejado por hacer a la siguiente nueva no generación de la no natalidad.

Vamos camino del colapso en los barrios construidos. Por eso son tan esenciales los detalles: esa medianera –siquiera parida por contratos públicos- revestida de extrañeza, novedad y vanguardia. Esos museos al aire libre de lo que está por llegar: que no podremos mantener, como Budapest, tanto ingente patrimonio si no aprendemos a no renovarlo constantemente. A decir, aquí me zampo porque es lo nuevo…

En Praga, en la Barcelona burguesa o el Barrio de Salamanca, en la zona de Zaragoza de León XIII que vivió mejores balances… no encontraremos esa emoción, ese espacio para lo onírico urbano… 

¿Seguro que son zonas urbanas que no evolucionan hacia su colapso por envejecimiento de su población residente?

21.10.2019 Luis Iribarren.

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