3.10.19

Diálogos con la celtiberia aragonesa: Manzanas de altura en la feria de Moros

La localidad aragonesa de Moros y su entorno me fascinan: es uno de esos paisajes que determinadas personas que me acompañan en la vida me han educado para mirar.

Y cuando he podido viajar un poco, he constatado que tienen una mayor relación por luz, resequedad, ambiente roqueño, monumentos defensivos y mezquitas convertidas en iglesias con los países árabes y norteafricanos. También con Turquía, el Oriente Medio e Israel.

Por ende, como el Pirineo hace por momentos viajar a Bulgaria, los Alpes o el Cáucaso norte ruso –nunca al Himalaya- permiten las sierras celtibéricas y su arquitectura de adobe, una aproximación cercana a las formas de vivir del origen neolítico, por oveja transhumante y vega irrigada iniciadas en el Creciente Fértil. Siendo su visita la opción más cercana a sentir Babel, el interior de Omán, las estribaciones del Atlas marroquí o Capadocia, que está a nuestro alcance.

En definitiva, tierra, entraña y aguas profundamente infravaloradas por los propios aragoneses, tan dados como cualquiera a escapar de sí mismos, su paisaje y sus nuevos pobladores… visitándolos en su no origen, siempre fuera de sí mismos… El dolor y penuria africana se conoce antes en nuestros barrios y nadie organiza viajes de inmersión para sentirlo.

Organizadas las huestes reivindicatorias de su abandono en Teruel, en la permanente inquietud que genera quién pueda estar detrás por interés del vaciamiento del territorio, es cierto que la triada agricultura PAC-artesanía alimentaria-turismo no está funcionando para que los pocos jóvenes que nacen en lo vacío no elijan como única vía la Universidad y su incorporación a puestos de trabajo, salvo emprendimiento, fuera de casa.

La agricultura y ganadería tradicionales requieren una mayor concentración de animales o territorios, una maquinización excesiva de los anteriormente denominados agricultores (hoy son conductores de naves especiales), una contrarreloj arrendando para amortizar la maquinaria…

Luego están, es cierto, las opciones para ser integrado y cuasi trabajador por cuenta ajena –el fordismo y la ganadería intensiva que comemos-, la dependencia de semillas y modas de productos internacionales –hoy pistacho y trufa, mañana avellana…-.

Muy oportuna es la celebración entonces de ferietas locales donde pequeños productores, a través de jornadas técnicas, persigan un saber antiguo y contrario: el relativo a no salir de variedades tradicionales que conocen, prestigiarlas para no depender de meterlas en canales que no controlen y poder subsistir cultivándolas, mejor a través de cultivos leñosos de mayor rendimiento factibles en tablas de huerta.

En Moros se celebra al final de septiembre su denominada “Feria de la Fruta del Valle del Manubles” que va por su tercera edición, en el redol de San Miguel, veranillo de final de septiembre. En que se producen los mejores tomates, pimientos y frutas en tierra alta de heladas tardías.

En ese valle-oasis, se hará una jornada técnica sobre manzanas de montaña y una subasta de su manzana reineta.

Otoño en la montaña aragonesa era entrante de ensalada de manzana ácida, granos de granada y pimiento en vinagre: esos lujos cercanos desconocidos por las multinacionales, basados en productos que permitirán mantener vida.

25.09 Luis Iribarren.

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