DIEZ LUGARES MENOS POPULARES CON LOS QUE EMOCIONARSE EN TERUEL PROVINCIA, MEDIANTE DESTINOS CRUZADOS
Me entusiasman las minas, los colores del magma solidificado en las gamas entre el caldero y el magenta encendidos por la luz de la tarde y matizados por el envés plata de los olivos, tomar un trago de agua de fuente ferruginosa, bañarme en Arnedillo y Alhama en sus aguas naturalmente exfoliantes y el vino mineral de Catalayud.
Soy un pirenaico enamorado del Sistema Ibérico y siempre llevo en el coche la “Guía de la Celtiberia” de Prames, una edición que abre los sentidos y aclara qué territorio era rico antes de Roma, y no lo era el desierto calizo del que vengo al que daba más o menos lo mismo controlar y se presentaba selvático y de no posible abrasión por especulación.
Los bosques riojanos atlánticos, los pisos de vegetación del Moncayo, la ballesta del Duero y el románico soriano, las setas de la Demanda y dar un paso por la Dehesa y los campos de lavanda de la Alcarria de Guadalajara, no me hace falta más para viajar. El olor de lass lagunas y pantanos de agua dulce y el frescor nocturno que dispone al sueño.
La Celtiberia aragonesa nos depara la sorpresa geológica de las sierras de Teruel, las huellas jurásicas y los pueblos de arquitectura roja de piedra rodena o de adobe arcilloso que envejece entre rosa chicle y gris oxidado. En verano, el Parrisal de Beceite, los Montes Universales y Gúdar quedan inundados por visitantes valencianos, también de Zaragoza en menor medida, vaciando otras comarcas y territorios que os proponemos, os vienen de paso y abren opciones de pernoctar y restaurarse por otros precios:
1.- Alcorisa, Jardín de Rocas “Geólogo Juan Paricio”, se halla bordeando el paseo fluvial del río Guadalope y presenta “las distintas rocas que afloran en el término municipal, organizándose a partir de su antigüedad y siguiendo un recorrido por el parque fluvial de Alcorisa, en el que se ubican paneles informativos de cada período con sus características litológicos, morfológicas, ambiente en el que se generaron y zonas de afloramiento del término municipal”.
Con importantes servicios de restauración, solazarse en Alcorisa permite que especialmente los niños se introduzcan en la geología turolense tan variada de manera amena. Las rocas abarcan desde los conglomerados, a los yesos y areniscas hasta un número de doce piedras y se promovió para homenajear al científico y ecologista de Villarluengo Paricio.
2.- Villarluengo, el Balcón de los Forasteros. Remedando al puntal de Berdún, en Jacetania, abierto al oeste y al que llamábamos San Sebastián de los pobres, la villa del Maestrazgo de arquitectura solariega y próxima a los órganos de Montoro y nacimiento del río Pitarque goza de este mirador sobre el congosto del río Cañada y su puente de la villa y su peña capitán. Esta población arriscada, protagonista de las guerras carlistas y domeñada por el General Cabrera, asimismo cuenta con un elemento propio de las poblaciones turolenses: una “cruz de término”, hitos guía de caminos o delimitación de términos y con un uso en ocasiones religioso simbólico.
3.- Miravete de la Sierra, cruz de término. En la sierra de Gúdar, este pequeño pero bello caserío presenta la cruz con esta finalidad más interesante y con importancia artística de la provincia, del siglo XV, que conserva del peirón medieval exclusivamente una réplica de su cruz cimera. Fue un crucial hito del camino real entre Villarroya y la villa de Aliaga, mejor destino geológico europeo, y está a la altura en importancia el recientemente puesto en valor tramo del “Camino de los Pilones” de la citada Villarroya. Parte del camino real entre la ciudad de Teruel y Peñíscola por el Maestrazgo, se clavaron en el páramo para orientarse ante fenómenos como venticas y nevadas copiosas parece que por obra de los ilustrados como Jovellanos, primeros ministros de fomento.
4.- Camarena de la Sierra, porta el mismo apellido que Miravete y como otras localidades de la provincia. Es uno de los accesos a la sierra de Javalambre: techo de Teruel, observatorio especial y estación de esquí y goza de un balneario que abre en verano y cuenta con aguas repletas de sulfato y magnesio que brotan de un pliegue del monte rojo.
5.- Segura de Baños, balneario. Las aguas minerales de este lugar del norte de las Cuencas Mineral surgen próximas al río Aguas Vivas que se desbordó recientemente en Letux y Azuara en una inusitada riada. Es una fuente ésta de aguas bicarbonatadas existentes en un entorno geológico en que el plomo fue abundante y por ello la población contó con un extraordinario por desproporcionado castillo.
6.- Azaila, ciudad ibérica. Si del valle del Aguavivas hablamos, debemos detenernos a ponderar la muy interesante población de Azaila. Oficia como puerta del Bajo Aragón turolense desde Zaragoza en la que pocos paran y que, sin embargo, cuenta de una interesante arquitectura popular con sillares de yesos y alabastros y un poblado ibero con basamentos de la misma piedra más que interesante por fronterizo con el mundo celta.
7.- Ojos Negros, yacimientos y poblados mineros. Si yacimientos nombramos y a pasado minero hecho presente, por ser origen de una línea férrea hasta Sagunto hoy vía verde, debemos desplazarnos al centro otrora metalúrgico de la Sierra Menera, sus minas al aire libre que han generado lagunas polícromas y los yacimientos de hierro como el de los Castillejos. Ojos Negros presenta uno de los escasos molinos de viento de Aragón. Del mismo modo, la pasión taurina turolense –símbolo de la capital provincial- hace que hasta en esta localidad haya una plaza de toros aprovechando el relieve de un pequeño pueyo.
8.- Andorra de la Sierra de Arcos, Plaza de Toros. La villa abierta a los vientos, esa sería su etimología, es un paraíso para detenerse, dormir, ir de tapas y bares y probar grandes aceites de suelos mineros y gangas recuperados. Su plaza de toros enlucida y encalada en blanco en su exterior cumple esta añada sesenta palos o velas, llegando a torear en ella y en los días en que en Andorra corría como en Ejea más cash que en Brooklyn incluso el mítico Paco Camino. Enfrente de la misma y con acceso a la localidad por la bien nombrada “Avenida de los Deportes”, el campo del Endesa Andorra dedicado a uno de esos callados héroes locales como es Juan Antonio Endeiza de los que hemos heredado país. Gestor del otrora segundo equipo de Aragón tras el Zaragoza y en que tantos jugadores de su cantera jugaron.
9.- Olba: de moda, barrios y puentes. La obra del modisto de Olba y escultura profética en su pueblo, Manuel Pertegaz, presenta como sucedió con la del burgalés Paco Rabanne una íntima conexión en el uso de placas de metal con la geología minera y reconquista turolense, como también con los trajes de luces y la tauromaquia goyesca, cuya estética finalmente ha devenido canónica. Olba preside un curioso y único conjunto urbanístico de barrios con iglesia propia conectados a un polo de servicios medieval central. El río Mijares serpentea en un recorrido de foces que baja a la plana de Castellón, percibiéndose especialmente en el mirador que Prames ha levantado antes del llegar a su Barrio de los Giles, salvándose en Olba central y cada barrio por preciosos puentes como el del Cantal, el de los Moyas y el neoclásico de Carlos IV, de goyesco sobrenombre.
10.- Libros, puente sobre el Turia. Para cerrar por tarantas, que son cantos mineros, pero también por fandangos, pues es un río alegre y que da la vida en su cauce antiguo ajardinado a nuestra querida ciudad de Valencia, proponemos pasear la ribera del Turia en Libros, cruzar el último puente aragonés del río, comer en su “Merendero de la Huerta” unos gramos de jamón cortado a cuchillo con pan de hogaza y ver desde el otro lado del Turia a la villa desde la ermita del Pilar.
Libros dedica cada año una calle a un escritor, su plaza porta el nombre del célebre autor de novela histórica turolense Javier Sierra y organiza cada año un simpático y necesario, obligado por su toponimia, festival literario que va por la sexta edición y en la que Muñoz Molina espetó el siguiente aserto, dedicado a quienes nos leéis: EL HECHO DE LEER HOY EN DÍA ES UN ACTIVISMO.
Os dejamos recomendando que visitéis la especialísima entrada a la provincia de Teruel por Libros, mediante un mojón tótem de piedra sobre base circular, con azulejo turolense en trencadís (picadillo de cerámica), rematado por una frase digna del maestro azcona sin mayor especificación, no apta para las nuevas generaciones por demasiado del tik-tok:
A LA CAPITAL, 30 KILÓMETROS
08.06 Luis Iribarren
Soy un pirenaico enamorado del Sistema Ibérico y siempre llevo en el coche la “Guía de la Celtiberia” de Prames, una edición que abre los sentidos y aclara qué territorio era rico antes de Roma, y no lo era el desierto calizo del que vengo al que daba más o menos lo mismo controlar y se presentaba selvático y de no posible abrasión por especulación.
Los bosques riojanos atlánticos, los pisos de vegetación del Moncayo, la ballesta del Duero y el románico soriano, las setas de la Demanda y dar un paso por la Dehesa y los campos de lavanda de la Alcarria de Guadalajara, no me hace falta más para viajar. El olor de lass lagunas y pantanos de agua dulce y el frescor nocturno que dispone al sueño.
La Celtiberia aragonesa nos depara la sorpresa geológica de las sierras de Teruel, las huellas jurásicas y los pueblos de arquitectura roja de piedra rodena o de adobe arcilloso que envejece entre rosa chicle y gris oxidado. En verano, el Parrisal de Beceite, los Montes Universales y Gúdar quedan inundados por visitantes valencianos, también de Zaragoza en menor medida, vaciando otras comarcas y territorios que os proponemos, os vienen de paso y abren opciones de pernoctar y restaurarse por otros precios:
1.- Alcorisa, Jardín de Rocas “Geólogo Juan Paricio”, se halla bordeando el paseo fluvial del río Guadalope y presenta “las distintas rocas que afloran en el término municipal, organizándose a partir de su antigüedad y siguiendo un recorrido por el parque fluvial de Alcorisa, en el que se ubican paneles informativos de cada período con sus características litológicos, morfológicas, ambiente en el que se generaron y zonas de afloramiento del término municipal”.
Con importantes servicios de restauración, solazarse en Alcorisa permite que especialmente los niños se introduzcan en la geología turolense tan variada de manera amena. Las rocas abarcan desde los conglomerados, a los yesos y areniscas hasta un número de doce piedras y se promovió para homenajear al científico y ecologista de Villarluengo Paricio.
2.- Villarluengo, el Balcón de los Forasteros. Remedando al puntal de Berdún, en Jacetania, abierto al oeste y al que llamábamos San Sebastián de los pobres, la villa del Maestrazgo de arquitectura solariega y próxima a los órganos de Montoro y nacimiento del río Pitarque goza de este mirador sobre el congosto del río Cañada y su puente de la villa y su peña capitán. Esta población arriscada, protagonista de las guerras carlistas y domeñada por el General Cabrera, asimismo cuenta con un elemento propio de las poblaciones turolenses: una “cruz de término”, hitos guía de caminos o delimitación de términos y con un uso en ocasiones religioso simbólico.
3.- Miravete de la Sierra, cruz de término. En la sierra de Gúdar, este pequeño pero bello caserío presenta la cruz con esta finalidad más interesante y con importancia artística de la provincia, del siglo XV, que conserva del peirón medieval exclusivamente una réplica de su cruz cimera. Fue un crucial hito del camino real entre Villarroya y la villa de Aliaga, mejor destino geológico europeo, y está a la altura en importancia el recientemente puesto en valor tramo del “Camino de los Pilones” de la citada Villarroya. Parte del camino real entre la ciudad de Teruel y Peñíscola por el Maestrazgo, se clavaron en el páramo para orientarse ante fenómenos como venticas y nevadas copiosas parece que por obra de los ilustrados como Jovellanos, primeros ministros de fomento.
4.- Camarena de la Sierra, porta el mismo apellido que Miravete y como otras localidades de la provincia. Es uno de los accesos a la sierra de Javalambre: techo de Teruel, observatorio especial y estación de esquí y goza de un balneario que abre en verano y cuenta con aguas repletas de sulfato y magnesio que brotan de un pliegue del monte rojo.
5.- Segura de Baños, balneario. Las aguas minerales de este lugar del norte de las Cuencas Mineral surgen próximas al río Aguas Vivas que se desbordó recientemente en Letux y Azuara en una inusitada riada. Es una fuente ésta de aguas bicarbonatadas existentes en un entorno geológico en que el plomo fue abundante y por ello la población contó con un extraordinario por desproporcionado castillo.
6.- Azaila, ciudad ibérica. Si del valle del Aguavivas hablamos, debemos detenernos a ponderar la muy interesante población de Azaila. Oficia como puerta del Bajo Aragón turolense desde Zaragoza en la que pocos paran y que, sin embargo, cuenta de una interesante arquitectura popular con sillares de yesos y alabastros y un poblado ibero con basamentos de la misma piedra más que interesante por fronterizo con el mundo celta.
7.- Ojos Negros, yacimientos y poblados mineros. Si yacimientos nombramos y a pasado minero hecho presente, por ser origen de una línea férrea hasta Sagunto hoy vía verde, debemos desplazarnos al centro otrora metalúrgico de la Sierra Menera, sus minas al aire libre que han generado lagunas polícromas y los yacimientos de hierro como el de los Castillejos. Ojos Negros presenta uno de los escasos molinos de viento de Aragón. Del mismo modo, la pasión taurina turolense –símbolo de la capital provincial- hace que hasta en esta localidad haya una plaza de toros aprovechando el relieve de un pequeño pueyo.
8.- Andorra de la Sierra de Arcos, Plaza de Toros. La villa abierta a los vientos, esa sería su etimología, es un paraíso para detenerse, dormir, ir de tapas y bares y probar grandes aceites de suelos mineros y gangas recuperados. Su plaza de toros enlucida y encalada en blanco en su exterior cumple esta añada sesenta palos o velas, llegando a torear en ella y en los días en que en Andorra corría como en Ejea más cash que en Brooklyn incluso el mítico Paco Camino. Enfrente de la misma y con acceso a la localidad por la bien nombrada “Avenida de los Deportes”, el campo del Endesa Andorra dedicado a uno de esos callados héroes locales como es Juan Antonio Endeiza de los que hemos heredado país. Gestor del otrora segundo equipo de Aragón tras el Zaragoza y en que tantos jugadores de su cantera jugaron.
9.- Olba: de moda, barrios y puentes. La obra del modisto de Olba y escultura profética en su pueblo, Manuel Pertegaz, presenta como sucedió con la del burgalés Paco Rabanne una íntima conexión en el uso de placas de metal con la geología minera y reconquista turolense, como también con los trajes de luces y la tauromaquia goyesca, cuya estética finalmente ha devenido canónica. Olba preside un curioso y único conjunto urbanístico de barrios con iglesia propia conectados a un polo de servicios medieval central. El río Mijares serpentea en un recorrido de foces que baja a la plana de Castellón, percibiéndose especialmente en el mirador que Prames ha levantado antes del llegar a su Barrio de los Giles, salvándose en Olba central y cada barrio por preciosos puentes como el del Cantal, el de los Moyas y el neoclásico de Carlos IV, de goyesco sobrenombre.
10.- Libros, puente sobre el Turia. Para cerrar por tarantas, que son cantos mineros, pero también por fandangos, pues es un río alegre y que da la vida en su cauce antiguo ajardinado a nuestra querida ciudad de Valencia, proponemos pasear la ribera del Turia en Libros, cruzar el último puente aragonés del río, comer en su “Merendero de la Huerta” unos gramos de jamón cortado a cuchillo con pan de hogaza y ver desde el otro lado del Turia a la villa desde la ermita del Pilar.
Libros dedica cada año una calle a un escritor, su plaza porta el nombre del célebre autor de novela histórica turolense Javier Sierra y organiza cada año un simpático y necesario, obligado por su toponimia, festival literario que va por la sexta edición y en la que Muñoz Molina espetó el siguiente aserto, dedicado a quienes nos leéis: EL HECHO DE LEER HOY EN DÍA ES UN ACTIVISMO.
Os dejamos recomendando que visitéis la especialísima entrada a la provincia de Teruel por Libros, mediante un mojón tótem de piedra sobre base circular, con azulejo turolense en trencadís (picadillo de cerámica), rematado por una frase digna del maestro azcona sin mayor especificación, no apta para las nuevas generaciones por demasiado del tik-tok:
A LA CAPITAL, 30 KILÓMETROS
08.06 Luis Iribarren

No hay comentarios:
Publicar un comentario