4.2.26

Ebro 8: El Puente de Frías y la ciudad de Oña


Remontamos el Ebro en el punto donde lo dejamos, la ciudad de Miranda, para volver sobre nuestros pasos y glosar la primera de las fundamentales ciudades-puente del río padre, en territorio ya introducido: el norte burgalés de las Merindades y fundamental paso entre la meseta y la ría del Nervión, hollado por los cántabros y calzado por el Imperio romano: el fundamental camino del valle de Tobalina que seguido por el de Losa, por Angulo y Artziniega, conecta con el valle del Cadagua, las Encartaciones y los afamados puertos castellanos del Medievo de Bilbao, Bermeo y Castro Urdiales, regidos por los López de Haro y los señores del valle de Ayala.

La pequeña ciudad de Frías, tan comparable en importancia histórica y monumental a Ujué en Navarra y Roda de Isábena en Ribagorza, ocupa un saliente de roquedo próximo al curso del Ebro en su margen derecha. Esta población, levantada en la piedra sillar de su propio tozal como Laguardia, fue fundada con carácter defensivo.

Su emplazamiento dominaba el primer ensanchamiento del Ebro tras sus hoces y la entrada del referido y rico en tierra Valle de Tobalina, asegurando el flanco occidental del reino de Navarra-Najera que se extendió hasta dominar el curso alto del río desde el siglo XI hasta su paso a Castilla, por proximidad a Burgos, iniciado el siglo XIII, en que le dota del Fuero de Logroño, hijo del de Estella, nieto del de Jaca, para favorecer su comercio.

Este estratégico asentamiento militar y cuartelario fue gestionado desde Nájera: la capital del reino navarro del sur. En tiempos de su adscripción al Reyno de Navarra se favoreció su repoblación con judíos que asumieron los trabajos artesanos manuales, en una proporción inusual respecto de su mermado parcelario

Hoy con escasa población, Frías goza sin embargo del título de ciudad. Condición que la emparenta, como hemos citado, con el todavía menos poblado municipio oscense de Roda de Isábena, el más pequeño que cuenta con catedral por motivos históricos semejantes.

La ciudad-fortaleza de Frías, nombre que proviene de la temperatura gélida del Ebro y resto de regatos de su término, resultó potenciada para proteger y recaudar, cobrar pontazgos y caudajes, a pagar por pastores, importadores de metales y exportadores de lana por atravesar el primer vado del río ya importante en caudal de su cauce medio.

Accedido el río, como hemos mencionado, había que salvar cursos afluentes de escasa entidad para alcanzar la costa cántabra oriental y la ría bilbaína desde la meseta. Así, Frías queda relacionada en función con Bilbao y otras poblaciones vascas como Gernika, ubicados en los primeros vados de tránsito necesario para circunvalar sin alquilar barcos que, desde Roma, asentaron campamentos y ciudades.

Son las villas puente, como en el curso central y bajo del Ebro fue la función primordial para la potenciación de Miranda, Logroño, Tudela, Zaragoza, Tortosa y Amposta, todas aguas abajo de Frías.

El paso que nos ocupa vino siendo utilizado por la calzada romana entre Clunia por Orduña hasta la costa cantábrica y los puertos de la vía marítima hasta Brigantium (A Coruña), especializados como hoy Santoña o Bermeo, en la producción de garum, conserva de salazón de pescado que daba lugar a la salsa base de potenciación de la cocina romana.

Punto de paso estratégico, fuera de gargantas impenetrables, se atravesaba el río por esta villa de aguas frías, siendo precedente aquel vado del puente gótico de nueve arcos con torreón medieval tan bello y característico que aún se puede disfrutar, al estar perfectamente restaurado en el emplazamiento del antiguo pontón romano.

Asimismo la localidad cuenta con castillo roquedo, erigido por la nobleza castellana de los Velasco, de la rama de los asentados en Álava y Haro. Bajo él, en su costado oeste, el casco histórico de Frías, adaptado al cerro, alberga un conjunto interesante de conventos y de exponentes de la arquitectura eclesiástica, palaciega y, como se ha citado, una judería fundamental por escasa en su entorno de artesanos y recuadores al servicio fiscal recaudatorio de los Velasco. Las traseras de las casas cuelgan a pico sobre el nido de águilas del monte que les garantizaba su seguridad.

Para llegar a la ciudad de Oña hay que desviarse del Ebro pues se halla a orillas de su afluente por su margen derecha: el río Oca, debiéndose salvar otro espectacular cañón con bosques mediterráneos perfectamente conservados de carrascas y robles.

Es ésta ciudad burgalesa un lugar bien interesante, pues ocupa un emplazamiento elegido por protegido por colinas, ideal para una pequeña capital comarcal. Al que se adorna por la monarquía castellana de un equipamiento atractivo cuyo eje fue un monasterio-Universidad rural.

Así pues Oña alberga instituciones educativas de élite como solamente tuvieron Cervera en la provincia de Lleida y Oñate en Guipúzcoa, todas desarrolladas a partir de una escuela y universidad especializada en teología. La consolidación de Salamanca, la de Coimbra o la pérdida de importancia de Huesca, trasladada su Universidad sertoriana a Zaragoza, como la condición de Olite o Nájera como capitales palaciegas, han dejado en todas ellas un patrimonio monumental hoy difícil de gestiona, cuando pierden la función o servicio sostén de la ciudad.

Defendida por su flanco débil por la citada Frías, la incorporación de la comarca navarra occidental de Bureba al Condado y después Reino de Castilla supuso la fundación en Oña en la Alta Edad Media de un importante monasterio benedictino, curiosamente impulsado por el natural de Calatayud y de azarosa vida, místico y santo Íñigo.

Todos los antecedentes referidos permiten visitar en Oña un rico y desproporcionado patrimonio, en su mayor parte erigido en el estilo de transición románico-gótica inusual en el alto valle del Ebro, cuyo parentesco mayor es el de la capital navarra central de Olite.

Los exponentes más destacados del mismo son las portadas de la iglesia de San Juan y la correspondiente al acceso primero del Monasterio de San Salvador, mole herreriana con iglesia previa románica de finales del siglo XII, con sus estilizadas estatuas sepulcrales en su acceso renacentista. Conjunto al que añadir su patio de sello cluniacense que transporta a Nájera o Veruela.

Recomiendo que Aragón revisite su historia disfrutando de esta bellísima comarca burgalesa, primera ventana del Ebro y bañarse en la badina de debajo de su puente medieval, tan bello y zalamero el río a sus pies. Las aguas frías sientan especialmente bien en el ferragosto de humedad y cultivos de patatas del Valle de Tobalina, qué polpa tiene esa tierra, señores, ventilada por arados durante milenios.

03.02 Luis Iribarren

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