13.3.24

Aragón, qué destino turístico

Entre los cargos de selección más oportuna en la historia reciente del Gobierno de Aragón, en cualquier legislatura y con cualquier opción política, está el de Director General de Turismo.

Se ponga a ello un historiador y político a reivindicar como Jorge Marqueta; una especialista política en turismo por haber regido el Patronato de Zaragoza como Elena Allué, especialista en recepción de asiáticos, con amplio perfil negociador y bien valorada por sus técnicos; o lo esté desarrollando Jorge Moncada Iribarren, algo homónimo y amplio conocedor del sector por haber impartido docencia al respecto y ser un pensador, sí, esa es la acepción, con agencia de viajes propias, el resultado ha sido más que satisfactorio y solo quedaría, se está en ello, añadir como cité una vez el apellido “gastronomía” al cargo.

Coordinados todos ellos por un profundo conocedor del sector de la nieve por haber trabajado en él como Marcelino Iglesias; un buen gestor en la materia en la ciudad de Zaragoza en post pandemia como ha sido Azcón o un más que competente historiador, especializado en el legado judío de Cinco Villas, como es Lambán, está bien afirmar que hemos estado y estamos en manos de expertos de calidad en este punto.

De lo contrario y debido a la importancia de la historia aragonesa, habría que plantearse darle el cargo a una cineasta de las emergentes, a Irene Vallejo o a José Luis Corral directamente, tal es la alargada sombra de la inteligencia aragonesa productora de cargos intermedios, ayuna por discreción y servilismo de grandes liderazgos a la altura de los que tuvo históricos.

Hay que convenir que los directores de turismo aragoneses no lo tienen de colores. De lo contrario no se llamaría al principal pantano aragonés en capacidad “Mar de Aragón” y si se hace es porque algo falta, porque el márquetin es complejo y aunque las slow roads, el Mudéjar, los congresos médicos y la nieve caída de milagro allí estén, no se puede competir.

En qué no se puede… En la batalla del relato…

Queremos poner a Huesca y Teruel en el mapa, Zaragoza siempre lo estará como principal parada de AVE entre colosos, pero somos en eso ciertamente chauvinistas. Qué sabemos los aragoneses lo que se cuece en Oviedo más allá del Premio Princesa de Asturias, si sigue celebrando Castilla y León o no el ciclo “Las Edades del Hombre”, la vida cultural que puedan tener Mérida o Lugo, cómo le da unas vueltas Albacete a su capitalidad estatal en sentido del humor por abandono del resto… O si Melilla y Cartagena bien valen varias misas por su historia y, especialmente, su modernismo.

Esa es la liga en la que estamos, incluso habiéndonos presuntamente escriturado las marcas Pirineos, Goya –persona nada fácil de ser apropiada- o marca Amor. Cómo hacerlo con Desierto de Calanda, Paraguay donde Azara o Sos que ya no está nada católico.

Se suponía que tras pandemia seríamos en materia de turismo más sostenibles, se volvería a destinos más competitivos en precio para quedarnos más rato, mermarían algo las cartas barrocas de las sensaciones a costa del sabor en hostelería… Eso fue lo que nos trasladaron, pero a la vez salvaban como se ha comprobado por estratégica la compañía de los Hidalgo… Más de lo mismo y a lo loco maya y puntacano.

Pero revisemos catálogos, dado que lo primero que debería hacer como tarea una dirección de turismo de interior, me vale para Kazajstán, es leer “Plataforma” de Michel Houellebecq. Respecto de la que, cumplidos 23 años, poco se ha avanzado. En relato, naturalmente… Que el autor francés no va a periclitar en discurso lo demuestran, no mis gustos personales, sino las frases con aldabón que os acompaño.

Así, los aragoneses según la oferta para este verano no podrían visitar el Burundi clásico, Palencia “no está a tu alcance”, por el pantano de Gabriel y Galán ni por el de los fiordos de Riaño en León hay ofertas de cruceros, no podemos hacer una guía de Alcañiz para sentirla en siete días, ni siquiera en Teruel podemos trazar “infinitos planes”.

Como tampoco, aunque lo sea, podemos tildar al Reino de los Mallos de Riglos como ese “paraíso mediterráneo” ni el “Aragón esencial” da para solo ocho días. Qué decir de hacer rafting o ver románico en la “Lleida imperial”. Aunque por allí vaya en márquetin llamar a Navarra como “Reyno de…”

A pesar de lo cual el PIB aragonés en turismo, descontado el mundo cerdo, ha superado en renta al agrícola. Todo y que al turismo ya no se le pueda adjetivar como “rural”, al no quedar quien haga mondongo o mermelada, sino que te dan una llave de un corral hecho vivienda para que te quedes y hagas brasa, y seas más, con varias familias y críos cuatro días, para que se esbreven, como dicen en Teruel por esbafar para la espuma de cerveza.

Qué decir de que las pruebas ciclistas multitudinarias sean sostenibles, aspecto que ni siquiera abordan las plataformas de la defensa de las montañas, que cuando se manifiesten por Canal Roya subirán, como los cazadores, en un diésel cada uno.

La generación de los millenialls no lee ya guías, antes de ir a cualquier lugar hace tours virtuales a 360 grados –así yo me hubiera ahorrado entrar a los Ufficci-, y no sabe nuestro sector por dónde van a salir porque tras el confinamiento han venido haciendo viajes por venganza, muchos a base de créditos, y han subido los precios de la hostelería por excesiva demanda. Antes de cualquier movimiento, lo preceden de consultas e híper información.

El nicho de los nómadas digitales, de los trabajadores remotos, la pérdida de viajeros mileuristas porque ya no se pueden pagar una semana en Cádiz en agosto pero la abundancia de nuevos viajeros jóvenes solitarios, los destinos de salud comandados por clientas femeninas de esta clase pero que prefieren viajar en grupo o qué puede ofrecer Aragón y no organizarse desde Chueca para moteros o viajeros LGTBI plus y otros que se sientan “marginados”, están en la nueva palestra.

El viaje y la experiencia gastronómica como parte de tu vida y no para quedarse tirado en una playa saturada con el único propósito de vegetar. Compra ahora y págalo después, diez días de multi aventura en Huesca… Segunda del mundo detrás de las Azores… Para podernos quedar con una pequeña parte del personal que tiene ganas de conocer la libertad, carajo, en Buenos Aires o perderse por Georgia.

Decaído por viejuno el turismo con el que ironiza Houellebecq de los Club Med esparcidos por el mundo jodiendo las pocas playas no especuladas, a los que los hijos del mayo del 68 integrados en la maquinaria socialista de poder cultural iban en verano para sentirse menos depredadores, volver a las esencias, aspirar aceites ídem y sándalo como en Semana Santa, que les dieran masajes y conocer a otros solitarios en el sistema pero no… Los hijos de la FNAC…

Estas son las dificultades, los retos y la palabrería contra la que debe combatir un director de turismo en Aragón. Nos volvemos a dejar pendiente el románico y el mudéjar para otra pandemia porque como sensaciones, las agencias de viaje no nos lo venden porque deben entender que se quedan cortos de..., que requieren una profundidad e implicación a las que los señores del balconing no parecen dispuestos…

Me despido con unas cuantas frases de la obra que he recomendado para leerla del revés a este sector:

Francia era un país siniestro, totalmente siniestro y burocrático.

Me arrepiento un poco del celibato de mi vida. Me molesta en vacaciones, sobre todo.

El café tardaba lo suyo. ¿Qué se puede hacer al final de una comida cuando no te dejan fumar?

Vivir sin leer es peligroso, obliga a conformarse con la vida, y uno puede sentir la tentación de correr riesgos.


12.03 Luis Iribarren

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