Otra vez para Marisol y el “Gato” que forma parte de mi vida y me ha puesto algunos vinos de Mora de Rubielos en su molino.
Entre las recomendaciones para pasar una gran jornada musical de las que culminen un día tranquilo en territorio aragonés no me dejé por desidia a Albarracín, sino porque ya cuenta su programación con pregoneros relevantes.
En todo caso no se ha atendido, en mi opinión, lo suficiente desde Zaragoza el 30 aniversario de la institución cultural mejor parida de Aragón: la Fundación Santa María de Albarracín. Y qué decir de la ignorancia oscense sobre la actividad cultural en el Aragón del sur con menos reciprocidad inversa, pues se cuentan por docenas los turolenses enamorados del Pirineo.
Qué diversidad de intereses, qué profundidad de temas polifónicos perfuman cada año de actividades, qué envidia dan las jornadas que tienen desde la Fundación consolidadas y con qué ponentes.
La veteranía bien entendida se mide por el número de internacionalidades. Así este año se cumplen veintiocho años de su curso de restauración de bienes culturales (el mejor de España y que agota asistencia), el año veinticinco del seminario de fotografía y periodismo impulsado por Gervasio y, nada menos, el veintinueve aniversario de los cursos de historia y cultura medievales dirigidos por el profesor darocense José Luis Corral.
Qué lujo, espero prejubilarme para hacer cada uno de ellos un año de mi vida. Dado que como componente de una coral zaragozana algo relevante sí que una vez ensayé canciones y actuamos en la iglesia auditorio de Santa María, atalaya sobre el meando cerrado del Guadalaviar, las murallas y el castillo, la catedral y el casco de la población, adornado de características fachadas de estuco rojo.
Nuestra presencia y estancia casi una semana constituyó parte de la programación de un lejano –de su época de infancia- Ciclo de Música de la ciudad de los Banu Razin, que va por veintisiete ediciones y junto al que la Fundación regala una colección de conciertos de los que no oferta ni siquiera Teruel.
No en vano, el acto conmemorativo del 30ª aniversario fue clausurado por un imponente conjunto de renovada música culta farsi, a cargo del compositor Rad que es un músico de la importancia cultural del cineasta Farhadi.
Qué ha legado desde el punto de vista patrimonial la Fundación a la ciudad de Albarracín, en qué ha contribuido en que no la visitemos exclusivamente como el decorado que podría ser sino como la ciudad andalusí más bella del mundo.
Nuestra presencia y estancia casi una semana constituyó parte de la programación de un lejano –de su época de infancia- Ciclo de Música de la ciudad de los Banu Razin, que va por veintisiete ediciones y junto al que la Fundación regala una colección de conciertos de los que no oferta ni siquiera Teruel.
No en vano, el acto conmemorativo del 30ª aniversario fue clausurado por un imponente conjunto de renovada música culta farsi, a cargo del compositor Rad que es un músico de la importancia cultural del cineasta Farhadi.
Qué ha legado desde el punto de vista patrimonial la Fundación a la ciudad de Albarracín, en qué ha contribuido en que no la visitemos exclusivamente como el decorado que podría ser sino como la ciudad andalusí más bella del mundo.
Nada menos que a la recuperación a través de escuelas taller que han sido fuente de cuadrillas especializadas de la catedral y su patrimonio mobiliario, el palacio obispal, la conversión de Santa María en auditorio, la impecable recuperación y asentamiento de una de las murallas más largas de Europa, la de la histórica Casa de la Comunidad de Albarracín del siglo XV, monumentalizó de modo impecable la Torre Blanca y, tras adquirirla por el Ayuntamiento, preservó para siempre la casa esquinera de la Julianeta.
Partidora de callizos de una emoción indescriptible e imagen de la arquitectura popular de Albarracín, hoy es residencia viva de artistas españoles y europeos que pasan semanas y son un tirón para los servicios que así superan la estacionalidad.
Con los años y, obtenida por la calidad de su labor recuperadora incluso un Premio Europa Nostrum, a la Fundación y su experto cuerpo de asalto patrimonial le han sido encomendados proyectos hasta en Alcañiz para extender su compromiso de salvamento patrimonial al resto de la provincia.
Con los años y, obtenida por la calidad de su labor recuperadora incluso un Premio Europa Nostrum, a la Fundación y su experto cuerpo de asalto patrimonial le han sido encomendados proyectos hasta en Alcañiz para extender su compromiso de salvamento patrimonial al resto de la provincia.
Resaltaremos por su resultado y belleza o importancia haber resucitado el “Códice de Privilegios de Teruel” de 1313 –y obra cimera del derecho aragonés de extremadura-, la impecable restauración de la Escalinata modernista del Óvalo de Teruel de José Torán, la emocionante por su vinculación con que los levantaron nuestros tatarabuelos de los muretes tradicionales de piedra para abancalar en Fortanete (Maestrazgo), e incluso en la vecina Guadalajara, en su comarca colindante del Señorío de Molina, ha ejecutado restauraciones de esculturas, órganos y retablos.
Se debe culminar nuestro reconocimiento por la fundación haciendo un alto o vuelta imprescindible en uno de los ramales de interés artístico de la fundación: el de carácter más inmaterial, aun con soportes que necesariamente lo son.
El ciclo musical en la ciudad, la desacralización y conversión en auditorio de la iglesia de Santa María que nomina a la fundación, templo mudéjar de origen visigodo que oficia como castillo límite de la muralla en su extremo que mira a la belicosa Castilla y cabeza de la que fue una importante en número judería con sinagoga, no lleva camino de treinta ediciones como fruto del azar.
Las va a cumplir debido a que Albarracín, como cabeza episcopal de ciudad pequeña, dispone en los archivos de su catedral –lo que milagrosamente no fue afectado por la Batalla de Teruel- de todo un repertorio completo ceremonial barroco único en Aragón y en España.
Se debe culminar nuestro reconocimiento por la fundación haciendo un alto o vuelta imprescindible en uno de los ramales de interés artístico de la fundación: el de carácter más inmaterial, aun con soportes que necesariamente lo son.
El ciclo musical en la ciudad, la desacralización y conversión en auditorio de la iglesia de Santa María que nomina a la fundación, templo mudéjar de origen visigodo que oficia como castillo límite de la muralla en su extremo que mira a la belicosa Castilla y cabeza de la que fue una importante en número judería con sinagoga, no lleva camino de treinta ediciones como fruto del azar.
Las va a cumplir debido a que Albarracín, como cabeza episcopal de ciudad pequeña, dispone en los archivos de su catedral –lo que milagrosamente no fue afectado por la Batalla de Teruel- de todo un repertorio completo ceremonial barroco único en Aragón y en España.
Contiene misas polifónicas, magnificat, himnos y salves que dominan personalidades monumentales de la música aragonesa como el organista González Uriol. Composiciones para chirimías, cornetas, cascabeles, trompas y clarines ceremoniales, al gusto de la corte de los Aragón.
Compuestas o ejecutadas por un maestro de capilla reputado que dirigía un coro de cantores e infantes con un organista titular para una población fundamental, sí, pero que solo superó durante veinte años del siglo XIX los dos mil habitantes.
Supongamos el ambiente de erudición, conservación y capacidad de transmisión cultural con un diez por ciento de su población dedicada a conservar ceremonias. Lo demuestra un singular específico hecho: el fastuoso legado del músico zaragozano de finales del Barroco Ramón Ferreñac, el director musical afamado Clemente Barrachina y la obra capital del barroco español “Lamentaciones del Poeta Jeremías” compuesta a seis voces por el gran Pedro Ruimone, se conocen y ejecutan gracias a la fundación.
Después está la música popular, tras ello merodean las jotas de ronda de cambio de estación: los mayos de Albarracín. Principal tradición de ruptura del invierno que nos queda, navruz aragonés, porque la conservan sus familias. Llegado mayo, cuadrillas de rondadores dedican en tonadas de jota lenta coplillas destinadas a honrar y festejar los atributos de la feminidad, tan emparentados con la estación primaveral.
Ah Albarracín… Qué cortos se te quedan la postal, el plato de migas con tocino y el queso en costra de vino de garnacha de postre.
30.07 Luis Iribarren
Supongamos el ambiente de erudición, conservación y capacidad de transmisión cultural con un diez por ciento de su población dedicada a conservar ceremonias. Lo demuestra un singular específico hecho: el fastuoso legado del músico zaragozano de finales del Barroco Ramón Ferreñac, el director musical afamado Clemente Barrachina y la obra capital del barroco español “Lamentaciones del Poeta Jeremías” compuesta a seis voces por el gran Pedro Ruimone, se conocen y ejecutan gracias a la fundación.
Después está la música popular, tras ello merodean las jotas de ronda de cambio de estación: los mayos de Albarracín. Principal tradición de ruptura del invierno que nos queda, navruz aragonés, porque la conservan sus familias. Llegado mayo, cuadrillas de rondadores dedican en tonadas de jota lenta coplillas destinadas a honrar y festejar los atributos de la feminidad, tan emparentados con la estación primaveral.
Ah Albarracín… Qué cortos se te quedan la postal, el plato de migas con tocino y el queso en costra de vino de garnacha de postre.
30.07 Luis Iribarren

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