2.10.26

Mi alquiler de Renta Antigua no heredado. Historias de Zaragoza


Hace una semana en una biblioteca pública cayó en mis manos una recopilación en tapa dura de la serie “13 Rue del Percebe” de Francisco Ibáñez, que para mí -junto con el guionista Azcona, Antonio Vega y Jardiel Poncela- está en mi altar literario del siglo XX, con respeto a Josep Pla o Marsé y por encima de Lorca como de Eduardo Mendoza. O es que me han hecho disfrutar más.

Os acordáis todos los de mi generación perfectamente del antecedente de la serie “Aquí no hay quien viva” guionizada por Alberto Caballero, Iñaki Ariztimuño y otros: cada página del “Rue” reflejaba una viñeta colectiva que contenía como un panal de abejas la secuencia del momento que sucedía en cada apartamento, en el colmado y portería del bajo, con las cañerías y el ascensor que hasta se robó en la que vi como protagonistas (genial humanización de las máquinas).

Y cada cuarto que aparecía era un exponente de aquellas casas de inquilinos de la Madrid, Zaragoza o, en este caso, Barcelona de los 60.

Ciudades que multiplicaron hasta por cuatro su población con el éxodo rural, aquel número 13 by Ibáñez (que luego Sabina glosaría en su “Número 7, Calle Melancolía) contenía soluciones habitacionales no solo residenciales. Sino además albergaba una consulta de veterinario, un pisito-pensión atiborrado de personajes de paso, otro que cambiaba constantemente de inquilino, un apartamento lleno de mocosos revoltosos como en “La Gran Familia” de Fernando Palacios, un pintor en el ático y hasta un gato negro de tejado, de amor en amor.

Elementos con que también contaba, y por eso era mi tebeo favorito, la casa en que viví propiedad de una sola familia que, además y porque estaba hasta que se demolió en la Avenida Cataluña nº 30 cerca de la Estación del Norte, se proyectó con un bajo de techos altísimos que se aprovechó hasta lo que daba el solar para contener inicialmente un taller de ferralla de casi 1000 m2 de fondo. Imaginaos el movimiento en el portal para disfrute de un crío sin hermanos.

Os cuento quiénes vivieron en ella con efecto demostración y para reflejaros cómo fue aquel Barrio Jesús de los años 70 que todavía vieron algunos compañeros y compañeras de Universidad que llegaron a estudiar desde el resto de Aragón, Soria y el Valle del Ebro a aquella ciudad gris con discotecas y venían a comer a casa, para que lo lean hoy y lo disfruten porque con quien se reían era con mi abuela desdentada:

ENTRESUELO: El izquierda y derecha se lo quedaron tras haber hecho la promoción y no cobrada la subvención del Instituto Nacional de la Vivienda, porque era un inmueble bonito de ladrillo y sin chapa de yugo y flechas, los promotores del edificio. Cuyos descendientes se han dedicado a la compra-venta de maquinaria agrícola. Mi madre les limpiaba sus grandes pisos de 120 m2 y les hacía el turno de limpieza de escalera y patio, mientras mi padre por entonces y llegado de Navarra tenía tres trabajos: fundidor en Jordá, que quebró y le dejaron a deber, camarero ocasional y, él que era tan pincho, planchador de trajes en una tintorería de La Química.

TERCERO IZQUIERDA: los propietarios del edificio vestían de gris oscuro, azul marino o negro procesional como los señores alquilados en este piso, que tenían una hija muy impertinente porque su padre trabajaba en la antigua Campsa. De pocas palabras, el señor don tenía el aspecto de informar sobre todos a la sucursal del tribunal de orden público del barrio, Comisaría de la Policía Nacional de la hoy bella calle Santiago Lapuente, que después fue guardería… Le pegaba con su físico de manos grandes y mirada a lo Bela Lugosi…

CUARTO IZQUIERDA Y TERCERO IZQUIERDA: porque en el piso había rojos y sindicalistas incluso antes de la muerte de Franco. Mis vecinos de enfrente, ocupando ese piso ilegal como el mío que se convertía de facto en quinto, te mantenía fino con sus 97 escaleras y estaba retranqueado sin balcones a la avenida. Ambos con menos metros, fríos o insoportables en verano y con una ventana medianera con ventana de rejas en mi cuarto donde dormía con mi abuela cuando bajaba y era imposible estudiar en invierno. Mi vecino era primo de Esteso y gran músico, además de muy hábil con las manos a diferencia de mi padre, y a mi vecina le habían matado a todos sus familiares los míos navarros en la plaza de Toros de Santander. Sus hijos eran muy guapos, como los de la pareja del tercero (que eran de Sos y Tarazona). Las hijas, mayores que yo, eran prototipos de adolescentes muy guapas con poco escote, de las que iban a las manifestaciones y una mezcla entre Ana Belén y Pepa Flores. Eran muy cariñosas con los pequeños de casa, alegres, la esperanza… La transición era guapa…

TERCERO Y SEGUNDO DERECHA: el tercero iba cambiando de arrendatarios porque no llegaron a consolidar su derecho al arrendamiento indefinido hasta que llegó un compañero de mi padre diez años mayor que yo, con tipo de remero de Helios porque lo fue, y su pareja adolescente extremeña que limpiaba mientras estudiaba historia. Loli fue una hermana mayor para mí y me introdujo en tener en la vida un pasillo lleno de libros y en oír los programas de Manrique y Trecet de Radio 3. Sin embargo, sus vecinos de abajo eran una pareja de antecedentes del autismo vecinal actual, a los que ni siquiera conocidos y había que recordarles que les tocaba la escalera.

PRIMERO DERECHA: en el primero que era segundo vivía una señora-madre coraje muy basta y gritona en expresión pero sumamente cariñosa en el fondo, que tenía que soportar al típico marido de la época: genial y encantador en el bar, el rey de los revueltos, pero que no aguantaba estar en casa y no hacía más que gritarle hasta que le ordenaba ir a la cama a las ocho y media de la tarde. Colocado y ganador.

PRIMERO IZQUIERDA: y para finalizar, la que fue mi segunda familia, los Aguilera-Povedano de Granada y Motril. El patriarca Pepe trabajaba en el taller de abajo y tenía tres hijas, y desde que llegué a niño crecido, me adoptó como hijo. Cuando se jubiló y tuvo tiempo me transmitió con la paciencia del sur que tenía y que no mi padre (aunque se adoraban) el siguiente patrimonio inmaterial: tomar el sol en una galería, manejar el torno para repujar pescaditos como en Cien Años de Soledad, oír flamenco jondo de Graná (luego supe que eran los del Sacromonte Carmona-Sordera) e historias de su infancia en la calle Elvira y, especialmente, respetar el dolor de su familia por la muerte de Lorca, su primo lejano.

La señora Carmen se sacudía de la seriedad con fondo de mala follá de Pepe yendo con mi madre de paseo, a ver escaparates. Era una matrona bulliciosa y alegre que me hacía los guisos de otra manera (luego supe que con toque de comino y metiendo boniato). Con ellos vivía su hermano Félix, muy gracioso, que me llamaba sebollaaaa…., y que estuvo cuatro años como relojero en Sao Paulo hasta abrirse una pequeña y preciosa relojería en la Madalena a la que voy de vinos hoy siempre con nostalgia. En ella admiré su paciencia de abridor y abolidor del tiempo.

De las tres hijas de los Aguilera-Povedano, la pequeña con la que veía los programas de música de Àngel Casas (Musical Express, con devoción por Triana) se fue a vivir a Sevilla como funcionaria de la primera Junta de Andalucía, la del medio llevaba a su madre y la mía por la calle Alfonso en su 600 o a Alcampo en Utebo, y se tronchaban de risa de contarlo después, y estaba la mayor, muy seria como su padre, historia asimismo de Zaragoza.

Dado que terminó tras ser dependienta del Gay, creo recordar, en los brazos de un médico panameño de aquellos que vinieron de todo el mundo a especializarse a Zaragoza, y quedó varada para siempre en Santiago de Veraguas donde regía un consultorio.

Imaginaros que parte de vuestros amigos y familia fueran cinco panameños de vuestra edad que venían de ciento a viento a visitar a sus abuelos, y que la vida me ha devuelto porque las redes sociales no son del todo malas. Me acabo de enterar por una querida amiga común de la muerte de su tío… el gran acordeonista y cantante “Yin” Carrizo… Del que nunca me hablaron pero sí que mi hermana panameña María me regaló una cinta de la “Fania All Stars” para compensar mi devoción a ACDC.

Este edificio de alquiler se vendió de golpe, se extinguieron las rentas antiguas previa indemnización y levantaron uno tres veces más voluminoso. Ya se sabe, las ordenanzas de los Ayuntamientos al servicio de lo que sea, ponedle nombre. Dedicado a los que acampan de buena fe, sin relación con los que se aprovechan del victimismo.

02.10 Luis Iribarren

No hay comentarios: