Las Fiestas del Pilar siempre han sido mucho más que conciertos, atracciones y grandes concentraciones. Durante generaciones han representado una expresión fundamental de la identidad zaragozana: nuestras tradiciones, nuestra cultura y, sobre todo, la convivencia entre vecinos.
Sin embargo, cabe preguntarse si nuestras fiestas están adquiriendo un carácter cada vez más comercial, donde consumir ocupa un lugar demasiado importante.
No se trata de cuestionar los beneficios económicos que generan para la hostelería, el comercio y el turismo, ni de renunciar a una programación moderna y atractiva. Se trata de reflexionar sobre cómo mantener su carácter popular, participativo y accesible.
CUANDO LA CALLE ERA LA PROTAGONISTA
Muchos recordamos unas fiestas en las que bastaba con pasear para encontrarse con músicos, charangas, artistas callejeros y actuaciones folclóricas. La fiesta estaba en las calles y plazas, al alcance de todos.
También existían las ferias, los espectáculos de pago y los establecimientos hosteleros. Pero consumir era una posibilidad más, no una condición para disfrutar.
Hoy, cuando buena parte del ocio gira alrededor de grandes escenarios y espacios comerciales, convendría preguntarnos si estamos perdiendo algo de aquella espontaneidad.
Una fiesta verdaderamente popular debe permitir disfrutar sin abrir continuamente la cartera.
LA FERIA DE MUESTRAS: ¿ES NECESARIO REINVENTARSE?
Durante generaciones, visitar la Feria General de Muestras fue una tradición familiar vinculada al Pilar.
Merece la pena analizar qué lugar ocupa actualmente dentro de las celebraciones y cómo reforzar su presencia en la programación festiva.
Quizá haya llegado el momento de renovar su formato, incorporando experiencias interactivas, tecnología, ciencia, robótica, videojuegos, artesanía, gastronomía, comercio local y actividades familiares.
También sería interesante estudiar entradas asequibles y propuestas gratuitas.
Conservar una tradición no significa mantenerla inmóvil, sino adaptarla a las nuevas generaciones.
LAS CASAS REGIONALES Y LOS PUESTOS DE ECHEGARAY
Los espacios de las Casas Regionales han sido lugares de encuentro donde gastronomía, música, folclore y convivencia permitían conocer las costumbres de diferentes comunidades. Sería interesante reforzar su dimensión cultural mediante actuaciones y actividades participativas.
Otro recuerdo es la Muestra Aragonesa del paseo Echegaray y Caballero, cuyos puestos de artesanía y alimentación contribuyeron durante años al ambiente festivo junto al Ebro.
En 2019, la muestra no obtuvo autorización para instalarse. Según las noticias publicadas entonces, existían diferencias entre el proyecto presentado y la propuesta inicialmente aceptada, relacionadas con materiales, dimensiones y distribución de las instalaciones.
También se habían planteado modificaciones de ubicación por motivos de seguridad, aunque no sería correcto atribuir exclusivamente a Bomberos la denegación de la licencia.
Estos antecedentes demuestran que recuperar determinadas actividades tradicionales no siempre resulta sencillo.
La seguridad, la accesibilidad y las vías de evacuación deben ser prioritarias. Pero la imposibilidad de utilizar un emplazamiento no debería significar necesariamente la desaparición de una tradición.
Quizá sea necesario estudiar nuevas ubicaciones que concilien las necesidades de comerciantes y visitantes con el descanso vecinal, la movilidad y la seguridad, escuchando a los colectivos afectados y contando con los informes técnicos preceptivos correspondientes.
LOS BARRIOS TAMBIÉN SON ZARAGOZA
Es justo reconocer que durante los últimos años se ha avanzado en la descentralización de las Fiestas del Pilar.
Un ejemplo es el entorno de la antigua Estación del Norte, situado entre el Barrio Jesús y el Arrabal, donde se desarrollan actividades festivas y culturales.
Sin embargo, descentralizar no consiste únicamente en trasladar espectáculos.
Cada barrio presenta necesidades diferentes. Lo que para algunos vecinos representa una oportunidad de disfrutar cerca de casa, para otros puede ocasionar molestias relacionadas con el ruido, las aglomeraciones o la movilidad.
Es prácticamente imposible organizar unas fiestas que contenten absolutamente a todo el mundo.
Por eso resultan fundamentales el diálogo, la planificación y el respeto a la convivencia. Además, la descentralización debe contemplar tanto los barrios urbanos como los rurales.
En este contexto merece destacarse el trabajo de las asociaciones vecinales.
Un ejemplo lo encontramos en el Barrio Jesús, donde durante los últimos años se ha consolidado dentro de la programación festiva su tradicional Ronda Jotera, organizada por la Asociación Vecinal del Barrio Jesús y protagonizada por la Escuela de Canto de Susana Gil.
Esta iniciativa, junto con las actividades impulsadas desde el área municipal de Cultura, demuestra que la descentralización también puede construirse desde la participación ciudadana.
Una ronda jotera recorriendo las calles mantiene vivas nuestras tradiciones y acerca la cultura popular a diferentes generaciones.
Porque unas fiestas populares no son solamente aquellas que se organizan para los vecinos, sino también aquellas que los propios vecinos ayudan a construir.
TRADICIÓN, MODERNIDAD Y PARTICIPACIÓN
La jota, los gigantes y cabezudos, las charangas, las bandas de música y las agrupaciones folclóricas forman parte de nuestra identidad.
También la Ofrenda de Flores y la Ofrenda de Frutos representan esa dimensión religiosa, cultural, sentimental y solidaria que convierte las Fiestas del Pilar en algo mucho más profundo que una sucesión de espectáculos.
Modernizar nuestras fiestas no debería significar relegar estas tradiciones.
Los grandes conciertos pueden convivir con las actuaciones callejeras; los espacios gastronómicos, con las actividades gratuitas; y los acontecimientos multitudinarios, con las iniciativas vecinales.
También necesitamos propuestas para todas las edades: actividades infantiles, espacios culturales para jóvenes, alternativas familiares y opciones accesibles para las personas mayores.
No todas las familias disponen del mismo presupuesto, y nadie debería quedar al margen por motivos económicos.
Resulta igualmente importante reconocer el esfuerzo que supone organizar unas fiestas de semejante magnitud. No siempre es posible satisfacer todas las expectativas, pero reconocer los avances no significa renunciar a plantear mejoras.
Escuchar a asociaciones vecinales, entidades culturales y ciudadanos permitiría conocer qué actividades funcionan, cuáles se echan de menos y qué propuestas podrían incorporarse.
REFLEXIÓN FINAL: EL VERDADERO ESPÍRITU DEL PILAR
Cuando terminan las Fiestas del Pilar, se apagan los escenarios, se desmontan las atracciones y nuestras calles recuperan su actividad cotidiana.
Quedan las cifras de asistencia y los balances económicos. Pero, por encima de todo, quedan los recuerdos.
La emoción de una familia durante la Ofrenda, la sonrisa de un niño corriendo delante de los cabezudos, una jota que resuena por las calles de un barrio, el encuentro con unos amigos o una tarde de paseo sin necesidad de gastar dinero.
Son esos pequeños momentos, difíciles de reflejar en una estadística, los que verdaderamente dan sentido a nuestras fiestas.
Sería injusto no reconocer su evolución, las nuevas propuestas y los avances en la descentralización. Organizar unas celebraciones de semejante magnitud resulta complejo y es imposible satisfacer todas las expectativas.
Pero reconocer los avances no significa renunciar a mejorar.
El verdadero desafío consiste en equilibrar modernidad y tradición, actividad económica y participación ciudadana, grandes espectáculos y pequeñas iniciativas vecinales.
No se trata de regresar al pasado, sino de conservar lo mejor de él mientras construimos unas fiestas abiertas, accesibles y capaces de reunir a diferentes generaciones.
Porque unas fiestas verdaderamente populares no se miden solamente por cuántas personas acuden a ellas, sino también por cuántas pueden sentirse parte de ellas.
Y quizá deberíamos hacernos una última pregunta:
¿QUEREMOS UNAS FIESTAS EN LAS QUE LO IMPORTANTE SEA CUÁNTO GASTAMOS O UNAS FIESTAS EN LAS QUE LO VERDADERAMENTE IMPORTANTE SEA CUÁNTO COMPARTIMOS?
Porque el verdadero corazón de las Fiestas del Pilar no está en las cajas registradoras ni en las cifras de asistencia, sino en sus calles, sus tradiciones, sus barrios y, por encima de todo, en sus gentes.
Y mientras Zaragoza siga siendo capaz de celebrar, compartir y mantener vivas sus tradiciones, el auténtico espíritu del Pilar seguirá latiendo en el corazón de todos los zaragozanos.
Carlos Masa

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