16.10.26

El Faro o El Botijo de la Expo 2008 de Zaragoza

El Faro Expo 2008 Zaragoza

Vamos a intentar recordar un edificio que ya no existe en la Zaragoza actual, pero que es relativamente reciente. El Faro o el Pabellón de Iniciativas Ciudadanas de la Expo 2008 de Zaragoza fue diseñado por el arquitecto Ricardo Higueras bajo la premisa de que una arquitectura sostenible era y es posible, no solo como un edificio pequeño para una vivienda, sino también como un enorme edificio público.

El Faro (popularmente llamado El Botijo) fue un edificio que se construyó íntegramente con materiales naturales: barro, paja y madera y, además, garantiza su funcionamiento con fuentes de energía renovables: luz solar, agua, aire…

Desde el principio se tuvo claro que debía ser un edificio que sirviera para dar voz a todos aquellos visitantes, asociaciones, colectivos y entidades no gubernamentales y 'alternativos' para que pudieran expresar su opinión, a veces crítica con otros participantes de la muestra, al respecto de las problemáticas del agua y el desarrollo sostenible.

El reto radicaba en albergar y armonizar corrientes de acción y pensamiento diferentes o incluso contrarias, bajo un clima de respeto y trabajo cooperativo para concienciar y estimular buenas practicas entre los visitantes del pabellón.

La organización de las actividades recayó en el grupo formado por Fundación Ecología y desarrollo, Fundación Nueva Cultura del Agua, Intermón Oxfam, Cruz Roja y WWF/Adena. Pero en los meses en que estuvo funcionando en la Expo 2008 colaboraron más de 300 organizaciones sociales, tanto aragonesas como nacionales o extranjeras e internacionales.

En el espacio expositivo del edificio se abordaron las siguientes 8 áreas temáticas: derecho humano al agua y al saneamiento, ecosistemas acuáticos, agua y cambio climático, gestión de riesgos de desastres, grandes presas, gestión pública participativa del agua, usos y abusos y conflictos por el agua.

Tenía en el centro un anfiteatro para 150 personas llamado Encuentros del Faro, en donde se desarrollaron múltiples eventos con una organización temática semanal: Agua y Educación, Agua y Cuarto Mundo, Agua e Interculturalidad, etc.

Fue un edificio singular no sólo por su forma sino por romper con sus líneas orgánicas, pero lo más curioso de esta arquitectura es que estaba edificada con criterios de bioconstrucción: la madera, la paja y la tierra eran sus principales materiales. Como toda obra arquitectónica en un espacio singular como toda la Expo, y fue escogida en un concurso que ganó el arquitecto Ricardo Higueras Cárdenas junto con un equipo multidisciplinar de alto nivel.

Su obra, una especie de botijo de tierra de casi 30 metros de altura no se había realizado nunca en este país. Un proyecto muy complejo aunque desde el principio se sabía que era una obra efímera como todas las Plazas Temáticas.

El esfuerzo de estos más de 40 expertos de todo el mundo se volcó en idear un edifico en el que al entrar como ponente o como espectador se tuviera una experiencia energética diferente. Una obra llena de avatares por la propia construcción de la idea, en la que el equipo que la diseñó no pudo participar por normas de la Expo, aunque sin duda se logró el objetivo de quienes lo idearon.



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