Cuentan los medios de comunicación de la época que en Zaragoza, en el año 1903, una manifestación que había partido de la catedral de la Seo para recorrer varias calles céntricas de Zaragoza se enfrentaron con grupos anticlericales que salieron a su paso y que en esos enfrentamientos hubo más de 50 heridos de diversa consideración. En aquellos incidentes fueron apedreados varios conventos e iglesias e incluso hubo un intento de asaltar el palacio Arzobispal, mientras se dió la orden de cerrar todas las iglesias y poner en sus alrededores fuerzas de orden público.
Enfrentamientos de 1903 en Zaragoza: Católicos y Anticlericales
Estos actos se inscriben en un período de intensa conflictividad confesional que caracterizó el cambio de siglo en España. Si bien 1903 no fue el año de mayor intensidad de la pugna en España, representa un momento crucial de reorganización y movilización católica que transformaría dramáticamente el mapa político y social de la ciudad.
La Crisis Anticlerical de 1899-1902
Para entender lo que sucedía en Zaragoza en 1903, es necesario retroceder al 26 de junio de 1899, fecha que marcó un punto irreversible en la historia religiosa española. En esa jornada, una manifestación zaragozana convocada inicialmente contra la política fiscal del ministro Fernández Villaverde degeneró en un motín directo contra los jesuitas. Este acontecimiento no fue un disturbio aislado—conflictos anticlericales había habido durante toda la década de 1890—, pero sí constituyó el primer eslabón de una larga cadena de protestas anticlericales sistemáticas que dominarían la década siguiente.
La singularidad histórica del motín de 1899 en Zaragoza residió en que transformó el anticlericalismo de una manifestación episódica en una fuerza política permanente, canalizada e ideológicamente articulada. Lo que comenzó como protesta fiscal se convirtió en una declaración de guerra contra la recuperación espectacular que la Iglesia católica española estaba experimentando desde 1875.
Las Procesiones de 1901 y sus violentos desenlaces
En 1901, la tensión se recrudeció con ocasión de las celebraciones jubilares por el decimonoveno centenario de Cristo Redentor. Las procesiones católicas organizadas en toda España —incluyendo Zaragoza— enfrentaron a una oposición organizada, de numerosos piquetes anticlericales. En Zaragoza, según la documentación contemporánea, las manifestaciones católicas derivadas de la misa celebrada en el Pilar se desarrollaron "envueltas en incidentes": gritos, voces, amenazas, golpes. Particularmente significativo era que los asistentes cantaban simultáneamente el Himno de la Peregrinación y La Marsellesa, símbolo respectivamente de la identidad católica y de los ideales republicanos anticlericales, "rivalizando entre sí".
Estos enfrentamientos no fueron casuales: representaban una competición simbólica por el espacio público. Los republicanos y anticlericales interpretaban las procesiones como demostraciones de fuerza de una Iglesia que, erróneamente en su opinión, pretendía mantener su influencia social tras décadas de declive. Los católicos, por su parte, veían las procesiones no simplemente como actos de piedad religiosa, sino como manifestaciones políticas de resistencia a la secularización que el gobierno liberal intentaba imponer.
El Año de la Reorganización Católica, 1903
El año 1903 representa un momento de transición en esta conflictividad. En marzo de 1903 se fundó formalmente la Liga Católica de Zaragoza, primer intento de los católicos de organizar una respuesta institucional coordinada a la amenaza anticlerical. Esta organización no fue espontánea sino respuesta deliberada a la agitación anticlerical que ya llevaba cuatro años gestándose.
El reglamento de la Liga Católica de Zaragoza definía explícitamente sus objetivos políticos: "Procurar el voto de los católicos en las elecciones, influyendo en la elección de candidatos netamente católicos". Esto marcaba una evolución significativa: los católicos ya no se limitaban a defender su presencia en el espacio público mediante procesiones y actos de devoción; ahora buscaban conquistar el poder electoral.
Esa transformación se probó en las elecciones municipales de noviembre de 1903, cuando la Liga Católica presentó candidatos directamente competitivos contra los republicanos anticlericales. En el Bajo Aragón, el éxito fue notorio: en Alcañiz, los tres candidatos católicos presentados por la Liga fueron elegidos, "con una ventaja" electoral clara.
Manifestaciones y Enfrentamientos en la Vía Pública
Los historiadores del anticlericalismo aragonés documentan que durante 1903 se produjeron manifestaciones católicas en Zaragoza con presencia de piquetes anticlericales. Aunque la documentación coetánea no es tan detallada como para las procesiones de 1901 o los grandes enfrentamientos de 1906-1910, la dinámica fue similar: católicos organizaban actos públicos que anticlericales intentaban perturbar, generando situaciones de confrontación callejera cercana a la Seo y al Palacio Arzobispal, el centro neurálgico del poder eclesiástico zaragozano.
El tono de estos enfrentamientos puede inferirse de reportes contemporáneos sobre otras ciudades españolas del mismo período que se alternaron con enfrentamientos entre anticlericales y católicos, lluvias de piedras y abundantes disparos. Aunque Zaragoza no llegó a estos extremos de violencia física sistemática, el potencial conflictivo estaba latente.
El Papel de Juan Soldevila y Romero, Arzobispo de Zaragoza
Un factor decisivo en la respuesta católica de 1903 fue la llegada como Arzobispo de Juan Soldevila y Romero, quien ocupó la sede desde 1902 hasta 1923. Soldevila fue un pastor agresivo en su defensa de los intereses católicos, impulsando activamente la creación de asociaciones católicas para mejorar la situación de los pobres y, de facto, para contrarrestar la influencia anticlerical. Durante su episcopado, Zaragoza se convirtió en uno de los epicentros de la movilización católica española, proyectando además una campaña para convertir la Basílica del Pilar en un "Lourdes español" que atrajese peregrinaciones de toda la península.
Significado Histórico de 1903 en la conflictividad religiosa en Zaragoza
El año 1903 en Zaragoza no fue simplemente un año más de enfrentamientos entre católicos y anticlericales. Fue el año en que ambas fuerzas reconocieron que la confrontación sería permanente y requería de estructuras organizativas complejas.
Para los anticlericales, 1903 confirmaba que el proyecto secularizador requería mantener presión sostenida sobre un catolicismo que no solo no desaparecía, sino que se reorganizaba y ganaba adeptos entre sectores populares. Para los católicos, 1903 representaba el descubrimiento de que la defensa de la fe en una España cada vez más secularizada no podía limitarse al templo o a procesiones tradicionales, sino que exigía competencia electoral y presencia política permanente.
Los enfrentamientos específicos de 1903 en Zaragoza, particularmente los cercanos a la Seo, fueron expresiones de una competencia más profunda: la lucha por definir cuál sería el carácter confesional o secular del Estado español.
Esa pugna alcanzaría su punto de máxima intensidad en 1906-1910, cuando ambas fuerzas desplegarían todos sus recursos de movilización. Pero sus raíces estaban precisamente en estos enfrentamientos de 1903, cuando Zaragoza se convirtió en uno de los campos de batalla principales del conflicto religioso español de principios de siglo.

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