El 3 de agosto de 1936, la ciudad de Zaragoza fue bombardeada desde Cataluña, atacando la basílica del Pilar, al haberse sumado la ciudad de Zaragoza al bando golpista de Franco, en contra de la República Española.
Era la madrugada de aquel 3 de agosto, entre las 2,30 y las 3 de la mañana, cuando un solo avión que posiblemente había salido del Prat de Llobregat, se cree según las últimas investigaciones, un Breguet XIX pilotado por el sargento Emilio Villaceballos García, soltó mientras volaba a muy baja altura, entre tres y cuatro bombas sobre Zaragoza.
Dos de ellas cayeron sobre la iglesia, una en mitad de la plaza y posiblemente una cuarta nunca encontrada, sobre las aguas del río Ebro. Ninguna exploró, no hubo heridos y una de estas bombas impactó al entrar sobre la bóveda de El Pilar en una de las obras pictóricas de Goya.
Durante mucho tiempo se atribuyó la orden del bombardeo al teniente coronel Felipe Díaz Sandino, jefe de la aviación republicana en Cataluña. También circuló la versión de que la orden procedía del Comité Central de Milicias Antifascistas de Cataluña.
Y surgieron versiones de que Sandino, Durruti, la Generalitat o el Gobierno republicano habían ordenado específicamente destruir el Pilar.
Pero otras investigaciones hablan de que Villaceballos habría decidido realizar el vuelo por iniciativa propia, sin orden superior. El Museo Virtual de la Guerra Civil Española recoge expresamente esa conclusión. Pero también existen versiones sin confirmar que en realidad lo que se intentó destruir fue el Puente de Piedra. Lo cierto es que no haya datos concretos sobre ese acto.
Hay una explicación de Antón Puyol que nos habla de algo más concreto que explicaría que no hubieran explotado ninguna de las bombas. Las espoletas habrían sido manipuladas deliberadamente en El Prat antes del despegue, por Joaquim Sangenís, después de que el médico Tomàs Pujol Font conociese las intenciones de Villaceballos. De ese modo las bombas podían caer pero no detonar.
No fue durante esos tres años de guerra, la única iglesia importante que fue atacada e incluso casi destruida. Tenemos los casos de Barcelona, Sigüenza o Cartagena. Pero la duda en el caso de Zaragoza se centra en que el bombardeo fue a los pocos días del Alzamiento Militar del 18 de julio de 1936, y que más parecía un acto que buscaba propaganda y miedo entre la población civil de Zaragoza. No era un objetivo militar, ni nunca hubo sospechas de que dentro del Pilar pernoctaran soldados o falangistas, utilizando a modo de cuartel la iglesia.
Dejo un recorte de prensa relatando aquellos actos, que hay que leer con calma pues claramente es un recorte propagandístico publicado un año después en memoria de ese acto violento.


