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12.9.26

La virgen de Torreciudad. Historia

Virgen de Torreciudad

Nuestra Señora de Torreciudad es una talla románica de Virgen sentada en un Trono o Sedes de la Sabiduría Divina, realizada en madera de álamo y de 83 cm de altura, vinculada estilísticamente a los talleres de Ribagorza y al entorno artístico de Roda de Isábena.

Aunque tradicionalmente se fecha en el siglo XI y su devoción se asocia a la conquista cristiana de la zona de Ribagorza hacia 1084, hay dudas sobre el año exacto de su construcción pero es muy posible que sea cercano a esa fecha.

En esa zona de Aragón ya había una Ermita Medieval en esa época, una pequeña construcción de origen románico (siglo XI) donde se veneraba la imagen original de Nuestra Señora de los Ángeles de Torreciudad. Al lado se conservan restos de una antigua torre de vigilancia defensiva árabe (turris civitatis).

Su aspecto actual está fuertemente condicionado por una restauración del siglo XX que añadió el revestimiento dorado, las coronas y diversos elementos ornamentales. La imagen que hoy vemos en Torreciudad es la talla medieval auténtica, pero su apariencia actual no es enteramente medieval. Se le han ido añadiendo los dorados, las coronas, algunas piedras semipreciosas e incluso la flor que lleva la Virgen.

La virgen y el Niño miran esencialmente hacia el espectador. Predominan la frontalidad, la solemnidad y la ausencia del sentimentalismo materno que aparecerá después en el gótico. El Niño es presentado casi como un pequeño Cristo en Majestad. El modelo tiene antecedentes bizantinos y carolingios y se extendió con extraordinaria fuerza por Europa occidental entre los siglos XI y XII.

Virgen Torreciudad antes restauración



El rostro medieval nos muestra una cabeza algo inclinada, rostro ovalado y macizo, grandes ojos almendrados bajo arcos superciliares suavemente marcados, pómulos definidos, nariz de planos laterales relativamente rectos y una boca cuidadosamente modelada que llega a insinuar una sonrisa, y cabe la posibilidad de que las manos actuales podrían ser añadidas. Es una observación que obliga a ser prudentes cuando se intenta reconstruir milimétricamente el aspecto del original medieval.

El Niño constituye una pieza separada, una talla exenta que puede retirarse del regazo de María. Es un detalle técnico muy significativo, pues es desmontable como sucede en otras vírgenes aragonesas. No se sabe el motivo exacto de esto, pero es muy posible que en algunas ceremonias solo se representara a la Virgen sin el Niño, por ejemplo, en Navidades.

El manto envuelve la figura generando una secuencia muy estudiada de pliegues. González-Simancas observó cómo el escultor intentó explicar visualmente el movimiento de la tela: el manto rodea la cintura, cae alrededor de las piernas y se deforma por el peso del Niño sentado sobre el regazo.

La silla sobre la que se sienta a modo de Trono es sumamente sencilla pero escultóricamente interesante. Posee cuatro montantes cilíndricos, pequeñas basas y remates redondeados en forma de pomo.

En la actualidad los rostros y las manos de la escultura aparecen de un marrón negruzco muy intenso, por lo que numerosas publicaciones la incluyen entre las llamadas Vírgenes negras. Pero eso no demuestra que el escultor medieval quisiera representar una Virgen negra.El envejecimiento de la madera de álamo le había dado un hermoso «tono tostado" e incluso sa sabe que ha aumentado ese tono tan oscuro con barnices o intervenciones posteriores.

La superficie dorada espectacular que ahora cubre el manto, la túnica, el Niño y el trono fue aplicada en la gran restauración del siglo XX. No estamos contemplando intacto un revestimiento de oro del siglo XI o XII que seguramente pudieron no existir en la imagen primitiva. La documentación de la restauración señala igualmente que hacia 1970 se aplicó pan de oro; otras descripciones del proceso sitúan la finalización del conjunto de trabajos en 1974, incluyendo desinsectación, consolidación, policromía y chapado dorado. 

No es una falsificación, es una decisión de restauración propia de una época para ponerla en mayor valor, posiblemente una intervención que hoy no se haría así.

La Virgen había llevado mantos textiles durante siglos y a comienzos del XX aparecía completamente vestida. En fotografías de los años sesenta se aprecia la escultura sin las actuales coronas metálicas. Según el historiador Martín Ibarra, durante la restauración moderna se añadieron las piedras ornamentales del manto y del broche, las coronas de María y del Niño y la flor de la mano derecha. La flor probablemente ocupa el lugar de un atributo desaparecido. La posición de la mano indica que originalmente debió sostener algo, pero no sabemos qué era. Podría haber sido una flor, fruto, orbe u otro objeto simbólico; afirmar cuál sería especulativo.

Del siglo XI-XII quedan esencialmente el volumen y concepción de María sedente, el Niño antiguo, el trono, la estructura del vestido y sus pliegues, la gran fíbula tallada y buena parte del modelado fundamental de las figuras. Es decir, la escultura sigue siendo medieval aunque su «vestido superficial» actual haya cambiado radicalmente.

Y precisamente la imagen desnuda de revestimientos que fotografió González-Simancas antes de la restauración —la fotografía en la que se ve la madera parduzca casi sin oro— es probablemente la que mejor permite estudiar al escultor románico del que no conocemos su nombre.

Se considera que la talla pertenece claramente al ambiente artístico de Ribagorza y relaciona ese florecimiento con la actividad cultural de la sede rotense y con personajes como San Ramón, obispo de Roda, estrechamente vinculado también al arte del valle de Boí. Señala además semejanzas muy importantes entre Torreciudad y Nuestra Señora de Villanúa, particularmente en los rostros de María y del Niño.

La zona llamada Torreciudad está dentro de uno de los territorios donde confluyen Aragón, Ribagorza, Cataluña pirenaica y las corrientes del románico internacional. La tradición afirma que la imagen fue hallada o entronizada en torno a 1083-1084, coincidiendo con la conquista cristiana definitiva de la zona conocida como Torreciudad.

En fotografías de comienzos del siglo XX aparece cubierta con grandes mantos textiles, como era habitual en muchas imágenes medievales cuya escultura original acabó casi completamente escondida bajo vestidos y coronas. En los años sesenta recibió una policromía moderna bastante llamativa, fundamentalmente roja y azul, visible en fotografías de la romería de 1964. Esa capa desapareció posteriormente durante la intervención definitiva en los años 70.

En 1964 la imagen fue llevada a los Talleres de Arte Granda, Madrid, donde se realizó una intervención relativamente limitada de consolidación. Regresó para una peregrinación desde Bolturina en mayo de ese año presidida por el obispo Jaime Flores. Alrededor de 1970, y completándose los trabajos en los primeros años setenta, se llevó a cabo la intervención decisiva, dirigida por Manuel González-Simancas Lacasa. Se eliminaron añadidos y repintes, se consolidó y trató la madera y finalmente se aplicó la presentación dorada que conocemos. 

 Desde 1975, la talla original quedó situada en el camarín central del gran retablo de alabastro del nuevo templo de Torreciudad diseñado por Heliodoro Dols y cuyo retablo realizó Joan Mayné.

Lo valioso de la Virgen de Torreciudad es sobre todo la talla de la madera: su rostro extraordinariamente contenido, el leve movimiento dentro de mirada frontal, la concepción monumental del cuerpo, la separación del Niño, el complejo plegado de las telas, la gran fíbula y el singular trono.

La posesión de la talla de la virgen es una de las claves que definen el litigio por el control del santuario de Torreciudad que enfrenta desde 2020 a la diócesis de Barbastro y el Opus Dei. En realidad debajo de esta pelea sobre documentos y una talla de la virgen, se esconde algo mayor. El control de la iglesia cristiano católica del santuario que está controlada por el Opus Dei.

1.9.26

Historias del Teatro Cine Iris en Zaragoza


El primer Teatro Iris de Zaragoza, el que formaba parte del complejo Iris Park, cerró sus puertas el 1 de noviembre de 1953. Conviene distinguirlo muy bien del segundo Teatro Iris, construido en el mismo ámbito e inaugurado en 1955, y que desde el año 1958 fue el Teatro Fleta del que queda el esqueleto desde hacer muchos años en pleno centro de Zaragoza. Una de esas cosas vergonzosas de nuestra ciudad.

Hay dudas sobre si realmente fue 1 de noviembre de 1953 cerró pues otras noticias de aquellos años y posteriormente investigadas por José Garrido Palacios, hablan de que la Empresa Parra mantuvo la actividad del teatro Iris hasta el 24 de octubre de 1953.

El lugar que acabaría ocupando Iris Park era completamente diferente de lo que hoy conocemos. Se encontraba entre las calles Azoque y Ramón y Cajal, frente al Hospital Provincial de Nuestra Señora de Gracia y próximo a la plaza del Carmen. Una parte considerable de la actual avenida de César Augusto todavía no existía, pues era el inicio de los años 30 del siglo XX.

Allí estaban los conocidos lavaderos de Castelví o Castellví, una extensa superficie dedicada al lavado y secado de ropa, con balsas y tendederos. Las fuentes citan como propietaria a la viuda de Castelví, Ramona Boada. Era una gran extensión interior, parcialmente escondida tras los edificios de las calles circundantes. Su futuro urbanístico todavía no estaba decidido. Precisamente esa incertidumbre explica el nacimiento del Teatro Iris. Una idea animada por Mariano Sánchez Resach que era el empresario del Circo Price de Madrid.

Los propietarios de los terrenos, los hermanos Aísa, sabían que en algún momento llegarían nuevas alineaciones, calles y parcelaciones. Mientras el Ayuntamiento terminaba de determinar qué podía construirse allí, decidieron explotar provisionalmente los solares mediante un gran recinto recreativo. Amparo Martínez Herranz define expresamente Iris Park como un «complejo de atracciones provisional». Hablamos de un solar de unos 7.000 metros cuadrados.

El complejo fue inaugurado el 10 de julio de 1931, apenas unos meses después de proclamarse la Segunda República. Un estudio publicado por el Ayuntamiento de Zaragoza señala que había sido construido por los Aísa y que inicialmente disponía de atracciones, baile y un teatro de verano al aire libre, que sería cubierto en 1932. Todo el escenaario estaba cubierto por un enorme toldo.

Iris Park era un gran centro de ocio, no solo un teatro, probablemente uno de los más ambiciosos de la Zaragoza de los años treinta. Llegó a disponer de teatro, cine, pista de patinaje, pistas de baile cubiertas y al aire libre, espacios de recreo, cafetería o bar-restaurante y el denominado Palacio de Cristal.

Tras atravesar las edificaciones que daban a las calles del entorno y un pasaje interior, se llegaba a una gran explanada interior, luminosa, con cafetería, teatro, cine y pista de patinaje, un lugar de recreo en donde se recuerda incluso haber visto programado Madame Butterfly o poder ir al cine infantil con películas del Oeste, pagando 25 céntimos. Era algo parecido a lo que hoy llamaríamos un complejo integral de ocio. Y dentro de Iris Park se encontraba el Gran Teatro Iris con un aforo de aproximadamente 2.300 espectadores, lo que lo convertía en una sala extraordinariamente grande para la Zaragoza de aquellos años.

Hay que imaginarlo, además, dentro de una ciudad que en 1931 rondaba solamente los 174.000 habitantes. Es decir, en una sola función podía reunir a más del uno por ciento de los zaragozanos de entonces. Inicialmente había sido concebido como teatro de verano descubierto. En el año y viendo su éxito1932 se cubrió, lo que permitió ampliar considerablemente la temporada y utilizarlo con mayor regularidad.

Parte de sus instalaciones procedían de otros locales. Según la documentación recopilada posteriormente, las butacas habían pertenecido al Teatro de la Comedia de Madrid, los graderíos de madera procedían de la Plaza de Toros de Huesca, parte del material de guardarropía había estado en el Teatro Principal y el techo pasó de ser un simple toldo para estar cubierto con uralita.

El profesor García Guatas documenta que el telón, pintado por José Luz Corvinos e inspirado en El jardín del Amor de Rubens, había estado anteriormente en el Odeón de Huesca y posteriormente en el Parisiana de Zaragoza antes de llegar al Teatro Iris en 1931. Blasco Ijazo ofreció otra versión según la cual había sido pintado inicialmente para Saturno Park; por tanto, existe una discrepancia en las fuentes sobre el primer destino del telón, aunque su reutilización en el Iris está bien establecida.

La primera compañía teatral que actuó en el nuevo recinto fue la del compositor Manuel Penella, el 10 de julio de 1931, representando Aquí hacen falta tres hombres. La acogida fue considerable y el Iris adquirió con rapidez popularidad, especialmente durante las temporadas estivales. Su programación se volvió extraordinariamente variada.

Por su escenario pasaron compañías de comedia y drama, zarzuela, variedades, recitales, pianistas, cantantes, espectáculos de danza y temporadas circenses. Se representaron obras como Luisa Fernanda, La Dolorosa y Doña Francisquita, y las fuentes mencionan actuaciones del pianista Julián Semprini, compañías de danza clásica de Montecarlo y espectáculos circenses que llegaron a mantener animales expuestos en el propio parque. Es importante entender que su enorme capacidad permitía organizar allí espectáculos que difícilmente cabían en otros locales de aquella Zaragoza, aunque fuera un local que parecía provisional pero enorme.

El tenor aragonés Miguel Fleta actuó sobre el escenario del viejo Iris Park abril de 1935 interpretando repertorio de Carmen, Marina, Doña Francisquita, Luisa Fernanda y La Dolorosa. El hecho está recogido en la investigación de Amparo Martínez Herranz y explica algo que ocurriría muchos años después: cuando el nuevo Teatro Iris fue rebautizado en 1958, recibió precisamente el nombre de Teatro Fleta. Por tanto, la relación de Fleta con aquel lugar precedió en más de veinte años al cambio de denominación del edificio posterior.

El Iris Park no fue únicamente un lugar donde acudir a ver una obra o una película. La amplitud del teatro y de sus instalaciones hizo que se utilizase para actos sociales, festivales, asociaciones, reuniones políticas y grandes concentraciones. Por ejemplo, el 12 de octubre de 1932, el denominado Palacio de Cristal de Iris Park acogió la elección de la «Señorita Fiestas del Pilar», organizada con participación de la Asociación de la Prensa y del Sindicato de Iniciativa de Aragón.

El 1 de mayo de 1936 se organizó en el Teatro Iris Park el trascendental IV Congreso Nacional de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Fue uno de los grandes congresos del anarcosindicalismo español inmediatamente anteriores a la Guerra Civil. Documentación conservada por la Fundación Anselmo Lorenzo confirma que el congreso se inauguró aquel 1 de mayo en el Teatro Iris Park, y el Centro Documental de la Memoria Histórica conserva incluso publicaciones relacionadas con la moción sobre el «Concepto confederal del comunismo libertario», adoptada en el Teatro Iris Park durante aquel congreso.

El enorme aforo del teatro explica en buena medida su elección para aquella reunión. La prensa libertaria de esos mismos días anunciaba además funciones especiales en el Gran Teatro Iris Park para los delegados y asistentes, especificando precios de butacas, delanteras y gradas. Es un aspecto relevante de su historia porque sitúa al Teatro Iris no solo dentro de la historia cultural zaragozana, sino también dentro de la historia política y sindical española de 1936. Faltaban dos meses y unos días para que España saltara por los aires.

Tras la sublevación militar de julio de 1936 y el control de Zaragoza por los sublevados, el Teatro Iris Park fue requisado por Acción Ciudadana, organización civil armada que colaboró con las autoridades militares en labores de retaguardia. Una investigación de la Institución Fernando el Católico sobre la Zaragoza de 1936 documenta que Acción Ciudadana organizó su organización en diferentes sectores de la ciudad y estableció una de sus sedes precisamente en el Teatro Iris Park. También existe documentación gráfica del llamado «Sector Iris Park» de Acción Ciudadana, incluida su sección femenina.

En ese contexto españolista desapareció progresivamente el anglicismo Park y comenzó a cambiar el nombre y aparecer la denominación castellanizada Parque Iris. Algunas fuentes señalan expresamente que aquella «españolización» del nombre se produjo a raíz de la requisa del edificio en el año 1936. Durante la guerra no desapareció por completo la actividad escénica: se documentan algunas representaciones, al igual que ocurrió en otros teatros zaragozanos, pero naturalmente el carácter del complejo y su funcionamiento quedaron profundamente alterados.

Terminada la guerra se produjo otro cambio fundamental. En 1939, la Empresa Parra S. L. arrendó Iris Park a los hermanos Aísa mediante un contrato que incluía una opción de compra. Esa opción fue ejercida pocos años después, por lo que la familia o Empresa Parra terminó siendo propietaria tanto de los terrenos como de las instalaciones. Este dato está documentado por Amparo Martínez Herranz a partir de los propios contratos de arrendamiento facilitados por la familia Parra.

Durante la posguerra el recinto continuó funcionando, aunque cada vez adquirió mayor peso el cine de reestreno. Conviene aquí hacer una distinción que algunas historias simplificadas no dejan suficientemente clara. Dentro del complejo existían el Gran Teatro Iris y una sala cinematográfica, además del resto de instalaciones. La desaparición del viejo gran teatro en 1953 no significó necesariamente la desaparición inmediata de todo cuanto llevaba el nombre Iris Park; algunas fuentes sitúan la continuidad del antiguo cine hasta 1964.

El acceso principal primitivo se encontraba por Ramón y Cajal. Pero en 1940 se construyó otro acceso desde la calle Azoque nº 68, aproximadamente a la altura de la plaza del Carmen y frente a la calle Cádiz. Era un largo pasadizo que atravesaba entre edificaciones hasta desembocar en el recinto interior. El arquitecto Ambrós Escanella intervino en ese primer pasaje de 1940. Cuando se construyó posteriormente el nuevo Teatro Iris, José de Yarza modificó su trazado, aunque mantuvo en buena medida el aspecto de la entrada anterior. La fachada de aquel acceso y el pasaje sobrevivieron sorprendentemente hasta mediados de los años noventa.

Esto explica algunos recuerdos de los zaragozanos ya muy mayores como yo, que recordamos la sensación de atravesar una especie de túnel desde la zona de la plaza del Carmen y encontrarnos repentinamente con un enorme espacio casi escondido detrás o dentro de las viviendas.

A comienzos de los años cincuenta, la Junta de Espectáculos de la Provincia de Zaragoza inspeccionó Iris Park. Las instalaciones habían sido construidas veinte años antes con carácter provisional y se encontraban muy deterioradas. Para que el Teatro Iris pudiera cumplir las nuevas exigencias reglamentarias necesitaba reformas importantes.

Zaragoza proyectaba una nueva gran vía que debía atravesar precisamente una parte considerable de los terrenos de Iris Park. Aquella vía acabaría convirtiéndose en la actual avenida de César Augusto. Las nuevas alineaciones afectaban de tal manera al viejo teatro que reformarlo racionalmente resultaba muy difícil. El viejo Teatro Iris y el Iris Park había nacido como una construcción provisional mientras se decidía urbanísticamente qué hacer con aquellos solares.

En enero de 1952, la Empresa Parra, ya propietaria de Iris Park, encargó al arquitecto José de Yarza García un plan general de reforma. Yarza debía resolver simultáneamente dos problemas: adaptar el complejo a las exigencias de la Junta Provincial de Espectáculos y respetar las nuevas alineaciones previstas por el Plan General de Zaragoza. El enorme solar quedaba dividido en dos espacios. El estudio demostró que ambos condicionantes eran tan importantes que resultaba más lógico construir un teatro completamente nuevo que remodelar el antiguo.

Se planteaba un nuevo Teatro Iris, un cine independiente para unas 750 personas, viviendas para empleados de la Empresa Parra, un garaje en altura y un pequeño hotel destinado, entre otros usos, a alojar a los artistas que actuasen en el teatro. Finalmente solo se materializaron los dos elementos principales: el nuevo teatro y el hotel, aunque este último y en la otra acera del propio teatro, creció mucho respecto al proyecto inicial y acabó convirtiéndose en el Hotel Corona de Aragón.

Según los estudios de José Garrido Palacios se sitúa la actividad de la Empresa Parra en el viejo teatro hasta el 24 de octubre de 1953. Y durante los inicios del mes de noviembre de 1953 comenzó físicamente el derribo. Amparo Martínez Herranz establece que la demolición se prolongó hasta los últimos días de enero de 1954. Inmediatamente después comenzaron las obras del nuevo edificio. Por tanto, el viejo Gran Teatro Iris tuvo una vida de apenas 22 años, de 1931 a 1953.

El Iris Park nació porque aquellos enormes terrenos todavía no podían urbanizarse definitivamente. Los hermanos Aísa levantaron allí un centro de ocio provisional, con materiales reutilizados y estructuras relativamente económicas, para obtener rendimiento mientras esperaban la ordenación definitiva. Y resultó que aquella solución provisional se convirtió durante más de veinte años en uno de los principales centros de ocio de Zaragoza. Cuando finalmente llegó la transformación urbanística que se esperaba desde su nacimiento, el valor y la configuración de los terrenos acabaron con él.

La nueva avenida César Augusto atravesó aquel enorme espacio interior y modificó completamente la zona. Donde antes existían lavaderos y posteriormente pistas de baile, patinaje, jardines, cine y teatro apareció una nueva vía urbana y una edificación mucho más densa.

Sobre una parte de aquellos terrenos se levantó el espectacular edificio diseñado por José de Yarza García. El Teatro Fleta que se empezó llamando Teatro Iris en re cuerdo a su antecesor. Las obras fueron ejecutadas por Dragados y Construcciones y costaron aproximadamente seis millones de pesetas. El 24 de febrero de 1955 abrió el nuevo Teatro Iris. Esa tarde se representó el espectáculo Raza Aragonesa y al día siguiente comenzó la temporada de Rosario y su Ballet de Arte Español.

Era otro mundo arquitectónicamente: un moderno teatro-cine de hormigón armado, con 1.710 localidades, gran escenario y una fachada concebida para la nueva avenida. En 1958, a iniciativa de Heraldo de Aragón, dejó de llamarse Iris y fue rebautizado como Teatro Fleta, recordando precisamente al tenor que había actuado en el viejo Iris en 1935.

Creo que el Teatro Iris de 1931 merece bastante más atención de la que suele recibir. El actual problema del Fleta ha terminado eclipsándolo, como si la historia comenzara en 1955, cuando en realidad el edificio de Yarza fue heredero de más de veinte años de actividad cultural previa. El viejo Iris fue simultáneamente un gran teatro popular, sala musical y lírica, espacio circense, lugar de cine, centro recreativo y escenario de acontecimientos sociales y políticos. Y hoy nadie habla de él, aunque estuviera en el mismo solar en el que hoy nos disputamos entre todos los zaragozanos saber qué hacer para revitalizar el Teatro Fleta en un solar que nos ha costado muchos millones a todos, para ser una vergüenza.

La imagen que vemos arriba era la entrada desde la plaza del Carmen al pasaje que servía de entrada.

19.7.26

Arte Urbano en la Zaragoza escondida


En la Zaragoza escondida, en la Zaragoza de los callejones, también hay monstruos o bichos que se refugian en las zonas oscuras para asustar. Son lugares perfectamente elegidos para que el Arte Urbano ocupe el espacio de los bichos humanos que podrían tener el pecado de asustar a los viandantes. 

Este bicho de blanco está cerca de la iglesia de San Nicolás, y de momento que se sepa, no ha logrado asustar a nadie, aunque sea complicado verle, por su colocación, en un lugar poco transitado.

12.5.26

Altorrelieve en la Zaragoza céntrica pero algo escondida


Entre esa Zaragoza algo escondida se pueden encontrar en las paredes curiosidades que son poco vistas, o poco miradas. 

Os dejo una pequeña escultura o altorrelieve en una calle muy céntrica de Zaragoza. 

No os digo el lugar, pero si descargáis la imagen veréis el nombre de la misma, como pista. 

Curiosamente, a mi no me había llamado la atención.


3.4.26

Zaragoza Escondida 22 - Vuela alto

Ya sé que si eres de Zaragoza este cemento con la frase te es muy conocido, pero igual no. O puede suceder que vengan otros visitantes que no sean de Zaragoza y les guste esta frase en la Zaragoza un tanto escondida. 

Vuela tan alto como tus sueños

No seas nunca tú… quien ponga censuras a tus vuelos, a tus sueños, a tus deseos. Vuela… y ya irás viendo hasta dónde eres capaz de llegar.

18.1.26

Nuestra Señora de Luján en Zaragoza


La imagen de Nuestra Señora de Luján que vemos en la imagen está en Zaragoza. Algo escondida, es cierto, pero está en Zaragoza y en su iglesia más importante, en Nuestra Señora del Pilar. 

Es una virgen que representa a la Inmaculada Concepción revestida con manto, corona y rayos y sin niño, y es la Patrona de Argentina.

El origen de la advocación se remonta al año 1628 cuando Antonio Farías Saá, un hacendado portugués de la zona cercana a Sumampa quiso construir una ermita a la virgen en la zona en donde vivía.

Dicen las leyendas que este portugués solicitó a Brasil una imagen de la Inmaculada y que al llegar a la zona cercana al río Luján ya en Argentina, los bueyes que la transportaban en un carro se pararon y ya no pudieron continuar con el trayecto, pues una fuerza sobrenatural los paralizó en la zona, sin poder seguir andando.

Curiosamente al bajar de la carreta la caja que contenía la virgen, los bueyes volvieron a recobrar las fuerzas para seguir caminando, indicando con eso según la tradición, que era la imagen de la virgen la que les impedía caminar. La que quería quedarse en ese lugar en concreto.

La fe en esta imagen en Argentina, como patrona del país y de diversas grandes empresas, es muy alta. En octubre de 2013, durante el primer año del pontificado del Papa Francisco, más de 2 000 000 de fieles participaron de la peregrinación a la basílica de Luján.

¿Dónde es posible ver la imagen de Nuestra Señora de Luján en Zaragoza, en qué parte del Pilar?

10.1.26

Capilla muy poco conocida en Zaragoza


A veces os traigo imágenes de nuestra Zaragoza que son poco conocidas, o pasan desapercibidas por los viandantes, aunque estén bien a la vista. Son parte de un pequeños juego para ayudar a conocer algo mejor la Zaragoza Escondida. 

Esta capilla está en una iglesia muy conocida y visitada de Zaragoza, sí, seguramente la que más.

Pero es una capilla muy poco visitada, muy poco conocida. Sencilla, austera, simple incluso, se mantiene alejada de las miradas de los turistas ocasionales. ¿Ya habéis adivinado en donde se esconde esta capilla?

Es la capilla subterránea de la cripta del Pilar de Zaragoza, en donde están enterrados muchos aragoneses ilustres.

21.4.25

El Neomudéjar de Zaragoza en edificios privados


Zaragoza no solo es historia y cultura, es también un escaparate arquitectónico donde el estilo neomudéjar cobra un protagonismo especial. Esta corriente, que reinterpreta el legado del arte mudéjar aragonés, salpica la ciudad con edificios de ladrillo que cuentan historias de otra época. Más allá de los monumentos más conocidos, Zaragoza alberga auténticas joyas neomudéjares que merecen ser descubiertas.

El Encanto del Neomudéjar en Zaragoza

El estilo neomudéjar surgió en España a finales del siglo XIX y principios del XX, como una forma de revalorizar la rica tradición constructiva mudéjar, especialmente en el uso del ladrillo visto y los elementos decorativos de inspiración islámica y aragonesa. En Zaragoza, esta corriente floreció, dejando una huella imborrable en su paisaje urbano. Las características más distintivas incluyen:

 El uso magistral del ladrillo como elemento constructivo y decorativo.

 La presencia de arcos de herradura, lobulados o de medio punto.

 La inclusión de motivos geométricos y juegos decorativos con el ladrillo y la cerámica.

Ejemplos Emblemáticos: 

Del Edificio de Correos a Joyas Privadas en edificios de viviendas

Cuando pensamos en la arquitectura neomudéjar en Zaragoza, el imponente Edificio de Correos y Telégrafos en el Paseo de la Independencia es, sin duda, el referente más conocido. Su monumentalidad y su rica decoración en ladrillo y cerámica son un claro ejemplo de este estilo.

Pero la ciudad guarda otros muchos ejemplos, algunos más discretos pero igualmente valiosos. Un caso particular es el edificio de viviendas en la calle San Vicente de Paúl. Muchos zaragozanos de cierta edad lo recuerdan por haber estado su construcción parada durante años, generando una curiosa anécdota urbana. Hoy, este edificio luce una hermosa fachada neomudéjar que, aunque quizás algo escondida, refleja la maestría en el trabajo del ladrillo heredado del arte mudéjar aragonés.

Otros Tesoros Neomudéjares de Zaragoza

La influencia neomudéjar se extiende por diversos puntos de la capital aragonesa, en edificios tanto públicos como privados. 

Otros ejemplos notables que demuestran la diversidad de este estilo incluyen:

 La Academia General Militar.

 El Colegio San Agustín.

 Edificios de viviendas como la Casa Soriano y otros a lo largo de la calle San Vicente de Paúl.

 Antiguas fábricas o construcciones industriales que adoptaron elementos neomudéjares como Galletas Patria.

Cada uno de ellos, con sus particularidades, contribuye a definir el carácter arquitectónico de Zaragoza, mostrando cómo la tradición mudéjar fue reinventada en la época contemporánea.

Un Legado de Ladrillo y Arte

La arquitectura neomudéjar en Zaragoza es un testimonio de la habilidad artesanal y el gusto por la decoración. El trabajo detallado del ladrillo, la combinación de colores y la elegancia de los arcos crean fachadas únicas que invitan a detenerse y observar. Es un legado que conecta la ciudad con su pasado histórico, al tiempo que ofrece un atractivo visual particular.

Te invitamos a dar un paseo por las calles de Zaragoza y descubrir por ti mismo estos hermosos edificios neomudéjares. Desde los más conocidos hasta los que pasan más desapercibidos, cada uno es una pieza clave en el rico patrimonio arquitectónico de la ciudad.

1.3.25

Ni los propios zaragozanos queremos que sea más ciudad


Solo un detalle de la Zaragoza reflejada, de esa Zaragoza que se ve pero poco, menos de lo habitual. De esa Zaragoza que quiere estar escondida aunque no sepamos muy bien los motivos. Zaragoza debería ser más y mucho más clara, pero es que ni los propios zaragozanos queremos que sea más.

30.12.24

Zaragoza Escondida. ¿Dónde está esta cafetería?


Todos tenemos lugares elegidos para reposar o relejarnos, e incluso tenemos cafeterías que nos agradan más unas que otras, precisamente para sentirnos bien, o al menos, mejor. Diríamos que esta es una de las mías.

Está en alto, y esto es una pista importante. Es amplia, no hay muchos clientes, y cuando acudo no es precisamente para ir a la cafetería sino a otra labor, aunque siempre empiezo por la cafetería.

Su gran ventaja, para mí, es los pocos clientes que tiene. Me imagino que para su propietario o concesionario, no es una ventaja.

31.8.24

Imagen escondida de la Zaragoza tapada. El Huerva


Podríamos pensar que esta imagen es de cualquier paisaje prepirenáico, de un pueblo del Somontano o de la Comarca de Calatayud. Pero en cambio es del centro de Zaragoza. Es el río Huerva a su paso por Conde Alperche, debajo del puente que une el Parque Bruil con el barrio de Las Fuentes. 

En esta zona, por la que desde hace siglos se puede pasar justo a la orilla del río Huerva, que no se nos olvide pensando que es una posibilidad actual, hemos visto hace pocas décadas y muchos de nosotros, ratas del tamaño de coyotes. ¿He dicho coyotes?, no, debo ser más justo. 

Del tamaño de elefantes africanos de malas caídas. Incluso algunos vecinos de las calles aledañas, hartos de su presencia, se apostaban por las noches con escopetas de perdigón a cazarlas, mientras se movían en busca de basuras. 

Lo curioso era que otros vecinos menos dados al civismo, les tiraban bolsas de basura desde los pisos hasta el río, en un alarde de idiotez supina. 

Os juro que la mañana en que paseé había dos patos disfrutando del agua algo turbia y no vi ninguna rata. Lo que no sé es si ella me vieron a mi.


12.8.24

Niño desnudo en la Zaragoza del siglo XVI


En esa Zaragoza escondida que a veces mostramos, en esa Zaragoza que solo podemos ver si levantamos la vista un poco, a veces nos podemos encontrar niños desnudos. Esculturas con varios siglos que ahora nos hacen dudar sobre si nos los censurarán o no.

Está puesta la escultura junto a muchas más en la fachada de un edificio del siglo XVI y esta es la única pista; bueno, y que es el centro de Zaragoza, un palacio muy interesante de ver.

2.8.24

La Zaragoza Escondida en forma de leones hambrientos


En esta Zaragoza con ganas de agradar a sus visitantes, es posible encontrar pequeños detalles en sus calles que agradan y sorprenden. 

Zaragoza es ciudad de leones, y lo sabemos todos y los enseñamos. Así que sí, en una de sus calles más principales tenemos a varios de estos leones puestos en su fachada.

¿En dónde se encuentran estos leones zaragozanos? Has pasado por su lado decenas o centenares de veces,  si eres de Zaragoza claro, y es posible que no te hayas dado cuenta. 

Es la Zaragoza Escondida.

16.7.24

Farmacia zaragozana con mucha historia


En esa Zaragoza un tanto escondida conservamos esta farmacia hospitalaria en perfecto estado de repaso histórico. Una farmacia que durante muchas décadas estuvo dando un servicio muy importante en el Centro de Zaragoza, aunque ahora sea un espacio museístico. ¿En dónde se encuentra?


6.5.24

Zaragoza Escondida. Candados. ¿En qué lugar simbólico de Zaragoza está este lugar?


En esa Zaragoza Escondida que a veces os planteo, esta vez os muestro un lugar en el que parejas enamoradas van colocando sus candados de amor eterno, en un lugar muy simbólico.

No os digo el lugar en concreto, os diré que tiene su significado, al menos el nombre del lugar, y que además de tenerlos en esta zona los van colocando en otras cercanas, pero en menor medida.

Desde la primera década del Siglo XXI, los candados de amor han proliferado en varias localidades alrededor del mundo. Candados de Amor, pero también candados de los Deseos, con una palabra o una fecha. Las llaves del candado se las reparten la pareja y si se corta la relación, uno debe ir y abrir el candado y tirarlo.

Con frecuencia son tratados como basura o acto de vandalismo por las autoridades municipales, ya que hay algún costo para su eliminación.

¿En qué lugar simbólico de Zaragoza está este lugar?

17.4.24

Torreón Zaragoza algo desconocido de la Zaragoza escondida


De esa "Zaragoza Desconocida o Escondida" os dejo otro pequeño ejemplo, este muy sencillo y reconocible de una Zaragoza que solo la retenemos en la memoria si somos de la zona o del barrio, y si somos de los que miramos hacia arriba cuando paseamos. 

Edificios como este, palacetes o grandes edificios bien diseñados, de ladrillo y hechos con gusto, tuvimos en Zaragoza muchos más de los que actualmente tenemos. 

El Paseo de Sagasta fue un ejemplo maravilloso de palacetes hoy desaparecidos. Cosas que ya no tienen remedio.

¿En dónde se encuentra este pequeño torreón zaragozano?

2.4.24

¿Dónde estará escondida esta escalera zaragozana?


Efectivamente es una gran escalera mecánica, de subida solo, claro. En esa Zaragoza algo Escondida esa escalera está casi siempre vacía, sin uso. La utilizan pocas personas, y lo curioso es que según datos, la mayoría de las personas no son zaragozanas.

Esta escalera lleva a la primer planta, pero hay otra igual que lleva a la segunda planta y otra más que nos ayuda a subir a la tercera planta. Aunque también hay ascensor.

¿Dónde estará escondida esta gran escalera zaragozana, tan poco utilizada?

1.4.24

Zaragoza Escondida. Máscara teatral


En esos pequeños juegos que a veces nos inventamos todos, los de intentar adivinar en qué lugar está esta Zaragoza Desconocida, hoy os traigo una máscara. Está un poco escondida pero no es complicado adivinar el lugar céntrico en donde está a la vista de todos.

Y no, no es el Teatro Principal, será lógico en exceso. Es otro lugar muy concurrido. Curiosamente nos mira la máscara, pero no la podemos coger. No se deja.

Por cierto, que no se nos olvide, Zaragoza ha sido siempre una gran ciudad para el Teatro (con mayúsculas) por su número de espacios en donde se podia hacer buen teatro desde hace siglos, pero a su vez por la calidad de… de su público.

8.1.24

Zaragoza Escondida, sobre nuestras cabezas


Aunque es muy posible que hayáis pasado por debajo de estas alturas zaragozanas muchas veces, no es fácil que hayáis mirado hacia arriba para ver qué está sobre vuestras cabezas. 

Son esas pequeñas imágenes de la que yo llamo "Zaragoza Escondida" al menos, para nuestra vista habitual. 

Y sí, se repite el motivo, sobre la puerta de entrada y salida y sobre la pared del edificio.

6.1.24

Zaragoza Escondida. Retablo maravilloso


Cuesta mucho admitir e incluso entender que esta belleza artística esté en Zaragoza y casi no se pueda ver libremente sin pagar entrada. No quiero hablar de que las restauraciones se hicieron con gran parte de dinero público, pues no merece la pena meter el dedo en los errores de las negociaciones. 

Pero que sepamos que Zaragoza debería contar más en los Circuitos turísticos en España, y que la suma de torpezas de muchos viejos dirigentes zaragozanos hace que no siempre sea sencillo lograr una presencia más activa de Zaragoza y Aragón en esos circuitos culturales, artísticos, turísticos e incluso religiosos.

No, no quiero decir en donde está este maravilloso retablo, si los responsables de Zaragoza no quieren hacer lo posible para que se conozca, no voy a ser yo quien haga propaganda de lo que quieren tener casi escondido.