20.9.26

Los Cabezudos de los Barrios, también son de Zaragoza

Cabezudos barrio jesus zaragoza

La polémica surgida en torno a la presencia de las comparsas de cabezudos de los barrios durante las próximas Fiestas del Pilar debería servir para hacernos una pregunta aparentemente sencilla: ¿de quién son las fiestas de Zaragoza?

 

La respuesta debería ser igual de sencilla: de todos.

 

Nadie debería discutir el enorme valor de la Comparsa Municipal de Gigantes, Cabezudos y Caballitos. Hablamos de una tradición con más de dos siglos de historia, con referencias documentadas desde comienzos del siglo XIX y reconocida desde 2024 como Bien de Interés Cultural Inmaterial.

 

El Morico, el Berrugón, el Forano, el Boticario y tantos otros pertenecen al imaginario colectivo de generaciones de zaragozanos. No son simplemente personajes de unas fiestas: forman parte de la memoria sentimental de la ciudad.

 

Pero proteger la singularidad de la Comparsa Municipal no debería significar apartar a las comparsas de los barrios.

 

No deberían competir. Se complementan.

 

Cuando terminan las grandes fiestas y los focos abandonan el centro, asociaciones vecinales, comisiones de fiestas, peñas y otros colectivos continúan manteniendo esta tradición. Conservan figuras, crean personajes, buscan financiación y dedican muchas horas para conseguir que los cabezudos vuelvan cada año a nuestras calles.

 

Y consiguen algo todavía más importante: que los niños los esperen con la misma ilusión con la que los esperaban sus padres y sus abuelos.

 

Eso también es patrimonio.

 

LOS BARRIOS TAMBIÉN CUENTAN NUESTRA HISTORIA

 

Las comparsas vecinales no son pequeñas reproducciones de la Municipal. Han creado sus propios personajes y, a través de ellos, cuentan también la historia de Zaragoza.

 

Podemos encontrarnos con Fernando Simón, Marianico el Corto, Matilde Sangüesa o el Tío Jorge, con personajes vinculados a antiguos oficios, al ferrocarril o a la industria, con figuras como Sancho Panza e incluso con homenajes a personas relacionadas con la historia empresarial de determinados barrios.

 

Cada comparsa termina convirtiéndose así en una pequeña crónica del lugar al que pertenece.

 

En el Barrio Jesús sabemos bastante de ello.

 

Nuestra comparsa conserva un veterano Sancho Panza, uno de sus cabezudos más antiguos. Ahí está también el Ferroviario, homenaje a la memoria de la antigua Estación del Norte y a la importancia que tuvo el ferrocarril para esta zona.

 

Y hace unos cinco años el barrio, con esfuerzo, incorporó un nuevo cabezudo dedicado a Juan Solans, harinero vinculado a nuestra historia industrial y propietario de la conocida Casa Solans.

 

No fue simplemente añadir una figura. Fue convertir una parte de la historia del barrio en cultura popular y hacer que volviera a recorrer sus calles.

 

Después hizo su trabajo el ingenio vecinal y muchos terminaron llamando cariñosamente al personaje «el Belloch», por el parecido que encuentran con Juan Alberto Belloch, antiguo alcalde de Zaragoza.

 

Quizá algún niño que hoy corre delante del Ferroviario pregunte mañana qué fue la Estación del Norte. Quizá otro quiera saber quién era Juan Solans y qué historia guarda Casa Solans.

 

Eso también es transmitir patrimonio.

 

ENTRE PERMITIRLO TODO Y PROHIBIR EXISTE LA ORGANIZACIÓN

 

El Ayuntamiento ha argumentado cuestiones operativas y de seguridad para defender el protagonismo de la Comparsa Municipal durante el Pilar. Son razones que deben escucharse. Tampoco sería razonable que numerosas comparsas decidieran unilateralmente recorridos y horarios durante unas fiestas con centenares de actividades.

 

Pero entre permitirlo todo y no permitirlo existe bastante espacio.

 

Se llama organización.

 

Se pueden establecer horarios, recorridos, zonas y requisitos de seguridad. Se pueden evitar coincidencias y coordinar previamente las salidas entre Ayuntamiento, distritos y colectivos.

 

Además, los mensajes conocidos estos días han generado desconcierto. Desde distintos ámbitos municipales se han trasladado explicaciones que no siempre han parecido coincidentes, mientras la alcaldesa ha defendido públicamente el protagonismo de la Comparsa Municipal durante el Pilar.

 

Y, según han recogido los medios, la propia Comparsa Municipal ha recordado el acuerdo tácito y el respeto que tradicionalmente han existido con las comparsas de los barrios, organizándose para evitar coincidencias.

 

Si durante años ha sido posible convivir mediante la coordinación, resulta razonable preguntarse qué ha cambiado.

 

Existe, además, un precedente significativo: cuando en 2024 se impulsó el reconocimiento de la tradición de la Comparsa Municipal como BIC, distintas comparsas de los barrios participaron junto a ella en los actos celebrados en la plaza del Pilar.

 

Entonces podían compartir espacio.

 

¿Por qué ahora esa convivencia parece plantear tantas dificultades?

 

Porque Zaragoza no termina en la plaza del Pilar, Independencia o Echegaray.

 

Zaragoza también son sus barrios. Y el Pilar son las fiestas de toda Zaragoza.

 

DOS MODELOS, UNA MISMA TRADICIÓN

 

También conviene recordar que los portadores de la Comparsa Municipal proceden del personal del Ayuntamiento. Las convocatorias municipales para estas funciones se han dirigido a funcionarios y personal laboral en activo.

 

Son trabajadores que desempeñan habitualmente otras tareas y que, cuando forman parte de la comparsa, asumen además la responsabilidad de representar esta tradición. Existe selección y preparación para manejar las figuras y, en el caso de los gigantes, bailar y ejecutar sus coreografías.

 

Ese trabajo merece reconocimiento y respeto.

 

Frente a ese modelo están las comparsas de los barrios, sostenidas en buena medida por personas que ofrecen voluntariamente su tiempo, esfuerzo y experiencia.

 

Reconocer el trabajo de unos no significa restárselo a los otros.

 

Y quizá esta polémica permita plantearnos una posibilidad nueva.

 

¿Por qué no explorar fórmulas para que, en determinadas circunstancias, portadores experimentados de las comparsas de los barrios pudieran colaborar también con la Comparsa Municipal?

 

No hablamos de sustituir a los actuales portadores ni de que cualquiera pueda ponerse un cabezudo municipal. Hablamos de personas seleccionadas, preparadas y sujetas a los requisitos necesarios.

 

En nuestros barrios existen portadores con años de experiencia. Seguro que más de uno estaría encantado de dar vida algún día al Morico, al Berrugón, al Forano o al Boticario.

 

Podríamos citar algún nombre. Seguro. Pero sería difícil hacerlo sin dejarnos a muchos. ¿Por qué no abrir puertas en lugar de enfrentar modelos?

 

LOS LATIGAZOS SON OTRO DEBATE

 

Alrededor de los cabezudos ha aparecido también la discusión sobre los tradicionales latigazos.

 

Ese asunto merece su propia consideración. Habrá que hablar de seguridad, límites y evolución de las costumbres y escuchar las diferentes posiciones.

 

Pero no deberíamos mezclar ambas cuestiones.

 

Una cosa es discutir cómo debe desarrollarse una tradición y bajo qué condiciones y otra debatir qué presencia pueden tener las comparsas de los barrios durante las Fiestas del Pilar.

 

Ahora hablamos de comparsas, participación, barrios y patrimonio.

 

EL PATRIMONIO DE MAÑANA

 

Y quizá aquí esté la reflexión más importante.

 

La Comparsa Municipal tiene más de dos siglos de historia. Precisamente por eso hoy podemos contemplarla como un extraordinario patrimonio recibido de quienes estuvieron antes que nosotros.

 

Pero hubo un momento, hace doscientos años, en que aquella tradición tampoco tenía doscientos años.

 

Alguien tuvo que comenzarla.

 

Alguien construyó aquellas figuras. Alguien se metió debajo de ellas. Y unos niños corrieron delante de aquellos cabezudos sin imaginar que estaban participando en algo que dos siglos después Zaragoza protegería como parte de su patrimonio cultural.

 

Quizá algunos personajes que hoy recorren nuestros barrios y que todavía consideramos jóvenes sean contemplados dentro de cincuenta o cien años como parte inseparable de la historia de Zaragoza.

 

Porque el patrimonio no aparece de repente cuando una administración coloca una placa o publica una declaración oficial.

 

Se construye poco a poco.

 

Se construye cuando un abuelo explica a su nieto quién es el personaje que tiene delante. Cuando alguien repara un cabezudo para que vuelva a salir al año siguiente. Cuando unos vecinos reúnen dinero para crear una nueva figura. Cuando un portador dedica voluntariamente una tarde a correr con los niños.

 

Se construye cuando un pequeño pregunta qué fue la Estación del Norte porque acaba de encontrarse con el Ferroviario.

 

O cuando descubre quién fue Juan Solans porque un cabezudo le ha llevado hasta la historia de Casa Solans.

 

Por eso no deberíamos enfrentar la historia de la Comparsa Municipal con la de las comparsas de los barrios.

 

Una nos muestra lo que Zaragoza ha sido capaz de conservar durante más de dos siglos.

 

Las otras pueden estar construyendo una parte de lo que Zaragoza conservará mañana.

 

Naturalmente necesitamos normas, seguridad y organización. Pero también debemos comprender que la cultura popular no pertenece exclusivamente a quien la administra. Pertenece también a quienes la mantienen viva.

 

Quizá dentro de cien años nadie recuerde esta polémica.

 

Pero ojalá entonces siga habiendo niños esperando impacientes en una esquina de Zaragoza.

 

Ojalá aparezca un cabezudo. Ojalá vuelvan a echar a correr.

 

Y ojalá alguien pueda explicarles que aquella figura lleva recorriendo las calles desde hace generaciones porque, muchos años atrás, hubo personas que entendieron que conservar una tradición era importante, pero también lo era permitir que nacieran otras nuevas.


Carlos Masa

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