En Zaragoza y en España, hasta el año Febrero de 1943 la explotación ferroviaria corría a cuenta de numerosas y diferentes empresas que realizaban las obras públicas ferroviarias, y explotaban a cambio de este coste de infraestructuras que ellos mismos sufragaban, el servicio de transporte ferroviario.
En esa fecha de 1943 todos los ferrocarriles de ancho diferente al europeo se unieron formando la actual empresa RENFE, quedando los ferrocarriles de vía estrecha en manos de otras empresas diferentes. En Zaragoza el ferrocarril que iba desde Zaragoza a Utrillas era de vía estrecha. Y por eso no se integró en RENFE. Antes ya se habían asentado un gran número de empresas junto a las estaciones de trenes de cada ciudad, a las nuevas puertas de las urbes que crecía.
Esta empresa llamada Compañía del Ferrocarril de Utrillas estaba muy ligada a la explotación minera de la zona, especialmente al transporte de carbón desde Utrillas hasta Zaragoza, aunque también llevaba viajeros.
Habitualmente eran trenes poco cómodos que mezclaban vagones de mercancías, de carbón junto a uno o dos vagones de viajeros. Incluso los horarios de estos trenes de viajeros eran solo teóricos. Primaba el servicio del transporte del carbón, y a veces los horarios dependían del momento de llenado de todos los vagones en los trayectos de bajada hacia Zaragoza, que se hacían llenos de mercancía. El contrario, los trayectos de subida hacia Utrillas se efectuaban vacíos y con más puntualidad.
Junto a estos polígonos empresariales, sobre todo en los años 50 y 60 del siglo XX, estas nuevas barriadas crecen en muchos casos como el de Montemolín para acoger a los propios obreros de las fábricas de la zona, con gentes de la inmigración interior que venían como obreros a las nuevas zonas industriales, con muchas ilusiones y poca preparación, con grandes ganas de trabajar y labrarse un porvenir nuevo, pero sin dejar nunca su pueblo en el olvido.
Esta situación de crecimiento industrial mezclado con asentamientos urbanos de vecinos nuevos, dura una generación hasta que los hijos de los primeros habitantes de las zonas solicitan el traslado de las empresas por el efecto distorsionador y contaminante que ejercen sobre el entorno ya que el crecimiento urbano de esas zonas plantea un ordenamiento urbano y un control de la contaminación muy distinto al que se realizaba medio siglo antes.
La ciudad la mejoramos todos a golpe de exigencia.
Es pues muy indudable el enorme efecto modelador de las ciudades y sus crecimientos, del ferrocarril en aquellas décadas tras la guerra civil, en la ordenación urbana de cualquier cuidad.
Y ya tenemos más o menos introducido el tema del nacimiento de algunos barrios en Zaragoza, en concreto de Montemolín del que vamos a hablar más, pero junto a otros barrios que surgieron en nuestra ciudad por la misma época.
Efectivamente, es la Estación de Utrillas —o de Cappa como se llamó en un principio—, y la llegada del ferrocarril sobre todo para transportar carbón, lo que marca el nacimiento y desarrollo de Montemolín, en una zona de la ciudad agrícola y casi vacía de urbanismo y habitantes en aquellos momentos.
Las estaciones venían en principio a distorsionar la zona, a llenarlas de grandes fábricas en muchos casos contaminantes, a llenar de carbón grandes extensiones de terreno alrededor de las estaciones, a cambiar la zona plácida agrícola por un cinturón duro, sucio y desordenado.
Las vías del tren cortaban las zonas en donde se colocaban como si con un cuchillo se trazara una línea sobre una masa de pan fermentado antes de cocerse. Con el tiempo aquella marca se convertía en una herida profunda y dura. De hecho, Montemolín quedó totalmente separado de Las Fuentes y San José por esta línea de ferrocarril y por una acequia. Algo similar sucedió entre el Barrio Jesús y Arrabal.
¿Ustedes piensan ahora que sería interesante poder conocer cómo era el espacio que hoy ocupa Montemolín, antes de que apareciera el barrio como tal, antes de que el ferrocarril modificara el espacio? ¿Desearían verlo y pisarlo?
Pues lo vamos a dejar para la siguiente entrada. Para hacer boca os dejo un anuncio de la Posada de las Almas de la calle San Pablo, a donde llegaban los viajeros que necesitaban alojamiento, y de donde partían los coches para volver a llevar a los viajeros hasta Montemolín, que eran en las afueras de Zaragoza, y por un real el viaje.
Junto a estos polígonos empresariales, sobre todo en los años 50 y 60 del siglo XX, estas nuevas barriadas crecen en muchos casos como el de Montemolín para acoger a los propios obreros de las fábricas de la zona, con gentes de la inmigración interior que venían como obreros a las nuevas zonas industriales, con muchas ilusiones y poca preparación, con grandes ganas de trabajar y labrarse un porvenir nuevo, pero sin dejar nunca su pueblo en el olvido.
Esta situación de crecimiento industrial mezclado con asentamientos urbanos de vecinos nuevos, dura una generación hasta que los hijos de los primeros habitantes de las zonas solicitan el traslado de las empresas por el efecto distorsionador y contaminante que ejercen sobre el entorno ya que el crecimiento urbano de esas zonas plantea un ordenamiento urbano y un control de la contaminación muy distinto al que se realizaba medio siglo antes.
La ciudad la mejoramos todos a golpe de exigencia.
Es pues muy indudable el enorme efecto modelador de las ciudades y sus crecimientos, del ferrocarril en aquellas décadas tras la guerra civil, en la ordenación urbana de cualquier cuidad.
Y ya tenemos más o menos introducido el tema del nacimiento de algunos barrios en Zaragoza, en concreto de Montemolín del que vamos a hablar más, pero junto a otros barrios que surgieron en nuestra ciudad por la misma época.
Efectivamente, es la Estación de Utrillas —o de Cappa como se llamó en un principio—, y la llegada del ferrocarril sobre todo para transportar carbón, lo que marca el nacimiento y desarrollo de Montemolín, en una zona de la ciudad agrícola y casi vacía de urbanismo y habitantes en aquellos momentos.
Las estaciones venían en principio a distorsionar la zona, a llenarlas de grandes fábricas en muchos casos contaminantes, a llenar de carbón grandes extensiones de terreno alrededor de las estaciones, a cambiar la zona plácida agrícola por un cinturón duro, sucio y desordenado.
Las vías del tren cortaban las zonas en donde se colocaban como si con un cuchillo se trazara una línea sobre una masa de pan fermentado antes de cocerse. Con el tiempo aquella marca se convertía en una herida profunda y dura. De hecho, Montemolín quedó totalmente separado de Las Fuentes y San José por esta línea de ferrocarril y por una acequia. Algo similar sucedió entre el Barrio Jesús y Arrabal.
¿Ustedes piensan ahora que sería interesante poder conocer cómo era el espacio que hoy ocupa Montemolín, antes de que apareciera el barrio como tal, antes de que el ferrocarril modificara el espacio? ¿Desearían verlo y pisarlo?
Pues lo vamos a dejar para la siguiente entrada. Para hacer boca os dejo un anuncio de la Posada de las Almas de la calle San Pablo, a donde llegaban los viajeros que necesitaban alojamiento, y de donde partían los coches para volver a llevar a los viajeros hasta Montemolín, que eran en las afueras de Zaragoza, y por un real el viaje.

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