19.8.17

Bares singulares de Aragón 6: La Estrella y Casa Juan, Huesca

Bar la Estrella, anti-tubo de Huesca. Costanillas hacia la Catedral

Finaliza San Lorenzo que propicia todos los años el retorno a Huesca de todos los oscenses de origen, como Geri Halliwell, la picante spice pija resulta que venía a las fiestas cuando yo vivía en los 90. Porque su madre de Estadilla y criada en Huesca la traía.

Ha sido un año un poco luctuoso porque su principal forastero pero oscense de adopción, el pintor Beulas, nos ha dejado recientemente.

Fin de la feria taurina con mejor cartel que la zaragozana, por casualidad de calendario, que atrae visitantes de todo Aragón y sur de Francia, fin de los vermús masivos en las Cuatro Esquinas. Al mismo tiempo, queda rescoldo festivalero en la provincia con el del Camino de Santiago en Jacetania, con la Fura dels Baus como estrellas, pero con la vendimia del Somontano y la maduración del membrillo, fin de las atracciones.

Eso sí, se augura brillantísima edición del Festival Periferias. Paco Ibáñez, ebanista periférico parisino, cabeza de cartel. Después del Pilar. Bien visto, Luis Lles, siempre pensando en los demás…

También queda lo que a mí me gusta de la ciudad. El comercio tranquilo, un paseo con buenas tapas reposado, incluso un partido de la Sociedad Deportiva Huesca que debieron ser pregoneros en San Lorenzo.  Han sido los siguientes.

Decían los abuelos de Jacetania que a Huesca solo se iba a discutir de contribuciones, quintar y morir. Por el Hospital San Jorge han pasado todos los nuestros.
Mestizos y Casa Juan. Arriba Juanjo Javierre, rapsoda acogedor y siempre sonriente. Mejorando a las Grecas… Te estoy amando locamente…

Pero el Huesqueta de fútbol, como el Huesca la Magia de Bryant y Jackson, dota de identidad, ilusión y pasión sobre todo en Barcelona. Como el Betis. Ha hecho resurgir un orgullo oscense exterior, no nos hace falta mucho para exhibirlo, a diferencia del resto de Aragón siempre callado y mendicante de lo suyo propio.

Esas tardes plácidas de biblioteca, parque, café y paseo. De comida o cena de sarmientos tenían dos templos en el barrio gitano de la Catedral que han tenido relación con mi vida.

La Estrella, café de 1940, se erigió para mí en un punto de encuentro. En un Bonanza, Café Windsor o Gallizo trasplantado. Sito todavía en la preciosa calle Zarandia, subida templaria y mudéjar, curvada, a la catedral de Huesca y plaza del Ayuntamiento, joya gótica-renacentista. Luego estaba la relación de su nombre con Max Estrella, con Valle Inclán. Mi bohemia interior siempre presente.

Precedido de una cena en el Casa Juan y su precioso botellero, portada del primer disco de Mestizos, y una copa en el Continental, La Habana o Botánica… era bien agradable esa estancia con conversación a full en la Malasaña oscense, pero también barrio gitano. 

Huyendo del tubo bati, de la propia movida de Huesca de la que huían para convivir sus principales exponentes.

Esos momentos de los 80 y la noche en Huesca y conciertos de la Zoiti todavía pueden ser revividos hoy con facilidad y sin nostalgia. En un ambiente urbano pequeño pero culto y alegre que los aragoneses deberíamos hollar más. Siquiera para conocer mejor nuestra singular historia en San Pedro el Viejo o el Museo Provincial.

La Estrella y el Continental, buen jazz, mucha motown, buen pop inglés que luego veíamos como Inmaculate Fools. Grandes carajillos, quemadillos y cañas de viernes por la tarde. Ese momento igualitario, donde lo único que importa es lo personaje que seas. Ni tu nómina ni quién te colocó donde, ni por qué acera del Coso subas o bajes… sí, en Huesqueta…

16/08 Luis Iribarren.

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