El llamado libro del Vidal Mayor, es una de las piezas fundamentales del derecho y del arte medieval en Aragón, y el contenido jurídico es una recopilación y ordenación de los Fueros de Aragón que se realiza hacia el año 1247, impulsado en el entorno del rey Jaime I de Aragón con el objetivo de unificar y sistematizar el derecho aragonés.
El lbro con sus miniaturas coloreadas se realiza unos pocos años después, entre 1250 y 1275, posiblemente hecho en Aragón o en la corona de Aragón de aquellos años, aunque se observan influencias italianas y franco góticas.
Los dibujos o miniaturas que se ven en el libro, son especialmente interesantes porque representan escenas jurídicas y sociales, juicios, castigos, relaciones feudales de aquellos años o la vida cotidiana de aquel Aragón.
No son solo decorativas, sino que son además una interpretación visual del derecho. Se puede entender mejor aquellos años observando las miniaturas que leyendo el texto.
Habitualmente estos dibujos coloreados muestras en el mismo escenario diversas interpretaciones. En esta en concreto, podemos ver arriba la lucha de dos soldados con sus respectivos trajes de caballeros. Mientras que en la zona principal vemos una escena litúrgica en una iglesia lo que nos lleva a observar de qué manera se celebraban las misas por entonces.
¿Y qué tiene que ver unir en una sola imagen del Vidal Mayor, una pelea entre soldados y una ceremonia religiosa? Pues está bastante claro, ya en el siglo XIII la Iglesia y los ejércitos estaban muy unidos. Con una mano se imploraba a Dios y con la otra se mataba al enemigo.
Puede ser incluso una lucha por Justicia o por Sentencia, una pelea para que Dios diera ganador como Juez Supremo, al que tenía razón. Se utilizaba este subterfugio para preguntarle a Dios quien tenía razón, a base de ganar una pelea. Ganaba quien era más fuerte —como es lógico—, pero se interpretaba que ganaba quien decidía Dios.
Posiblemente esa Misa que se observa debajo fuera el Juicio en donde se levantaba una sentencia de lucha para legitimar el combate. Y eso, aunque nos cueste entenderlo, era una representación visual para los analfabetos de entonces que eran la inmensa mayoría, de una Ley, de una manera de hacer Justicia.
Este tipo de sentencias se llamaban Ordalías, o "juicio de Dios", y fue un método de prueba judicial predominante en la Europa medieval —y en Aragón— para determinar la inocencia o culpabilidad de un acusado. Se basaba como he comentado antes en la creencia de que Dios protegería al inocente, sometiéndolo a pruebas físicas extremas y peligrosas como el hierro candente, el agua hirviendo o el agua fría. O la pelea entre personas.
La expresión no poner la mano en el fuego por nadie, tan popular, viene de uno de estos tormentos que en realidad eran sentencias judiciales.
Habitualmente estos dibujos coloreados muestras en el mismo escenario diversas interpretaciones. En esta en concreto, podemos ver arriba la lucha de dos soldados con sus respectivos trajes de caballeros. Mientras que en la zona principal vemos una escena litúrgica en una iglesia lo que nos lleva a observar de qué manera se celebraban las misas por entonces.
¿Y qué tiene que ver unir en una sola imagen del Vidal Mayor, una pelea entre soldados y una ceremonia religiosa? Pues está bastante claro, ya en el siglo XIII la Iglesia y los ejércitos estaban muy unidos. Con una mano se imploraba a Dios y con la otra se mataba al enemigo.
Puede ser incluso una lucha por Justicia o por Sentencia, una pelea para que Dios diera ganador como Juez Supremo, al que tenía razón. Se utilizaba este subterfugio para preguntarle a Dios quien tenía razón, a base de ganar una pelea. Ganaba quien era más fuerte —como es lógico—, pero se interpretaba que ganaba quien decidía Dios.
Posiblemente esa Misa que se observa debajo fuera el Juicio en donde se levantaba una sentencia de lucha para legitimar el combate. Y eso, aunque nos cueste entenderlo, era una representación visual para los analfabetos de entonces que eran la inmensa mayoría, de una Ley, de una manera de hacer Justicia.
Este tipo de sentencias se llamaban Ordalías, o "juicio de Dios", y fue un método de prueba judicial predominante en la Europa medieval —y en Aragón— para determinar la inocencia o culpabilidad de un acusado. Se basaba como he comentado antes en la creencia de que Dios protegería al inocente, sometiéndolo a pruebas físicas extremas y peligrosas como el hierro candente, el agua hirviendo o el agua fría. O la pelea entre personas.
La expresión no poner la mano en el fuego por nadie, tan popular, viene de uno de estos tormentos que en realidad eran sentencias judiciales.
Se sumergía la mano en agua hirviendo o en aceite muy caliente, para recoger un objeto, y si aquellas heridas cicatrizaban bien eran por intersección divina. Y si te morías, era por ser culpable según Dios.

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