1.2.17

Por la mujer que puso "santa" a mi nombre

Cada uno crece con sus manías, con sus miedos y con sus pecados. Cada uno somos resumen de tantas y tantas verdades que en un instante se hicieron mentira, que al final somos parte de una historia en la que quisimos creer, porque simplemente había que creer en algo.

Somos casi marionetas de nuestra risa y sombras de nuestras lágrimas y en el camino andamos intentando pasar desapercibidos, ausentes, sin dogmas. Invisibles.

Cuando era niña mi abuela, duelo oscuro, solía decirme que era pecado, porque mi nombre no tenía santa y yo la escuchaba y quería que se callara, pero a ella le divertía ver mi mirada cuando me decía que era pecado y le gustaba repetirlo hasta que yo huía de su lado y me escondía en la carbonera, donde todo era negro y pecado.

Luego sin más, decidí olvidar sus palabras y avancé en los días de mi vida sabiendo que mi nombre era pecado, porque no tenía santa, y bailé con el pecado hasta el amanecer y con el pecado me acosté y con él brindé y con él engañé con las más firmes verdades.

Y en nombre del pecado sucumbí y me levanté y me traicioné y me decepcioné. Y también amé.

El pasado viernes una mujer me dijo: “Hoy es tu santo, felicidades”. Me detuve y le respondí: “No tengo santa. Mi abuela me decía que no tenía santa”. Ella me hizo acercarme hasta su mesa y señalando la fecha, 27 de enero, susurró: “Sí. Santa Ángela de Mérici”.

Le sonreí y le di las gracias y salí de aquel espacio pensando que mi abuela siempre supo que tenía santa, pero a su manera de mujer de La Almolda quería que fuera fuerte, quizá como ella, y yo solo era una niña que todo lo observaba desde una realidad con palabras oscuras que retumbaban en mi pequeño cuerpo y se deslizaban hasta mis tobillos como gotas de agua negra, aterciopeladas, que navegaban entre tu duda y mi quizá.

Cuando aquella mujer pronunció el pasado viernes esas palabras, nació otra realidad, y ahora ya no sé qué hacer con mi pecado ni qué hará él conmigo.

Así que vuelvo a la carbonera de mi infancia y las lágrimas negras y silenciosas son el rubor de un parpadeo y me sumerjo de nuevo en el pecado de un nombre sin santo.

Y a ella, a la que puso santa a mi nombre, le doy las gracias y disculpas porque yo no conozco su nombre.

Ángela Labordeta - eldiario.es - El Prismático de Aragón

Restauración de San Vicente de Roda de Isábena

El Gobierno de Aragón ha finalizado ya los trabajos de restauración de la arquería y de los paramentos del lado norte del claustro de la antigua catedral de San Vicente de Roda de Isábena. Se trata de una actuación cofinanciada con fondos europeos, dentro del Programa Operativo FEDER Aragón 2014-2020.

Los trabajos de restauración han consistido en la restauración de toda la parte septentrional de este excepcional claustro románico. Gracias a ella se han recuperado las singulares epigrafías que componen el deteriorado necrologio que decora tanto este lateral del claustro como los tres restantes. El paso del tiempo y las sucesivas intervenciones llevaron a su deterioro, afectando especialmente a los sillares con epigrafías que componen el necrologio que decora todo el claustro y que lo convierte en un espacio histórico y cultural excepcional.

Recordamos que al comedor de la Hospedería de Roda de Isábena, situado en el antiguo refectorio, se accede por este extraordinario claustro.

Jorge Marqueta