27.9.26

Plaza del Pilar: ¿la estamos convirtiendo en una plaza multiusos?

Valor patrimonial: la plaza ya es el acontecimiento

La Plaza del Pilar no es una explanada disponible para cualquier actividad. Es uno de los espacios más reconocibles de Zaragoza, un conjunto monumental y un lugar central en la historia y la vida cotidiana de la ciudad.

Por eso, las actuales obras de remodelación deberían obligarnos a plantear una cuestión de fondo: ¿estamos dejando que la Plaza del Pilar deje de ser una plaza monumental para convertirse en un recinto multiusos? 

Imagen de El Periódico de Aragón - 1976


La duda no es exagerada. En un extremo está la Basílica del Pilar y, en el otro, la Catedral del Salvador —La Seo—. Entre ambas se encuentra uno de los conjuntos monumentales más reconocibles de Zaragoza.

Quien visita la ciudad no necesita una feria, una carrera, un escenario, un desfile, una parada militar o una corrida goyesca para tener motivos para acercarse.

La propia plaza ya es el acontecimiento.

Su patrimonio, sus edificios, su historia y la imagen del Pilar constituyen por sí mismos un atractivo turístico extraordinario.

Y conviene dejar claro algo: celebrar eventos en la Plaza del Pilar es positivo.

Una plaza así no puede permanecer ajena a la vida de la ciudad. Las actividades culturales, deportivas, festivas, sociales, institucionales, militares o conmemorativas pueden generar ambiente, atraer visitantes y favorecer al comercio y la hostelería.

El debate no consiste en elegir entre una plaza vacía y una plaza activa. La cuestión es otra:

¿Qué atrae realmente al visitante a la Plaza del Pilar?

¿La sucesión de acontecimientos o aquello que hace que este lugar sea único?

Los eventos pueden complementar ese valor.

No deberían competir con él.

No se trata de elegir entre patrimonio y actividad.

Se trata de decidir qué debe estar al servicio de qué.

Saturación de eventos: el problema es la acumulación

La duda se entiende mejor al observar la cantidad de acontecimientos que acoge la plaza: celebraciones relacionadas con el Mundial, carreras populares, Hola Primavera, Zaragoza Luce, conciertos, campañas, exposiciones, actos institucionales, ferias, paradas militares, conmemoraciones de los Sitios de Zaragoza, corridas goyescas y numerosas instalaciones temporales.

A veces ni siquiera hace falta revisar el calendario anual.

Basta un fin de semana.

Ayer sábado, la Plaza del Pilar fue escenario de una carrera popular. Hoy domingo, acoge un desfile de moda.

Dentro de unos días llegarán las Fiestas del Pilar, con escenarios, conciertos y nuevas instalaciones.

Después llegará la Navidad, con el Belén, las casetas y toda la infraestructura que las acompaña.

Durante el resto del año continuarán los actos solemnes, las conmemoraciones históricas, los espectáculos y otras actividades.

Montar, desmontar y volver a montar.

Ese es el problema: la plaza parece asumir cada vez más funciones propias de un recinto para eventos. Las estructuras, vallas, casetas y escenarios pueden dificultar precisamente aquello que los visitantes han venido a contemplar.

¿Queremos una plaza monumental que acoja ocasionalmente grandes acontecimientos o un recinto permanente para eventos en pleno corazón histórico de Zaragoza?

No es lo mismo.

El problema no es cada acontecimiento por separado.

Muchos tienen interés cultural, social, turístico, deportivo, institucional, histórico o económico para Zaragoza.

El problema es la acumulación.

Pero tampoco parece razonable que la primera opción para casi cualquier gran acontecimiento sea siempre la Plaza del Pilar.

Zaragoza tiene otros espacios.

Distribuir parte de la programación permitiría llevar actividad a otros lugares y barrios, en vez de concentrarla permanentemente en el mismo punto.

El impacto de las obras y del uso intensivo

Para entender el debate actual conviene recordar que la Plaza del Pilar ya vivió una profunda transformación en 1991. Aquella remodelación cambió radicalmente su concepción: desapareció el tráfico rodado y se creó la gran superficie peatonal que conocemos hoy.

Los coches dejaron paso al peatón. La plaza pasó a ser el gran salón de Zaragoza, un espacio monumental y ciudadano que unificaba el entorno de las dos catedrales.

Treinta y cinco años después volvemos a actuar sobre ella.

Pero el debate no debería limitarse al pavimento, las fuentes, los árboles o la accesibilidad.

La pregunta principal es otra:

¿Qué queremos que sea la Plaza del Pilar durante las próximas décadas?

Resulta paradójico que en 1991 se retiraran los vehículos para recuperar este espacio para el peatón y que, décadas después, los montajes de acontecimientos exijan periódicamente la entrada de vehículos de servicio, estructuras e instalaciones.

No es comparable el antiguo tráfico diario con la entrada puntual de vehículos necesaria para organizar un acto. Pero sí merece la pena analizar la evolución del uso de la plaza.

Cada actividad puede implicar escenarios, estructuras, vallas, casetas, vehículos de servicio y operaciones de montaje y desmontaje. Todo ello recae sobre un espacio que durante años ha sufrido baldosas deterioradas, piezas desplazadas y reparaciones.

Ahora estamos remodelándolo.

Por eso debemos preguntarnos qué ocurrirá cuando terminen las obras.

¿Renovaremos la plaza para continuar inmediatamente con el mismo modelo de utilización intensiva?

Remodelar cuesta dinero.

Reparar continuamente también.

Propuestas para una plaza viva y protegida

No se trata de convertirla en un museo ni de impedir que tenga vida.

Las Fiestas del Pilar, los grandes actos ciudadanos, las paradas militares, las conmemoraciones históricas, las celebraciones vinculadas a los Sitios de Zaragoza, las goyescas y otros acontecimientos estrechamente vinculados con la ciudad tienen en ella un escenario difícilmente sustituible.

La plaza debe estar viva.

Debe ser lugar de encuentro, celebración y convivencia.

Debe acoger acontecimientos.

Pero los acontecimientos deben poner en valor la Plaza del Pilar, no convertirla en un espacio disponible para cualquier uso.

Cuando un acontecimiento deba celebrarse en la Plaza del Pilar, la conservación del espacio debería ser una condición esencial: protección del pavimento, limitación de vehículos, control de estructuras, inspecciones antes y después de los montajes y responsabilidades claras ante posibles desperfectos.

Las actuales obras ofrecen una oportunidad para decidir no solo cómo queremos que sea físicamente la nueva Plaza del Pilar, sino también para qué queremos utilizarla.

Antes de preguntarnos cuántos eventos necesitamos para atraer visitantes, deberíamos recordar algo esencial: tenemos el Pilar, tenemos La Seo y tenemos una plaza monumental que por sí misma ya es uno de los grandes motivos para visitar Zaragoza.

En 1991 dejamos atrás una avenida para crear una gran plaza peatonal.

Treinta y cinco años después debemos decidir si queremos conservar aquella idea o sustituirla por otra.

Porque una cosa es tener una Plaza del Pilar que acoge eventos.

Y otra muy distinta es convertirla en una plaza multiusos.


Carlos Masa

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