Hoy os dejo la portada del primer número del quincenal “Renacimiento Aragonés” que se publicó el 15 de octubre del año 1935 en Barcelona.
Apoyó la creación del Consejo de Aragón, pero según iba avanzando este y se transformaba en una herramienta que no seguía sus propias ideas, se fue desengañando y cambió su trabajo político hacia la Generalitat de Cataluña.
Una expresión que me gusta es la granadina de que alguien o un conjunto de personal tiene malafollá por contestar de forma destemplada o de mala hostia las invectivas de los cansinos voceros de su propia vida, que nos la recetan sin dialogar ni mediando pregunta alguna por castigo. Pregoneros de sí, del vocablo pregón (pre-vocare, citar en voz alta por delante), acepción reservada en Roma a la vida pública y las noticias faustas o infaustas.
No parece provenir malafollá de una expresión soez, tener relación con poner rictus de centurión romano que no podía hacer el amor durante meses e iba a la batalla con las tripas vacías para que no se le infectasen en caso de ser asaeteado en las campañas de Diocleciano, sino de los fuelles de los herreros del Sacromonte que perdían aire, que por ello no mantenían la temperatura de la fragua. Equivaldría en nuestro castellano actual a dar una contestación con cajas destempladas.
El legado romano a nuestro alrededor es un recurso, una pasión y no hay que referirse a Tarragona para comprobarlo. Dado que Navarra saca partido de sus restos romanos y propone una visita de los restos de villas, ingeniería hidráulica y de caminos y puentes, propone conocer a fondo el soberbio conjunto –excavado y museizado de forma impecable- de la villa romana de Arellano y su magnífico mosaico juntamente y en el mismo día con una visita detenida de la ciudad de Andelos, próxima a Mendigorría.
Este yacimiento es especial pues, a semejanza del largo acueducto romano para regar el Jiloca Alto de Albarracín, la ciudad fue dotada con un numeroso conjunto de presas, depósitos y acueductos que garantizaban el agua en sequías prolongadas, dando servicio a varias termas, extensas viviendas y edificaciones que tuvieron servicio de vías pavimentadas. Andelos fue una fundación romana previa a Pamplona y llegó a albergar hasta tres mil residentes. Es interesante según los historiadores su urbanismo: pues contó con varios barrios como el residencial, el artesano, equipamientos públicos y una cisterna o castillo de agua.
De modo semejante, Clunia constituye junto con la enología y la riqueza patrimonial de sus villas el recurso fundamental turístico del sureste burgalés. Si consideramos el refuerzo que supone a la comarca ser el arranque natural desde Vivar y Burgos del Camino del Cid y las visitas numerosas al Monasterio de Silos y Covarrubia.
Como se citó en un primer texto dedicado a esta desconocida ciudad romana en Aragón, sus equipamientos como capital de convento son equivalentes a los de una capital provincial de nuestros días pero la cuestión es que desapareció y decayó en sus funciones, lo que la hace interesantísima y la aproxima, excepto en el caso de York y Londres, a la casi completa desaparición de las ciudades de Britania. Ello supone que el resto romano más visitado del Reino Unido sea la Muralla de Adriano, sistema defensivo que aparece como referencia inequívoca en el “Señor de los Anillos” y asaltaban pictos pintados como William Wallace según nos lo han mostrado en “Braveheart” de manera anacrónica.
A Clunia no le faltaba nada como a su prima Cesaraugusta. Tenía muchísimos más equipamientos que Osma (Uxama), ciudad que sí pasó a la posteridad como sede obispal que conserva. Ambas, lo mismo que Zaragoza (Salduie), lo que se afirma de Clunia (Kluniaku), se urbanizan en terrenos próximos a asentamientos celtíberos o iberos a controlarse y con algo de agua o previsión para transportarla y acumularla.
Las capitales de convento contaban con una función simbólica y las legiones romanas que les dieron origen no solo contaban con una jefatura, centuriones y milites en un campamento o castro militar que después crecía. Desplazaban con ellas otros números como arquitectos militares (zapadores, pontoneros), agrimensores pues se levantaban de nueva planta y había que marcar por dónde labraban los bueyes, sacerdotes especializados en auspiciar, ingenieros de minas e hidráulicos, artesanos al servicio del ejército que reparaban carros o armas e incluso exactores (hoy interventores) que pagaban las soldadas en sal o dineros –denarios- y hacían la contabilidad. Tras una larga vida de servicio militar, algunos soldados gozaban de inmunidad (segunda actividad retribuida consultiva o de seguridad básica en que se dejaba de portar armas con las manos).
Después estaba la atracción premeditada por el Imperio que ejercían las ciudades romanas sobre la población local que las dotaba de industriales agroalimentarios, trabajadores en los servicios de ocio y gestores de baños romanos. Y aun así nos dejaríamos a la más de la mitad de la población de los vicus: las mujeres de los soldados veteranos licenciados tras veinte años de mili, sus hijas e hijos producto de cruces con la población local, las concubinas y esclavas y esclavos.
Roma fundaba con efecto demostración, no para dotar de servicios a territorios a cuya población local diera estatus de ciudadana. Sus ciudades policromadas y visibles a distancia fueron capitales territoriales en que proveerse de servicios médicos encabezados por galenos griegos, asistir a instituciones educativas los hijos de la nobleza local (principal función de la Osca sertoriana), ir al anfiteatro o al circo a apostar, gozar de una obra teatral con la que curar el alma y asistir, por fuerza o como representante cuestor, a las ceremonias y acontecimientos que tenían lugar en el foro.
En el cruce del cardo y decumano se levantaba por cada cabecera de convento y en su foro un capitolio (templo con tres cellas o salas dedicadas a Júpiter, Juno y Minerva), la curia en que se celebraron las reuniones del senado del convento y una basílica (del griego, casa de los basilios o reyes) que heredan las impactantes cortes judiciales de Estados Unidos. Al tratarse de un espacio público relevante arquitectónicamente para la administración de justicia que, como puede ser con renglones torcidos, mejor que te caiga en una sala de mármol y por una jueza en toga, atención, y peluca empolvada.
Las basílicas remataban plazas porticadas aprovechadas en sus retranqueos para tiendas y bares (tabernas) pues se consideraba salutífera la confrontación directa por terrenal entre magistrados y ciudadanos. Añadamos a todos estos equipamientos funcionales y bellos –a partir de Le Corbusier el urbanismo es orgullosamente feo pero qué bonito y platónico que te lo explica- otros edificios especializados en acuñar monedas y servir como depósitos monetarios de protección reforzada o cecas (erarius, de donde viene lo del erario público y surge la Zuda zaragozana o Torre del Oro sevillana), los arcos triunfales, las columnas, los altares ceremoniales glorificando las victorias y las estatuas.
En Clunia como por la ciudad minera conquense de Segóbriga y las soberbias ruinas y puente de Emérita Augusta, al estar desplazada de la capital romana la Mérida actual, paseamos por una copia en miniatura de Roma antes ensayada en Neapolis, Marsella, Tarragona y Split. Ciudades con función administrativa completadas por barrios donde residen las élites representativas, los legionarios terratenientes y el resto de población local en ocasiones enriquecida como comerciantes (en algunas ciudades con una capa de judíos exiliados). Todos ellos presentes en la mezcla genética base de las legiones romanas a partir de Augusto. Dado que la romanización en Hispania tuvo un fuerte componente colonizador a cargo de legionarios itálicos, concretamente etrurios y de Campania, presentes en la fundación de Osca, Zaragoza y Clunia como componentes de las centurias desde Escipión y las guerras púnicas.
Clunia cuenta con un teatro soberbio para 10.000 personas que se acuesta, como el de Epidauro y por razones de sonoridad, sobre la espalda de una colina. Aún hoy se mantiene en uso y alberga cada verano una campaña espectacular de actuaciones teatrales. Además en la cima del cerro que domina el valle medio del Duero visitaréis los restos de un foro con basílica, templo de Júpiter y tabernas; aljibes para represar aguas de manantial; mosaicos y bellas esculturas y termas. Una ciudad que nos traslada en estado puro y sin las capas de posteriores edificaciones superpuestas a lo que fueron el resto de ciudades romanas en Hispania de modo indeleble.
Aragón tiene malafollá, falta de fuelle, con su patrimonio romano propio. Abandona parece que a propósito una labor integral en Bilbilis. Al menos presentemos qué podría encontrarse de hacer un esfuerzo como el de Navarra en Andelos.
07.08 Luis Iribarren