Los jóvenes ya no saben bien qué fue la CAI, además de un importante equipo deportivo, sobre todo en baloncesto. La CAI era la fenecida Caja de Ahorros de la Inmaculada.La historia de la Caja de Ahorros de la Inmaculada (CAI) es, en realidad, la historia de una parte importante del Aragón del siglo XX. Pocas instituciones aragonesas tuvieron una influencia tan grande en la economía, la cultura y la acción social de la comunidad. Era un banco bastante popular y muy importante por el número de sus oficinas y por el trato de los usuarios y a las pequeñas y medianas empresas.
La CAI nació en Zaragoza el 24 de mayo de 1903, impulsada por la Acción Social Católica de Zaragoza. Su finalidad era muy distinta de la de un banco comercial. Se creó para fomentar el ahorro entre las clases trabajadoras, combatir la usura que sufrían muchas familias y conceder pequeños préstamos en condiciones más favorables. Estamos hablando de una época en la que una gran parte de la población obrera no tenía acceso al crédito tradicional.
Al principio fue una institución pequeña y casi familiar. Sus fundadores pretendían aplicar los principios de la doctrina social de la Iglesia que había comenzado a difundirse tras la encíclica Rerum Novarum de 1891. La caja no perseguía repartir beneficios entre accionistas (las cajas de ahorros carecían de ellos), sino reinvertir sus excedentes en la llamada Obra Social.
Durante las primeras décadas del siglo XX fue creciendo lentamente. Superó años muy difíciles, como la crisis económica de comienzos de siglo, la dictadura de Primo de Rivera, la Guerra Civil y la durísima posguerra española. Precisamente durante las décadas de los años cuarenta y cincuenta comenzó a consolidarse como una gran institución aragonesa.
Uno de los grandes momentos de expansión llegó entre los años sesenta y ochenta del siglo XX. La CAI abrió oficinas por prácticamente todo Aragón y comenzó a convertirse en "la caja de muchos aragoneses". Para varias generaciones fue la entidad en la que se abría la primera libreta de ahorro de un niño, se contrataba la hipoteca familiar o se pedía el préstamo para poner en marcha un pequeño negocio. La proximidad al cliente fue una de sus señas de identidad.
Su crecimiento económico vino acompañado de una extraordinaria actividad cultural y social. Miles de zaragozanos recuerdan todavía las salas CAI, sus ciclos de conferencias, exposiciones, conciertos, publicaciones, becas, ayudas sociales y actividades educativas. La Obra Social Fundación CAI llegó a convertirse en una de las más importantes de Aragón. Un hueco que nadie ocupó, aunque Ibercaja se hizo cargo de la Obra Social de la CAI y algo sí que mantuvo.
Muy conocido es el inmueble de la calle Don Jaime I, inaugurado en 1962 y primera sede central, cuya fachada incorporó un gran mural cerámico dedicado a la Inmaculada que suscitó una importante polémica artística en la Zaragoza de la época por su carácter moderno y poco convencional.
En 2012 la CAI ya integrada en el llamado Grupo Cajatres que lideraba, fue absorbida en Ibercaja Banco. De esta forma desapareció la Caja de Ahorros de la Inmaculada como entidad financiera independiente, aunque se mantuvo parte de su patrimonio social y cultural.
Durante la Transición política en España la CAI se convirtió en uno de los principales patrocinadores culturales de Aragón. Algunos sectores conservadores consideraban excesivamente abiertas determinadas actividades culturales promovidas por la entidad, mientras otros sectores progresistas seguían viendo a la caja como una institución demasiado vinculada al mundo católico tradicional. La paradoja es que era criticada desde posiciones ideológicas opuestas al mismo tiempo.
En los años 70 y 80 del siglo XX, la enemistad entre la CAI y la hoy llamada Ibercaja entonces la CAZAR, ambas aragonesas, fue muy elevado y a la vez soterrado. Si pisaban el mismo negocio, pero desde perspectivas diferentes. El anuncio de un sorteo que vemos arriba es del año 1973.