22.6.26

La Zaragoza de hace un siglo y las afueras


A principios del siglo XX, con el comienzo de la aventura automovilística, las gentes de bien paseaban con sus carruajes por las afueras de la ciudad de Zaragoza, recorriendo las zonas de huerta, respirando el buen cierzo cuando lo había o recibiendo el sol suave del atardecer cuando el calor apretaba. Las familias con posibles empezaban a utilizar el coche como ocio para ir a lugares más lejanos, pero sin abandonar la ciudad.

Unos de los barrios preferidos para pasear era Torrero, a donde subían a divisar Zaragoza y ver la silueta de sus torres, para después bajar siempre desde el canal por el barrio de Montemolín, para tener como fondo de sus miradas las torres del Pilar.

En ese paseo se encontraban y hacían parada en lo alto del Cabezo, en la finca Vista Hermoso, en donde estaba el restaurante de D. Justo Mata, que daba servicio de bar además del de bodas y banquetes. Era pues un entretenimiento de las gentes viajeras de la ciudad: pasear y conocer la nueva obra del Canal Imperial mientras disfrutaban de su nueva adquisición.

Entre Miraflores y los Montes de Torrero, esta Valderrugiana. Este emplazamiento, atravesado por el Canal Imperial, y casi cortado en dos por él, es todavía hoy un lugar lleno de pinos y vegetación, en donde las gentes de principio del siglo XX acudían con sus primeros coches de caballos de excursión, como el que va hoy a Salou o al Valle de Ordesa. 

Desde principios de siglo, y hasta los años 60 de nuestro siglo nos movíamos por las afueras, que no hay que disimular ni tener reparos en decir que hasta hace bien poco íbamos de campo zaragozano los domingos y fiestas de guardar.

Durante las décadas de 1910, 1920 y especialmente los años 20, muchas familias acomodadas comenzaron a considerar el automóvil como un elemento habitual de su patrimonio. No era todavía un objeto "normal", pero sí relativamente frecuente entre médicos prestigiosos, abogados importantes, comerciantes de éxito, propietarios agrícolas, fabricantes o familias burguesas de nuestra ciudad. En aquellos años tener coche era como tener yate hoy en día.

¿Quién recuerda todavía los grandes grupos de gentes que atravesando parte de Montemolín y todo el de Las Fuentes se adentraban hasta el Soto de Cantalobos a pasar todo el festivo, en donde montaban comidas y cenas, piscinas naturales y casetas de juegos para niños, juegos de cartas y charlas de amigos hasta bien entradas las noches de verano?

Aquellos fines de semana en Cantalobos duraron hasta los años 70 aunque bajó el nivel económico de los asistentes de principio de siglo, para ser los habitantes del populoso barrio de Las Fuentes los que más utilizaban ese soto natural.

Se acudía también en estas décadas de mitad de siglo pasado al pintoresco lugar de Valderrugiana, hoy ya sucio y llenos de basurillas, pero todavía muy frecuentado por excursionistas de bicicleta y de gran andada a lo bravo, bien desde la Avenida de América, bien desde San José, campo a través.

Era la zona del sureste zaragozano precursora como zona de paso del dominguero actual hacia el campo a pasar los domingos. Conoció de cerca desde mediados del pasado siglo XX las primeras tentativas de libertad para el fin de semana, en aquellas todavía jornadas laborables de excesivas horas semanales.

Por ello no es difícil adivinar que los viajeros de aquella época que paseaban por las afueras zaragozanas en días laborables y con sus primeros coches eran gentes de posibles, y de poco trabajo que hacer. Por aquellos años de mitad del siglo XX era habitual trabajar todo el sábado, e incluso a veces algunos domingos por la mañana.

Los menos atrevidos se quedaban en las esclusas del Canal, mientras que los que tenían ganas de hacer casi escalada, se adentraban por las cuestas de los pequeños montículos, hasta encontrar la meta, que era una caseta de adobe, que había al final de la zona, y de la que todavía quedan las ruinas. 

Era llamada La Caseta, y a su caliente chimenea se habrán contado más de una batallita en tardes oscuras o de frío. Entonces se hablaba, se intercambiaban miradas y chorizo con pan de pueblo, y se bebía en bota de las de verdad, de las forradas en su interior de pez.

Estos primeros domingueros, solían acudir a tomar los soles de la primavera y del otoño, pero nunca los del verano, pues aguantar en aquella inhóspita zona en plena canícula, es cuando menos para premio. Posiblemente los pájaros no acudirían ni a por las migas. Aunque es cierto también, que en aquellas décadas los calores de Julio y Agosto eran menores que los actuales.

Se jugaba al fútbol, a la baraja o a un recién inventado balonvolea. O se hacían excursiones de iniciados boyscout para montar sus primeros campamentos con cañas y ramas. En los domingos de más personal, acudía siempre alguien a vender gaseosas con cerveza, y me imagino que con porrón.

Mientras, los chavales más osados se acercaban al Canal, a la zona llamada de Las Cuevas, a jugar a escondecucas o a médicos, según la edad. Esta zona, muy cercana al Canal, es como una imagen de la tierra de la Luna, por lo seco y calcáreo, pero desde luego sí era una zona original y natural.

Los osados en lo físico, se remojaban en las aguas que bajaban, siempre atentos a no ser vistos por el guardia, so pena de sufrir cuando menos una buena reprimenda. Eran los atractivos festivos de hasta la mitad de este siglo, cuando el Seat 600 todavía no había conquistado las carreteras.

Volvamos “pa” tras un poco y contemos alguna anécdota, sacada de notas externas para amenizar.

En abril de 1909, las trabajadoras del lavadero cercano a Montemolín y las Fuentes, situado en la entrada de Miguel Servet nada más cruzar el río Huerva, llamado "Lavadero de la "Señá" Benita", se rebelan contra su dueño/a.

No les parece nada bien las medidas que se han tomado contra el encargado que las dirigía, que ha sido despedido sin estar de acuerdo los trabajadores en su mayoría mujeres con dicha medida. Al final se arreglan las cosas sin llegar a mayores, empleando el dialogo, cosa importante pues si los trabajadores en huelga eran muy a tener en cuenta por aquellos años, las mujeres lo eran todavía más por su carácter fuerte.

Eso era amor de compañeras hacia su encargado, para dolor de los actuales mandos intermedios que nadie aprecia. Ni sus jefes ni los compañeros.

Julio Puente

19.6.26

Hospital Royo Villanova de Zaragoza. Apuntes Tristes


La Sanidad Pública española la tenemos que cuidar entre todos
, y nos estamos excesivamente centrando en el papel de los políticos y su decisión de caminar hacia una Sanidad Concertada que no privada, pues la privada total no es rentable para las grandes empresas. Y con ello nos olvidamos de todos los que tenemos responsabilidad de cuidarla y nos callamos. No solo es trabajo del político de cada momento, a los que por cierto, elegimos nosotros.

Los políticos de derechas juegan a privatizar lo que resulta rentable, nunca hablan de rentabilizar lo que produce déficit económico en la Sanidad, como parece lógico. Pero además de ellos —torpes dirigidos por listos que están escondidos— tenemos a todos los tipos de profesionales sanitarios no parecen saber bien qué supondría la Sanidad Concertada para un inmenso colectivo profesional. Hablo por ejemplo de algunos Sindicatos.

Colectivos (en plural) por cierto, que se divide entre una inmensa mayoría de profesionales que entregan para suplir las carencias, un 150% de su esfuerzo, mientras una minoría de sus compañeros están a otra labor. Y lo saben todos. Los primeros ya se están cansando, se avisa.

Esta semana me ha tocado por desgracia acompañar a un familiar a las Urgencias Traumatológicas del hospital Royo Villanova de Zaragoza. Para el análisis que os quiero comentar, se junta mi experiencia en Auditorias de Calidad en empresas de diversos sectores y mis años ya dimitidos como miembro de la Comisión Permanente del Consejo de Salud de Aragón, en gobiernos del PSOE y del PP.

El Hospital RV de Zaragoza es una pena como edificio y estructura sanitaria, y lo sabemos todos, aunque casi nadie lo quiera reconocer. Y no voy a entrar en ese tema. 

Voy a poner un análisis rápido de los procesos organizativos. Solo pido que se inspecciones de verdad, por quien debe organizarlos bien. Y no quiero dar detalles que cualquier inspección externa los detectaría en dos días de análisis de la situación.

Pero la organización laboral, de trabajadores que vi este jueves en Trauma —que tuve la ocasión de mirar y revisar, por estar sieta horas como acompañante, y en mis paseos por todo el edificio— es de auténtica sinrazón. No voy a enumerar los problemas detectados. 

Los que han estado sentados conmigo en mesas del SALUD saben que no soy de los de meter el dedo en el ojo. Y no busco que crean lo que digo. Los que me conocen dentro del SALUD ya me “conocen”. No es culpa de este Gobierno, por cierto, para evitar suspicacias. Aunque esté muy alejado de mis ideas.

Cualquier empresa mediana no soportaría la organización que observé. 

La saturación de pacientes es sobre todo por una mala gestión de la Calidad del Trabajo organizativo y la (creo) nula capacidad de vigilancia, de control de calidad, de revisión de protocolos, o de no hacer caso a estos. 

¿Hay inspectores? 

¿Y estos no detectan lo que yo vi?

Insisto que no voy a dar detalles, pues la obligación de conocerlos es de quien los tiene que aplicar y revisar. Y no hablo solo de profesionales médicos, a los que es más complicado revisar. 

Me puede referir por ejemplo al personal de Seguridad Privada o Concertada, al personal de enfermería, al descontrol entre los espacios sanitarios y a los tremendos movimientos de pacientes para hacerles pruebas funcionales y son abandonados en pasillos sin saber los motivos, al olor en los WC, a que haya personas vapeando en la misma puerta de entrada delante de grandes carteles, a los descontroles en la atención, etc. 

No voy a dar detalles de las deficiencias del edificio, ya conocidas por todos, de los tiempos perdidos por el mal diseño del edificio, también conocidos, ni de personas literalmente “escondidas” en un pasillo, etc.

Conozco los protocolos de atención en Urgencias. NO hablo para nada de mi caso particular de esa tarde. Sé los motivos de esa tardanza. Pero hay cosas que no se deben notar tanto, no los debe ver el paciente. Disimular también es un protocolo, y sabemos todos a qué me estoy refiriendo.

Cuando en esas horas eres capaz de observar que cuatro pacientes (sí, cuatro en la tarde noche del jueves 18 de junio de 2026 en Urgencias) se van para no estar esperando tanto tiempo, algo falla en el Servicio.

Yo ya sé que la primera respuesta del propio Urgencias es lógica. “No estarían tan graves como para ir a Urgencias” y es verdad. Pero el error no es del paciente, sino del Sistema que no ha sabido explicar claramente qué es Urgencia Hospitalarias. Y ahora recogemos los errores. Poner carteles no sirve, venimos de tanta ineficacia durante muchos años, que la Participación y la Comunicación, deben hacerse bien, y no creer que son “chiringuitos” inútiles. Pero me da igual. En realidad me da casi todo igual.

Llega un momento en que tendremos que plantearnos qué queremos hacer con la Sanidad Pública. Es grave lo que voy a decir. Tal vez nos hemos equivocado todos. Incluso en llamar Pacientes a los que el Sistema debería tratarlos como Clientes. En este marco mental que nos han metido con calzador, un Paciente parece tener menos derechos que un Cliente, que es al final quien paga el sueldo de sus proveedores. Y ante el que hay que ofrecerle unas calidades buenas.

Es posible que si nos consideráramos Clientes, nos volveríamos más exigentes. Pero claro, eso supone tener abierta la posibilidad europea de tener varios proveedores en donde elegir, y es eso precisamente lo que quieren los que se frotan las manos para Concertar, Privatizar o Derrocar lo que ya tenemos.

Tal vez haya que ir cambiando el concepto de Sanidad Pública por el de Sanidad Concertada, aunque solo sea para meter miedo a todos los que se esconden en los pasillos de Consultas Externas a las 9 de la noche, en donde no los puede ver nadie excepto el tonto de Julio, pues por aquellos pasillos no va nadie pues ya no hay servicios.

Yo conozco los modelos de otros países, ninguno llega a la calidad de la Sanidad Pública Española en los conceptos importantes. algunos están a años luz. Pero es que me da la sensación de que no nos apetece defenderla. Y cuervos esperando a caer encima de ella para llevarse la carne magra de lo que consideran un gran negocio, hay muchos. Y defensores muy pocos, cansados y casi todos de mi edad. Excesivo edad.

A mi, personalmente a mi, me la sopla el que se construya un nuevo Hospital Royo Villanova. Me he visto tantas veces solo solicitando su necesaria solución en el Consejo de Salud de Aragón, y sabiendo los años que se tarda en poderlo construir, que me puedo partir de risa al contemplar lo mal que desde la sociedad lo estamos haciendo para defender un Servicio Básico que fue tremendamente diferente al de todo el mundo mundial. Yo solo observo. Con pena, pero solo observo.

Nota.: Por cierto, un aplauso para quien decidiera arreglar la Sala de Urgencias del RV para Psiquiatría. Era para salir en un Telediario, y lo saben bien los que tuvieron que pasar por allí, y los que decidieron arreglarla. Y no, no quiero hablar de los WC de obra que hay en la calle para los familiares que esperan pero no esperan allí por vergüenza, en un espacio con seis años de vida, que sonrojaría a cualquiera que tuviera dos dedos de frente.