13.8.26

Territorio Joaquín Carbonell. Revisado tras un paseo por Alloza


Su voz bien timbrada, abaritonada, me trasladaba a la calidad de las interpretaciones operísticas de Javier Kraus: qué cantante tan fino. Correspondió Joaquín, aun con sus últimas incursiones en el somardismo musical militante, a una estirpe de cantantes de kilómetro cero pero calidad vocal innegable: Luis Pastor, Amancio Prada, Eliseo Parra y muchos meteríamos pese a la saturación de haberlos oído hasta la saciedad a Luis Eduardo Aute y a Silvio Rodríguez.

Otros autores de letras las cantaron con más testosterona, con quebradiza y excesiva emoción, llegaba el mensaje y no tanto la voz: y no voy a citar aragoneses sino a autores contemporáneos de textos imprescindibles para la poesía española como Robe Iniesta, el combo Cristina Rosenvinge en comunión con Nacho Vegas o la especialista en crear música polifónica de la Generación Y, bellísima por fuera y por dentro, María Arnal.

Joaquín tenía toma de tierra, conexión minera imantada, era rojo pero capilar con más estratos, un buen tío. Recientemente estuve en Alloza, su lugar natalicio, leyendo sus huellas, poniendo el oído en las calles como los indios en las vías para oír si venía el ferrocarril. No vino, pero visité el mejor Calvario, por su bosque de quinientos cipreses centenarios, que tiene Aragón. Gracias, maestro, por generar otro peregrino.

Y pensé en Carbonell como un ciprés bello, antiguo y enhiesto. Capaz de resistir rayos y vendavales, seis meses de sequía, agarrado a la tierra roja arcillosa y manteniendo su tronco recto que en las Cuencas Mineras deviene del color apasionado de los cedros.

Chupando la humedad como las baldosas caldero de las fábricas de gres de Alloza y Andorra, cantando, narrando y entrevistando con la finura estilística de su vecino jotero, José Iranzo, el pastor de Andorra. Que dúos no habrían hecho mis dos cantantes aragoneses vocalmente favoritos.

Como bien ha apuntado Jorge Herrero, al buen vecino con origen en un pueblo hijo del urbanismo árabe Joaquín no le haría gracia esta Zaragoza de metros de calles céntricas con comercios de fundadores jubilados reconvertidos en pisos-zulo. Ya lo denunciaron los preclaros “Arcade Fire” en su excelente disco “The Suburbs”: las ciudades las han dejado crecer hasta la deshumanización en Montreal como en Zaragoza. El volumen, según Win Butler, se concibió como un conjunto de letras dirigidas desde los extrarradios a los centros (cuánto bien has hecho y qué poco se te lee como poeta, Carver, hijo californio de Chéjov).

En Zaragoza parir así implicaría la dirección opuesta a la de las letras irónicas de Joaquín y que, como sucede con algunas de Sho-Hai, algún grupo dejase un testamento poético compuesto desde Valdespartera, Arcosur, Puerto Venecia, Platea o Zuera Sur. En concéntrico, centrifugando.

Barrios que cuentan tras inventario que acabo de hacer en Miralbueno con los siguientes equipamientos imprescindibles: un kebab y restaurantes de proximidad porque muertos los padres nadie hace comida los fines de semana, bares con terraza para el gossip y casquería, varias clínicas dentales y centros de estética, algunas peluquerías, bastantes chinos con tapas unificadas de la ruta de la rebocina que no santifican la Virgen de agosto, muchas tiendas de bicicletas, academias de inglés y, por supuesto, abundantes clínicas veterinarias. Siendo casi imposible encontrar carnicerías, verdulerías o panaderías, vacío que llenan las franquicias. Y esto es lo que hay, como dice Arcade Fire:

En una guerra suburbana, Tu parte de la ciudad contra la mía, Te vi en la orilla opuesta, Pero para cuando cayeron las primeras bombas Ya estábamos aburridos

Para superar esta clase de aburrimiento existencial , la galbana que entra cuando recorremos calles sin comercio, pueblos sin relevo para la panadería, pozas colapsadas cada verano, la vida y obra de Joaquín es inspiración permanente.

Volvamos a su pueblo natal para pasear con sus textos por su parque escultórico y leerlos con él bajo su busto de alabastro, paseemos nuevamente Teruel City Dowtown con salida y llegada en el Instituto Ibáñez Martín, tomemos un par de cervezas con patatas y batatas fritas en ese bar especial de la calle Cortes de Aragón cercano a la redacción de “El Periódico de Aragon”, revisemos su documental para Televisión Española en Aragón sobre José Iranzo en el móvil acodados en el tramo del Canal Imperial que besa a Torrero y Ruiseñores.

Si el presupuesto os da para más, podéis volver a la Barcelona de Carbonell y su público compuesto por la emigración oscense y turolense de los 70. Sus conciertos en las cocheras de Sants, barrio con un núcleo antiguo, así lo requiere.

La admiración de Joaquín por Brassens fue uno de los santos y señas de su propuesta artística, de su poesía hecha melodías bien templadas. Del modo, y aunque también actuó en el Cono Sur, que relacionamos las chacareras y los boliches con el legado musical de Mauricio Aznar, el mejor Carbonell para mí no es el de los recitales con Labordeta y La Bullonera, sino el de los intimistas que perpetró y cuajó este suave turolense en el Mediodía francés y París, donde fue profundamente valorado y respetado como su vecino de comarca: el escultor Pablo Serrano. La mina áspera escondiendo círculos perfectos de metales nobles pulidos, los aragoneses y la búsqueda inútil del alma a través de la geológica. El mito de la caverna revivido.

Hijo de la veta ferruginosa, ciprés alegre toscano de los que marcaron caminos, entrevistador diligente e independiente, aragonés trovador medieval canónico con sucursales en Barcelona y Aquitania, seguid a Joaquín, optad por su sentido de la vida de buena vecindad y diálogo. No hagáis sufrir al perro grande sin misión ni rebaño dejándolo solo en el piso para que palíe vuestra mala relación con vosotros mismos. Y si ya lo queréis más que a los amigos que estuvieron de paso en vuestras vidas, llevadlo a trotar por los caminos de Alloza.

Si el paisaje tuyo es una pensión, Sin domingos y sin pastel

No te amargues por una vez, Te dejamos ser de Teruel

Un beso Joaquín. Ya sabes que vas resucitando, que toparse con tu fantasma en tu luz es una bendición.

12.08 Luis Iribarren


Solsticio sociológico en el Bajo Aragón Histórico, verano del 26


Me gusta revisar cuando salgo de Zaragón, como en esos bares del Bajo Aragón en que aún quedan mesas con patas de hierro colado y tablero de alabastro, las noticias de “La Comarca”: el periódico en formato de papel y digital del Bajo Aragón histórico y Cuencas Mineras. Me da tanto gusto como leer la publicación decana del periodismo aragonés, El Pirineo Aragonés, en el bar de mi pueblo.

Pilar Narvión la alcañizana (fundamental en la historia del periodismo español), Manolo Campo Vidal que colabora aún en el periódico comarcal turolense, mi querido amigo jacetano y a veces mi editor Sergio Sánchez Lanaspa como la red de corresponsales del Heraldo de Huesca de la que vengo como emborronador de ideas.

Así como otras iniciativas y me dejaré muchas, vivas y muertas, como son Radio Monegros, el Ecos del Cinca de Monzón, el digital “Hoy Cinco Villas” o el “Calatayud Noticias” y la emisora de la SER de Calatayud, han sido las escuelas del gran periodismo aragonés, aumentadas por las iniciativas del Diario de Huesca y el Aragón Digital, y el mantenimiento en el Tiempo del Diario de Teruel y la revista Turia. Todos ellos hablan de un Aragón con pulso y púa, homenajean al genial personaje que es José Luis Paricio (Radio Binéfar y Litera Radio) y al romántico e intenso equipo creador de Radio Benabarre, José Luis Brualla y Pilar Borruel. Estamos disfrutando de los últimos coletazos de las escuelas de participación, al frente personajes en ocasiones que rayaron lo tiránico.

El citado Brualla plantándose en acontecimientos sociales como los hombres de negro de Wyoming, porque, como decimos en la Jacetania pobre cuando hay un ágape en un acontecimiento relevante, “como soy de campo, aquí me zampo”.

“La Comarca” de Alcañiz viene dando cumplida cuenta sobre que el solsticio de mañana va a ser un fenómeno que está motivando más afluencia en el este de Teruel que la propia Semana Santa, patrimonio de la Humanidad. Precios de hoteles y pensiones por las nubes, entiendo que el lugar más especial para disfrutarlo será el conjunto des miradores de la Sierra de los Arcos y, especialmente, el de San Caprasio de Andorra.

La edición que leí glosaba el debate educado y hasta culto de la Corporación alcañizana en torno, y cuando pasa como en muchos municipios Alcañiz tiene suelo industrial colindante al residencial por desarrollar, a la conveniencia de priorizar un PIGA en el cruce de la Venta del Regallo, estepa plagada de instalaciones fotovoltaicas únicamente cicatrizada por un bello tramo de la vía verde de Val de Zafán.

Es que el portavoz del Grupo Socialista es Ignacio Urquizu, sociólogo que no volvió la mirada sino que dejó una de sus dos patas en Aragón, columnista del País, con trayectoria en el Congreso y Senado, que por calidad curricular y política es de esas joyas enterradas en las milhojas de alabastro de su paisaje que Aragón se permite el lujo de ignorar, de dejarlos en el aurea mediocritas de no aportar lo suficiente. Es un talento exportado pero que Alcañiz tiene la suerte de conservar como concejal (no confundir con Barrabés).

Su trayectoria política, la que tiene Guitarte en las Cortes de Aragón, la de mi compañero como independiente en CHA y alcalde de Escucha, gran escritor cuando opina: Javier Carbó, la saga de los Guía y los alcaldes históricos del PAR de Calamocha o del propio José Ángel Biel y la trayectoria de gobiernos populares en el Ayuntamiento de Teruel, el valle del Matarranya y Albarracín, nos hablan de una tierra de concordia, de saber hacer en el debate político como también sucedió y se añora en la diputación oscense.

El número que leí ponía el acento en Antonio Ariño, importantísimo sociólogo de Allepuz con carrera en Valencia (como fue el caso del arquitecto Guitarte, del músico guapísimo Álvaro Lafuente con ojos del Sistema Ibérico que ama a Carbonell (Guitarricadelafuente), del arzobispo de Barcelona de origen queretano Omella y el de tantos turolenses residentes en Cataluña y Levante) que tiene una dilatadísima trayectoria editorial.

Del mismo modo que cada verano nos vuelve el sociólogo de la Canal de Berdún, de Martes, Bienvenido Visauta Vinacua, especialista en sociología del trabajo y al que le publicó la editorial valenciana Tirant lo Blanch… Ah, ese censo pendiente de intelectuales aragoneses en el exilio. Claro, si les dejamos participar, dejarán en evidencia a los trepas de la política de cada partido.

Antonio Ariño Villaroya, catedrático de Sociología de la Universidad de Valencia que con seguridad conocerá a mi vecino canalizo, ha publicado entre otras obras en la editorial citada las tituladas “Asociacionismo y voluntariado en España”; La participación cultural en España ; Las encrucijadas de la diversidad cultural y Diccionario de la solidaridad . He tenido la oportunidad de leer la segunda y tercera citadas que me ilustraron enormemente y que me lanzan a una reflexión.

La noticia que glosa que el sociólogo del Maestrazgo ha recibido el Premio Nacional de Sociología y Ciencias Políticas de 2026 se halla enterrada como cofre en una edición del periódico especial en que al 60% se anuncian los actos de las fiestas de Caspe, de Andorra y de la mitad de la comarca de agosto, con las publicidades correspondientes de concesionarios y peluquerías.

En estas páginas podemos comprobar la continuidad de actos taurinos, de los desfiles carrozas y la conservación de las reinas de las fiestas. Sencillas y espléndidas niñas, reflejan la mítica belleza producto de la mezcla de sangre de los bajo aragoneses, pómulos altos, tez clara pero mate brillante (alabastrada), ojos claros rasgados y pelo rubio o castaño oscuro enmarcados en Semana Santa por los terceroles. Son poseedores los turolenses del este de una belleza judía y morisca legendaria, transmitida de generación en generación como el saber estar y el porte procesional. Así como la pasión artesanal representada por los negocios de Alcorisa.

Pues bien, discusiones de fondo al margen sobre la conservación de este tipo de actos (hoy dentro de la categoría tradición que espetan tantos negacionistas de la participación motivada), lo que me sorprende tras haber visitado Caspe en febrero y no haberme encontrado un sábado cualquiera ni un solo caspolino ni caspolina de origen, conocido que sus colegios públicos a las dos terceras partes de alumnado son descendientes de peones agrícolas africanos, es la nula representación de los nuevos bajo aragoneses en la Semana Santa (quizá sea normal pues no se disimula su no laicidad) como en las fiestas mayores y fiestas patronales (y esto ya se lo tengo que preguntar a Urquizu y a Ariño).

Cero referencias a ellos en ochenta páginas. La vida del interior de Aragón no solo es ese mes y medio de encuentro anual de los hijos y nietos de los emigrados a Cataluña y Levante.

Si los periódicos comarcales, como pasa con los de Huesca, únicamente se limitan a ser el altavoz la crónica de una boda y sus asistentes como es lo normal en el interior de Canadá o Nueva Zelanda, es que son un ejemplo consentido de sofismo, una máscara de la realidad cotidiana que deberse reparar moralmente. No sirven las gotas en forma de fotos de Gervasio Sánchez expuestas cada año en Alcañiz, la trinchera moral no hay que ir a Gaza ni Sarajevo para planteársela. Desde lo pequeño es desde donde se alimentan las prioridades nacionales como concepto indeterminado a adoptar caso por caso, alcalde por alcalde, oposición por oposición, como esperan las familias de las representantes de las fiestas. Muchas hasta reciben subvención para comprarse el vestido de los quince años e invitar a un almuerzo alcohólico al que pocas excepciones de niños de su clase africanos van.

En el programa de fiestas, damas y mairalesas parientes de los concejales pata negra. En el Pleno, ni un solo concejal sin origen español para que no le insulten con que si ha llegado en qué patera. En los actos, ni un solo guiño al 40% de los empadronados que mantienen abierto el colegio.

No se finge, ni en Aragón ni en el resto de los ayuntamientos de lo vaciado, como predicaba Democles con que estar en política hay que hacerlo con la actitud de ser uno de tantos. Declaró varias guerras pero afirmó que sus soldados venían de ellas con arena en las suelas de las sandalias con sangre enemiga (ver la actitud del Estado de Israel en la serie Fauda), lo que por la vía del teatro y sus dramas corrompería las instituciones y, sentenció, afectaría a la vida privada de sus guerreros.

Siembra imperialismo y recogerás civilización…

Labordeta, Carbonell, Sanchis Sinisterra y el andorrano Eloy Fernández Clemente parieron textos y artículos desolados, letras imprescindibles, narrando lo que supuso el vaciamiento aragonés en su generación. Quién está componiendo hoy las obras y dramas, la trayectoria épica de los nuevos aragoneses desde su experiencia propia, desde el rap o el reggaetón.

11.08 Luis Iribarren Betés