9.6.26

Zaragoza 1778. Almagaces de la pólvora


Vamos a ver un plano parcial de la ciudad de Zaragoza y sus alrededores más cercanos, del año 1778, realizado para los planes de la construcción del Canal Imperial de Aragón. Está cortado en dos trozos que se pueden unir, para poder ver mejor los detalles de los lugares que nombra dicho plano. Pero el mapa es mucho más amplio, aquí solo veremos algunos de los alrededores de la ciudad de Zaragoza.

Son detalles hoy desaparecidos, sobre todo en la zona de Torrero y Montemolín, camino a La Cartuja, con el proyecto en líneas verde y amarillo, del que podría ser el trazado de aquel Canal Imperial, según el proyecto de Joaquín Villanova.

Hay un detalle curioso en donde vemos lo que se llama en el mapa: Almagaces de la Pólvora. El término proviene del árabe hispánico al-mahzan (derivado de mahzan), que significa "depósito", "tienda" o "negocio". A su vez, esta palabra proviene del verbo árabe hazana, que se traduce como "guardar" o "proteger". Eran los almacenes de la pólvora de la ciudad de Zaragoza.

Y también nos indica el mapa un paraje del que no tengo muchas referencias que llama "Cruz de El Plano" que efectivamente como lugar o como topónimo que existió.

El Plano se refiera a una zona de huertas y campos agrícolas planos, pero no tengo ninguna referencia de que hubiera ninguna cruz o mojón similar a una cruz, que indicara su ubicación, aunque sé que es la zona de la salida de Zaragoza hacia Alcañiz, en lo que luego se llamó Montemolín.

Julio Puente



Historia del Canal Imperial de Aragón


En el año de 1508, el Rey Fernando el Católico, estando en Zaragoza de visita, dio autorización para sacar un ramal del Ebro a la altura de Novillas, para llevar hasta más allá de Zaragoza agua de riego o de beber para toda la zona derecha y baja del valle del Ebro, aprovechando así una gran extensión de terrenos agrícolas, que se podrían volver de regadío con esa obra, y no sólo cuando el agua se desbordara.

El 25 de mayo de 1510 una Célula del Rey, autoriza la obra para el riego y también para navegación. El 11 de septiembre de ese año, se entiende como muy posible e interesante esta gran obra, sobre todo por la posibilidad de hacerlo navegable, como una Gran Acequia, y sea esta, beneficiosa para las regiones colindantes, como medio de transporte de mercancías y personas hacia el Mediterráneo.

Y por fin el 22 de Junio de 1529, esta vez el Rey Carlos V, firma la orden de construcción de las Gran Acequia Imperial, pero con la cláusula de que, si bien el Rey corría con los gastos de la obra —pues la Ciudad de Zaragoza por aquel entonces no podía— los beneficios que se obtuvieran serian también para el Reino.

Durante 10 años se es estuvo contruyendo en Fontellas una presa de sillería (aguas abajo de la actual), una casa de Compuertas (el hoy llamado Palacio de Carlos V) y una acequia desde El Bocal hasta Gallur. Las dificultades económicas y políticas, unidas a los problemas técnicos impidieron que las obras llegaran a su fin. El arquitecto zaragozano Gil de Morlanes redactó un proyecto aceptado por Carlos I en aquel 1529 para construir la Acequia Imperial

Gil Morlanes tardó 10 años en concluir la primera parte. Hizo 50 Kilómetros de excavación. Pero poco a poco esta gran obra se fue deteriorando, no se restauraba por falta de presupuestos y el año 1772 tuvo que ser destruida la presa por su total deterioro.

En el año 1759, el Conde de Aranda, resucitó la idea delante del Rey Carlos III, también de visita por Zaragoza. Vemos sin duda que las visitas reales a las ciudades eran muy importantes, dado que los medios de comunicación eran escasos para presionar a los dirigentes de la época.

En el año 1768 se forma la Compañía Badín, con la idea de reconstruir la Gran Acequia mediante una Real Célula que redacto el entonces Fiscal de Castilla, Sr. Floridablanca. Aquello no parecía funcionar muy bien, se lentificaba enormemente la marcha de las obras y el 9 de mayo de 1772, por Real Decreto, se nombra Protector de la obra a D. Ramón de Pignatelli, que fue quien le dio el impulso definitivo, quien consigue el milagro de terminarla.

El 28 de Mayo de 1782, ya llega el agua desde más arriba de Tudela, de donde se coge el líquido elemento, hasta el río Jalón, no sin fuerte resistencia de los vecinos de Tudela por la colocación de las compuertas de inicio aguas arriba de su ciudad y no como pretendían ellos, aguas abajo de Tudela.

El 14 de octubre de 1784, las aguas pasan por encima del Huerva, a la altura de Casablanca, y sobre ellas en cuatro barcazas viaja el mismo Pignatelli, para consuelo de incrédulos, que nunca pensaron que se podría llevar el agua hasta zona tan alta de la ciudad de Zaragoza.

En recuerdo de aquellas dudas de los zaragozanos de entonces, tenemos todavía la Fuente llamada de Los Incrédulos en la entrada del barrio de Casablanca.

Al día siguiente las aguas se soltaron por la ciudad desde lo alto de Casablanca, llegando al centro mismo, atravesando todos los campos hasta la zona de la Puerta del Carmen y del Mercado, para que así volvieran al Ebro, en una muestra de que aquella obra no solo funcionaba bien, era provechosa, sino que además no se gastaba más agua que la necesaria, pues todo volvía al río padre de donde se cogía para regar y navegar.

Y también en una prueba para todos los zaragozanos, de que aquello era verdad. Hay que intentar comprender un poco la mentalidad de aquellas gentes, que no veían lógico tamaña obra ni que las aguas pudieran ser dominadas y organizadas.

El 30 de noviembre de 1786 llegan las aguas a los terrenos bajos de Torrero y Montemolín,
y continúan hasta Valderrugiana, en terrenos de Miraflores en donde se pone la última piedra de la presa el 27 de agosto de 1790.

Con la construcción del puerto de Miraflores (en las conocidas como playas de Torrero) se regó toda la zona desde lo alto de los montes cruzando el término de Miraflores, hasta el término de El Plano en Montemolín, convirtiendo toda la zona baja hacia Las Fuentes en terrenos de regadío.

La navegación por el Canal duró desde su construcción hasta la década de 1960, en que todavía se transportaba remolacha por el mismo cauce. La propia Compañía del Canal Imperial, fue también—todo hay que decirlo en su honor y gracia— la que entregó parte de sus terrenos a la ciudad para que esta realizara los parques de Pignatelli, Cabezo de Buenavista y Cortado, y Parque de la Fuente de los Incrédulos.

Solo nos faltaría a nosotros hoy, en este siglo XXI que ve el Canal Imperial como algo lógico, cuidar un poco más la obra, revestirla y acondicionarla según los adelantos que hoy en día tenemos, y si acaso alargarla hasta Quinto de Ebro, para poder seguir regando otras 12.000 nuevas hectáreas en aquellos pueblos cercanos a nuestra ciudad.

En tiempos posteriores a la mal llamada Guerra Civil, se inició un ramal del Canal, en la zona del Burgo de Ebro, por encima del que existe hoy en funcionamiento, con el trabajo duro de los presos políticos de la época, pero aquella obra hoy abandonada, es un fiel reflejo de que a veces la cabeza debe de mandar más que el cabezón.