17.7.26

Aragonexes: Luis Miguel Ferrer Mayayo. Veterinario y humanista. In Memoriam


La vida es compleja y muy sencilla al mismo tiempo. No llegamos sino a la superficie de relaciones en que invertimos esfuerzo y merecemos, otras sin embargo van como un avión y no en su modo a partir de tres pinceladas de trazo grueso, a partir de compartir un espacio virtual o asistir a una presentación editorial en un bello espacio representativo.

Sucede cuando un amigo de amigo llega a conocerte después de quererlo, compartes coro o vas al teatro y conciertos en Sabiñánigo prácticamente con los mismos, una creadora cae para una estancia artística o incluso para vivir en tu pueblo y cuando sientes que formas parte de una comunidad de autores.

Lo leí recientemente en un viaje por la literatura latinoamericana –y la europea de esta temática encabezada por Graham Green, Valle Inclán y Lowry- que he devorado. Autores muy disímiles como el aristócrata y diplomático mexicano Carlos Fuentes, tan pagado de sí mismo y europeo despachando clasismo, y el autóctono picapedrero del español y fino estilista de la rebelión cristera, Juan Rulfo, se respetaban recíprocamente como integrantes de esa masonería sin templo como son quienes se arriesgan a publicar.

Del mismo modo sucedió con García Márquez y Álvaro Mutis en Colombia, con el romántico franco-cubano Carpentier y el barroco autobiógrafo pegado a las faldas de La Habana de su madre, poco fiable para los Castro que nunca saltó del barco, José Lezama Lima. Tan bellamente homenajeado en “Fresa y Chocolate” en el texto de Senel Paz, inmortalizado para el cine por el combo Tabío-Gutiérrez Alea. en la cinta se traslada la atmósfera oscura de color y olor a tabaco, de persiana mallorquina cerrada enmarcando paredes color albero con máculas de viruelas de salitre, de la casa del poeta maestro continuador de Juan Ramón sita en la calle de Trocadero nº 162, cerca del Prado habanero, entre Industria y Consulado.

Blanca rota en su exterior al modo de Sanlúcar o Jerez, cuartería neobarroca con una puerta y ventana de ventilación con detalles decorativos del Gran Canal veneciano, el apartamento del artista y creador Diego –magistralmente interpretado por Jorge Perugorría- viene a recrear el cuarto en el ático de Lezama y su espacio de trabajo, hoy museo, en los bajos. Disponiendo en menor superficie el despacho del que emergía el poeta habanero, como la ballena Moby Dick, de entre un mar de volúmenes y revistas. La habitación propia como viaje suficiente, el maestro solo visitó México DF y, a diferencia del pulcro embajador en París Carpentier, desde su espacio estrábico abarcó todo un universo creativo.

De idéntico modo pero con el espíritu recopilador y científico de Carpentier, al final autor como hijo de arquitecto de una arquitectura de palabras con método, se nos ha ido el veterinario y profesor Luis Miguel Ferrer. Su habitación era más amplia que la de Lezama: abarcaba todas las cabañeras de trashumancia aragonesas, los prados de la Garcipollera y Fiscal con cabañas autóctonas, la partida de Albarracín de los últimos toros que bajan en invierno a Castellón o Jaén, los pastores comiendo migas turolenses con longaniza y chinchorras de riñonada de cerdo.

Mucho más que un veterinario o docente, además un hijo de ganaderos de Sástago, era un compilador de los usos y costumbres, de las expresiones y de la clasificación del ganado previo a la globalización de nuestro común campo aragonés. Puesto que un porcentaje más que significativo de los aragoneses y también de los 70.000 sorianos de origen zaragozanos venimos de pastores trashumantes.

Es por ello que apellidos como Ansó, Berdún, Eyto, Atarés, Alastruey, Bailo, Urzainqui, Broto, Martes, Biniés, Embún, Roncal, Fanlo, Sarvisé, Aísa o Borau es más fácil encontrártelos como marca de origen de sus antepasados repatanes en Zuera, Alcubierre o Almudévar que de donde bajaron desde el Neolítico.

Debo a Luis Miguel Ferrer y la pasión que puso en sus presentaciones disfrutar del libro que más consulto, el que me bajo a las badinas del Veral junto con la novela que esté leyendo para comentarlo con mis convecinos de Martes, Bagüés, Larués –donde fueron mozos pastores los Orensanz- o Biniés. Os emplazo a comprarlo y disfrutarlo cada tarde de invierno y sentir la nostalgia del color de los pastos de puerto de Albarracín o Góriz: se trata de "Diccionario de pastor. Palabras y palabros para entenderse con el mundo rural”, Prames Editorial, que permite que yo siga hablando con mis abuelos y los de mi valle mediante un hilo directo que le debo a un hijo de los meandros del Ebro y que, con la edad y vuelta a la niñez, está aflorando en mi madre como un manantial de aguas permanentes, que sube por los estratos y canales subterráneos del sinclinal de la Canal de Berdún.

El éxito editorial y la conmoción causada por este imprescindible -para todo aragonés de pueblo pequeño librito le “obligó” a publicar nuevamente con el soporte de nuestro común maestro y poeta editor, Rafa Yuste: un buceador que busca perlas en el páramo de cierzo aragonés sin bombonas de oxígeno, un segundo precioso texto homenaje a los veterinarios rurales, que tanto oficiaron como médicos y que yo represento en la figura y anecdotario del veterinario viejo de Escarrilla que me la transmitió a finales de los años 80, cuando le ponía vinos en “El Sarao” cada tarde. Se trata del magnífico "Diccionario rural. Un mundo, una salud", a cuya presentación en Huesca, en la fantástica librería Santos Ochoa, tuve el placer de asistir.

Como renacentista inacabable, como personaje novelesco, se hallaba inmerso en presentar una edición dibujada por él mismo de las razas ganaderas autóctonas españolas que incluirían con seguridad las mías preferidas y espero: el ganado vacuno de Gredos, los caballos de tiro asturcones, las detenidas en el tiempo ovejas churras tensinas, el caballo árabe jerezano, las cabras de Beceite…

Aun coincidiendo tan poco con él, he sentido a Luis Miguel parte de mi propia vida, he estado unido por el tirante de la nave racionalista de Prames del Camino de los Molinos y por el hilo conductor de la pasión por Aragón en el que se relevan Rafa, Josu Azcona Latasa y Luis Carlos Marco entre muchos revisores, editores, maquetadores y preparadores de las premiadas por su calidad ediciones de nuestra editorial. El legado para las siguientes generaciones se está dejando con una calidad que sentimos en muchas ocasiones en vuestros interiores y emociones.

Del mismo modo que tenemos otra comunidad invisible pero de amigos que se cuentan con los dedos de diez manos en la Tribuna Digital de Aragón Digital, regalando pasión por sus profesiones, sentimientos o por nuestro territorio, dirigidos por Roberto García Bermejo con una seguridad y ligereza propia de Luis de la Fuente: qué difícil es lo fácil y coordinados e impulsados por su eficiente equipo de redacción.

A todos vosotros, que cambiáis las vidas de las personas, que regaláis conexiones con nuestros abuelos, que permitís que la emoción sea posible, Luis Miguel os seguía, amaba y devolvía regalos de toda una vida de pasión bucólica. Una vez al año peregrino al mirador de Sástago para solazarme en día de cierzo con el puente que creo más bello de todo el valle del Ebro, que adorna, dando a su vez servicio carretero para alcanzar Rueda y Escatrón, el meandro más cerrado del río padre, el río del pueblo. A partir de este año, será una ocasión para llevar uno de los diccionarios de mi querido compañero y pararle el tiempo en su pueblo.

Le dedicamos como no despedida, como fundamento de un recuerdo en mí imperecedero, un fragmento de una égloga dedicada al Virrey de Nápoles de uno de los mejores poetas pastores, con Pessoa, de todos los tiempos. El poco valorado por su cristalina perfección Garcilaso de la Vega, que tocará desaprender en el camino a la senectud infante que todos hemos emprendido, y Luis Miguel no se ha perdido como crío siempre repatán:

El dulce lamentar de dos pastores, Salicio juntamente y Nemoroso,
he de cantar, sus quejas imitando; 

Cuyas ovejas al cantar sabroso
estaban muy atentas, los amores, de pacer olvidadas, escuchando.

16.07 Luis Iribarren

15.7.26

CLVNIA 1: Su conexión con el patrimonio romano aragonés

Tengo un compromiso para poner Clunia en el mapa sentimental de todos los aragoneses y que la visiten. Tengo una deuda basada en cuán importante es cuando visitas una comarca que alguien te la haga sentir más allá de una guía.

No es lo mismo que te explique la complejidad y sencillez mineral de un vino mencía del Bierzo Raúl Pérez, cómo cambia su color y calidad según la altitud o composición mineral de un pago, que seguir las publicaciones especializadas o pedirlo en un restaurante porque te lo recomiendan.

Como tampoco que te enamores de una comarca demasiado ignota, pero próxima a Aragón, sita en el sureste de Burgos y capitalizada por Aranda de Duero, a partir de unas buenas preguntas pero unas mejores respuestas de los vecinos del lugar y la excelente atención de la Oficina de Turismo de Peñaranda de Duero. Esas sabias recomendaciones que te conducen en julio a los campos de lavanda en majestad en Caleruega, solo porque pasabas por allí.

El guiado de la Cartuja de Nuestra Señora de los Monegros, los de Gozarte en Zaragoza o la pasión de los guías leoneses de San Isidoro matizando sus comentarios con el fondo de haber visitado el Museo Diocesano de Jaca, no puedes encontrarlos en una costa saturada cada fin de semana y deben ser un ancla para ampliar conocimientos vuelto a casa.

Los enigmáticos y antiguos vinos de las laderas de Valtuille en Francia serían un grand cru, vinos con marca de origen. Sucede algo semejante con las producciones limitadas de vinos de Murero, el valle de Secastilla, los de altura en Tabuenca y los vendimiados de noche en Uncastillo, por ellos mismos tienen su propio carácter y relato. No se resienten sino que mejoran si no acertamos con los adjetivos o directamente tartamudeamos para glorificarlos sus amantes.

Cada año en Aragón, que alberga por superficie una importante cantidad de patrimonio de origen romano, la Universidad de Zaragoza en colaboración con los ayuntamientos afectados prosiguen en verano y con rigores climáticos importantes las campañas de excavación de nuestro patrimonio resucitado. Citemos los hallazgos y aportaciones más singulares de los mismos o el patrimonio consolidado relevante:

· Artieda (Jacetania): en el Forau de la Tuta se descubre una terma enorme que se supone no propia de una villa sino que por su dimensión daría servicio a una importante ciudad o asentamiento fundado en la vía Antonina: la que comunicaba Cesaragusta con Bearn por Sigea (Cinco Villas) y Iacca, que se bifurcaba además a Pompelo o Pamplona por la villa romana de Liédena y Lumbier, sobre el río Irati.

· Los Bañales (Uncastillo): en este yacimiento cercano a Layana y Sádaba, prosiguen los trabajos de excavación anuales que ya van por dieciocho ediciones y han permitido recuperar el legado de esta importante ciudad media regida por los Atilios que contó con un largo acueducto y sistema de conducción de aguas, unos baños considerables y un foro que denota su prosperidad al ubicarse en un valle de feraces tierras blancas para el cultivo de las mieses. Como curiosidades fundamentales, merecedoras de reconocimiento internacional, un proyecto ha recuperado la elaboración de tejas con técnicas romanas y otro está excavando un lagar de vino en Biota.

· Cesaraugusta (Zaragoza) pone en valor su teatro y foro romanos mediante aprovecharlos como sede de conciertos y representaciones, hacerlos vivos más allá de su excelente musealización. Música en el Foro, festival estival de música clásica, va ya por su edición número 33ª, trasladando a lo que debió ser una función básica de los foros: su función escénica procesional y civil. La gran labor del Festival del Teatro Clásico de Mérida o del Teatro de Epidauro pesan mucho y para muy bien.

· Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca) fue desenterrada como proyecto de colaboración binacional, a cargo de las Universidades de Zaragoza y Burdeos. Es una referencia fundamental histórica su abundante legado de inscripciones en pedestales muy bien conservadas (una de las marcas de importancia de Clunia) y la calidad arquitectónica de sus dos termas. La epigrafía permite fechar de manera precisa la vida cotidiana o política de una ciudad o civilización como sucedió con el hallazgo bajo la lava de Pompeya de inscripciones o anuncios como el “cave canem” que quedaron detenidos en el tiempo. Cuando los testimonios en papiro o papel por deteriorables deben ser reescritos unos siglos más tarde (el fechado de los textos codificados de la Odisea o del Nuevo Testamento es muy posterior a cuando se supone se aquilató la tradición oral musicalizada de donde provienen).

· El legado romano a visitarse más relevante en Aragón no puede soslayar la arquitectura e ingenería del agua ejecutada en Almonacid de la Cuba que garantizaba el riego de miles de hectáreas desviando el curso del río Aguasvivas, la presa romana de Muel sobre el Huerva que complementó el abastecimiento de Cesaragusta principal mediante acueducto de las aguas del Gállego, y el mausoleo de Fabara, el mejor conservado de toda Hispania, de la época Antonina en que el Bajo Aragón produjo y comerció con grano al modo de Sicilia, como uno de los graneros del imperio. Lucio Emilio Lupo, que encargó el bello monumento funerario, pertenecería a una aristocracia mercantil semejante a la de los comerciantes judíos de Odessa del siglo XIX emigrados a París que exportaban los cereales de la tierra negra ucraniana.


La Comarca de la Demanda burgalesa, que desciende desde la sierra por bosques inicialmente de carrascas y quejigos, y después de viñas centenarias de tempranillo Ribera, hasta Nuestra Señora del Vino y el río Duero, especialmente por Silos, Covarrubias y el valle del Arandilla, cuenta con un notabilísimo patrimonio romano a la altura del aragonés.

Clunia fue la subsede provincial de uno de los siete conventos de la Hispania Superior Tarraconensis, concretamente capitalizando el Conventus Cluniensis que regía desde la ciudad del sur boscoso burgalés un territorio administrativo extenso y selvático que abarcaba las actuales Cantabria, buena parte de Euskadi y norte de Castilla.

Así como el resto de capitales conventuales son todavía relevantes en el presente, difícilmente excavables y los restos romanos se descubren en los subsuelos de Tarragona, Zaragoza, Cartagena, Astorga, Lugo y Braga muchas ocasiones se inventarían pero se tapan, la ciudad tarraconense de Clunia se despuebla en el siglo III, no siendo relevada su función central por obispado o centro visigodo político alguno. Su estado de abandono, incorporaciones de elementos y sillares a monumentos posteriores, ha sido crucial para que los fondos del Museo de Burgos sean de los mejores del mundo en arte de la vida cotidiana romana.

La ciudad se mandató en erigir en tierras celtibéricas levantiscas por Tiberio como jalón central y centro civilizador, con función logística y representativa, en la calzada que partiendo de Cesaragustura cortaba por el Duero norte en dirección a Asturica Augusta. Otro ramal o calzada partía de Clvnia en dirección a Toletum (Montes de Toledo) y la capital provincial de Lusitania, Emerita Agusta o Mérida, utilizando para ello los cordeles hollados por los pastores trashumantes de esta zona del sur del Sistema Ibérico.

Nada inventaron ni siquiera los romanos, que todo lo aprovecharon y los apellidos típicos de los romanos clunienses como Sulpicius y Sempronius se hallan presentes en los monumentos funerarios lusitanos, simplemente porque bajaban en invierno con el ganado y comerciaban con las excelentes galletas de trigo castellano.

Continuaremos con el legado de Clunia, su puesta en valor como ciudad central y los intentos de que sea seña de identidad del sur burgalés a cargo, como sucede en Aragón, de apasionados por la cultura cuya media de edad supera la de la prejubilación, que han hecho colaborado, dado y compartido con los científicos universitarios, una cuarta parte de su vida. El resto compuesta por la de sus obligaciones laborales, familiares y mantener otras asociaciones.

En cuanto a los apellidos romanos frecuentes en Cesaraugusta, según el legado epigráfico propio, los linajes más abundantes que no sorprenderán portaban los cognomen itálicos de Valerus (San Valero y Marcial, los fuertes de buena salud), Licinus (abundante entre los legionarios fundadores, mote aplicado a los de nariz respingona) y especialmente Fabius (uno de los primeros diunviros se llamaba Marco Fabio, ¿de donde viene Fabara o porque en ella residieron cultivadores de habas, origen del nombre de clan?).

14. 07 Luis Iribarren