12.6.26

Las Cortes de Aragón y las fiestas sexuales en Teruel


Que algunos partidos aragoneses caigan en la trampa de apoyar la investigación desde las Cortes de Aragón de la fiestas sexuales del exministro Ábalos en Teruel, me parece de una tontería digna de resaltar, y por eso la traigo aquí. Admitiendo que debería callarme.

Me cabe en la cabeza que el PP y VOX en sus ansias desmedidas de pelear contra el PSOE, dentro de su Marco Mental de que contra peor todo, mejor para ellos, lo presenten a Cortes y además sabiendo que no necesita más apoyos ni votos que los suyos. 

El que esta iniciativa la secunde el propio PSOE es de sentido común, para que nunca les digan que ellos están votando que NO por tapar los trapos sucios.

Pero que CHA y Teruel Existe caigan en la trampa… es de premio a la antipolítica. Algo en donde por cierto, no han tropezado desde IU, que se abstuvo.

Claro que estoy en contra del uso de la prostitución, del abuso de un hombre a una mujer, de una persona a otra persona, más si es pagada con dinero presumiblemente de todos. De eso no creo que haya dudas. Ninguna. Es esclavismo que se mantiene durante siglos. Pero de esos hay muchos… y algunos no los queremos ver. 

Pero tampoco debería haber dudas sobre el uso de las tonterías en forma de zancadillas para embarrar las relaciones, que han utilizado otra vez los partidos de la derecha aragonesa contra la izquierda. 

¿Conocemos de cerca el problema de la prostitución o simplemente nos dejamos llevar por los conceptos? 

¿Hemos pensado con calma, qué estrategias deberíamos analizar para acabar con la lacra de la prostitución de personas contra personas? 

¿Es bueno para las soluciones de este problema de dignidad de las personas (siempre) con menos recursos, el ponernos a investigar desde las máximas instancias políticas de Aragón, si un ministro de Madrid gastó en Teruel dineros de todos… en fiestas sexuales? ¿O se busca otra cosa?

Yo tuve de joven bastantes contactos con las personas que ejercían la prostitución. NUNCA hice uso de esos servicios como es lógico y presuponen los que me conocen, pero sí estuve decenas de veces junto a un grupo de jóvenes y un par de adultos del barrio de San Pablo, pasando tardes con algunas de ellas a modo de relación social antes de abrir sus locales en Zaragoza. Eran los años 70. 

Entendí y respete claramente aquellas situaciones que sufrían y en donde nada es blanco ni negro, como en decenas de otras situaciones duras de la vida. Íbamos a darles conversación, vida, a intentar ayudarlas si lo solicitaban. Sin vender ideas, haciendo música y conversación, y escuchando. Sí, eran años del asociacionismo social de barrio, en donde por cierto todavía hoy existen esos contactos entre todos los vecinos de la misma zona.

Caer en la trampa desde CHA y Teruel Existe, quedarse solo en hacerle el barro a la derecha, es un error absurdo, lo que demuestra que no se conoce el problema de la prostitución de cerca, o solo desde un punto de vista. 

A los ciudadanos hay que buscarles soluciones a sus problemas, no restregar por los hemiciclos y de forma torticera, los graves errores de tontos de la política poderosa. Y ante la prostitución hay que trabajar más y mejor, aunque sea duro entrar en los espacios, escuchar e intentar entender la complejidad de un abuso de personas contra personas.

11.6.26

El imperio de los Sentidos Aragoneses: El verano


Para Mauricio Wiesenthal, que no sabemos si es sobrino del cazador de nazis de Viena, pero que goza de esa capacidad al alcance de tan pocos de mejorarte un día de hospital y llevarte con él, zarpar en su barco y ver el mundo con sus sentidos.


Recientemente leí todo lo que cayó en mi mano, ampré (pedir prestau, lo que me prohibió yayo para comprar el primer coche) o merqué del cronista viajero, de costumbres y especializado en glosar la época de oro del Transiberiano: el barcelonés y gran escritor, escaso en España en su género y tributario de Josep Pla, Mauricio Wiesenthal.

Recomiendo especialmente la lectura de las obras editadas por la editorial Acantilado de este catalán old style, salido del magma de las familias que podían contratar un crucero en los años 50. Y especialmente os hago la sugerencia para que la llevéis a efecto en momentos de duda, depresión, acoso laboral o de ingreso de un familiar en el hospital. De todos sus libros, solo me queda pendiente de leer la sugerente crónica autobiográfica de este envidiable personaje y además enólogo, titulada nada menos como: “Las Reinas del Mar: Memorias de una vida aventurera”. Porque hago como en las ciudades, me gusta que me queden lugares pendientes para volver, porque bebo de las fuentes como me enseñaron en Escarrilla: “el que bebe, vuelve”.

Aventurera sí que está siendo su vida porque nuestro querido Mauricio ofició, y aun hoy lo hace exclusivamente como free lance, y en diversas entrevistas ha subrayado los riegos de dedicarse a una literatura de hacedor de crónicas sin la red de encargos previos de semanarios del maestro Pla. A su riesgo y ventura, permutando la obligación que comporta la expresión “quehacer” por el feliz palabro por él parido “quesoñar”.

Me quedé clavado en el sintasol del magnífico en instalaciones y medios Hospital Provincial de Zaragoza, una cura geriátrica que permite la de los acompañantes, cuando leí que su siguiente proyecto literario pasaría por describir la memoria afinada en el sentido del olfato, que le fue causada por los distintos jabones de pieza de los grandes hoteles europeos que visitó desde niño. Me resultó un proyecto asombroso, universal, vigente en tiempos de pérdida de los sentidos e inmediatamente le quise copiar a mi escala aragonesa, con el cierzo afinando ciertos olores pero también evitando y borrando de nuestra memoria los de pudrición, tabaco y hongos. Su asociación del hotel Ritz de Madrid con el jabón de la marca “La Toja”, o de los de ligeramente inferior categoría con el de “Heno de Pravia” que distintas generaciones llevamos impresos en la memoria olfativa, me resultaron de una brillantez indiscutible.

Y me dije, vamos a proponer un juego. Estimular la vuestra a partir de los olores y sentidos intervinientes en un verano de niño en Berdún, en los años 70. Mosaico de trencadís, roto como las relaciones interrumpidas pero algo más, en que deberéis de añadir vuestras propias teselas de memoria. Como os decía, limitarme a los olores y no combinar los cinco sentidos añadiendo el sexto, en japonés umami, se quedaría corto y me parecería una oportunidad perdida. Allá van mis propuestas desagrupadas y borbotonescas como yo, dándoos soluciones de experiencia para evitar sus efectos colaterales:

· Picor del polvillo de ordio o trigo cosechando, que causaba un recozor semejante al roce de unos canzoncillos sintéticos en un día de andada de bochorno en que te los cambiarías veinte veces y no llevas talco a mano. Antítesis: la ducha de agua fría de la salida de una manguera de corral y el primer trago de un porrón de cerveza con limón helada, al acabar la jornada y bajando el sol, que te lo quitaba de la garganta.

· Raspaduras de rodilla por caída de la bicicleta con pocos frenos al cruzarte con un coche imitando a Hinault, yendo a nadar a una badina. Se puede acompañar del grito de alerta de los demás críos, el sabor a hierro de los pequeños hilos de sangre de los pequeños raspadizos que no se resistía a catar la víctima, que manaban generalmente en franjas horizontales y la quemazón de echar agua de cantimplora revenida en la herida (era agua y respiramos oxígeno, pues completar la oraciónI. Días más tarde, sentido del tacto, se completaba el post operatorio con el gusto de quitarse las costras y la estupefacción de ver la piel virgen color cochino escaldau que quedaba al aire.

· Primera impresión de echarse a badina o ibón helaus, adicionada por una segunda de ser en el momento de los primeros baños de ambos sexos, el despertar de los pechos y sexos y el milagro de las fuentes de aguas subterráneas que las alimentan, con vetas de agua de distintas temperaturas. Nada mejor que saltar desde un saliente a bomba, gritar fuerte y echar buen trago de agua sin querer.

· El olor del pan con vino y azúcar o el pan con tomate recién arrancado de la mata. Como os recordaría Wiesenthal, en la satisfacción de cazar a un nazi (no, que era el otro), beber por primera vez un vino o comer un jamón bueno con un poco de grasa infiltrada, un ochenta por ciento es sentido del olfato. Luego ya se traga y se pierde la sensación.

· El cambio del color de la tierra después de la Virgen de agosto y las primeras tormentas. Deja de hacer calor por las noches, sentido del sueño, y los ocres y amarillos de la tierra se afinan, pasando a oler a trufa de la muy buena todo un valle. En los puertos pirenaicos, el suelo recupera esos aromas herbales, a menta y heno recién cortado, incluso a pimiento verde, que tanto se valoran como buqué en los vinos franceses. La vida se convierte en mentolada, se anuncia el olor que hace la boca agua de los revueltos de setas sofritas en poco ajo de otoño y el sabor de comerse uvas moscatel de parra.

· El verano también huele a siluro, a barro de río con estiaje; el aire de bochorno del ferragosto pesa, es una pared que atravesar en la bici; las aceras se comportan como baterías de última generación, devuelven calor e intensifican el olor a brea, único comparable a los que dominan en el trópico en que huele a putrefacción, hoja de tabaco y gasoil sin desbastar. Los días de las fiestas también se añade al sentido del tacto de suela de chancla la cerveza pegada del día anterior y su olor ácido. Antes más que ahora, el del tabaco frío de las colillas mojadas que en Jaca espanta a tantos peregrinos: porque los botellones en Holanda solo se permiten en el parque temático que es Ámsterdam desde la llegada de los judíos sefardís. Lo demás les asombra.

· Me dejo para el final los olores a grasa de maquinaria en bechamel con polvo de camino calizo, simplemente nos hallamos ante una cataplasma de olor adictivo solo comparable con pasar la mano por una ovelleta añisca recién esquirada, por mano algo sabia, que no les deje trasquilones.

El verano huele a huerto recién regado, sabe a agua de sandía y ensaladilla buena, es verde oscuro solamente en el hervido de las judías verdes al dente, se siente la alta montaña sin agua como una travesía por el desierto del Gobi y antes sonaba a tertulia de vecinos, hilo de vino bebido de porrón a gargallé pasado de mano en mano, crónicas de un año entero de los emigrados en Zaragoza, Barcelona y América que hasta los veinte años bailaron entre ellos, con el frufrú del perlé. Charradas solamente interrumpidas por el clic de los abridores de los cierres de los botellines de cerveza y las risas de las abuelas que nunca salieron de su valle.

Os toca, nos toca, que vuestros hijos conozcan este archivo aragonés. Gracias, Mauricio.

11.06 Luis Iribarren