Esta de arriba es una viñeta de finales de los años 70, cuando en España se empezaba a ver incluso con agrado que los americanos, los del Norte, estuvieran en España con sus aviones de guerra.
En el año 1953 se firmó el acuerdo entre España y los Estados Unidos que incluía la construcción y uso conjunto de algunas bases aéreas e instalaciones militares en nuestro país, eligiéndose la base aérea de Valenzuela de Zaragoza —en terrenos próximos a Garrapinillos— entre las más importantes de ese acuerdo y de Europa. En total fueron tres Bases Americanas en España.
Inmediatamente se iniciaron las obras de adecuación y ampliación de las instalaciones anteriores, se construyó una pista de vuelo paralela de 3.718 metros, calles de rodaje, estacionamiento de aeronaves y edificaciones para vivir en la Base, no solo viviendas para las familias de los americanos, sino zonas de ocio, supermercados, colegio, etc.
Las obras en Zaragoza comenzaron en 1953, nada más firmarse el Pacto de Madrid entre Franco y Eisenhower y los trabajos primeros duraron casi cinco años hasta que las grandes infraestructuras quedaron listas, ya hacia 1959.
Aunque su construcción fue ejecutada por empresas norteamericanas, se contrató principalmente mano de obra local para construir los 13 hangares, las 2 pistas de aterrizaje en paralelo, o los 156 chalets, además de todo tipo de servicios —campo de golf, bolera, cafetería, cine, gimnasio, capilla, colegio, tiendas de todo tipo—, todo ello comprendido en los 23 kilómetros cuadrados del complejo.
Desde el año 1953, con motivo de esa firma del Tratado de Amistad y Cooperación con los Estados Unidos, la Base Aérea de Zaragoza se convirtió en una de las mejores bases aéreas de Europa en donde se instaló una base la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF), que permanecería allí hasta septiembre de 1992.
Tuvo mucha importancia porque fue una de las bases aéreas más potentes de Europa durante la Guerra Fría. Además, Zaragoza funcionó como nodo logístico clave para Estados Unidos y para la OTAN, especialmente en la Guerra del Golfo de 1991 y en otros despliegues hacia Oriente Próximo y el Mediterráneo.
La Base de Zaragoza fue profundamente ampliada desde los años 50. Se reforzó la pista existente y se construyó una nueva pista de hormigón de unos 3.700 m de longitud, con márgenes adicionales, lo que la hacía apta para bombarderos pesados, aviones cisterna y grandes transportes.
La Base se sitúa en el corredor entre Madrid y Barcelona, relativamente cerca del Mediterráneo pero protegida de la primera línea centroeuropea, lo que la convertía en un escalón intermedio óptimo entre Estados Unidos y los teatros europeos, mediterráneos y de Oriente Próximo. Esa localización permitía que Zaragoza funcionara como nodo de repostaje y escala en rutas que unían bases como Aviano o Ramstein con el Atlántico y con la retaguardia norteamericana.
Desde Zaragoza podían operar alas de cazabombarderos incluidos nucleares, aviones cisterna y transporte, lo que la convertía en una plataforma flexible para ataque, defensa aérea y apoyo logístico. Además de su función permanente, durante crisis y grandes maniobras aliadas la base se usó como punto de concentración y tránsito de fuerzas, reforzando la capacidad de reacción de Estados Unidos y de la OTAN en el flanco sur europeo.
La presencia de una gran base USAF en Zaragoza fue también un instrumento para integrar a la España franquista en el “sistema de defensa de Occidente”, pese a su exclusión formal de la OTAN durante gran parte de la Guerra Fría.
Las últimas tropas americanas partieron de la ciudad de Zaragoza el 30 de septiembre de 1992, tras casi cuatro décadas de presencia, dejando una huella muy profunda en la memoria colectiva de Zaragoza.

