22.4.26
Iniciativa Jaca al Natural - 2026
Abordamos el inicio de las nueve rutas y paseos asequibles a cualquier público, complementarios a subir a los ibones de Astún o visitar emblemáticas iglesias románicas como Iguacel que, como cada año, plantea el Ayuntamiento de Jaca.
Iniciativa sencilla, gratuita y que podría extenderse a cualquier municipio aragonés grande e intermedio y a todas sus comarcas: plantear una serie de paseos guiados por guías locales especializados en la materia, aunque no turísticos, de interpretación de sus entornos y paisajes. Ello, atención, en grupos reducidos para no poner en riesgo ecosistemas singulares excepcionales pero delicados. Nos los vamos a guiar a nosotros mismos, dado que como jacetano aunque no jaqués vislumbro cual es el interés o singularidad de cada actividad:
25 de abril: Migración de Aves.
Jacetania y los Valles Occidentales, por consiguiente el término municipal extenso de Jaca, gozan de protección ZEPA y reciben a ornitólogos españoles y de todo el mundo. En primavera y procedentes de los humedales de Túnez, Mauritania y Doñana ciertas aves, y dado que alarga el día, retornan al norte de Eurasia para nidificar y nutrirse tras su deshielo. Tras Doñana y la dehesa extremeña, el pasillo de los Pirineos Occidentales navarro-jacetano se utiliza como autopista de corrientes por aves migratorias e invernantes que, con las residentes como las rapaces, suponen una cuarta parte de las especies de aves de Eurasia. Ello por la abundancia de agua y árboles y ecosistemas desde alpinos a mediterráneos y bosques de ribera. El ave más visible de Jacetania es el buitre leonado, pero no es difícil ver milanos, alimoches o algún quebrantahuesos y águilas reales. Jacetania conserva unidades de aves de alta motñana como urogallos, treparriscos, perdices nivales o el verderón o trail de Canfranc y otras adaptadas a bosques mediterráneos como abejarucos y currucas. En los setos del Aragón ya se ven grullas, cormoranes y algunas garzas en la cola del pantano de Yesa.
Para más información o preparación previa de la ruta: Guía de Aves de Aragón de Prames y la página Birding Pirineos.
24 de mayo: Orquídeas de Jaca.
Pues sí, no es un nombre de floristería ni un dulce jaqués de Echeto o La Perla de Sabiñánigo. En el término de Jaca hay especies de orquídeas como los zapatitos de dama, las cercanas en su comarca que brotan al final de primavera en los bosques de pino de Creta del pantano de Yesa repoblado por mi padre como peón y las himantoglossum hircinum que crecen en Guasa y espacios naturales de la ciudad de Jaca.
Para más información o preparación previa de la ruta: Orquídeas de Aragón, Conchita Muñoz.
28 de junio: montaña sagrada de San Juan de la Peña.
Además de su patrimonio monumental, junto con el propio monte Oroel –símbolo geológico de Jaca- la sierra referida es un paisaje protegido y reserva de aves que, como sucede con el Moncayo y Sistema Ibérico riojano- presenta una mezcla especialmente en su cara norte de selvas de soto de boj y erizón, bosques de quejigos en grandes corros y el conjunto de abeto, arce, tejo y algunas hayas propio de los bosques cantábricos. A final de junio florece su explanada central y se pueden encontrar fresas silvestres y otros frutos del bosque. En los farallones calizos del monte Cuculo anidan quebrantahuesos; en las quebradas se esconden ejemplares de martas.
Para más información o preparación previa de la ruta: Monumento Natural de San Juan de la Peña de Eduardo Viñuales, Gobierno de Aragón.
9 de julio y 20 de septiembre: Catedral Natural y Ciudadela Natural.
Alucinante iniciativa que va a trasladar a los participantes el reflejo en las esculturas románicas de la catedral de Jaca de distintas especies de animales y plantas reales o simbólicos en ella representados como indicará qué especies vivas anidan entre sus piedras o las de la ciudadela jaquesa. Como especiales y peculiares en la escultura jaquesa son los capiteles de hojas de acanto, palmetas con piñas y lazos de flores de lis, además de los numerosos que contienen aves entrelazadas, leones y serpientes trenzadas.
La ciudadela es un bello espacio abierto que enmarca a la fortificación con un foso con ciervos y sus correspondientes parásitos, rica en pequeños pájaros y llena de vida natural. En sus muros y fosos nidifican el acentor alpino, palomas bravías y torcaces, chovas, el avión roquero y la sobrevuelan halcones que son sus predadores.
Para más información o preparación previa de la ruta: página denominada “Guía Digital del Arte Románico” de Antonio García Omedes.
26 de julio, 4 de agosto y 16 de agosto: flora alpina de Astún, Rapitán y Paseo por Osia.
Son tres paseos a través de los variados ecosistemas del término de Jaca que va desde la floración alpina de su puerto fronterizo con la edelweiss como reina y emblema pero en la que destacan leguminosas y plantas de hojas carnosas; el monte de pinar de Rapitán y su botánica y especies y las pistas y ecosistema de Osia, población de la falda sur de San Juan de la Peña cercana al Pantano de la Peña y que comparte vestido botánico con la Sierra de Guara.
Para más información o preparación previa de la ruta: “Flora del Pirineo Aragonés” de Luis Villar y otros; “El fuerte de Rapitán y su batería oeste” de Juan Antonio Sáez y las “32 rutas turísticas por Huesca” de José Luis Acín para Prames.
16 de octubre: el otoño en la Jacetania.
Las aves migrantes vuelven del norte de Europa y determinadas especies vegetales caducifolias adquieren tonos cobrizos o dorados. Entre los bosques menos conocidos de Jacetania yo me deleito con los atlánticos de Labati y Abi, la cara norte del puerto de Oroel y la progresiva caída de hoja de los árboles de los parques jacetanos.
Especialmente querido para mí es el tono vino rancio de los quejigales, quercus faginea. Raros especímenes que portan follaje semicaduco que cae en parte o se queda con ese tono marrón en el árbol hasta que la desplaza una nueva hoja verde clara.
24.04 Luis Iribarren
21.4.26
Un Virrey de Aragón que no era aragonés
El nombramiento en el año 1554 del castellano Conde de Melito, como virrey de Aragón, produjo protestan serias entre los aragoneses. Ese nombramiento fue un episodio importante del pleito por respeto entre el Rey de España y Aragón, por poner a un virrey considerado extranjero, en el Aragón todavía claramente foral de aquellos años.
En 1554, Carlos I nombró virrey de Aragón a Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, II conde de Mélito y Duque de Francavilla, I marques de Argecilla, conde de Miedes, Mandayona y Aliano, virrey de Aragón, Cataluña y Valencia, presidente del consejo de Italia y comendador de Guadalcanal de la Orden de Santiago, que no era natural del reino de Aragón. Efectivamente, títulos le sobraban.
Y eso fue visto por muchos aragoneses como un contrafuero, porque los fueros aragoneses defendían que ciertos cargos del reino debían recaer siempre, en ciudadanos naturales de Aragón. Un enfrentamiento claro entre los Austrias y el Reino de Aragón.
El nombramiento no fue una anécdota aislada, sino parte de una larga tensión entre la monarquía y las instituciones aragonesas sobre quién podía ser virrey en Aragón. La oposición aragonesa consideraba que un virrey “extranjero” rompía el equilibrio foral y podía favorecer más directamente la autoridad real centralista frente a las instituciones del reino.
Las protestas venían de la defensa de los Fueros de Aragón, que limitaban claramente la intervención de la Corona española en los cargos clave del Reino de Aragón. Para las élites aragonesas, el problema no era solo la persona concreta, sino el precedente político. No se debía aceptar a un virrey castellano, pues significaba debilitar una de las garantías jurídicas del reino.
Este episodio forma parte de una disputa mucho más larga que ya venía desde finales del siglo XV y que seguiría activa hasta las Alteraciones de Aragón y la solución foral de 1592. Por eso, el nombramiento del conde de Mélito en 1554 es relevante: muestra cómo la Corona fue empujando los límites de la autonomía aragonesa, y cómo Aragón respondió invocando sus leyes propias.
Diego Hurtado de Mendoza de la Cerda, II conde de Mélito, había nacido en 1515 y fue virrey de Aragón entre los años 1554 y 1556.
Su nombramiento no produjo una ruptura institucional en ese mismo momento, pero sí alimentó una tensión sostenida entre la Corona de España y el Reino de Aragón que siguió viva durante años. En la práctica, el nombramiento reforzó la desconfianza hacia la política regia y dejó un precedente sensible sobre la designación de virreyes “extranjeros”.
Diego Hurtado sirvió al monarca sin comprender ni valorar el peculiar régimen de los Fueros de Aragón, que quebró reiteradamente, y a los dos años tuvo que abandonar precipitadamente Zaragoza, si bien el rey no nombró nuevo Lugarteniente hasta 1566, en que fue sustituido por el arzobispo de Zaragoza Hernando de Aragón.
En el año de 1555, un año después de llegar y saltándose un proceso foral aragonés de inhibición de las autoridades del Reino de España ante el Privilegio de Manifestación aragonés, que era quien debía juzgar, ordenó la ejecución de un herrero de la localidad de Zuera acusado de contrabando de caballos. Aquello se vio como un ataque frontal a los fueros y libertades de Aragón, provocando una gran contestación y un proceso ante el Justicia de Aragón incoado por la Diputación del General del Reino de Aragón.
Tras excusarse, Diego Hurtado en nombre del rey, los diputados aragoneses admitieron las excusas y detuvieron las acciones judiciales. Sin embargo, al año siguiente, volvió a ejecutar saltándose otra vez las Leyes aragonesas a otro preso acogido al derecho o Privilegio de Manifestación.
El nombramiento no fue una anécdota aislada, sino parte de una larga tensión entre la monarquía y las instituciones aragonesas sobre quién podía ser virrey en Aragón. La oposición aragonesa consideraba que un virrey “extranjero” rompía el equilibrio foral y podía favorecer más directamente la autoridad real centralista frente a las instituciones del reino.
Las protestas venían de la defensa de los Fueros de Aragón, que limitaban claramente la intervención de la Corona española en los cargos clave del Reino de Aragón. Para las élites aragonesas, el problema no era solo la persona concreta, sino el precedente político. No se debía aceptar a un virrey castellano, pues significaba debilitar una de las garantías jurídicas del reino.
Este episodio forma parte de una disputa mucho más larga que ya venía desde finales del siglo XV y que seguiría activa hasta las Alteraciones de Aragón y la solución foral de 1592. Por eso, el nombramiento del conde de Mélito en 1554 es relevante: muestra cómo la Corona fue empujando los límites de la autonomía aragonesa, y cómo Aragón respondió invocando sus leyes propias.
Diego Hurtado de Mendoza de la Cerda, II conde de Mélito, había nacido en 1515 y fue virrey de Aragón entre los años 1554 y 1556.
Su nombramiento no produjo una ruptura institucional en ese mismo momento, pero sí alimentó una tensión sostenida entre la Corona de España y el Reino de Aragón que siguió viva durante años. En la práctica, el nombramiento reforzó la desconfianza hacia la política regia y dejó un precedente sensible sobre la designación de virreyes “extranjeros”.
Diego Hurtado sirvió al monarca sin comprender ni valorar el peculiar régimen de los Fueros de Aragón, que quebró reiteradamente, y a los dos años tuvo que abandonar precipitadamente Zaragoza, si bien el rey no nombró nuevo Lugarteniente hasta 1566, en que fue sustituido por el arzobispo de Zaragoza Hernando de Aragón.
En el año de 1555, un año después de llegar y saltándose un proceso foral aragonés de inhibición de las autoridades del Reino de España ante el Privilegio de Manifestación aragonés, que era quien debía juzgar, ordenó la ejecución de un herrero de la localidad de Zuera acusado de contrabando de caballos. Aquello se vio como un ataque frontal a los fueros y libertades de Aragón, provocando una gran contestación y un proceso ante el Justicia de Aragón incoado por la Diputación del General del Reino de Aragón.
Tras excusarse, Diego Hurtado en nombre del rey, los diputados aragoneses admitieron las excusas y detuvieron las acciones judiciales. Sin embargo, al año siguiente, volvió a ejecutar saltándose otra vez las Leyes aragonesas a otro preso acogido al derecho o Privilegio de Manifestación.
Entre 1554 y 1556 ejerció como virrey del reino de Aragón con serios problemas, donde, fracasando políticamente al volver a sentenciar a muerte a Sebastián Calasanz de Benavarri, condenado por bandolerismo, lo que fue considerado un ataque a las constituciones y libertades forales, provocando una revuelta en Zaragoza, de la que huyó refugiándose en la Aljafería, colmando la paciencia de los aragoneses, y los vecinos de Zaragoza fueron a por él por lo que Diego Hurtado de Mendoza hubo de refugiarse en el Palacio de la Aljafería para salvar su vida, y abandonar la ciudad del Ebro con toda rapidez.
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