7.6.26

Zaragoza Sueña Fuerte, un grito al futuro


Hay una iniciativa en Zaragoza que como muchas de ellas, no siempre saltan a la opinión pública, no siempre son conocidas, aunque sean conformadas por numerosos ciudadanos de gran conocimiento de la ciudad por sus trabajos. En este caso me voy a referir a la llamada:Zaragoza Sueña Fuerte.

Se trata simplemente de soñar con y por Zaragoza, de criticar su forma y fondo, pero a la vez de hablar de Zaragoza, de reflexionar y preguntarnos hacia dónde queremos ir, de reclamar una ciudad mejor e intentar que se escuchen las ideas de los ciudadanos, sin tener en cuanta espacios políticos, sino sociales, intelectuales, a personas con gran experiencia en el mundo del urbanismo o de la sociología urbana.

La directora de cine Paula Ortiz inició la idea desde su propio punto de vista en el Pregón de Fiestas del Pilar de 2025.

“Somos ciudad. Somos foro. Somos asamblea, hogar. Lo somos a pesar de la dureza del viento, del polvo, de la niebla y del sol abrasador. A pesar de todo eso, somos una gran ciudad que recibe a quien llega sin preguntar.”

Somos Foro, somos Hogar, Comunidad, y debemos entender las ciudades como eso tan fundamental en la vida y hacia el futuro. Las ciudades no son solo negocio urbanístico o comercial. No estamos llenos de personas dispuestas a comprar, sino de ciudadanos dispuestos a ser mejores y a vivir mejor.

Una ciudad no nos pertenece, no es nuestra. Zaragoza lleva 2.000 años siendo ciudad y lo seguirá siendo por muchos más. Nosotros simplemente debemos cuidarla, mejorarla, pensando en los que van a venir después de nosotros.

Como somos el hogar de miles y miles de personas, debemos analizarla fuera del negocio que representa un espacio urbano

No somos un producto casual, sino un lugar atractivo desde hace miles de años que debemos lograr que sea habitable, una ciudad fuerte en su propios espacio geográfico, en donde las personas incluso con el condicionante de nuestro clima, quieran quedarse a gusto.

Y para ello, lo que se plantea desde “Zaragoza Sueña Fuerte” no son simples utopías de mesa de bar, sino estudios de despachos, imaginarnos nuestra ciudad con esas utopías posibles que requieren mucho trabajo, imaginando una ciudad diferente a muchas otras ciudades grises y apáticas, una ciudad en donde sea posible soñar pensando en las generaciones que van a venir, en nuestros nietos, en los nietos de nuestros vecinos.

Ya somos una ciudad cómoda y lo sabemos valorar. Y somos también una ciudad llena de oportunidades

Pero cuidado, no somos el ombligo ni el culo de nuestros vecinos. Estar entre Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao tiene sus ventajas pero si no lo entendemos bien, tiene también sus inconvenientes. Los problemas propios por estar en este punto medio nos obliga a ser vigilantes para que no nos legue a nosotros toda la mierda que no quieran tener por diversas causas los vecinos geográficos.

No podemos ser tampoco el Barrio Grande de las muy grandes ciudades, que solo recojan para dormir o para trabajar en empresas que ellos quieran, lo que no son capaces de tener o soportar, mientras las oficinas que pagan los impuestos, las cabeceras de esas empresas, se quedan en sus grandes ciudades. Queremos ser parte del futuro, pero Zaragoza quiere ser inteligente y saber qué parte del pastel económico nos corresponde por ser quienes somos.

Zaragoza, como toda España y gran parte de Europa, tiene en la actualidad dos grandes problemas estratégicos serios y con solución compleja, La Vivienda y el Acceso de los Jóvenes a la Emancipación por no disponer de un Empleo de calidad, por tener una precariedad inaguantable..

Zaragoza además de muy plural, es una ciudad de Cultura, de Arte, y por ello es fundamental sentarnos a pensar sobre qué queremos hacer con nuestra Cultura en todos sus aspectos. Tenemos vergüenzas inexplicables en forma de decenas de edificios culturales parados y congelados en el tiempo. 

Podría listarlos, pero me da pena, incluso ansia. Hay proyectos que se suman que de entrada ya sabemos que no tendremos agallas para llevarlos a buen puerto.

Sabemos lo que necesitamos, pero como ciudad Faro, no somos capaces de conseguirlo. Y hay que reconocerlo, el Gobierno de Aragón no ayuda como sucede en otros territorios de Espada. 

En este caso es el temido “Aragón contra Zaragoza” como si Zaragoza no fuera Aragón, o como si para dignificar Aragón hubiera que sacrificar Zaragoza.

Debemos seguir siendo una ciudad saludable, con calidad en el aire y en sus aguas, con entornos naturales a nuestro alrededor, cuidando lo que tenemos, refrescando lo que hemos ido perdiendo. Cantalobos o Juslibol son dos ejemplos a reflexionar, pero hay varios más muy carca o rodeando la Zaragoza que necesita respirar mejor.

Hay que pensar en mantener nuestra huerta de una forma mucho más inteligente, con infraestructuras verdes que amplíen la naturaleza que nos rodea, y adaptada a nuestro clima.

Y debemos seguir trabajando de forma muy inteligente por modelos de movilidad, copiando de ciudades europeas que sean válidos para nuestra ciudad. Hemos avanzado mucho, hay que proseguir en esto. 

Debemos romper nuestra Isla de Calor, a base de imaginación y nuevas tecnologías. Hay ejemplos en ciudad mucho más calorosas y duras que Zaragoza. No siempre hay que inventar, a veces sirve copiar. 

Julio Puente

El colegio de los Montañeses de Zaragoza


En la Zaragoza del siglo XVIII que vemos en este mapa de 1723, estaba el Colegio para estudios Seculares, llamado de los Montañeses, una institución educativa vinculada a los naturales de las Montañas Aragonesas, en concreto más de la zona de Jaca. Lo podemos ver en el mapa con el número 51. Fue fundado a finales del siglo XVI por Miguel Ximénez de Larués que era deán de la catedral de Tarazona. Con el número 49 vemos el edificio de la Universidad en aquellos años.

En la España de aquellos siglos era frecuente que los estudiantes procedentes de una misma región se agrupasen en colegios o fundaciones. Durante el siglo XVIII, esta institución siguió operando como colegio menor universitario, albergando a jóvenes que cursaban sus estudios en la Universidad de Zaragoza.

Los "montañeses" eran los naturales de la Montaña de Aragón. Muchos emigraban a Zaragoza para estudiar, ejercer profesiones liberales o dedicarse al comercio. Se instalaban cerca de las universidades y por ello diversos colegios de este tipo se pueden ver alrededor o cerca de la zona de la Magdalena o de San Carlos, asentados en edificios de la zona del Coso Bajo.

El Colegio de los Montañeses no era una escuela en el sentido moderno, sino una institución destinada a alojar o asistir a estudiantes procedentes de las montañas del norte de España (desde Aragón a Navarra o Castilla) y la proximidad física a la Universidad era casi una necesidad práctica.

En Zaragoza, este tipo de colegios solían funcionar como espacios de formación, asistencia y sociabilidad para colectivos concretos, a menudo con apoyo de patronos, clero o benefactores locales. Funcionaba como un colegio universitario (a modo de Colegio Mayor). Su propósito era laico y secular, ya que estaba destinado a costear los estudios universitarios y el alojamiento de estudiantes con escasos recursos económicos.

El siglo XVIII fue una etapa de fuerte interés por la instrucción pública y la reforma educativa en Aragón, con un papel importante de instituciones docentes y del clero reformista. En Zaragoza, los escolapios se instalaron desde 1731 y su colegio quedó plenamente integrado en esa dinámica de enseñanza urbana del siglo.

En su origen y durante los siglos posteriores, el colegio de Los Montañeses estuvo reservado específicamente para estudiantes procedentes del municipio de Larués y de la comarca de la Jacetania en el Pirineo aragonés (llamados los “montañeses”). Luego se abrió a más estudiantes.