FESTIVAL MUSICAL DEL CAMINO DE SANTIAGO MUSICAL, REVISIÓN EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE JAIME I DEL PATRIMONIO MUSICAL HISTÓRICO PROPIO DE LA CORONA DE ARAGÓN
Ciudades y localidades aragonesas –en sentido amplio- tienen vías dedicadas a don Jaime, Alfonso, Pedro IV el Ceremonioso y hasta navarras a Sancho Ramírez, que tantos fueros de Jaca exportara.
Esta añada se cumplen 750 años de la muerte de don Jaime, el de la calle San Gil, que reinó nada menos que sesenta y tres años y extendió su Corona o propiedades dinásticas, no tanto Aragón como territorio administrativo, sino el patrimonio heradable de su apellido jacetano propio (que en realidad era Casa Íñiguez, rama Aznárez o Ramírez más tarde).
Con bases y apoyo de la nobleza ampurdanesa o la aragonesa alcañizana y caspolina, llegó la Corona por Morella hasta Valencia y dejó con los primeros el oclusivo catalán gerundense en los dialectos de Pollensa e Inca.
No se ve que el acontecimiento esté dando lugar a ningún ciclo de altas conferencias que tendrían lugar desde Zaragoza a Nápoles, parece que interesa más a los del pan y circo sacar banderas españolas con dos águilas que ser almogávares yendo a apagar Asín.
Hay, sin embargo, una preciosa excepción que brota de mi país nada gótico: el homenaje tan extraordinario que se apoya en esta conmemoración para justificar el eje temático musical del “Festival Musical del Camino de Santiago”, edición de 2026, organizado por la Diputación oscense.
Inicialmente, el escenario del mismo fueron las iglesias y recintos sacros mayormente románicos de los lugares del recorrido específico del mismo que atraviesa la Vía Tolosana. Desde fechas recientes, las actuaciones y propuestas se han extendido felizmente al resto del Alto Aragón, puesto que caminos de Santiago hubo tantos como lugares de salida, y de cada lugar oscense una sendeta confluiría en el río ancho del Camino aunque fuera por el Camino del Ebro en el puente de piedra logroñés o en mi querida Sangüesa subiendo Borzerriak –las Cinco Villas, según mi abuelo-.
Como se citaba, el festival y su dirección perfectamente conducida por Luis Calvo no plantea como en tantos festivales de jazz aprovechar lo que caiga, sino elegir un eje temático para envolverlo de músicas sacras y litúrgicas variadas, en general con el barroco como límite, y cuyas principales referencias han sido las actuaciones reiteradas y que tantos seguidores han fidelizado de Jordi Savall, l’Arpeggiata o Al Ayre Español.
Así en ejercicios anteriores los ejes temáticos fueron los de “la herencia interminable” (la obra de Bach como protagonista tan fecunda de variadísimas ejecuciones) o el titulado “Música Antigua y Fusión” de 2024 –por decir una barbaridad aportó desde la praxis musical qué le debe el jazz a los arpegios de Monteverdi-.
Este año la dedicatoria y títulos coinciden con una de mis obsesiones bibliográficas favoritas. Pues desde hace años he sentido y leído que Aragón y su Corona, en todos sus territorios, gozó y mantiene hoy un impresionante acerbo de música culta pero a la vez popular que después se ha conservado como querencia en la profundidad en calidad de los músicos de viento y bandas del Regne de Valencia, la producción en cada generación de joteros o músicos rock o indie excepcionales aragoneses, y en la importancia del canto de la Sibila, la música del renacimiento e incluso la rumba, por su especial relación con Cuba, catalana.
Todas estas tradiciones las amalgama como ningún otro sitio ese remedo, o quizás antecedente y siempre puerta giratoria, de la música Cerdeña o Sicilia que es la illa de Mallorca.
Una jota o unas seguirillas cantadas por la Bonet, que en la siguiente canción del disco se atreve y borda una tonada cretense o reinterpreta a Theodorakis en su sabrosa y grasa lengua, las escalas llenan la boca como la sobrasada y la ensaimada, reflejan la importancia también musical que tuvo la línea defensiva mediterránea de los Aragón que garantizó estabilidad mercantil y política para garantizar las comunicaciones con las especias intermediadas con Bizancio, pero también intercambio ceremonial religioso, artístico y cultural.
Al norte del segmento Valencia, Palma, Alguer (Cerdeña), Palermo y Trapani con Malta, Neopatria y Rodas con instalaciones aragonesas, se decía que hasta los peces en sus pieles portaban la cuatribarrada. Pero también si hubieran comido o cantado, si hubieran conquistado peces hembra como los trovadores, lo hubieran hecho en aragonés o catalán.
Como se citaba, el festival y su dirección perfectamente conducida por Luis Calvo no plantea como en tantos festivales de jazz aprovechar lo que caiga, sino elegir un eje temático para envolverlo de músicas sacras y litúrgicas variadas, en general con el barroco como límite, y cuyas principales referencias han sido las actuaciones reiteradas y que tantos seguidores han fidelizado de Jordi Savall, l’Arpeggiata o Al Ayre Español.
Así en ejercicios anteriores los ejes temáticos fueron los de “la herencia interminable” (la obra de Bach como protagonista tan fecunda de variadísimas ejecuciones) o el titulado “Música Antigua y Fusión” de 2024 –por decir una barbaridad aportó desde la praxis musical qué le debe el jazz a los arpegios de Monteverdi-.
Este año la dedicatoria y títulos coinciden con una de mis obsesiones bibliográficas favoritas. Pues desde hace años he sentido y leído que Aragón y su Corona, en todos sus territorios, gozó y mantiene hoy un impresionante acerbo de música culta pero a la vez popular que después se ha conservado como querencia en la profundidad en calidad de los músicos de viento y bandas del Regne de Valencia, la producción en cada generación de joteros o músicos rock o indie excepcionales aragoneses, y en la importancia del canto de la Sibila, la música del renacimiento e incluso la rumba, por su especial relación con Cuba, catalana.
Todas estas tradiciones las amalgama como ningún otro sitio ese remedo, o quizás antecedente y siempre puerta giratoria, de la música Cerdeña o Sicilia que es la illa de Mallorca.
Una jota o unas seguirillas cantadas por la Bonet, que en la siguiente canción del disco se atreve y borda una tonada cretense o reinterpreta a Theodorakis en su sabrosa y grasa lengua, las escalas llenan la boca como la sobrasada y la ensaimada, reflejan la importancia también musical que tuvo la línea defensiva mediterránea de los Aragón que garantizó estabilidad mercantil y política para garantizar las comunicaciones con las especias intermediadas con Bizancio, pero también intercambio ceremonial religioso, artístico y cultural.
Al norte del segmento Valencia, Palma, Alguer (Cerdeña), Palermo y Trapani con Malta, Neopatria y Rodas con instalaciones aragonesas, se decía que hasta los peces en sus pieles portaban la cuatribarrada. Pero también si hubieran comido o cantado, si hubieran conquistado peces hembra como los trovadores, lo hubieran hecho en aragonés o catalán.
Así como para comer otros peces con manjar blanco seguirían el recetario de Robert de Nola e interpretado o jugado la música desarrollada en las Cortes o monasterios de la Corona. Hablamos que, con la conservación defensiva de la línea, era Roma y su Papado, Aviñón y el otro, y hasta Peñíscola y el suyo breve, quienes debieron a Aragón su florecimiento pre-renacentista.
Del mismo modo, en el viaje de vuelta, los “Caminos de la Mar” –título de la edición de este año del festival- aportaron los comerciantes en especias orientales junto con las mercaderías llegadas a Valencia o Barcelona el subtítulo del mismo que tiene entidad suficiente para considerarlo inmaterial o material pero genuino: “El patrimonio musical de la Corona de Aragón. Siglos XII-XVIII.”
Ese que se percibe, huele y paladea oído en la Aljafería cuando lo interpreta el sexteto de Joaquín Pardinilla o el que aportó a la producción de las melodías y coros musicales centroeuropeos, asquenazíes, de Leonard Cohen, la sutil adición en los últimos discos y directos del poeta canadiense hijo de Lorca del laúd y otros instrumentos de cuerda ejecutados por el zaragozano Javier Mas, propios de las aljamas mediterráneas de Sefarad tanto como las verduras rebozadas.
Así, la música ceremonial y familiar sefardíes de Tarazona, Zaragoza y resto de la Corona navegaron con una de las bases musicales, matizadas por otras percusiones, de la tradición musical balcánica y griega, del rebético y las músicas de Jonia.
La conocida relación histórica de la jota y la tarantela que subió el Ebro desde Tortosa, la que tiene el canto polifónico sardo o corso “a tenore” y oír una misa baturra o en latín cantada por las mujeres de mi pueblo, que se buscan la armonía unas a otras desde crías, elevándose por oído del canto llano, pasadas al primer pueblo roncalés de Navarra ya se vuelven disonantes por poco atlánticas.
Il canto a tenore è una pratica poetico-musicale diffusa nel centro nord della Sardegna. Si tratta di un canto polivocale a quattro parti: bassu, contra, boghe e mesu boghe. Ciò che caratterizza principalmente il “tenore” è la presenza delle voci gutturali di bassu e contra, accordate tra esse in intervallo di quinta, che lo rendono un canto unico e inimitabile. la boghe è il solista del gruppo e intona il canto, le altre tre parti lo seguono in accordo, accompagnando il suo canto con suoni gutturali.
Ponemos este final sardo, antes de glosar el contenido concreto de los recitales y patrimonio musical aragonés que se va a ejecutar en el festival.
21.07 Luis Iribarren
Del mismo modo, en el viaje de vuelta, los “Caminos de la Mar” –título de la edición de este año del festival- aportaron los comerciantes en especias orientales junto con las mercaderías llegadas a Valencia o Barcelona el subtítulo del mismo que tiene entidad suficiente para considerarlo inmaterial o material pero genuino: “El patrimonio musical de la Corona de Aragón. Siglos XII-XVIII.”
Ese que se percibe, huele y paladea oído en la Aljafería cuando lo interpreta el sexteto de Joaquín Pardinilla o el que aportó a la producción de las melodías y coros musicales centroeuropeos, asquenazíes, de Leonard Cohen, la sutil adición en los últimos discos y directos del poeta canadiense hijo de Lorca del laúd y otros instrumentos de cuerda ejecutados por el zaragozano Javier Mas, propios de las aljamas mediterráneas de Sefarad tanto como las verduras rebozadas.
Así, la música ceremonial y familiar sefardíes de Tarazona, Zaragoza y resto de la Corona navegaron con una de las bases musicales, matizadas por otras percusiones, de la tradición musical balcánica y griega, del rebético y las músicas de Jonia.
La conocida relación histórica de la jota y la tarantela que subió el Ebro desde Tortosa, la que tiene el canto polifónico sardo o corso “a tenore” y oír una misa baturra o en latín cantada por las mujeres de mi pueblo, que se buscan la armonía unas a otras desde crías, elevándose por oído del canto llano, pasadas al primer pueblo roncalés de Navarra ya se vuelven disonantes por poco atlánticas.
Il canto a tenore è una pratica poetico-musicale diffusa nel centro nord della Sardegna. Si tratta di un canto polivocale a quattro parti: bassu, contra, boghe e mesu boghe. Ciò che caratterizza principalmente il “tenore” è la presenza delle voci gutturali di bassu e contra, accordate tra esse in intervallo di quinta, che lo rendono un canto unico e inimitabile. la boghe è il solista del gruppo e intona il canto, le altre tre parti lo seguono in accordo, accompagnando il suo canto con suoni gutturali.
Ponemos este final sardo, antes de glosar el contenido concreto de los recitales y patrimonio musical aragonés que se va a ejecutar en el festival.
21.07 Luis Iribarren

