Aquí, en este blog, no solo hablo de historias de Zaragoza o de Aragón —ya lo sabéis los lectores habituales— hablo también de futuro o de presente. Cosas inevitables, cuando uno está algo tocado de la zona de pensar. Veamos qué deberíamos hacer entre Cataluña y Aragón. O qué somos capaces de hacer, si queremos.
Dice el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y lo ha dicho en Zaragoza, que debería existir un objetivo común de "intensificar" las relaciones entre ciudades y aboga por crear sinergias entre Aragón y Cataluña en el campo tecnológico, convencido de la "complementariedad" entre la capital aragonesa y catalana.
Tiene toda la razón, aunque se olvida de mencionar que esto a nadie le interesa. Primero no le interesa a nadie fuera de Aragón y Cataluña, pues podríamos dar miedo. Y luego y por desgracia y a base de un trabajo de zapa muy intenso, no les interesa a los aragoneses ni a los catalanes, convencidos idiotamente, que somos enemigos.
Aragón y Cataluña, como buenos vecinos incluso muy históricos y aquí no quiero entrar, se odian. Tal vez el primer paso para remediar esta torpeza, sea asumirla, hablarla con calma y admitirla.
Es muy complicado odiar a un extremeño o a un canario. Y es muy sencillo desde Cataluña o Aragón odiarse entre ambos y si acaso, incluso contra los valencianos y navarros para hacer un completo.
Que nadie se confunda, no hablo de fusionarnos, hablo de trabajar más y juntos o cercanos. Igual que ya hacen bastantes empresas. Ellas sí entienden de dineros, de beneficios, de complementarse entre ellas. A los ciudadanos nos han ido enseñando que hay que odiar a los vecinos, por si acaso.
Un aragonés tiene mucho más que ver con un catalán que con un gallego. Y si hay que añadir algo a esta suma deberíamos hacerlo con los sorianos y los navarros. Incluso con los riojanos. Pero mola mucho más odiar a los vecinos, sobre todo si somos capaces de creernos que les va mejor que a nosotros, siempre eso sí, es fundamental, a costa de robarnos. Hay que insistir en esa clase de odio con los vecinos, que en realidad nos molestan, nos roban o nos ponen malas caras. Aunque sea mentira.
La apuesta por la colaboración institucional fue uno de los mensajes que lanzó Jaume Collboni en la inauguración del ciclo organizado por Heraldo de Aragón bajo el título ‘Ciudades amigas’, en el que alcaldes expondrán su visión de la actualidad política.
Y nos dejó algunas píldoras que nos deberían hacer reflexionar. Aludió a la capacidad de recuperación del espacio público en Santiago de Compostela y la Coruña, a la calidad de los servicios públicos en las ciudades del País Vasco o a la pujanza de Madrid. También habló de la buena marcha de Zaragoza como ciudad que se abre y crece.
En este contexto, defendió el papel de defensa de la democracia que les toca ejercer a los alcaldes de las grandes ciudades europeas, gobernadas mayoritariamente por progresistas y liberales.
Y dejó una frase totalmente cierta y que en este siglo XXI debería estar inscrita en la puerta de los ayuntamientos: "Todo lo que pasa en una ciudad puede no ser tu competencia, pero sí es de tu incumbencia".
Zaragoza como ciudad debe entender en qué puesto se encuentra, y deba saber y decirlo, qué quiere ser de mayor. En un año volveremos a elegir al Ayuntamiento de Zaragoza. Podemos equivocarnos, acertar y permanecer impávidos.
Que nadie se confunda, no hablo de fusionarnos, hablo de trabajar más y juntos o cercanos. Igual que ya hacen bastantes empresas. Ellas sí entienden de dineros, de beneficios, de complementarse entre ellas. A los ciudadanos nos han ido enseñando que hay que odiar a los vecinos, por si acaso.
Un aragonés tiene mucho más que ver con un catalán que con un gallego. Y si hay que añadir algo a esta suma deberíamos hacerlo con los sorianos y los navarros. Incluso con los riojanos. Pero mola mucho más odiar a los vecinos, sobre todo si somos capaces de creernos que les va mejor que a nosotros, siempre eso sí, es fundamental, a costa de robarnos. Hay que insistir en esa clase de odio con los vecinos, que en realidad nos molestan, nos roban o nos ponen malas caras. Aunque sea mentira.
La apuesta por la colaboración institucional fue uno de los mensajes que lanzó Jaume Collboni en la inauguración del ciclo organizado por Heraldo de Aragón bajo el título ‘Ciudades amigas’, en el que alcaldes expondrán su visión de la actualidad política.
Y nos dejó algunas píldoras que nos deberían hacer reflexionar. Aludió a la capacidad de recuperación del espacio público en Santiago de Compostela y la Coruña, a la calidad de los servicios públicos en las ciudades del País Vasco o a la pujanza de Madrid. También habló de la buena marcha de Zaragoza como ciudad que se abre y crece.
En este contexto, defendió el papel de defensa de la democracia que les toca ejercer a los alcaldes de las grandes ciudades europeas, gobernadas mayoritariamente por progresistas y liberales.
Y dejó una frase totalmente cierta y que en este siglo XXI debería estar inscrita en la puerta de los ayuntamientos: "Todo lo que pasa en una ciudad puede no ser tu competencia, pero sí es de tu incumbencia".
Zaragoza como ciudad debe entender en qué puesto se encuentra, y deba saber y decirlo, qué quiere ser de mayor. En un año volveremos a elegir al Ayuntamiento de Zaragoza. Podemos equivocarnos, acertar y permanecer impávidos.
Cada unx de nosotrxs debemos reflexionar qué queremos para nuestra ciudad que se encamina de forma urgente a la mitad del siglo XXI. LO más fácil es equivocarnos, pero curiosamente, hay muchas otras ciudades vecinas de España o de Europa, que no se están equivocando.
Julio Puente

