30.12.25

Teruel oriental.: 1926


Si me propusieran quemar todas mis películas, lo haría sin pensarlo un momento. A mí no me interesa el arte, sino la gente (Luis Buñuel)


Nuestro repaso por efemérides y recuerdos sin demasiadas interpretaciones se dirige al Bajo Aragón y resto de las comarcas del este turolense hace un siglo, puesto que es obligado no detenerse exclusivamente en la vida y actividad de las cabeceras provinciales. En ellas, de por sí y por su condición, se cierran como mínimo más contratos.

Más por cuanto la capital del Bajo Aragón turolense ha sido cuna o cuna adoptiva de medios de comunicación, periodistas y reporteros célebres, como Gervasio Sánchez.

El radio de acción de la publicación “La Comarca”, digital de Alcañiz, es al que nos dirigimos en nuestro repaso e incluye las de Andorra, Caspe y Bajo Aragón zaragozano y turolense, Matarraña e incluso Sierras Mineras a las que denomina en conjunto desde su ciudad capital como “Bajo Aragón histórico”.

Así en 1926 la periodista de raza alcañizana Pilar Narvión era una zagala de cuatro añicos lejos de integrarse como segunda mujer en la Asociación de la Prensa madrileña y cubrir, antecesora de Paloma Gómez Borrego, la corresponsalía del Vaticano para el periódico Pueblo. El artículo a ella dedicado por la magnífica revista turolense Turia la destaca como perezosa –así se definió a sí misma-, aunque con una especial capacidad de análisis, lo que la hizo ser rescatada de la prensa del corazón por Emilio Romero y erigirse en la maestra en el oficio de la generación de Rosa Villacastín, Victoria Prego, Pilar Eyre y Rosa María Mateo –en Aragón de Rosa María Artal, Cristina Fallarás y la turolense Concha Hernández-.

La fotografía en el Bajo Aragón vivía un momento pujante a cargo de la familia Bríos y Enrique Escuín. La fotogenia que inmortalizó Buñuel en cine de los toques y procesiones de la Semana Santa motivó estampas desde el comienzo del arte fotográfico y un enorme interés por el mismo en la comarca.

Algo más que notable fue 1926 para Luis Buñuel, calandino de origen, educado en Zaragoza y que había abandonado estudios y la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1924, manteniéndose su histórica conexión intelectual con el grupo del 27 compuesto por Dalí, Lorca, Pepín Bello, la pintora Maruja Mallo y, especialmente, su novia escritora tan ignorada, Concha Méndez Cuesta, quien publicara su poemario “Inquietudes” en este año, del que ponemos una frasecita.


Porque tengo una deuda

para conmigo misma. 

Vine para algo más que para pasar como sombra. 


Pero Luis voló largo, económicamente era algo solvente, y se estableció para beber del grupo inicial surrealista francés en París por quedar flechado de la personalidad de… atención la combinación… don Louis Aragon. En la añada venturosa de 1926 lo encontramos dirigiendo la escenografía de una representación sobre una obra de Manuel de Falla. A la vez que actuó junto a Raquel Meller en una obra y preparaba las galeradas de su guion “Un perro andaluz”, su primera película de importancia mundial y obra cumbre del cine por su imagen agresiva que tantas naranjas mecánicas han querido imitar sin llegar a sus cotas de violencia y suspense, de humor surreal.

Nos trasladamos a Caspe en que nace en 1926 la Confederación Hidrográfica del Ebro, primera iniciativa administrativa para regular el río, sus aguas de riego y caudal que hoy se llama ecológico, liderada después por el ingeniero con esculturas en casi cada ciudad aragonesa y costista y malladista furibundo, Manuel Lorenzo Pardo.

Tambiénn se van a cumplir cien años, el 21 de marzo, de una foto para mí legendaria y muy querida: en ella forman en las vías de la estación de Caspe, línea Madrid-Barcelona por Mora de Ebro, un núcleo de más de doscientos somatenes que esperan que pare el tren en que iba el dictablando Primo de Rivera para visitar la pujante localidad comercial bajo aragonesa. En revista ilustrada de dos años antes, la “Nuevo Mundo”, se glosó la muy interesante industria agroalimentaria de la ciudad origen de la actual. En ella consta la producción de jabones, gaseosa y sifón, chocolates y, especialmente, un anisado interesante llamado cómo no “El Compromiso”, de Destilerías Piera. Además de glosar varios molinos de aceite y harina que aprovecharon la comunicación férrea y agua del Ebro y Guadalope.

En Calaceite destaca sobremanera la figura de Santiago Vidiella, folklorista e impulsor de la catalogación de los yacimientos iberos de la localidad que remitía al “Diccionari general de la llengua catalana” entradas alucinantes sobre vocablos del Matarraña entre los que destacar: revisyayo (bisabuelo), besonada (parto doble), borderis (pie malo de las plantas), jiné (enero) o agostexá (secarse la oliva o uva por la calor).

El torero cretano –ni cretino, ni cretense pero al que sí se denominaba “Coloso de Cretas”- Nicanor Villalta disfrutó de su más fecunda añada de corridas en el año que abordamos. Recibía asimismo la apelación de “El maño que conquistó Madrid”, pues era considerado el mejor de su generación en la suerte del estoque por alto y por ser algo desgarbado, lo que le penalizaba en la suerte de naturales que hacía de puntillas con una peculiar forma de retorcerse. Aún con eso, perfeccionó su lenta e irregular técnica el amo del volapié, pues mataba dejando correr a los astados.

En Andorra nos encontramos viviendo algo más de 3000 vecinos que sobrepasarían los 9000 en los tiempos de abundancia de mano de obra en la minería de lignito y central térmica, nóminas que generaban jubilaciones altas a cambio de silicosis. Recordemos que el llorado José Iranzo, el Pastor de Andorra, recuerda la tradición ganadera y jotera de la población anterior al monocultivo minero, a las que ha vuelto en parte con la renovación de las minas y escorias de la Sierra de Arco, dedicadas a la viticultura, oliveras y otros proyectos.

El año que nos lleva, el río Matarraña entre Beceite y Valderrobres se hallaba ampliamente aprovechado para uso de molinos y fabricación de papel. Para garantizar la energía a los emprendedores de la segunda, en 1926 nace la sociedad que promovió la central Matarraña sobre un salto de la acequia de Beceite. Peculiar historia de industrialización endógena, como la central de Ansó o las de los saltos del Canal de Aragón y Cataluña de Binéfar que dieron alas y energía a todo un numeroso conjunto de proyectos, qué tiempos con hoy Aragón y sus recursos al servicio de fondos de inversión.

Uno de los más bellos exponentes abandonados de la arquitectura industrial y férrea de Aragón es la estación de ferrocarril de Alcorisa, del año 26, racionalista, que hubiera dado servicio a una línea férrea Teruel-Alcañiz que nunca fue rematada y que hubiera extendido el ferrocarril Zaragoza-Utrillas desde las Cuencas Mineras a los dos extremos del territorio turolense.

29.12 Luis Iribarren

Aragonesxs: Daniel Calvo Mata


Se ha ido sin despedida por su parte este compañero de rastrillos, andanzas, diez mensajes diarios, comidas y visiones.

Un gran exponente del último artesanado que nos queda, nunca quiso trabajar para otros y se especializó en olfatear mundos antiguos, imprimir cartelería con solera –su fondo de imágenes, inabarcable hasta incluir lejías jacetanas- y llenarnos la vida a base de propuestas.

Mi correspondencia con él era cotidiana y plural, incluía textos e imágenes y de por sí consumía los recursos y justificaba las granjas de datos digitales que tanto nos molestaban. Fue por consiguiente nuclear, en todos los sentidos.

Es cierto, como se afirmaba en la Movida de los 80 de cada ciudad española, que como se aprende es trabajando con amigos, del mismo modo también contra ellos y aceptándoles o apartándonos de su coleguerío, de vivir por encima de nuestras posibilidades y de padecer estos tiempos de muerte del cash del gran hermano de la facturación electrónica.

Contra los que la generación de finales de los 50 se rebelan como los nobles hijos de la transición que son, y allí se quedan, y están en permanente guerra consigo mismos porque decretan vivir siempre fuera de la zona de confort, estos maravillosos cansinos.

Pero Dani tuvo como aditivo una personalidad múltiple, fue un niño que te llenaba porque jugaba, tenía y se quedaba el balón; un fabricante de sueños y forjador de leyendas, de recorridos, especialmente inepto como tantos para consumarlos. Un poseído por su retrato de Dorian Gray.

Tenía tal mirada frontal que hasta tiempos recientes no empezó a ensayar no ser vecino, saber estar solo y terminar los libros que empezaba. Su capacidad de aprendizaje era total, pasaba a disfrutar todo lo que se planteaba y te enseñaba a amarlo. Siempre le comenté que la cultura sustituye en pasión al alcohol y a la droga, a las parejas usufructuadas. Él era un profeta de dispensar que se debe vivir con pasión, nunca avergonzado de la ideología ni de lo que esté dentro de cada persona.

Dani padecía del mal del eterno retorno, no se acompasó nunca al paso del tiempo que, del mismo modo, fue uno de sus ejes y obsesiones. Quizá es que no quiso reconocer que cuando se te fijan el gusto y la mirada, cuando te vuelves clásico y obsesionado por escribir o lo que sea, como hacer fotos, es que estás empezando a morir.

Yo le mandaba desde la pandemia mis borradores de artículos, fotos de móvil de reportero y la música que nos unía. Pues Dani era un ochentero de libro en su fidelidad a “El País”, Radio 3 y el internacionalismo, señas de identidad de este proyecto plurinacional de España pendiente de la Segunda República, que no hemos sabido vender como ajeno a una venganza histórica.

Con el tiempo, mandarle imágenes a él y a otros me ha convertido en un ser desnudo si no inventarío la calle, aunque toda fotografía no es sino una manifestación del pasado que no deja correr el presente. En un depredador de situaciones como él lo fue en otra dirección.

Los dos teníamos claro que la política y su lado oscuro nos envuelve a todos desde niños, pero que ningún sistema –ni hasta el que apoyemos- dejará de imponer. Y que los idealistas siempre serán manejados.

En contra de viajar como manifestación de consumo, Dani era un experto en olfatear cómo el arte o los objetos valiosos del pasado han devenido en un parque temático, una industria de la que solo se salvan los no consumistas: hoy reducidos a la primera generación de chinos de la hostelería zaragozana. A pesar de ello, se emocionaba profundamente ante las puertas que le abrían las exposiciones de la Lonja de Zaragoza, y estuvo varias veces acariciando con la mirada las esculturas de Chillida.

La vida ha seguido sin ti porque, como sabes por ser nuestro principal desencuentro, yo no creo en que existan o no momentos cruciales que se puedan separar de los otros, que nos estamos perdiendo la excitación de saber cómo queda revelada una foto y que no podemos planificar la magia del arte pero que las relaciones, las imágenes, la desgracia y la gracia y la relación con Aragón son opciones que sí se buscan. Y que a nadie le caen de ningún guindo, como tampoco haberse buscado a pulso un paraíso por haber huido a vivir a un supuesto paraíso, de lo que solo queda un relato hueco y repetido avec le temps.

De contador de historias a otro gran contador de historias te insisto en que solamente una luz y oscuridad determinada, sin flash, sin fabricar, es el alma, es el silencio, es el resultado de la búsqueda. El arte solo es arte cuando consigas, allá donde estés, que otro lo haga andar, que otra lo vea andar, que un tercero lo vuele como una cometa.

Entre tanto tus recetas paliativas sí serán muy buenas, terapias ocupacionales Premium: asistir a exposiciones, el cine, las salidas a comer a Vinuesa, picar un huerto, volar con la mirada hasta acariciar una casa por rehabilitar en el Pirineo, son grandes antídotos.

Y, sí, Dani: la belleza brota cuando mana la solidaridad, la creación nos despierta y el amor nos debería hacer mejores. Pero ello no se impone despóticamente, cada persona tiene sus umbrales y relación con la belleza, no se tiene que recomendar entrar en ningún trance o te conviertes en un gurú a lo Charlie Manson menos uno, en un político al que le va a faltar la palabra dada.

¿Es mejor dejar el arte para el trance? No, es mejor invitar a jugar, sostener las fotos malas porque tienen un cómplice o víctima o, de lo contrario, expresan su ausencia y no la tuya. Y deciros a todos que mirar es la aventura, vuestra mirada tiene poder sobre vuestro entorno, dado que hacéis pasar las formas a sentimientos.

El ido sin despedirse fue en todo eso un maestro. Nos hacía viajar, sentir y vivir. Su traje siempre fue su aura de luna llena aunque saliera una mañana de niebla.

El día 10 de enero a las 12 de la mañana le viviremos en el bajo de uno de sus lugares favoritos: la librería La Pantera Rosa en la calle San Vicente de Paúl de Zaragoza.

30-12 Luis Iribarren

18.12.25

Huesca Final de 2025. Las Burbujas del Éxito


Un buen cava o champagne no es un espumoso de los que se abren de golpe, estallando por espumeante y rápidamente se esbafa o esbreva, que dirían en Teruel, como una caña mal tirada. Mantiene la espuma y el aroma a kiwi mezclado con masa madre, seny en catalán o sesera.

El presidente de la DPZ y alcalde montisonense, Isaac Claver, modelo de gestor político con formación y experiencia técnica como la Alcaldesa de Huesca y ambos nuevos perfiles de cuadros del PP locales, ha participado en dos galas o saraos que han reconocido el éxito de la gestión privada turística de la provincia.

Nos referimos en primer lugar al reconocimiento ae nada menos que ocho restaurantes oscenses, además esparcidos por algunas comarcas y territorios, con la estrella Michelín. Ello les supondrá la inclusión en la Guía de la multinacional francesa de 2026 y entrar en competición, dar cita para tanto de estos que los colecciona porque se lo puede pagar.

La edición de este año, además y no es fácil, ha supuesto la no pérdida del reconocimiento, al que añadir algunos restaurantes más con soles de Repsol, que vienen conservando proyectos que cambiaron la gastronomía oscense.

Carmelo Bosque en sus proyectos como el oscense Tatau la revolucionaron desde la cocina de corte francés que se hacía en Jaca o el Sotón a liberarla de la nueva cocina vasca y volver a las guisanderas, fondas y tradición oscense de los fogones de Panticosa, los restaurantes de la Belle Epoque de Basbastro, los magníficos de Binéfar y Tamarite de los años 70-80 (el mejor besugo, caracoles y longaniza a la brasa en ellos se despachaba) y el bastión que suponía y se conserva en Graus. El restaurante Lleida, de las licencias de restauración más antiguas de España.

Fogones todos que despacharon en la montaña nuestra cocina de fusión que yo describo como aragonesa con toques bearneses y catalanes, y al Sur del Somontano, como aragonesa tradicional.

Presidida la segunda por la magnificencia de las hortalizas y garbanzos de la Hoya, los aceites perfumados y fragantes de la faja prepirenaica entre la Galliguera, Bolea, Somontano y Ribagorza Sur; las frutas y arroces afamadísimos del Bajo Cinca, entre los que destacar los higos secos como producto tradicional; a los que sumar las mieles y ternasco de Monegros, para mí los mejores del mundo.

Añadamos en el postre a la francesa las numerosas queserías que exhiben su producción en la Feria de Biescas y nos regalan otros lácteos sublimes, las empresas de helados y espirituosos, dando lugar a un escenario feliz de poder sacar no un carro con ruedas sino varios a los que añadirle la repostería jacetana y barbastrense y unos chocolates con cosetas de Benabarre.

Residenciada la producción de licores especialmente en Loarre y Colungo, la segunda forma parte de la superficie del Parque Natural de Guara en que la emperatriz puede ser la carrasca milenaria de Lecina, los Reyes Magos las pinturas rupestres de los abrigos de sus cañones, su secreto peor guardado los bosques caducifolios de la cara norte del Tozal de Peña Guara, y parece ser que para muchos la estrella es su industria –mal denominada porque son servicios- entorno a los deportes de aventura. Conteniendo disciplinas deportivas que se pusieron en boga o de moda en los años 90 del pasado siglo, y supusieron una revolución por establecimiento de empresarios y usuarios franceses, especialmente en Alquézar.

A partir de esta sierra especialmente, Huesca provincia ha sido premiada como destino único de aventura por la variedad y cantidad de “sus productos”. Aunque los efectos de tal reconocimiento en Fago, Peralta de la Sal o Ballobar sean un arcano.

Lugar que no admite comparación sino con Albarracín en belleza, este florecimiento industrial de Alquézar que le ha permitido salir en el “zoom tendencias” de La 2 a mí personalmente me ha costado comer en su especialísima fonda que se llamaba “Casa Gervasio”, tristemente desaparecida porque solo pega el rollo kuki.

A mí me iba más subir a aquella primera planta de casa tradicional somontana en que se ponían los pucheros de los guisotes en el centro y ponte los platos que quieras. Del mismo modo que en los restaurantes de Labuerda, El Grado y al oriente de Serrablo. En mis comarcas se veía venir lo que está pasando, precios astronómicos para cantidades reducidas, y siempre se sirvieron platillos en cantidad cerrada porque nuestros visitantes vascos parece ser que no son triperos ni entienden lo contrario.

Ver cómo se premia al mantenimiento y transformación de un restaurante de Tella como si se tratara de un puesto de comida callejera taiwanés; soportar mientras cierran los bares tradicionales de tapas de Sabiñánigo la lista de espera del restaurante de Sardas con justicia llevado a los altares que habrá subido a seis meses (antes te operarán); añadir en qué situación quedan el resto de territorios oscenses que solo somos valles de paso y donde va a sers imposible echarse un café –cierre de los bares de Aragüés, Villalangua, Bailo con peligro de perder su artesanía del pan- me lleva a alegrarme de estos premios but…

En Sabiñánigo y supongo que en Monzón se recuerdan los efectos de la pandemia en Jaca o en Benasque con comarcas enteras, excepto los agricultores y trabajadores de industria agroalimentaria, en ERTE como consecuencia de su única apuesta por el monocultivo turístico.

Se puede a la vez celebrar y repensar, Claver. Porque, simultáneamente a esta entrada, en el Javalambre turolense abre una embotelladora de agua, empleo estable no estacional, con capacidad para producir 60 empleos que se van a cubrir con valencianos amantes de vivir slow.

Me parecen bien los premios pero que la Diputación no renuncie a gestionar la repoblación de todos los municipios que no son fondos de valle sin capacidad por falta de ¿belleza? (la que se expide como objetiva oficialmente) de ser vendidos para despedidas de soltero, apueste claramente por volver a impulsar un proyecto de agua de Panticosa, posibilite la apertura del Balneario de Camporrells o conjuge la producción intensiva de ganadería y vegetales con la salvaguarda como parque nacional, y patrimonio único en España y Europa, de los corros de sabinas milenarias de Pallaruelo.

18.12 Luis Iribarren

16.12.25

La Capilla Sixtina aragonesa está muy mal


No es sencillo ver los murales de la iglesia de la Mantería en Zaragoza, otro de los varios ejemplos de desidia triste y dolorosa a la hora de conservar lo que hemos tenido. La iglesia de la Mantería o más correctamente dicho Iglesia de Santo Tomás de Villanueva del antiguo convento de agustinos de la Mantería es una iglesia barroca que no es sencillo poderse visitar.

Los frescos de la iglesia de La Mantería (Santo Tomás de Villanueva) son uno de los conjuntos barrocos más importantes de Zaragoza y se consideran la obra mural conservada más relevante de Claudio Coello, con participación de su discípulo Sebastián Muñoz. Han sufrido un deterioro muy grave sobre todo por las humedades desde el techo mal conservado, pero en los últimos años se han impulsado obras para protegerlos y restaurarlos parcialmente.

La decoración mural al fresco de las bóvedas y cúpulas se atribuye a Claudio Coello (Madrid, 1642–1693), pintor de cámara de Carlos II y uno de los grandes del barroco español, ayudado por Sebastián Muñoz, discípulo de Coello, que viajó a Zaragoza para ayudarle, y se conservan dibujos preparatorios suyos para estos frescos.

El templo barroco de los agustinos se construye hacia 1683–1686, y Coello trabajó “más de un año” en la decoración, por lo que la ejecución de los frescos se sitúa en torno a esos años, en el último tercio del siglo XVII.

Las pinturas decoran principalmente las bóvedas, lunetos y cúpulas elípticas de la nave y los tramos principales, y en origen el interior estuvo recubierto “desde el zócalo al techo” de pintura mural, aunque hoy sólo se conserva lo alto, desde la cornisa hacia el techo.​ Ejemplos similares y muy bien conservados tenemos en un buen número de monasterios en Rumanía, y en la iglesia de San Nicolás de Valencia,

Lo representado es típicamente barroco con composiciones celestes con santos agustinos y escenas teológicas, resueltas con un marcado sentido teatral, perspectiva ilusionista y recursos de la escuela romano‑italiana (se ha señalado la influencia de Carlo Maratta).

El espacio arquitectónico de la iglesia se diseñó y construyó expresamente para ser pintado, y eso se nota en la organización de bóvedas y cúpulas, muy originales, que funcionan como soporte de un gran “techo continuo” de frescos, lo que ha llevado a llamar al templo la “Capilla Sixtina de Aragón”.

La iglesia de Santo Tomás de Villanueva, conocida como La Mantería, es lo único conservado del antiguo convento agustino; es un barroco de ladrillo de gran plasticidad, uno de los mejores ejemplos de este estilo en Zaragoza.

En 2023–2024 se han iniciado obras en la cubierta para atajar filtraciones y proteger los frescos, promovidas por el Ministerio de Cultura y el Gobierno de Aragón, como paso previo a la restauración integral de la pintura mural, con una inversión en torno a los 2 millones de euros.

9.12.25

Miscelánea soriana de 2025. La Cuarta Provincia


Por donde traza el Duero su curva de ballesta en torno a Soria (Antonio Machado)

En otras ocasiones nos hemos referido a la desconexión entre Aragón y Soria, sanitaria y educativa. Esa que han supuesto los cincuenta últimos años que se celebran de Estado de las Autonomías.

Yo he vivido una provincia de Huesca y este de la de Teruel volcadas sus gentes a la emigración a Barcelona y, sin embargo, una provincia y ciudad de Zaragoza receptora de unos 40.000 sorianos de origen que con sus descendientes con la cuarta parte de población, sumadas sus parejas y nietos. Buenos conocedores de Soria en todo caso.

Los sorianos eligieron antes, para ser de donde se pace, una ciudad de pastores que otra cuya cabañera pasa por la Puerta de Alcalá y su calle de ocho carriles. Una urbe, ni pequeña ni grande, cómoda y próxima a sus pueblos de origen, especialmente en las comarcas de Ágreda, Arcos de Jalón y Almazán, que concentrarse en Madrid. Siendo el valle del Duero y Valladolid ciertas tierras incógnitas, prefirieron inicialmente integrarse en el tejido industrial y, tras prosperar, desarrollar su alma mercantil de trueque, pastoril inversora, en Zaragoza. No tanto en el resto de Aragón (porque son así de listos y resilientes y no veían el mercado que ellos mismos abandonaron reproducido).



Así y tras la Constitución con su Estado de las Autonomías que reivindicó Aragón y afectó como daño colateral al centralismo castellano, hemos sentido y vivido el borrado y traslado del legado universitario castellano en Zaragoza (el leonés Badiola, el humanista e historiador soriano Carmelo Romero, el magnífico novelista y veterinario de Chércoles: Juan José Ramos Antón) que hoy son excepciones en la setentena. Todo ello en el mismo idioma, qué no habrá pasado por otras culturas de la plurinación.

A estos selectos y al resto de castellanos residentes ni siquiera ha de reconocérseles la condición de aragoneses afectiva, como tampoco a Julio Puente –mi querido amigo y compañero de blog-, sino de aragoneses con mayúsculas.



Pues afirmo que hoy todos ellos hoy vivirían en Valladolid, con su vino mejor del mundo y su fantástica escuela de periodistas “El Norte de Castilla”. O directamente en Madrid, divorciados del Ebro y pasando cada viernes por Medinaceli, cuando forman parte del mismo pueblo culto y educado, rubio y delicado celtibérico, de los bilbilitanos y turolenses.

En mis tiempos de ir a fiestas de San Juan de “Camino Soria” de Gabinete Caligari, no era sino a partir de Berlanga donde el Duero se hacía plenamente castellano. Ello porque bajaba de Urbión mirando al Moncayo por unos montes de pinos escultóricos y retorcidos que recuerdan que no solo la montaña soriana sino también Rioja fueron Castilla, las parteras de su idioma. Perdida Rioja para la causa castellana, Soria quedó como una extraña envolvente, un apéndice que apagó la política de Tarazona y el Moncayo norte –y tanto, añado, están sintiendo en términos de pérdida de actividad-.

Vaya para mis aragoneses sorianos queridos y mis amigos de infancia y juventud, Marimar Martín y Agustín Fuentemilla, como para tantas madres y padres de zaragozanos sorianos que he conocido, el presente recordatorio. Grandes guisanderos de cangrejos de río residentes en la metrópolis del Ebro en la que como mejor se puede comer es a la soriana: con raciones de chorizo dulce, torreznos y picadillo, aunque no de mantequilla salada que es la mejor del mundo.



A finales del siglo pasado, ibas a dar una vuelta a la ciudad de Soria, a empaparte de Machado y románico y tomar unos cortos en el “Collao” o dar un paseo botánico por la Dehesa, y veías la sede de “Heraldo de Soria” como que su plaza-corazón se hallaba ocupada por un mamotreto de Ibercaja. Ello te hacía querer estar por sentirte en casa, profundizar y disfrutar de la ciudad patrimonial de Burgo de Osma, el cañón del Río Lobos, el castillo de Gormaz y el sabinar donde Calatañazor. Muchos trabajadores de lo local queríamos ser secretarios en Soria.

Luego nos mandaron un apagón, aunque yo recuperé el fusible esta primavera visitando la comarca pinariega desde Rioja y Neila.



Por ello, quiero destacar, como casi cada año, algunas noticias de la actualidad soriana de 2025 que me parecen relevantes, de las que tomar nota y considerar desde mi provincia oscense:

       Desde el Proyecto ochentero “Soria Natural”, tan en el espíritu de las iniciativas de la “Fundación Térvalis” turolense, la cuarta provincia ha sido un territorio pionero en introducir productos herbales de altísima calidad en el mercado de Madrid y la venta electrónica. Ese tirón está siendo aprovechado por otros especialistas en agroalimentación a partir de los productos del cerdo, reposterías de las Clarisas y las afamadísimas setas y chuletas pinariegas de Vinuesa. Destino de montaña muy conocido por los zaragozanos a la misma distancia temporal que el Pirineo oscense.

       La fundamental asociación en el pulso y nervio sorianos, “Soria Ya”, pasa su rubicón electoral en las elecciones venideras castellanas y municipales entre críticas a su apoltronamiento derivado de su política de pactos y que sus tres cabezas descollantes se presenten nuevamente como candidatos a las primarias. Ay del asociacionismo y su profesionalización, que recordarían en Teruel.

       Voces escasas claman, como en Aragón, y recuerdan el sacrificio de las abundantes y despobladas tierras castellanas como soportes de macro proyectos tales como la súper granja porcina o la mina de Borobia en el Moncayo Sur, el faraónico aunque muy bonito Parque Empresarial del Medio Ambiente de Garray –que tiene como uno de sus ejes la actuación “Maderaula” para el aprovechamiento y puesta en valor de la madera del monte soriano- o las iniciativas fotovoltaicas que pretenden desarrollarse en centenares del hectáreas en el sur seco, colindante con Aragón y Guadalajara.

       Ha sido por último, en el ámbito de la cultura al que siempre dedicaré una mirada, el año de la conmemoración del 150º aniversario natalicio de Antonio Machado, y se le han dedicado actos, la impulsión de unas rutas entorno al intelectual aunque ligero de equipaje físico y hasta un Congreso Internacional. La actuación más popular y emotiva entiendo que ha consistido en la colocación de un banco-libro en la plaza soriana del Vergel. Voces críticas apuntan a cómo en esta pretendida como iniciativa “Ciudad de los Poetas” se quiera afear las vistas de la ballesta del río padre castellano a su hundido paso por la localidad y San Saturio –generando el bosque de ribera más bello de Europa en otoño- con una promoción de miles de viviendas.

Cuestión bien poco poética, sí, y añado que de pésima prosa en cuanto a la justificación de qué interés general se haya puesto en juego como excusa.

Se necesita demasiada resistencia numantina para poderlo pasar garganta abajo. De las contradicciones por nuestro bien que detestó, aunque no por eso combatió con saña, el maestro sevillano con ojos de olmo sin grafiti y páramo. Este maestro, junto con otros de su generación, que nos ayudó a comprender y santificar nuestro recio y duro paisaje sin tener que leer a los poetas japoneses del zen, que él tanto conoció y usó para emocionarnos.

Como en el siguiente poema de sus “Canciones de Tierras Altas” (título que no he llevado a enmarcar, sino que llevo tatuado):

Recio viento sopla

de Urbion a Moncayo.

!Páramos de Soria!

09.12 Luis Iribarren.

3.12.25

La Zaragoza visigoda. Detalles de su historia


Para entender bien la historia de Zaragoza durante el período de transición del dominio romano al visigodo hay que advertir y reconocer que los godos no "tomaron" la ciudad de Caesaraugusta mediante una conquista militar en el sentido tradicional, y que el proceso fue gradual, complejo y mayormente pacífico, extendiéndose a lo largo de varias décadas durante el siglo V principalmente. Aunque es un periodo de la historia de Zaragoza, no bien conocido todavía.

La ciudad romana de Caesaraugusta se encontraba en una región de Hispania durante una época de profunda inestabilidad casi total. El Imperio romano de Occidente, heredado por el emperador Honorio, se hallaba debilitado y fragmentado. Cuando en el año 409 una coalición de pueblos bárbaros (vándalos, alanos y suevos) invadió la Península Ibérica, se distribuyeron los territorios entre sí, pero Roma no controlaba efectivamente Hispania, sino que se confiaba en fuerzas federadas de la propia Hispania para mantener el orden.

A partir del año 415, los visigodos comenzaron a llegar en mayor número a Hispania bajo el mando del rey Ataulfo. Sin embargo, el proceso fue intermitente. Inicialmente se asentaron principalmente en Aquitania (sur de la Galia actual), donde establecieron el Reino de Tolosa en 418 bajo el acuerdo con el emperador Honorio. Desde allí, durante los siglos V y VI, los visigodos ejercieron creciente influencia sobre Hispania sin necesidad de conquistas militares dramáticas. Era un recambio que incluso se entendía positivo.

No fue una expulsión de romanos, sino una gradual asunción del control administrativo de aquella Hispania. Los visigodos, como principales fuerzas militares del norte, se fueron consolidando en posiciones de dominio, que Roma prácticamente impotente tras el colapso del imperio occidental en 476, ya no podía disputar.

El momento más específico en que Zaragoza fue incorporada al dominio visigodo ocurrió en torno a 472. El rey Eurico, legislador y expansionista, envió al conde Gauterico para incorporar Pamplona y Zaragoza al reino visigodo. Habían pasado unas décadas desde la entrada en Hispania de los Visigodos.

Esto sucedió sin que los textos que se ocnservan hablen de un asedio o combate específico. La ciudad ya era conocida por los visigodos desde hacía décadas: habían pasado por sus vías durante sus operaciones como federados romanos, admiraban sus poderosas murallas de 60 hectáreas, su importancia estratégica en el valle del Ebro y su riqueza agrícola.

Por lo tanto, la ocupación en el año 472 fue administrativamente declarada, no militarmente conquistada. Zaragoza simplemente pasó a formar parte del Reino visigodo de Tolosa que Eurico estaba ampliando.

Lo que sí marcó el inicio de una presencia militar goda significativa y constante en Zaragoza fue a partir del año 494, con los primeros ataques de los francos desde el norte de la Galia. En este momento, la ciudad de Zaragoza requería guarnición militar permanente, por lo que se asientan en nuestra ciudad desde el año 494 grupos de militares godos y sus familias.

Es posible que hubiera cierta resistencia de elementos locales hispanorromanos a la presencia visigoda, pues según algunas crónicas locales, hablan de dos incidentes de represión tuvieron lugar para disuadir la resistencia: 

El caso de Burdunelo: Un levantisco local fue enviado a Toulouse y cocido vivo dentro de un toro de bronce como escarmiento ejemplar 
 
La exhibición de la cabeza de Pedro (506): Un hispanorromano llamado Pedro, capturado en Tortosa tras haber intentado rebelarse contra los visigodos, fue decapitado. Su cabeza fue exhibida públicamente en Caesaraugusta como advertencia

Estos actos sugieren que, aunque la transición fue principalmente administrativa y pacífica, hubo resistencia organizada local que fue duramente sofocada para consolidar el dominio visigodo.

Tras la batalla de Vouillé en 507, donde los francos derrotaron a Alarico II y conquistaron gran parte del reino galo de Tolosa, los visigodos se retiraron definitivamente hacia el sur, a la Hispania que ya era propia.

La ciudad de Zaragoza, que ya era parte del reino visigodo, continuó bajo su dominio. Aunque hubo períodos de supremacía ostrogoda (511-549) y continuos conflictos —especialmente el legendario asedio franco de 49 días en el año 541 en donde la ciudad de Zaragoza al quedar dominada totalmente, permaneció bajo control visigodo hasta la invasión musulmana de 711.

Childeberto y Clotario fracasaron en el empeño de conquistar Zaragoza por la fuerza, sobre todo por el papel que ejercieron nuestras murallas. Se piensa que se atacó Zaragoza en la zona del muelle del puerto fluvial, por algunas modificaciones que se hicieron en aquella época, para dotarlo de más seguridad.

El asedio de Caesaraugusta (Zaragoza) en el verano de 541 constituye uno de los episodios más dramáticos de la historia de la ciudad en época visigoda. Durante 49 días, un poderoso ejército franco comandado por los reyes merovingios Childeberto I y Clotario I intentó sin éxito conquistar la principal plaza fuerte visigoda en el norte de Hispania.

Childeberto I, cuyo nombre significa "Ingenioso combatiente", era uno de los cuatro hijos de Clodoveo I, el fundador de la dinastía merovingia y primer rey en unificar a los francos. Tras la muerte de su padre en 511, el reino franco se dividió entre los hermanos siguiendo la tradición germánica del reparto patrimonial, correspondiendo a Childeberto la ciudad de París y el territorio que se extendía por el norte hasta el Somme y por el oeste hasta el Canal de la Mancha.

En el año 524, Childeberto y su hermano Clotario asesinaron a sus propios sobrinos (los hijos de su hermano fallecido Clodomiro) para repartirse su herencia, lo que le convirtió también en rey de Orleans. En 534, los dos hermanos conquistaron conjuntamente el reino burgundio (Borgoña), que pasaron a reinar conjuntamente.

Clotario I, llamado "el Viejo", era el hijo menor de Clodoveo I y de la reina Clotilde. A la muerte de su padre heredó las tierras de Soissons, pero pasó la mayor parte de su vida en campañas para expandir sus territorios a expensas de sus parientes y de los reinos vecinos. Clotario era conocido por su ambición desmedida y su capacidad para la intriga. Tras la muerte de Childeberto en 558, logró reunificar todo el reino franco bajo su mando.

Ambos hermanos, a pesar de sus continuas disputas y conspiraciones mutuas, colaboraban cuando existían intereses comunes, especialmente en las campañas militares contra los visigodos.

Sabemos que en aquella Hispania hubo un brote muy potente de peste inguinal (peste bubónica) en el año 542, pero desconocemos de qué forma pudo afectar a la ciudad de Zaragoza, aunque se sabe qué si fue una epidemia muy potente en toda Hispania y en sus zonas del Norte afectó a las tropas militares que estaban viviendo muy juntas en barracones. Pero volvamos un poco antes.

En el verano de 541, un potente ejército franco partió de la ciudad de Dax (en la Gascuña francesa) y atravesó los Pirineos con la intención de conquistar el valle del Ebro. La expedición estaba encabezada por los reyes Childeberto y Clotario I, acompañados de los tres hijos mayores de Clotario.

El paso de los Pirineos se realizó por Roncesvalles, y tras llegar a Pamplona, el ejército franco se dedicó a saquear la provincia Tarraconense logrando un cuantioso botín y provocando una gran devastación. El asedio de Caesaraugusta se prolongó durante 49 días, sin que las tropas sitiadoras pudieran superar las defensas de la ciudad. La urbe estaba protegida por la potente muralla tardorromana, que encerraba un recinto de aproximadamente 60 hectáreas, y reforzada posiblemente por una guarnición visigoda al mando del dux Teudiselo (futuro rey visigodo).

Las murallas de Caesaraugusta habían demostrado ya su inexpugnabilidad en múltiples ocasiones a lo largo de los siglos IV y V, resistiendo a bagaudas, suevos y otros invasores. Los francos, aunque contaban con un ejército numeroso, carecían de los medios técnicos necesarios para asaltar una fortificación de tal envergadura.

Las fuentes históricas ofrecen dos versiones diferentes sobre cómo finalizó el asedio, ambas con elementos probablemente complementarios. La versión milagrosa de Gregorio de Tours y la versión militar de Isidoro de Sevilla

El obispo Gregorio de Tours, cronista franco del siglo VI, ofrece un relato cargado de elementos hagiográficos en su Historia Francorum. Según este autor, cuando la situación de la ciudad ya era desesperada, sus habitantes, imitando a los ninivitas bíblicos, se sometieron a un ayuno riguroso y comenzaron a desfilar en procesión sobre las murallas. Los hombres iban cubiertos de cilicios, entonando cánticos y llevando consigo la túnica de San Vicente Mártir. Las mujeres vestían mantos negros, con los cabellos sueltos y cubiertos de ceniza, implorando la ayuda divina.

Los supersticiosos francos creyeron inicialmente que se trataba de un maleficio contra ellos. Sin embargo, un campesino zaragozano hecho prisionero les informó de la verdad: no se trataba de magia, sino de una procesión religiosa, y además los habitantes de la ciudad no eran arrianos sino católicos como ellos. Esta revelación cambió la actitud de los invasores. Los reyes francos ofrecieron al obispo de Zaragoza, llamado Juan, levantar el asedio a cambio de una reliquia de San Vicente como prenda de paz. El obispo les entregó la estola del mártir, que Childeberto llevó a París.

La otra versión, la de Isidoro de Sevilla, en su Historia Gothorum, ofrece una versión más pragmática y favorable a los visigodos. Según él, los francos se vieron obligados a levantar el cerco ante la proximidad de un ejército visigodo enviado por el rey Teudis al mando del conde Teudisclo. El ejército visigodo había ocupado los pasos pirenaicos, amenazando con cortar la retirada franca. En otro pasaje, Isidoro señala que los visigodos lograron efectivamente cortar la retirada al ejército invasor, y que los francos tuvieron que comprar a muy alto precio una breve tregua (un día y una noche) para atravesar los puertos pirenaicos. "A cinco reyes de los francos que asediaban Caesaraugusta y que habían devastado casi toda la provincia Tarraconense, habiendo sido enviado el duque Theudisclo, se les enfrentó decididamente y no con ruegos, sino con las armas los obligó a marcharse de sus dominios”. Según esta versión, transcurrido el período de tregua, en el que solo pudieron ponerse a salvo algunos contingentes, el resto del ejército franco fue aniquilado.

Aunque Zaragoza resistió, el resto de la provincia Tarraconense sufrió terriblemente. Los francos saquearon amplios territorios antes de retirarse, llevándose un rico botín. La destrucción de los cultivos de los alrededores provocó hambre en la ciudad.

Los godos pues, no expulsaron a los romanos de Caesaraugusta mediante una conquista militar, sino que ocuparon gradualmente la ciudad como parte de la desintegración natural del Imperio romano de Occidente. El proceso fue gradual desde las primeras incursiones federadas (415) hasta la ocupación administrativa declarada (472), fue mayormente pacífico con una transición administrativa que prevaleció sobre las armas y con poca resistencia local, aunque cuando la hubo fue sofocada mediante represión ejemplar

Zaragoza y especialmente a partir de del año 494, cuando la ciudad requería defensa permanente, se consolida como un gran cuartel militar para defender el norte de aquella Hispania Goda.

Y aunque Zaragoza resistió bien en aquel envite del año 541, el resto de la provincia Tarraconense sufrió terriblemente. Los francos saquearon amplios territorios antes de retirarse a Francia, llevándose un rico botín. La destrucción de los cultivos de los alrededores provocó hambre en la ciudad de Zaragoza al levantarse el asedio.

El fracaso del Sitio de casi dos meses reforzó la posición de Zaragoza como plaza inexpugnable y centro estratégico del reino visigodo. La ciudad continuaría resistiendo ataques posteriores. En el año 621 un ejército franco entró en paz para apoyar a Sisenando contra Suintila, y en el 653 las murallas resistieron los embates del rebelde Froya contra el rey Recesvinto.

Para Zaragoza, el episodio del año 541 quedó grabado en la memoria colectiva como símbolo de resistencia. La ciudad mantendría su importancia estratégica durante todo el período visigodo, alcanzando un notable esplendor cultural en el siglo VII bajo los obispos Juan II, Obispo Braulio, Obispo Tajón y Obispo Valderedo, que desarrollaron en el marco del monasterio de Santa Engracia una importante actividad humanística.

La conexión entre Zaragoza y París, forjada paradójicamente por este fallido asedio, pervive hasta hoy en la abadía de Saint Germain des Prés, testimonio silencioso de aquellos 49 días en que dos reyes francos fracasaron ante las murallas de la antigua ciudad de Caesaraugusta.

2.12.25

Obras de Jerónimo Zurita y Castro


Aragón ha sido tierra de grandes figuras históricas que han marcado caminos y han sabido recopilar nuestra historia, para poderla conocer hoy mucho mucho mejor. Uno de los más importantes fue Jerónimo Zurita.

Jerónimo Zurita y Castro nacido en Zaragoza, (4 de diciembre de 1512 - Zaragoza, 3 de noviembre de 1580, bautizado en la iglesia de San Gil,) fue el primer cronista oficial del Reino de Aragón y una de las figuras más relevantes de la historiografía renacentista española. Considerado unánimemente como el "Príncipe de los cronistas oficiales de la Corona de Aragón", su riguroso método historiográfico basado en fuentes documentales primarias revolucionó la forma de escribir historia en la España del siglo XVI.

Cuando Aragón había concluido ya su personalidad como Reino junto a los territorios de Baleares, parte de Italia, algo de Asia, parte de Francia, junto a la actual Cataluña, Valencia y sus alrededores, surgió la figura de un cronista que supo dejarnos por escrito toda la historia de su tiempo.

Zurita nació en el seno de una familia acomodada y bien relacionada con la Monarquía. Su padre, Miguel de Zurita, natural de Mosqueruela (Teruel), fue médico de cámara del rey Fernando el Católico y posteriormente del emperador Carlos V. Su madre, Ana de Castro, era la segunda esposa del doctor Zurita. De este matrimonio nacieron tres hijos: Jerónimo, Andrea e Isabel.

La posición privilegiada de su padre le permitió acceder a una formación humanística excepcional. Estudió en la prestigiosa Universidad de Alcalá de Henares, donde tuvo como maestro al célebre helenista Hernán Núñez de Toledo, conocido como el Comendador Griego o el Pinciano. En Alcalá coincidió con futuros intelectuales destacados como el cardenal Mendoza, León de Castro, y Francisco y Juan de Vergara, con quienes profundizó en el conocimiento del griego y el latín.

Su dominio de lenguas fue extraordinario: además del latín y griego clásicos, aprendió francés, italiano, portugués y catalán, lo que le permitiría más tarde consultar fuentes documentales en diversos territorios de la Corona de Aragón.

Gracias a la influencia paterna, en 1530 el emperador Carlos V nombró a Zurita merino (Juez ordinario y foral) de la ciudad de Barbastro y de la villa de Almudévar, además de "Continuo" de la Casa Real y gentilhombre de su Cámara con cargo militar. Poco después fue designado Baile (Juez ordinadiro de Huesca).

En 1537 contrajo matrimonio en Valladolid con Juana García de Oliván, hija del Secretario de la Inquisición, quien ya había conseguido que Jerónimo fuera su coadjutor y sucesor. De este matrimonio nacieron cinco hijos: Miguel (1542), Juana (1543), Jerónima (1545), Isabel (1547) y Jerónimo (1547), este último su heredero principal. De los cinco hijos, solo Isabel contrajo matrimonio; los demás entraron en religión.

Ese mismo año de 1537 fue nombrado asistente-secretario de la Inquisición al servicio del cardenal Juan Tavera, que desempeñaba los cargos de miembro del Consejo de Estado, inquisidor general y arzobispo de Toledo.

Las Cortes de Aragón crearon el cargo de Cronista del Reino en 1547. Como consecuencia de esta normativa, los Diputados del Reino aragonés eligieron y nombraron a Zurita para el cargo el 31 de mayo de 1548. Fue así el primer ocupante de este oficio que perduraría hasta principios del siglo XVIII.

A partir de su nombramiento en la Inquisición, Zurita emprendió una labor sistemática de investigación documental sin precedentes. Autorizado por los Diputados de Aragón y con permiso de los soberanos, trabajó en archivos de toda la Corona: Barcelona, Sicilia, Nápoles, Roma, La Seo de Urgel, Tarragona, Valencia y Simancas. En 1549 obtuvo las órdenes reales que le franquearon el acceso a todos los archivos y librerías, tanto públicas como privadas, para realizar sus investigaciones.

La fidelidad de Zurita a la corona, especialmente al príncipe Felipe, le llevó a una estima que se tradujo en un aumento de la confianza del nuevo rey tras su ascenso al trono en 1556. En 1566, Felipe II lo nombró secretario para el Concilio de la Inquisición, así como secretario de su Consejo y Cámara, delegando en él todos los asuntos de suficiente importancia como para requerir la firma del rey.

En 1567, el monarca le ordenó dirigir el acopio de fondos para el Archivo General de Simancas, contribuyendo a la organización de este importante repositorio documental. En 1571 obtuvo una sinecura en Zaragoza como racional (supervisor de la contabilidad municipal), lo que le permitió renunciar a sus anteriores cargos el 21 de enero de ese año para dedicarse por completo a sus estudios históricos.

La obra magna de Jerónimo Zurita, en la que trabajó durante treinta años, son los Anales de la Corona de Aragón. Esta monumental crónica narra la historia de Aragón en orden cronológico desde el periodo islámico hasta el reinado de Fernando el Católico, abarcando también los territorios vinculados a la Corona: Cataluña, Valencia, Mallorca, Sicilia, Cerdeña y Nápoles.

La estructura de la obra comprende veinte libros divididos en dos partes:

Primera parte (libros I-X): publicada en 1562, cubre desde los orígenes del reino hasta el reinado de Alfonso V

Segunda parte (libros XI-XX): publicada entre 1578 y 1579, abarca hasta la muerte de Fernando el Católico en 1516

Las principales ediciones de los Anales fueron:

La edición príncipe de 1562, editada por Bernuz en Zaragoza. La edición corregida por el propio Zurita de 1585, editada por Portonariis. La edición de 1610 por Robles, que incluía la Apología de Ambrosio de Morales y un parecer de Juan Páez de Castro en defensa de la obra​. La edición de 1668-1670 por Diego Dormer

El modelo historiográfico de Zurita fue el historiador romano Tácito. Se propuso hacer un relato histórico riguroso, alejándose de leyendas, rumores y creencias populares, contemplando únicamente fuentes antiguas y documentación archivística. Como señala su biógrafo: fue la primera historia española que no empezó por Noé.

Zurita puede considerarse como el primer medievalista de Aragón y un pionero de la historiografía científica española. Su método destacó por varias innovaciones fundamentales.

Preferencia por las fuentes primarias: no se conformó con seguir las pautas de sus predecesores, que se limitaban a reescribir la historia según las crónicas precedentes, sino que indagó en los archivos y utilizó documentación original. Rechazaba o desconfiaba de los cronicones antiguos y de la bibliografía que no contuviera un planteamiento crítico, apartándose de la fabulación y del mito.

Investigación exhaustiva: visitó numerosos archivos en España, Italia y Sicilia, recogiendo documentos de su propia mano que constituyen la historia más completa de la monarquía aragonesa.

Transcripción documental: en muchas ocasiones figuran en sus Anales las transcripciones literales de los documentos que le sirvieron de fuente.

Rigor crítico: aunque su estilo resulta árido y monótono, sus juicios son íntegros y honrados, concienzudo e imparcial.

En total se cree que fueron más de 40 libros los que llegó a escribir en sus años de investigador sobre la Historia de Aragón. El conjunto de documentos que Zurita recopiló durante sus investigaciones constituye lo que se conoce como la "Alacena de Zurita". Unos elementos casi tan importantes como sus obras.

Tras su nombramiento como cronista, visitó diversos archivos y fue recogiendo todos los documentos necesarios para escribir los Anales. Una vez utilizados, muchos los entregó al Rey o a los archivos correspondientes, y otros quedaron en su poder hasta su muerte.

En 1573 entregó al Archivo de la Diputación del Reino algunos legajos, expresando su deseo de que se guardasen en un armario junto con sus manuscritos, como prueba documental de lo escrito. El 4 de junio de 1576, su hijo Jerónimo Zurita Oliván presentó a los diputados la segunda parte de los Anales junto con la documentación correspondiente.

Este fondo documental sufrió gravemente el incendio de 1809 durante los Sitios de Zaragoza, conservándose hoy solo una pequeña parte que comprende documentos reales de Pedro III, Alfonso III, Jaime II, Pedro IV, Juan I, Martín I, Alfonso IV, Fernando II y Carlos II, entre otros.

Zurita mantuvo una intensa correspondencia con los principales eruditos de su tiempo. Su amistad con Juan Páez de Castro, con quien probablemente coincidió en la Universidad de Alcalá, fue especialmente fructífera. Páez de Castro fue helenista reconocido y cronista oficial de Carlos V y Felipe II, y ambos compartieron intereses por la historia y los libros.

También mantuvo relación epistolar con Antonio Agustín, eminente jurista, y con otros humanistas como Gonzalo Pérez, secretario de Estado de Felipe II.

Los Anales no estuvieron exentos de críticas. El cosmógrafo mayor Alonso de Santa Cruz, impugnó la obra, achacándole un punto de vista demasiado favorable al Reino de Aragón y cierto desdén hacia Castilla. Sin embargo, Zurita cosechó a esos defensores o detractores acérrimos que negaban que su historia mostrara un punto de vista tendencioso. A su defensa salieron Ambrosio de Morales y Juan Páez de Castro.

Esta controversia obligó a Zurita a someter sus Anales a revisión antes de que la obra pudiera publicarse en Castilla, pero finalmente la defensa de Morales y Páez de Castro prevaleció.

En 1578 y 1579 Zurita estuvo en Zaragoza con permiso real e inquisitorial, aunque no consiguió la deseada jubilación. Durante este período pudo atender directamente sus estudios históricos y ver la publicación de la segunda parte de sus Anales (1578-1579), de los Indices rerum (1578) y de la Historia del Rey Don Hernando el Católico (1580).

El 31 de octubre de 1580 hizo testamento, y el 3 de noviembre de ese mismo año el notario Jerónimo Andrés daba cuenta de su fallecimiento. Por deseo propio, sus restos fueron sepultados en el Monasterio de Santa Engracia de Zaragoza.

Su epitafio, que se encontraba colateral al sepulcro en el monasterio, decía: "HIERONIMO ZURITAE MICHAELIS F. GABRIELIS N...". Lamentablemente, el monasterio fue arruinado durante los Sitios de Zaragoza en la Guerra de la Independencia.

Zurita desempeñó un papel clave en la construcción de la memoria del pasado aragonés. Su obra sigue siendo de obligada consulta para cualquier estudio sobre la historia medieval de Aragón y la Corona. Como señalaban los estudiosos de su época, difícilmente se encontrará, ni aun en los tiempos modernos, una obra escrita con tal rigor crítico y tales cualidades de veracidad.

Su método de trabajo, basado en la consulta directa de documentos originales y el rechazo de las fabulaciones legendarias, estableció un modelo que sería seguido por generaciones de historiadores posteriores, convirtiéndolo en una figura fundacional de la historiografía científica española.

Alrededores de Zaragoza año 1811


Esta sección de un plano de los alrededores de la ciudad de Zaragoza, se hizo en el año 1811, hecho por los franceses seguramente, o sin duda bajo mandato de los franceses en la ciudad, que acabó en el año 1813

Vemos las localidades más importantes que rodeaban a Zaragoza, las mismas que ahora, lo que nos deja la constancia de que los alrededores de Zaragoza han cambiado poco en estos dos siglos, aunque como es lógico hayan crecido en población todas estas localidades, y además de manera bastante distinta entre ellas.

La Zaragoza de los reflejos acristalados

La ciudad de Zaragoza también tiene sus propios reflejos en los cristales de las grandes fachadas, como si fuéramos una ciudad de las más grandes. 

¿Lo somos? ¿Nos lo creemos?

No es igual ser una Gran Ciudad que ser una Ciudad Grande. 

Para lo primero se necesita miras e ideas anchas y largas. Para lo segundo sólo se necesita gente y calles grises.

Para lo primero se necesita gente comprometida. Para lo segundo dirigentes locales que sean aburridos e incluso un poco insolentes.

Deberíamos creer más en Zaragoza. Sobre todo los aragoneses, pero además los que no son de Aragón, pues nuestras opciones son tremendas.

30.11.25

Hoteles aragoneses con historia


Acaba el año y el Gran Hotel de Zaragoza, por el que pasó Hemingway cuando seguía la temporada de 1959 de duelos de los cuñados Dominguín-Ordóñez, está a punto de celebrar en pie y robusto su primer centenario.

Con la excusa de asistir a una feria artesanal navideña, he vuelto a entrar a este magnífico edificio del arquitecto Antonio Rubio del año 1929 y subido a sus escaleras, demorándome en sus magníficos y proporcionados salones -especialmente el de las columnas y la araña que se descuelga de un plafón elíptico, concebido por este padre del racionalismo español-.

He pensado: en este hotel podría vivir si tuviera mucho dinero como solitario recalcitrante con visitas. Únicamente añadiría a la suite una librería. Esta sensación solamente me la causa otro hotel en Zaragoza: el Hotel Orús por su magnífica fábrica, principal exponente de la arquitectura industrial rehabilitada de la ciudad.



El hotel Mur de Jaca, ciertos hoteles de los años 70 de Panticosa, el Pedro I de Huesca, la historiada Fonda del Tozal de Teruel, el hotel San Ramón de Barbastro y algunos más me trasladan a esa misma querencia de vuelta a la edad de oro de la hostelería aragonesa, que ya no me inspiran el Balneario de Panticosa ni resto de hoteles de la alta montaña. Todos en la fiebre del spa y yo arruinándome más la espalda la escritura.



Los paradores aragoneses y estatales de la red, especialmente el castillo de Alcañiz; los magníficos alojamientos del interior de la ciudad de Albarracín, el hotel Brujas de Bécquer de Tarazona comparten con los primeros coleccionar encuentros para el acuerdo, ser sede de celebraciones de las familias de su entorno y, si sus paredes hablaran, instantes de la vida verdadera de tantos de sus usuarios. Los hoteles no son, contra todo pronóstico, entornos posturales.

Los aragoneses no tienen la opulencia o relevancia de hoteles como el Ritz madrileño o el barcelonés, no han albergado citas políticas relevantes para decantar la balanza política, cultural o empresarial ni siquiera aragonesa.

O eso pensamos por conveniencia. Que no hay aguas subterráneas. Simplemente será que por ser local a nadie ha interesado su historia.



Escrito en una ciudad ni grande ni pequeña, con tranvía pero que no consiguió acondicionar el Teatro Fleta, hace buscar a sus visitantes al final de la tienda de una franquicia el techo circular de madera de Yarza del Coliseo Equitativa, somete a la sala del Cine Elíseos a la tortura de ser una hamburguesería, no sabe qué hacer con la Escuela de Artes de la Plaza de los Sitios -y así imitar a Belgrado y no a Viena-, ignora una de las bibliotecas más bellas del mundo -la de Ramón y Cajal-, y sus regentes vuelven a afirmar que falta vivienda dejándose morir sin vida mas que ocasional y turística a todo su casco viejo.



Al menos qué dos soberbios hoteles disfrutamos por dentro y por fuera para soñar que te sirven el desayuno con la indicación en la puerta del “no molesten” y que no te vas a llevar las toallas porque eres un aragonés enamorado de sus hoteles… Esperemos que el refrigerio lo preparen con alimentos de temporada aragoneses y procesados de la tierra pese a pertenecer a cadenas estatales y, seguramente, fondos de inversión.



Escrito por un nostálgico en haber podido encontrarme a Joaquín Costa en el Hotel Lleida de Graus, a Teodoro Bardají impartiendo su magisterio en los fogones de Panticosa, a Isidoro de Antillón visitando su provincia de Teruel y alojándose en una venta del Jiloca, a Pilar Bayona -esa aragonesa tan sublime- tocando el piano de algún salón de estos hoteles.

Aragón está en permanente huida hacia adelante, demasiados ingenieros con proyectos nos visitan a costa de la ciudad central que fuimos, que tan bien refleja el espléndido cementerio de Torrero en su visita escultórica.

Hoy ciudad de servicios de un valle de espacios demasiado abundantes. Lo que no compensa que se hayan agotado las entradas de Morrissey. Que, por cierto, dónde dormirá… Para desayunar lo que ahora llaman “producto”, le recomiendo dos horas en autovía y así se levantará en el óvalo de Teruel…

30.11 Luis Iribarren