Los hallazgos recientes más sorprendentes demuestran que la Zaragoza musulmana extramuros en los siglos X y XI era mucho más extensa de lo calculado, expandiéndose significativamente hacia la margen derecha del río Huerva. Siempre se había pensado que la ciudad no había cruzado el Huerva en su expansión urbana y ahora se está demostrando que los musulmanes se asentaron también en esas zonas hacia Miguel Servet y Montemolín.
Calle Pomarón: Un importante hallazgo en pleno centro urbano sacó a la luz una gran necrópolis con más de 230 cuerpos enterrados bajo el rito musulmán (orientados hacia La Meca).
Camino de las Torres / Parque Villafeliche: Durante las excavaciones para la actualización del entorno del río Huerva (cerca del antiguo Convento de San José), los arqueólogos municipales descubrieron una extensión de este cementerio islámico del siglo X. Aunque inicialmente aparecieron 27 cuerpos, los trabajos posteriores terminaron por recuperar al menos 85 cuerpos en un excelente estado de conservación. Y solo se trabajó en las zonas que se tenían que modificar en el nuevo urbanismo.
Inmediaciones de la Calle Coimbra: Los enterramientos de la calle Coimbra y el Camino de las Torres, localizados en la margen derecha del Huerva, rompen por completo esa teoría: demuestran que la influencia y ocupación civil estable de la Taifa de Zaragoza cruzó el río de forma masiva. En el urbanismo islámico medieval, las necrópolis nunca se situaban al azar; se colocaban siempre extramuros pero inmediatamente conectadas a zonas habitadas (barrios periféricos o arrabales). El hallazgo de cientos de cuerpos en este eje histórico (calle Pomarón, Camino de las Torres y calle Coimbra) constata que en esa zona existió un importantísimo y densamente poblado arrabal oriental que los textos de los cronistas medievales no habían llegado a registrar con exactitud. La estricta colocación de los cuerpos en fosas simples, sin apenas ajuar, de cúbito lateral derecho y con la mirada orientada hacia La Meca, visibiliza una comunidad profundamente islamizada y homogénea en sus costumbres funerarias. Al encontrarse hombres, mujeres y niños enterrados de manera sistemática y normalizada, se descarta que fuera un cementerio improvisado por una batalla o una epidemia repentina. Era el espacio funerario cotidiano de una población civil estable que habitó la zona durante generaciones antes de la llegada de Alfonso I el Batallador en 1118.
A su vez se han encontrado en las reformas de la Plaza de San Miguel y el Coso llevadas a cabo en esta emblemática plaza y sus inmediaciones restos medievales cristianos del siglo XIV al XVI. Paralelamente a la aparición de murallas y materiales de época romana, los arqueólogos locales han documentado fragmentos óseos vinculados al antiguo cementerio medieval de la Parroquia de San Miguel.
Calle Pomarón: Un importante hallazgo en pleno centro urbano sacó a la luz una gran necrópolis con más de 230 cuerpos enterrados bajo el rito musulmán (orientados hacia La Meca).
Camino de las Torres / Parque Villafeliche: Durante las excavaciones para la actualización del entorno del río Huerva (cerca del antiguo Convento de San José), los arqueólogos municipales descubrieron una extensión de este cementerio islámico del siglo X. Aunque inicialmente aparecieron 27 cuerpos, los trabajos posteriores terminaron por recuperar al menos 85 cuerpos en un excelente estado de conservación. Y solo se trabajó en las zonas que se tenían que modificar en el nuevo urbanismo.
Inmediaciones de la Calle Coimbra: Los enterramientos de la calle Coimbra y el Camino de las Torres, localizados en la margen derecha del Huerva, rompen por completo esa teoría: demuestran que la influencia y ocupación civil estable de la Taifa de Zaragoza cruzó el río de forma masiva. En el urbanismo islámico medieval, las necrópolis nunca se situaban al azar; se colocaban siempre extramuros pero inmediatamente conectadas a zonas habitadas (barrios periféricos o arrabales). El hallazgo de cientos de cuerpos en este eje histórico (calle Pomarón, Camino de las Torres y calle Coimbra) constata que en esa zona existió un importantísimo y densamente poblado arrabal oriental que los textos de los cronistas medievales no habían llegado a registrar con exactitud. La estricta colocación de los cuerpos en fosas simples, sin apenas ajuar, de cúbito lateral derecho y con la mirada orientada hacia La Meca, visibiliza una comunidad profundamente islamizada y homogénea en sus costumbres funerarias. Al encontrarse hombres, mujeres y niños enterrados de manera sistemática y normalizada, se descarta que fuera un cementerio improvisado por una batalla o una epidemia repentina. Era el espacio funerario cotidiano de una población civil estable que habitó la zona durante generaciones antes de la llegada de Alfonso I el Batallador en 1118.
A su vez se han encontrado en las reformas de la Plaza de San Miguel y el Coso llevadas a cabo en esta emblemática plaza y sus inmediaciones restos medievales cristianos del siglo XIV al XVI. Paralelamente a la aparición de murallas y materiales de época romana, los arqueólogos locales han documentado fragmentos óseos vinculados al antiguo cementerio medieval de la Parroquia de San Miguel.
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